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Archive for 22/06/13

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Seguimos con la presencia de Sarpedón en la Ilíada, a propósito del poema de Kavafis Las exequias de Sarpedón, de 1898.

En XII, 400, pese a ser herido Sarpedón continua combatiendo, aunque el resultado de la batalla es incierto:

Pero en el mismo instante acertáronle a Sarpedón, Ayante y Teucro; éste atravesó con una flecha el lustroso correón del gran escudo, cerca del pecho; mas Zeus apartó de su hijo la muerte, para que no sucumbiera junto a las naves; Ayante, arremetiendo, dio un bote de lanza en el escudo, penetró en éste la punta e hizo vacilar al héroe cuando se disponía para el ataque. Apartóse Sarpedón del parapeto; pero no se retiró, porque en su ánimo deseaba alcanzar gloria. Y volviéndose a los licios, iguales a los dioses, les exhortó diciendo:

-¡Oh licios! ¿Por qué se afloja tanto vuestro impetuoso valor? Difícil es que yo solo, aunque haya roto la muralla y sea valiente, pueda abrir camino hasta las naves. Ayudadme todos, pues la obra de muchos siempre resulta mejor.

Tales fueron sus palabras. Los licios, temiendo la reconvención del rey, junto con éste y con mayores bríos que antes, cargaron a los argivos; quienes, a su vez, cerraron las filas de las falanges dentro del muro, porque era grande la acción que se les presentaba. Y ni los bravos licios a pesar de haber roto el muro de los dánaos, lograban abrirse paso hasta las naves; ni los belicosos dánaos podían rechazar de la muralla a los licios desde que a la misma se acercaron. Como dos hombres altercan, con la medida en la mano, sobre los lindes de campos contiguos y se disputan un pequeño espacio; así, licios y dánaos estaban separados por los parapetos, y por cima de los mismos hacían chocar ante los pechos las rodelas de boyuno cuero y los ligeros broqueles.

En XVI, 419 y siguientes se comienza a narrar el enfrentamiento entre Patroclo y Sarpedón que, a la postre, acabará con la vida del segundo:

Sarpedón, al ver que sus compañeros, de corazas sin cintura, sucumbían a manos de Patroclo Menetíada, increpó a los deiformes licios:

-¡Qué vergüenza, oh licios! ¿A dónde huis? Sed esforzados. Yo saldré al encuentro de ese hombre, para saber quién es el que así vence y tantos males causa a los teucros, pues ya a muchos valientes les ha quebrado las rodillas.

Dijo, y saltó del carro al suelo sin dejar las armas. A su vez Patroclo, al verlo, se apeó del suyo. Como dos buitres de corvas uñas y combado pico riñen, dando chillidos, sobre elevada roca, así aquellos se acometieron vociferando.

 

kavafispoema

El poeta nos informa de que Sarpedón, pese a que es amado por Zeus, debe morir:

Viólos el hijo del artero Cronos, y compadecido, dijo a Hera, su hermana y esposa:

-¡Ay de mí! El hado dispone que Sarpedón, a quien amo sobre todos los hombres, sea muerto por Patroclo Menetíada. Entre dos propósitos vacila en mi pecho el corazón: ¿lo arrebataré vivo de la luctuosa batalla, para dejarlo en el opulento pueblo de la Licia, o dejaré que sucumba a manos del Menetíada?

Respondióle Hera veneranda, la de los ojos grandes:

 ¡Terribilísimo Cronión, qué palabras proferiste! ¿Una vez más quieres librar de la muerte horrísona a ese hombre mortal, a quien tiempo ha que el hado condenó a morir? Hazlo, pero no todos los dioses te lo aprobaremos. Otra cosa voy a decirte que fijarás en la memoria: Piensa que si a Sarpedón le mandas vivo a su palacio, algún otro dios querrá sacar a su hijo del duro combate pues muchos hijos de los inmortales pelean en torno de la gran ciudad de Príamo, y harás que sus padres se enciendan en terrible ira. Pero si Sarpedón te es caro y tu corazón le compadece, deja que muera a manos de Patroclo en reñido combate; y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte y al dulce Hipno que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos.

Así dijo. El padre de los hombres y de los dioses no desobedeció, e hizo caer sobre la tierra sanguinolentas gotas para honrar al hijo amado, a quien Patroclo había de matar en la fértil Troya, lejos de su patria.

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En XVI, 462 y siguientes comienza el cara a cara entre Patroclo y Sarpedón:

Cuando ambos héroes se hallaron frente a frente, Patroclo arrojó la lanza, y acertando a dar en el empeine del ilustre Trasidemo, escudero valeroso del rey Sarpedón, dejóle sin vigor los miembros. Sarpedón acometió a su vez; y despidiendo la reluciente lanza, erró el tiro, pero hirió en el hombro derecho al corcel Pédaso, que relinchó mientras perdía el vital aliento. El caballo cayó al polvo, y el espíritu abandonó su cuerpo. Forcejearon los otros dos bridones por separarse, crujió el yugo y enredáronse las riendas a causa de que el caballo lateral yacía en el polvo. Pero Automedonte, famoso por su lanza, hallo el remedio: desenvainando la espada de larga punta que llevaba junto al fornido muslo, cortó apresuradamente los tirantes del caballo lateral, y los otros dos se enderezaron y obedecieron a las riendas. Y los héroes volvieron a acometerse con roedor encono.

Sarpedón es herido, pero aun así pide a Glauco a que exhorte a los licios a luchar bravamente:

Entonces Sarpedón arrojó otra reluciente lanza y erró el tiro, pues aquélla pasó por cima del hombro izquierdo de Patroclo sin herirle. Patroclo despidió la suya y no en balde; ya que acertó a Sarpedón y le hirió en el tejido que al denso corazón envuelve. Cayó el héroe como la encina, el álamo o el elevado pino que en el monte cortan con afiladas hachas los artífices para hacer un mástil de navío; así yacía aquél, tendido delante de los corceles y del carro, rechinándole los dientes y cogiendo con las manos el polvo ensangrentado. Como el rojizo y animoso toro, a quien devora un león que se ha presentado en la vacada, brama al morir entre las mandíbulas de la fiera; así el caudillo de los licios escudados, herido de muerte por Patroclo, se enfurecía, y llamando al compañero, le hablaba de este modo:

-¡Caro Glauco, guerrero afamado! Ahora debes portarte como fuerte y audaz luchador; ahora te ha de causar placer la batalla funesta, si eres valiente. Ve por todas partes, exhorta a los capitanes licios a que combatan en torno de Sarpedón y defiéndeme tú mismo con la pica. Seré para ti motivo constante de vergüenza y oprobio si, sucumbiendo en el recinto de las naves, los aqueos me despojan de la armadura. ¡Pelea, pues, denodadamente y anima a todo el ejército!

Muerte de Sarpedón:

Así dijo, y el velo de la muerte se extendió por sus ojos y su rostro. Patroclo, sujetándole el pecho con el pie, le arrancó el asta; con ella siguió el corazón, y salieron a la vez la punta de la lanza y el alma del guerrero. Y los mirmidones detuvieron los corceles de Sarpedón, los cuales anhelaban y querían huir desde que quedó vacío el carro de sus dueños.

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