Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 9 de diciembre de 2014

gluck

Pocas veces en la historia de la música, encontraremos a un compositor que, siendo universalmente considerado un reformador y un autor clave en la evolución de la música, esté en realidad tan marginado como lo está Christoph Willibald Gluck. En este año de centenarios de tres compositores, estamos dedicando una serie a Richard Strauss, por los 150 años de su nacimiento y ahora, a punto de acabar el 2014, abrimos otra serie dedicada al compositor alemán, en el 300 aniversario de su nacimiento un 2 de julio de 1714 en Erasbach, hoy un distrito de Berching (Alto Palatinado).

El tercer compositor es Carl Philipp Emanuel Bach (300 años del nacimiento) a quien no dedicaremos artículo.

Ni que decir tiene que uno de los principales objetivos de nuestros artículos, para los que recogemos material ya usado en otros artículos dedicados, en parte a Gluck, será ofrecer ejemplos de su bella música. Si Gluck ha sido tratado en otros artículos de éste y otros blogs nuestros es porque su obra operística tiene una gran presencia mitológica y las óperas que marcaron su decisiva reforma tienen todas ellas temática clásica: Orfeo ed Euridice, Alceste, Ifigenia en Áulide, Paride ed Elena o Ifigenia en Táuride.

Pero compuso también otras obras relacionadas con el mundo clásico, de una u otra forma, ya que tienen por protagonistas a personajes míticos o históricos griegos o romanos, o asimilados; así: Artaserse (dramma per musica, 1741), Demofoonte (dramma per música, 1743), La Sofonisba (dramma per música, 1744), Poro (dramma per musica, 1744), Ippermestra (dramma per música, 1744), Ippolito (dramma per música, 1745), La caduta de’ giganti (dramma per musica, 1746; personajes: Júpiter, Juno, Iris, Marte, Briareo, Titán), Le nozze d’Ercole e d’Ebe (dramma per musica, 1747), La contesa de‘ numi (festa teatrale, 1749; los personajes son Júpiter, Apolo, Marte, Astrea, Irene (paz) y la Fortuna; la acción se desarrolla en el Olimpo),

Ezio (dramma per musica, 1750),

Issipile (dramma per musica, 1752), La clemezza di Tito (dramma per musica, 1752),

Antigono (dramma per musica, 1756),

Il ré pastore (dramma per musica, 1756), Tetide (serenata, 1760), Alessandro o Les amours d’Alexandre et de Roxane (ballet, 1764),

Il Parnaso confuso (serenata teatrale, 1765),

Telemaco, ossia L’issola di Circe (dramma per musica, 1765),

Le festi d’Apollo (prólogo con tres actos independientes, 1769), Echo et Narcisse (drame lyrique, 1779)

El texto que sigue, así como el título de los artículos, que nos pareció oportuno y que compartimos al ciento por ciento, se ha sacado del capítulo 19 Gluck, un renovador “casi” olvidado, de la enciclopedia Salvat de Los grandes compositores (páginas 162 a 168):

Aunque el siglo XX valoró especialmente a los músicos renovadores, y pese a que desde 1945 se produjo un vigoroso movimiento de recuperación de obras y compositores olvidados, el nombre de Gluck es hoy en día prácticamente desconocido de lo que se suele llamar “el gran público”, e incluso son muchos los aficionados a la música clásica que ignoran su existencia. Ciertamente, es abultado el número de compositores que fueron célebres en su momento y que hoy se hallan en condiciones de olvido similares o peores que Gluck. Pero ninguno de ellos – salvo, quizás, Alessandro Scarlatti –figura hoy en una posición teóricamente tan importante como la de Gluck.

chw-gluck-y-luigi-boccerini-nº-31-de-la-enciclopedia-salvat-de-los-grandes-compositores

En cambio, en el terreno de la “música viva”, la que se interpreta y se escucha, la presencia de Gluck queda reducida casi exclusivamente a sus óperas Orfeo y Eurídice, la única obra que suelen conocer muchos de los que se consideran familiarizados con la obra de este autor, y, en menor medida, las dos Ifigenias, en Áulide y en Táuride. Ya que, exceptuando Orfeo, en efecto, ninguna de las óperas de la “reforma” de Gluck ha merecido los honores de una grabación discográfica bien realizada (el texto de Salvat es antiguo; hoy Gluck empieza a ocupar en lo que a grabaciones se refiere el lugar que merece). En definitiva, pues, el nombre de Gluck es conocido sobre el papel; pero un compositor, si no es escuchado, no puede trasmitirnos su mensaje, y el de Gluck ha quedado reducido a una pequeña parte, muy estimable, ciertamente, pero insuficiente para valorar como se debiera su curiosa personalidad (aunque, como apuntamos en el paréntesis anterior, la situación ha cambiado algo en 2014, gracias, entre otras cosas a su tricentenario, todavía la obra de Gluck no ha llegado a los melómanos y, mucho menos, a ese ente llamdo gran público).

Poco se sabe de los primeros años de Gluck y hasta su lugar de nacimiento estuvo en duda, aunque hoy se sabe que nació en Erasbach (Alto Palatinado) el 2 de julio de 1714. Hijo de un guardabosque, Alexander Johannes, que se casó con la madre de Christoph, Maria Walburga en 1711, debió de demostrar cierto interés inusual por la música, puesto que, después que la familia se trasladara a Bohemia y su padre llegara a ser principal guardabosque del príncipe Philipp Hyacinth von Lobkowitz en 1727, cuando Christoph tenía 14 años de edad, el joven Gluck frecuentó en Praga la universidad y acabo entrando al servicio del príncipe Lobkowitz como músico de cámara, cantante e instrumentista.

Christoph-Willibald-Gluck

Luego se trasladó a Viena, estancia que le proporcionó importantes contactos con gente destacada. En la ciudad austríaca, los emperadores Leopoldo I y su hijo Carlos VI – que luchó contra Felipe V durante la guerra de Sucesión española (1701-1715) – habían impuesto su profunda pasión por la ópera italiana, y fue sin duda este ambiente el que impulsó a Gluck a trasladarse a Italia como único modo de perfeccionarse en una forma artística imprescindible para prosperar en la capital austríaca. La ocasión vino de la mano del príncipe lombardo Antonio Maria Melzi, quien contrató a Gluck como músico de cámara y lo llevó a Milán en 1737, donde estuvo ocho años; cuatro primeros de formación en contacto con Giovanni Sammartini, Giovannni Battista Lampugnani y Leonardo Leo, en los que presentó su primera ópera Artaserse (1741).

Familiarizado con el estilo de ópera que prevalecía en casi toda Europa, después Gluck viajó con su antiguo protector, el príncipe Lobkowitz, a Londres, donde conoció a Handel y presentó su ópera La caduta de’ giganti (1745). Parece que es falsa la afirmación de que Handel dijo de Gluck que sabía menos contrapunto que su propio cocinero, aunque sí parece que Handel intentó influir en el estilo de Gluck dándole algunos consejos técnicos.

En 1746 Gluck abandonó Londres y recorrió el norte de Europa, trabajando como director musical de una compañía de ópera italiana que estuvo algún tiempo en Copenhague, donde presentó una ópera titulada La contesa de’ Numi (La lucha de los dioses) para solemnizar las fiestas del nacimiento del príncipe heredero al trono danés, el futuro Christian VII, nacido en 1749.

clemenzaGluck

En 1750 el compositor volvió a Viena, radicándose definitivamente en esa ciudad y con la ópera como eje de su creatividad musical. Se casó con Mariana Pergin, rica heredera cuya aportación económica terminó con la vida errante e insegura del compositor, que ya tenía renombre internacional y recibía encargos del extranjero, como el que llegó de Nápoles, para celebrar la onomástica del rey Carlos – el futuro Carlos III de España – en 1752. Para ello escribió la ópera sobre libreto de Pietro Metastasio La clemenza di Tito, texto que serviría, someramente modificado, a Mozart para su obra homónima de 1791. La obra de Gluck pareció a los napolitanos excesivamente “sabia”, pero el castrado Caffarelli consiguió que la aplaudieran con su brillante interpretación de algunas arias, como Se mai sentí spirarti nel volto, que Gluck trasladó luego a su ópera Ifigenia en Táuride, obra maestra de la reforma operística gluckiana, lo que indica que ya en ese momento el compositor estaba evolucionando hacia su nuevo estilo.

Read Full Post »