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Archive for 15/12/14

catulopoesia

Llega ahora un autor ya mencionado, Catulo, pero ahora ofrecemos un largo extracto de su Carmen 64. Ofrecemos sólo la traducción española de Lía Galán, sacada de aquí.

Catulo, Carmen LXIV:

Esta manta, adornada con antiguas figuras de hombres, muestra con arte admirable las virtudes de los héroes: pues, al tender la mirada desde la fluentísona costa de Día, contempla Ariadna, llevando en el corazón indómitas pasiones. -a Teseo que se aleja en la rápida nave, y aún no cree estar viendo lo que ve, cuando liberada del poder del sueño falaz descubre que, mísera, ha sido abandonada en la solitaria arena. Desmemoriado, el joven que huye impulsa el agua con los remos, entregando sus promesas vanas a la ventosa tormenta, y lejos, desde la playa, lo contempla la hija de Minos con sus tristes ojos, pétrea como la efigie de una bacante lo contempla, ¡ay!, y se agita en grandes olas de aflicción, sin conservar la sutil mitra en la rubia cabeza, no cubierto su velado pecho por el leve manto,  ni ciñendo el torneado estrofio los blancos senos, prendas todas en desorden, deslizadas de todo el cuerpo, con las que las aguas salobres juegan a sus pies. Así, sin cuidarse entonces de la suerte de la mitra ni de los flotantes mantos, con todo el pecho, Teseo, con toda el alma, perdida, con su mente toda, pendía ella de ti.

¿Pero por qué recordar, apartado de mi primer canto, todo lo demás: cómo la doncella, abandonando el rostro de su padre, el abrazo de la hermana y el de la madre finalmente que, desolada, se lamentaba por la mísera hija, a todo esto prefirió el dulce amor de Teseo, o cómo, traída en la nave, llegó a la espumosa costa de Día, o cómo, ceñidos sus ojos por el sueño, la abandonó marchándose el esposo de desmemoriado pecho?

jvanderlynariadnadurmiendoennaxos1820

Cuentan que todo el tiempo. enloqueciendo en el ardiente corazón, lanzaba ella clarísonas voces desde el fondo del pecho, y que entonces, triste, trepaba montes escarpados, desde donde tendía la vista a los vastos remolinos del piélago, y hacia las ondas del trémulo mar avanzaba entonces, recogiendo de su pierna desnuda los suaves vestidos, y que, acongojada, esto dijo en sus extremos lamentos, estremeciéndose entre fríos sollozos, con el rostro anegado:

¿Así, pérfido, separada de los altares paternos, me abandonaste en la orilla desierta, pérfido Teseo? ¿Así, marchándote sin cuidar el numen de los dioses, desmemoriado. ¡ay! devotos perjurios llevas a tu casa? ¿Nada pudo doblegar la determinación de tu alma cruel? ¿Ninguna clemencia hubo en ti para que tu impío pecho quisiera apiadarse de nosotros? Pero no fueron estas las promesas que en otro tiempo me hicieras con amable voz, ni esto ordenabas esperar a la mísera, sino las felices bodas, sino los deseados himeneos, cosas que, juntas, los etéreos vientos se llevan como vanas.

Ninguna mujer crea ahora al varón que jura. ninguna espere que sean fieles las palabras del varón: mientras su ánimo anhelante desea obtener algo, nada temen jurar, nada dejan de prometer; pero una vez saciado el capricho de su corazón codicioso, nada recuerdan de lo dicho ni se cuidan de sus perjurios.

Bambini,NiccoloAriadnayTeseo

Yo ciertamente te rescaté,  cuando girabas en medio  del torbellino de la muerte. y preferí perder a mi hermano antes que faltarte a ti, traidor, en el supremo momento; por él, para ser despedazada, seré dada a las fieras y a las aves como presa, y. muerta, no me cubrirá amontonada tierra. Pues ¿qué leona te engendró bajo una peña solitaria, qué mar te vomitó, concebido por las olas espumosas, qué Sirte, qué Escila rapaz, qué inmensa Caribdis, que por la dulce vida me devuelves tales premios? Si nuestras bodas no habían llegado a tu corazón porque temías los crueles preceptos de tu anciano padre, pudiste sin embargo conducirme a tus moradas como esclava, para que en labor alegre te sirviera, acariciando tus cándidos pies con aguas claras o tendiendo tu lecho con un manto purpúreo.

¿Pero por qué, enloquecida por la desgracia, me lamento en vano a las indiferentes brisas que, privadas de todo sentido, no pueden ni oír ni contestar las voces pronunciadas? Pero aquél gira ya casi en medio de las olas, y ningún mortal aparece en la playa vacía. Así, insultándome en el momento supremo, una fortuna demasiado cruel ha rehusado también sus oídos a nuestras quejas. ¡Júpiter omnipotente, ojalá las proas de Cecropia entonces no hubiesen alcanzado las orillas gnosias, ni, por llevar al toro indómito el funesto tributo, en Creta hubiera atado el navegante pérfido su amarra, ni, malvado, ocultando crueles propósitos bajo un aspecto dulce, hubiera descansado en nuestras moradas como huésped! ¿A dónde me volveré? ¿en qué esperanza, perdida, me apoyo? ¿Buscaré los montes ideos de donde, iay! separándome con su inmenso oleaje me aparta amenazante la extensión del mar? ¿Esperaré el auxilio de mi padre, a quien yo misma abandoné para seguir al joven manchado con la sangre fraterna? ¿O me consolaré a mí misma con el leal amor de un esposo que huye curvando los pesados remos sobre el oleaje? Ninguna morada, además, hay en la costa, nadie en la isla, ni se descubre una salida entre las envolventes olas del piélago.

AngelicaKauffmann,AriadnaabandonaddporTeseo,_1774

Ninguna posibilidad de fuga, ninguna esperanza: todo está mudo, todo abandonado, todo muestra la ruina. Pero no languidecerán mis ojos con la muerte, ni se marcharán los sentidos de este cuerpo cansado, antes que, traicionada, implore a los dioses una justa pena y reclame, en la hora postrera, la lealtad de los Celestiales. Por eso, oh Euménides, que castigáis las acciones de los hombres con pena vengadora, y cuya frente ceñida por cabellera de serpientes lleva ante sí las iras exhaladas desde el pecho, aquí, venid aquí, escuchad las quejas que yo, ay de mí, mísera, soy obligada a proferir desde tas hondas entrañas, ciega de pasión demente, débil, en llamas. Y, puesto que nacen sinceras del fondo de mi pecho, no permitáis vosotras que nuestro dolor sea en vano, sino que Teseo, con el ánimo con que me ha dejado sola, con ese mismo ánimo, diosas, sea funesto para sí y para los suyos.”

Después que derramó estas voces desde su acongojado pecho, implorando con ansia el castigo de tan crueles actos, asintió el que gobierna con invicto numen a los Celestiales, y con su gesto, la tierra y el hórrido océano temblaron, y conmovió el cielo sus estrellas palpitantes.

Acongojada ella, contemplando la quilla que se alejaba entonces, herida, numerosas penas arremolinaba en su alma. y desde otra parte revoloteaba, floreciente, laco, con un cortejo de sátiros y nisígenas silenos, buscándote a ti, Ariadna, encendido por tu amor.

baco y ariadna Chrysler Museum

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