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Archive for 20 de diciembre de 2014

las-heroidas

Y tras el texto latino de las Heroidas, llega el argumento de la Décima Epístola y la traducción a cargo de Diego de Mexía, que ofrecemos en tres artículos, dada su extensión.

Argumento

Por tener algunas de estas epístolas sus fundamentos en una misma historia, será necesario repetirla cuantas veces la forzosa ocasión lo demandare. Ya en el argumento de la cuarta epístola queda dicho cómo Teseo, hijo de Egeo rey de los Atenienses, vino á la isla de Creta para ser entregado al Minotauro, y cómo por industria y amor de Ariadna, hija del rey Minos, mató Teseo al Minotauro y salió del intrincado laberinto, obra del famoso artífice Dédalo. Libre, pues, Teseo, huyó de Creta con su esposa Ariadna, la cual llevó consigo á su hermana Fedra, doncella de gran hermosura; de la cual, como en el navío se enamorase Teseo, fraguó en su pecho una traición bien indigna de lo mucho que á su mujer Ariadna debía: y queriendo ponerla en efecto, surgió en la despoblada isla de Najos, y fingiendo quererse solazar en tierra, desembarcó á la inocente Ariadna; y aquella misma noche, cuando la vio sepultada en el primer sueño, dejándola en la cama, se embarcó y dio las velas en compañía de Fedra, su cuñada, con quien se casó. Despertando Ariadna por la mañana, hallándose sola y no viendo al navío, conoció luego la traición de Teseo; y después de prolijo y miserable llanto, finge Ovidio que le escribió esta carta increpándole de su mucha crueldad y de la ingratitud que con ella ha usado, la cual es una de las más pesadas injurias que á un ánimo noble y generoso puede suceder. No falta quien disculpa a Teseo diciendo que el dios Baco le mandó que dejase á Ariadna en Najos, Pero yo lo creyera (si fábulas deben ser creídas) si él no se casara con su cuñada Fedra.

ariadnadai libri

Arianna abbandonata sull’issola di Nasso (1500-1505) de Girolamo dai Libri (1474-1555)

Epístola

Más piadosa he hallado toda suerte de fieras de esta isla inhabitada, que á ti, oh Teseo, causa de mi muerte. Nunca fui yo peor acompañada que de ti, pues á bestias me entregaste, y de ellas soy y he sido alimentada. Desde la playa donde me dejaste te escribo, v desde donde, sin yo vella tu nave al viento y ondas entregaste. Era el tiempo en que Aurora clara y bella la vitrea escarcha esparce per las flores, y anuncia al sol la matutina estrella. Cuando los acordados ruiseñores, sus cuerpos con las hojas encubriendo presumen dulcemente de cantores; entonces no sé ;ay triste! si durmiendo, o si medio despierta, por tocarte moví la mano y retiréla huyendo. A mí la retiré por no hallarte, y vuélvola á extender por todo el lecho por tocar de tu cuerpo alguna parte. Fué mi cuidado y busca sin provecho, que no había nadie, y concibiendo espanto, fué con el sueño mi placer deshecho. Luego los miembros tímidos levanto en la cama viuda; el pecho suena de mis manos opreso y de mi llanto. Miré, porque la luna estaba llena, a ver si viera más que arena y playa, y sólo pude ver playa y arena. De acá para acullá corrí, y sin saya y sin orden, y aquí y allí caía haciéndome la arena estar á raya. Entre tanto llamándote decía: Teseo; y aquel yermo donde estaba el nombre de Teseo repetía. Y tantas cuantas veces te llamaba, otras tantas la playa, la ribera te llamaba y con ecos te nombraba. Que aunque arenoso y yermo lugar era, parece le movía algún destino a me ayudar en mi congoja fiera.

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Ariadna abandonada por Teseo, Pintor de Ariadna (h. 400-390), cerámica apulia de figuras rojas, Museo de Bellas Artes de Boston

Un monte vi que estaba al mar vecino, tajado y hecho ya derrumbadero por batirlo las ondas de contino. Y por ser hecho de un peñasco entero, tenía raros árboles encima, a donde suben por despeñadero. Subí por él con harto miedo y grima, que el ánimo da fuerza al de ella falto, y el amador ningún trabajo estima. Llegué á la cumbre, y puesta allá en lo alto, con presta vista el viento al mar rodeo, que aun hasta el viento entonces me dio asalto. Vi cumplida mi muerte y tu deseo, vi tu vela mayor al Noto dada llevar la nave por el gran Nereo. Vilo, ó mi vista ha sido imaginada, pues sin que bien lo viese quedé muerta, y más que yelo y más que nieve helada. Y aun el estar así traspuesta y yerta no me dejó el dolor, que como loca me despertó más muerta que despierta. Despertóme el dolor y abrió mi boca, y á mi Teseo en altas voces llamo, creyendo que me vieses en la roca. ¿Adonde huyes, otra vez exclamo, Teseo malvado? ¿á do tu nao se alarga? Vuélvela al puerto y oye mi reclamo. Vuélvela al puerto, y á esta dueña amarga embarca en ella; mira que no iría sin mí tu nave con su propia carga. Esto una vez y muchas repetía; y si á la débil voz faltaba aliento, con llanto irreparable lo suplía. Y todo este prolijo parlamento fué mezclado con golpes desiguales, por aumentar la pena con tormento. Las manos altas, hice mil señales, porque la voz no oyendo de mi boca, vieses mis señas para ti mortales. También puse bandola con mi toca, que atándola ¡ay dolor! en una vara, la enarbolé en la cumbre de la roca, para que siendo vista, amonestara a ti y á quien te ayuda en lo que hiciste, cómo quedaba aquí tu prenda cara.

(c) Walker Art Gallery; Supplied by The Public Catalogue Foundation

Ariadne in Naxos (1880-1885), 71 x 91,5 de  George Frederic Watts. Walker Art Gallery, Nationals Museus Liverpool

Ya que á mi vista arrebatado fuiste, las riendas di á llorar y á mis enojos. Acrecentando el mar por do huiste. De antes tuvo el dolor mis tiernos ojos entorpecidos mientras te miraron, mas ya de llanto dan ricos despojos. Cuando á tus velas de mirar dejaron, ¿qué cosa puede ser de ellos obrada mejor que me llorar, pues me mataron? Tal vez corrí furiosa, desgreñada, como mujer bacante del aliento del dios Ogigio y su furor tocada. Tal vez mirando al mar sereno y lento en un peñasco me senté, quedando tan piedra como piedra era mi asiento. Muchas veces me acerco, visitando el duro lecho que en la noche fría nos recibió á los dos mullido y blando. El cual después ¡ay mísera! no había de volver á los dos que ha recibido al alba bella y á la luz del día. Yo, como mejor puedo, huello y mido en tu lugar las huellas que estampaste, midiendo pasos de un descomedido. Las sábanas, cruel, que calentaste con tus miembros, las besa y las revuelve esta afligida que á morir dejaste. Y tanto aquí con lágrimas se envuelve, que á voces dice al lecho en que dormimos: pues te oprimimos dos, á dos nos vuelve. Dos á tomar descanso en ti vinimos, ¿por qué de ti los dos en esta orilla en dulce compañía no partimos? Traidor, no cama ya, sino camilla, ¿cómo la mejor parte, estando quedo. me robas? bien será restituílla.

Ariadna abandonada Casa de meleagro

Ariadna abandonada, Casa de Meleagro (Pompeya), Museo Arqueológico de Nápoles

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