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Archive for 23/12/14

selloChristoph_Willibald_Gluck

Estamos analizando brevemente Orfeo ed Euridice de Gluck en el tricentenario del nacimiento del compositor. Tras repasar someramente el primer acto pasamos al

Acto segundo

Orfeo y Eurídice es un lento y majestuoso viaje desde las tinieblas a la luz, del dolor terrenal a los abismos infernales y, por fin, a las esferas celestes y la felicidad. Estamos en la entrada del Averno. Una página orquestal con ritmo de gallarda describe la atmósfera agitada, tenebrosa, demoníaca del lugar. Su tonalidad es variada y el efecto de escalofrío que surge de la orquesta y los trémolos de las cuerdas sugiere el decisivo momento que el protagonista va a afrontar.

Aparece Orfeo, recibido en tono amenazante por las Furias que habitan el lugar, condenadas a montar guardia eternamente. Ellas lo insultan por su osadía de haber llegado hasta allí y haber tratado de penetrar en aquel infernal paraje, cuyo paso está vedado a los mortales. La genialidad de Gluck se encuentra en un detalle de la partitura. El coro de furias se enfrenta a Orfeo con el mismo tono amenazante con el que lo hace la orquesta (Chi mai dell’Erebo).

Las amenazas son cada vez más inquietantes. El temeroso Orfeo trata de calmarse y, recordando las palabras del dios Amor, recurre a su arma de cantante, entonando un dulce y apasionado canto de amor por Eurídice. El héroe canta con sencillez una hermosa melodía con el único acompañamiento del arpa y las cuerdas.

Amansadas por el embrujo de la música y la bella voz del cantante, las Furias se apiadan de sus pesares y para que Orfeo pueda encontrar a su amada, le permiten entrar en el terrible reino, cuyo acceso custodian. Para mostrarnos que el intruso ha derrotado las fuerzas infernales con la única fuerza del canto, Gluck obliga al coro a interpretar la misma melodía con un ritmo cada vez más lento, al mismo tiempo que el volumen sonoro va decayendo hasta el acorde final, lo que sugiere la pacificación total de las furias. La instrumentación es más reducida y menos preponderante. El efecto resulta magnífico como un formidable testimonio de la capacidad del compositor para transmitir la intensidad de las situaciones.

Para la versión de París de Orfeo, Gluck ideó una danza de las furias que cogió de su ballet Don Juan: una enloquecida chacona donde predomina la monumental presencia de los trombones y que retomaría Luigi Boccherini para el final de su sinfonía La casa del diavolo.

(Orrida caverna al di là della laguna Stige, offuscata poi in lontananza da un tenebroso fumo, illuminato dalle fiamme che ingombrano tutta quella orrida abitazione. Appena cangiata la scena, al suono di orribile sinfonia comincia il ballo delle Furie e degli  Spettri, che viene interrotto dalle armonie della lira d’Orfeo)

FURIE

Chi mai dell’Erebo Fra le caligini,

Sull’orme d’Ercole e di Piritoo

Conduce il piè?

(gli Spettri ripigliano le danze, girando intorno ad Orfeo per spaventarlo)

Chi mai dell’Erebo ecc.

D’orror l’ingombrino le fiere Eumenidi,

E lo spaventino gli urli di Cerbero,

Se un Dio non è. E lo spaventino, ecc.

D’orror l’ingombrino, ecc.

ORFEO

Deh! placatevi con me. Furie…

FURIE

No!

ORFEO

…larve…

FURIE

No!

ORFEO

… ombre sdegnose…

FURIE

No!

ORFEO

… vi renda almen pietose Il mio barbaro dolor.

FURIE

No! No! No!

ORFEO

Deh! Placatevi con me, ecc.

FURIE

(raddolcito e con espressione di compatimento)

Misero giovine!

Che vuoi, che mediti?

Altro non abita Che lutto e gemito

In queste orribili Soglie funeste.

Che vuoi, misero giovane? Che?

Altro non abita, ecc.

ORFEO

Mille pene, ombre sdegnose,

Come voi sopporto anch’io;

Ho con me l’inferno mio,

 Io sento in mezzo al mio cor.

FURIE

(con maggior dolcezza)

Ah qual incognito Affetto flebile,

Dolce a sospendere Vien l’implacabile

Nostro furor! Ah qual incognito, ecc.

ORFEO

Men tiranne, ah! voi sareste

Al mio pianto, al mio lamento,

Se provaste un sol momento

Cosa sia languir d’amor.

FURIE

(sempre più raddolcito)

Ah quale incognito Affetto flebile,

Dolce a sospendere Vien l’implacabile

Nostro furor!…

Le porte stridano Su’ neri cardini

E il passo lascino Sicuro e libero

Al vincitor.

E il passo lascino, ecc.

Le porte stridano, ecc.

(le Furie e gli Spettri ripigliano le danze, poi cominciano a ritirarsi, e dileguandosi per entro le scene, ripetono l’ultima strofa del coro; il quale, continuando sempre, frattanto che si allontanano, finisce in un confuso mormorio).

(Horrible caverna más allá de la laguna Estigia, en la lejanía de sus tenebrosas profundidades surgen humo y llamas que llenan toda la horrible caverna. Se inicia la escena, y al sonido de la sinfonía comienza el baile de las Furias y de los Espectros, que interrumpen el sonido de la lira de Orfeo)

FURIAS

¿Quién puede ser el que a través

de las nieblas del Érebo,

de Hércules y de Pirítoo

sigue los pasos?

(Los espectros bailan, girando alrededor de Orfeo para asustarlo)

¿Quién puede ser, etc…

Llénenlo de horror las crueles Furias

y espántenlo los aullidos de Cerbero

si no se trata de un dios; y espántenlo, etc…

Llénenlo de horror, etc…

ORFEO

¡Oh! Tranquilizaos, Furias…

FURIAS

¡No!

ORFEO

… espectros…

FURIAS

¡No!

ORFEO

…. sombras esquivas…

FURIAS

¡No!

ORFEO

… mi cruel sufrimiento os infunda al menos piedad.

FURIAS

¡No! ¡No! ¡No!

ORFEO

¡Oh! Tranquilizaos, etc.

FURIAS

(Suavizándose y expresando alguna compasión)

¡Infortunado joven!

¿Qué quieres, qué esperas?

Únicamente encontrarás luto y gemidos

en estos horribles y funestos umbrales.

¿Qué quieres, infortunado joven? ¿Qué?

Unicamente encontrarás, etc.

ORFEO

Sombras esquivas, yo también

como vosotras, sufro mil dolores;

llevo conmigo mi propio infierno,

lo siento en el fondo de mi corazón.

FURIAS

(con una mayor dulzura)

¡Ah!¡Qué insólito sentimiento gentil

viene a detener dulcemente nuestra furia

implacable! ¡Ah! ¡Qué insólito, etc.

ORFEO

Seríais menos severas

con mis lágrimas, con mis lamentos,

 si por un solo instante sintierais

lo que es morir de amor.

FURIAS

(cada vez con mayor suavidad)

¡Ah! ¡Qué insólito, sentimiento gentil

viene a detener dulcemente

nuestra furia implacable!

Dejemos que chirríen las puertas

sobre sus negros goznes;

y permitamos libre y seguro paso

al vencedor;

y permitamos libre, etc.

que chirríen las puertas, etc.

(De nuevo danzan de las Furias y espectros, después comienzan a retirarse y a desaparecer por dentro de la escena, repitiendo la última estrofa del coro, el cual, siempre cantando, mientras se aleja, acaba en un murmullo confuso).

Se abren las puertas de los Campos Elíseos, valle paradisíaco, donde los espíritus bienaventurados gozan de la eternidad de la paz y el gozo que han merecido sus vidas ejemplares. El contraste entre este momento y el anterior es imponente, como corresponde al gran salto que da el protagonista desde los abismos infernales a la quietud de los espacios celestes, de la agitación a la calma, de las tinieblas a la luz.

La Danza de los espíritus bienaventurados, con el predominio en la orquesta de las flautas y los violines, es el preludio sereno a la aparición de Eurídice. Para la representación francesa, el compositor añadió uno de los momentos más sublimes de esta partitura: el aire con obligatto de flauta.

El sonido de este instrumento y la extraordinaria melodía que desarrolla, al principio tímidamente, casi vacilante, pero que enseguida se alza como un doloroso lamento de soledad y añoranzas, es el fiel reflejo del dolor resignado y la tranquilo desesperación del alma de Eurídice. Berlioz adoraba este fragmento, y con razón. No sólo es un excelente ejemplo de la genialidad de Gluck, sino una de las páginas más bellas de la Historia de la música.

El aria de Eurídice Questo asilo di placide calme también añadida para el estreno parisino, es una delicada melodía ascendente, donde la voz de la soprano dialoga con el coro en poéticos arabescos.

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