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Archive for 1 de enero de 2015

2015 ¿año de paz?

francisco

Ya viene siendo habitual en nuestro blog dedicar el primer artículo del año a la paz, puesto que el 1 de enero la Iglesia, desde Pablo VI, celebra la Jornada Mundial por la Paz. Siempre aportamos textos de pontífices sobre la paz. En esta ocasión son de Francisco (Jorge Mario Bergoglio) y de su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (El gozo del evangelio). Hemos hecho un resumen del texto, aportando lo que Francisco dice sobre la paz y los conceptos asociados. Hay pasajes muy interesantes y expresados con un lenguaje nuevo en el papado. Marcamos en color verde lo que más nos gusta del texto.

La paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre los otros. También sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales, que tienen que ver con la distribución del ingreso, la inclusión social de los pobres y los derechos humanos, no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz. La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profética.

La paz tampoco «se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres». En definitiva, una paz que no surja como fruto del desarrollo integral de todos, tampoco tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de variadas formas de violencia.

Para avanzar en esta construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad, hay cuatro principios relacionados con tensiones bipolares propias de toda realidad social. Brotan de los grandes postulados de la Doctrina Social de la Iglesia, los cuales constituyen «el primer y fundamental parámetro de referencia para la interpretación y la valoración de los fenómenos sociales». A la luz de ellos, quiero proponer ahora estos cuatro principios que orientan específicamente el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común. Lo hago con la convicción de que su aplicación puede ser un genuino camino hacia la paz dentro de cada nación y en el mundo entero.

 

Eva-Gaudium

El tiempo es superior al espacio

Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Es una invitación a asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo. Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.

 

You Set the Time

La unidad prevalece sobre el conflicto

El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad.

Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. «¡Felices los que trabajan por la paz!» (Mt 5,9).

De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda. Por eso hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna.

Este criterio evangélico nos recuerda que Cristo ha unificado todo en sí: cielo y tierra, Dios y hombre, tiempo y eternidad, carne y espíritu, persona y sociedad. La señal de esta unidad y reconciliación de todo en sí es la paz. Cristo «es nuestra paz» (Ef 2,14). El anuncio evangélico comienza siempre con el saludo de paz, y la paz corona y cohesiona en cada momento las relaciones entre los discípulos. La paz es posible porque el Señor ha vencido al mundo y a su conflictividad permanente «haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» (Col 1,20). Pero si vamos al fondo de estos textos bíblicos, tenemos que llegar a descubrir que el primer ámbito donde estamos llamados a lograr esta pacificación en las diferencias es la propia interioridad, la propia vida siempre amenazada por la dispersión dialéctica. Con corazones rotos en miles de fragmentos será difícil construir una auténtica paz social.

El anuncio de paz no es el de una paz negociada, sino la convicción de que la unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades. Supera cualquier conflicto en una nueva y prometedora síntesis. La diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural que haga emerger una «diversidad reconciliada», como bien enseñaron los Obispos del Congo: «La diversidad de nuestras etnias es una riqueza […] Sólo con la unidad, con la conversión de los corazones y con la reconciliación podremos hacer avanzar nuestro país».

paz

La realidad es más importante que la idea

La idea —las elaboraciones conceptuales— está en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento. Hay que pasar del nominalismo formal a la objetividad armoniosa. De otro modo, se manipula la verdad, así como se suplanta la gimnasia por la cosmética. Hay políticos —e incluso dirigentes religiosos— que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica. Otros olvidaron la sencillez e importaron desde fuera una racionalidad ajena a la gente.

El todo es superior a la parte

Entre la globalización y la localización también se produce una tensión. Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra. Las dos cosas unidas impiden caer en alguno de estos dos extremos: uno, que los ciudadanos vivan en un universalismo abstracto y globalizante, miméticos pasajeros del furgón de cola, admirando los fuegos artificiales del mundo, que es de otros, con la boca abierta y aplausos programados; otro, que se conviertan en un museo folklórico de ermitaños localistas, condenados a repetir siempre lo mismo, incapaces de dejarse interpelar por el diferente y de valorar la belleza que Dios derrama fuera de sus límites.

El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es un don de Dios. Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia. Del mismo modo, una persona que conserva su peculiaridad personal y no esconde su identidad, cuando integra cordialmente una comunidad, no se anula sino que recibe siempre nuevos estímulos para su propio desarrollo. No es ni la esfera global que anula ni la parcialidad aislada que esteriliza.

dialogo

El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno. Allí entran los pobres con su cultura, sus proyectos y sus propias potencialidades. Aun las personas que puedan ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse. Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos.

IV. El diálogo social como contribución a la paz

La evangelización también implica un camino de diálogo. Para la Iglesia, en este tiempo hay particularmente tres campos de diálogo en los cuales debe estar presente, para cumplir un servicio a favor del pleno desarrollo del ser humano y procurar el bien común: el diálogo con los Estados, con la sociedad —que incluye el diálogo con las culturas y con las ciencias— y con otros creyentes que no forman parte de la Iglesia católica. En todos los casos «la Iglesia habla desde la luz que le ofrece la fe», aporta su experiencia de dos mil años y conserva siempre en la memoria las vidas y sufrimientos de los seres humanos. Esto va más allá de la razón humana, pero también tiene un significado que puede enriquecer a los que no creen e invita a la razón a ampliar sus perspectivas.

La Iglesia proclama «el evangelio de la paz» (Ef 6,15) y está abierta a la colaboración con todas las autoridades nacionales e internacionales para cuidar este bien universal tan grande. Al anunciar a Jesucristo, que es la paz en persona (cf. Ef 2,14), la nueva evangelización anima a todo bautizado a ser instrumento de pacificación y testimonio creíble de una vida reconciliada. Es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones. El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural.

Al Estado compete el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiariedad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos. Este papel, en las circunstancias actuales, exige una profunda humildad social.

 

mehta

Otro aspecto que no puede faltar en este primer artículo del año es la referencia al Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena en la Sala Dorada de la Musikverein. Este año dirige por quinta vez a las huestes vienesas el director hindú Zubin Mehta. Ya lo hizo en 1990, 1995, 1998 y 2007.

Le superan Willi Boskovsky (25 veces), Clemens Kraus (13) y el fallecido el pasado 13 de julio de 2014 Lorin Maazel (11 ocasiones).

El programa del concierto es el siguiente:

PRIMERA PARTE

Franz von Suppé, Ouverture: Ein Morgen, ein Mittag, ein Abend in Wien (Una mañana, un mediodía y una tarde en Viena) (8,10″) 

Johann Strauss, Jr.: Märchen aus dem Orient. Walzer, op. 444 (Cuentos de oriente /vals opus 444) (8,00″)

Josef Strauss: Wiener Leben. Polka francaise, op. 218 (Vida Vienesa /polca francesa) (3,40’)

Eduard Strauss: Wo man lacht und lebt. Polka schnell, op. 108 (Donde se ríe y se vive/polca rápida) (2,00’)

Josef Strauss: Dorfschwalben aus Österreich. Walzer, op. 164 (Golondrinas de Austria /vals) (8,40’)

Johann Strauss, Jr.: Vom Donaustrande. Polka schnell, op. 356 (Desde la orilla del Danubio/ polca rápida) (2,50″)

nielsenCarl Nielsen (1865-1931)

— Pausa –

SEGUNDA PARTE

Johann Strauss, Jr.:

Perpetuum mobile. Musikalischer Scherz, op. 257
Accelerationen. Walzer, op.234 (Aceleraciones / vals) (10,30’)
Elektro-magnetische Polka, op. 110 (Polca electromagnética) (2,20’’)

Eduard Strauss: Mit Dampf. Polka schnell, op. 70 (A todo gas / polca rápida) (3,00’’)

Johann Strauss, Jr.: An der Elbe. Walzer, op. 477 (Al Elba /vals (8,00‘’)

Hans Christian Lumbye: Champagner-Galopp, op. 14 (Galop del champán (2,10’)

Johann Strauss, Jr.: Studenten-Polka. Polka francaise, op. 263 (Polca de los estudiantes (3,50’’)

Johann Strauss, senior: Freiheits-Marsch, op. 226 (Marcha de la libertad) (3,30″)

Johann Strauss, Jr:

Annen-Polka, op. 117 (Querida Ana/polca) (4,00″)

Wein, Weib und Gesang. Walzer, op. 333 (Vino, mujeres y canciones /vals) (10,10’’)

Eduard Strauss: Mit Chic. Polka schnell, op. 221 (Con elegancia /polca rápida) (2,00″)

Bises

18 Johann Strauss – Polca de las explosiones / polca rápida (2,20’’)

19 Johann Strauss El Danubio azul / vals, op. 314 (11,00’’)

Felicitación del Maestro por el Año Nuevo

20 Johann Strauss padre Marcha Radetzky / op. 228 (3,20’’)

 

sibeliusJean Sibelius (1865-1957)

Por otra parte, en este 2015 celebraremos estos centenarios de compositores:

 Georg Christoph Wagenseil (300 del nacimiento, 1715)

Aleksandr Skriabin (100 de la muerte, 1915)

Jean Sibelius (150 del nacimiento, 1865)

Carl Nielsen (150 del nacimiento, 1865)

Edgar Varèse (50 de la muerte, 1965)

Aleksandr Glazunov (150 del nacimiento, 1865)

scriabinAleksander Skriabin (1872-1915)

 Y como viene siendo habitual deseo a los lectores de este espacio que en el 2015 cumplan sus deseos, realicen sus propósitos, tengan salud, paz interior y armonía y…

ελογσαι σε κριος κα φυλξαι σε πιφναι κριος τ πρσωπον ατο π σ κα λεσαι σε πραι κριος τ πρσωπον ατο π σ κα δη σοι ερνην

Benedicat tibi Dominus, et custodiat te. Ostendat Dominus faciem suam tibi, et misereatur tui. Convertat Dominus vultum suum ad te, et det tibi pacem.

Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.

GlazunovAleksander Glazunov (1865-1936)

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