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Archive for 4 de enero de 2015

Un chiste histórico

Vi ayer en el periódico ABC una viñeta de humor gráfico de JM Nieto, en la serie Fe de ratas, sobre la situación política y económica en Grecia que contenía un famoso episodio histórico: la presencia en un trono observando el desarrollo de la batalla de Salamina del soberano persa Jerjes.

Ésta es la viñeta.

tronojerjes

El episodio lo conocemos por varias fuentes. La primera es Esquilo, en su tragedia Los Persas, versos 465 y siguientes.

Habla el mensajero a la reina Atosa:

Ξέρξης δ᾿ ἀνῴμωξεν κακῶν ὁρῶν βάθος·

ἕδραν γὰρ εἶχε παντὸς εὐαγῆ στρατοῦ,

ὑψηλὸν ὄχθον ἄγχι πελαγίας ἁλός·

ῥήξας δὲ πέπλους κἀνακωκύσας λιγύ,

πεζῷ παραγγείλας ἄφαρ στρατεύματι,

ἵησ’ ἀκόσμῳ ξὺν φυγῇ. Τοιάνδε σοι

πρὸς τῇ πάροιθε συμφορὰν πάρα στένειν.

En viendo Jerjes la hondura de sus males, lanza un grito – se sentaba sobre un trono en la cima de un collado, junto al mar, y desde donde toda la escuadra veía – al punto rasga sus ropas, rompe en agudo alarido y al ejército de tierra da órdenes a toda prisa; y sin orden ni concierto inicia la retirada. Tal es la calamidad de que puedes lamentarte, además de la primera.

La traducción es de José Alsina Clota, en Cátedra Letras Universales.

Heródoto, en Historias VIII, 90, nos habla también de la presencia de Jerjes en un monte observado la batalla y precisa que era el monte Egáleo:

ὅκως γάρ τινα ἴδοι Ξέρξης τῶν ἑωυτοῦ ἔργον τι ἀποδεικνύμενον ἐν τῇ ναυμαχίῃ, κατήμενος ὑπὸ τῷ ὄρεϊ τῷ ἀντίον Σαλαμῖνος τὸ καλέεται Αἰγάλεως, ἀνεπυνθάνετο τὸν ποιήσαντα, καὶ οἱ γραμματισταὶ ἀνέγραφον πατρόθεν τὸν τριήραρχον καὶ τὴν πόλιν.

Resulta que Jerjes, que se hallaba sentado al pie del monte situado frente a Salamina y que recibe el nombre de Egáleo, cuando veía que en el transcurso de la batalla, uno de los suyos llevaba a cabo alguna hazaña, se informaba de quién la había hecho, y sus secretarios anotaban el nombre del trierarco, el de su padre y el de su ciudad.

La traducción es de Carlos Schrader, en Gredos, que en nota al pie sobre el monte Egáleo dice:

Pequeña cadena montañosa del Ática (su máxima altitud alcanza los 453 metros), cuyas estribaciones sudoccidentales constituyen el monte Coridalo (de 217 metros de altura), situado frente a la isla de San Jorge y la bahía de Palukia, en Salamina. La expresión que utiliza Heródoto indica que Jerjes no se encontraba en la cima propiamente dicha, sino en cualquier punto de la falda del monte que le permitiera una adecuada visión del Estrecho (cf. Esquilo, Persas 464-465, aunque no facilita precisiones geográficas). Tampoco es posible fijar con exactitud el lugar en el que podía hallarse Jerjes a partir de testimonio de Plutarco (Temístocles 13, 1), ya que sus fuentes son contradictorias: Fanodemo (fr. 24, F. Gr. Hist. 325) situaba la posición del monarca probablemente en la vertiente sudoriental del Coridalo, mientras que Acestodoro (C. Müller, Fragmenta Historicorum Graecorum, París, 1846, II, 464) lo situaba en las cercanías de la frontera entre Mégara y el Ática (cosa que parece del todo punto improbable). El monarca debía de estar sentado en un taburete de oro, al que luego la tradición convirtió en un trono.

palukia

Y así lo podemos leer en Demóstenes, Contra Timócrates 129:

ἔπειτα ταμιεύσας ἐν ἀκροπόλει τἀριστεῖα τῆς πόλεως ἔλαβεν ἀπὸ τῶν βαρβρων ὑφῃρημένος ἐξ ἀκροπόλεως, τόν τε δίφρον τὸν ἀργυρόποδα καὶ τὸν ἀκινκην τὸν Μαρδονίου, ὃς ἦγε τριακοσίους δαρεικούς; ἀλλ ταῦτ γ᾿ οὕτω περιφανῆ ἐστιν ὥστε πντας ἀνθρώπους εἰδέναι.

¿No fue él quien, siendo nombrado tesorero de la Acrópolis, robó a ese lugar los premios de victoria que nuestros antepasados arrebataron a los bárbaros, el trono con pies de plata, y la cimitarra de Mardonio, que valía ciento cincuenta dracmas? Pero estas hazañas eran tan manifiestas que eran conocidas por todos.

Plutarco, Temístocles 13, nos habla de dos versiones:

Ἅμα δ᾿ ἡμέρ Ξέρξης μὲν ἄνω καθῆστο, τὸν στόλον ἐποπτεύων καὶ τὴν παράταξιν, ὡς μὲν Φανόδημός (ΦΓρΗ 325 Φ 24) φησιν ὑπὲρ τὸ ῾Ηράκλειον, βραχεῖ πόρῳ διείργεται τῆς ᾿Αττικῆς νῆσος, ὡς δ᾿ ᾿Ακεστόδωρος (ΦΗΓ ΙΙ `464) ἐν μεθορίᾳ τῆς Μεγαρίδος ὑπὲρ τῶν καλουμένων Κεράτων, χρυσοῦν δίφρον θέμενος καὶ γραμματεῖς πολλοὺς παραστησάμενος, ὧν ἔργον ἦν ἀπογράφεσθαι τὰ κατὰ τὴν μάχην πραττόμενα.

XIII.- Jerjes al mismo rayar del día se puso a contemplar la armada y su formación, según Fanodemo, desde encima del templo de Heracles, que es por donde la isla de Salamina dista del Ática corto trecho; pero, según Aquestodoro, desde los lindes de Mégara sobre los llamados Cornijales, habiendo hecho allí traer un sitial de oro, y teniendo junto a si muchos amanuenses, cuyo destino era ir anotando lo que fuese ocurriendo en la batalla.

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Un resumen, breve pero completo, se puede hallar aquí:

Probablemente la de Heródoto sea la tradición original, que se mantuvo hasta dar en el sencillo comentario de Justino (II, 12, 22): interea rex velut spectator pugnae navium in litore remanet (mientras tanto el rey como un espectador de la batalla permanece en la costa con una parte de las naves). Sin embargo, el cuadro de Jerjes sobre una altura resultaba más atractivo y es el que sin duda aparece ya en Éforo (360 a. C.), a juzgar por lo que de él derivó Aristodemo: según este último, Jerjes asistió a la batalla desde el monte Parneto. Probablemente en el relato de Fanodemo (siglo IV a. C.) hay una adición más: el rey está sentado sobre un trono de oro, como más tarde dice también Acestodoro, quien daba otro nombre y ubicación a la atalaya regia. En época de Demóstenes se podía precisar que aquel trono (ya no más áureo, sino simplemente ἀργυρόποδα) había estado guardado en la Acrópolis, junto con la espada de Mardonio, y se daba el nombre de quien había robado tan preciosas reliquias. Como Pausanias (Descripción de Grecia I, 27, 1) dice haber visto la espada de Mardonio (junto a otros despojos persas y el carro hecho por Dédalo), los comentaristas suponen que tal espada fue devuelta en época posterior a Demóstenes, suerte que no le cupo al precioso trono, que al parecer Heródoto nunca había tenido curiosidad por ver.

Éste es el texto de Pausanias:

ἀναθήματα δὲ ὁπόσα ἄξια λόγου, τῶν μὲν ἀρχαίων δίφρος ὀκλαδίας ἐστὶ Δαιδλου ποίημα, λφυρα δὲ ἀπὸ Μήδων Μασιστίου θώραξ, ὃς εἶχεν ἐν Πλαταιαῖς τὴν ἡγεμονίαν τῆς ἵππου, καὶ ἀκινκης Μαρδονίου λεγόμενος εἶναι.

En cuanto a las ofrendas dignas de mención (está hablando del templo de Atenea Políade), entre las antiguas hay un asiento plegable, que es obra de Dédalo; del botín tomado a los medos, la coraza de Masistio, que tuvo en Platea el mando de la caballería, y una daga que se dice que era de Mardonio.

La traducción es de María Cruz Herrero Ingelmo, en Gredos.

 Sólo nos queda ofrecer dos fragmentos del Libro VIII de las Historias de Heródoto, sobre la batalla de Salamina;

84 1 ἐνθαῦτα ἀνῆγον τὰς νέας ἁπάσας Ἕλληνες, ἀναγομένοισι δέ σφι αὐτίκα ἐπεκέατο οἱ βάρβαροι. οἱ μὲν δὴ ἄλλοι Ἕλληνες ἐπὶ πρύμνην ἀνεκρούοντο καὶ ὤκελλον τὰς νέας, Ἀμεινίης δὲ Παλληνεὺς ἀνὴρ Ἀθηναῖος ἐξαναχθεὶς νηὶ ἐμβάλλει συμπλακείσης δὲ τῆς νεὸς καὶ οὐ δυναμένων ἀπαλλαγῆναι, οὕτω δὴ οἱ ἄλλοι Ἀμεινίῃ βοηθέοντες συνέμισγον. 2 Ἀθηναῖοι μὲν οὕτω λέγουσι τῆς ναυμαχίης γενέσθαι τὴν ἀρχήν, Αἰγινῆται δὲ τὴν κατὰ τοὺς Αἰακίδας ἀποδημήσασαν ἐς Αἴγιναν, ταύτην εἶναι τὴν ἄρξασαν. λέγεται δὲ καὶ τάδε, ὡς φάσμα σφι γυναικὸς ἐφάνη, φανεῖσαν δὲ διακελεύσασθαι ὥστε καὶ ἅπαν ἀκοῦσαι τὸ τῶν Ἑλλήνων στρατόπεδον, ὀνειδίσασαν πρότερον τάδε, “ὦ δαιμόνιοι, μέχρι κόσου ἔτι πρύμνην ἀνακρούεσθε; ”

86 1 περὶ μέν νυν τούτους οὕτω εἶχε· τὸ δὲ πλῆθος τῶν νεῶν ἐν τῇ Σαλαμῖνι ἐκεραΐζετο, αἳ μὲν ὑπ᾽ Ἀθηναίων διαφθειρόμεναι αἳ δὲ ὑπ᾽ Αἰγινητέων. ἅτε γὰρ τῶν μὲν Ἑλλήνων σὺν κόσμῳ ναυμαχεόντων καὶ κατὰ τάξιν, τῶν δὲ βαρβάρων οὔτε τεταγμένων ἔτι οὔτε σὺν νόῳ ποιεόντων οὐδέν, ἔμελλε τοιοῦτό σφι συνοίσεσθαι οἷόν περ ἀπέβη. καίτοι ἦσάν γε καὶ ἐγένοντο ταύτην τὴν ἡμέρην μακρῷ ἀμείνονες αὐτοὶ ἑωυτῶν ἢ πρὸς Εὐβοίῃ, πᾶς τις προθυμεόμενος καὶ δειμαίνων Ξέρξην, ἐδόκεέ τε ἕκαστος ἑωυτὸν θεήσασθαι βασιλέα.

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LXXXIV. Al verlos mover los bárbaros, encaminaron al punto la proa hacia ellos; pero los griegos, suspendiendo los remos o remando hacia atrás, huían el abordaje e iban retirándose de popa hacia la playa, cuando Aminias Paleneo, uno de los capitanes atenienses, esforzando los remos embistió contra una nave enemiga, y clavando en ella el espolón, como no pudiese desprenderlo, acudieron a socorrerle los otros griegos y cerraron con los enemigos. Tal quieren los atenienses que fuese el principio del combate, si bien pretenden los de Egina que la galera que cerró ante todas con otra enemiga fue la que había ido a Egina en busca de los Eacidas. Corre aún otra voz; que se les apareció una fantasma en forma de mujer, la cual les animó de modo, que la vio toda la armada griega, dándoles primero en cara con esta reprensión: «¿Qué es lo que hacéis retirándoos así de popa sin cerrar con el enemigo?»

LXXXVI. Muchas fueron las naves que en Salamina quedaron destrozadas, unas por los atenienses y otras por los de Egina. Ni podía suceder otra cosa peleando con orden los griegos cada uno en su puesto y lugar, y habiendo al contrario entrado en el choque los bárbaros, no bien formados todavía, y sin hacer después cosa con arreglo ni concierto. Menester es, con todo, confesar que sacaron éstos en la función de aquel día toda su fuerza y habilidad, y se mostraron de mucho superiores a sí mismos y más valientes que en las batallas dadas cerca de Eubea, queriendo cada uno distinguirse particularmente, temiendo lo que diría Jerjes, o imaginándose que tenían allí presente al rey que les estaba mirando.

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 Y unos textos referidos a esa batalla sacados de aquí:

La táctica de combate naval consistía en embestir las naves enemigas con un espolón de acero que los barcos llevaban en la proa. La intención era partir en dos el navío rival y hundirlo. Pero si no se conseguía ese propósito, se producía un abordaje y un posterior combate cuerpo a cuerpo. Cada trirreme griega llevaba a bordo un cuerpo de asalto formado por unos cincuenta hoplitas (nombre que recibían los guerreros atenienses y espartanos).

Esas eran las noticias que Jerjes estaba deseando escuchar, por lo que ordenó atacar cuanto antes a los griegos. El soberano desoyó así los consejos de su más prudente aliada, la reina Artemisia, quien le aconsejaba exactamente lo contrario: “Espera, Jerjes, no ataques aún. Cuanto más esperes, más cundirá el desánimo entre tus enemigos”, le repetía una y otra vez. Pero el rey, viendo la victoria al alcance de su mano, no le hizo caso.

Cinco horas violentas

Temístocles concentró su flota en el golfo Sarónico, en cuyo centro se encuentra la isla de Salamina, que lo divide en dos canales. Según el relato del dramaturgo Esquilo, quien combatió en la batalla, la flota griega no llegaba a los 400 barcos, mientras que la persa superaba los 1.000; aunque los historiadores modernos rebajan esa cifra a 800.

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La táctica habitual de combate naval en aquel tiempo consistía en embestir a las naves enemigas para que la infantería que viajaba en los barcos las abordara. Así, los griegos atacaron brutalmente a la primera línea de la flota persa, formada por las naves de sus aliados fenicios. La maniobra fue un éxito. Los barcos griegos, como si fueran una cuña, penetraron entre la flota persa y la dividieron en dos. Además, al ser tan numerosos, los barcos persas prácticamente no podían maniobrar sin colisionar entre sí.

Esquilo, que luchó en la batalla, relató cómo los hombres caían al mar y se ahogaban al ser golpeados por los remos de los barcos

El combate fue breve, pero sangriento. Según relata Esquilo, duró apenas cinco horas. Las cubiertas de los barcos se convirtieron en pequeños campos de batalla donde los infantes de ambos ejércitos luchaban cuerpo a cuerpo. “Decenas de hombres de ambos bandos caían al mar y morían ahogados, golpeados sin piedad por los remos de las naves enemigas”, relató el autor al describir esta terrible escena.

 

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