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Archive for 18/05/15

Bauer_-_Tereus_Philomela_Procne

Proseguimos en este artículo con la completa narración ovidiana del episodio de Procne, Tereo y Filomela.

Y ya apenas puede soportar la tardanza, y con ávidos labios, vuelve a exponer el encargo de Progne y expresa sus propios anhelos bajo el nombre de ella. El amor lo hacía elocuente, y cuantas veces suplicaba más de lo justo pretendía que ésa era la voluntad de Progne; añadió también lágrimas, como si también se las hubiera encargado. ¡Ay dioses, qué gran medida de noche ciega tienen los corazones mortales! Por el mismo esfuerzo con que prepara su crimen es tenido Tereo por ejemplar esposo, y de su maldad saca glorioso nombre. Más aún, lo mismo ansía Filomela y, sujetando acariciante los hombros de su padre con sus brazos, por su propia vida y aun contra su propia vida le pide ella misma que la deje marchar a ver a su hermana. Tereo la contempla y con la vista palpa antes de tiempo, y, al advertir los besos y los brazos que rodean el cuello, todo le sirve de acicate y de tea y de pábulo de su insania, y cuantas veces abraza ella a su padre quisiera ser su padre; porque no por eso se abstendría de su atrocidad. El progenitor se doblega a las súplicas de ambas: ella se alegra y da gracias a su padre y cree, desgraciada, que ha sido un éxito para las dos lo que era calamitoso para las dos. Y ya era muy pequeña la tarea que a Febo le quedaba y sus caballos golpeaban con las patas la región donde el Olimpo está en pendiente: un regio menú es servido en las mesas y Baco en el oro, tras de lo cual se entregan sus cuerpos a un plácido sueño.

RossinyolLusciniaMegarhynchos

Ejemplar de ruiseñor del Museo de Ciencias Naturales del IES Ribalta

Pero el odrisio, aunque también se ha retirado, hierve por ella y, representándose su figura y sus ademanes y sus manos, imagina como las quiere las partes que aún no ha visto, y alimenta él su propio fuego en medio de una ansiedad que elimina el sueño. Se hizo de día, y Pandíon, estrechando la diestra de su yerno al marchar éste, le recomienda a su acompañante con lágrimas en los ojos: “Yo te entrego a ésta, querido yerno, parque me ha obligado a ello una pretensión justamente afectuosa, conforme lo han querido ambas y lo has querido tú también, Tereo, y por tu lealtad y por los sentimientos de nuestros lazos te pido suplicante, y por los dioses, que la protejas con la solicitud de un padre, y que este dulce consuelo de mi vejez me lo devuelvas a mí, que quedo afligido, cuanto antes: toda tardanza será larga para mi. Y tú también cuanto antes Filomela (ya es bastante que esté lejos tu hermana), si tienes algún amor filial, vuelve a mí”. Hacía estos encargos y a la vez daba besos a su hija, y en medio de sus recomendaciones le caían tiernas lágrimas. Y como garantía del compromiso les pidió a ambos las diestras y cuando se las dieron las juntó, y les ruega que en su nombre se acuerden al hablar de saludar a su hija y a su nieto ausentes, y apenas pudo pronunciar, con la boca llena de sollozos, el último adiós, y se asustó de los presagios de su propio corazón.

Tan pronto como embarcó Filomela en el pintado navío y se alcanzó el mar abierto a fuerza de remos y la tierra quedó lejos, grita: “He vencido y conmigo viaja mi pasión”. Y se alboroza y apenas puede resolverse a aplazar su goce aquel bárbaro y en ningún momento aparta de ella la mirada, no de otro modo que cuando con sus patas ganchudas la rapaz ave de Júpiter ha depositado una liebre en su elevado nido: no hay posibilidad alguna de huir para la prisionera, y la raptora contempla su botín. Y ya había terminado el viaje, y saliendo de las cansadas naves habían desembarcado ya en sus playas, cuando el rey arrastra a la hija de Pandíon a un apartado caserío, en la oscuridad de añosas espesuras, y allí, mientras ella palidece y se altera y tiene miedo de todo y pregunta ya, entre lágrimas, dónde está su hermana, la encierra; y declarando su crimen subyuga por la fuerza a quien era doncella y estaba sola, y a quien en vano llamó a gritos muchas veces a su padre, muchas a su hermana querida, y más todavía a los dioses poderosos.

Hirundo rustica

Golondrina (Hirundo rustica) = Filomela. Museo de Ciencias Naturales. IES Ribalta.

Tiembla ella como una despavorida ovejita que, habiéndose escabullido, herida, de la boca del lobo de gris pelaje, todavía no se encuentra segura, y como una paloma con las plumas mojadas en su propia sangre se espanta aún y sigue teniendo miedo de las garras en las que estaba enganchada. Cuando, después, recobró el control de sí misma, revolviéndose los sueltos cabellos, como una plañidera, hiriéndose a golpes los brazos y tendiendo sus manos dijo: “¡Oh bárbaro por tus atrocidades, oh empedernido! ¿Ni te han conmovido los encargos de un padre con sus amorosas lágrimas, ni la ansiedad de una hermana ni mi virginidad ni las leyes del matrimonio? Todo lo has trastornado: me he convertido en la rival de mi hermana, tú en esposo doble, y merezco el castigo que se da a un enemigo. ¿Por qué no me quitas la vida también, para que no te quede, pérfido, maldad alguna por cometer? ¡Y ojalá lo hubieses hecho antes del impío concúbito! Habría disfrutado de unas sombras libres de deshonor. Pero si los dioses ven estas cosas, si son algo las divinas potestades, si al mismo tiempo que yo no se ha perdido todo, alguna vez me pagarás con tu castigo. Yo misma, divulgando mi deshonra, anunciaré tu acción: si tengo posibilidad iré a la gente; si se me retiene encerrada en las selvas, llenaré las selvas y convenceré a las piedras, mis testigos. El cielo lo oirá y si algún dios hay en él”.

metamorfosisOvidio

Suscitada por tales palabras la cólera del feroz tirano, y no siendo menor su miedo, espoleado por los dos motivos, saca de su vaina la espada con la que iba ceñido, y agarrando a Filomela por los cabellos le sujeta los brazos a la espalda y la obliga a soportar cadenas. Ella presentaba el cuello y al ver la espada había concebido la esperanza de morir: Tereo le cogió con unas tenazas la lengua, que con indignación pronunciaba sin cesar el nombre de su padre y se esforzaba por hablar, y se la cortó con la feroz espada. Palpita en convulsiones el extremo de la raíz de la lengua; ésta está en el suelo y cuchichea agitándose sobre la negra tierra; y, como suele saltar la cola de una culebra a la que se ha mutilado, se retuerce y busca al morir las huellas de su dueña. Incluso después de esta atrocidad (yo apenas me atrevería a creerlo) se dice que muchas veces volvió Tereo a utilizar para su deleite aquel cuerpo lacerado.

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