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Archive for 7/05/16

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Frontispicio de las Noches Áticas de Aulo Gelio en la edición de Gronovius (1688)

Dejábamos el anterior capítulo con el texto latino del capítulo 9 del libro V de las Noches Áticas de Aulo Gelio, en el que se refiere una anécdota de uno de los hijos de Creso, de quien no sabemos el nombre, y que era mudo. Ya sabemos que el otro hijo, muerto en una cacería e joven, era Atis.

Aquí tenemos la traducción hecha con la ayuda de la versión catalana del sacerdote Cebrià Montserrat en la Fundación Bernat Metge:

Anécdota referente a un hijo mudo de Creso, tomada de los libros de Heródoto.

Un hijo del rey Creso, cuando ya tenía, por edad, capacidad de hablar, seguía sin hacerlo y, habiendo llegado ya a la plena adolescencia, no podía articular una sola palabra. Durante mucho tiempo, pues, pasó por mudo e incapaz de hablar. Cuando su padre fue derrotado en una gran batalla y fue tomada la ciudad en la que se encontraba, viendo el joven príncipe que un soldado enemigo lo embestía con la espada desenvainada, ignorando que fuera el rey, abrió la boca afanándose por hablar y aquel esfuerzo y empuje impetuoso deshizo el nudo que le trababa la lengua y comenzó a hablar pronunciando palabras claras y bien articuladas, para que el soldado no matara a Creso. Entonces el enemigo bajó la espada, el rey quedó con vida y el joven comenzó a hablar en adelante sin interrupción. Heródoto narra este hecho en su Historia e inserta las siguientes palabras que, según él dice, fueron las primeras que pronunció el hijo de Creso: “Hombre, no mates a Creso”.

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Se cuenta también de un atleta samio, de nombre Equecles, que no habiendo sido antes capaz de hablar, por una causa similar empezó a hablar. Habiendo notado, en efecto, que en una lucha de carácter sagrado no se hacía de buena fe el sorteo entre ellos mismos (los samios) y sus adversarios y que se cambiaba el nombre de uno de los favoritos, atacó de repente al que sacaba las suertes, haciéndole saber a grandes gritos que se daba cuenta de lo que hacía. Y liberado de la atadura que tenía en la lengua se expresó todo el resto de su vida sin entorpecimiento ni tartamudeo.

Evidentemente, esta anécdota nos lleva, como indica Aulo Gelio, a Heródoto, y en concreto a sus Historias, I, 85:

κατ᾽ αὐτὸν δὲ Κροῖσον τάδε ἐγίνετο. ἦν οἱ παῖς, τοῦ καὶ πρότερον ἐπεμνήσθην, τὰ μὲν ἄλλα ἐπιεικής, ἄφωνος δέ. ἐν τῇ ὦν παρελθούσῃ εὐεστοῖ ὁ Κροῖσος τὸ πᾶν ἐς αὐτὸν ἐπεποιήκεε, ἄλλα τε ἐπιφραζόμενος, καὶ δὴ καὶ ἐς Δελφοὺς περὶ αὐτοῦ ἐπεπόμφεε χρησομένους. ἡ δὲ Πυθίη οἱ εἶπε τάδε.

Λυδὲ γένος, πολλῶν βασιλεῦ, μέγα νήπιε Κροῖσε,

μὴ βούλου πολύευκτον ἰὴν ἀνὰ δώματ᾽ ἀκούειν

παιδὸς φθεγγομένου. τὸ δέ σοι πολὺ λώιον ἀμφὶς

ἔμμεναι· αὐδήσει γὰρ ἐν ἤματι πρῶτον ἀνόλβῳ.

ἁλισκομένου δὴ τοῦ τείχεος, ἤιε γὰρ τῶν τις Περσέων ἀλλογνώσας Κροῖσον ὡς ἀποκτενέων, Κροῖσος μέν νυν ὁρέων ἐπιόντα ὑπὸ τῆς παρεούσης συμφορῆς παρημελήκεε, οὐδὲ τί οἱ διέφερε πληγέντι ἀποθανεῖν· ὁ δὲ παῖς οὗτος ὁ ἄφωνος ὡς εἶδε ἐπιόντα τὸν Πέρσην, ὑπὸ δέους τε καὶ κακοῦ ἔῤῥηξε φωνήν, εἶπε δὲ “ὤνθρώπε, μὴ κτεῖνε Κροῖσον.” οὗτος μὲν δὴ τοῦτο πρῶτον ἐφθέγξατο, μετὰ δὲ τοῦτο ἤδη ἐφώνεε τὸν πάντα χρόνον τῆς ζόης.

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Estátero de oro, con representación de un león y una cabra, acuñado en tiempos de Creso.

Y en cuanto al propio Creso, he aquí lo que le ocurrió. Tenía un hijo —al que ya he hecho alusión con anterioridad, dotado de todas las cualidades, pero mudo. Pues bien, durante su ya pretérito poderío. Creso lo había intentado todo por él y, entre otras soluciones que había considerado, había enviado a consultar el oráculo de Delfos sobre su caso. Y la Pitia le contesto lo siguiente:

Hijo de Lidia, rey de muchos pueblos, Creso, grandísimo necio,

No pretendas oír en tu morada el tono anhelado

De la voz de tu hijo. Más te vale que eso quede lejos,

Pues a hablar comenzara en un funesto día.

Efectivamente, al ser tomada la plaza, un persa, sin reconocer a Creso, se iba hacia el con ánimo de darle muerte. Por su parte Creso, en medio de su presente desastre, al ver que se le echaba encima, no había tomado precaución alguna ni le importaba lo mas mínimo morir bajo sus golpes; sin embargo, su hijo, el mudo en cuestión, al ver atacar al persa, presa de angustiosa zozobra, rompió a hablar y exclamó: “ !Soldado, no mates a Creso!”. Esas fueron, pues, sus primeras palabras y, en lo sucesivo, ya pudo hablar durante toda su vida.

Valerio Máximo, en el libro I, 8 de sus Factorvm et dictorvm memorabilivm libri novem, ext. 4, se refiere al atleta samio citado:

Hoc modo fortuna saeviens uocem ademit, illo propitia donavit. Echecles Samius athleta mutus, cum ei victoriae, quam adeptus erat, titulus et praemium eriperetur, indignatione accensus vocalis evasit.

De este modo la fortuna, enfurecida, le (se refiere a la mujer del ateniense Nausímenes que contempló el estupro de su hijo e hija y enmudeció) quitó la voz, a este otro, propicia, se la dio. Equecles, el samio, un atleta mudo, cuando le era arrebatado el título y premio de la victoria, que había alcanzado, enardecido por la indignación, habló.

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Otra alusión al hijo mudo de Creso la hallamos en Cicerón, De divinatione I, 53, 121:

Idemque mittit et signa nobis eius generis qualia permulta historia tradidit, quale scriptum illud videmus: si luna paulo ante solis ortum defecisset in signo Leonis, fore ut armis Dareus et Persae ab Alexandro et Macedonibus [proelio] vincerentur Dareusque moreretur; et si puella nata biceps esset, seditionem in populo fore, corruptelam et adulterium domi; et si mulier leonem peperisse visa esset, fore, ut ab exteris gentibus vinceretur ea res publica, in qua id contigisset. Eiusdem generis etiam illud est quod scribit Herodotus, Croesi filium, cum esset infans, locutum; quo ostento regnum patris et domum funditus concidisse. Caput arsisse Servio Tullio dormienti quae historia non prodidit? Ut igitur qui se tradidit quieti praeparato animo cum bonis, cogitationibus, tum rebus ad tranquillitatem adcommodatis, certa et vera cernit in somnis, sic castus animus purusque vigilantis et ad astrorum et ad avium reliquorumque signorum et ad extorum veritatem est paratior.

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Él (el espíritu divino) es, pues, quien nos manda las diferentes señales de que hablan todas las historias, en la que vemos que si la Luna desaparece poco antes de que salga el Sol, en la constelación de León, era señal de que Darío y los persas serían vencidos por Alejandro y los macedonios, y hasta de qué moriría Darío; o bien, si nacía en alguna parte una niña con dos cabezas, el pueblo estaba amenazado de sedición y la familia de mancha y adulterio. Si una mujer soñaba que daba a luz un león, la república en que esto ocurría debía caer bajo el dominio extranjero. De este género es lo que nos refiere Heródoto: el hijo de Creso, niño mudo, había hablado, y el prodigio anunciaba la total ruina del reino de su padre y de su familia. ¿Qué historia no habla de la cabeza de Servio Tullio, coronada de llamas durante su sueño? Pero así como el que se entrega al descanso distingue claramente la verdad de sus sueños si su espíritu está tranquilo y si le ha nutrido con buenos pensamientos, así también la pureza e inocencia del alma es la mejor preparación para observar los astros, las aves y demás señales, como para el descubrimiento de la verdad.

Traducción de Francisco Navarro y Calvo y Luis David de los Arcos, obtenida de aquí.

Y así finalizamos esta serie, iniciada para dar cuenta de la anécdota de un hijo mudo de Creso, que nos ha servido finalmente para hacer un repaso de las fuentes clásicas grecolatinas sobre la interesante figura del rey de Lidia., del cual hay más información en este lugar.

Knüpfer,_Nikolaus_-_Solon_before_Croesus.

Solon before Croesus / Solón ante Creso (ca. 1650-1652), óleo sobre lienzo de 61 x 89 cm., de Nikolaus Knüfer. J. Paul Getty Museum, Los Ángeles

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