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Archive for 22/05/16

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En el anterior capítulo, y a modo de introducción, constatamos la, en nuestra opinión, abundancia de personas que abusan de la palabrería, la verborrea, la chafardería y la vana locuacidad, para poner a caldo a conocidos o vecinos, narrar sus insustanciales aventuras o prejuzgar, juzgar y condenar (tres en uno) al prójimo, sin pararse a pensar en las consecuencias de sus palabras, en la productividad, calidad, conveniencia u oportunidad de su dispersa e inane cháchara.

A glosar, ilustrar y completar esta observación nuestra (que puede ser equivocada y no compartida por nuestros lectores) coadyuva Aulo Gelio y sus Noches Áticas, con el capítulo XV del libro I, cuyo título es, ya de por sí, una declaración de intenciones:

Quam inportunum vitium plenumque odii sit futtilis inanisque loquacitas et quam multis in locis a principibus utriusque linguae viris detestatione iusta culpata sit.

De cómo es de impertinente y enojosa una vana y frívola locuacidad, y de cómo en muchos lugares ha sido reprobada por insignes autores griegos y latinos, en una justa detestación.

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Tras ofrecer los párrafos 1 y 2, con traducción castellana, basada en la catalana del sacerdote Cebrià Montserrat, en la Fundación Bernat Metge, vamos con el resto del texto

[3] Ulixen contra Homerus, virum sapienti facundia praeditum, vocem mittere ait non ex ore, sed ex pectore, quod scilicet non ad sonum magis habitumque vocis quam ad sententiarum penitus conceptarum altitudinem pertineret, petulantiaeque verborum coercendae vallum esse oppositum dentium luculente dixit, ut loquendi temeritas non cordis tantum custodia atque vigilia cohibeatur, sed et quibusdam quasi excubiis in ore positis saepiatur.

 [3] Por el contrario, Homero dice de Ulises, varón de señalada elocuencia, que las palabras le surgían no de los labios sino del corazón, por cuanto él se fijaba más en la recóndita profundidad de los conceptos que en el tono de la expresión de la voz; y dice, con mucho acierto, que los dientes son como una traba con que la naturaleza ha querido refrenar las osadías de la lengua, para que la irreflexión en el hablar fuera contenida no sólo por el miramiento y vigilancia interiores, sino también por una especie de pretil situado dentro de la misma boca.

 

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[4] Homerica, de quibus supra dixi, haec sunt:

Ἀλλ’ ὁτε δή ῥ’ ὄπα τε μεγάλην ἐκ στήθεος ἵει, (Ilíada III, 221; V, 22; XIX, 492)

et:

Τέκνον ἐμὸν, ποῖόν σε ἔπος φύγεν ἕρκος ὀδόντων. (Odisea I, 64; V, 22; XIX, 492).

[4] Las palabras de Homero que antes mencionaba son éstas:

“Pero cuando lanzaba del pecho su sonora voz”

y

“¿Qué palabra te ha huido del cerco de tus dientes?”

 

[5] M. Tullii quoque verba posui, quibus stultam et inanem dicendi copiam graviter et vere detestatus est:

[6]. “Dummodo” inquit “hoc constet neque infantiam eius, qui rem norit, sed eam explicare dicendo non queat, neque inscientiam illius, cui res non subpetat, verba non desint, esse laudandam: quorum si alterum sit optandum, malim equidem indisertam prudentiam quam stultam loquacitatem. (Cicerón, De oratore III, 35, 142)

[5] Quiero transcribir también unas palabras de M. Tulio en las cuales censura severamente la estulta y vacía abundancia de palabras: [6] “Con la condición de que no se tiene que alabar la sequedad de quienes no pueden expresar lo que saben, ni la necedad de los ignorantes que se expresan con facilidad. Si yo tuviera que escoger entre estos dos defectos preferiría, sin duda, una inculta prudencia a una necia locuacidad”.

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[7] Item in libro de oratore primo verba haec posuit: “Quid enim est tam furiosum quam verborum vel optimorum atque ornatissimorum sonitus inanis nulla subiecta sententia nec scientia?” [8] Cumprimis autem M. Cato atrocissimus huiusce vitii insectator est. [9] Namque in oratione, quae inscripta est si se Caelius tribunus plebis appellasset: “numquam” inquit “tacet, quem morbus tenet loquendi tamquam veternosum bibendi atque dormiendi. Quod si non coveniatis, cum convocari iubet, ita cupidus orationis conducat, qui auscultet. Itaque auditis, non auscultatis, tamquam pharmacopolam. Nam eius verba audiuntur; verum se nemo committit, si aeger est.”

[7] En el libro primero Del orador  puso estas palabras: ¿Queréis locura más grande que el vano rumor de unas palabras, aunque sean de las más escogidas y rotundas, sin ningún tipo de expresión ni sentido?”. (De oratore I, 12, 15)

[8] Más que nadie, M. Catón se las tuvo con mucha dureza con este defecto. [9] En su discurso titulado Si Celio se llamó tribuno del pueblo: “No calla nunca, dice, aquél que tiene la inclinación de hablar, tal como el hidrópico no para de beber, ni el dormilón de dormir; porque si no acudís cuando él grita que se acuda, el deseoso de hablar es capaz de alquilar personas que le escuchen. Y de esta manera, lo oís, no lo escucháis, como se oye al sacamuelas. Porque se escuchan sus palabras, pero nadie se fía cuando está enfermo”

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Aquiles golpeando a Tersites (siglo II d. C.). Relieve del sarcófago de Aurelia Botania Demetria, conservado en el Museo Arqueológico de Antalya (Turquía)

[10] Idem Cato in eadem oratione eidem M. Caelio tribuno plebi vilitatem obprobrans non loquendi tantum, verum etiam tacendi: “frusto” inquit “panis conduci potest, vel uti taceat vel uti loquatur.” [11] Neque non merito Homerus unum ex omnibus Thersitam ἀμετροεπῆ et ἀκριτόμυθον appellat verbaque illius multa et ἄκοσμα strepentium sine modo graculorum similia esse dicit. Quid enim est aliud ἐκολῴα?

[10] El propio Catón en el discurso arriba mencionado, reprochando la villanía de M. Celio, tribuno del pueblo, no sólo en el hablar, sino también en el callar, dice: “Con un bocado de pan se le puede comprar, o bien para que calle o bien para que hable”. [11] Con mucho acierto Homero llama a Tersites “desmesurado charlatán” e “impertinente por excelencia”, y compara su desagradable habladuría al escandaloso gorjeo de los arrendajos. ¿Qué otro sentido tiene, en efecto, la palabra ἐκολῴα?

El verbo  aparece en Ilíada II, 212, en el episodio de Tersites y su enfrentamiento con Odiseo; significa en griego “alborotar”; en el mismo verso aparece ἀμετροεπής; la palabra ἄκοσμα aparece en Ilíada II, 213 y en Ilíada II, 246 podemos leer el vocativo ἀκριτόμυθε.

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Marco Celio fue tribuno de la plebe en el 184 a. C. De él, además de lo que apunta Aulo Gelio, Catón decía:

“Se apea de su caballo percherón, luego da pasitos de danza, luego dispensa ridiculeces”. En otro pasaje: “Además canta cuando se le antojó, a veces representa versos griegos, cuanta chistes, cambia las voces, da pasitos de danza”.

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Ulises golpeando a Tersites

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