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Archive for 9 de junio de 2016

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José Guillermo Montes Cala, traductor y autor de la introducción y notas a Hero y Leandro, de Museo, en Gredos

Llegamos a los versos 84-98 de nuestra bella obra, Hero y Leandro, de Museo el Gramático, que estamos glosando con la traducción y notas de José Guillermo Montes Cala, en su edición de Gredos.

 

τοῖα μὲν ἠιθέων τις ἐφώνεεν. ἄλλοτε δ’ ἄλλος

ἕλκος ὑποκλέπτων ἐπεμήνατο κάλλεϊκούρης. 85

Αἰνοπαθὲς Λείανδρε, σὺ δ’, ὡς ἴδες εὐκλέα κούρην,

οὐκ ἔθελες κρυφίοισι κατατρύχειν φρένα κέντροις,

ἀλλὰ πυριβλήτοισι δαμεὶς ἀδόκητον ὀιστοῖς

οὐκ ἔθελες ζώειν περικαλλέος ἄμμορος Ἡροῦς.

σὺν βλεφάρων δ’ ἀκτῖσιν ἀέξετο πυρσὸς Ἐρώτων 90

καὶ κραδίη πάφλαζεν ἀνικήτου πυρὸς ὁρμῇ.

κάλλος γὰρ περίπυστον ἀμωμήτοιο γυναικὸς

ὀξύτερον μερόπεσσι πέλει πτερόεντος ὀιστοῦ.

ὀφθαλμὸς δ’ ὁδός ἐστιν· ἀπ’ ὀφθαλμοῖο βολάων

κάλλος ὀλισθαίνει καὶ ἐπὶ φρένας ἀνδρὸς ὁδεύει. 95

εἷλε δέ μιν τότε θάμβος, ἀναιδείη, τρόμος, αἰδώς.

ἔτρεμε μὲν κραδίην, αἰδὼς δέ μιν εἶχεν ἁλῶναι

θάμβεε δ’ εἶδος ἄριστον, ἔρως δ’ ἀπενόσφισεν αἰδῶ.

 

Así dijo cierto mozo. Cada cual por su lado escondía su herida y volvíase loco por la belleza de la muchacha. Tú, doliente Leandro, nada más ver a la renombrada muchacha, no querías abrumar tu pecho con furtivos aguijones, mas al asalto domado por flechas de fuego, no querías vivir privado de la muy bella Hero. Con los rayos de sus ojos se avivaba la antorcha de los amores, y el corazón te bullía por empuje de un invencible fuego. Pues la belleza cambiante de una mujer impecable a los mortales resulta más punzante que alada saeta. Y el ojo es su senda: del ojo lanzada la belleza resbala y hasta las entrañas del varón senderea. Domináronle entonces pasmo, descaro, temblor, pudor. Temblaba su corazón, mas lo contenἰa el pudor de verse prisionero. Pasmábale su porte inmejorable y amor le apartó del pudor.

 

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  1. Acerca de la herida secreta del amor, cf. Antología Palatina XII 134, 1 (Calímaco):

ΚΑΛΛΙΜΑXΟΥ

Ελκος ἔχων ξεῖνος ἐλάνθανεν· ὡς ἀνιηρὸν

πνεῦμα διὰ στηθέων εἶδες; ἀνηγάγετο,

τὸ τρίτον ἡνίκ᾿ ἔπινε, τὰ δὲ ῥόδα φυλλοβολεῦντα

τὠνδρὸς ἀπὸ στεφάνων πἀντἐγένοντο χαμαί·

ὤπτηται μέγα δή τι, μὰ δαίμονας· οὐκ ἀπὸ ῥυσμοῦ

εἰκάζω, φωρὸς δ᾿ ἴχνια φὼρ ἔμαθον.

Ignora ese hombre que lleva una herida. ¿No viste

con cuánto dolor, al hacer la tercera

libación, suspiraba su pecho? ¿Ni cómo las rosas

de su guirnalda todas quedaron por el suelo?

Grande es su penar, y no es cosa que yo me imagine;

soy un ladrón que sigue de otro ladrón las huellas.

La traducción es de Manuel Fernández-Galiano, en Gredos.

calimaco

Calímaco

También Apolonio de Rodas, Argonáuticas III, 296 ss:

Τόφρα δ᾽ Ἔρως πολιοῖο δι᾽ ἠέρος ἷξεν ἄφαντος,

τετρηχὼς οἷόν τε νέαις ἐπὶ φορβάσιν οἶστρος

τέλλεται, ὅν τε μύωπα βοῶν κλείουσι νομῆες.

ὦκα δ᾽ ὑπὸ φλιὴν προδόμῳ ἔνι τόξα τανύσσας,

ἰοδόκης ἀβλῆτα πολύστονον ἐξέλετ᾽ ἰόν.

ἐκ δ᾽ ὅγε καρπαλίμοισι λαθὼν ποσὶν οὐδὸν ἄμειψεν

ὀξέα δενδίλλων· αὐτῷ δ᾽ ὑπὸ βαιὸς ἐλυσθείς

Αἰσονίδῃ, γλυφίδας μέσσῃ ἐνικάτθετο νευρῇ,

ἰθὺς δ᾽ ἀμφοτέρῃσι διασχόμενος παλάμῃσιν

ἧκ᾽ ἐπὶ Μηδείῃ. τὴν δ᾽ ἀμφασίη λάβε θυμόν·

αὐτὸς δ᾽ ὑψορόφοιο παλιμπετὲς ἐκ μεγάροιο

καγχαλόων ἤιξε, βέλος δ᾽ ἐνεδαίετο κούρῃ

νέρθεν ὑπὸ κραδίῃ φλογὶ εἴκελον. ἀντία δ᾽ αἰεί

βάλλεν ἐπ᾽ Αἰσονίδην ἀμαρύγματα, καί οἱ ἄηντο

στηθέων ἐκ πυκιναὶ καμάτῳ φρένες, οὐδέ τιν᾽ ἄλλην

μνῆστιν ἔχεν, γλυκερῇ δὲ κατείβετο θυμὸν ἀνίῃ·

ὡς δὲ γυνὴ μαλερῷ περὶ κάρφεα χεύατο δαλῷ

χερνῆτις, τῇπερ ταλασήια ἔργα μέμηλεν,

ὥς κεν ὑπωρόφιον νύκτωρ σέλας ἐντύναιτο,

ἄγχι μάλ᾽ _ἐγρομένη· τὸ δ᾽ ἀθέσφατον ἐξ ὀλίγοιο

δαλοῦ ἀνεγρόμενον σὺν κάρφεα πάντ᾽ ἀμαθύνει –

τοῖος ὑπὸ κραδίῃ εἰλυμένος αἴθετο λάθρῃ

οὖλος ἔρως, ἁπαλὰς δὲ μετετρωπᾶτο παρειάς

ἐς χλόον, ἄλλοτ᾽ ἔρευθος, ἀκηδείῃσι νόοιο.

argonautasalianza

Mientras tanto Eros llegó a través de una clara bruma invisible, tumultuoso, como se lanza sobre las jóvenes reses el tábano, al que los pastores de bueyes llaman moscón. Rápidamente junto a la parte inferior de las jambas del vestíbulo extendió su arco y escogió de su carcaj un resonante dardo aún no lanzado. Desde allí cruzó con sus ágiles pies el umbral, sin que nadie le viera, mirando a uno y otro lado agudamente. Diminuto y oculto a los pies del propio Jasón, ajustó las muescas de la flecha al centro de la cuerda y, tendiéndola directo con ambas manos, disparó sobre Medea. El corazón de la joven se quedó atónito.

El dios, en vuelo de regreso, desde la sala de alto techo salió riendo, y la flecha prendía en el interior de la doncella, en su corazón, semejante a una llama. Frente a él, una y otra vez lanzaba fulgentes miradas hacia Jasón, y como por un vendaval era arrastrada su sutil razón fuera de su pecho con la pasión, y ningún otro cuidado tenía; su corazón se inundaba de una dulce tristeza. Como se aplica con su ardiente tizón en torno a las briznas de paja la pobre tejedora, a la que ocupan sus labores de lana, para obtener una luz en su noche casera, mientras vela en soledad, y la luz repentina surgida del pequeño tizón pulveriza todas las briznas de paja; de tal modo el destructor Esos, encubierto en su corazón, ardía a escondidas y remudaba sus suaves mejillas hacia la palidez y hacia el rubor alternativamente con los vaivenes de su pensamiento embelesado.

La traducción es de Carlos García Gual, en Alianza Editorial (1265).

teocritoidilios

O Teócrito, Idilios XI (Los Cíclopes), 15:

Πολλάκι ταὶ ὄιες ποτὶ ταὐλίον αὐταὶ ἀπῆνθον

χλωρᾶς ἐκ βοτάνας: ὁ δὲ τὰν Γαλάτειαν ἀείδων

αὐτόθ᾽ ἐπ᾽ ἀιόνος κατετάκετο φυκιοέσσας

ἐξ ἀοῦς, ἔχθιστον ἔχων ὑποκάρδιον ἕλκος

Κύπριδος ἐκ μεγάλας, τό οἱ ἥπατι πᾶξε βέλεμνον.

A menudo, sus ovejas volvían desde los verdes pastos por ellas mismas al redil, mientras él cantando a Galatea se consumía allí sobre la playa llena de algas desde la aurora, con una terrible herida en su corazón producida por la gran Cipris, dardo que le alcanzó en su pasión.

XXX, 10:

῎Ωιαι τῶ χαλεπῶ καἰνομόρω τῶδε νοσήματος:

τετορταῖος ἔχει, παιδὸς ἔρως, μῆνά με δεύτερον,

μᾶκος μὲν μετρίω γ᾽, ἀλλ᾽ ὁπόσον τῶ πέδα περρέχε

τᾶς γᾶς τοῦτο χάρις: ταῖς δὲ παραύαις γλυκὺ μειδίαι.

καὶ νῦν μὲν τὸ κακὸν ταῖς μὲν ἔχει, ταῖσι δέ μ᾽ οὐκέτι,

τάχα δ᾽ οὐδ᾽ ὅσον ὕπνω ᾿πιτύχην ἔσσετ᾽ ἐρωία:

ἐχθὲς γὰρ παριὼν ἔδρακε λέπτ᾽ ἄμμε δι᾽ ὀφρύγων

αἰδεσθεὶς ποτίδην ἀντίος, ἠρεύθετο δὲ χρόα.

ἔμεθεν δὲ πλέον τᾶς κραδίας ὥ᾽ ρος ἐδράξατο,

εἰς οἶκον δ᾽ ἀπέβαν ἕλκος ἔχων καὶ τὸ κέαρ δακών.

¡Ay, qé mal destructivo y tormentoso ¡ Ya hace dos meses, como la cuartana, el amor de un muchacho me posee: es bello sin medida y la gracia lo envuelve todo de la cabeza a los pies y una dulce sonrisa tiene sobre las mejillas. Ahora el mal me posee ciertos días y ciertos me deja, pero pronto no tendré tregua ni para el sueño. Ayer cuando pasaba me lanzó una mirada fugaz entre sus cejas, con vergüenza para mirarme de frente y se sonrojaba. Y el amor aún más me tomó el corazón, y me fui a casa con una herida que mordía el hígado.

ANTOLOGIA-PALATINA-LIBROS-V-Y-XII

También encontramos la figura de la herida de amor en Antología Palatina V, 124, 4 (Filodemo):

ΦΙΛΟΔΗΜΟΥ

Οὔπω σοι καλύκων γυμνὸν θέρος, οὐδὲ μελαίνει

βότρυς ὁ παρθενίους πρωτοβολῶν χάριτας.

ἀλλ᾿ ἤδη θοὰ τόξα νέοι θήγουσιν ῎Ερωτες,

Λυσιδίκη, καὶ πῦρ τύφεται ἐγκρύφιον.

φεύγωμεν, δυσέρωτες, ἕως βέλος οὐκ ἐπὶ νευρῇ·

μάντις ἐγὼ μεγάλης αὐτίκα πυρκαϊῆς.

Todavía no está desnudo de su cubierta tu vegetación veraniega, ni ennegrecen

Tus racimos de uva para producir los primeros rayos de los encantos de una joven doncella.

Pero ya los jóvenes Amores afilan sus puntiagudos arcos,

Lisídice, y un fuego secreto arde sin llama.

Huyamos, amantes infortunados, mientras el dardo está fuera de la cuerda;

Yo soy el profeta de una gran e inminente llama de amor.

erotes

Erotes cabalgando sobre aves, detalle del mosaico de Océano y Neptuno, procedente de Útica. Período tardío romano. Museo del Bardo, Túnez

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