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Archive for 13/09/16

heroyleandroregnier

Hero y Leandro (ca. 1625-1626), óleo sobre lienzo de 155 x 209 cm de Nicolas Régnier. National Gallery of Victoria, Melbourne, Australia

Avanzamos en el poema de Museo el Gramático, Hero y Leandro y llegamos a la selección de versos 158-171:

 

ὣς εἰπὼν παρέπεισεν ἀναινομένης φρένα κούρης

θυμὸν ἐρωτοτόκοισι παραπλάγξας ἐνὶ μύθοις.

Παρθενικὴ δ’ ἄφθογγος ἐπὶ χθόνα πῆξεν ὀπωπὴν 160

αἰδοῖ ἐρευθιόωσαν ὑποκλέπτουσα παρειὴν

καὶ χθονὸς ἔξεεν ἄκρον ὑπ’ ἴχνεσιν, αἰδομένη δὲ

πολλάκις ἀμφ’ ὤμοισιν ἑὸν συνέεργε χιτῶνα.

πειθοῦς γὰρ τάδε πάντα προάγγελα· παρθενικῆς δὲ

πειθομένης ποτὶ λέκτρον ὑπόσχεσίς ἐστι σιωπή. 165

ἤδη δὲ γλυκύπικρον ἐδέξατο κέντρον Ἐρώτων.

θέρμετο δὲ κραδίην γλυκερῷ πυρὶ παρθένος Ἡρώ,

κάλλεϊδ’ ἱμερόεντος ἀνεπτοίητο Λεάνδρου.

ὄφρα μὲν οὖν ποτὶ γαῖαν ἔχεν νεύουσαν ὀπωπήν,

τόφρα δὲ καὶ Λείανδρος ἐρωμανέεσσι προσώποις 170

οὐ κάμεν εἰσορόων ἁπαλόχροον αὐχένα κούρης.

Así habló y acabó por seducir la mente remisa de la joven, extraviándole el ánimo con palabras que enamoran. La doncella, taciturna, fijó en tierra la mirada, tratando de esconder el rubor que en su mejilla ponía el pudor, y escarbaba con sus plantas el suelo y en su vergüenza mil veces sobre sus hombros sujetaba la túnica. Que todas esas acciones son anuncios previos de la seducción y el silencio de una doncella cuando se la está seduciendo es promesa para el lecho. Ya también aceptó el agridulce aguijón de los amores e inflamaba su corazón con dulce fuego la doncella Hero, y ante la belleza del seductor Leandro quedábase estupefacta. Pues bien, mientras tenía la mirada puesta en tierra, durante ese tiempo tampoco Leandro se cansó de mirar con los ojos delirantes de amor el delicado cuello de la joven.

 

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  1. (Tratando de esconder el rubor que en su mejilla ponía el pudor). Cf. la similar reacción en Apolonio de Rodas, Argonáuticas I, 791 (Hipsípila) y III, 1021 s. (Jasón y Medea). Para la concomitancia de este pasaje de los versos 160-165 con Aristéneto I, 15 (Carta de Afrodisio a Lisímaco; episodio de Frigio a Pieria), cf. el detallado análisis de K. Kost, página 39 y siguientes.

Aquí tenemos Argonáuticas I, 791:

ὁ δ᾽ ἐπὶ χθονὸς ὄμματ᾽ ἐρείσας

νίσσετ᾽ ἀπηλεγέως, ὄφρ᾽ ἀγλαὰ δώμαθ᾽ ἵκανεν

Ὑψιπύλης. ἄνεσαν δὲ θύρας προφανέντι θεράπναι

δικλίδας, εὐτύκτοισιν ἀρηρεμένας σανίδεσσιν·

ἔνθα μιν Ἰφινόη κλισμῷ ἔνι παμφανόωντι

ἐσσυμένως καλῆς διὰ παστάδος εἷσεν ἄγουσα

ἀντία δεσποίνης. ἡ δ᾽ ἐγκλιδὸν ὄσσε βαλοῦσα

παρθενικὴ ἐρύθηνε παρηίδας· ἔμπα δὲ τόνγε

αἰδομένη μύθοισι προσέννεπεν αἱμυλίοισιν·

 

Y él, con sus ojos fijos en el suelo, avanzaba resueltamente, hasta que llegó al palacio de Hipsípila. A su llegada abrieron las sirvientas las puertas dobles, construidas con bien trabajados paneles. Allí Ifínoa le invitó a sentarse sobre un asiento muy lujoso, conduciéndole con premura a través de la hermosa sala del vestíbulo, frente a su señora. La joven le miró de reojo y coloreó de rubor sus mejillas.

La traducción es de Carlos García Gual, en Alianza Editorial (1265).

Y Argonáuticas III, 1021 (Jasón y Medea):

ἄμφω δ᾽ ἄλλοτε μέν τε κατ᾽ οὔδεος ὄμματ᾽ ἔρειδον

αἰδόμενοι, ὁτὲ δ᾽ αὖτις ἐπὶ σφίσι βάλλον ὀπωπάς

ἱμερόεν φαιδρῇσιν ὑπ᾽ ὀφρύσι μειδιόωντες.

ἐξ ὄφιος γενύων ὀλοοὺς σπείρασθαι ὀδόντας.

 

Ambos fijaban unas veces sus ojos sobre el suelo, vergonzosos, y otras veces se lanzaban entre sí sus miradas, mostrando una amable sonrisa bajo las cejas claras.

La traducción es de Carlos García Gual, en Alianza Editorial (1265).

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El fragmento de Aristéneto I, 15 (Carta de Afrodisio a Lisímaco; episodio de Frigio y Pieria) es éste:

… sino que tu rostro miraba al suelo, como si meditase algo. Luego dijiste plena de encanto, con las mejillas sonrojadas y con su rostro inclinado por pudor; cogías con la punta de los dedos las borlas de tu vestido; le dabas vueltas a la punta de tu cinturón; y a ratos también señalabas el suelo con el pie (éstos son, sin duda, los gestos de los que, en una situación apurada, se avergüenzan…dijiste entonces a duras penas con voz queda.

La traducción es de Rafael J. Gallé Cejudo, en Gredos.

  1. (Que todas esas acciones son anuncios previos de la seducción). En efecto, las muestras de vergüenza son un claro síntoma del amor, cf. Aquiles Tacio I, 4-5.

Πάντα δέ με εἶχεν ὁμοῦ, ἔπαινος, ἔκπληξις, τρόμος, αἰδώς, ἀναίδεια: ἐπῄνουν τὸ μέγεθος, ἐκπεπλήγμην τὸ κάλλος, ἔτρεμον τὴν καρδίαν, ἔβλεπον ἀναιδῶς, ᾐδούμην ἁλῶναι: τοὺς δὲ ὀφθαλμοὺς ἀφέλκειν μὲν ἀπὸ τῆς κόρης ἐβιαζόμην, οἱ δὲ οὐκ ἤθελον, ἀλλ̓ ἀνθεῖλκον ἑαυτοὺς ἐκεῖ τῷ τοῦ κάλλους ἑλκόμενοι πείσματι, καὶ τέλος ἐνίκησαν.

Y toda clase de impresiones me dominaban a la vez: admiración, pasmo, temblor, vergüenza, desvergüenza. Admiraba su estatura, me pasmaba de su belleza, me palpitaba el corazón, la miraba con impudor, me daba vergüenza de ser sorprendido así. Me forzaba a desprender mis ojos de la muchacha, pero ellos no querían: al contrario, se aferraban allí, arrastrados por la seducción de la belleza, y triunfaron al final.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

  1. (Delicado cuello de la joven). Una variación de Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte I, 5, 3. Cf. también Aristéneto 1, 22, 40

Τί μὲν οὖν ἔφαγον, μὰ τοὺς θεούς, ἔγωγε οὐκ ᾔδειν, ἐῴκειν γὰρ τοῖς ἐν ὀνείροις ἐσθίουσιν: ἐρείσας δὲ κατὰ τῆς στρωμνῆς τὸν ἀγκῶνα καὶ ἐγκλίνας ἐμαυτόν, ὅλοις ἔβλεπον τὴν κόρην τοῖς προσώποις, κλέπτων ἅμα τὴν θέαν: τοῦτο γάρ μοι ἦν τὸ δεῖπνον.

Qué acerté a comer, por los dioses que yo mismo no llegué a ente­rarme, pues me parecía a los que comen en sueños. Pero apoyando el codo en el diván e inclinándome, miraba de hito en hito a la muchacha, al tiempo que disimulaba la mirada, ya que ésta fue mi cena.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

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