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Archive for 22/09/16

paelinck_-_eros

Eros (1820), óleo sobre lienzo de 142 x 113 cm., de Joseph Paelinck (1781-1839). Museo de Bellas Artes (Museum voor Schone Kunsten) de Gante

En nuestro prolijo repaso del poema de Museo el Gramático “Hero y Leandro”, que hacemos con la inestimable ayuda de las notas y traducción de José Guillermo Montes Cala, en Gredos, llegamos a los versos 194-202

Ὣς φαμένη ῥοδέην ὑπὸ φάρεϊκρύπτε παρειὴν

ἔμπαλιν αἰδομένη, σφετέροις δ’ ἐπεμέμφετο μύθοις. 195

Λείανδρος δὲ πόθου βεβολημένος ὀξέι κέντρῳ

φράζετο, πῶς κεν ἔρωτος ἀεθλεύσειεν ἀγῶνα.

ἄνδρα γὰρ αἰολόμητις Ἔρως βελέεσσι δαμάζει

καὶ πάλιν ἀνέρος ἕλκος ἀκέσσεται. οἷσι δ’ ἀνάσσει,

αὐτὸς ὁ πανδαμάτωρ βουληφόρος ἐστὶ βροτοῖσιν. 200

αὐτὸς καὶ ποθέοντι τότε χραίσμησε Λεάνδρῳ.

ὀψὲ δ’ ἀλαστήσας πολυμήχανον ἔννεπε μῦθον·

Así habló y bajo el velo ocultaba su rosada mejilla, que le volvía el recato y sus propias palabras se censuraba. Y Leandro, con la herida del puntiagudo aguijón de la pasión, discurría cómo competir en la erótica prueba. Y es que el astuto Eros al varón que con sus dardos ha domado también de nuevo su herida le ha de sanar; y él mismo, domador de todo, es consejero de los mortales sobre los que señorea, y él también entonces prestó su ayuda al enamorado Leandro. Y al fin, pasado su enfado, pronunció un ocurrente discurso:

  1. (Ocultaba su rosada mejilla). Como Penélope en Odisea I, 334, o Béroe en Nono, Dionisíacas XLII, 351.

Aquí tenemos el verso odisaico:

ἄντα παρειάων σχομένη λιπαρὰ κρήδεμνα· = con las mejillas cubiertas por espléndido velo

Traducción de Luis Segalà.

Y aquí el de Nono Dionisíacas XLII, 350-351):

παρθένος ἄστατον ὄμμα φυλασσομένη Διονύσου

φάρεϊ μαρμαίρουσαν ἑὴν ἔκρυψε παρειήν.

La doncella viendo la mirada incisiva de Dioniso ocultó bajo un velo sus brillantes mejillas.

penelope-and-the-suitors-1912

Penélope y los pretendientes (1912), óleo sobre lienzo de 188 x 130 cm, de John William Waterhouse. Aberdeen Art Gallery

  1. (Discurría cómo competir en la erótica prueba). Para esta imagen deportiva cf. Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte II, 4, 4 (Clitofonte s también “atleta del amor”):

Θίγε χειρός, θλῖψον δάκτυλον, θλίβων στέναξον. Ἢν δὲ ταῦτά σου ποιοῦντος καρτερῇ καὶ προσίηται, σὸν ἔργον ἤδη δέσποινάν τε καλεῖν καὶ φιλῆσαι τράχηλον.’ ‘Πιθανῶς μὲν’ ἔφην ‘νὴ τὴν Ἀθηνᾶν, ἐς τὸ ἔργον παιδοτριβεῖς: δέδοικα δὲ μὴ ἄτολμος καὶ δειλὸς ἔρωτος ἀθλητὴς γένωμαι.

“Cógele la mano, apriétale los dedos, y al apretárselos gime. Y si al hacer tú estas cosas las soporta y permite, ya es tarea tuya llamarla tu señora y besar su cuello”. Contesté: “De un modo convincente, ¡por Atenea!, educas para la acción; pero temo ser cobarde y no llegar a ser un terrible atleta del amor”.

La traducción es de María Luz Prieto, en Akal / Clásica.

  1. (De nuevo su herida le ha de sanar). Sobre el Eros terapéutico véanse las célebres palabras de Aristófanes en Platón, Banquete 189d. Museo parece adaptar a este nuevo contexto el conocido proverbio de “quien ha infligido una herida, él mismo habrá de curarla” (cf. Paremiógrafos griegos II, 763 L.-Schn.), originariamente referido al oráculo del rey Télefo, que fue herido y sanado por Aquiles. Alusiones a este oráculo son muy frecuentes en textos eróticos: cf., entre otros, Propercio II, 1, 63 ss.; Ovidio, Amores II, 9, 7 ss.; Caritón de Afrodisias, Quéreas y Calírroe VI, 3, 7.

Ya hemos aportado en el anterior capítulo el texto del Banquete platónico, pero lo ofrecemos de nuevo:

᾿Εμοὶ γὰρ δοκοῦσιν ἅνθρωποι παντάπασι τὴν τοῦ ἔρωτος δύναμιν οὐκ ᾐσθῆσθαι, ἐπεὶ αἰσθανόμενοί γε μέγιστ᾽ ἂν αὐτοῦ ἱερὰ κατασκευάσαι καὶ βωμούς, καὶ θυσίας ἂν ποιεῖν μεγίστας, οὐχ ὥσπερ νῦν τούτων οὐδὲν γίγνεται περὶ αὐτόν, δέον πάντων μάλιστα γίγνεσθαι. ῎Εστι γὰρ θεῶν φιλανθρωπότατος, ἐπίκουρός τε ὢν τῶν ἀνθρώπων καὶ ἰατρὸς τούτων ὧν ἰαθέντων μεγίστη εὐδαιμονία ἂν τῷ ἀνθρωπείῳ γένει εἴη. ᾿Εγὼ οὖν πειράσομαι ὑμῖν εἰσηγήσασθαι τὴν δύναμιν αὐτοῦ, ὑμεῖς δὲ τῶν ἄλλων διδάσκαλοι ἔσεσθε.

Pues, a mi parecer, los hombres no se han percatado en absoluto del poder de Eros, puesto que si se se hubiesen percatado le habrían levantado los mayores templos y altares y le harían los más grandes sacrificios, no como ahora, que no existe nada relacionado con él, siendo así que debería existir por encima de todo. Pues es el más filántropo de los dioses, al ser auxiliar de los hombres y  médico de enfermedades tales que, una vez curadas, habría la mayor felicidad para el género humano. Intentaré, pues, explicaros su poder y vosotros seréis los maestros de los demás.

 

propercio-elegias

Aquí tenemos Propercio II, 1, 57.

Omnis humanos sanat medicina dolores:

solus amor morbi non amat artificem.

Tarda Philoctetae sanavit crura Machaon,

Phoenicis Chiron lumina Phillyrides,

et deus exstinctum Cressis Epidaurius herbis

restituit patriis Androgeona focis,

Mysus et Haemonia iuvenis qua cuspide vulnus

senserat, hac ipsa cuspide sensit opem.

Cualquier medicina sana los dolores humanos: sólo al amor no le gustan los médicos. Macaón sanó las piernas heridas de Filoctetes, el Filírida Quirón los ojos de Fénix, y el dios de Epidauro, con hierbas Cretenses, devolvió a Androgeo de la muerte a su hogar patrio; el joven Misio que se sintió herido por Hemonia espada, de la misma espada sintió su curación.

La traducción se ha obtenido de aquí.

El joven misio es el rey de Misia Télefo y la espada Hemonia se refiere a la lanza de Aquiles, rey de Ftía en Tesalia o Hemonia.

Ahora Ovidio, Amores II, 9, 7 ss.:

Quid? non Haemonius, quem cuspide perculit, heros

confossum medica postmodo iuvit ope?

venator sequitur fugientia; capta relinquit

semper et inventis ulteriora petit.

¿Qué? ¿No ayudó el héroe de Hemonia con su ciencia médica al herido, después de haberlo atravesado con su lanza? El cazador persigue lo que huye pero deja lo que ha cazado y siempre busca algo que añadir a lo encontrado.

La traducción es de Vicente Cristóbal López, en Gredos quien dice en nota al pie:

El héroe de Hemonia es Aquiles, natural de Ftía, en Tesalia o Hemonia. Instruido por el centauro Quirón, habría aprendido el arte del auxilio médico. Aquí se alude a Télefo, hijo de Hércules y de Auge, a la sazón rey de Misia, que fue herido por Aquiles con su lanza, cuando los griegos en su viaje a Troya arribaron a las costas de su país. De tal herida sólo sanó al cabo de tiempo (siguiendo la indicación de un oráculo) acudiendo al mismo Aquiles, quien le aplicó en la llaga la herrumbre de la misma lanza con la que lo había herido.

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La educación de Aquiles (1772), óleo sobre lienzo de 103 x 129 cm., de James Barry. Yale Center for British Art. Paul Mellon Fund. New Haven, Connecticut

Finalmente, Caritón de Afrodisias, Quéreas y Calírroe VI, 3, 7:

Σκεπτέον οὖν πῶς ἂν ἀπαλλαγείην τῆς ἀνίας. Ζήτει πανταχόθεν εἴ τι ἄρα δυνατόν ἐστιν εὑρεῖν φάρμακον.’ ‘Εὕρηται’ φησὶ ‘φάρμακον, βασιλεῦ. Καὶ πὰρ Ἕλλησι καὶ βαρβάροις τοῦτο, ὅπερ ζητεῖς. Φάρμακον γὰρ ἕτερονἜρωτος οὐδέν ἐστι πλὴν αὐτὸς ὁ ἐρώμενος: τοῦτο δὲ ἄρα καὶ τὸ ᾀδόμενον λόγιον ἦν ὅτι ὁ τρώσας αὐτὸς ἰάσεται.’’

Es preciso mirar cómo podría calmar mi aflicción. Busca de todas las maneras si es posible encontrar un remedio.

-Ya ha sido hallado –dijo- ese remedio que buscas, oh Rey, entre los griegos y los bárbaros. Pues no hay otro remedio del Amor que el mismo ser amado: ésa fue la respuesta cantada por el oráculo, que “el que ha infligido la herida, ése mismo es el que la curará”.

La traducción es de Julia Mendoza, en Gredos.

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