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Archive for 1/03/17

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Otro autor que nos habla de hasta diez Sibilas es Lactancio, quien, en sus Instituciones Divinas, I, 6, (De divinis testimoniis et de Sibyllis et earum carminibus=Testimonio de los propios dioses paganos a través sobre todo de las Sibilas) 10, nos da el nombre y la procedencia de las mismas. No obstante, inicia su recuento con una explicación etimológica del nombre Sibila, un tanto curiosa por otra parte:

Superest de responsis carminibusque sacris testimonia, quae sunt multo certiora, proferre. Nam fortasse ii, contra quos agimus, nec poëtis putent esse credendum, tamquam vana fingentibus; nec philosophis, quod errare potuerint, quia et ipsi homines fuerint. M. Varro, quo nemo umquam doctior, ne apud graecos quidem nedum apud latinos vixit, in libris rerum divinarum, quos ad C. Caesarem pontificem maximum scripsit, cum de quindecim viris loqueretur, Sibyllinos libros ait non fuisse unius Sibyllae; sed appellari uno nomine Sibyllinos quod omnes foeminae vates Sibyllae, sint a veteribus nuncupatae, vel ab unius Delphidis nomine, vel a consiliis deorum enuntiandis. σιοὺς enim deos, non θεοὺς, et consilium non βουλὴν, sed βυλὴν appellabant Aeolico genere sermonis: itaque Sibyllam dictam esse quasi σιοβολὴν.

Nos queda ahora sacar testimonios mucho más seguros de los versos y de los oráculos sagrados. Y es que es posible que esos contra los cuales estamos escribiendo piensen que no se debe dar crédito ni a los poetas, como inventores que son de vanas ilusiones, ni a los filósofos, porque pudieron errar, ya que ellos mismos fueron hombres. Marco Varrón, más sabio que el cual no hubo nadie ni siquiera entre los griegos, en los libros sobre temas divinos que dirigió al pontífice máximo Gayo César, al hablar de los quinceviros, dice que “los libros sibilinos no son de una sola Sibila, sino que reciben la denominación única de sibilinos porque todas las profetisas fueron llamadas sibilas por los antiguos, ya a partir sólo del nombre de la profetisa de Delfos, ya por su función de pregoneros de las decisiones divinas. Efectivamente, en el dialecto eólico a los dioses se les llama “sious” y no “theous”, y a las decisiones, “boulas”, y no “boules”, de forma que se le llamaría “Sibila”, porque era algo así como la “theoboule” (“la decisión de Dios”)”.

 

La traducción es de Eustaquio Sánchez Salor, en Gredos, quien indica en nota al pie:

Quinceviros: Se trata de quince sacerdotes que presidían la lectura e interpretación de los libros sibilinos.

Theobule: Tras la discusión filológica que acaba de hacer, debería ser “sioboulé”; de hecho, en la edición de Brandt-Laubmann se recoge en el aparato critico la variante sioboulén como atestiguada en algunas ediciones.

 

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Caeterum Sibyllas decem numero fuisse; easque omnes enumeravit sub auctoribus, qui de singulis scriptitaverint: primam fuisse de Persis, cuius mentionem fecerit Nicanor, qui res gestas Alexandri Macedonis scripsit: secundam Lybissam, cuius meminit Euripides in Lamiae prologo:

Por otro lado, dice (Marco Varrón) que las Sibilas fueron diez y cita a cada una de ellas al hablar de los autores que escribieron sobre las mismas. Dice que «la primera fue una profetisa persa, citada por Nicanor, el historiador de las hazañas de Alejandro de Macedonia; la segunda una libia, recordada, por Eurípides en el prólogo de Lamia;

 

Tertiam Delphida, de qua Chrysippus loquitur in eo libro, quem de divinatione composuit: quartam Cimmeriam in Italia, quam Naevius in libris belli Punici, Piso in annalibus nominat: quintam Erythraeam, quam Apollodorus Erythraeus affirmat suam fuisse civem, eamque Graiis Ilium petentibus vaticinatam, et perituram esse Trojam, et Homerum mendacia scripturum: sextam Samiam de qua scribit Eratosthenes in antiquis annalibus Samiorum repeisse se scriptum:

la tercera, una de Delfos, de la que habla Crisipo en el libro que compuso sobre la divinización; la cuarta, de Cimeria, en Italia, nombrada por Nevio en sus libros sobre la guerra púnica y por Pisón en sus Anales; la quinta de Eritrea, de la que afirma Apolodoro de Eritrea que era conciudadana suya y que vaticinó que Troya iba a caer ante el ataque de los griegos, así como que Homero escribiría cosas falsas; la sexta de Samos, de la que dice Eratóstenes que él encontró noticias en los antiguos anales de los samios;

 

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Sibila de Cumas de Miguel Ángel (fresco) en la Capilla Sixtina del Palacio Vaticano

Septimam Cumanam nomine Amaltheam, quae ab aliis Demophile vel Herophile nominatur; eamque novem libros attulisse ad regem Tarquinium Priscum, ac pro eis trecentos Philippeos postulasse; regemque aspernatum pretii magnitudinem, derisisse mulieris insaniam: illam in conspectu Regis tres combussisse, ac pro reliquis idem pretium postulasse: Tarquinium multo magis mulierem insanire putasse. Quae denuo tribus aliis exustis, cum in eodem pretio perseveraret, motum esse regem, ac residuos trecentis aureis emisse: quorum postea numerus sit auctus, Capitolio refecto, quod ex omnibus civitatibus et Italicis, et Graecis, et praecipue Erythraeis coacti, allatique sunt Romam, cujuscumque Sibyllae nomine fuerint:

La séptima (sibila), de Cumas, de nombre Amaltea, llamada por otros Herófile o Demófile: ésta envió al rey Tarquinio Prisco nueve libros, pidiendo por ellos trescientas monedas de Filipo; el rey, despreciando el elevado precio, se burló de la locura de la mujer; ella quemó tres libros en presencia del rey y pidió el mismo precio por los restantes; Tarquinio pensó que la locura de la mujer iba en aumento; y como ella, quemando de nuevo otros tres libros se mantenía en el mismo precio, el rey cambió de opinión y compró el resto por las trescientas monedas de oro; posteriormente, con la restauración del Capitolio, aumentó el número de libros sibilinos, ya que todos los libros que figuraban bajo el nombre de una Sibila eran agrupados y traídos a Roma desde las ciudades itálicas, griegas y principalmente eritreas.

 

Octavam Hellespontiam in agro Trojano natam; vico Marpesso, circa oppidum Gergithium; quam scribit Heraclides Ponticus Solonis et Cyri fuisse temporibus: nonam Phrygiam, quae vaticinata sit Ancyrae: decimam Tiburtem, nomine Albuneam, quae Tiburi colitur ut dea, juxta ripas amnis Anienis, cujus in gurgite simulacrum ejus inventum esse dicitur, tenens in manu librum: cujus sortes Senatus in Capitolium transtulerit.

La octava era del Helesponto, nacida en territorio troyano, en la aldea de Marmeso, cercana a la fortaleza de Gergitio: de ella escribe Heráclides del Ponto que vivió en tiempos de Solón y Ciro. La novena era de Frigia, la cual vaticinaba en Ancira. La décima, de Tíbur, de nombre Albunea, la cual es adorada como diosa en Tíbur, a las orillas del río Anio, en cuyo cauce se dice que se encontró una estatua de ella con un libro en la mano”.

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La Sibila de Tíbur (1575-1580), óleo sobre lienzo de 125 x 170 cm., de Antoine Caron. Edificio Richelieu, 2º piso, Sala 9, Museo del Louvre, París

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