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Archive for 10/03/17

lactancio

Estábamos ofreciendo el texto de Lactancio, Instituciones Divinas, I, 6, (De divinis testimoniis et de Sibyllis et earum carminibus =Testimonio de los propios dioses paganos a través sobre todo de las Sibilas) 10, en el que hace un repaso del nombre y la procedencia de las mismas. Continuamos con el último párrafo de su alusión a las Sibilas:

Harum omnium Sibyllarum carmina et feruntur et habentur, praeterquam Cumaeae, cujus libri a Romanis occuluntur, nec eos ab ullo, nisi a quindecim viris inspici fas habent. Et sunt singularum singuli libri: qui quia Sibyllae nomine inscribuntur, unius esse creduntur; suntque confusi, nec discerni ac suum cuique assignari potest: nisi Eruthraeae, quae et nomen suum verum carmini inseruit, et Erythraeam se nominatum iri praelocuta est, cum esset orta Babylone: sed et nos confuse Sibyllam dicemus, sicubi testimoniis earum fuerit abutendum.

Los poemas de todas estas Sibilas se conservan y pasan de mano en mano, a excep­ción de los de la de Cumas, cuyos libros están escondidos por los romanos, quienes consideran impío que alguien, salvo los quinceviros, los vea. Y cada una de estas Sibilas tiene sus propios libros, aunque se piensa de ellos, por figurar todos bajo el nombre de Sibilinos, que son de una sola; y su adscripción es confusa, de forma que no pueden ser aislados ni asignados cada uno a su autora, salvo el de la Sibila de Eritrea, la cual insertó su propio nombre en el poema y anunció que iba a ser llamada eritrea, cuando en realidad había nacido en Babilonia. Pero yo usaré sin distinción el nombre de Sibila cada vez que tenga que recurrir al testimonio de ellas.

 

La traducción es de Eustaquio Sánchez Salor, en Gredos.

Las Sibilas, que podemos contemplar en esa fantástica sala que es la Capilla Sixtina son, por tanto: la Persa, la Libia, la Délfica, la Cimeria, la Eritrea, la Samia, la Cumea, la del Helesponto, la Frigia y la Tiburtina, llamada Albunea.

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Sibila de Delfos de Miguel Ángel (fresco) en la Capilla Sixtina del Palacio Vaticano

Miguel Ángel pintó a la Sibila Cumea como una anciana leyendo en un libro, uno de los Sibilinos. De aquí hemos sacado este comentario sobre la sobrecogedora pintura de Buonarroti:

La ancianidad de la sibila de Cumas, con una postura solemne y miembros robustos armoniza con las representaciones de las figuras de los profetas, consiguiendo el suavizado y el equilibrio plástico con los tonos matizados del amarillo y el violeta junto con el monocromo del fondo. De la sibila de Cumas, dicen, que vivió nueve vidas humanas de ciento diez años cada una, concedidas por Apolo, cuando la sibila le pidió el deseo de vivir tantos años como granos de arenas cupiesen en su mano. Apolo se lo concedió, pero no la juventud, así que envejeció tanto que la pusieron dentro de una jaula en el templo de Apolo de Cumas. Por esta razón Miguel Ángel, la pintó como una vieja; también se puede ver uno de los ángeles colocado a su lado dándole un libro, esto alude a la tradición, según la cual, la sibila ofreció nueve libros proféticos al rey Lucio Tarquinio el Soberbio, por un alto precio, al no aceptar el rey esta cantidad, la sibila fue quemando los libros hasta que sólo le quedaban tres, fue entonces cuando el rey acepto pagar por ellos la cantidad inicial. Los libros sibilinos, fueron llevados al templo de Júpiter, donde permanecieron hasta el año 83 a. C. que fueron destruidos por un incendio.

En este breve repaso a las Sibilas, llegamos a la Sibila de Cumas. Virgilio, en el canto VI de la Eneida, nos ofrece un interesante relato sobre la Sibila de Cumas, cuando Eneas llega al templo de Apolo en la primera colonia griega fundada en Italia, cuya metrópolis era la ciudad de Calcis, en la isla de Eubea. Tanto Calcis, como Eretria, también en Eubea, fueron ciudades que destacaron por la fundación de colonias. Calcis fundó, además de Cumas, y también en la Magna Grecia: Pitecusa, Zancle, Regio y Leontinos.

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Colonias de Calcis en la Magna Grecia

El templo de Apolo en Cumas estaba en una de las cumbres de la montaña. Su fundación se atribuía a Dédalo. Al pie del santuario se abría la boca de una cueva. A través de un corredor de 30 metros se llegaba a un gran vestíbulo a donde confluían numerosas galerías. Allí se hallaba el antro de la Sibila virgiliana. A Eneas le acompaña la sacerdotisa de Febo y Trivia, la hija de Glauco, Deífobe que aconseja a Eneas no detenerse a contemplar las escenas que Dédalo pintara en el templo de Apolo, todas relativas al episodio del Minotauro. Por el contrario, le urge a sacrificar siete novillos, acción que los hombres de Eneas se apresuran a realizar. Sigue entonces Virgilio diciendo Eneida VI, 41-101):

Teucros uocat alta in templa sacerdos.

Excisum Euboicae latus ingens rupis in antrum,

quo lati ducunt aditus centum, ostia centum,

unde ruunt totidem uoces, responsa Sibyllae.

uentum erat ad limen, cum uirgo ‘poscere fata 45

tempus’ ait; ‘deus ecce deus!’ cui talia fanti

ante fores subito non uultus, non color unus,

non comptae mansere comae; sed pectus anhelum,

et rabie fera corda tument, maiorque uideri

nec mortale sonans, adflata est numine quando 50

iam propiore dei. ‘cessas in uota precesque,

Tros’ ait ‘Aenea? cessas? neque enim ante dehiscent

attonitae magna ora domus.’

Llama la sacerdotisa a los Troyanos al alto templo. Una de las faldas de la roca eubea se abre en forma de inmensa caverna, a la que conducen cien anchas bocas y cien puertas, de las cuales salen con estruendo otras tantas voces, respuestas de la Sibila. Apenas llegaron al umbral, “Ahora es el momento de consultar los hados, dijo la virgen: ¡he ahí, he ahí el dios!” Apenas pronunció estas palabras a la entrada de la cueva, inmutósele el rostro y perdió el color y se le erizaron los cabellos; jadeando y sin aliento, hinchado el pecho, lleno de sacro furor, parece que va creciendo y que su voz no resuena como la de los demás mortales, porque la inspira el numen ya más cercano. “¿Demoras tus votos y preces, Troyano Eneas? dice; ¿Los demoras? Pues ten por cierto que antes no se abrirán las grandes puertas de este portentoso templo.”

 

antro-de-cumas

Antro de la Sibila en Cumas

et talia fata

conticuit. gelidus Teucris per dura cucurrit

ossa tremor, funditque preces rex pectore ab imo: 55

‘Phoebe, grauis Troiae semper miserate labores,

Dardana qui Paridis derexti tela manusque

corpus in Aeacidae, magnas obeuntia terras

tot maria intraui duce te penitusque repostas

Massylum gentis praetentaque Syrtibus arua: 60

iam tandem Italiae fugientis prendimus oras.

hac Troiana tenus fuerit fortuna secuta;

uos quoque Pergameae iam fas est parcere genti,

dique deaeque omnes, quibus obstitit Ilium et ingens

gloria Dardaniae. 65

Dicho esto, calló. Helado terror discurrió por los duros huesos de los Troyanos, y de lo hondo del pecho exhaló el Rey estas plegarias: “¡Oh Febo, siempre misericordioso para los grandes trabajos de Troya! ¡Oh tú, que dirigiste los dardos troyanos y la mano de Paris al cuerpo del nieto de Éaco! guiado por ti he penetrado en tantos mares que ciñen vastos continentes, y en las remotas naciones de los Masilios, y en los campos que rodean las Sirtes. Ya, en fin, pisamos las costas de Italia, que siempre huían de nosotros. ¡Ay! ¡Ojalá que sólo hasta aquí nos haya seguido la fortuna troyana! Justo es ya que perdonéis a la nación de Pérgamo, ¡Oh vosotros todos, dioses y diosas enemigos de Ilión y de la gran gloria que alcanzó la dardania gente!

 

La traducción de Eugenio de Ochoa, disponible en Wikisource.

sibila-y-eneas-grabado

Eneas y la Sibila en su descenso al Inframundo

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