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Archive for 3/04/17

eneas-y-la-sibila-claudio-de-lorena

La Sibila de Cumas conduce a Eneas al Inframundo (ca 1673), dibujo en pluma y tinta de sepia de 25,3 x 35, 5 cm., de Claude Lorrain. Museo del Louvre, París

Estábamos ofreciendo la respuesta de la Sibila, versos 125 al 155, del canto VI de la Eneida virgiliana. Aquí tenemos los versos 140 a 155:

Sed non ante datur telluris operta subire 140

auricomos quam quis decerpserit arbore fetus.

hoc sibi pulchra suum ferri Proserpina munus

instituit. primo auulso non deficit alter

aureus, et simili frondescit uirga metallo.

Ergo alte uestiga oculis et rite repertum 145

carpe manu; namque ipse uolens facilisque sequetur,

si te fata uocant; aliter non uiribus ullis

uincere nec duro poteris conuellere ferro.

y no es dado penetrar, en las entrañas de la tierra sino al que haya desgajado del árbol la áurea rama; la hermosa Proserpina tiene dispuesto que sea ese el tributo que se lleve. Arrancado un primer ramo, brota otro, que se cubre también de hojas de oro, búscale pues, con la vista, y una vez encontrado, tiéndele la mano, porque si los hados te llaman, él se desprenderá por sí mismo; de lo contrario, no hay fuerzas, ni aun el duro hierro, que basten para arrancarle.

 

praeterea iacet exanimum tibi corpus amici

(heu nescis) totamque incestat funere classem, 150

dum consulta petis nostroque in limine pendes.

sedibus hunc refer ante suis et conde sepulcro.

duc nigras pecudes; ea prima piacula sunto.

sic demum lucos Stygis et regna inuia uiuis

aspicies.’ dixit, pressoque obmutuit ore. 155

Además, tu ignoras ¡Ay! que el cuerpo de un amigo yace insepulto, y que su triste presencia está contaminando toda la armada mientras estás en mis umbrales pidiéndome oráculos. Ante todo, entrega esos despojos a su postrera morada, cúbrelos con un sepulcro, e inmola en él algunas negras ovejas; sean estas las primeras expiaciones. De esta suerte podrás, en fin, visitar las selvas estigias y los reinos inaccesibles para los vivos.” Dijo, y enmudeció su cerrada boca.

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Eneas y la sibila en el Inframundo (ca 1630), óleo sobre cobre de 26, 7 x 35, 9 de Jan Brueghel El Joven. Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Más adelante, y tras realizar el funeral de Miseno, pues éste es el amigo de Eneas muerto, y ofrecer el sacrificio indicado, que incluye una invocación a Hécate por parte de la Sibila, ésta acompaña a Eneas en su bajada al Inframundo, narrado así por Virgilio:

Ecce autem primi sub limina solis et ortus 255

sub pedibus mugire solum et iuga coepta moueri

siluarum, uisaeque canes ululare per umbram

aduentante dea. ‘procul, o procul este, profani,’

conclamat uates, ‘totoque absistite luco;

tuque inuade uiam uaginaque eripe ferrum: 260

nunc animis opus, Aenea, nunc pectore firmo.’

tantum effata furens antro se immisit aperto;

ille ducem haud timidis uadentem passibus aequat

Cuando he aquí que, al despuntar el alba, empezó a mugir la tierra bajo los pies, retemblaron las selvas, y grandes aullidos de perros en las sombras anunciaron la llegada de la diosa (Hécate). “¡Lejos, lejos de aquí, profanos! exclama la profetisa; salid de este bosque, y tú, Eneas, echa a andar y desenvaina la espada. Esta es la ocasión de mostrar entereza y valor.” Dicho esto, lánzase por la boca de la cueva, y Eneas la sigue con intrépidos pasos.

Hasta aquí el texto de Virgilio, en la traducción de Eugenio de Ochoa, disponible en Wikisource.

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Eugenio de Ochoa. Anónimo. ca. 1870. Museo Romántico. Madrid. Foto R.Puig

Y vamos con el autor que da dado pie a esta serie sobre las sibilas y los libros sibilinos, que no es otro que nuestro amigo Aulo Gelio; en este caso nos inspiró esta serie el capítulo XIX del libro I de sus Noches Áticas, titulado Historia super libris Sibyllinis ac de Tarquinio Superbo rege = Relato sobre los Libros Sibilinos y sobre el rey Tarquino el Soberbio.

Aquí está el texto:

Historia super libris Sibyllinis ac de Tarquinio Superbo rege

1. In antiquis annalibus memoria super libris Sibyllinis haec prodita est: 2. Anus hospita atque incognita ad Tarquinium Superbum regem adiit novem libros ferens, quos esse dicebat divina oracula; eos velle venundare. 3. Tarquinius pretium percontatus est. Mulier nimium atque inmensum poposcit; 4. Rex, quasi anus aetate desiperet, derisit.

XIX. Relato sobre los Libros Sibilinos y sobre el rey Tarquino el Soberbio.

1 Los antiguos Anales han transmitido la siguiente historia sobre los Libros Sibilinos. 2 Una anciana extranjera y desconocida se presentó ante el rey Tarquino el Soberbio con nueve libros bajo el brazo, diciendo que contenían oráculos divinos y que quería venderlos. 3 Tarquino le preguntó el precio. La mujer pidió una suma exorbitada. 4. El rey se echó a reír como si la anciana desvariase.

5. Tum illa foculum coram cum igni apponit, tris libros ex novem deurit et, ecquid reliquos sex eodem pretio emere vellet, regem interrogavit. 6. Sed enim Tarquinius id multo risit magis dixitque anum iam procul dubio delirare. 7. Mulier ibidem statim tris alios libros exussit atque id ipsum denuo placide rogat, ut tris reliquos eodem illo pretio emat.

5 Entonces ella se colocó junto a las llamas de un pequeño hogar allí encendido, quemó tres de ellos y pregunto al rey si quería comprar los seis restantes al mismo precio. 6 Tarquino se rio todavía mucho más y dijo que, indudablemente, la anciana chocheaba. 7 Acto seguido la mujer quemó allí mismo otros tres libros y volvió a preguntar con tono amable si quería comprar por el mismo precio los tres que le quedaban.

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8. Tarquinius ore iam serio atque attentiore animo fit, eam constantiam confidentiamque non insuper habendam intellegit, libros tris reliquos mercatur nihilo minore pretio, quam quod erat petitum pro omnibus. 9. Sed eam mulierem tunc a Tarquinio digressam postea nusquam loci visam constitit. 10. Libri tres in sacrarium conditi “Sibyllini” appellati; 11. ad eos quasi ad oraculum quindecimviri adeunt, cum di immortales publice consulendi sunt.

8 Con semblante serio y prestando más atención al asunto, Tarquino comprendió que no debía despreciar una insistencia y seguridad tan firmes y compró los tres libros restantes por el precio solicitado por todos. 9 A aquella mujer, una vez que salió de la casa de Tarquino, nunca más volvió a vérsela. 10 Los tres libros, guardados en un santuario, fueron llamados Sibilinos 11 y a ellos, como si de un oráculo se tratase, acuden los quindecenviros cuando quieren conocer la voluntad de los dioses.

La traducción es de Manuel-Antonio Marcos Casquero y Avelino Domínguez García, Universidad de León, Secretariado de Publicaciones, 2006.

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