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Archive for 12/04/17

(Auto)epitafios (III)

Suetonius

Finalizábamos el anterior capítulo sobre autoepitafios con las últimas palabras de Rabelais en su lecho de muerte. Otras famosas palabras previas a la muerte son las de César Augusto.

Nos las ofrece el historiador romano Suetonio en Vida de los doce Césares II, 99:

Supremo die identidem exquirens, an iam de se tumultus foris esset, petito speculo, capillum sibi comi ac malas labantes corrigi praecepit, et admissos amicos percontatus, ecquid iis videretur mimum vitae commode transegisse, adiecit et clausulam:

εὶ δέ τι

Ἐπεὶ δὲ πάνυ καλῶς πέπαισται, δότε κρότον

Καὶ πάντες ἡμᾶς μετὰ χαρᾶς προπέμψατε.

Omnibus deinde dimissis, dum advenientes ab urbe de Drusi filia aegra interrogat, repente in osculis Liviae et in hac voce defecit: Livia, nostri coniugii memor vive, ac vale! sortitus exitum facilem et qualem semper optaverat. Nam fere quotiens audisset cito ac nullo cruciatu defunctum quempiam, sibi et suis εὐθανασίαν similem (hoc enim et verbo uti solebat) precabatur.

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Augusto de Prima Porta (siglo I d. C.), estatua de mármol blanco de 204 cm. Museos Vaticanos, Museo Chiaramonti, ala nueva.

El último día de su vida preguntó repetidas veces si había ya revuelo en las calles a causa de su estado. Después pidió un espejo, se hizo arreglar el cabello y afirmar las mejillas que le colgaban, y recibió a sus amigos a quienes preguntó si les parecía que había representado bien la farsa de la vida, añadiendo incluso el final consabido:

Si la comedia os ha gustado, concededle vuestro aplauso y, todos a una, despedidnos con alegría.

Luego los despachó a todos y, mientras interrogaba a unas personas recién llegadas de Roma sobre la enfermedad de la hija de Druso, expiró de repente en los brazos de Livia, pronunciando estas palabras: “¡Livia, conserva mientras vivas el recuerdo de nuestra unión! Adiós”. Alcanzó así una muerte dulce y a la medida de sus deseos, pues casi siempre, cuando oía que alguien había muerto rápidamente y sin dolor, pedía para él y para los suyos una similar εὐθανασία (ésta era, en efecto, la palabra que solía emplear).

La traducción es de Rosa Mº Agudo Cubas, en Gredos.

Nota: εὐθανασία= buena muerte

Desconocemos si la inscripción que sigue, que se halla en una tumba familiar en la pared izquierda del viejo camposanto castellonense, es epitafio o autoepitafio. Sea como fuere, es bello, pues se trata de una frase atribuida al escritor portugués Fernando Pessoa:

“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables”.

En portugués es:

O valor das coisas não está no tempo que elas duram, mas na intensidade com que acontecem. Por isso existem momentos inesquecíveis, coisas inexplicáveis e pessoas incomparáveis.

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Epitafio en un panteón familiar; cementerio de San José, Castellón

Hablando de personas incomparables, y pasando a los epitafios, el de Nicolás Maquiavelo, que se puede contemplar en la basílica florentina de la Santa Croce, es breve, pero intenso:

Tanto nomini nullum par elogium

Ningún elogio es adecuado a tan gran nombre.

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Epitafio de Nicolás Maquiavelo, basílica de la Santa Croce, Florencia

En la propia Santa Croce podemos leer el epitafio de Galileo Galilei:

Galilaeus Galileius patric(ius). flor(entinus).

Geometriae astronomiae philosophiae maximus restitutor

nulli aetatis suae comparandus.

Hic bene quiescat

Galileo Galilei. Patricio Florentino

El mayor restaurador de la geometría, la astronomía y la filosofía

A ninguno de su tiempo es equiparable.

Aquí descansa en paz.

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Tumba de Galileo, basílica de la Santa Croce, Florencia

Otro epitafio famoso y contundente es el de Nikos Kazantzakis que se puede ver en su tumba de Heraklion, la capital de Creta:

Δεν ελπίζω τίποτα. Δε φοβούμαι τίποτα. Είμαι λεύφερος.

No espero nada. No temo nada. Soy libre.

 

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Tumba de Nikos Kazantzakis, Heraklion, Creta

El pintor Rafael Sanzio está enterrado en ese magnífico monumento que es el Panteón de Roma. Su epitafio, que se atribuye al cardenal Pietro Bembo, dice:

Ille hic est Raphael. Timuit quo sospite vinci rerum magna parens et moriente mori

Aquí yace Rafael. Cuando vivió, la naturaleza temió ser vencida por él, ahora que él ha muerto, teme morir.

Rafael, en efecto, la retó, tratando de superarla.

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Tumba de Rafael Sanzio. Panteón, Roma

“Libre por fin. Libre por fin. Gracias Dios Todopoderoso. Soy libre por fin.” Free at last, free at last. Thant God Almighty, I’, free at last. Éste es el epitafio de la tumba de Martin Luther King, además de las últimas palabras de su famoso discurso en Washington el 28 de agosto de 1963, que él se encarga de decir que es un viejo espiritual negro (old negro spiritual).

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Tumba de Martin Luther King. National Historic Site, Atlanta, Georgia, Estados Unidos

En griego clásico está el epitafio de la tumba de Jim Morrison, en el cementerio parisino del Père-Lachaise. Dice:

ΚΑΤΑ ΤΟΝ ΔΑΙΜΟΝΑ ΕΑΥΤΟΥ

Κατὰ τὸν δαίμονα ἑαυτοῦ

De acuerdo con su propio espíritu. Aunque la palabra griega δαίμων es difícil de traducir.

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Tumba de Jim Morrison en el cementerio parisino del Père-Lachaise.

The best is yet to come (Lo mejor está por llegar) es el epitafio de la tumba de Frank Sinatra.

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Tumba de Frank Sinatra. Sección B-8 del Desert Memorial Park en Cathedral City (California, Estados Unidos)

En la tumba de Enrique Jardiel Poncela puede leerse un curioso, pero acertado, epitafio:

Si buscáis los máximos elogios, moríos. Frase muy aplicable en España donde, por desgracia, sólo reconocemos a los grandes personajes, cuando mueren.

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Tumba de Jardiel Poncela. Patio de la Concepción, cementerio sacramental de Santa María; calle Comuneros de Castilla, 13. San Isidro, Carabanchel, Madrid

Billy Wilder, el gran director estadounidense, usó para una parte de su autoepitafio el final de su genial película “Con faldas y a lo loco” (Some like it hot): Nobody’s perfect.

El epitafio es: I’m a writer but then nobody’s perfect. Yo soy escritor, pero nadie es perfecto.

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Tumba de Billy Wilder. Cementerio Westwood Village Memorial Park, Los Ángeles, California, Estados Unidos

Mel Blanc fue un actor de voz estadounidense que trabajó en programas radiofónicos y estudios de animación como Hanna-Barbera y Warner Bros. Dio voz a personajes tan conocidos como el cerdo Porky, Piolín, Speedy González, el pato Lucas, el gato Silvestre, el gallo Claudio, el demonio de Tasmania, Pablo Mármol (Los Picapiedra), Correcaminos y Bugs Bunny. Por ello en su tumba se lee “el hombre de las 1000 voces” (man of 1000 voices) y, sobre todo, la frase con la que acababan los dibujos animados de la Warner: “That’s all, folks” (Eso es todo, amigos).

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Tumba de Mel Blanc. Hollywood Forever Cemetery, Los Ángeles, California, Estados Unidos

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