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Archive for 9 de mayo de 2017

heroyleandrodemuseo

En esta segunda parte de nuestra larguísima serie sobre el poema de Museo el Gramático, Hero y Leandro, estamos ofreciendo ejemplos de la pervivencia del mito en la poesía española de Siglo de Oro, para lo cual usamos tres diferentes fuentes, ya reseñadas con anterioridad.

Analizamos ahora, con ayuda de María Jesús Franco Durán, (Universidad de Salzburgo, Austria) y su trabajo El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español la traducción de Museo a cargo de Boscán. Franco Durán ofrece un acertado resumen de la obra del poeta barcelonés:

Para la línea argumental del mito se basa en el poema de Museo, las cartas de las Heroidas de Ovidio y la fábula Ero e Leandro del italiano Bernardo Tasso. En virtud a la extensión que dedica Boscán a la fábula, el poema está ampliado y enriquecido considerablemente y destaca algunos aspectos que no se encuentran en las fuentes antiguas pero que siguen los modelos erótico-corteses de los cancioneros del siglo XV y la tradición platónica del amor. Esta idealización del amor humano llegó al Renacimiento español procedente de Italia a través de El Cortesano de Castiglione (1528). Garcilaso le envió a Boscán un ejemplar desde Italia en 1533 y éste lo tradujo. La primeraedición se imprimió en Barcelona en 1534. Las dos últimas partes de El Cortesano exponen esta filosofia del neoplatonismo. El amor debe ser virtuoso, sirve para despertar la razón y fortalecer el alma «atajando de tal manera los pasos a la sensualidad y cerrando así las puertas de los deseos». De esta manera, el único camino para amar es la unión exclusiva del alma por la contemplación de la belleza y de Dios. Esta concepción del amor está ejemplificada en la fábula mitológica de Boscán.

francoduranlibro

El poema comienza, siguiendo a Museo, con la invocación a la musa para que cante los amores de Hero y Leandro. Hero está presentada por Boscán como una dama del renacimiento:

«En Sesto una alta torre Hero tenía

sobre la mar, en buen asiento puesta,

 dentro de la cual miraba, repartiendo

sus horas en honestos ejercicios,

para vivir sabrosa y cuerdamente.

Este lugar sus padres se le dieron;

pero no se le dieron por guardarla,

con guardas, ni con premisas ni estrecheces.

Su vivir era libre, mas no sueto;

su vivir era libre, mas no suelto;

haciendo su querer cuanto quería,

no hacía sino lo razonable,

 y en esta discordancia concordaba.

Alegre estaba estando retraída;

no buscaba solaz ni pasatiempos;

antes los pasatiempos la buscaban.

Virgen y virginal su vivir era;

no andaba en competencias, ni asonadas,

Tan apartada de tener envidia estaba,

que aun de quien se la tenía

se dolía entre sí y se lastimaba. [ … ]

Ella vivia, según hemos dicho,

recogida en su torre cuerdamente;

y envuelta en ejercicios virginales.

boscanobras

Llega la fiesta en honor a Venus y Adonis, más extensa que en Museo, y Hero aparece resplandeciente y bella. Boscán aprovecha esta ocasión para realizar una loa a la hermosura, tópico literario renacentista, y exponer las muestras de admiración de los hombres que la contemplan. Sólo Leandro calla aturdido ante tanta belleza. Cuando se encuentran por primera vez: «allí era el salir a recibirse, / allí era el mezclarse de las almas;». Hasta este punto de la historia, Hero y Leandro representan el ideal platónico. El amor de Leandro es puro y Hero, cuyo género de vida es intachable, se mantiene virtuosa siguiendo los modelos de la época. Pero Boscán nos indica que «debajo de esta sanidad andaba / la pestilencia entrando por las venas». Comienza el juego de la seducción. Incluso Leandro «atrevióse a tomar la mano de Hero» y la mujer, a diferencia de Museo que la retira irritada, no se molesta. Sólo cuando Leandro le intenta llevar a otro lugar ella le dice que es sierva de Venus y repite, con cierta violencia, las mismas razones que ya expusiera Museo. Leandro le responde:

«Mas el amor ningún peligro escucha,

ni por dificultad suele atajarse.

Constreñido por él a tus pies me echo,

ofreciéndote el alma por don grande

para Dios, cuanto más para los hombres.

El cuerpo ha de ir tras ella en compañía;

súfrela, pues es cuerpo de tu alma,

que la mía es ya tuya puramente

por ley de amor escrita en nuestras almas,

y más te la doy y tú la tienes.»

boscanpoesia

Los demás argumentos también se inspiran en Museo, incluso utiliza el ejemplo de Atalanta y por todo esto la ley del amor acaba imponiéndose. Hero, sin embargo, y aunque está dispuesta a ceder, se lamenta de su comportamiento:

«Sospecho que es algún pecado mío,

o quizá la soberbia de mis padres,

que siempre confiaron en mí tanto,

que alguna vez, oyendo hablar de algunas

que hubieron por amor hecho algún yerro,

luego decían: ¡cuán lejos nuestra hija

de verse en otro tanto, por más fuertes

que fuesen los combates que le diesen!

¡Tristes de ellos, que así se han engañado;

triste de mí, que así les he salido,

tan al revés de cómo me esperaban.«

Y como Hero teme decepcionar a sus padres, sólo y por esta razón, a diferencia de las fuentes que hacen alusión a la extranjería de Leandro y al compromiso de virginidad por parte de las sacerdotisas de Venus, la relación no puede ser pública. Y así acuerdan el primer encuentro que se realiza como ya está atestiguado en la tradición mitográfica. Boscán introduce algunas novedades más en su poema: el regreso de Leandro en su navío, con buen tiempo y mar seguro, y el cambio en su comportamiento, amante ahora de la soledad y sólo preocupado por ver a lo lejos la señal acordada que no llega. Para explicar la tardanza de Hero, Boscán nos introduce una historia ajena a la que nos ocupa: la fábula de Aristeo y en la que se detiene minuciosamente, casi ochocientos versos. Dice el autor que Proteo, al que se le atribuye el don de la adivinación, congrega a la gente para revelar el oráculo. Se detiene especialmente en Hero, que ha acudido con sus padres al suceso, y le anuncia su porvenir.

Después de diez eternos y desesperados días, Leandro divisa la lumbre en la ventana. Se ata la ropa a la cabeza y pide a las aguas que se amansen. Durante el tiempo que dura el recorrido de Leandro, y siguiendo esta vez a Ovidio, expresa Boscán los sentimientos contradictorios de Hero: por un lado, se siente culpable por los padecimientos de Leandro y por el otro quiere que llegue pronto y -esto es novedad- se preocupa mirando a todas partes temerosa de que alguien descubra su falta. Leandro llega a la orilla del mar, consuman sus amores y al amanecer, como ya conocemos, se marcha de nuevo. Hero se queda en la torre como «la hija quedó del rey de Creta/ al tiempo que Teseo la dejó sola, / olvidada en la isla entre alimañas».

theodor_von_holst_hero_and_leander

Hero y Leandro en paisaje marino a la luz de la luna (1810) de Theodor von Holst

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