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Archive for 20 20+01:00 octubre 20+01:00 2017

 

Tras los dos sonetos serios de Quevedo ofrecidos en el anterior capítulo y un breve análisis de María José Franco Durán de la ridiculización, burla y sarcasmo que Quevedo hace de los mitos clásicos, vamos con uno de los romances del poeta madrileño.

El “Romance de Hero y Leandro” es, como el “Hero y Leandro en paños menores”, un romance cómico, y empieza:

 

“Hero y Leandro”

Esforzóse pobre luz pobre luz 

A contrahacer el Norte,

A ser piloto el deseo,

A ser farol una torre.

Atrevióse a ser Aurora

Una boca a media noche,

A ser bajel un amante,

Y dos ojos a ser Soles.

Embarcó todas sus llamas

El Amor en este joven,

Y caravana de fuego,

Navegó Reinos Salobres.

 

 

Nuevo prodigio del Mar

Le admiraron los Tritones;

Con centellas, y no escamas,

El agua le desconoce.

Ya el Mar le encubre enojado,

Ya piadoso le socorre,

Cuna de Venus le mece,

Reino sin piedad le esconde.

Pretensión de mariposa

Le descaminan los Dioses:

Intentos de Salamandra

Permiten que se malogren.

Si llora, crece su muerte,

Que aun no le dejan que llore;

Si ella suspira, le aumenta

Vientos que le descomponen.

 

Tate; (c) Tate; Supplied by The Public Catalogue Foundation

 

Armó el estrecho de Abido,

Juntaron vientos feroces

Contra una vida sin alma

Un ejército de montes:

Indigna hazaña del Golfo,

Siendo amenaza del Orbe,

Juntarse con un Cuidado

Para contrastar un hombre.

Entre la luz y la muerte

La vista dudosa pone;

Grandes Volcanes suspira

Y mucho piélago sorbe.

Pasó el mar en un gemido

Aquel espíritu noble:

Ofensa le hizo Neptuno,

Estrella le hizo Jove,

De los bramidos del Ponto

Hero formaba razones,

Descifrando de la orilla

La confusión en sus voces.

 

 

Murió sin saber su muerte,

Y expiraron tan conformes,

Que el verle muerto añadió

La ceremonia del golpe.

De piedad murió la luz,

Leandro murió de amores,

Hero murió de Leandro,

Y Amor de envidia murióse.

 

Vicente José Nebot Nebot, en La taberna nº 36, nos dice:

La degradación de los mitos en Quevedo se adscribe a su afamada producción satírico-burlesca, sumo ejemplo de imaginación expresiva y dominio del lenguaje. Los mitos clásicos, idealizados durante el periodo renacentista, representaron en Quevedo una gran fuente de inspiración para la composición tanto de poemas graves donde aflora el respeto artístico y, a su vez, para fraguar parodias sumamente degradadoras del mito.

 

 

La historia de Hero y Leandro suscitó dos versiones quevedianas. “Hero y Leandro” está narrada como un amor desdichado y se trata de una versión seria, aunque sin el citado culto renacentista (compárese con el soneto de Hernando de Acuña, “De la alta torre al mar Hero miraba”, o con el de Garcilaso “Pasando el mar Leandro el animoso”), secundada por otros poetas barrocos. Probablemente, Góngora escribió la primera parodia del mito en “Arrojóse el mancebito”, en cuyo poema Quevedo copió la imagen de Leandro como huevo pasado por agua y de Hero como huevo estrellado, chistes que se hicieron muy populares y fueron muy imitados. En la versión sumamente burlesca de don Francisco “Hero y Leandro en paños menores”, la descripción y la narración grotescas llegan a innovadores extremos caricaturescos.

El romancillo “Hero y Leandro en paños menores” es una parodia mordaz en la que el autor se burla abiertamente de la historia de Hero y Leandro y, por extensión, del hecho amoroso. La forma métrica, el uso de versos hexasílabos, también se corresponde con los poemas de carácter satírico o festivo (baste citar algún ejemplo de Quevedo, “La vida poltrona”, o de Góngora, “Hermana Marica”). Leandro es aquí “aprendiz de rana”, frente a la “caravana de fuego” del otro poema quevediano dedicado al mito, y Hero es “moza de una venta”, con toda la denostación que ello implica, pues las mozas de las ventas tenían fama de echarse con sus huéspedes. La descripción de Hero es la de una figura grotesca, lejos de la idealización renacentista, con numerosas alusiones sexuales en que los amantes quieren encontrarse por apaciguar su deseo lujurioso.

 

 

Algunas referencias, comentadas por James O. Crosby: “…por ver la muchacha, / una perla toda / que a menudo ensartan” (la perla se ensarta metiendo el hilo por el agujero de ésta); “las uñas con cejas / de rascar la caspa” (además del sentido literal, alude a rascar el pelo del pubis). Hero es tratada como una ramera (“daifa”) que no cobra por sus favores, dado que Leandro va hacia su torre en cueros y sin “blanca”. Cuando éste se ahoga, es descrito de esta manera: “Pero ¿qué le ha dado? / sin duda es, que traga / a la engendradora / de las cucarachas”, ya que, explica Cobarrubias, “las cucarachas se criaban debajo de las tinajas de agua y de las piedras, donde hay humedad”. Mientras, Hero se desespera viendo a Leandro: “y por él se arranca / todos los cabellos / y se mete a calva”; sus lloros no son nada “ordinarios”, pues van mezclados de “moquitas” y “lagañas”. Seguidamente, el discurso que declama Hero es impropio de su imagen tradicional, insertado en una parodia donde se reúnen elementos burlescos hasta su término. Cuando Hero se lanza desde lo alto de la torre, el mar se aparta “por no sustentarla, / y porque la arena / era menos blanda”. Hero anuncia su caída al grito de “¡agua va!”, expresión de la época que anunciaba a la gente de la calle que se iba a tirar el agua sucia de la casa.

 

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