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Luciano de Samosata

Volvemos con las fuentes clásicas sobre Sócrates y hoy acude a nuestro blog Luciano de Samosata y su obra Subasta de vidas (Βίων πράσις ή αλιείς), XV-XVIII.

José Luis Navarro González, en Gredos, presenta así esta original obra de Luciano:

En un original mercado, con Zeus como patrono organizador y Hermes como auténtico experto en el arte de pregonar la mercancía y dirigir la subasta, el lector asiste, anonadado, a la más pintoresca subasta que pueda haber en el mundo. Pitágoras, iógenes, Sócrates, Crisipo, Pirrón desfilan por las tablas de tan peculiar mercado. ¿Por qué y para qué? Parece claro. Luciano aprovecha cualquier procedimiento ingenioso que pueda ocurrírsele para dar rienda suelta a su pensamiento crítico; no se ataca a filósofos con nombres y apellidos ni se arremete contra la filosofía en sí. En la época de Luciano la filosofía ha quedado reducida básicamente a una actitud moral ante la vida. En ese sentido debe entenderse la expresión “subasta de vidas”; son actitudes ante la vida representadas por unos filósofos determinados de unas escuelas determinadas. Nótese que Platón y Aristóteles, entre otros, quedan excluidos, lo que parece confirmar, de algún modo, lo expuesto anteriormente. Precisamente por eso no llama la atención la aparición de Sócrates, cuya presentación, además, es utilizada de pasada para poner en boca suya algún postulado platónico que luego se critica.

Aquí esta está el texto:

ΖΕΥΣ. Ἄλλον ἀποκήρυττε.

ΕΡΜΗΣ. Βούλει τὸν Ἀθηναῖον ἐκεῖνον, τὸν στωμύλον;

ΖΕΥΣ. Πάνυ μὲν οὖν.

ΕΡΜ. Δεῦρο ἐλθὲ σύ. βίον ἀγαθὸν καὶ συνετὸν ἀποκηρύττομεν. τίς ὠνεῖται τὸν ἱερώτατον;

ΑΓΟΡΑΣΤΗΣ. Εἰπέ μοι, τί μάλιστα εἰδὼς τυγχάνεις;

ΣΩΚΡΑΤΗΣ. Παιδεραστής εἰμι καὶ σοφὸς τὰ ἐρωτικά.

ZEUS. — Anuncia a otro.

HERMES. — ¿Quieres que anunciemos a aquel ateniense, el gracioso?

ZEUS. — Muy bien.

HERMES. — Tú, ven aquí. Vamos a subastar una vida honesta y sensata, ¿quién va a comprar al más sagrado?

COMPRADOR. — A ver tú, ¿qué diablos sabes hacer?

SÓCRATES. — Soy pederasta y entiendo de temas del amor. (Nota: la traducción puede prestarse, hasta cierto punto, a confusión, pues, de entrada, suena un poco fuerte para presentar a Sócrates. Nótese, sin embargo, que el comprador hace, en el texto griego, un pequeño juego de palabras; no necesita un “pederasta” sino un “pedagogo”. El propio Sócrates aclara y matiza su carácter “pederasta” en las frases siguientes.)

 

lucianogredos

ΑΓΟΡ. Πῶς οὖν ἐγὼ πρίωμαί σε; παιδαγωγοῦ γὰρ ἐδεόμην τῷ παιδὶ καλῷ ὄντι μοι.

ΣΩΚΡ. Τίς δ’ ἂν ἐπιτηδειότερος ἐμοῦ γένοιτο συνεῖναι καλῷ; καὶ γὰρ οὐ τῶν σωμάτων ἐραστής εἰμι, τὴν ψυχὴν δὲ ἡγοῦμαι καλήν. ἀμέλει κἂν ὑπὸ ταὐτὸν ἱμάτιόν μοι κατακέωνται, ἀκούσει αὐτῶν λεγόντων μηδὲν ὑπ’ ἐμοῦ δεινὸν παθεῖν.

ΑΓΟΡ. Ἄπιστα λέγεις, τὸ παιδεραστὴν ὄντα μὴ πέρα τῆς ψυχῆς τι πολυπραγμονεῖν, καὶ ταῦτα ἐπ’ ἐξουσίας, ὑπὸ τῷ αὐτῷ ἱματίῳ κατακείμενον.

ΣΩΚΡ. Καὶ μὴν ὀμνύω γέ σοι τὸν κύνα καὶ τὴν πλάτανον οὕτω ταῦτα ἔχειν.

ΑΓΟΡ. Ἡράκλεις τῆς ἀτοπίας τῶν θεῶν.

COMPRADOR. — ¿Cómo, pues, te voy a comprar? Lo que yo necesitaba para mi hermoso niño es un pedagogo.

SÓCRATES. — ¿Quién podría haber más apropiado que yo para estar con un hermoso joven? Y conste que no soy un amante de los cuerpos; pienso que es el alma la que es realmente bella, sin lugar a dudas; si me cobijaran bajo el mismo manto, oirías que no han sufrido menoscabo alguno de parte mía (Nota: alusión a las palabras pronunciadas por Alcibíades en el Banquete 219d).

COMPRADOR. — Dices cosas increíbles, como que quien es pederasta no se mete en berenjenales más allá de las fronteras del alma, y eso teniendo la ocasión, máxime yaciendo bajo el mismo manto.

SÓCRATES. — Por el perro y el plátano te juro que eso es así.

COMPRADOR. — ¡Ay, Heracles, qué absurdos los dioses!

 

ΣΩΚΡ. Τί σὺ λέγεις; οὐ δοκεῖ σοι ὁ κύων εἶναι θεός; οὐχ ὁρᾷς τὸν Ἄνουβιν ἐν Αἰγύπτῳ ὅσος; καὶ τὸν ἐν οὐρανῷ Σείριον καὶ τὸν παρὰ τοῖς κάτω Κέρβερον;

ΑΓΟΡ. Εὖ λέγεις, ἐγὼ δὲ διημάρτανον. ἀλλὰ τίνα βιοῖς τὸν τρόπον;

ΣΩΚΡ. Οἰκῶ μὲν ἐμαυτῷ τινα πόλιν ἀναπλάσας, χρῶμαι δὲ πολιτείᾳ ξένῃ καὶ νόμους νομίζω τοὺς ἐμούς.

ΑΓΟΡ. Ἓν ἐβουλόμην ἀκοῦσαι τῶν δογμάτων.

SÓCRATES. — ¿Qué estas diciendo? ¿No te parece que el perro es una divinidad? ¿No estás viendo, por ejemplo, qué importante es Anubis en Egipto? ¿Y Sirio en el cielo y Cerbero en el mundo subterráneo?

COMPRADOR. — Llevas razón. Yo estaba equivocado. Pero ¿qué clase de vida llevas?

SÓCRATES. — Habito una ciudad que he modelado a mi medida, me rijo por una constitución extranjera y pienso que las mías son las únicas leyes.

COMPRADOR. — Me gustaría oír uno de los decretos.

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ΣΩΚΡ. Ἄκουε δὴ τὸ μέγιστον, ὃ περὶ τῶν γυναικῶν μοι δοκεῖ˙ μηδεμίαν αὐτῶν μηδενὸς εἶναι μόνου, παντὶ δὲ μετεῖναι τῷ βουλομένῳ τοῦ γάμου.

ΑΓΟΡ. Τοῦτο φής, ἀνῃρῆσθαι τοὺς περὶ μοιχείας νόμους;

ΣΩΚΡ. Νὴ Δία, καὶ ἁπλῶς γε πᾶσαν τὴν περὶ τὰ τοιαῦτα μικρολογίαν.

ΑΓΟΡ. Τί δὲ περὶ τῶν ἐν ὥρᾳ παίδων σοι δοκεῖ;

ΣΩΚΡ. Καὶ οὗτοι ἔσονται τοῖς ἀρίστοις ἆθλον φιλῆσαι λαμπρόν τι καὶ νεανικὸν ἐργασαμένοις.

SÓCRATES. — Escucha el más importante, a mi parecer, que versa sobre las mujeres: “que ninguna de ellas sea de ningún hombre solo, que participe del matrimonio todo el que quiera” (Nota: clara alusión a las teorías platónicas de corte comunista, lo que se ha dado en llamar “el amor libre”. Buena punta le sacó Aristófanes en Las asambleistas. Más abajo, al revelar el nombre del comprador, estos puntos se aclaran. Dión de Siracusa, influenciado, y en gran medida, por Platón, puja por conseguir y la consigue, la vida de Sócrates.).

COMPRADOR. — ¿Quieres decir, abolir las leyes sobre el adulterio?

SÓCRATES. — Sí, por Zeus, y así zanjaríamos toda la hipocresía sobre el tema.

COMPRADOR. — ¿Y qué te parece respecto de los jóvenes en la flor de la vida?

SÓCRATES. — También sus caricias serán un premio para los que hayan realizado trabajos destacados y notables.

 

ΑΓΟΡ. Βαβαὶ τῆς φιλοδωρίας. τῆς δὲ σοφίας τί σοι τὸ κεφάλαιον;

ΣΩΚΡ. Αἱ ἰδέαι καὶ τὰ τῶν ὄντων παραδείγματα˙ ὁπόσα γὰρ δὴ ὁρᾷς, τὴν γῆν, τὰ ἐπὶ γῆς, τὸν οὐρανόν, τὴν θάλατταν, ἁπάντων τούτων εἰκόνες ἀφανεῖς ἑστᾶσιν ἔξω τῶν ὅλων.

ΑΓΟΡ. Ποῦ δὲ ἑστᾶσιν;

ΣΩΚΡ. Οὐδαμοῦ˙ εἰ γάρ που εἶεν, οὐκ ἂν εἶεν.

ΑΓΟΡ. Οὐχ ὁρῶ ταῦθ’ ἅπερ λέγεις τὰ παραδείγματα.

ΣΩΚΡ. Εἰκότως˙ τυφλὸς γὰρ εἶ τῆς ψυχῆς τὸν ὀφθαλμόν. ἐγὼ δὲ πάντων ὁρῶ εἰκόνας καὶ σὲ ἀφανῆ κἀμὲ ἄλλον, καὶ ὅλως διπλᾶ πάντα.

COMPRADOR. — ¡Ay, ay, qué excesiva generosidad! ¿Y qué es para ti lo importante de la sabiduría?

SÓCRATES. — Las “ideas” y los modelos de los seres. Todo cuanto ves, la tierra, lo que hay sobre ella, el cielo, el mar, son imágenes invisibles establecidas fuera del universo.

COMPRADOR. — ¿Dónde están establecidas?

SÓCRATES. — En ninguna parte; si estuvieran en algún lugar, no existirían.

COMPRADOR. — No veo bien esos modelos que dices.

SÓCRATES. — Evidente, puesto que tienes ciego el ojo del espíritu. Yo, en cambio, estoy viendo imágenes de todo, veo un tú invisible y un yo distinto, y así lo veo todo doble.

 

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Zeus y Hermes en casa de Filemón y Baucis (siglo XVII), óleo sobre lienzo de 166 x 234 cm., de Jacob van Oost. Museo de Bellas Artes de San Francisco. No exhibido.

ΑΓΟΡ. Τοιγαροῦν ὠνητέος εἶ σοφὸς καὶ ὀξυδερκής τις ὤν. φέρε ἴδω τί καὶ πράξεις με ὑπὲρ αὐτοῦ συ.

ΕΡΜ. Δύο τάλαντα.

ΑΓΟΡ. Ὠνησάμην ὅσου φής. τἀργύριον μέντοι εἰς αὖθις καταβαλῶ.

ΕΡΜ. Τί σοι τοὔνομα;

ΑΓΟΡ. Δίων ὁ Συρακούσιος.

ΕΡΜ. Ἄγε λαβὼν ἀγαθῇ τύχῃ.

COMPRADOR. — Por lo menos, eres lo suficiente sabio y fino en tus apreciaciones como para que merezca la pena comprarte. Vamos a ver, tú, ¿cuánto me vas a hacer pagar por él?

HERMES. — Dos talentos.

COMPRADOR. — Lo compro por el precio que dices. Luego te traigo el dinero.

HERMES. — ¿Cómo te llamas?

COMPRADOR. — Dión de Siracusa.

HERMES. — Toma y llévatelo.

La traducción y notas son de José Luis Navarro González, en Gredos.

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Zeus y Hermes en casa de Filemón y Baucis (1620/1625), óleo sobre lienzo de 155 x 187 cm., de Peter Paul Rubens. Kunsthistorisches Museum de Viena,Gemäldegalerie. Sala XIII

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Hero se lamenta por Leandro muerto (ca. 1635-1637), óleo sobre lienzo de 155 x 215 cm., de Jan van den Hoecke. Kunsthistorisches Museum de Viena. Gemäldegallerie, Sala XII

Finalizado el repaso del poema Hero y Leandro de Museo el Gramático, vamos a dar unas pinceladas sobre el influjo de dicha obrita en la literatura española. Nos ayudarán, en esta ocasión, tres autores y trabajos: Carlos García Gual en el prólogo a la edición de José Guillermo Montes Cala, en Gredos; María Jesús Franco Durán (Universidad de Salzburgo, Austria) en El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español, y Francisca Moya del Baño en El tema de Hero y Leandro en la literatura española (publicaciones de la Universidad de Murcia, 1966).

Aunque sobradamente lo hemos reflejado con las notas de Montes Cala, veamos qué nos dice María Jesús Franco Durán (Universidad de Salzburgo, Austria) en su trabajo el-mito-de-hero-y-leandro-franco-duran sobre las fuentes grecolatinas del mito de Hero y Leandro (nosotros aportamos texto y traducción de las obras citadas):

Como ya se apuntó anteriormente, el poema de Museo es el que nos presenta la visión más completa del mito. Pero algunos poetas latinos nos muestran que ya conocían la leyenda. El primer testimonio escrito lo encontramos en Virgilio (Geórgicas III 258- 263). Es una alusión muy breve que nos presenta a Leandro nadando en la noche ciega, aunque no hay una referencia directa a su nombre.

Es el fragmento con el que acaban las notas de Montes Cala:

quid iuuenis, magnum cui uersat in ossibus ignem

durus amor? nempe abruptis turbata procellis

nocte natat caeca serus freta, quem super ingens

porta tonat caeli, et scopulis inlisa reclamant

aequora; nec miseri possunt reuocare parentes,

nec moritura super crudeli funere uirgo.

¿Qué pensar de aquel joven, a quien el irrefrenable amor mete en sus huesos violento fuego? En efecto, durante la ciega noche, cruza tardío a nado los mares agitados por la tempestad desencadenada; sobre su cabeza truena la inmensa puerta del cielo, y las olas, estrellándose contra las rocas, lo llaman hacia atrás; pero ni las desgracias de sus padres, ni la joven que, si él muere, morirá también con cruel muerte, lo pueden detener.

La traducción es de Tomás de la Ascensión Recio García, en Gredos.

 

ovidioamores

También tenemos alusiones muy breves en Ovidio (Amores II XVI, 30-31). Aquí el amante de Hero -innominado también- atraviesa a nado el mar.

saepe petens Hero iuvenis transnaverat undas;

tum quoque transnasset, sed via caeca fuit.

Muchas veces, en pos de Hero, su amante había atravesado las olas nadando; también entonces las hubiera atravesado, pero ninguna luz lo alumbró en su travesía.

Traducción de Vicente Cristóbal López, en Gredos.

En Arte de Amar (II 249-250), Leandro pasa el Helesponto a nado para mostrarle (a Hero) sus sentimientos.

saepe tua poteras, Leandre, carere puella:

transnabas, animum nosset ut illa tuum.

Muchas veces, Leandro, habías podido estar lejos de tu muchacha, pero nadabas para que conociera tu interés por ella.

(Traducción de Vicente Cristóbal López, en Gredos)

 

En Tristes (III, X, 40-41)

Si tibi tale fretum quondam, Leandre, fuisset,

non foret angustae mors tua crimen aquae.

Si tú, Leandro, hubieras tenido en otro tiempo un estrecho así, tu muerte no sería el crimen de un brazo de mar.

(Traducción de José González Vázquez, en Gredos)

e Ibis (verso 590) aparece también Leandro nadando.

Siqua per alternos pulsabitur unda lacertos,

omnis Abydena sit tibi peior aqua.

Que si algún mar tienes que golpear con un brazo después del otro, sean todas las aguas para ti peores que las de Abido.

Traducción de Ana Pérez Vega, en Gredos.

 

heroinasibis

En las Heroidas (cartas XVIII y XIX) Ovidio nos amplía la información sobre el mito. En la carta XVIII, Leandro le escribe a Hero explicándole que hace ya varios días las aguas no le son propicias y que el mar está demasiado furioso. Pero si continúan los vientos adversos va a dirigirse a Sesto a pesar de las olas enemigas y aunque la audacia le cause la muerte. La carta XIX se la dirige Hero a Leandro que le pregunta impaciente por las causas que retrasan su viaje.

Aparece aquí un personaje contradictorio que, si bien se da cuenta de lo peligroso del trayecto, quiere que su amante atraviese el camino a pesar del mal tiempo y de la furia de las aguas.

En las últimas líneas aparece el funesto presagio: Hero ha visto, en forma de sueño, a un delfín que llega muerto a la playa. Es el símbolo de Leandro sin vida suspendido en la superficie del mar.

Estacio (Thebais – Tebaida – VI 542-547) también nos presenta a un Leandro cansado de nadar dentro de un mar alborotado y a una Hero que está esperándole.

Phrixei natat hic contemptor ephebus

aequoris et picta tralucet caerulus unda;

in latus ire manu mutaturusque uidetur

bracchia, nec siccum speres in stamine crinem;

contra autem frustra sedet anxia turre suprema

Sestias in speculis, moritur prope conscius ignis.

aquí nada el despreciador muchacho en las aguas de Frixo y brilla su cuerpo azul marino en la pintada ola; se puede ver su mano ir a su costado y sus brazos a punto de dar la brazada, y no esperes ver en la urdimbre sus cabellos secos; en cambio en la otra parte se sienta, ansiosa por verlo, en lo alto de su torre la muchacha de Sesto; cerca de ella el cómplice candil se apaga.

tebaidaestacio

Juan de Arjona, allá por el 1600, tradujo los 9.456 hexámetros de Estacio al castellano en 2.781 octavas reales, o, lo que es lo mismo, en 22.248 versos. En concreto, esta es su traducción de los versos de Estacio:

Y, entre las fieras ondas del estrecho, nadando el mozo con osado pecho. Entre el agua pintada, transparente, el cuerpo se parece, fatigado. Fuera de ella se ve la altiva frente con el cabello al parecer mojado; el mar, alborotado de repente, y el un brazo y el otro ya cansado, procurando con una y otra mano las olas apartar del mar insano. Está, del hondo estrecho a la ribera, la alta torre, y en ella fatigada Hero, que al triste amante en vano espera, de la congoja y del temor helada. Ya pierde la esperanza y desespera, que la lumbre, mil veces apagada del enemigo viento, parecía que su desdicha y su dolor sabía.

 

Marcial (Libro de los Espectáculos 25, 25b y Epigramas, Libro XIV, 181) hace referencia a Leandro nadando en la noche.

XXV

Quod nocturna tibi, Leandre, pepercerit unda

desine mirari: Caesaris unda fuit.

XXV

Una ola compasiva

No te admires, Leandro, de que la ola de anoche haya tenido consideración contigo: era una ola del césar.

XXVb

Cum peteret dulces audax Leandros amores

et fessus tumidis iam premeretur aquis,

sic miser instantes adfatus dicitur undas:

Parcite dum propero, mergite cum redeo.’

XXV b

Leandro sobre las olas

Dirigiéndose el audaz Leandro hacia sus dulces amores y, cansado, viéndose apurado por lo encrespado de las aguas, se dice que el desgraciado dirigió esta súplica a las amenazantes olas: “Perdonadme cuando tengo prisa por llegar, sumergidme cuando vuelva”.

CLXXXI Leandros marmoreus

Clamabat tumidis audax Leandros in undis:

“Mergite me, fluctus, cum rediturus ero.”

CLXXXI Leandro en mármol

Clamaba entre las olas encrespadas el audaz Leandro: “sumergidme, olas, cuando venga de regreso.

Traducción de José Guillén, en Institución “Fernando el Católico” (CSIC), Zaragoza, 2004.

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La Sibila de Cumas conduce a Eneas al Inframundo (ca 1673), dibujo en pluma y tinta de sepia de 25,3 x 35, 5 cm., de Claude Lorrain. Museo del Louvre, París

Estábamos ofreciendo la respuesta de la Sibila, versos 125 al 155, del canto VI de la Eneida virgiliana. Aquí tenemos los versos 140 a 155:

Sed non ante datur telluris operta subire 140

auricomos quam quis decerpserit arbore fetus.

hoc sibi pulchra suum ferri Proserpina munus

instituit. primo auulso non deficit alter

aureus, et simili frondescit uirga metallo.

Ergo alte uestiga oculis et rite repertum 145

carpe manu; namque ipse uolens facilisque sequetur,

si te fata uocant; aliter non uiribus ullis

uincere nec duro poteris conuellere ferro.

y no es dado penetrar, en las entrañas de la tierra sino al que haya desgajado del árbol la áurea rama; la hermosa Proserpina tiene dispuesto que sea ese el tributo que se lleve. Arrancado un primer ramo, brota otro, que se cubre también de hojas de oro, búscale pues, con la vista, y una vez encontrado, tiéndele la mano, porque si los hados te llaman, él se desprenderá por sí mismo; de lo contrario, no hay fuerzas, ni aun el duro hierro, que basten para arrancarle.

 

praeterea iacet exanimum tibi corpus amici

(heu nescis) totamque incestat funere classem, 150

dum consulta petis nostroque in limine pendes.

sedibus hunc refer ante suis et conde sepulcro.

duc nigras pecudes; ea prima piacula sunto.

sic demum lucos Stygis et regna inuia uiuis

aspicies.’ dixit, pressoque obmutuit ore. 155

Además, tu ignoras ¡Ay! que el cuerpo de un amigo yace insepulto, y que su triste presencia está contaminando toda la armada mientras estás en mis umbrales pidiéndome oráculos. Ante todo, entrega esos despojos a su postrera morada, cúbrelos con un sepulcro, e inmola en él algunas negras ovejas; sean estas las primeras expiaciones. De esta suerte podrás, en fin, visitar las selvas estigias y los reinos inaccesibles para los vivos.” Dijo, y enmudeció su cerrada boca.

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Eneas y la sibila en el Inframundo (ca 1630), óleo sobre cobre de 26, 7 x 35, 9 de Jan Brueghel El Joven. Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Más adelante, y tras realizar el funeral de Miseno, pues éste es el amigo de Eneas muerto, y ofrecer el sacrificio indicado, que incluye una invocación a Hécate por parte de la Sibila, ésta acompaña a Eneas en su bajada al Inframundo, narrado así por Virgilio:

Ecce autem primi sub limina solis et ortus 255

sub pedibus mugire solum et iuga coepta moueri

siluarum, uisaeque canes ululare per umbram

aduentante dea. ‘procul, o procul este, profani,’

conclamat uates, ‘totoque absistite luco;

tuque inuade uiam uaginaque eripe ferrum: 260

nunc animis opus, Aenea, nunc pectore firmo.’

tantum effata furens antro se immisit aperto;

ille ducem haud timidis uadentem passibus aequat

Cuando he aquí que, al despuntar el alba, empezó a mugir la tierra bajo los pies, retemblaron las selvas, y grandes aullidos de perros en las sombras anunciaron la llegada de la diosa (Hécate). “¡Lejos, lejos de aquí, profanos! exclama la profetisa; salid de este bosque, y tú, Eneas, echa a andar y desenvaina la espada. Esta es la ocasión de mostrar entereza y valor.” Dicho esto, lánzase por la boca de la cueva, y Eneas la sigue con intrépidos pasos.

Hasta aquí el texto de Virgilio, en la traducción de Eugenio de Ochoa, disponible en Wikisource.

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Eugenio de Ochoa. Anónimo. ca. 1870. Museo Romántico. Madrid. Foto R.Puig

Y vamos con el autor que da dado pie a esta serie sobre las sibilas y los libros sibilinos, que no es otro que nuestro amigo Aulo Gelio; en este caso nos inspiró esta serie el capítulo XIX del libro I de sus Noches Áticas, titulado Historia super libris Sibyllinis ac de Tarquinio Superbo rege = Relato sobre los Libros Sibilinos y sobre el rey Tarquino el Soberbio.

Aquí está el texto:

Historia super libris Sibyllinis ac de Tarquinio Superbo rege

1. In antiquis annalibus memoria super libris Sibyllinis haec prodita est: 2. Anus hospita atque incognita ad Tarquinium Superbum regem adiit novem libros ferens, quos esse dicebat divina oracula; eos velle venundare. 3. Tarquinius pretium percontatus est. Mulier nimium atque inmensum poposcit; 4. Rex, quasi anus aetate desiperet, derisit.

XIX. Relato sobre los Libros Sibilinos y sobre el rey Tarquino el Soberbio.

1 Los antiguos Anales han transmitido la siguiente historia sobre los Libros Sibilinos. 2 Una anciana extranjera y desconocida se presentó ante el rey Tarquino el Soberbio con nueve libros bajo el brazo, diciendo que contenían oráculos divinos y que quería venderlos. 3 Tarquino le preguntó el precio. La mujer pidió una suma exorbitada. 4. El rey se echó a reír como si la anciana desvariase.

5. Tum illa foculum coram cum igni apponit, tris libros ex novem deurit et, ecquid reliquos sex eodem pretio emere vellet, regem interrogavit. 6. Sed enim Tarquinius id multo risit magis dixitque anum iam procul dubio delirare. 7. Mulier ibidem statim tris alios libros exussit atque id ipsum denuo placide rogat, ut tris reliquos eodem illo pretio emat.

5 Entonces ella se colocó junto a las llamas de un pequeño hogar allí encendido, quemó tres de ellos y pregunto al rey si quería comprar los seis restantes al mismo precio. 6 Tarquino se rio todavía mucho más y dijo que, indudablemente, la anciana chocheaba. 7 Acto seguido la mujer quemó allí mismo otros tres libros y volvió a preguntar con tono amable si quería comprar por el mismo precio los tres que le quedaban.

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8. Tarquinius ore iam serio atque attentiore animo fit, eam constantiam confidentiamque non insuper habendam intellegit, libros tris reliquos mercatur nihilo minore pretio, quam quod erat petitum pro omnibus. 9. Sed eam mulierem tunc a Tarquinio digressam postea nusquam loci visam constitit. 10. Libri tres in sacrarium conditi “Sibyllini” appellati; 11. ad eos quasi ad oraculum quindecimviri adeunt, cum di immortales publice consulendi sunt.

8 Con semblante serio y prestando más atención al asunto, Tarquino comprendió que no debía despreciar una insistencia y seguridad tan firmes y compró los tres libros restantes por el precio solicitado por todos. 9 A aquella mujer, una vez que salió de la casa de Tarquino, nunca más volvió a vérsela. 10 Los tres libros, guardados en un santuario, fueron llamados Sibilinos 11 y a ellos, como si de un oráculo se tratase, acuden los quindecenviros cuando quieren conocer la voluntad de los dioses.

La traducción es de Manuel-Antonio Marcos Casquero y Avelino Domínguez García, Universidad de León, Secretariado de Publicaciones, 2006.

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(Auto)epitafios (II)

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Rabano Mauro apoyado por Alcuino ofrece una obra a Otgar de Maguncia. Viena, Österreichische Nationalbibliothek, cod.652, fol. 2v (Fulda, 2º cuarto del siglo IX)

En esta miniserie sobre (auto)epitafios hemos ofrecido ya el texto de Aulo Gelio que nos informaba sobre los epitafios de Nevio, Plauto y Pacuvio que ellos mismos escribieron y que fue el que suscitó esta serie, así como dos poemas de Reinaldo Arenas y de Mario Benedetti, titulados Autoepitafio.

Ahora haremos un breve repaso sobre (auto)epitafios más o menos célebres. Y comenzamos por el autoepitafio hermoso y profundo que Alcuino de York escribió en latín para su tumba:

Hic, rogo, pauxillum veniens subsiste, viator.

Et mea scrutare pectore dicta tuo,

ut tua deque meis agnoscas fata figuris:

vertitur o species, ut mea, sicque tua.

Detente un poco, si aquí llegas, caminante.

Y reflexiona mis palabras en tu corazón,

a fin de que conozcas por mi ejemplo tu destino:

mutará, como la mía, la forma de tu cuerpo.

XJF373203 Alcuin of York, from 'Les Vrais Pourtraits et vies des hommes illustres' by Andre Thevet, 1584 (engraving) by Thevet, Andre (1504-92); Private Collection; (add. info.: Alcuin of York (c.735-804) English advisor to Charlemagne); French, out of copyright

 Alcuino de York, en “Les Vrais Pourtraits et vies des hommes illustres” de Andre Thevet, 1584; grabado de Thevet, Andre (1504-92). Colección privada

Quod nunc es fueram, famosus in orbe, viator,

et quod nunc ego sum, tuque futurus eris.

Delicias mundi casso sectabar amore,

nunc cinis et pulvis, vermibus atque cibus.

Lo que tú eres ahora, famoso en el mundo, lo he sido yo, caminante,

y lo que ahora soy, tú también lo serás.

Buscaba los placeres del mundo con un vano deseo,

ahora ceniza y polvo, y alimento para los gusanos

Quapropter potius animam curare memento,

quam carnem, quoniam haec manet, illa perit.

Cur tibi rura paras? quam parvo cernis in antro

me tenet hic requies: sic tua parva fiet.

Recuerda, pues, preocuparte más de tu alma,

que de tu cuerpo, porque aquélla permanece y éste muere.

¿Por qué te procuras bienes? Ves en qué pequeña tumba

me retiene el reposo: igual de pequeña será la tuya.

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Cur Tyrio corpus inhias vestirier ostro

quod mox esuriens pulvere vermis edet?

Ut flores pereunt vento veniente minaci,

sic tua namque, caro, gloria tota perit.

¿Por qué deseas cubrir con púrpura de Tiro tu cuerpo

que pronto en el polvo comerá el hambriento gusano?

Como las flores mueren cuando sopla el amenazador viento,

así también tu carne y toda tu gloria perecerá.

Tu mihi redde vicem, lector, rogo, carminis huius

et dic: “da veniam, Christe, tuo famulo.”

Obsecro, nulla manus violet pia iura sepulcri,

personet angelica donec ab arce tuba:

Tú págame en respuesta, lector, te lo ruego, a mi poema

Y di: “concede, o Cristo, el perdón a tu siervo”.

Te imploro que ninguna mano viole los piadosos derechos de este sepulcro,

hasta que la angélica trompeta haga resonar desde arriba estas palabras:

“qui iaces in tumulo, terrae de pulvere surge,

magnus adest iudex milibus innumeris.”

Alchuine nomen erat sophiam mihi semper amanti,

pro quo funde preces mente, legens titulum.

Tú que yaces en el túmulo, levántate del polvo de la tierra,

el juez supremo se presenta con miles innumerables”.

Mi nombre era Alcuino y fui siempre amante de la sabiduría,

eleva preces por mí de corazón al leer esta inscripción.

carlomagno-y-alcuinon

Alcuino de York y otros clérigos presentan manuscritos a Carlomagno en el Palacio de Aquisgrán, ante su corte, (1830) óleo sobre lienzo de 134 x 100 cm., obra de Jean Victor Schnetz. Museo del Louvre, Ala Sully, 1ª piso, Galería Campana III, Sala 42

Hic requiescit beatae memoriae domnus Alchuinus abba, qui obiit in pace XIV. Kal. Iunias. Quando legeritis, o vos omnes, orate pro eo et dicite, ‘Requiem aeternam donet ei Dominus.’ Amen.

Aquí descansa el señor abad Alcuino, de feliz memoria, que murió en paz el día decimocuarto de las calendas de junio. Cuando lo leáis, o vosotros, todos, rogad por él y decid: “El Señor le dé el descanso eterno”. Amén

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Suponemos que es un autoepitafio el que se puede leer en una lápida, que descansa sobre el suelo, en la parte derecha del primer pasillo central del cementerio de San José de Castellón, y que, en algo, parece inspirarse en el de Alcuino. Alguien, nacido en 1828 y muerto en 1911, hizo escribir sobre su lápida:

“Piensa, mortal, quien fuera que tu fueres, que fui lo que tú eres. No hay edad prefijada: tal vez hoy seas lo que yo soy. No te importa mi nombre tan siquiera. Yace aquí quien te espera.”

Autoepitafio bastante estoico, que comenta la fugacidad de la vida, destaca por su humildad, pero termina con un claro aviso de nuestra fecha de caducidad. No es despreciable tampoco la rima (fueres-eres, hoy-soy, siquiera-espera).

Un (auto)epitafio que siempre me ha gustado es el de esta inscripción funeraria romana hallada en el año 1823 en un viñedo de la localidad de Siscia (Pannonia Superior), actual ciudad de Sisak, en Croacia, condado de Sisak-Moslavina. Se conserva en el Museo Nacional Húngaro de Budapest (Magyar Nemzeti Múzeum) con número en el CIL (Corpus Inscriptionum Latinarum)) 03, 03980.

Éste es el texto latino:

D M

POSITVS EST HIC LEBVRNA

MAGISTER MIMARIORVM

[ ]VI VICXIT ANNOS PLVS

[ ]INVS CENTVM

[ ]IQVOTIES MORTVVS

[ ] SET SIC NVNQVAM

[ ]S AD SVPEROS BENE

[ ]LERAE

epitafi-leburna

D(is) M(anibus) / positus est hic Leburna / magister mimariorum / [q]ui vicxit(!) annos plus / [m]inus centum / [al]iquoties mortuus / [sum] set sic nunquam / [opto v]os ad superos bene / [va]ler{a}e

A los dioses Manes. Aquí yace Leburna, jefe de una compañía teatral, que vivió más o menos cien años; algunas veces hice de muerto, pero nunca así. Deseo que os vaya bien arriba.

No me negarán que el cómico no guardó su ironía hasta su muerte.

Hablando de actores y teatro, hay dos personajes que usaron una expresión similar en su lecho de muerte: el emperador Augusto y Francois Rabelais.

De este último se dice que exclamó en su lecho de muerte:

Tirez le rideau, la farce est joueé. (Bajad el telón, la función ha terminado).

francois-rabelais-retrato

Retrato de Francois Rabelais (siglo XVII), óleo sobre lienzo de 48 x 40 cm., de autor anónimo. Musée National du Château et des Trianons, Versalles.

moneda-de-demetrio-poliorcetes

Moneda que muestra la efigie de Demetrio I de Macedonia, Poliorcetes. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

Finalizábamos el capítulo anterior dedicado a extractar el apartado Sócrates, educador, dentro del capítulo II (La herencia de Sócrates), del libro III (En busca del centro divino) de la Paideia de Jaeger, con la anécdota del filóofo Estilpón y el emperador Demetrio Poliorcetes, que finalizaba con la frase: “La paideia no se la ha llevado nadie de mi casa”.

Así lo narra Diógenes Laercio en Vidas de los filósofos, II, 115

Ἀλλὰ καὶ Δημήτριος ὁ Ἀντιγόνου καταλαβὼν τὰ Μέγαρα τήν τε οἰκίαν αὐτῷ φυλαχθῆναι καὶ πάντα τὰ ἁρπασθέντα προὐνόησεν ἀποδοθῆναι. Ὅτε καὶ βουλομένῳ παρ’ αὐτοῦ τῶν ἀπολωλότων ἀναγραφὴν λαβεῖν ἔφη μηδὲν τῶν οἰκείων ἀπολωλεκέναι· παιδείαν γὰρ μηδένα ἐξενηνοχέναι, τόν τε λόγον ἔχειν καὶ τὴν ἐπιστήμην.

Cuando Demetrio, hijo de Antígono, tomó Megara, dejó libre la casa de Stilpón y le restituyó lo que se le había quitado en el saco de la ciudad. En esa ocasión, queriendo el rey le diese por escrito cuánto le habían quitado en el pillaje, le dijo: «Yo nada he perdido, pues nadie me ha quitado mi ciencia y poseo aún toda mi elocuencia y erudición».

La traducción es de José Ortiz Sanz, en Gredos.

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Y finalizamos con los extractos del capítulo y apartado indicados de la obra de Jaeger, en concreto, las páginas 451 a 457.

Esta frase es una nueva edición, ajustada al espíritu de los tiempos, del famoso dicho de uno de los siete sabios, Bías de Priene, dicho que todavía hoy circula por el mundo en su forma latina: omnia mea mecum porto. La suma y compendio de “todo lo que poseo” es para el hombre socrático la paideia: su forma interior de vida, su existencia espiritual, su cultura. En la lucha del hombre por su libertad interior en medio de un mundo en que reinaban las fuerzas elementales que la amenazaban, la paideia se convierte en un punto de resistencia invulnerable…

No en vano (Sócrates) aspira a conducir a los ciudadanos a la “virtud política” y a descubrir un nuevo camino para conocer su verdadera esencia. Aunque exteriormente viva en un periodo de disolución del estado, interiormente se halla todavía de lleno dentro de la antigua tradición griega para la que la polis era la fuente de los bienes supremos de la vida y de las normas de vida más altas, como lo atestigua de un modo verdaderamente impresionante el Critón platónico…

La educación para la virtud política que él pretende establecer presupone en primer lugar la restauración de la polis en su sentido moral interior.

Sócrates fue durante toda su vida un simple ciudadano de una democracia que confería a cualquiera el mismo derecho que a él de manifestarse sobre los problemas más altos del bien público. Por eso tenía que considerar su mandato especial como recibido de Dios y solamente de él. Sin embargo, los guardianes del estado creen descubrir, detrás del papel que este pensador levantisco se arroga, la rebelión del individuo espiritualmente superior contra lo que la mayoría considera bueno y justo y, por tanto, un peligro contra la seguridad del estado…

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Sócrates se siente interiormente vinculado a Atenas. Ni una sola vez abandonó esta ciudad más que para combatir por ella como soldado. No emprende grandes viajes como Platón ni sale siquiera delante de las murallas de los suburbios, pues ni el campo ni los árboles le enseñan nada. Habla del “cuidado del alma” predicado por él a propios y extraños, pero añade: “Mis prédicas se dirigían ante todo a los más próximos a mí por el nacimiento.”  Su “servicio de Dios” no se consagra a la “humanidad”, sino a su polis. Por eso no escribe, sino que se limita a hablar con los hombres presentes de carne y hueso. Por eso no profesa tesis abstractas, sino que se pone de acuerdo con sus conciudadanos acerca de algo común, premisa de toda conversación de esta naturaleza y que tiene su raíz en el origen y la patria comunes, en el pasado y la historia, en la ley y la constitución política comunes: la democracia ateniense…

Sócrates es uno de los últimos ciudadanos en el sentido de la antigua polis griega. Y es al mismo tiempo la encarnación y la suprema exaltación de la nueva forma de la individualidad moral y espiritual. Ambas cosas se unían en él sin medias tintas. Su primera personalidad apunta a un gran pasado, la segunda al porvenir. Es, en realidad, un fenómeno único y peculiar en la historia del espíritu griego. De la suma y la dualidad de aspiraciones de estos dos elementos integrantes de su ser brota su idea ético-política de la educación. Es esto lo que le da su profunda tensión interior, el realismo de su punto de partida y el idealismo de su meta final. Por primera vez aparece en el Occidente el problema del “estado y la iglesia”, que había de arrastrarse a lo largo de los sigloes posteriores. Pues este problema no es en modo alguno, como se demuestra en Sócrates, un problema específicamente cristiano. No se halla vinculado a una organización eclesiástica ni a una fe revelada, sino que se presenta también, en su fase correspondiente, en el desarrollo del “hombre natural” y de su “cultura”. Aquí no aparece como el conflicto entre dos formas de comunidad conscientes de su poder, sino como la tensión entre la conciencia de la personalidad humana individual de pertenecer a una comunidad terrenal y su conciencia de hallarse interior y directamente unida a Dios. Este Dios a cuyo servicio realiza Sócrates su obra de educador es un dios distinto de “los dioses en que cree la polis”. Si la acusación contra Sócrates versaba verdaderamente sobre este punto, daba realmente en el blanco…

Pero el conocimiento de la esencia y del poder del bien, que se apodera de su interior como una fuerza arrolladora, se convierte para él en un nuevo camino para encontrar a Dios. Es cierto que Sócrates no es capaz, por su modo espiritual de ser, de “reconocer ningún dogma”. Un hombre que vive y muere como vivió y murió él tiene sus raíces en Dios. El discurso en que dice que se debe obedecer a Dios más que al hombre encierra, indudablemente, una nueva religión, lo mismo que su fe en el valor, descollante por encima de todo, del alma…

De la raíz de esta confianza en Dios brota en Sócrates una nueva forma de espíritu heroico que imprime su sello desde el primer momento a la idea griega de la ἀρετή.

 

Hasta aquí los extractos de la Paideia de Werner Jaeger, quien empieza el capítulo II (La herencia de Sócrates), dentro del Libro III (En busca del centro divino).

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Sócrates es una de esas figuras imperecederas de la historia que se han convertido en símbolos. Del hombre de carne y hueso y del ciudadano ateniense nacido en el año 469 a. c. y condenado a muerte y ejecutado en el año 399 han quedado grabados pocos rasgos en la historia de la humanidad, al ser elevado por ésta al rango de uno de sus pocos “representantes”. A formar esta imagen no contribuyó tanto su vida ni su doctrina, en la medida en que realmente profesaba alguna, como la muerte sufrida por él en virtud de sus convicciones. La posteridad cristiana le discernió la corona de mártir precristiano y el gran humanista de la época de la Reforma, Erasmo de Rotterdam, le incluía audazmente entre sus santos y le rezaba: Sancte Socrates, ora pro nobis.

Quizá tengamos que unirnos a la fórmula de Erasmo para comprender la importancia de la vida, la palabra y la muerte de Sócrates.

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montescalayrafaelargullol

José Guillermo Montes Cala (izquierda) junto al poeta Rafael Argullol, que habló sobre Presencias Literarias en la UCA el 20-10-2011. El primero falleció prematuramente el 4-09-2014 a los 54 años

Llegamos, por fin, al último bloque de versos del poema Hero y Leandro, de Museo el Gramático, que hemos repasado con la inestimable ayuda de las notas y traducción de José Guillermo Montes Cala, en Gredos.

 

ἤλυθε δ’ ἠριγένεια καὶ οὐκ ἴδε νυμφίον Ἡρώ. 335

πάντοθι δ’ ὄμμα τίταινεν ἐς εὐρέα νῶτα θαλάσσης,

εἴ που ἐσαθρήσειεν ἀλωόμενον παρακοίτην

λύχνου σβεννυμένοιο. παρὰ κρηπῖδα δὲ πύργου

δρυπτόμενον σπιλάδεσσιν ὅτ’ ἔδρακε νεκρὸν ἀκοίτην,

δαιδαλέον ῥήξασα περὶ στήθεσσι χιτῶνα 340

ῥοιζηδὸν προκάρηνος ἀπ’ ἠλιβάτου πέσε πύργου.

κὰδ δ’ Ἡρὼ τέθνηκε σὺν ὀλλυμένῳ παρακοίτῃ.

ἀλλήλων δ’ ἀπόναντο καὶ ἐν πυμάτῳ περ ὀλέθρῳ.

 

Y llegó la Mañana y Hero no vio a su marido. A todas partes dirigía su mirada sobre la ancha superficie de la mar, por si en parte alguna avistaba, a la deriva, a su esposo, por haberse apagado el candil. Mas cuando, al pie de la torre, vio el cadáver de su esposo que los escollos habían magullado, rasgóse el artístico manto sobre sus pechos y con ímpetu de cabeza se arrojó de la escarpada torre. Y Hero encuentra la muerte junto a su marido muerto, y hasta en el mismo trance postrero de su mutua compañía gozaron.

 1. (δρυπτόμενον σπιλάδεσσιν = Que los escollos habían magullado = 339). Ya en Ovidio, Heroidas XVIII, 197 ss, Leandro, al pensar en su muerte, manifiesta su deseo de que el puerto de Sesto acoja sus náufragos miembros.

Aut mihi continget felix audacia salvo

aut mors solliciti finis amoris erit.

optabo tamen ut partis expellar in illas

et teneant portus naufraga membra tuos.

flebis enim tactuque meum dignabere corpus

et ‘mortis,’ dices, ‘huic ego causa fui!’

scilicet interitus offenderis omine nostri,

litteraque invisa est hac mea parte tibi.

desino; parce queri.

espasacalpelas-heroidas

O tengo suerte en la osadía y sigo vivo, o la muerte será el fin de mi angustiado amor. Querrá de todas formas que el mar me eche por esa parte y que tu puerto recoja mi cuerpo naufragado. Porque me llorarás y regalarás mi cadáver con tus caricias y dirás: De su muerte yo he sido la culpable. ¿No es verdad que te hace daño el presagio de mi muerte, y que esta parte de mi carta te resulta odiosa? Ya lo dejo, no te quejes más.

Traducción de Ana Pérez Vega, en Gredos.

2. (δαιδαλέον ῥήξασα … χιτῶνα = Rasgóse el artístico manto = 340). La reacción de Hero se asemeja a la de Alción en Ovidio, Metamorfosis XI, 725.

Aquí del 719 al 730:

Qui foret, ignorans, quia naufragus, omine mota est

et, tamquam ignoto lacrimam daret, ‘heu! miser,’ inquit

“quisquis es, et siqua est coniunx tibi!” fluctibus actum

fit propius corpus: quod quo magis illa tuetur,

hoc minus et minus est mentis, vae! iamque propinquae

admotum terrae, iam quod cognoscere posset,

cernit: erat coniunx! “ille est!” exclamat et una

ora, comas, vestem lacerat tendensque trementes

ad Ceyca manus “sic, o carissime coniunx,

sic ad me, miserande, redis?” ait. adiacet undis

facta manu moles, quae primas aequoris iras

frangit et incursus quae praedelassat aquarum.

De quién fuera ignorante ella, porque náufrago, del presagio conmovida quedó,

y como a un desconocido que su lágrima ofreciera: «Ay, desgraciado», dice,

«quien quiera que eres, y si alguna mujer tienes». Por el oleaje llevado

se hace más cercano el cuerpo. El cual, mientras más ella lo escruta,

por ello menos cada vez de su mente es dueña, y ya a la vecina

tierra allegado, ya cual conocerlo pudiera,

lo distingue: era su esposo. «Él es», grita, y a una,

cara, pelo y vestido lacera, y tendiendo temblorosas

a Ceix sus manos: «¿Así, oh queridísimo esposo,

así a mí, triste, regresas?», dice. Adyacente hay a las olas,

hecha a mano, una mole que del mar las primeras iras

rompe, junto a las embestidas que ella previamente fatiga de las aguas

La traducción es de Ana Pérez Vega, en Wikisource.

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3. (τέθνηκε σὺν ὀλλυμένῳ παρακοίτῃ = Encuentra la muerte junto a a su marido muerto = 342). La muerte de Hero nos recuerda en sus pormenores a la de Enone en Licofrón, Alejandra, 65 ss. También Enone se suicidirá arrojándose de lo alto de la muralla sobre el cadáver de Paris, su marido.

αὐτὴ δὲ φαρμακουργός, οὐκ ἰάσιμον

ἕλκος δρακοῦσα τοῦ ξυνευνέτου λυγρὸν

Γιγαντοραίστοις ἄρδισιν τετρωμένου

πρὸς ἀνθοπλίτου, ξυνὸν ὀγχήσει μόρον,

Πύργων ἀπ᾽ ἄκρων πρὸς νεόδμητον νέκυν

ῥοιζηδὸν ἐκβράσασα κύμβαχον δέμας:

πόθῳ δὲ τοῦ θανόντος ἠγκιστρωμένη,

ψυχὴν περὶ σπαίροντι φυσήσει νεκρῷ.

y, aunque sabia en remedios, al ver que no curable

será la grave herida que en singular encuentro

le hicieron las saetas que a Gigantes mataran,

una suerte común decidirá arrostrar,

sobre el recién caido de cabeza con ímpetu

lanzárase de lo alto de la muralla y su alma

exhalara, ante el cuerpo palpitante, de amor

subyugada hacia aquel cuya muerte esté viendo.

 

La traducción es de Manuel y Emilio Fernández Galiano, en Gredos.

Sobre el suicidio de Hero por amor, cf. también Virgilio, Geórgicas III, 263.

Aquí 258 a 263:

Quid iuuenis, magnum cui uersat in ossibus ignem

durus amor? nempe abruptis turbata procellis

nocte natat caeca serus freta, quem super ingens

porta tonat caeli, et scopulis inlisa reclamant

aequora; nec miseri possunt reuocare parentes,

nec moritura super crudeli funere uirgo.

¿Qué pensar de aquel joven, a quien el irrefrenable amor mete en sus huesos violento fuego? En efecto, durante la ciega noche, cruza tardío a nado los mares agitados por la tempestas desencadenada; sobre su cabeza truena la inmensa puerta del cielo, y las olas, estrellándose contra las rocas, lo llaman hacia atrás; pero ni las desgracias de sus padres, ni la joven que, si él muere, morirá también con cruel muerte, lo pueden detener.

La traducción es de Tomás de la Ascensión Recio García, en Gredos.

bucolicasgeorgicasgredos

eneida

Estábamos ofreciendo los versos 41 a 101 del canto VI de la Eneida de Virgilio, en los que aparece la Sibila de Cumas en pleno trance extático. Además, en los versos 71 a 74, tenemos la referencia a la colocación de los oráculos sibilinos bajo el pedestal de la estatua de Apolo en el Capitolio, y al colegio de los sacerdotes dedicados a su culto.

 

Tuque, o sanctissima uates,

praescia uenturi, da (non indebita posco

regna meis fatis) Latio considere Teucros

errantisque deos agitataque numina Troiae.

tum Phoebo et Triuiae solido de marmore templum

instituam festosque dies de nomine Phoebi. 70

Te quoque magna manent regnis penetralia nostris:

hic ego namque tuas sortis arcanaque fata

dicta meae genti ponam, lectosque sacrabo,

alma, uiros. Foliis tantum ne carmina manda,

ne turbata uolent rapidis ludibria uentis; 75

ipsa canas oro.’ finem dedit ore loquendi.

Y tú, ¡Oh santa sacerdotisa, sabedora de lo porvenir, concede a los Teucros y a sus errantes dioses, fatigados númenes de Troya, que logren por fin tomar asiento en el Lacio! No pido reinos que no me estén prometidos por los hados. Entonces erigiré un templo todo de mármol a Febo y a Hécate, e instituiré días festivos, a que daré el nombre de Febo. Tú también tendrás en mi reino un magnífico santuario, en el que guardaré tus oráculos y los secretos hados que anuncies a mi nación, y te consagraré ¡Oh alma virgen! varones escogidos. Sólo te ruego que no confíes tus oráculos a hojas que, revueltas, sean juguete de los vientos; anúncialos tú misma.” Esto dijo Eneas.”

 

At Phoebi nondum patiens immanis in antro

bacchatur uates, magnum si pectore possit

excussisse deum; tanto magis ille fatigat

os rabidum, fera corda domans, fingitque premendo. 80

ostia iamque domus patuere ingentia centum

sponte sua uatisque ferunt responsa per auras:

‘o tandem magnis pelagi defuncte periclis

(sed terrae grauiora manent), in regna Lauini

Dardanidae uenient (mitte hanc de pectore curam), 85

sed non et uenisse uolent. bella, horrida bella,

et Thybrim multo spumantem sanguine cerno.

augustalbertzimmermann-paisajecon-eneas-y-lasibila-de-cumas

Paisaje con Eneas y la Sibila de Cumas (1841), óleo sobre lienzo de 105,5 x 157 cm., de Auguste Albert Zimmermann. National Trust, Hatchlands Park, East Clandon, Guildford

En tanto, aún no sometida del todo a Febo, revuélvese en su caverna la terrible Sibila, procurando sacudir de su pecho el poderoso espíritu del dios; pero cuanto más ella se esfuerza, tanto más fatiga él su espumante boca, domando aquel fiero corazón e imprimiendo en él su numen. Ábrense, en fin, por sí solas las cien grandes puertas del templo, y llevan los aires las respuestas de la Sibila. “¡Oh tú! que al fin te libraste, exclama, de los grandes peligros del mar, pero otros mayores te aguardan en tierra. Llegarán sí, los grandes descendientes de Dárdano a los reinos de Lavino; arranca del pecho ese cuidado; pero también desearán algún día no haber llegado a ellos. Veo guerras, horribles guerras, y al Tíber arrastrando olas de espumosa sangre;

 

Non Simois tibi nec Xanthus nec Dorica castra

defuerint; alius Latio iam partus Achilles,

natus et ipse dea; nec Teucris addita Iuno 90

usquam aberit, cum tu supplex in rebus egenis

quas gentis Italum aut quas non oraueris urbes!

causa mali tanti coniunx iterum hospita Teucris

externique iterum thalami.

no te faltarán aquí ni el Simois, ni el Janto, ni los campamentos griegos. Ya tiene el Lacio otro Aquiles, hijo también de una diosa; tampoco te faltará aquí Juno, siempre enemiga de los Troyanos, con lo cual, ¿A qué naciones de Italia, a qué ciudades no irás, suplicante, a pedir auxilio en tus desastres? Por segunda vez una esposa extranjera, por segunda vez un himeneo extranjero será la causa de tantos males para os troyanos…

Tu ne cede malis, sed contra audentior ito, 95

qua tua te Fortuna sinet. uia prima salutis

(quod minime reris) Graia pandetur ab urbe.’

Talibus ex adyto dictis Cumaea Sibylla

horrendas canit ambages antroque remugit,

obscuris uera inuoluens: ea frena furenti 100

concutit et stimulos sub pectore uertit Apollo.

Tú, empero, no sucumbas a la desgracia; antes bien, cada vez más animoso, ve hasta donde te lo consienta la fortuna. Una ciudad griega, y es lo que menos esperas, te abrirá el primer camino de la salvación.” Con tales palabras anuncia entre rugidos la Sibila de Cumas, desde el fondo de su cueva, horrendos misterios, envolviendo en términos oscuros cosas verdaderas; de esta suerte rige Apolo sus arrebatos y aguija su aliento.

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Eneas con la Sibila y Caronte (1695-1697), óleo sobre lienzo, de 130 x 127 cm., de Giuseppe Maria Crespi. Kunsthistorisches Museum, Gemäldegallerie, Sala VI, Viena

A continuación, Eneas solicita a la Sibila que le indique el camino hacia el Averno, para poder ver a su padre Anquises. La respuesta de la Sibila va del verso 125 al 155 de este canto VI:

cum sic orsa loqui uates: ‘sate sanguine diuum, 125

Tros Anchisiade, facilis descensus Auerno:

noctes atque dies patet atri ianua Ditis;

sed reuocare gradum superasque euadere ad auras,

hoc opus, hic labor est. pauci, quos aequus amauit

Iuppiter aut ardens euexit ad aethera uirtus, 130

dis geniti potuere. tenent media omnia siluae,

Cocytusque sinu labens circumuenit atro.

Y así le contestó la Sibila: Descendiente de la sangre de los dioses, troyano, hijo de Anquises, fácil es la bajada al Averno; día y noche está abierta la puerta del negro Dite; pero retroceder y restituirse a las auras de la tierra, esto es o arduo, esto es o difícil; pocos, y del linaje de los dioses, a quienes fue Júpiter propicio, o a quienes una ardiente virtud remontó a los astros, pudieron lograrlo. Todo el centro del Averno está poblado de selvas que rodea el Cocito con su negra corriente.

Quod si tantus amor menti, si tanta cupido est

bis Stygios innare lacus, bis nigra uidere

Tartara, et insano iuuat indulgere labori, 135

accipe quae peragenda prius. latet arbore opaca

aureus et foliis et lento uimine ramus,

Iunoni infernae dictus sacer; hunc tegit omnis

lucus et obscuris claudunt conuallibus umbrae.

Mas, si un tan grande amor te mueve, si tanto afán tienes de cruzar dos veces el lago Estigio, de ver dos veces el negro Tártaro, y estás decidido a probar la insensata empresa, oye lo que has de hacer ante todo. Bajo la opaca copa de un árbol se oculta un ramo, cuyas hojas y flexible tallo son de oro, el cual está consagrado a la Juno infernal; todo el bosque le oculta y las sombras le encierran entre tenebrosos valles.

 

La traducción de Eugenio de Ochoa, disponible en Wikisource.

eugenio-de-ochoa-busto

Eugenio de Ochoa (ca 1860), busto en mármol, de 61  x 34 x 25, de Ponciano Ponzano y Gascón. Museo Nacional del Romanticismo de Madrid