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Seguimos con la Paideia de Werner Jaeger, cuyo apartado Sócrates, educador, dentro del capítulo II (La herencia de Sócrates), del libro III (En busca del centro divino), páginas 403 a 457 glosamos. Seguimos con las páginas 423 a 427:

No es fácil para nosotros medir en todas sus proporciones históricas el alcance de esta trasformación. Su consecuencia inmediata es la nueva ordenación creadora de los valores que encuentra su fundamentación dialéctica en los sistemas filosóficos de Platón y Aristóteles. Bajo esta forma, es la fuente de todas las culturas posteriores que la filosofía griega ha alumbrado. Pero por muy alta que se valore la arquitectónica conceptual de estos dos grandes pensadores, que reducen a una imagen armónica del mundo el fenómeno socrático para hacerlo más claramente visible al ojo del espíritu y que agrupan todo lo demás en torno a este centro, queda en pie la realidad de que en el principio fue la acción. El llamamiento de Sócrates al “cuidado del alma” fue lo que realmente hizo que el espíritu griego se abriese paso hacia la nueva forma de vida. Si el concepto de la vida, del bíos, que designa la existencia humana, no como un simple proceso temporal, sino como una unidad plástica y llena de sentido, como una forma consciente de vida, ocupa en adelante una posición tan dominante en la filosofía y en la ética, ello se debe, en una parte muy considerable, a la vida real del propio Sócrates. Su vida fue un anticipo del nuevo bíos (βίος = vida), basado por entero en el valor interior del hombre.

Y sus discípulos supieron comprender certeramente que era en esta renovación de la antigua idea del arquetipo —del filósofo como encarnación de un nuevo ideal de vida— donde residía la fuerza más importante de la paideia socrática.

Socrates

Intentemos ahora ver un poco más de cerca cuál era el carácter de esta educación. El hecho de que este cuidado del alma se califique de “servicio de Dios”, según las palabras que Platón pone en labios de Sócrates en la Apología, no quiere decir que tenga ningún contenido religioso, en el sentido usual de esta palabra. Por el contrario, el camino seguido por él es un camino excesivamente secular y natural desde el punto de vista cristiano. Ante todo, este cuidado del alma no se traduce, ni mucho menos, en el descuido del cuerpo. Esto no sería posible tratándose de un hombre que había aprendido del médico del cuerpo la necesidad de someter a un “tratamiento” especial al alma, lo mismo la sana que la enferma. Su descubrimiento del alma no significa la separación de ésta del cuerpo, como con tanta frecuencia se afirma faltando a la verdad, sino del dominio de la primera sobre el segundo. Mens sana in corpore sano es una frase que responde a un auténtico sentido socrático.

Sócrates no descuidaba su propio cuerpo ni alababa a quienes lo hacían. Enseñaba a sus amigos a mantener su cuerpo sano por el endurecimiento y hablaba detenidamente con ellos acerca de la dieta más conveniente para lograrlo. Rechazaba la hartura, por entender que era perjudicial para el cuidado del alma. Él, por su parte, llevaba una vida de espartana sencillez.

Tanto Platón como Jenofonte explican la acción educativa de Sócrates, como es natural, partiendo de su antagonismo con los sofistas. Los sofistas eran los maestros de este arte que, presentado bajo esta forma, constituía algo nuevo.

Sócrates parece enlazarse plenamente a ellos, para seguir luego su camino. Aunque la meta a que él aspira es más alta, parte del mismo valle en que ellos se mueven.

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Demócrito y Protágoras (1633-1634), óleo sobre lienzo de 185 x 128 cm., de Salvator Rosa (1615-1673). Museo del Hermitage de San Petersburgo

La παιδεία de los sofistas era una mezcla abigarrada de materias de diverso origen. Su meta era la disciplina del espíritu, pero no existía unanimidad entre ellos en cuanto al saber más indicado para conseguir ese objeto, pues cada uno de ellos seguía estudios especiales y consideraba su disciplina propia como la más conveniente de todas. Sócrates no negaba el valor de ocuparse de todas las cosas que ellos enseñaban, pero su llamamiento al cuidado del alma encierra ya potencialmente un criterio de limitación de los conocimientos recomendados por aquellos educadores…

Por tanto, lo ético vuelve a situarse en el centro del problema, de donde había sido desplazado por el movimiento educativo de los sofistas. Este movimiento había surgido de la necesidad de dar una cultura superior a la alta capa gobernante y de la elevada valoración de los méritos de la inteligencia humana. La finalidad práctica de los sofistas, la formación de hombres de estado y dirigentes de la vida pública, había favorecido esta nueva orientación en una época como aquélla, preocupada fundamentalmente por el éxito. Es Sócrates quien restaura la trabazón entre la cultura espiritual y la cultura moral, Sin embargo, no se crea que opone a la finalidad política de la cultura tal como la concebían los sofistas el ideal apolítico de la pura formación del carácter. A la meta como tal no había por qué tocarla. Esta meta, en una polis griega, tenía que ser siempre la misma necesariamente. Platón y Jenofonte coinciden en que Sócrates era un maestro de política. Sólo así se comprenden su choque con el estado y su proceso.

Pero ¿cuál era la educación política de Sócrates? No podemos atribuirle la utopía política que aparece proclamando en la República de Platón, utopía basada ya por entero en la doctrina platónica de las ideas, ni es verosímil tampoco que Sócrates se considerase en su obra educativa como lo presenta el Gorgias platónico, como el único verdadero estadista de su tiempo, como un estadista al lado de cuyas aspiraciones todas las empresas de los políticos profesionales, encaminadas exclusivamente hacia el logro del poder exterior, era vanidosa obra de artificio.

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José Guillermo Montes Cala (1960-2014)

En esta larguísima serie sobre el poema Hero y Leandro de Museo el Gramático, que glosamos con la ayuda de la traducción y notas de José Guillermo Montes Cala, en su edición de Gredos, llegamos a los versos 309-322:

 

Νὺξ ἦν, εὖτε μάλιστα βαρυπνείοντες ἀῆται

χειμερίαις πνοιῇσιν ἀκοντίζοντες ἰωὰς 310

ἀθρόον ἐμπίπτουσιν ἐπὶ ῥηγμῖνι θαλάσσης.

καὶ τότε δὴ Λείανδρος ἐθήμονος ἐλπίδι νύμφης

δυσκελάδων πεφόρητο θαλασσαίων ἐπὶ νώτων.

ἤδη κύματι κῦμα κυλίνδετο, σύγχυτο δ’ ὕδωρ,

αἰθέρι μίσγετο πόντος, ἀνέγρετο πάντοθεν ἠχὴ 315

μαρναμένων ἀνέμων. Ζεφύρῳ δ’ ἀντέπνεεν εὖρος

καὶ νότος εἰς βορέην μεγάλας ἐφέηκεν ἀπειλάς·

καὶ κτύπος ἦν ἀλίαστος ἐρισμαράγοιο θαλάσσης.

αἰνοπαθὴς δὲ Λέανδρος ἀκηλήτοις ἐνὶ δίναις

πολλάκι μὲν λιτάνευε θαλασσαίην Ἀφροδίτην, 320

πολλάκι δ’ αὐτὸν ἄνακτα Ποσειδάωνα θαλάσσης,

Ἀτθίδος οὐ βορέην ἀμνήμονα κάλλιπε νύμφης.

 

Noche era; cuando los vientos más fuertemente soplan, con sus invernales ráfagas disparando sus venablos a otros vientos, y de consumo se precipitan sobre la rompiente de la mar, en ese preciso momento Leandro, con la esperanza en su habitual esposa, entre terrible estruendo dejábase llevar por la superficie marina. Ya en su rodar una ola daba alcance a otra, y fundía con ella sus aguas. Con el éter uníase el mar. Por doquier surgía el clamor de los vientos en combate: contra el Céfiro soplaba el Euro y el Noto contra el Bóreas profería grandes amenazas. Y el bramido de la sonora mar no tenía fin. El doliente Leandro, en medio de los implacables remolinos, mil veces elevó su súplica a Afrodita y mil veces a Posidón mismo, señor de la mar, ni a Bóreas, olvidadizo de su esposa del Ática (Oritía, raptada por Bóreas), dejó atrás.

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Bóreas llevándose a  Oritía (1822), óleo sobre lienzo de 300 x 228 cm., de Joseph-Ferdinand Lancrenon. Musée Girodet de Montargis (cedido actualmente al Musée de Picardie, de Amiens)

 1. (εὖτε μάλιστα βαρυπνείοντες ἀῆται = Cuando los vientos más fuertemente soplan = 309). Sobre los crueles vientos de la noche, cf. ya Odisea XII, 286 ss.:

ἐκ νυκτῶν δ’ ἄνεμοι χαλεποί, δηλήματα νηῶν,

γίνονται· πῇ κέν τις ὑπεκφύγοι αἰπὺν ὄλεθρον,

ἤν πως ἐξαπίνης ἔλθῃ ἀνέμοιο θύελλα,

ἢ νότου ἢ ζεφύροιο δυσαέος, οἵ τε μάλιστα

νῆα διαῤῥαίουσι, θεῶν ἀέκητι ἀνάκτων;

Por la noche se levantan fuertes vientos, azotes de las naves. ¿A dónde iremos, para librarnos de una muerte cruel, si de súbito viene una borrasca suscitada por el Noto o por el impetuoso Céfiro, que son los primeros en destruir una embarcación hasta contra la voluntad de los soberanos dioses?

Traducción de Lluís Segalà

2(ἀκοντίζοντες ἰωὰς = disparando sus venablos =310). Para esta metáfora, cf. Nono de Panópolis, Dionisíacas, XIII 389 ss.:

… ἄγχι δὲ νήσου

Αἰολίης στόλος ἦλθε σακεσπάλος, ἀλλὰ μανέντος

ἀνδρὸς ἀκοντιστῆρες ἀελλήεντι κυδοιμῷ

ὁλκάδα μαστίζοντες ἐθωρήχθησαν ἀῆται,

συμφερτὴν δονέοντες ἀρηγόνα σύμπνοον αὔρην,

καὶ στρατιὴν καὶ Ψύλλον ἐτυμβεύσαντο θαλάσσῃ.

Hasta la propia isla de Eolo llegó la armada blandiendo sus grandes escudos, mas los vientos flechadores tomaron sus armas, fustigando con ímpetu a aquel hombre enloquecido que había reunido la armada, sacudiendo su flota federada en una tempestad de único aliento y enterraron la armada y a Psilo bajo el mar.

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Céfiro y Aura  – o Cloris– (detalle de El nacimiento de Venus, 1484) óleo sobre lienzo de 278 x 172 cm., de Sandro Botticelli Galleria degli Uffizi, Florencia

Y XXXIX 111ss.:

θωρήξω δ᾿ ἐς ἄρηα καὶ Αἴολον, ὄφρα νοήσω

Εὖρον ἀκοντίζοντα καὶ αἰχμάζοντα Βορῆα,

γαμβρὸν ἐμοῦ προμάχου, Μαραθωνίδος ἅρπαγα νύμφης,

καὶ Νότον Αἰθιοπῆα προασπιστῆρα Λυαίου·

καὶ Ζέφυρος πολὺ μᾶλλον ἀελλήεντι κυδοιμῷ

ὁλκάδας ἀντιβίων δηλήσεται· ἡμετέρου γάρ

εὐνέτιν ῎Ιριν ἔχει Διὸς ἄγγελον...

 

Acorazaré igualmente a Eolo para la guerra, a fin de que pueda ver al Euro lanzando flechas, arrojando lanzas al Bóreas, que es yerno de mi capitán y robador de la novia de Maratón, y a Noto el etíope defendiendo con el escudo a Lieo. Y Céfiro habrá de destruir aun con más brío los barcos de los enemigos en una batalla tempestuosa, pues cuenta con Iris, la mensajera de mi Zeus, como compañera de lecho.

La traducción es de David Hernández de la Fuente, en Gredos.

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Eolo (principios del siglo XVII), óleo sobre lienzo de 140 x 126 cm., de Pedro Pablo Rubens. Museo del Prado, Madrid

3. (ἤδη κύματι κῦμα κυλίνδετο = Ya en su rodar una ola daba alcance a otra = 314). Iliada XI 307; aquí 305-308:

ὡς ὁπότε νέφεα Ζέφυρος στυφελίξῃ

ἀργεστᾶο Νότοιο βαθείῃ λαίλαπι τύπτων·

πολλὸν δὲ τρόφι κῦμα κυλίνδεται, ὑψόσε δ’ ἄχνη

σκίδναται ἐξ ἀνέμοιο πολυπλάγκτοιο ἰωῆς·

Como el Céfiro agita y se lleva en furioso torbellino las nubes que el veloz Noto reuniera y gruesas olas se levantan y la espuma llega a lo alto por el soplo del errabundo viento.

Traducción de Lluís Segalà.

4. (καὶ νότος εἰς βορέην μεγάλας ἐφέηκεν ἀπειλάς = el Noto contra el Bóreas profería grandes amenazas = 317). Odisea V 331 s.:

ἄλλοτε μέν τε νότος βορέῃ προβάλεσκε φέρεσθαι,

ἄλλοτε δ’ αὖτ’ εὖρος ζεφύρῳ εἴξασκε διώκειν.

unas veces el Noto la arrojaba al Bóreas, para que se la llevase, y en otras ocasiones el Euro la cedía al Céfiro a fin de que este la persiguiera.

5. (πολλάκι μὲν λιτάνευε = Mil veces elevó su súplica = 320). La plegaria de Leandro en las aguas es similar a la de Odiseo en Odisea V, 445 s.:

«κλῦθι, ἄναξ, ὅτις ἐσσί· πολύλλιστον δέ σ’ ἱκάνω

φεύγων ἐκ πόντοιο Ποσειδάωνος ἐνιπάς.

αἰδοῖος μέν τ’ ἐστὶ καὶ ἀθανάτοισι θεοῖσιν,

ἀνδρῶν ὅς τις ἵκηται ἀλώμενος, ὡς καὶ ἐγὼ νῦν

σόν τε ῥόον σά τε γούναθ’ ἱκάνω πολλὰ μογήσας.

ἀλλ’ ἐλέαιρε, ἄναξ· ἱκέτης δέ τοι εὔχομαι εἶναι.

-¡Óyeme, oh soberano, quienquiera que seas! Vengo a ti, tan deseado, huyendo del ponto y de las amenazas de Poseidón. Es digno de respeto aun para los inmortales dioses el hombre que se presenta errabundo, como llego ahora a tu corriente y a tus rodillas después de pasar muchos trabajos. ¡Oh, rey, apiádate de mi, ya que me glorío de ser tu suplicante!

Traducción de Lluís Segalà.

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Odiseo en la corte de Alcínoo (1814-1815), óleo sobre lienzo de 58o  x 380 cm., de Francesco Hayez. Galería Naciona de Capodimonte, Nápoles

Cf. también la súplica de Leandro a las olas en Marcial, Libro de los espectáculos XXIX:

XXVb

Cum peteret dulces audax Leandros amores

Et fessus tumidis iam premeretur aquis,

Sic miser instantes adfatus dicitur undas:

“Parcite dum propero, mergite cum redeo.”

XXV b Leandro sobre las olas

Dirigiéndose el audaz Leandro hacia sus dulces amores y, cansado, viéndose apurado por lo encrespado de las aguas, se dice que el desgraciado dirigió esta súplica a las amenazantes olas: “Perdonadme cuando tengo prisa por llegar, sumergidme cuando vuelva”.

Y Epigramas XIV, 181:

CLXXXI Leandros marmoreus

Clamabat tumidis audax Leandros in undis:

“Mergite me, fluctus, cum rediturus ero.”

CLXXXI Leandro marmóreo

Clamaba el audaz Leandro en las húmedas olas: “Sumergidme, olas, cuando haya de regresar”.

Traducción de José Guillén, en Institución “Fernando el Católico” (CSIC), Zaragoza, 2004).

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Comenzamos en el primer capítulo de esta serie a hablar sobre el adjetivo sibilino y trazamos su relación, lógicamente, con la Sibila, esa mujer sabia, o profetisa, a la que los antiguos griegos y romanos atribuyeron espíritu profético. Asimismo, aportamos textos de Platón y Aristófanes, que hablan de una sola Sibila.

Seguimos, pues, con algunas fuentes sobre la Sibila.

Parece que ni Plutarco, Los oráculos de la Pitia 10:

“ἰχνοσκοποῦντι καὶ στιβεύοντι διὰ τῶν εὐλόγων τὸ μέλλον ὅμοιός ἐστι. Σίβυλλαι δ᾽αὗται καὶ Βάκιδες ὥσπερ εἰς πόντον ἀτεκμάρτως τὸν χρόνον κατέβαλον καὶ διέσπειραν ὡς ἔτυχε παντοδαπῶν ὀνόματα καὶ ῥήματα παθῶν καὶ συμπτωμάτων: οἷς, γιγνομένων ἐνίων ἀπὸ τύχης, ὁμοίως ψεῦδός ἐστι τὸ νῦν λεγόμενον, κἂν ὕστερον ἀληθές, εἰ τύχοι, γένηται.”

se asemeja a aquel que le sigue la pista y rastrea el futuro por medio de probabilidades, mientras que esas Sibilas y Bácides dejan caer indiscriminadamente a lo largo del tiempo como en un océano y diseminan según cuadra palabras y frases de sucesos y acon­tecimientos de todas clases; a propósito de los cuales, aunque algunos lleguen a ocurrir por casualidad de un modo semejante, es mentira lo que en el momento presente se dice, aun cuando más tarde, si cuadra, llegue a ser verdad.»

(Traducción de José Antonio Fernández Delgado en Gredos)

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ni el pasaje del Pseudo-Aristóteles, en Problémata XXX, 954a 36, que Plutarco parece tener presente, donde se menciona a éstas y aquéllos junto con “todos los inspirados” son una excepción a esta existencia de una sola Sibila. Éste es el texto pseudo-aristotélico:

τοῖς μὲν οὖν πολλοῖς ἀπὸ τῆς καθ᾿ ἡμέραν τροφῆς ἐγγινομένη οὐδὲν τὸ ἦθος ποιεῖ διαφόρους, ἀλλὰ μόνον νόσημά τι μελαγχολικὸν ἀπειργάσατο. ὅσοις δὲ ἐν τῷ φύσει συνέστη κρᾶσις τοιαύτη, εὐθὺς οὗτοι τὰ ἤθη γίνονται παντοδαποί, ἄλλος κατ᾿ ἄλλην κρᾶσιν· οἷον ὅσοις μὲν πολλὴ καὶ ψυχρὰ ἐνυπάρχει, νωθροὶ καὶ μωροί, ὅσοις δὲ λίαν πολλὴ καὶ θερμή, μανικοὶ καὶ εὐφυεῖς καὶ ἐρωτικοὶ καὶ εὐκίνητοι πρὸς τοὺς θυμοὺς καὶ τὰς ἐπιθυμίας, ἔνιοι δὲ καὶ λάλοι μᾶλλον. πολλοὶ δὲ καὶ διὰ τὸ ἐγγὺς εἶναι τοῦ νοεροῦ τόπου τὴν θερμότητα ταύτην νοσήμασιν ἁλίσκονται μανικοῖς ἢ ἐνθουσιαστικοῖς, ὅθεν Σίβυλλαι καὶ Βάκιδες καὶ οἱ ἔνθεοι γίνονται πάντες, ὅταν μὴ νοσήματι γένωνται ἀλλὰ φυσικῇ κράσει.

 Así pues, a la mayoría de la gente la bilis que se produce del alimento diario no les hace diferentes de carácter, sino solo les provoca alguna enfermedad de la bilis negra. Sin embargo, aquellos cuyo temperamento se conformó así por naturaleza, estos son desde siempre de caracteres variados, de acuerdo con el temperamento diferente de cada uno. Por ejemplo, aquellos cuya bilis negra es abundante y fría son perezosos y estúpidos; los que la tienen demasiado abundante y caliente son extravagantes, de buenas dotes, enamoradizos y fácilmente se dejan llevar por sus impulsos y deseos; algunos son también muy charlatanes. Muchos, incluso, por el hecho de que este calor se encuentra cerca de la zona del intelecto, caen afectados por las enfermedades de la locura o de la posesión divina, de donde las sibilas, los adivinos y todos los poseídos por la divinidad, cuando su disposición no proviene de una enfermedad sino de un temperamento natural.

La traducción es de Ester Sánchez Millán, en Gredos.

 

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Busto de Heráclito, Museos Capitolinos (Roma)

La siguiente fuente clásica es el fragmento 92 de Heráclito:

Οὐχ ὁρᾶις .., ὅσην χάριν ἔχει τὰ Σαπφικὰ μέλη, κηλοῦντα καὶ καταθέλγοντα τοὺς ἀκροωμένους; Σίβυλλα δὲ μαινομένωι στόματι καθ᾿ ῾Ηράκλειτον ἀγέλαστα καὶ ἀκαλλώπιστα καὶ ἀμύριστα φθεγγομένη χιλίων ἐτῶν ἐξικνεῖται τῆι φωνῆι διὰ τὸν θεόν.

¿No ves… cuánta gracia tienen los cantos de Safo, que encantan y seducen a los que los escuchan? La Sibila, en cambio, según Heráclito, con su boca delirante profiriendo palabras sin risas y sin adornos y sin perfumes, traspasa con su voz miles de años por virtud del dios.

Traducción italiana de Rodolfo Mondolfo, a su vez traducida al español por Oberdan Caletti.

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Y, puesto que hemos citado a Heráclito, traemos ahora un texto de Clemente de Alejandría, Strómata (Στρώματα, o Στρωμάτεις) I, XXI, 70, en el que se cita a Heráclito y, en concreto, este pasaje que acabamos de ofrecer.

Strómata puede traducirse por Mosaicos, Miscelánea o Mezclas, por lo compuesto y abigarrado de su contenido. En efecto, el término Stromata, que algunos traducen por “tapiz”, puede tener diversos significados. Era un título corriente en aquellos tiempos, “que permitía a los autores tratar de las más variadas cuestiones sin tener que sujetarse a un orden estricto”.

῾Ηράκλειτος γὰρ οὐκ ἀνθρωπίνως φησίν, ἀλλὰ σὺν θεῷ <τὸ> μέλλον Σιβύλλῃ πεφάνθαι. φασὶ γοῦν ἐν Δελφοῖς παρὰ τὸ βουλευτήριον δείκνυσθαι πέτραν τινά. ἐφ’ ἧς λέγεται καθίζεσθαι τὴν πρώτην Σίβυλλαν ἐκ τοῦ ῾Ελικῶνος παραγενομένην ὑπὸ τῶν Μουσῶν τραφεῖσαν. ἔνιοι δέ φασιν ἐκ Μαλιέων ἀφικέσθαι Λαμίας οὖσαν θυγατέρα τῆς Ποσειδῶνος.

70.3. Heráclito, por su parte, dice que lo futuro se manifiesta a la Sibila no humanamente, sino merced a Dios. Así, dice él, en Delfos, junto a la sala del Consejo, se puede ver una piedra sobre la que, se dice, se sentó la primera Sibila, después de haber salido del Helicón y de ser alimentada por las Musas. Otros, sin embargo, afirman que vino del [monte] Manlio y era hija de Lamia, a su vez hija de Poseidón.

 

Σαραπίων δὲ ἐν τοῖς ἔπεσι μηδὲ ἀποθανοῦσαν λῆξαι μαντικῆς φησι τὴν Σίβυλλαν, καὶ τὸ μὲν εἰς ἀέρα χωρῆσαν αὐτῆς μετὰ τελευτήν, τοῦτ᾿ εἶναι τὸ ἐν φήμαις καὶ κληδόσι μαντευόμενον, <ἐκ> δὲ τοῦ εἰς γῆν μεταβαλόντος σώματος πόας ὡς εἰκὸς ἀναφυείσης, ὅσα ἂν αὐτὴν ἐπινεμηθῇ θρέμματᾳ κατ᾿ ἐκεῖνον δήπουθεν γενόμενα τὸν τόπον, ἀκριβῆ τὴν διὰ τῶν σπλάγχνων τοῖς ἀνθρώποις προφαίνειν τοῦ μέλλοντος δήλωσιν γράφει, τὴν δὲ ψυχὴν αὐτῆς εἶναι τὸ ἐν τῇ σελήνῃ φαινόμενον πρόσωπον οἴεται. Τάδε μὲν περὶ Σιβύλλης

 70.4. Sarapión dice en su poema que la Sibila no deja de profetizar incluso después de muerta, porque lo que de ella se esfumó por los aires después de su muerte andaba todavía vaticinando con señales y presagios; y de su cuerpo, descompuesto en la tierra, crece una hierba, como es natural, y escribe que cuantos animales, allegados sin duda a aquel lugar, la comen, también predicen con exactitud la indicación del futuro a los hombres por medio de las entrañas; y supone que el alma de la Sibila es el rostro que aparece en la luna.

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Y regresamos a la Paideia de Werner Jaeger, cuyo apartado Sócrates, educador, dentro del capítulo II (La herencia de Sócrates), del libro III (En busca del centro divino), páginas 403 a 457 glosamos. Vamos con las páginas 415, 416, parte de la 417 y 423:

“Jamás, mientras viva, dejaré de filosofar, de exhortaros a vosotros y de instruir a todo el que encuentre, diciéndole según mi modo habitual: Querido amigo, eres un ateniense, un ciudadano de la mayor y más famosa ciudad del mundo por su sabiduría y su poder, y ¿no te avergüenzas de velar por tu fortuna y por tu constante incremento, por tu prestigio y tu honor, sin que en cambio te preocupes para nada por conocer el bien y la verdad ni de hacer que tu alma sea lo mejor posible? Y si alguno de vosotros lo pone en duda y sostiene que sí se preocupa de eso, no le dejaré en paz ni seguiré tranquilamente mi camino, sino que le interrogaré, le examinaré y le refutaré, y si me parece que no tiene areté alguna, sino que simplemente la aparenta, le increparé diciéndole que siente el menor de los respetos por lo más respetable y el respeto más alto por lo que menos respeto merece. Y esto lo haré con los jóvenes y los viejos, con todos los que encuentre, con los de fuera y los de dentro; pero sobre todo con los hombres de esta ciudad, puesto que son por su origen los más cercanos a mí. Pues sabed que así me lo ha ordenado Dios, y creo que en nuestra ciudad no ha habido hasta ahora ningún bien mayor para vosotros que este servicio que yo rindo a Dios. Pues todos mis manejos se reducen a moverme por ahí, persuadiendo a jóvenes y viejos de que no se preocupen tanto ni en primer término por su cuerpo y por su fortuna como por la perfección de su alma.”

La “filosofía” que Sócrates profesa aquí no es un simple proceso teórico de pensamiento, sino que es al mismo tiempo una exhortación y una educación. Al servicio de estos fines se hallan asimismo el examen y la refutación socráticos de todo saber aparente y de toda excelencia (areté = ἀρητή) puramente imaginaria. Este examen no es más que una parte de todo el proceso, tal como Sócrates lo expone. Una parte que parece ser, ciertamente, el aspecto más original de él.

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Pero antes de entrar en la esencia de este dialéctico “examen del hombre”, que suele considerarse como lo esencial de la filosofía socrática, puesto que contiene el elemento teórico más vigoroso de ella, debemos fijarnos más detenidamente en las palabras preliminares de exhortación. La comparación que se establece entre el contenido material de vida del hombre de negocios ávido de dinero y el postulado superior de vida proclamado por Sócrates descansa en la idea de la preocupación o del cuidado consciente del hombre para los bienes más apreciados por él. Sócrates exige que, en vez de preocuparse de los ingresos, el hombre se preocupe del alma (ψυχῆς θεραπεία). Este concepto, que aparece al comienzo del diálogo, se presenta de nuevo al final de él.

Por lo demás, no se dice nada para demostrar el valor superior del alma en comparación con los bienes materiales o con el cuerpo. Se considera como algo evidente, de por sí y que se da por supuesto, por mucho que los hombres lo posterguen en su conducta práctica. Para el hombre de hoy esto no tiene nada de sorprendente, por lo menos en teoría; más bien constituye para él algo trivial. Pero este postulado ¿sería tan evidente para los griegos de aquella época como para nosotros, herederos de una tradición de dos mil años de cristianismo?

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En el diálogo preliminar del Protágoras platónico, diálogo sostenido en el patio de la casa de Sócrates, la exhortación de éste parte también del “alma en peligro”. El móvil del “peligro” es típico de Sócrates en relación con estas otras ideas y se halla íntimamente vinculado con el llamamiento al “cuidado del alma”. Sócrates habla como un médico cuyo paciente fuese no el hombre físico, sino el hombre interior. En los socráticos abundan extraordinariamente los pasajes en que se habla del cuidado del alma, o de la preocupación por el alma, como la misión suprema del hombre. Hemos dado aquí con la médula de la propia conciencia que Sócrates tenía de su contenido y de su misión: es una misión educativa, que se interpreta a sí misma como “servicio de Dios”. Este carácter religioso de su misión se basa en el hecho de que se trata precisamente de la “cura del alma”, pues el alma es para él lo que hay de divino en el hombre. Sócrates caracteriza más concretamente el cuidado del alma como el cuidado por el conocimiento del valor y de la verdad, frónesis (φρώνησις) y alétheia (ἀλήθεια) . El alma se separa del cuerpo con la misma nitidez que de los bienes materiales. La separación entre el alma y el cuerpo traza directamente la jerarquía socrática de los valores y una nueva teoría, claramente graduada, de los bienes, teoría que coloca en el plano más alto los bienes del alma, en segundo lugar, los bienes del cuerpo y en último término los bienes materiales como fortuna y poder.

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La experiencia socrática del alma como fuente de los supremos valores humanos dio a la existencia aquel giro hacia el interior que es característico de los últimos tiempos de la Antigüedad. De este modo, la virtud y la dicha se desplazaron al interior del hombre. Un rasgo significativo de la conciencia con que Sócrates daba este paso lo tenemos en el hecho de que insistiese en que las artes plásticas no se contentasen tampoco con reproducir la belleza física, sino que aspirasen a reproducir también la expresión del ser moral (ἀπομιμεῖσθαι τὸ τῆς ψυχῆς ἦθος). Este postulado aparece como algo completamente nuevo en el diálogo con el pintor Parrasio, que reproduce Jenofonte, y el gran artista expresa la duda de que la pintura sea capaz de penetrar en el mundo de lo invisible y lo asimétrico. Jenofonte presenta la cosa como si la preocupación de Sócrates por el alma fuese la que abre por vez primera este campo al arte de la época. El ser físico, sobre todo la cara del hombre, es para Sócrates el espejo de su interior y sus cualidades, y sólo de un modo vacilante y paso a paso se va acercando el artista a esta gran verdad. La historia tiene un valor simbólico. Cualquiera que sea el modo como concibamos las relaciones entre el arte y la filosofía en aquel periodo, correspondía sin duda a la filosofía, según el criterio de nuestro autor, guiar los pasos por el camino hacia el continente recién descubierto del alma.

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Hablábamos en el anterior capítulo del verso 286 del poema de Museo el Gramático, Hero y Leandro = A ocultas de sus padres = ἑοὺς λήθουσα τοκῆας.

Nos referíamos a sus ecos en Ilíada XIV, 296.

Tenemos también la imitación de Antología Palatina IX 381, 11 (Anónimo):

ΓΡΑΜΜΑΤΙΚΟΥ ΤΙΝΟΣ

᾿Ακτῇ ἐπὶ προὐχούσῃ, ἐπὶ πλατεῖ ῾Ελλησπόντῳ,

παρθένος αἰδοίη ὑπερώιον εἰσαναβᾶσα

πύργῳ ἐφεστήκει γοόωσά τε μυρομένη τε·

χρύσεον λύχνον ἔχουσα φάος περικαλλὲς ἐποίει,

κεῖνον ὀιομένη τὸν κάμμορον, εἴ ποθεν ἔλθοι

νηχόμενος, καὶ λαῖτμα τάχισθ᾿ ἁλὸς ἐκπεράασκε

νύκτα δι᾿ ἀμβροσίην, ὅτε θ᾿ εὕδουσι βροτοὶ ἄλλοι·

ῥόχθει γὰρ μέγα κῦμα ποτὶ ξερὸν ἠπείροιο.

ὅσσαι γὰρ νύκτες τε καὶ ἡμέραι ἐκγεγάασι,

παρθένος ἠίθεός τ᾿ ὀαρίζετον ἀλλήλοισιν

εἰς εὐνὴν φοιτῶντε φίλους λήθοντε τοκῆας,

οἳ Σηστὸν καὶ ῎Αβυδον ἔχον καὶ δῖαν ᾿Αρίσβην.

Ya hablamos en el capítulo VII de este epigrama, que es un centón homérico, formado por entero con versos de la Ilíada y la Odisea, que hemos indicado en la traducción, que es de Jose Manuel Pabón para la Odisea y Emilio Crespo Güemes, en el caso de la Ilíada. En este centón aparece casualmente el verso 296 de la Ilíada XIV del que acabamos de hablar:

Sobre un cabo eminente a la orilla del ancho Helesponto, (Odisea XXIV, 82)

La pudorosa doncella había subido al piso superior (Ilíada II, 514)

Sobre la torre estaba de pie, llorando y gimiendo (Ilíada VI, 373)

Con lucerna de oro que daba hermosísima lumbre (Odisea XIX, 34)

Pensando en aquel infeliz por si acaso volviera (Odisea II, 350)

Nadando, y atraviesa a toda carrera la sima del agua (Odisea VIII, 561)

En medio de la lóbrega noche, cuando los demás mortales duermen. (Ilíada X, 83)

Rebramaba el inmenso oleaje rompiéndose en seco. (Odisea V, 402)

Ni una noche ni un día nos vienen, (Odisea XIV, 93)

Ni de las ternuras que una doncella y un mozo se intercambian. (Iliada XXII, 128)

Cuando ambos acudieron al lecho a escondidas de sus padres (Ilíada XIV, 296)

Y poseían Sesto, Abido, y la límpida Arisba. (Ilíada II, 836)

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Y seguimos con las notas al fragmento 281-292 del poemita de Museo

  1. (Doncella era de día, mujer de noche = παρθένος ἠματίη, νυχίη γυνή = 287). Para esta lograda alusión a la “doble vida” de Hero ha podido quizá inspirarse Museo tanto en el célebre tejer diurno y destejer nocturno de Penélope en la Odisea como en las parecidas palabras de la pastora Acrotima en Teócrito XXVII, 65:

ΔΑ. ταῦροι, καλὰ νέμεσθ᾿, ἵνα παρθένῳ ἄλσεα δείξω.

ΚΟ. τί ῥέζεις, σατυρίσκε; τί δ᾿ ἔνδοθεν ἅψαο μαζῶν;

ΔΑ. μᾶλα τεὰ πράτιστα τάδε χνοάοντα διδάξω.

ΚΟ. ναρκῶ, ναὶ τὸν Πᾶνα. τεὴν πάλιν ἔξελε χεῖρα.

ΔΑ. Θάρσει, κῶρα φίλα. τί μοι ἔτρεμες; ὡς μάλα δειλά.

ΚΟ. Βάλλεις εἰς ἀμάραν με καὶ εἵματα καλὰ μιαίνεις.

ΔΑ. ἀλλ᾿ ὑπὸ σοὺς πέπλους ἁπαλὸν νάκος ἠνίδε βάλλω.

ΚΟ. φεῦ φεῦ, καὶ τὰν μίτραν ἀπέσχισας. ἐς τί δ᾿ ἔλυσας;

ΔΑ. Τᾷ Παφίᾳ πράτιστον ἐγὼ τόδε δῶρον ὀπάζω.

ΚΟ. μίμνε, τάλαν· τάχα τίς τοι ἐπέρχεται· ἦχον ἀκούω.

ΔΑ. ἀλλήλαις λαλέουσι τεὸν γάμον αἱ κυπάρισσοι.

ΚΟ. ἀμπεχόνην ποίησας ἐμὴν ῥάκος· εἰμὶ δὲ γυμνά.

ΔΑ. ἄλλην ἀμπεχόνην τῆς σῆς τοι μείζονα δώσω.

ΚΟ. φῄς μοι πάντα δόμεν· τάχα δ᾿ ὕστερον οὐδ᾿ ἅλα δοίης.

ΔΑ. αἴθ᾿ αὐτὰν δυνάμαν καὶ τὰν ψυχὰν ἐπιβάλλειν.

ΚΟ. ῎Αρτεμι, μὴ νεμέσα σέο ῥήμασιν οὐκέτι πιστῇ.

ΔΑ. ῥέξω πόρτιν ῎Ερωτι καὶ αὐτὰ βοῦν ᾿Αφροδίτᾳ

ΚΟ. παρθένος ἔνθα βέβηκα, γυνὴ δ᾿ εἰς οἶκον ἀφέρπω.

ΔΑ. ἀλλὰ γυνὴ μήτηρ τεκέων τροφός, οὐκέτι κώρα.

 

teocritoidilios

DAFNIS. – Pastad bien, toros, que yo voy a enseñar los bosques a esta doncella.

MUCHACHA-. ¿Qué haces, satirillo? ¿Por qué me coges los pechos por dentro?

DAFNIS. – Antes que nada, voy a enseñar a estas aterciopeladas manzanitas que aquí tienes.

MUCHACHA-. No puedo más, por Pan. Quita esa mano.

DAFNIS. – No pasa nada, cariño. ¿Por qué me tienes miedo? A fe que eres tímida.

MUCHACHA-. ¡Que me echas a la acequia, que me manchas mi hermoso vestido!

DAFNIS. – NO, mira, pongo debajo de tu ropa esta suave zalea.

MUCHACHA-. Ay, ay, me has roto también el cinturón. ¿Por qué me lo has soltado?

DAFNIS. – A la diosa de Pafos, primero, le hago yo esta ofrenda.

MUCHACHA-. Para, bribón; seguro que viene alguien, oigo ruido.

DAFNIS. – Son los cipreses que hablan entre ellos de tu boda.

MUCHACHA-. Me has dejado el manto hecho jirones, estoy desnuda.

DAFNIS. – Yo te daré otro manto más grande que el que tienes.

MUCHACHA-. Dices que me lo das todo, pero luego puede que no me des ni sal.

DAFNIS. – iOjalá pudiera añadir hasta mi propia alma!

MUCHACHA-. Ártemis, no te irrites con quien no guarda ya tus mandatos

DAFNIS. – Sacrificaré una ternera a Amor y una vaca a la propia Afrodita.

MUCHACHA-. Doncella vine aquí, y mujer marcho a casa.

DAFNIS. – Mujer y madre que ha de criar hijos, ya no muchacha.

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 2. (Hacer retroceder el Día hasta su puesta = κατελθέμεν εἰς δύσιν ἠῶ = 288). Museo recrea aquí el concepto erótico de la palindromía (o “recorrido inverso”) del Sol, ya tratado por la poesía helenística: cf., por ejemplo, Antología Palatina V, 172-173 (Meleagro). Los amantes desean poder invertir el curso del Sol para poder disfrutar de una noche de amor más larga.

῎Ορθρε, τί μοι, δυσέραστε, ταχὺς περὶ κοῖτον ἐπέστης,

ἄρτι φίλας Δημοῦς χρωτὶ χλιαινομένῳ;

εἴθε πάλιν στρέψας ταχινὸν δρόμον ῞Εσπερος εἴης,

ὦ γλυκὺ φῶς βάλλων εἰς ἐμὲ πικρότατον.

ἤδη γὰρ καὶ πρόσθεν ἐπ᾿ ᾿Αλκμήνην Διὸς ἦλθες

ἀντίος· οὐκ ἀδαής ἐσσι παλινδρομίης.

¿Por qué tú, aurora, enemiga del amor, te colocas tan rápido junto a mi cama, justo cuando estoy sobre el cuerpo cálido de mi querida Demo? ¡Ojalá revirtiendo tu rápida carrera fueras de nuevo el atardecer, oh luz brillante que caes sobre mí muy amarga!

Pues ya antes llegaste ante Zeus que yacía sobre Alcmena. No eres inexperta en volver sobre tus pasos

῎Ορθρε, τί νῦν, δυσέραστε, βραδὺς περὶ κόσμον ἑλίσσῃ,

ἄλλος ἐπεὶ Δημοῦς θάλπεθ᾿ ὑπὸ χλανίδι;

ἀλλ’ ὅτε τὰν ῥαδινὰν κόλποις ἔχον, ὠκὺς ἐπέστης,

ὡς βάλλων ἐπ᾿ ἐμοὶ φῶς ἐπιχαιρέκακον.

¿Por qué tú ahora, aurora, enemiga del amor, lentamente das vueltas alrededor del mundo, cuando otro se calienta bajo el manto de Demo? Pero cuando tenía a mi esbelta amada en mi seno, rápida te presentabas, para lanzar sobre mí una luz que se regocijaba en mi infortunio.

antologiapalatinacasini

sibilino

Usamos el adjetivo sibilino, para referirnos, generalmente, a una persona o acción señalando que es oscura o parece encerrar un secreto importante, que es susceptible de tener varias interpretaciones. También se suele usar para calificar al lenguaje que crea un clima de misterio, con pretensiones de profundidad: Siempre habla de manera sibilina, incluso para decir cosas sin importancia.

Como sinónimos de sibilino podemos usar enigmático, misterioso, recóndito, oscuro, hermético, esotérico, confuso, impenetrable.

En la red hemos visto muchos ejemplos de la expresión sibilino, aplicado a sustantivos como forma, manera, lengua, presencia, persona o agravante. He aquí algunos:

El anonimato que este medio facilita da lugar a farsantes con lengua sibilina como usted sin dar pruebas de nada.

 Esto es una “sibilina forma de reconocer una falsa unidad de la lengua”.

 Este texto me sirve para ilustrar lo que los psicólogos llamamos conducta pasivo – agresiva. La conducta pasivo agresiva es una forma sibilina de mostrar el enfado, una forma de tirar la piedra y esconder la mano donde en vez de enfrentar lo que nos pasa aprendemos a frustrar cualquier iniciativa que la otra persona pueda tomar en la relación con nosotros.

 Hay personas que agotan, que engullen tu tiempo, la paciencia y tu energía. Son presencias sibilinas doctoradas en promesas incumplidas que nunca están en paz y siembran guerras con el mundo entero. Por eso, hemos de ser selectos y sabios en nuestras relaciones y rodearnos solo de ellas: de las personas que inspiran.

 He conocido a una persona así. Su condición femenina parece que le añade un agravante de perversión, un agravante sibilino, sinuoso, inextricable, casi misterioso.

 Una mención especial merecen aquellas personas tan sibilinas que son capaces de usar el y tú más sin que haya ni siquiera un comentario previo hacia ellas. Conscientes de sus propias limitaciones lanzan un ataque con la esperanza que de ese modo no se descubran sus propias debilidades y carencias.

 

De la palabra “sibilino” (del latín sibyllinus, y éste del griego σιβύλλειος) dice el diccionario de la RAE lo siguiente:

  1. adjetivo Perteneciente o relativo a la sibila.
  2. adjetivo Misterioso u oscuro, a veces con apariencia de importante.

De sibila (del latín sibylla, y éste del griego σίβυλλα) dice:

  1. Mujer sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.

fedro-de-platon-biblioteca-gredos

Los escritores antiguos sólo reconocen una Sibila. Así leemos en Platón Fedro 244b:

ἥ τε γὰρ δὴ ἐν Δελφοῖς προφῆτις αἵ τ᾽ ἐν Δωδώνῃ ἱέρειαι μανεῖσαι μὲν πολλὰ δὴ καὶ καλὰ ἰδίᾳ τε καὶ δημοσίᾳ τὴν Ἑλλάδα ἠργάσαντο, σωφρονοῦσαι δὲ βραχέα ἢ οὐδέν: καὶ ἐὰν δὴ λέγωμεν Σίβυλλάν τε καὶ ἄλλους, ὅσοι μαντικῇ χρώμενοι ἐνθέῳ πολλὰ δὴ πολλοῖς προλέγοντες εἰς τὸ μέλλον ὤρθωσαν, μηκύνοιμεν ἂν δῆλα παντὶ λέγοντες. τόδε μὴν ἄξιον ἐπιμαρτύρασθαι, ὅτι καὶ τῶν παλαιῶν οἱ τὰ ὀνόματα τιθέμενοι οὐκ αἰσχρὸν ἡγοῦντο οὐδὲ ὄνειδος μανίαν:

Porque la profetisa de Delfos, efectivamente, y las sacerdotisas de Dodona, es en pleno delirio cuando han sido causa de muchas y hermosas cosas que han ocurrido en la Hélade, tanto privada s como públicas, y pocas o ninguna, cuando estaban en su sano juicio. Y no digamos ya de la Sibila y de cuantos, con divino vaticinio, predijeron acertadamente, a muchos, muchas cosas para el futuro. Pero si nos alargamos ya con estas cuestiones, acabaríamos diciendo lo que ya es claro a todos. Sin embargo, es digno de traer a colación el testimonio de aquellos, entre los hombres de entonces, que plasmaron los nombres y que no pensaron que fuera algo par a avergonzarse o una especie de oprobio la manía.

La traducción es de Emilio LLedó Íñigo, en Gredos.

También Aristófanes, en La Paz 1095, cita a “la Sibila”, como si fuera una sola:

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Ἱεροκλῆς

ποῖον γὰρ κατὰ χρησμὸν ἐκαύσατε μῆρα θεοῖσιν;

Τρυγαῖος

ὅνπερ κάλλιστον δήπου πεποίηκεν Ὅμηρος:

‘ὣς οἱ μὲν νέφος ἐχθρὸν ἀπωσάμενοι πολέμοιο

Εἰρήνην εἵλοντο καὶ ἱδρύσανθ᾽ ἱερείῳ.

αὐτὰρ ἐπεὶ κατὰ μῆρ᾽ ἐκάη καὶ σπλάγχν᾽ ἐπάσαντο,

ἔσπενδον δεπάεσσιν: ἐγὼ δ᾽ ὁδὸν ἡγεμόνευον:’

χρησμολόγῳ δ᾽ οὐδεὶς ἐδίδου κώθωνα φαεινόν.

Ἱεροκλῆς

οὐ μετέχω τούτων: οὐ γὰρ ταῦτ᾽ εἶπε Σίβυλλα.

Τρυγαῖος

ἀλλ᾽ ὁ σοφός τοι νὴ Δί᾽ Ὅμηρος δεξιὸν εἶπεν:

‘ἀφρήτωρ ἀθέμιστος ἀνέστιός ἐστιν ἐκεῖνος,

ὃς πολέμου ἔραται ἐπιδημίου ὀκρυόεντος.’

 

Hierocles: ¿En obediencia a que oráculo asáis estas piernas para los dioses?

Trigeo: Al más bello de cuantos compuso Homero: “Así ellos, la nube enemiga de Guerra alejando de sí, a Paz eligieron y la instalaron en un santuario; y luego, una vez consumidos los fémures y desparramadas las vísceras, libación hacían en las copas y yo camino abría”; y nadie le daba al recitador de oráculos un brillante copón.

Hierocles: Nada tengo que ver con eso; eso no es lo que dijo la Sibila.

Trigeo: Pero, por Zeus, el sabio Homero dijo atinadamente: Sin familia, sin ley y sin hogar es aquel que ama la guerra, plaga horrorosa que en el pueblo se asienta” (Ilíada IX, 63-64 =

ἀφρήτωρ ἀθέμιστος ἀνέστιός ἐστιν ἐκεῖνος

ὃς πολέμου ἔραται ἐπιδημίου ὀκρυόεντος.)

 

La traducción es de Luis M. Macía Aparicio, en Gredos.

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Haciendo un alto en la obra Paideia de Jaeger, cuyo apartado Sócrates, educador, dentro del capítulo II (La herencia de Sócrates), del libro III (En busca del centro divino), páginas 403 a 457, estamos glosando, volvemos a las fuentes clásicas sobre el sabio ateniense.

Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos, II, 28

Ἦν δ’ ἱκανὸς καὶ τῶν σκωπτόντων αὐτὸν ὑπερορᾶν. καὶ ἐσεμνύνετο ἐπὶ τῇ εὐτελείᾳ, μισθόν τε οὐδένα εἰσεπράξατο. καὶ ἔλεγεν ἥδιστα ἐσθίων ἥκιστα ὄψου προσδεῖσθαι· καὶ ἥδιστα πίνων ἥκιστα τὸ μὴ παρὸν ποτὸν ἀναμένειν· καὶ ἐλαχίστων δεόμενος ἔγγιστα εἶναι θεῶν. τοῦτο δ’ ἐνέσται καὶ παρὰ τῶν κωμῳδοποιῶν λαβεῖν, οἳ λανθάνουσιν ἑαυτοὺς δι’ ὧν σκώπτουσιν ἐπαινοῦντες αὐτόν. Ἀριστοφάνης μὲν οὕτως·

ὦ τῆς μεγάλης ἐπιθυμήσας σοφίας ἄνθρωπε δικαίως,

ὡς εὐδαίμων παρ’ Ἀθηναίοις καὶ τοῖς Ἕλλησι διάξεις.

εἶ γὰρ μνήμων καὶ φροντιστής, καὶ τὸ ταλαίπωρον ἔνεστιν

ἐν τῇ γνώμῃ, κοὔτε τι κάμνεις οὔθ’ ἑστὼς οὔτε βαδίζων, οὔτε ῥιγῶν ἄχθει λίαν, οὔτ’ ἀρίστων ἐπιθυμεῖς, οἴνου τ’ ἀπέχει κἀδηφαγίας καὶ τῶν ἄλλων ἀνοήτων.

Ἀμειψίας δ’ ἐν τρίβωνι παράγων αὐτὸν φησὶν οὕτως·

Σώκρατες ἀνδρῶν βέλτιστ’ ὀλίγων, πολλῷ δὲ ματαιόταθ’, ἥκεις

καὶ σὺ πρὸς ἡμᾶς. καρτερικός γ’ εἶ. πόθεν ἄν σοι χλαῖνα γένοιτο;

β. τουτὶ τὸ κακὸν κατ’ ἐπήρειαν τῶν σκυτοτόμων γεγένηται.

α. οὗτος μέντοι πεινῶν οὕτως οὐπώποτ’ ἔτλη κολακεῦσαι.

τοῦτο δ’ αὐτοῦ τὸ ὑπεροπτικὸν καὶ μεγαλόφρον ἐμφαίνει καὶ Ἀριστοφάνης λέγων οὕτως,

ὅτι βρενθύει τ’ ἐν ταῖσιν ὁδοῖς, καὶ τὠφθαλμὼ παραβάλλεις,

κἀνυπόδητος κακὰ πόλλ’ ἀνέχει, κἀν ἡμῖν σεμνοπροσωπεῖς.

 

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Tenía ánimo para sufrir a cuantos lo molestaban y perseguían. Amaba la frugalidad en la mesa, y nunca pidió recompensa de sus servicios. Decía que «quien come con apetito, no necesita de viandas exquisitas; y el que bebe con gusto, no busca bebidas que no tiene a mano». Esto se puede ver aún en los poetas cómicos, los cuales lo alaban en lo mismo que presumen vituperado. Así habla de él Aristófanes:

¡Oh tú, justo amador de la sapiencia,

cuán felice serás con los de Atenas,

y entre los otros griegos cuán felice!

Y luego:

Si memoria y prudencia no te faltan,

y en las calamidades sufrimiento,

no te fatigarás si en pie estuvieres,

sentado, o caminando.

Tú no temes el frío ni la hambre,

abstiéneste del vino y de la gula,

con otras mil inútiles inepcias.

Amipsias lo pinta con palio, y dice:

¡Oh Sócrates, muy bueno entre los pocos,

y todo vanidad entre los muchos!

¡Finalmente, aquí vienes y nos sufres!

aristofanes

Ese grosero manto 

¿de dónde lo tomaste?

Esa incomodidad seguramente

nació de la malicia del ropero.

Por más hambre que tuviese, nunca pudo hacer de parásito.

Cuánto aborrecía esta vergonzosa adulación lo testifica Aristófanes, diciendo:

Lleno de vanidad las calles andas,

rodeando la vista a todas partes.

Caminando descalzo, y padeciendo

trabajos sin cesar, muestras, no obstante,

siempre de gravedad cubierto el rostro.

 

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Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos, II, 35

 Ταῦτα δὴ καὶ τοιαῦτα λέγων καὶ πράττων πρὸς τῆς Πυθίας ἐμαρτυρήθη, Χαιρεφῶντι ἀνελούσης ἐκεῖνο δὴ τὸ περιφερόμενον,

ἀνδρῶν ἁπάντων Σωκράτης σοφώτατος.

ἀφ’ οὗ δὴ καὶ ἐφθονήθη μάλιστα· καὶ δὴ καὶ ὅτι διήλεγχε τοὺς μέγα φρονοῦντας ἐφ’ ἑαυτοῖς ὡς ἀνοήτους, καθάπερ ἀμέλει καὶ τὸν Ἄνυτον, ὡς καὶ ἐν τῷ Πλάτωνός ἐστι Μένωνι. οὗτος γὰρ οὐ φέρων τὸν ὑπὸ Σωκράτους χλευασμὸν πρῶτον μὲν ἐπήλειψεν αὐτῷ τοὺς περὶ Ἀριστοφάνην, ἔπειτα καὶ Μέλητον συνέπεισεν ἀπενέγκασθαι κατ’ αὐτοῦ γραφὴν ἀσεβείας καὶ τῶν νέων διαφθορᾶς.

Ἀπηνέγκατο μὲν οὖν τὴν γραφὴν ὁ Μέλητος, εἶπε δὲ τὴν δίκην Πολύευκτος, ὥς φησι Φαβωρῖνος ἐν Παντοδαπῇ ἱστορίᾳ· συνέγραψε δὲ τὸν λόγον Πολυκράτης ὁ σοφιστής, ὥς φησιν Ἕρμιππος, ἢ Ἄνυτος, ὥς τινες· προητοίμασε δὲ πάντα Λύκων ὁ δημαγωγός.

Ἀντισθένης δ’ ἐν ταῖς τῶν φιλοσόφων Διαδοχαῖς καὶ Πλάτων ἐν Ἀπολογίᾳ τρεῖς αὐτοῦ κατηγορῆσαί φασιν, Ἄνυτον καὶ Λύκωνα καὶ Μέλητον· τὸν μὲν Ἄνυτον ὡς ὑπὲρ τῶν δημιουργῶν καὶ τῶν πολιτικῶν ὀργιζόμενον· τὸν δὲ Λύκωνα ὑπὲρ τῶν ῥητόρων· καὶ τὸν Μέλητον ὑπὲρ τῶν ποιητῶν, οὓς ἅπαντας ὁ Σωκράτης διέσυρε. Φαβωρῖνος δέ φησιν ἐν τῷ πρώτῳ τῶν Ἀπομνημονευμάτων μὴ εἶναι ἀληθῆ τὸν λόγον τὸν Πολυκράτους κατὰ Σωκράτους· ἐν αὐτῷ γάρ, φησί, μνημονεύει τῶν ὑπὸ Κόνωνος τειχῶν ἀνασταθέντων, ἃ γέγονεν ἔτεσιν ἓξ τῆς τοῦ Σωκράτους τελευτῆς ὕστερον. καὶ ἔστιν οὕτως ἔχον.

Ἡ δ’ ἀντωμοσία τῆς δίκης τοῦτον εἶχε τὸν τρόπον· ἀνάκειται γὰρ ἔτι καὶ νῦν, φησὶ Φαβωρῖνος, ἐν τῷ Μητρῴῳ· τάδε ἐγράψατο καὶ ἀντωμόσατο Μέλητος Μελήτου Πιτθεὺς Σωκράτει Σωφρονίσκου Ἀλωπεκῆθεν· ἀδικεῖ Σωκράτης, οὓς μὲν ἡ πόλις νομίζει θεοὺς οὐνομίζων, ἕτερα δὲ καινὰ δαιμόνια εἰσηγούμενος· ἀδικεῖ δὲ καὶ τοὺς νέους διαφθείρων. τίμημα θάνατος.

 

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Estas y otras muchas cosas que decía y ejecutaba fueron causa de que la pitonisa testificase de él tan ventajosamente, dando a Querefón aquel oráculo tan sabido de todos:

Sócrates es el sabio entre los hombres.

Esto excitó contra él la envidia de muchos que se tenían también por sabios, infiriendo que el oráculo los declaraba ignorantes. Meleto y Ánito eran de éstos, como dice Platón en el diálogo Menón. No podía Ánito sufrir que Sócrates se burlase de él, e incitó primeramente a Aristófanes contra él; después indujo a Meleto a que lo acusase de impío y corrompedor de la juventud. En efecto, Meleto lo acusó y dio la sentencia Polieucto, según dice Favorino en su Historia varia. Escribió la disertación acusatoria el sofista Polícrates, como refiere Hermipo, o bien Ánito, según otros afirman; pero el orador Licón lo ordenó todo. Antístenes en las Sucesiones de los filósofos y Platón en la Apología dicen que los acusadores de Sócrates fueron tres, a saber: Ánito, Licón y Meleto. Que Ánito instaba en nombre de los artesanos y magistrados del pueblo; Licón por parte de los oradores, y Meleto por la de los poetas, a todos los cuales había reprendido Sócrates. Favorino en el libro II de sus Comentarios dice que no es de Polícrates la disertación contra Sócrates, puesto que en ella se hace mención de los muros de Atenas que restauró Conón; lo cual fue seis años después de la muerte de Sócrates, y así es la verdad.

La acusación jurada que, según Favorino, todavía se conserva en el Metroo (templo de Atenas ubicado en el ágora y dedicado a la Gran Madre de los dioses), fue como sigue: «Meleto Piteense, hijo de Meleto, acusa a Sócrates Alopecense, hijo de Sofronisco, de los delitos siguientes: Sócrates quebranta las leyes negando la existencia de los dioses que la ciudad tiene recibidos e introduciendo otros nuevos; y obra contra las mismas leyes corrompiendo la juventud. La pena debida es la muerte».

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