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Archive for 31 diciembre 2011

Segunda entrega de la trilogía dedicada al Día Mundial de la Paz. Y seguimos con Pablo VI.
En la Jornada del 1 de enero de 1972, titulada Si quieres la paz, trabaja por la justicia, continúa con sus reflexiones sobre el asunto de la paz:

Nos continuamos nuestra reflexión sobre la paz, porque tenemos un concepto vértice de ella, el de ser bien esencial y fundamental de la humanidad en este mundo; es decir, el de la civilización, del progreso, del orden, de la fraternidad.
Nos pensamos que la idea de la paz es y debe seguir siendo dominante en el acontecer humano, y que precisamente sea más apremiante, cuando y donde se vea impugnada por ideas o hechos contrarios. Es una idea necesaria, es una idea imperativa, es una idea inspiradora. Ella polariza las aspiraciones humanas, los esfuerzos, las esperanzas. Tiene razón de fin y, como tal, es base y meta de nuestra actividad, tanto individual como colectiva.
Por eso pensamos que es sumamente importante tener una idea exacta de la paz, despojándola de las pseudoconcepciones, que muy a menudo la revisten, deformándola y alterándola. Lo diremos en primer lugar a los jóvenes: la paz no es un estado de estancamiento de la vida, la cual encontraría en ella, al mismo tiempo, su perfección y su muerte: la vida es movimiento, es crecimiento, es trabajo, es esfuerzo, es conquista… ¿lo es también la paz? Sí, por la misma razón de que ella coincide con el bien Supremo del hombre peregrino en el tiempo, y este bien jamás es conquistado totalmente, sino que está siempre en trance de nueva e inagotable posesión: la paz es, por lo tanto, la idea central y motora de la fogosidad más activa…

Es difícil, pero es también indispensable, formarse el concepto auténtico de la paz. Difícil para quien cierra los ojos a esa primera intuición que nos dice que la paz es una cosa profundamente humana. Éste es el mejor camino para llegar al descubrimiento genuino de la paz: si nos ponemos a buscar dónde nace verdaderamente, nos damos cuenta de que ella hunde sus raíces en el auténtico sentido del hombre. Una paz que no sea resultado del verdadero respeto del hombre no es verdadera paz. Y, ¿como llamamos a este sentido verdadero del hombre? Lo llamamos justicia.

Y la justicia, ¿no es ella misma una diosa inmóvil? Sí, lo es en sus expresiones, que llamamos derechos y deberes y que codificamos en nuestros nobles códigos, es decir, en las leyes y en los pactos, que producen esta estabilidad de relaciones sociales, culturales, económicas, que no es lícito quebrantar: es el orden, es la paz. Pero si la justicia, es decir, todo lo que es y lo que debe ser, hiciese germinar otras expresiones mejores que las vigentes, ¿qué ocurriría?…

¿Por qué, convencidos como estamos de este clamor irreprimible, nos retrasamos tanto en dar a la paz una base que no sea la de la justicia?… Pero precisamente desde esta Sede, nuestra invitación a celebrar la paz resuena como una invitación a practicar la justicia. Opus iustitiae pax (cfr. Isaías 32, 17). Lo repetimos hoy con una fórmula más incisiva y dinámica: “si quieres la paz, trabaja por la justicia”.
Es una invitación que no ignora las dificultades para practicar la justicia: definirla ante todo y actuarla después, nunca sin algún sacrificio del propio prestigio y del propio interés. Quizá hace falta mayor magnanimidad para rendirse a las razones de la justicia y de la paz que no para luchar e imponer el propio derecho, auténtico o presunto, al adversario.

Y Nos tenemos tanta confianza, en que los ideales conjuntos de la justicia y de la paz llegarán por su propia virtud a engendrar en el hombre moderno las energías morales para que los que actúen, que esperamos es su gradual victoria. Más aún, confiamos también, cada vez más, en que el hombre moderno tenga ya por sí mismo la comprensión de los caminos de la paz, hasta el punto de hacerse a sí mismo promotor de aquella justicia que abre esos caminos y los hace recorrer con valiente y profética esperanza.

He aquí por qué nos atrevemos, una vez más, a lanzar nuestra invitación a celebrar la Jornada de la Paz; y este año 1972 bajo el signo austero y sereno de la Justicia, es decir, con el anhelo de dar vida a realizaciones que sean expresiones convergentes de sincera voluntad de justicia y de sincera voluntad de paz.

Le toca ahora a Juan Pablo II, en su mensaje del 1 de enero de 1983, titulado El diálogo por la paz, una urgencia para nuestro tiempo:

Estoy seguro de que coincido en ello con la aspiración fundamental de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Este deseo de la paz ¿no ha sido afirmado por todos los gobernantes en las felicitaciones a su nación, o en sus declaraciones referentes a otros países? ¿Qué partido político osaría abstenerse de incluir en su programa la búsqueda de la paz? En cuanto a las organizaciones internacionales, éstas han sido creadas para promover y garantizar la paz, y mantienen ese objetivo a pesar de los fracasos. La misma opinión pública, cuando no es exacerbada artificialmente por algún sentimiento apasionado de orgullo o de injusta frustración, opta por soluciones de paz; más aún, movimientos cada vez más numerosos trabajan -aun con lucidez o sinceridad que a menudo pueden dejar qué desear- para hacer tomar conciencia de la necesidad de eliminar no solamente la guerra, sino todo lo que podría llevar a la guerra. Los ciudadanos, en general, desean que un clima de paz garantice su búsqueda de bienestar, particularmente cuando se encuentran -como en nuestros días- enfrentados a una crisis económica que amenaza a los trabajadores.

Pero habrá que llegar hasta el final de esta aspiración por fortuna muy extendida: la paz no se establecerá ni se mantendrá, sin que se pongan los medios. Y el medio por excelencia es adoptar una actitud de diálogo, es introducir pacientemente los mecanismos y las fases de diálogo donde quiera que la paz está amenazada o ya comprometida, en las familias, en la sociedad, entre los países o entre los bloques de países.
La experiencia histórica, incluso la más reciente, atestigua en efecto que el diálogo es necesario para la verdadera paz. Sería fácil aducir casos en los que el conflicto parecía fatal, pero en los que la guerra ha sido evitada o abandonada, porque las partes en litigio han creído en el valor del diálogo y lo han practicado a través de largas y leales negociaciones. Al contrario, cuando ha habido conflictos -y en contra de una opinión bastante difundida, se pueden por desgracia citar más de ciento cincuenta conflictos armados después de la segunda guerra mundial-, era porque el diálogo no había tenido lugar verdaderamente o que había sido falseado, desvirtuado o restringido voluntariamente. El año que acaba de terminar ha ofrecido una vez más el espectáculo de la violencia y de la guerra; los hombres han demostrado que preferían servirse de sus armas, más que tratar de entenderse. Sí, al lado de signos de esperanza, el año 1982 dejará en muchas familias humanas un recuerdo de desolación y de ruinas, un sabor amargo de lágrimas y de muerte.

El diálogo por la paz es posible
Pero algunos, hoy día, que se consideran realistas, dudan de la posibilidad del diálogo y de su eficacia, al menos cuando las posturas son tan tensas e inconciliables que parece que no dejan lugar a ningún acuerdo. ¡Cuántas experiencias negativas, fracasos repetidos, parecerían apoyar esta visión desencantada!
Y no obstante, el diálogo por la paz es posible, siempre posible. No es una utopía. Por otra parte, incluso cuando no ha parecido posible, y se ha llegado al enfrentamiento bélico, ¿no ha sido indispensable de todos modos -después de la devastación de la guerra que ha puesto de manifiesto la fuerza del vencedor, pero no ha solucionado nada en lo que concierne a los derechos reivindicados- volver a la búsqueda del diálogo? A decir verdad, la convicción que expreso ahora no se basa en esa fatalidad sino en una realidad: en la consideración de la naturaleza profunda del hombre. Pero todo hombre, creyente o no, aun siendo muy prudente y lúcido respecto al endurecimiento posible de su hermano, puede y debe mantener suficientemente la confianza en el hombre, en su capacidad de ser razonable, en su sentido del bien, de la justicia, de la equidad, en su posibilidad de amor fraterno y de esperanza, jamás pervertidos del todo, para apostar por el recurso al diálogo y su reanudación posible. Sí, al final los hombres son capaces de superar las divisiones, los conflictos de interés, incluso los contrastes que parecen radicales, sobre todo cuando cada parte está convencida de defender una justa causa, si creen en la fuerza del diálogo, si aceptan encontrarse para buscar una solución pacífica y razonable a los conflictos. Pero hace falta que no se dejen desanimar por los fracasos reales o aparentes. Hace falta que se avengan a reanudar sin cesar un verdadero diálogo -quitando los obstáculos y desmontando los vicios del diálogo de que hablaré más adelante- a recorrer hasta el extremo este único camino que lleva a la paz, con todas sus exigencias y condiciones…

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2012, otra vez la paz (I)

El otro día asistí a una charla sobre Conflicto, paz y reconciliación en Palestina. En ella la ponente dijo con rotundidad que el conflicto palestino en absoluto es religioso. La charla estaba inscrita en el ciclo “Conflictos Olvidados” que organiza Caritas. Son, en efecto, muchos los conflictos existentes en el mundo que están latentes, olvidados y que, no obstante, causan mucho dolor y mucho sufrimiento, inadvertidos con frecuencia por la sociedad civil, y no proyectados por los medios de comunicación.

Los lectores de nuestro blog ya saben que es casi una tradición que dediquemos el primer artículo del año, el correspondiente al 1 de enero, al asunto de la paz, ya que ese día celebra la Iglesia la Jornada Mundial de la Paz, instituida por el papa Pablo VI el 1 de enero de 1968 con estas palabras:

Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar el “Día de la Paz” en todo el mundo, el primer día del año civil, 1º de enero de 1968. Sería Nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura.

Nos pensamos que esta propuesta interpreta las aspiraciones de los pueblos, de sus gobernantes, de las entidades internacionales que intentan conservar la Paz en el mundo, de las instituciones religiosas tan interesadas en promover la Paz, de los movimientos culturales, políticos y sociales que hacen de la Paz su idea, de la juventud -en quien es más viva la perspicacia de los nuevos caminos de la civilización, necesariamente orientados hacia un pacífico desarrollo- de los hombres sabios que ven cuán necesaria es hoy la Paz y al mismo tiempo cuán amenazada está.

La proposición de dedicar a la Paz el primer día del año nuevo no intenta a calificarse como exclusivamente nuestra, religiosa, es decir católica; querría encontrar la adhesión de todos los amigos de la Paz, como si fuese iniciativa suya propia, y expresarse en formas diversas, correspondientes al carácter particular de cuantos advierten cuán hermosa e importante es la armonía de todas las voces en el mundo para la exaltación de este primer bien que es la Paz, en el múltiple concierto de la humanidad moderna.

En esta ocasión dedicamos una trilogía al Día Mundial de la Paz. Usaremos palabras del creador de dicho día, Pablo VI, y de uno de sus sucesores, Juan Pablo II. Por su parte, la ONU celebra el Día Internacional de la Paz el 21 de septiembre.

Pablo VI  en su Mensaje del 1 de enero de 1970, titulado Educarse para la paz a través de la reconciliación, hace unas interesantes manifestaciones:

La humanidad camina, es decir, progresa hacia un dominio cada vez mayor del mundo; el pensamiento, el estudio, la ciencia, guían a la humanidad en esa conquista; el trabajo, los instrumentos, la técnica, realizan esa maravillosa conquista. Y ésta, ¿para qué sirve? Para vivir mejor, para vivir más. La humanidad busca su plenitud de vida en el horizonte del tiempo y la obtiene. Pero advierte que esta plenitud no sería tal si no fuese universal, es decir, si no abarcase a todos los hombres. Por esto la humanidad tiende a extender los beneficios del progreso a todos los pueblos; tiende a la unidad, tiende a la justicia, tiende a un equilibrio y a una perfección que llamamos Paz…

La Paz es el fin lógico del mundo presente; es el destino del progreso; es el orden terminal de los grandes esfuerzos de la civilización moderna… Una vez más, anunciamos la Paz porque ella es al mismo tiempo y bajo aspectos diversos principio y fin del desarrollo normal y progresivo de la sociedad moderna. Es principio, esto es, condición: como una máquina no puede funcionar bien si todas sus estructuras no corresponden al diseño según el cual fue concebida, tampoco la humanidad podrá desarrollarse eficiente y armoniosamente si la Paz no le confiere su propio equilibrio inicial. La Paz es la idea que dirige el progreso humano; es la concepción verdadera y fecunda de donde procede la mejor vida y la historia lógica de nosotros, los hombres. Es fin, esto es, coronación del esfuerzo con frecuencia laborioso y doloroso, mediante el cual nosotros los hombres tratamos de someter el mundo exterior a nuestro servicio y de organizar nuestra sociedad según un orden que refleje justicia y bienestar.

Insistimos: la Paz es la vida real del cuadro ideal del mundo humano. Pero advertimos: la Paz no es propiamente una posición estática que puede adquirirse de una vez para siempre, no es una tranquilidad inmóvil. Se entendería mal la célebre definición agustiniana que llama a la Paz “la tranquilidad en el orden” (De Civitate Dei, XIX, c. XIII; PL 7, 640) si del orden tuviésemos un concepto abstracto y no supiésemos que el orden humano es un acto más que un estado; que depende de la conciencia y de la voluntad de quien lo compone y lo disfruta más que de las circunstancias que lo favorecen; y para ser en verdad orden humano, ha de perfeccionarse siempre, es decir, ha de engendrarse y evolucionar constantemente; esto es, consiste en un movimiento progresivo, como el equilibrio del vuelo que ha de ser sostenido cada instante por un dinamismo propulsor…

La Paz no se goza; se crea. La Paz no es una meta ya alcanzada; es un nivel superior, al que todos y cada uno debemos aspirar siempre. No es una ideología soporífera; es una concepción deontológica, que nos hace a todos responsables del bien común y nos obliga a ofrecer cualquier esfuerzo nuestro a su causa, la causa verdadera de la humanidad.

Quien desee penetrar con su propio pensamiento en esta convicción descubrirá muchas cosas. Descubrirá que es necesario sobre todo reformar las ideas que guían el mundo. Descubrirá que estas ideas-fuerza son, al menos parcialmente, falsas, porque son particulares, restringidas y egoístas. Descubrirá que solamente una idea es, en el fondo, verdadera y buena: la del amor universal; es decir la de la Paz. Y descubrirá cómo esta idea es al mismo tiempo sencillísima y dificilísima; sencillísima en sí misma: el hombre está hecho para el amor, está hecho para la paz; dificilísima: ¿cómo se puede amar? ¿Cómo se puede elevar el amor a la dignidad de principio universal? ¿Cómo puede el amor tener cabida en la mentalidad del hombre moderno, envuelto en luchas, egoísmo y odio? ¿Quién puede decir de sí mismo que tiene el amor en su corazón? ¿El amor por la humanidad entera? ¿El amor por la humanidad in fieri, la humanidad del mañana, la humanidad del progreso, la humanidad auténtica, que no puede ser tal, si no está unida, pero no por la fuerza, ni por el cálculo interesado, egoísta y explotador, sino por la fraterna y amorosa concordia?

Descubrirá entonces este discípulo de la gran idea de la Paz que es necesario hoy, inmediatamente, una educación ideológica nueva, la educación para la Paz. Sí, la Paz comienza en el interior de los corazones. En primer lugar hay que conocer la Paz, reconocerla, desearla, amarla; después la expresaremos y la grabaremos en la conducta renovada de la humanidad; en su filosofía, en su sociología, en su política.

Démonos cuenta, hombres hermanos, de la grandeza de esta visión del futuro; y afrontemos valerosamente el primer programa: educarnos para la Paz…

No es incumbencia nuestra juzgar las disensiones todavía existentes entre las Naciones, las razas, las tribus, las clases sociales. Pero es misión nuestra lanzar la palabra “Paz” en medio de los hombres que luchan entre sí. Es misión nuestra enseñar a los hombres a amarse, a reconciliarse, a educarse para la Paz. Por esto damos nuestro aplauso y expresamos nuestro aliento, nuestra esperanza a cuantos se hacen promotores de esta pedagogía de la Paz. Invitamos también este año a las personas y a las entidades responsables, a los órganos de la opinión pública, a los políticos, maestros, artistas, y especialmente a la juventud a caminar resueltamente por este camino de la civilización verdadera y universal. Es necesario llegar a la celebración efectiva de la profecía bíblica: la Justicia y la Paz se han encontrado y se han besado (Salmo 85,  11)…

Predicar el evangelio del perdón parece absurdo a la política humana porque en la economía natural a veces la justicia no lo consiente. Pero en una economía cristiana, es decir, sobrehumana, no es absurdo. Es difícil, pero no absurdo. ¿Cómo terminan los conflictos en el mundo secular? ¿Cuál es la Paz, que ellos al final consiguen? En la dialéctica insidiosa y furiosa de esta nuestra historia de hombres llenos de pasiones, de orgullo, de rencores, la Paz que concluye un conflicto es habitualmente una imposición, un avasallamiento, un juego por el que la parte más débil y que sucumbe sufre una tolerancia forzada que, no pocas veces es un aplazamiento hasta una revancha futura, y acepta el estatuto protocolar que cubre la hipocresía de corazones enemigos todavía. A esta Paz, demasiado frecuentemente fingida e inestable, le falta la completa solución del conflicto, esto es, el perdón, el sacrificio del vencedor de aquellas ventajas logradas que humillan y hacen inexorablemente infeliz al vencido; y falta al vencido la fuerza de ánimo de la reconciliación.

Una Paz sin clemencia, ¿Cómo puede llamarse tal? Paz saturada de espíritu de venganza, ¿cómo puede ser verdadera? De una parte y de otra es necesario el recurso a aquella justicia superior que es el perdón, el cual hace desaparecer las cuestiones insolubles de prestigio y hace todavía posible la amistad.

Lección difícil; pero ¿no es quizá magnífica? ¿No es quizá de actualidad? ¿No es quizá cristiana?

Eduquémonos para esta escuela superior de la Paz, en primer lugar, a nosotros mismos, hermanos e hijos cristianos; leamos de nuevo el sermón de la montaña (Mt 5, 21-26; 38-48; 6, 14-15) y procuremos después dar, mediante el ejemplo y la palabra, su anuncio al mundo.

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El filón de Filón (I)

Estos artículos surgen de una pregunta de un compañero a propósito de un término griego. En el libro de la editorial Diálogo, PLATÓN, La República. Libro VI-VII de Carlos Roser Martínez, con traducción de José Manuel Pabón y Manuel Fernández Galiano,  en el término participación dice:

PARTICIPACIÓN (en griego méthesis). Término mediante el cual Platón expresa la relación entre las cosas sensibles y las Ideas. Las cosas sensibles son lo que son porque “participan” de las Ideas.

Lo cierto es que aquí se ha deslizado un error de transliteración.

El autor del texto ha querido transliterar μέθεξις, que debería ser méthexis, pero lo ha hecho como si transcribiera μέθεσις (méthesis), que es cosa bien distinta.

El diccionario español-griego de Juan Coderch, en la entrada participación da los siguientes términos griegos:

μετάληψις, μεταλήψεως + Genitivo // μετουσία, μετουσίας + Genitivo // μετοχή, μετοχῆς, μέθεξις, μεθέξεως.

Este último término es al que se refiere el libro señalado.

En el philolog.us leemos:

μθεξις, εως, , (μετχω)

A. participation, οὐσίας μετὰ χρόνου participation of being in time, Pl.Prm.151e; χρόνου in time, ib.141d; “αἱ μ. τῶν ἀρχῶνArist.Pol.1278a23.

II. in Platonic philosophy, participation in the ideas, “ἡ μ. τοῖς ἄλλοις . . τῶν εἰδῶν” Pl.Prm.132d, cf. Arist.Metaph.987b10; ταὐτοῦ in the same, Pl.Sph.256b.

III. in Logic, κατὰ μέθεξιν as being contained or comprehended, as genus or difference in species, Arist.Top.132b35.

En efecto, la palabra aparece en acusativo en Platón Sofista 256 b. Habla el extranjero de Elea:

ΞΕ. Τν κνησιν δ τατν τ᾿ εναι κα μ τατν μολογητον κα ο δυσχεραντον. ο γρ ταν επωμεν ατν τατν κα μ τατν, μοως ερκαμεν, λλ᾿ πταν μν τατν, δι τν μθεξιν τατο πρς αυτν οτω λγομεν, ταν δ μ τατν, δι τν κοινωναν α θατρου, δι᾿ ν ποχωριζομνη τατο γγονεν οκ κενο λλ᾿ τερον, στε ρθς α λγεται πλιν ο τατν.

Hay que admitir, entonces, y sin enojarse, que el cambio es lo mismo y no lo mismo. Cuando decimos que él es lo mismo y no lo mismo, no hablamos en el mismo sentido, sino que afirmamos que es lo mismo cuando nos referimos a su participación con lo mismo en sí, y cuando decimos que es no-lo-mismo aludimos a su comunicación con lo diferente, gracias a la cual se separa de lo mismo y se convierte no en aquello, sino en algo diferente. De este modo también es correcto afirmar que es no-lo-mismo.

El volumen de la editorial Gredos que contiene el Sofista y el Parménides cuenta con la traducción de Mª Isabel Santa Cruz, Álvaro Vallejo Campos y Néstor Luis Cordero.

En Sofista 259 b leemos:

κα κεν καθπερ μες λγομεν, τι συμμεγνυτα τε λλλοις τὰ γνη κα τ τε ν κα θτερον δι πντων κα δι᾿ λλλων διεληλυθτε τ μν τερον μετασχν το ντος στι μν διὰ τατην τν μθεξιν, ο μν κεν γε ο μετσχεν λλ᾿ τερον, τερον δ το ντος ν στι σαφστατα ξ νγκης εναι μ ν· τ δ ν α θατρου μετειληφς τερον τν λλων ν εἴη γενν, τερον δ᾿ κενων πάντων ν οκ στιν καστον ατν οδ σμπαντα τ λλα πλν ατ

Que se diga lo mismo que decimos nosotros, es decir, que los géneros se mezclan mutuamente, y que el ser y lo diferente pasan a través de todos ellos, y recíprocamente entre sí, y gracias a esta participación lo diferente, al participar del ser, existe, pero no es aquello de lo que participa, sino diferente, y al ser diferente del ser, es necesariamente, y con toda evidencia, algo que no es. El ser, por su parte, como participa de lo diferente, viene a ser diferente de los otros géneros, y al ser diferente de todos aquéllos, el no-ser no es cada uno de ellos, ni la totalidad de ellos, sino sólo él mismo…

El término aparece también en acusativo en el Parménides platónico, 141d:

Τ ον; τ ν κα τ γγονε κα τ γγνετο ο χρνου μθεξιν δοκε σημανειν το ποτ γεγοντος; 

Κα μλα. 

Τ δ; τ σται κα τ γενσεται κα τ γενηθσεται ο το πειτα [το μλλοντος];

Να

Τ δ δ στι κα τ γγνεται ο το νν παρντος; 

Πάνυ μν ον.

¿Y qué? “Era”, “ha llegado a ser”, “estaba llegando a ser”, ¿no parecen significar participación de un tiempo pasado?

Sí, sin duda.

– ¿Y qué? “Será”, “llegará a ser” y “habrá llegado a ser”, ¿no significan participación de un tiempo que vendrá después?

¿Y “es” y “llega a ser”, ¿del ahora presente?

Efectivamente

En el mismo Parménides aparece dos veces en nominativo, 132 d

Τὰ μὲν εἴδη ταῦτα ὥσπερ παραδείγματα ἑστάναι ἐν τῇ φύσει, τὰ δὲ ἄλλα τούτοις ἐοικέναι καὶ εἶναι ὁμοιώματα, καὶ ἡ μέθεξις αὕτη τοῖς ἄλλοις γίγνεσθαι τῶν εἰδῶν οὐκ ἄλλη τις εἰκασθῆναι αὐτοῖς.

Estas formas, a la manera de modelos, permanecen en la naturaleza; las demás cosas se les parecen y son semejanzas, y la participación misma que ellas tienen de las Formas no consiste, sino en estar hechas a imagen de las Formas.

 y 152 a

Αρ᾿ οὖν καὶ χρόνου μετέχει τὸ ἕν, καὶ ἐστί τε καὶ γίγνεται νεώτερόν τε καὶ πρεσβύτερον αὐτό τε ἑαυτοῦ καὶ τῶν ἄλλων, καὶ οὔτε νεώτερον οὔτε πρεσβύτερον οὔτε ἑαυτοῦ οὔτε τῶν ἄλλων, χρόνου μετέχον;  Πῶς;

Εἶναι μέν που  αὐτῷ ὑπάρχει, εἴπερ ἓν ἔστιν.

Ναί.

Τὸ δὲ εἶναι ἄλλο τί ἐστιν μέθεξις οὐσίας μετὰ χρόνου τοῦ παρόντος, ὥσπερ τὸ ἦν μετὰ τοῦ παρεληλυθότος καὶ αὖ τὸ ἔσται μετὰ τοῦ μέλλοντος οὐσίας ἐστὶ κοινωνία;

– Ahora bien. ¿Lo uno también participa del tiempo, y al participar del tiempo, es y llega a ser él mismo más joven y más viejo que él mismo y que las otras cosas, y ni más joven ni más viejo que él mismo ni que las otras cosas?

– ¿Cómo?

–  Sin duda, le corresponde ser, puesto que es uno.

– Sí.

– ¿Pero “es” es alguna otra cosa que participación del ser en tiempo presente, así como “era” lo es del ser en tiempo pasado y, de su lado, “será” es una comunidad con el ser en el tiempo por venir?

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Schadewaldt hubo de esperar unos minutos, después de que Dom Theodor le dejara solo en la biblioteca. El teniente los aprovechó para dejarse vencer por la arrebatadora belleza de esta joya; admiró las nobles maderas cubiertas de pan de oro de los estantes o las mesas de ébano, los mármoles, las hermosas lámparas, las pinturas al fresco del techo, los tapices. Le resultó curioso, o extraño, que en la biblioteca de un monasterio benedictino estuviera pintado en el techo san Agustín. Claro que Schadewaldt ignoraba que el monasterio perteneció, desde su fundación en 1732 y hasta 1854, cuando lo ocupó la actual comunidad benedictina, a los agustinos.

La pintura tenía que ver con este pasaje de las Confesiones (VIII, 12, 28-29) del santo de Hipona:

Mas apenas una alta consideración sacó del profundo de su secreto y amontonó toda mi miseria a la vista de mi corazón, estalló en mi alma una tormenta enorme, que encerraba en sí copiosa lluvia de lágrimas. Y para descargarla toda con sus truenos correspondientes, me levanté de junto Alipio -pues me pareció que para llorar era más a propósito la soledad- y me retiré lo más remotamente que pude, para que su presencia no me fuese estorbo. Tal era el estado en que me hallaba, del cual se dio él cuenta, pues no sé qué fue lo que dije al levantarme, que ya el tono de mi voz parecía cargado de lágrimas.

Quedóse él en el lugar en que estábamos sentados sumamente estupefacto; mas yo, tirándome debajo de una higuera, no sé cómo, solté la rienda a las lágrimas, brotando dos ríos de mis ojos, sacrificio tuyo aceptable. Y aunque no con estas palabras, pero sí con el mismo sentido, te dije muchas cosas como éstas: ¡Y tú, Señor, hasta cuándo! ¡Hasta cuando, Señor, has de estar irritado! No quieras más acordarte de nuestras iniquidades antiguas. Sentíame aún cautivo de ellas y lanzaba voces lastimeras: «¿Hasta cuándo, hasta cuándo, ¡mañana! ¡mañana!? ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no poner fin a mis torpezas en esta misma hora?»

29. Decía estas cosas y lloraba con amarguísima contrición de mi corazón. Mas he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: «Toma y lee, toma y lee». De repente, cambiando de semblante, me puse con toda la atención a considerar si por ventura había alguna especie de juego en que los niños soliesen cantar algo parecido, pero no recordaba haber oído jamás cosa semejante; y así, reprimiendo el ímpetu de las lágrimas, me levanté, interpretando esto como una orden divina de que abriese el códice y leyese el primer capítulo que hallase. Porque había oído decir de Antonio que, advertido por una lectura del Evangelio, a la cual había llegado por casualidad, y tomando como dicho para sí lo que se leía: Vete, vende todas las cosas que tienes, dalas a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos, y después ven y sígueme, se había al punto convertido a ti con tal oráculo. Así que, apresurado, volví al lugar donde estaba sentado Alipio y yo había dejado el códice del Apóstol al levantarme de allí. Toméle, pues; abríle y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, y decía: No en comilonas y embriagueces, no en lechos y en liviandades, no en contiendas y emulaciones, sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no cuidéis de la carne con demasiados deseos. No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas.

Cuando estaba absorto leyendo las palabras “Tolle, lege” de esta pintura del techo, que salían de la boca de un niño con aspecto de ángel que, desde una nube del cielo, las dirigía a san Agustín, sentado a la sombra de una higuera, oyó un portazo. Se dio la vuelta y vio a la persona que estaba esperando. Dom Nikolaus era un monje corpulento, de aspecto un tanto hosco. Avanzó hacia donde estaba Schadewaldt.

– Me han dicho que quería Usted hablar conmigo, teniente Schadewaldt, dijo con tono frío

–  En efecto, Dom Nikolaus y ¿le han dicho también sobre qué?

–  Sí, algo sobre una persona que estuvo alojada con nosotros.

– Cierto. Quiero obtener información sobre alguien que, creemos, que estuvo aquí hospedado, haciendo vida monacal y estudiando gregoriano. Tengo entendido que es Usted el encargado del albergue del monasterio.

–  Así es.

– Y me preguntaba si, de alguna manera, lleva Usted un control de las personas que aquí se alojan.

–  Pues la verdad es que no llevamos un control demasiado minucioso.

– ¿Qué quiere decir con que no es demasiado minucioso?

– Pues que, simplemente, anotamos su nombre, cuando nos llaman para realizar la reserva y lo cotejamos con su documentación, cuando llegan aquí.

–  Y supongo que esos nombres que anotan estarán disponibles, ¿no?

–  Me temo que los destruimos, cuando acaban su estancia aquí y abonan los gastos.

–  ¿No tiene Usted ni siquiera un registro informático o una simple libreta donde anota esos nombres?

–  No; no veo la necesidad.

–  ¿Me quiere decir que no puede enseñarme ese registro?

–  Le quiero decir que no existe.

–  Y, por supuesto, en ese registro inexistente no figuraría un domicilio de la persona que busco.

–  Ni de la persona que busca ni de ninguna otra. Eso en absoluto nos incumbe.

–  ¿Y supongo que, si le digo el nombre de una persona, no recordará si se ha alojado aquí?

–  ¡Puff! ¡Vienen tantos!

Schadewaldt tenía la impresión de estar jugando una partida de frontón, en la que él era el tenista y Dom Nikolaus el frontón, que devolvía todas las pelotas. Vistos los progresos realizados, decidió concluir con la entrevista.

–  Bueno, ha sido Usted muy amable, Dom Nikolaus.

–  Siento no haber podido ayudarle a obtener la información que busca.

– No se preocupe y muchas gracias.

– Vaya con Dios, teniente.

–  Adiós, Dom Nikolaus. Supongo que ahora vendrá Dom Ludovic, ¿no es así?

–  Sí, espere aquí un momento. Hasta luego.

Y el corpulento monje abandonó la estancia por donde había accedido a ella. Cuando se cerró la puerta, Schadewaldt emitió un sonoro resoplido, se sentó en un sillón de brazos de madera oscura, pues la entrevista se había desarrollado estando él y el monje de pie y, echó la cabeza hacia atrás, apoyando la nuca en la parte superior del respaldo, cerró los ojos, volvió a resoplar y abrió los ojos: “Tolle, lege” volvieron a leer éstos.

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Antes de continuar con Filípides, veamos quiénes fueron sus émulos en la prueba de maratón de los Juegos Olímpicos hasta ahora celebrados:

Atenas 1896: Spyridon Louis (Grecia); París 1900: Michel Théato (Luxemburgo, pero que compitió por Francia); San Luis 1904: Thomas Hicks (EUA); Londres 1908: John J. Hayes (EUA); Estocolmo 1912: Kenneth McArthur (Sudáfrica); Amberes 1920: Hannes Kolehmainen (Finlandia); París 1924: Albin Stenroos (Finlandia); Amsterdam 1928: Boughera El-Ouafi (Francia); Los Ángeles 1932: Juan Carlos Zabala (Argentina); Berlín 1936: Sohn Kee-Chung (coreano que participaba en la delegación de Japón); Londres 1948: Delfo Cabrera (Argentina); Helsinki 1952: Emile Zátopek (Checoslovaquia); Melbourne 1956: Alain Mimoun (Francia); Roma 1964 y Tokio 1968: Abebe Bikila (Etiopía); México 1968: Mamo Wolde (Kenia); Munich 1972: Frank Shorter (EUA); Montreal 1976 y Moscú 1980: Waldemar Cierpinski (RDA); Los Ángeles 1984: Carlos Lopes (Portugal); Seúl 1988: Gelindo Bordin (Italia); Barcelona 1992: Young-Cho Hwang (Corea); Atlanta 1996: Josia Thugwane (Sudáfrica); Sidney 2000: Gezahegne Abera; Atenas 2004: Stefano Baldini (Italia); Pekín 2008: Samuel Wanjiru (Kenia) con récord olímpico en 2 horas 6 minutos 32 segundos.

Hablábamos en el anterior capítulo de Plutarco y un texto en el que habla del corredor de Maratón. Éste es el texto de Plutarco en el que podemos ver cómo el nombre del corredor es Tersipo de Erquía, según Heráclides Póntico, o bien Eucles, según defiende la mayoría de escritores.

Plutarco, De gloria Atheniensium 3
τὴν τοίνυν ἐν Μαραθῶνι μάχην ἀπήγγειλεν, ὡς μὲν ῾Ηρακλείδης ὁ Ποντικὸς (φρ. 81) ἱστορεῖ, Θέρσιππος ὁ ᾿Ερχιεύς· οἱ δὲ πλεῖστοι λέγουσιν Εὐκλέα δραμόντα σὺν τοῖς ὅπλοις θερμὸν ἀπὸ τῆς μάχης καὶ ταῖς θύραις ἐμπεσόντα τῶν πρώτων τοσοῦτον μόνον εἰπεῖν ‘χαίρετε’ καὶ ‘χαίρομεν,’ εἶτ᾿ εὐθὺς ἐκπνεῦσαι. πλὴν οὗτος μὲν αὐτάγγελος ἧκε τῆς μάχης ἀγωνιστὴς γενόμενος. φέρε δ᾿ εἴ τις ὑπὲρ λόφου τινὸς ἢ σκοπῆς αἰπόλων ἢ βοτήρων τοῦ ἀγῶνος ἄπωθεν γενόμενος θεατὴς καὶ κατιδὼν τὸ μέγα καὶ παντὸς λόγου μεῖζον ἐκεῖνο ἔργον ἧκεν εἰς τὴν πόλιν ἄτρωτος ἄγγελος καὶ ἀναίμακτος, εἶτ᾿ ἠξίου τιμὰς ἔχειν ἃς Κυνέγειρος ἔσχεν, ἃς Καλλίμαχος, ἃς Πολύζηλος, ὅτι τὰς τούτων ἀριστείας καὶ τραύματα καὶ θανάτους ἀπήγγειλεν, ἀρ᾿ οὐκ ἂν ἐδόκει πᾶσαν ὑπερβάλλειν ἀναίδειαν, ὅπου γε Λακεδαιμονίους φασὶ τῷ τὴν ἐν Μαντινείᾳ φράσαντι νίκην, ἣν Θουκυδίδης ἱστόρηκεν, εὐαγγέλιον ἐκ φιδιτίου κρέας ἀποστεῖλαι; καὶ μὴν οἱ συγγράφοντες ἐξάγγελοί τινές εἰσι τῶν πράξεων εὔφωνοι καὶ τῷ λόγῳ διἀ τὸ κάλλος καὶ τὴν δύναμιν ἐξικνούμενοι, οἷς εὐαγγέλιον ὀφείλουσιν οἱ πρώτως ἐντυγχάνοντες καὶ ἱστοροῦντες. ἀμέλει δὲ καὶ ἐγκωμιάζονται μνημονευόμενοι καὶ ἀναγινωσκόμενοι διὰ τοὺς κατορθώσαντας· οὐ γὰρ οἱ λόγοι ποιοῦσι τὰς πράξεις, καὶ ἀκοῆς ἀξιοῦνται.

Así pues, la noticia de la victoria en la batalla de Maratón la comunicó, según narra Heráclides Póntico, Tersipo de Erquía. Pero la mayoría de los historiadores dice que Eucles tras correr armado, todavía acalorado por la batalla, y caer ante las puertas de los magistrados dijo sólo esto: “Hola” y “estamos a salvo = hemos vencido” y a continuación murió. En verdad este hombre llegó como mensajero enviado por sí mismo de una batalla en la que él mismo había luchado; pero supón que algún pastor o cabrero apostado en alguna colina o atalaya habiendo sido un espectador distante del combate y habiendo visto este gran acontecimiento, más grande que lo que podría narrar cualquier lengua, hubiera llegado a la ciudad como un mensajero sin heridas y sin una sola gota de sangre y hubiera reclamado recibir los honores que recibió Cinégiro, o Calímaco o Policelo, porque comunicó sus hazañas, sus heridas y sus muertes, ¿acaso no se podría pensar que superaba la desvergüenza?

Pero, si Plutarco nos informa de que fueron Tersipo o Eucles los que anunciaron la victoria de Maratón, es Luciano en su Pro lapsu inter salutandum 3 quien la atribuye a Filípides, con lo que se crea la tradición de adjudicar al mismo corredor las dos carreras, la petición de ayuda a Esparta y el anuncio de la victoria en Maratón. Éste es el texto de Luciano:

Πρῶτος δ᾿ αὐτὸ Φιλιππίδης ὁ ἡμεροδρομήσας λέγεται ἀπὸ Μαραθῶνος ἀγγέλλων τὴν νίκην εἰπεῖν πρὸς τοὺς ἄρχοντας καθημένους καὶ πεφροντικότας ὑπὲρ τοῦ τέλους τῆς μάχης, Xαίρετε, νικῶμεν, καὶ τοῦτο εἰπὼν συναποθανεῖν τῇ ἀγγελίᾳ καὶ τῷ χαίρειν συνεκπνεῦσαι.

Se dice que el primero que utilizó esta fórmula (se refiere a Xαίρετε) fue el corredor Filípides al comunicar la victoria desde Maratón ante los arcontes sentados en sus sillas y preocupados por el final de la batalla. “Alegraos, somos vencedores” y tras decir esto murió con la noticia y expiró con el saludo.

En 1879 el poeta inglés Robert Browning escribió este poema sobre la tradición de Maratón:

So, when Persia was dust, all cried, “To Acropolis!
Run, Pheidippides, one race more! the meed is thy due!
Athens is saved, thank Pan, go shout!” He flung down his shield
Ran like fire once more: and the space ‘twixt the fennel-field
And Athens was stubble again, a field which a fire runs through,
Till in he broke: “Rejoice, we conquer!” Like wine through clay,
Joy in his blood bursting his heart, – the bliss!

Εntonces, cuando Persia fue polvo, todos gritaron: “¡A la Acrópolis!
¡Corre, Filípides, una carrera más! ¡Tendrás tu recompensa!
Atenas se ha salvado gracias a Pan. ¡Ve y grítalo!” Arrojó él su escudo,
corrió otra vez como una saeta; y toda la extensión entre el campo de hinojo
y Atenas de nuevo fue rastrojos, un campo que recorría una saeta,
hasta que él anunció: “¡Regocijaos, hemos vencido!” Como vino que se filtra en arcilla,
la felicidad que fluía por su sangre le hizo estallar el corazón: ¡el éxtasis!

Como se ve, el poema recoge casi todos los elementos vistos hasta ahora. La carrera más de Filípides es la de Maratón, que debe sumarse a la realizó hasta Esparta. La presencia del dios Pan se debe al episodio narrado por Heródoto, y recordado por Pausanias, de la aparición de este dios a Filípides anunciando su compromiso con Atenas en la guerra. El campo de hinojo es Maratón, jugando con el término griego μάραθρον o μάραθον, que significa precisamente hinojo. El anuncio de Filípides, “Rejoice, we conquer!”, es el de Luciano Xαίρετε, νικῶμεν. La muerte de Filípides, para Browning, es fruto de la felicidad que le embargaba tras su gozoso anuncio.

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Seguimos con la narración que hace Heródoto de la batalla de Maratón en el libro VI de sus Historias. La traducción que ofrecemos está sacada de aquí.

113. Μαχομένων δὲ ἐν τῷ Μαραθῶνι χρόνος ἐγίνετο πολλός. Καὶ τὸ μὲν μέσον τοῦ στρατοπέδου ἐνίκων οἱ βρβαροι, τῇ Πέρσαι τε αὐτοὶ καὶ Σκαι ἐτετχατο· κατ τοῦτο μὲν δὴ ἐνίκων οἱ βρβαροι καὶ ῥήξαντες ἐδίωκον ἐς τὴν μεσόγαιαν, τὸ δὲ κέρας ἑκτερον ἐνίκων ᾿Αθηναῖοί τε καὶ Πλαταιέες. Νικῶντες δὲ τὸ μὲν τετραμμένον τῶν βαρβρων φεύγειν ἔων, τοῖσι δὲ τὸ μέσον ῥήξασι αὐτῶν συναγαγόντες τ κέρεα ἀμφότερα ἐμχοντο, καὶ ἐνίκων ᾿Αθηναῖοι. Φεύγουσι δὲ τοῖσι Πέρσῃσι εἵποντο κόπτοντες, ἐς ὃ ἐπὶ τὴν θλασσαν ἀπικόμενοι πῦρ τε ατεον καὶ ἐπελαμβνοντο τῶν νεῶν.

CXIII. Duró el ataque con vigor, por muchas horas en Maratón, y en el centro de las filas en que combatían los mismos persas y con ellos los sacas, llevaban los bárbaros la mejor parte, pues rompiendo vencedores por medio de ellas, seguían tierra adentro al enemigo. Pero en las dos alas del ejército vencieron los atenienses y los de Platea, quienes viendo que volvía las espaldas el enemigo no la siguieron los alcances, sino que uniéndose los dos extremos acometieron a los bárbaros del centro, obligáronles a la fuga, y siguiéndoles hicieron en los persas un gran destrozo, tanto que llegados al mar, gritando por fuego, iban apoderándose de las naves enemigas.

114. Καὶ τοῦτο μὲν ἐν τούτῳ τῷ πόνῳ ὁ πολέμαρχος Καλλίμαχος διαφθείρεται, ἀνὴρ γενόμενος ἀγαθός, ἀπὸ δ᾿ ἔθανε τῶν στρατηγῶν Στησίλεως ὁ Θρασύλεω· τοῦτο δὲ Κυνέγειρος ὁ Εὐφορίωνος ἐνθαῦτα ἐπιλαμβανόμενος τῶν ἀφλστων νεός, τὴν χεῖρα ἀποκοπεὶς πελέκει πίπτει, τοῦτο δὲ ἄλλοι ᾿Αθηναίων πολλοί τε καὶ ὀνομαστοί.    

CXIV. En lo más vivo de la acción, uno de los que perecieron fue Calímaco el Polemarco, habiéndose portado en ella como bravo guerrero: otro de los que allí murieron fue Estesilao, uno de los generales, hijo de Trasilao. Allí fue cuando Cinegiro, hijo de Euforion, habiéndose asido de la proa de una galera, cayó en el agua, cortada la mano con un golpe de segur. A más de estos, quedaron allí muertos otros muchos atenienses de esclarecido nombre.

115. Επτ μὲν δὴ τῶν νεῶν ἐπεκρτησαν τρόπῳ τοιούτῳ ᾿Αθηναῖοι, τῇσι δὲ λοιπῇσι οἱ βρβαροι, ἐξανακρουσμενοι καὶ ἀναλαβόντες ἐκ τῆς νήσου ἐν τῇ ἔλιπον τ ἐξ ᾿Ερετρίης ἀνδρποδα, περιέπλεον Σούνιον, βουλόμενοι φθῆναι τοὺς ᾿Αθηναίους ἀπικόμενοι ἐς τὸ ἄστυ. Αἰτίη δὲ ἔσχε ἐν ᾿Αθηναίοισι ἐξ ᾿Αλκμεωνιδέων μηχανῆς αὐτοὺς ταῦτα ἐπινοηθῆναι· τούτους γρ συνθεμένους τοῖσι Πέρσῃσι ἀναδέξαι ἀσπίδα ἐοῦσι ἤδη ἐν τῇσι νηυσί.

CXV. En efecto, los de Atenas con esta acometida se apoderaron de siete naves. Los bárbaros, haciéndoles retirar desde las otras, y habiendo otra tomado a bordo los esclavos de Eretria que habían dejado en una isla, siguieron su rumbo la vuelta de Sunio, con el intento de dejarse caer sobre la ciudad, primero que llegasen allá los atenienses. Corrió por válido entre los atenienses, que por artificio de los Alcmeónidas formaron los persas el designio de aquella sorpresa, fundándose en que estando ya los persas en las naves levantaron ellos el escudo, que era la señal que tenían concertada.

116. Οὗτοι μὲν δὴ περιέπλεον Σούνιον· ᾿Αθηναῖοι δὲ ὡς ποδῶν εἶχον τχιστα ἐβοήθεον ἐς τὸ ἄστυ, καὶ ἔφθησἀν τε ἀπικόμενοι πρὶν τοὺς βαρβρους ἥκειν, καὶ ἐστρατοπεδεύσαντο ἀπιγμένοι ἐξ Ηρακλείου τοῦ ἐν Μαραθῶνι ἐν ἄλλῳ Ηρακλείῳ τῷ ἐν Κυνοσργει. Οἱ δὲ βρβαροι τῇσι νηυσὶ ὑπεραιωρηθέντες Φαλήρου (τοῦτο γρ ἦν ἐπίνειον τότε τῶν ᾿Αθηναίων), ὑπὲρ τούτου ἀνακωχεύσαντες τς νέας ἀπέπλεον ὀπίσω ἐς τὴν ᾿Ασίην. 

CXVI. Continuaban los persas doblando a Sunio, cuando los atenienses marchaban ya a todo correr al socorro de la plaza, y habiendo llegado antes que los bárbaros, atrincheráronse cerca del templo de Hércules en Cinosarges, abandonando los reales que cerca de otro templo de Hércules tenían en Maratón. Los bárbaros, pasando con su armada más allá de Falero, que era entonces el arsenal de los atenienses, y mantenidos sobra las áncoras, dieron después la vuelta hacia el Asia.

117. Εν ταύτῃ τῇ ἐν Μαραθῶνι μχῃ ἀπέθανον τῶν βαρβρων κατ ἑξακισχιλίους καὶ τετρακοσίους ἄνδρας, ᾿Αθηναίων δὲ ἑκατὸν καὶ ἐνενήκοντα καὶ δύο· ἔπεσον μὲν ἀμφοτέρων τοσοῦτοι. Συνήνεικε δὲ αὐτόθι θῶμα γενέσθαι τοιόνδε· ᾿Αθηναῖον ἄνδρα ᾿Επίζηλον τὸν Κουφαγόρεω ἐν τῇ συστσι μαχόμενόν τε καὶ ἄνδρα γινόμενον ἀγαθὸν τῶν ὀμμτων στερηθῆναι, οὔτε πληγέντα οὐδὲν τοῦ σώματος οὔτε βληθέντα, καὶ τὸ λοιπὸν τῆς ζόης διατελέειν ἀπὸ τούτου τοῦ χρόνου ἐόντα τυφλόν. Λέγειν δὲ αὐτὸν περὶ τοῦ πθεος ἤκουσα τοιόνδε τιν λόγον· ἄνδρα οἱ δοκέειν ὁπλίτην ἀντιστῆναι μέγαν, τοῦ τὸ γένειον τὴν ἀσπίδα πᾶσαν σκιζειν, τὸ δὲ φσμα τοῦτο ἑωυτὸν μὲν παρεξελθεῖν, τὸν δὲ ἑωυτοῦ παρασττην ἀποκτεῖναι. Ταῦτα μὲν δὴ ᾿Επίζηλον ἐπυθόμην λέγειν.

CXVII. Los bárbaros muertos en la batalla de Maratón subieron a 6.400; los atenienses no fueron sino 192; y este es el número exacto de los que murieron de una y otra parte. En aquel combate sucedió un raro prodigio: en lo más fuerte de la acción, Epicelo, ateniense, hijo de Cufágoras, peleando como buen soldado cegó de repente sin haber recibido ni golpe de cerca, ni tiro de lejos en todo su cuerpo; y desde aquel punto quedó ciego por todo el tiempo de su vida. Oí contar lo que él mismo decía acerca de su desgracia, que le pareció que se le ponía delante un infante elevado, cuya barba le asombró y le cubrió todo el escudo, y que pasando de largo aquel fantasma mató al soldado que a su lado tenía: tal era, según me contaban, la narración de Epicelo.

 

No aparece, por tanto, en Heródoto la carrera de Filípides desde Maratón a Atenas, origen de la actual prueba deportiva de resistencia. Carlos Schrader (carlosschaderelmitodeMaraton) dice en nota a pie de página de su traducción de las Historias en Gredos: según una tradición posterior (cf. Plutarco en  De gloria Atheniensium 3) Filípides habría regresado a Atenas y tomado parte en la batalla de Maratón, siendo él quien recorrió la distancia entre el escenario de la batalla y la capital para dar la nueva de la victoria, y realizando el recorrido con tanta velocidad que murió de fatiga nada más llegar. Es en su honor que se celebra, en los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, la carrera que todavía hoy se denomina “Maratón” y que consta de 42,195 km.

No obstante, la tradición popular fundió en una única persona las misiones de dos correos diferentes.

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El último helenista (X)

Michael Ventris, el jefe de los arqueólogos que habían descubierto la inscripción en griego, estaba sentado en la silla de su despacho del Consejo Superior de Arqueología de Neápolis mirando fijamente una fotografía ampliada de la inscripción en cuestión. En ese momento lamentaba profundamente no haber podido estudiar la lengua de Homero en su formación como arqueólogo, como tampoco en su instrucción secundaria.

Ventris tenía 35 años (había nacido, por tanto, en el 2160) y no había tenido la posibilidad de estudiar griego, pues la materia se eliminó en el 2151 de los planes de estudio en secundaria. Cuando tenía 13 años pasó lo mismo con la lengua de Virgilio. Por ello, en sus estudios de arqueología en la Universidad “Tucícides” de Diceópolis, se había visto privado de ambas lenguas clásicas, con las fatídicas consecuencias que ello comportaba para la investigación en un gran número de piezas de las Era Tercera y Cuarta.

Ventris no apartaba su vista de la fotografía y posaba sus ojos una y otra vez en las grafías griegas que contenía. Al problema del desconocimiento de la lengua, se sumaba la dificultad de que las letras de la estela aparecían sin separación de palabras. Aquel apelotonamiento de letras indescifrables le causaba gran desasosiego, a la vez que lo sumía en una gran impotencia.

ΕΠΙΦΡΥΝΙΧΟΥΑΡΧΟΝΤΟΣΕΠΙΤHΣΛΕΩΝΤIΔΟΣEΝAΤΗΣΠΡΥΤΑΝΕIΑΣHΙΧΑΙΡE

ΣΤΡΑΤΟΣAΜΕΙΝIΟΥAΧΑΡΝΕYΣEΓΡΑΜΜAΤΕΥΕΝΤΩΝΠΡΟΕΔΡΩΝΕΠΕΨΗΦΙΖΕ

ΝΜΕΝΕΣΤΡΑΤΟΣΑΙΞΩΝΕΥΣΕΥΚΡΑΤΗΣΑΡΙΣΤΟΤΙΜΟΥΠΕΙΡΑΙΕΥΣΕΙΠΕΝΑΓΑΘ

ΗΙΤΥΧΗΙΤΟΥΔΗΜΟΥΤΟΥΑΘΗΝΑΙΩΝΔΕΔΟΧΘΑΙΤΟΙΣΝΟΜΟΘΕΤΑΙΣΕΑΝΤΙΣΕ

ΠΑΝΑΣΤΗΙΤΩΙΔΗΜΩΙΕΠΙΤΥΡΑΝΝΙΔΙΗΤΗΝΤΥΡΑΝΝΙΔΑΣΥΝΚΑΤΑΣΤΗΣΗΙΗΤ

ΟΝΔΗΜΟΝΤΟΝΑΘΗΝΑΙΩΝΗΤΗΝΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑΝΤΗΝΑΘΗΝΗΣΙΝΚΑΤΑΛΥΣ

ΗΙΟΣΑΝΤΟΝΤΟΥΤΩΝΤΙΠΟΙΗΣΑΝΤΑΑΠΟΚΤΕΙΝΗΙΟΣΙΟΣΕΣΤΩΜΗΕΞΕΙΝΑΙΔΕ

ΤΩΝΒΟΥΛΕΥΤΩΝΤΩΝΤΗΣΒΟΥΛΗΣΤΗΣΕΞΡΕΙΟΥΠΑΓΟΥΚΑΤΑΛΕΛΥΜΕΝΟΥ

ΤΟΥΔΗΜΟΥΗΤΗΣΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑΣΤΗΣΑΘΗΝΗΣΙΝΑΝΙΕΝΑΙΕΙΣΑΡΕΙΟΝΠΑΓΟ

ΝΜΗΔΕΣΥΝΚΑΘΙΖΕΙΝΕΝΤΩΙΣΥΝΕΔΡΙΩΙΜΗΔΕΒΟΥΛΕΥΕΙΝΜΗΔΕΠΕΡΙΕΝΟΣΕ

ΑΝΔΕΤΙΣΤΟΥΔΗΜΟΥΗΤΗΣΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑΣΚΑΤΑΛΕΛΥΜΕΝΩΝΤΩΝΑΘΗΝΗΣΙ

ΝΑΝΙΗΙΤΩΝΒΟΥΛΕΥΤΩΝΤΩΝΕΞΑΡΕΙΟΥΠΑΓΟΥΕΙΣΑΡΕΙΟΝΠΑΓΟΝΗΣΥΝΚΑΘ

ΙΖΗΙΕΝΤΩΙΣΥΝΕΔΡΙΩΙΗΒΟΛΕΥΗΙΠΕΡΙΤΙΝΟΣΑΤΙΜΟΣΕΣΤΩΚΑΙΑΥΤΟΣΚΑΙΓΕΝ

ΟΣΤΟΕΞΕΚΕΙΝΟΥΚΑΙΗΟΥΣΙΑΔΗΜΟΣΙΑΕΣΤΩΑΥΤΟΥΚΑΙΤΗΣΘΕΟΥΤΟΕΠΙΔΕΚ

ΑΤΟΝΑΝΑΓΡΑΨΑΙΔΑΤΟΝΔΕΤΟΝΝΟΜΟΝΕΝΣΤΗΛΑΙΣΛΙΘΙΝΑΙΣΔΥΟΙΝΤΟΝΓ

ΡΑΜΜΑΤΕΑΤΗΣΒΟΥΛΗΣΚΑΙΣΤΗΣΑΙΤΗΝΜΕΝΕΠΙΤΗΣΕΙΣΟΔΟΥΤΗΣΕΙΣΡΕΙΟ

ΝΠΑΓΟΝΤΗΣΕΙΣΤΟΒΟΥΛΕΥΤΗΡΙΟΝΕΙΣΙΟΝΤΙΤΗΝΔΕΕΝΤΗΙΕΚΚΛΗΣΙΑΙΕΙΣΔΕ

ΤΗΝΑΝΑΓΡΑΦΗΝΤΩΝΣΤΗΛΩΝΤΟΝΤΑΜΙΑΝΔΟΥΝΑΙΤΟΥΔΗΜΟΥΔΔΔΡΑΧΜΑ

ΣΕΚΤΩΝΚΑΤΑΨΗΦΙΣΜΑΤΑΑΝΑΛΙΣΚΟΜΕΝΩΝΤΩΙΔΗΜΩΙ

Unos golpes en la puerta del despacho lo despertaron del ensimismamiento en el que se encontraba.

–  ¿Sí?!

–  ¿Puedo pasar, Michael?

–  ¡Ah! ¡Hola, Arthur! ¡Entra!

–  ¿Algún avance, Michael?

– Bffffff. Nada relevante. Estamos con ella. La hemos datado hacia el 335 a. C., aunque no tenemos la seguridad, pero sigue estando muda.

–  ¡Echo de menos a un filólogo clásico!

–  Creo que en el ministerio están buscando a un viejo profesor de griego, para ve si nos puede ayudar.

–  Espero que lo encuentren y nos sea de utilidad. Desde luego sería terrible no poder ofrecer la traducción de la estela ni en la rueda de prensa ni en la información que se ofrezca en el museo.

–  ¡En qué mal momento decidimos convocar esa rueda de prensa para el próximo jueves!

–  Bueno, siempre la podemos demorar o, incluso, anular.

–  ¿Sí? ¿Y con qué excusa? ¿“Lo sentimos, pero somos incapaces de descifrar qué dice la estela y estamos buscando con urgencia a un viejo profesor de griego, al que hace años dejamos sin trabajo por haber eliminado de los estudios su asignatura, a ver si puede echarnos una mano”?

– ¿Y no hay posibilidad de extraer palabras sueltas con la comparación con otras estelas que tengamos digitalizadas en los fondos de museos o en las universidades?

–  Se está haciendo, pero de momento sin resultados, Arthur.

En el grupo de arqueólogos que había hallado la inscripción, en el marco de una excavación en la más antigua ciudad del país, Paleópolis, algunos dominaban en cierta manera el latín, pero el más veterano de ellos, el Doctor Arthur Evans, profesor en la universidad “Sofía” de Palinodia, que contaba con 57 años, y había nacido en el 2138, justo el año de la eliminación de la carrera de Filología Clásica. Tenía, por tanto, 12 años cuando se eliminó, allá por el 2151, el griego en la instrucción secundaria, y no lo pudo estudiar, aunque sí Latín, eliminado en el 2173 en la instrucción secundaria y tres años antes en la universitaria.

No era del todo extraño que en Pangea se hallara una estela en griego. En el pasado parece que algunas colonias griegas se habían asentado en la costa sureste del país, aunque sí que era un tanto raro que apareciera ahora, transcurridos tantos años desde la excavación sistemática de todo el territorio costero de Pangea, y además en una ciudad relativamente alejada del mar como Paleópolis. Es conocida la política de creación de colonias y fundaciones llevada a cabo entre los años 750 y 550 a. C. de la Tercera Era por parte de ciudades-estado helenas. Si un primer período se centró en la creación de fundaciones en Sicilia y sur de Italia, así como en la península de Calcídica, siendo las poleis fundadoras las dos ciudades de eubea, Calcis y Eretria, además de Mégara y Corinto, en una segunda oleada la colonización se tornó más difusa y repartida, abarcando zonas tan alejadas como las riberas del mar Negro, el norte de África o el occidente de Grecia, donde precisamente se hallaba Pangea.

Las razones de las colonizaciones eran el aumento de población, el mal reparto de la propiedad y las tensiones sociales; se producía lo que los griegos llamaban στενοχωρία, esto es, “falta de tierras o estrechez de tierra” y, antes de llegar a una crisis interna (στάσις) que podía llevar al enfrentamiento, la solución buscada fue realizar una ἀποικία, es decir, una “apertura de nueva casa” en otro lugar. Una colonia no se fundaba a título privado (salvo raras excepciones), sino que resulta de una decisión tomada por la ciudad. Para la fundación de una colonia, se presentaba primeramente un proyecto a la asamblea. En caso de acuerdo, el consejo aristocrático tomaba a su cargo la elección de las modalidades y las medidas concretas para designar quien va a partir. Se designaba, entonces, un jefe de la expedición, llamado οἰκιστής, casi siempre elegido entre la aristocracia. El oikistés, tras consultar el importante oráculo de Delfos sobre el lugar idóneo donde instalarse, fundaba una nueva ciudad independiente de su ciudad madre, o μητρόπολις, a la que sólo estaba unida por lazos de tipo afectivo, pero no políticos. En el marco del pensamiento mítico donde se otorga una parte importante a los dioses, las ciudades tienen necesidad de una sanción divina que sirva para confortar las decisiones humanas; la fundación de una colonia era arriesgada, y suscitaba el dolor entre los que debían partir, sin esperanza de regresar, y los que se quedaban. Se tiene la costumbre de ir a consultar el oráculo de Apolo de Delfos. El oráculo da una orientación geográfica general y da su consejo sobre un proyecto elaborado por la ciudad.

Pero la estela en griego hallada en Paleópolis escondía un misterio y una sorpresa que Michael Ventris y Arthur Evans no podían imaginar ni siquiera en los más inopinados delirios. Si hubieran podido descifrar o leer alguna de las palabras, especialmente las referidas a los nombres geográficos que en ella aparecen, se hubieran dado cuenta de que la inscripción no pertenecía a ninguna antigua colonia griega de Pangea, sino que tenía una historia mucho más compleja.

De todas formas, Evans y Ventris, y el grupo de arqueólogos, tenían algunas incógnitas sobre la estela, a parte de su traducción. La estela había sido encontrada en un nivel bastante superficial de la excavación y parecía una pieza que no casaba con el lugar. La datación no ofrecía demasiadas dudas, pero algo les chirriaba. Era un nuevo reto a sumar a la traducción del texto.

 

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