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Archive for 24 julio 2011

Para finalizar nuestra serie sobre la resurrección de Jesús, y aunque estamos ya muy lejos de la Pascua, acabamos con el apartado del libro de Küng ¿Creer en la resurrección de Jesucristo, que significa hoy en día?

Lo único seguro es lo siguiente: los discípulos, que esperaban para dentro de poco el reino de Dios, vieron, de momento, cumplidas sus esperanzas: cumplidas con la resurrección de Jesús a una nueva vida. Esa resurrección fue considerada como el comienzo de la salvación final. También este concepto era, por lo menos en aquel entonces, de auténtica raigambre judía: no sólo los judíos que seguían a Jesús, sino muchos judíos esperaban entonces la resurrección de los muertos, una vez que, según hemos visto, la fe en la resurrección general de los muertos, o por lo menos de los justos, había aparecido por primera vez en el libro de Daniel y en la literatura apocalíptica. Por otra parte: lo que muchos judíos esperaban en un futuro para todos los hombres, para la joven comunidad cristiana ya había sucedido anticipadamente, a causa de sus experiencias pascuales, en la persona de Uno solo: la resurrección de Jesús fue el comienzo de la resurrección general de los muertos, el inicio del fin de los tiempos, con un último plazo de gracia hasta la aparición del Esperado “Hijo del hombre” (según Daniel 7, 13). Esto tenía una base sólida en la fe judía de aquella época…

Pues ¿dónde está ahora el Resucitado? Ya hemos oído la respuesta a esta pregunta, que en aquel entonces era de una urgencia extraordinaria: los primeros cristianos la hallaron sobre todo en el pasaje de un salmo que ha penetrado en el Credo: “Está sentado a la derecha del Padre”, Y en efecto: no hay frase de la Biblia hebrea que se cite, literalmente o con variaciones, tantas veces en el Nuevo Testamento como el versículo 1 del salmo 110: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha”. Esto no implica una comunidad de esencia, pero sí, lo más que podía decir un judío en tanto que monoteísta, una “comunidad de trono” del Jesús resucitado con Dios, su Padre, en el trono de la gloria, en el trono del mismo Dios. Y la imagen del trono tomada del mundo de la realiza, ha de ser entendida como símbolo de dominación, de manera que el reino de Dios y el reino del Mesías se vuelven prácticamente idénticos. “Jesús es el Señor” (en hebreo, el maran, en griego el Κύριος): ésta es la más antigua profesión de fe – dirigida contra todos los otros señores de este mundo – de la comunidad cristiana



Como hemos visto, el mensaje de la resurrección del Crucificado no ha sido trasmitido sin imágenes ni adornos legendarios, propios de su época, no ha sido trasmitido sin amplificaciones y configuraciones condicionadas por la situación. Y, sin embargo, lo que ese mensaje contiene es, en el fondo, sencillo, es algo que, a través de todas las discrepancias, o incluso contradicciones, de la tradición, aparece de modo inequívoco, desde un principio, en todos los testigos: El Crucificado vive y reina para siempre en Dios, una exigencia y una esperanza para nosotros. Los cristianos de las comunidades del Nuevo Testamento están sostenidos, es más fascinados y entusiasmados por la seguridad de que Aquel a quien se había dado muerte no había permanecido en la muerte sino que vivía, y de que quien le siguiera y le fuese fiel también viviría. La muerte no es la última palabra de Dios relativa al hombre. La vida nueva y eterna de Jesús es desafío y esperanza real para todos.

Con ello podemos concluir: ya desde le principio no fue un hecho histórico comprobado sino siempre una convicción basada en la fe la afirmación de que con la muerte de Jesús no había acabado todo, y de que Jesús no había permanecido en la muerte sino entrado en la vida eterna de Dios. Pero esa fe no le pide hoy en día a nadie que crea en una intervención “sobre-natural” de un Dios que interviene, contraria a las leyes de la naturaleza. Esa fe descansa en la convicción de una muerte “natural” y de una acogida en la verdadera, auténtica divina realidad: entendida como el estado final del hombre, libre de todo sufrimiento. Del mismo modo que la exclamación de Jesús al morir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” ya ha tomado un giro positivo en el evangelio de Lucas con la cita del salmo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Sal 31, 6; Lc 23, 46), y después en Juan: “Todo está consumando” (19, 30).

Lo que significa y lo que no significa “resurrección”

Ya ha quedado claro: aquellos testimonios más antiguos del Nuevo Testamente, que son pocos, no entienden la resurrección de Jesús como una vuelta a la vida terrenal, o sea, que no la entienden analógicamente a las revivificaciones que tienen lugar en el antiguo Testamento por obra de los profetas. No, si se tiene en cuenta el trasfondo judío de las expectativas apocalípticas, se trataba de la exaltación del ajusticiado y enterrado Nazareno por Dios y a Dios, a un Dios, a quien él mismo llamó Abba, Padre.

¿Qué significa entonces “resurrección”? Ahora puedo dar una respuesta abreviada a esa pregunta:

– Resurrección NO significa regreso a esta vida espacial y temporal: la muerte no es anulada (no es la revivificación de un cadáver) sino definitivamente superada: es la entrada en una vida totalmente distinta, imperecedera, eterna, “celestial”. La resurrección no es un “hecho público”.

– Resurrección NO significa continuación de esta vida espaciotemporal: ya la expresión “después de” la muerte induce a error: la eternidad no está determinada por un “antes” ni por un “después” en el tiempo. Lo que quiere decir es, por el contrario, una vida nueva, que rompe las dimensiones de espacio y tiempo, en el invisible, inconcebible reino de Dios, llamado simbólicamente “cielo”.

– Resurrección significa positivamente: Jesús no entró en la nada a morir, sino que, en la muerte y desde la muerte, entró al morir en esa última y primera realidad inabarcable y abarcadora, fue acogido por la realidad más real, a la que damos el nombre de Dios. Cuando el hombre alcanza su ἔσχατον, lo último de toda su vida, ¿qué le espera allí? No le espera la nada, sino ese todo que es Dios. El creyente sabe desde entonces que la muerte es tránsito a Dios, es entrada en el recogimiento de Dios, en ese ámbito que supera a toda imaginación, que jamás fue contemplado por el ojo humano, que escapa por tanto a nuestros sentidos, a nuestra inteligencia, reflexión y fantasía. Si alguna vez la palabra mysterium, de la que tanto abusa la teología, tiene un empleo adecuado, por tratarse del dominio absolutamente primigenio de Dios, es en la resurrección a la nueva vida.

Dicho de otro modo: sólo la fe de los discípulos es -al igual que la muerte de Jesús- un hecho histórico (que se puede estudiar mediante criterios históricos); la resurrección, por obra de Dios, a la vida eterna no es un hecho histórico, concreto e imaginable, menos aún biológico, y sin embargo se trata de un suceso real en la esfera de Dios. ¿Qué quiere decir esto? La mirada al cuadro de la resurrección de Grünewald es una advertencia: el Resucitado no es un ser diferente, puramente celestial, sino que sigue siendo, todavía cuerpo pero al mismo tiempo espíritu, aquel hombre, Jesús de Nazaret, que fue crucificado. Y ese hombre no se convierte, por la resurrección, en un fluido impreciso, fundido con dios y el universo, sino que, estando en la vida de Dios, continúa siendo ese él, determinado e inconfundible, que ya fuera: aunque, por otra parte, sin la limitación espacio-temporal de la forma terrenal. Por eso en Grünewald el rostro se va transformando en pura luz. Según los testimonios de la Escritura, la muerte y la resurrección no borran la identidad de la persona, sino que la conservan en una forma irrepresentable, transfigurada, en una dimensión totalmente distinta.

¿Qué resulta de todo ello? Nosotros, hombres de hoy, formados en las ciencias de la naturaleza, necesitamos que se nos hable un lenguaje claro: para que se conserve la identidad personal, Dios no necesita los restos mortales de la existencia terrena de Jesús. Se trata de una resurrección a una forma de existencia completamente distinta. Quizá pueda compararse ésta con la de la mariposa que levanta las alas y deja atrás lo que fue el capullo de la oruga. Así como el mismo ser vivo abandona la antigua forma de existencia (oruga) y toma una forma  inconcebiblemente nueva, totalmente liberada, ligera y aérea (mariposa), así podemos imaginarnos nuestro propio proceso de transformación por obra de Dios. Es una imagen. No tenemos por qué vincular la resurrección a ningún hecho fisiológico.

¿Pero a qué queda vinculada la resurrección? Ni al substrato, que cambia desde un principio constantemente, ni a los elementos de ese cuerpo determinado, pero sí a la identidad de esa persona inconfundible. La corporeidad de la resurrección no exige –ni entonces ni ahora- que el cuerpo muerto vuelva a la vida. Pues Dios resucita a una forma nueva, ya no concebible, como dice paradójicamente Pablo, como σῶμα πνευματικόν, como “cuerpo neumático”, como “corporeidad espiritual”. Con esa expresión, realmente paradójica, Pablo quería decir las dos cosas a la vez_ continuidad, pues “corporeidad” quiere decir identidad de la misma persona que existió hasta ahora y que no se deshace sin más, como si la historia vivida y sufrida hasta ahora hubiese perdido toda relevancia. Y también discontinuidad: pues “espiritualidad” no quiere decir que el antiguo cuerpo continúe existiendo o vuelva a la vida, sino que hay una nueva dimensión, la dimensión “infinito”, que se impone al transformar después de la muerte todo lo finito.


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Hemos podido ver hoy en el periódico ABC una viñeta de humor gráfico a cargo de Puebla de clara inspiración histórica romana.

Ya en otra ocasión nos referimos a otra viñeta, en aquel caso de Idígoras y Pachi en El Mundo, con alusiones al mundo clásico grecolatino.

En este caso, el dibujante alude a la famosa muerte de Julio César a manos de un grupo de conspirados en los Idus de Marzo del 44 a. C. ante la Curia romana. El episodio nos lo cuenta Suetonio, en Vida de los Doce Césares I, 82:

Assidentem conspirati specie officii circumsteterunt, ilicoque Cimber Tillius, qui primas partes susceperat, quasi aliquid rogaturus propius accessit renuentique et gestu[m] in aliud tempus differenti ab utroque umero togam adprehendit: deinde clamantem: ‘ista quidem uis est!’ alter e Cascis auersum uulnerat paulum infra iugulum. Caesar Cascae brachium arreptum graphio traiecit conatusque prosilire alio uulnere tardatus est; utque animaduertit undique se strictis pugionibus peti, toga caput obuoluit, simul sinistra manu sinum ad ima crura deduxit, quo honestius caderet etiam inferiore corporis parte uelata. atque ita tribus et uiginti plagis confossus est uno modo ad primum ictum gemitu sine uoce edito, etsi tradiderunt quidam Marco Bruto irruenti dixisse: καὶ σὺ τέκνον exanimis diffugientibus cunctis aliquamdiu iacuit, donec lecticae impositum, dependente brachio, tres seruoli domum rettulerunt. nec in tot uulneribus, ut Antistius medicus existimabat, letale ullum repertum est, nisi quod secundo loco in pectore acceperat.

La traducción del texto latino de Suetonio es la siguiente y se ha obtenido de aquí:

 LXXXII. En cuanto se sentó, le rodearon los conspiradores con pretexto de saludarle; en el acto Cimber Telio, que se había encargado de comenzar, acercósele como para dirigirle un ruego; mas negándose a escucharle e indicando con el gesto que dejara su petición para otro momento, le cogió de la toga por ambos hombros, y mientras exclamaba César: Esto es violencia, uno de los Casca, que se encontraba a su espalda, lo hirió algo más abajo de la garganta. Cogióle César el brazo, se lo atravesó con el punzón y quiso levantarse, pero un nuevo golpe le detuvo. Viendo entonces puñales levantados por todas partes, envolviese la cabeza en la toga y bajóse con la mano izquierda los paños sobre las piernas, a fin de caer más noblemente, manteniendo oculta la parte inferior del cuerpo. Recibió veintitrés heridas, y sólo a la primera lanzó un gemido, sin pronunciar ni una palabra. Sin embargo, algunos escritores refieren que viendo avanzar contra él a M. Bruto, le dijo en lengua griega: ¡Tú también, hijo mío! Cuando le vieron muerto, huyeron todos, quedando por algún tiempo tendido en el suelo, hasta que al fin tres esclavos le llevaron a su casa en una litera, de la que pendía uno de sus brazos. Según testimonio del médico Antiscio, entre todas sus heridas sólo era mortal la segunda que había recibido en el pecho. Los conjurados querían arrastrar su cadáver al Tíber, adjudicar sus bienes al Estado y anular sus disposiciones; pero el temor que les infundieron el cónsul M. Antonio y Lépido, jefe de la caballería, les hizo renunciar a su designio.

Como se puede apreciar, Cayo Julio César se dirigió a Bruto en griego, aunque en todas partes se ha generalizado en lengua latina: tu quoque, fili mi.

La viñeta cambia los personajes y los instrumentos del famoso hecho. César es el actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, vestido a la usanza romana, con toga praetexta. Tiene ya un cuchillo clavado en el cuerpo y le apuntan otros dos. No obstante, no parecen preocuparle éstos, sino un puñal especial, un ejemplar del periódico El País que le ha arrojado a la espalda una mano de un desconocido. Bueno, no tan desconocido, porque el presidente exclama, como en su día hizo Julio César: ¿Tú también, Alfredus? En clara alusión a su antiguo vicepresidente y ahora candidato a las próximas elecciones, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Todo radica en un duro editorial publicado ayer en el periódico del grupo PRISA, demoledor para el actual inquilino de La Moncloa, que urgía al presidente a la convocatoria urgente de elecciones generales.

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Otro personaje que merece algún comentario es Filomena o Filomela, como también se le conoce. Es nombre poético por ruiseñor y hace referencia al mito de Procne, Filomela y Tereo.

Podemos leer el mito en Apolodoro, Biblioteca III, 14, 8:

Πανδίων δὲ γήμας Ζευξίππην τῆς μητρὸς τὴν ἀδελφὴν θυγατέρας μὲν ἐτέκνωσε Πρόκνην καὶ Φιλομήλαν, παῖδας δὲ διδύμους Ἐρεχθέα καὶ Βούτην. πολέμου δὲ ἐνστάντος πρὸς Λάβδακον περὶ γῆς ὅρων ἐπεκαλέσατο βοηθὸν ἐκ Θρᾴκης Τηρέα τὸν Ἄρεος, καὶ τὸν πόλεμον σὺν αὐτῷ κατορθώσας ἔδωκε Τηρεῖ πρὸς γάμον τὴν ἑαυτοῦ θυγατέρα Πρόκνην.

ὁ δὲ ἐκ ταύτης γεννήσας παῖδα Ἴτυν, καὶ Φιλομήλας ἐρασθεὶς ἔφθειρε καὶ ταύτην, [εἰπὼν τεθνάναι Πρόκνην,] κρύπτων ἐπὶ τῶν χωρίων. [αὖθις δὲ γήμας Φιλομήλαν συνηυνάζετο,] καὶ τὴν γλῶσσαν ἐξέτεμεν αὐτῆς. (3,14,8,3) ἡ δὲ ὑφήνασα ἐν πέπλῳ γράμματα διὰ τούτων ἐμήνυσε Πρόκνῃ τὰς ἰδίας συμφοράς.

ἡ δὲ ἀναζητήσασα τὴν ἀδελφὴν κτείνει τὸν παῖδα Ἴτυν, καὶ καθεψήσασα Τηρεῖ δεῖπνον ἀγνοοῦντι παρατίθησι· καὶ μετὰ τῆς ἀδελφῆς διὰ τάχους ἔφυγε. (3,14,8,4) Τηρεὺς δὲ αἰσθόμενος, ἁρπάσας πέλεκυν ἐδίωκεν. αἱ δὲ ἐν Δαυλίᾳ τῆς Φωκίδος γινόμεναι περικατάληπτοι θεοῖς εὔχονται ἀπορνεωθῆναι, καὶ Πρόκνη μὲν γίνεται ἀηδών, Φιλομήλα δὲ χελιδών· ἀπορνεοῦται δὲ καὶ Τηρεύς, καὶ γίνεται ἔποψ.

Margarita Rodríguez de Sepúlveda, en Gredos, traduce así:

Pandión se casó con Zeuxipe, hermana de su madre, y tuvo dos hijas, Procne y Filomela, e hijos gemelos, Erecteo y Butes. Al suscitarse la querella con Lábdaco por cuestiones fronterizas, solicitó la ayuda de Tereo, hijos de Ares, de Tracia, y habiendo llevado a feliz términa la guerra gracias a él, le entregó a su hija Procne en matrimonio. Tereo tuvo en ella un hijo, Itis; pero enamorado de Filomela, la sedujo también a ella, diciéndole que Procne había muerto, al tiempo que la mantenía oculta en sus tierras. Tiempo después desposó a Filomela, la poseyó y le cortó la lengua. Mas ella, por medio de signos bordados en un vestido, reveló sus desgracias a Procne. Ésta fue en busca de su hermana, mató a a su hijo Itis, lo coció y se lo dio a comer a Tereo sin él saberlo; luego huyeron ambas apresuradamente. Cuando Tereo se percató, cogiendo un hacha, las persiguió. Al verse acorraladas en Daulia, de Fócide, suplicaron a los dioses que las convirtiesen en pájaros. Procne fue transformada en ruiseñor, Filomela en golondrina, y también Tereo sufrió metamorfosis y se convirtió en abubilla.

La traductora, en nota a pie de página, comenta:

De la historia de Procne y Filomela se encuentran algunas variantes en los autores latinos. Así Ovidio (Metamorfosis VI 424-674) refiere que Tereo, persuadido por Procne, accedió a llevarse a Tracia a Filomela, pero al verla concibió tal pasión por ella que la violó y luego la mantuvo encerrada en una granja tras cortarle la lengua; pero no menciona que se casara con ella. En Higino (Fábula 45), Tereo regresa a Atenas y le comunica a Pandión la falsa noticia de la muerte de Procne, pidiéndole a Fiolomela en matrimonio. Pandión s ela entregó junto con una escolta, pero Tereo arrojó al mar a los miembros de la escolta y violó a Filomela. Ya en Tracia, la envía al rey Linceo, cuya esposa reúne a Fiolomela con su hermana. Higino, como Apolodoro, no menciona la participación de Filomela en el asesinato de Itis. En las fuentes latinas, Tereo es convertido en gavilán, Procne en golondrina y Filomela en ruiseñor.

Veámoslo en Higino:

PHILOMELA.

Tereus Martis filius Thrax cum Prognen Pandionis filiam in coniugium haberet, Athenas ad Pandionem socerum uenit rogatum ut Philomelam alteram filiam sibi in coniugium daret, Prognen suum diem obisse dicit. Pandion ei ueniam dedit, Philomelamque et custodes cum ea misit; quos Tereus in mare iecit, Philomelamque inuentam in monte compressit. Postquam autem in Thraciam redit, Philomelam mandat ad Lynceum regem, cuius uxor L<a>thusa quod Progne fuit familiaris statim paelicem ad eam deduxit. Progne cognita sorore et Terei impium facinus, pari consilio machinari coeperunt regi talem gratiam referre. Interim Tereo ostendebatur in prodigiis Ity filio eius mortem a propinqua manu adesse; quo responso audito cum arbitraretur Dr<y>antem fratrem suum filio suo mortem machinari, fratrem Dr<y>antem insontem occidit. Progne autem filium Itym ex se et Tereo natum occidit, patrique in epulis apposuit et cum sorore profugit. Tereus facinore cognito fugientes cum insequeretur, deorum misericordia factum est ut Progne in hirundinem commutaretur, Philomela in lusciniam; Tereum autem accipitrem factum dicunt.

Después que Tereo, hijo de Marte, tracio, desposó con Procne, la hija de Pandión, llegó a Atenas ante su suegro Pandión para pedirle que le diera en matrimonio a su otra hija Filomela, y dijo que Procne había muerto. Pandió le dio el permiso y envió a Fiolomela y unos guardianes con ella; a éstos Tereo los arrojó al mar y a Filomela la halló en el monte y la violó. Después que regresó a Tracia, envía a Filomela al rey Linceo, cuya esposa Latusa puesto que Procne fue su amiga condujo a la concubina ante ésta. Procne, conocida la impía acción de Tereo con su hermana, comenzaron de común a cuerdo a maquinar contra el rey y a devolverle tal favor. Entretanto a Tereo se le mostraba en un oráculo que mataba con su propia mano a su hijo Itis; oída esta respuesta del oráculo, como pensara que su hermano Driante tramaba la muete de su hijo, mató a su hermano Driante, que era inocente. Pero Procne mató a su hijo Itis, nacido de ella y Tereo, y se lo ofreció a su padre en un banquete y huyó con su hermana. Y al perseguir Tereo, conocido el crimen, a las fugitivas, por misericordia de los dioses ocurrió que Procne fue convertida en golondrina, Filomela en ruiseñor; dicen que Tereo fue convertido en gavilán.


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Vacantes (V)

Hace justo un mes publicábamos la cuarta entrega de nuestro estudio de vacantes de clásicas. Allí hacíamos cábalas sobre el número de interinos y las vacantes necesarias para que todos obtuvieran plaza. Decíamos que había 216 profesores interinos de clásicas. En realidad, y según datos de la Conselleria para los actos de adjudicación, son algunos cuantos menos: en concreto 189.

Decíamos que había sólo 32 vacantes puras y que se deberían crear muchas plazas por necesidad horaria para todos los interinos. Al final, a las 32 plazas vacantes se han sumado 77 nuevas plazas, lo que da un total de 109.

Se puede consultar en las páginas de los sindicatos la relación de profesores suprimidos o desplazados, así como las vacantes que éstos pueden elegir en el acto de adjudicación de mañana martes 12 de julio.

Es una manera de ver por donde irán los tiros en el número de vacantes de clásicas para los interinos en julio.

Hemos dado una ojeada y nos resultan los siguientes datos:

Alicante: 66 plazas; 26 de Cultura Clásica, 23 de Griego y 18 de Latín. De las 17 a las que nos referíamos en el articulo del 12 de junio hemos pasado a 66 (son 49 más).

Castellón: 14 plazas; 7 de Cultura Clásica, 3 de Griego y 4 de latín. De las 9 vacantes que comentábamos en el anterior capítulo de Vacantes (IV) hemos pasado a 14 (5 más por necesidades horarias, sin estar en plantilla).

Valencia: 29 plazas; 11 de Cultura Clásica, 10 de Griego y 8 de Latín. Se han creado por necesidades horarias 23 plazas más de las 6 vacantes existentes.

En total hay, pues, 109 plazas.

Por otra parte, en estos mismos listados se comprueba que en Alicante hay 1 profesora desplazada de Griego, 1 profesora de Cultura Clásica y 1 profesor desplazado de Latín.

En Castellón no hay desplazados o suprimidos de clásicas,

En Valencia hay 2 desplazados de Griego y 1 de Latín.

Estas seis personas deberán elegir una de esas 109 plazas, por lo que, al final, para las adjudicaciones telemáticas de interinos habrá 103 plazas.

Si tenemos en cuenta que en esas mismas páginas de sindicatos hay 189 interinos de clásicas (113 de Griego; de los cuales 57 vuelven a aparecer en la lista de Latín) y 76 de Latín, quiere decir que 86 interinos no obtendrán plaza, al menos en julio. Siempre podrán acceder a sustituciones.

Necesitábamos que se crearan 157 plazas, además de las 32 vacantes, para que todo el colectivo interino tuviera empleo; al final han sido sólo 77. Y si, encima, hay 6 desplazados, es como si sólo fueran 71. Lo dicho, en teoría 86 interinos quedan sin plaza en el curso 2011-2012.

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El punto culminante del acto, y tal vez de la ópera, es el diálogo, casi a modo de agón, entre Admeto y Alcestis. Tras los primeros momentos de incertidumbre, en los que Admeto se extraña del silencio, de la ausencia de miradas, de las lágrimas de Alcestis, llegamos al momento de la revelación: Alcestis es quien ha cumplido la condición del oráculo. Los reproches de Admeto son terribles ante tal noticia: peor que morir él, será quedar en la tierra sin su esposa querida.

Escena V

La alegría de Admeto de volver a ver a Alcestis queda enturbiada por las lágrimas de ésta, que no es capaz de dirigir la mirada y abrazar a su marido. En el diálogo, Alcestis inquiere a Admeto si conoce el oráculo y éste responde afirmativamente, y añade que si Alcestis le revela quién es, recibirá el correspondiente premio. Alcestis le revela que es ella misma, ante el estupor general y la sorpresa indignada de Admeto que recuerda que nunca le pidió a Alcestis tal acto:Io quando mai ti chiesi questa prova d’amor! La congoja de Admeto va en aumento, ya que ahora deberá vivir sin su querida esposa, lo que echa en cara a Alcestis.

Scena Quinta

(Alceste, Ismene, Seguito d’Alceste e detti)

ADMETO

Adorata consorte, e pur di nuovo

ti riveggo, son teco, son tuo,

ti stringo al sen.

Per te penoso m’era il morir;

per la diletta Alceste

amo tanto la vita.

I cari figli così mi serbi il ciel,

com’io sol bramo

nel nostro dolce laccio

passarne i giorni, e poi

morirti in braccio.

ALCESTE

(fra sé)

Misera! Che dirò?

ADMETO

Non mi rispondi!

Ma perché non mi parli!

Ah perché con quelle lagrime

m’avveleni il mio contento?

Perché? Perché?

Dunque io godo un sol momento

e poi sempre ho da soffrir.

Idol mio!

ALCESTE

Mancar mi sento.

ADMETO

Non rispondi.

ALCESTE

Ah che martir!

ADMETO

Uno sguardo…

ALCESTE

E senza piangere!

ADMETO

Un amplesso…

ALCESTE

Oh Dio, l’estremo!

ADMETO

Ah, m’ascolta…

ALCESTE

Io gelo, io tremo.

ADMETO

Parla almen…

ALCESTE

Che posso dir?

ADMETO

È mia pena il tuo tormento,

sei mia speme e mio tesoro.

ALCESTE

Mille volte io così moro

pria di giungere a morir.

ADMETO

Consorte! Alceste! E perché più palese

a me non è tutto il tuo core?

A parte perché più non son io

de’ tuoi contenti, delle tue pene?

ALCESTE

Ah, la fedel sposa non affligger così!

Tu vivi! E al mondo altri non v’è

che più ne goda,

e v’abbia di me parte miglior.


ADMETO

Ma perché tanto dunque t’affanni?

ALCESTE

Oh Dio, non curar di saperlo.

ADMETO

Altri perigli minaccia il cielo?

Ah, mi conservi Alceste, e poi tutto

si sfoghi in me lo sdegno suo! M’ami?

ALCESTE

Se t’amo?

Lo san gli dei, lo sa il mio cor.

T’adoro, t’adorerò.

La tomba il mio pudico affetto

estinguer non potrà. L’anima mia

seco trarrà nel fortunato Eliso

questo tenero amor.

Per la tua vita mille vite io darei.

ADMETO

E i cari figli?

ALCESTE

Non ti turbar, son salvi i figli.

ADMETO

E come, temer puoi che la sorte

che ci ride felice ancor si cangi?

Vivo; sei mia;

son salvi i figli, e piangi!

ALCESTE

Ma non sai?

Ma ti è ignoto, come Apollo parlò?

ADMETO

Lo so; t’intendo; v’è chi more per me.

Senti, io comprendo

del magnanime voto

la sublime virtù.

Tuo sposo apprese il prezzo della vita;

un sì gran dono avanza ogni mercé!

Ma se t’è noto questo eroe,

questo amico,

questo benefattor, scoprilo:

io giuro che eterno in questi lidi

il suo nome vivrà; che alla sua sposa,

a’ genitori, a’ figli,

padre, figlio, consorte sempre sarò:

che dopo te, mia vita, la miglior parte

avranno di tutti i miei pensieri

e del cor mio. Parla.

ALCESTE

Oh Dei!

ADMETO

Piangi?

ALCESTE

Ah sposo!

ADMETO

E ben!

ALCESTE

Son io.

ISMENE, EVANDRO

Santi numi del ciel!

ADMETO

Tu, come Alceste! Tu stessa!

Oh, colpo atroce!

Oh nero giorno!

Oh d’una cieca mente, misero error!

Tu m’ami e te non ami,

e a segno di morir, di lasciarmi,

di privarmi di te.

Che mai facesti!

Io quando mai ti chiesi

questa prova d’amor!

Quando? Rispondi, parla,

stracciami il cor!

Ma quando, oh Dio!

ALCESTE

Sposo, non v’è più tempo.

I voti miei son scritti in cielo.

Il tuo presente stato lo palesa abbastanza,

e mai più chiaro il dio parlò.


ADMETO

No; No crudel, non posso vivere,

tu lo sai senza di te.

Non mi salvi ma m’uccidi

Se da me così dividi

la più viva, la più tenera,

cara parte del mio cor.

E un sì barbaro abbandono,

e l’orror d’un tale addio,

virtù credi e chiami amor!

Nel tiranno affanno mio

Ogni morte, oh numi, è un dono:

d’una vita così misera

peggior sorte oh Dio non v’è!

No crudel, ecc.

(Parte e seco Evandro)


Escena Quinta

(Entra Alcestis con su séquito e Ismene)

ADMETO

Adorada esposa,

nuevamente te vuelvo a ver,

estoy contigo y puedo estrecharte en mi pecho.

Por ti me era penoso morir;

por mi adorable Alcestis

amo la vida.

Sólo deseo ver crecer

los queridos hijos con los que el cielo

ha bendecido nuestro dulce matrimonio,

y luego,

poder morir en tus brazos.

ALCESTIS

(para sí)

¡Pobre de mí!… ¿Qué le diré?

ADMETO

¡No me contestas!

Pero ¿por qué no me hablas?

¡Ah! ¿Por qué con esas lágrimas

enturbias mi felicidad?

¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué disfruto sólo un momento

y luego siempre tengo de sufrir?

¡Amor mío!

ALCESTIS

Me siento morir.

ADMETO

No contestas.

ALCESTIS

¡Ay, qué martirio!

ADMETO

Una mirada…

ALCESTIS

¡No puedo llorar!

ADMETO

Un abrazo…

ALCESTIS

¡Oh dioses, es el fin!

ADMETO

¡Ah, escúchame!…

ALCESTIS

Me paralizo, tiemblo.

ADMETO

¡Háblame al menos!…

ALCESTIS

¿Qué puedo decir?

ADMETO

Es mi pena tu tormento,

eres mi esperanza y mi tesoro.

ALCESTIS

Mil veces muero así

antes de morir definitivamente.

ADMETO

¡Esposa! ¡Alcestis!

¿Por qué no me abres tu corazón?

¿Por qué ya no soy

parte de tu felicidad y de tus penas?

ALCESTIS

¡Ay, a la fiel esposa no aflijas así!

¡Tú vives! Y en el mundo no hay otro

al que más ame,

y obtenga lo mejor de mí.

ADMETO

Pero ¿por qué tanta ansiedad?

ALCESTIS

¡Ay dioses, no busques saberlo!

ADMETO

¿Con otro peligro nos amenaza el cielo?

¡Ah, que me conserve a Alcestis, y luego

descargue sobre mí todo su desdén! ¿Me quieres?

ALCESTIS

¿Si te quiero?

Lo saben los dioses, lo sabe mi corazón.

¡Te adoro, te adoraré siempre!

La tumba no podrá extinguir mi púdico cariño.

Mi alma llevará consigo

hasta el dichoso Elíseo

este tierno amor.

¡Por tu vida, mil vidas yo daría!

ADMETO

¿Y mis amados hijos?

ALCESTIS

No te preocupes, tus hijos están a salvo.

ADMETO

¿Y cómo puedes temer que cambie

la suerte que nos sonríe feliz?

Vivo, eres mía,

nuestros hijos están bien, ¡y lloras!

ALCESTIS

Pero ¿tú no sabes?

Pero ¿desconoces lo que dijo Apolo?

ADMETO

Lo sé; te entiendo; alguien muere por mí.

Yo comprendo

del magnánimo juramento

la sublime virtud.

Tu esposo aprecia el valor de la vida;

¡un don tan valioso supera cualquier gracia!

Pero si conoces a ese héroe,

a ese amigo,

a ese benefactor, revélamelo:

yo juro que eternamente en este reino

su nombre vivirá; que a su esposa,

a sus padres, a sus hijos;

padres, hijos, cónyuge siempre cuidaré:

que después de ti, durante mi vida, tendrán

la mejor parte de todos mis pensamientos

y de mi corazón. Habla.

ALCESTIS

¡Ay, dioses!

ADMETO

¿Lloras?

ALCESTIS

¡Ay, esposo mío!

ADMETO

¡Y bien!

ALCESTIS

Soy yo.

ISMENE, EVANDRO

¡Santos dioses del cielo!

ADMETO

¡Tú, Alcestis! ¡Tú misma!

¡Ay, qué golpe atroz!

¡Ay, qué negro día!

¡Ay, de una mente ciega, grave error!

Tú me amas y tú no te amas,

so pena de morir, de dejarme,

de privarme de ti.

¡Qué hiciste!

¿Cuándo te pedí

esa prueba de amor?

¿Cuándo?… ¡Contesta, habla,

desgárrame el corazón!

¡Cuando, oh dioses!

ALCESTIS

Esposo mío, ya es tarde.

Mis promesas están registradas en el cielo.

Tu estado actual lo demuestra suficientemente,

y jamás el dios habló más claro.

ADMETO

¡No, no cruel, no puedo vivir,

bien lo sabes, sin ti!

Así no me salvas, al contrario, me matas

si de mí así separas

la más viva, la más tierna,

la más querida parte de mi corazón.

¡Y a tan cruel abandono,

a semejante adiós,

crees que es una virtud y le llamas amor!

Ante tan despiadada aflicción

toda muerte ¡oh dioses! es un regalo.

De una vida tan miserable

peor suerte ¡oh, dioses! no hay.

No cruel, etcétera.

(Sale y Evandro lo acompaña)


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Y como final de esta serie de artículos sobre la Resurrección de Cristo, ofrecemos casi completos los aparatdos 4, 6 y 7 del capítulo IV (Bajada a los Infiernos – Resurrección – Ascensión a los cielos) del libro Credo de Hans Küng, al que ya nos hemos referido otras veces en otro lugar. Lo haremos en este y en el próximo, y último, capítulo de la serie.

¿Creer en la tumba vacía?

… ¿A quién se le ocurriría suponer, ante una tumba vacía, que quienquiera que sea ha resucitado de entre los muertos? La mera tumba vacía no dice absolutamente nada. Pues el hecho de que una tumba esté vacía puede tener, notoriamente, muchas explicaciones. Esto es válido hoy y era válido también entonces. Y son los propios evangelistas quienes, probablemente para hacer frente a los rumores de los judíos en esa dirección, nos informan ya sobre las posibles explicaciones: ¿Estaba la tumba vacía? Entonces sólo puede ser que han robado el cuerpo, o que lo han confundido con otro, o que la muerte fue sólo aparente. O peor aún: la historia de la resurrección es sólo una ficción, una estafa de los discípulos. Aún hoy sigue habiendo personas que, contra los testimonios inequívocos de las fuentes auténticas, creen en la tesis de la muerte aparente de Jesús y difunden esas tesis poco serias en libros provistos de títulos tan efectistas como Jesús, el primer hombre nuevo: una idea abstrusa, si se tiene en cuenta los testimonios históricos.

Dicho sin rodeos: con la tumba vacía, en sí, no se puede probar la verdad de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Eso sería una clara petición de principio: se presupone lo que habría que demostrar. Pues, por sí misma, la tumba vacía sólo dice lo siguiente: “Él no está aquí” (Mc 16, 6). Y hay que añadir expresamente, por no ser en modo alguno evidente: “Ha resucitado” (Mc 16, 6). Pero esto también se le puede decir a cualquiera, sin necesidad de enseñarle una tumba vacía.

Todo esto quiere decir lo siguiente: según el Nuevo Testamento, no fue la tumba vacía, de por sí, lo que hizo creer en el Resucitado (en el evangelio de Juan tampoco cree Pedro cuando ve la tumba vacía, sólo el discípulo amado, lo que hace pensar en un saber que procede de Dios). Y así como en todo el Nuevo Testamento no hay nadie que afirme haber estado presente durante le hecho mismo de la resurrección, no que diga que conoce testigos oculares de la resurrección, así tampoco hay nadie que asegure que su fe en el Resucitado proviene de la tumba vacía. En ningún momento recurren los discípulos a la tumba vacía para fortalecer la fe de la joven

Comunidad cristiana, o para refutar o convencer a los adversarios. No puede sorprender, por tanto:

1. que el texto más antiguo sobre apariciones de Jesús (1 Cor 14, 4) no vincule la fe en la resurrección a la existencia de una tumba vacía;

2. que Pablo no mencione en ninguna de sus cartas la “tumba vacía” ni acuda a testigos autorizados de la “tumba vacía”, con el fin de reforzar su mensaje de la resurrección.

3. que, por último, los demás textos neotestamentarios, fuera de los evangelios, no digan nada sobre la tumba vacía.

Para el hombre contemporáneo, esto significa: la tumba de Jesús puede haber estado o no vacía, históricamente, pero la fe en la nueva vida, junto a Dios, del Resucitado no depende de la tumba vacía. El acontecimiento pascual no está condicionado sino, todo lo más, ilustrado por la tumba vacía. O sea, la “tumba vacía” no es un artículo de fe, es decir, no es base u objeto de la fe en la resurrección. La fe cristiana no llama a una tumba vacía sino al encuentro con el Cristo viviente, como dice el evangelio: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24, 5).

A ello se añade que, en el propio Nuevo Testamento, los relatos sobre la tumba vacía divergen fuertemente en los detalles: los soldados que vigilan la tumba sólo aparecen en Mateo. El hecho de que Pedro acuda a la tumba sólo lo mencionan Lucas y Juan; la aparición a las mujeres, sólo Mateo, y a María Magdalena, sólo Juan. Por todo ello, la mayor parte de quienes se adhieren al análisis crítico de la Biblia legan a la convicción de que las historias en torno a la tumba son ilustraciones legendarias del mensaje de la resurrección, al estilo de las epifanías del Antiguo Testamento, y que fueron escritas muchas décadas después de la muerte de Jesús.

Pues, si se observa bien, en el centro del relato sobre la tumba no está la tumba vacía sino el mensaje, breve, como una profesión de fe, de la resurrección: “Ha resucitado” (Mc 16, 6), tal y como aparece en el documento más antiguo del Nuevo Testamento, la primera carta a los Tesalonicenses del año 51/52, y en diversos documentos posteriores: Jesús, “a quien él (Dios) ha resucitado de entre los muertos” (1 Tes 1, 10). Los relatos sobre la tumba vacía no deben ser entendidos como reconocimiento de un hecho sino como la reconstrucción narrativa, surgida seguramente ya bastante pronto, y el despliegue cada vez más legendario del mensaje de la resurrección, tal y como está contenido en el anuncio del (o de los) ángeles.

¿Sigue teniendo entonces un sentido el leer, el Domingo de Resurrección, esas historias sobre la tumba? Sí, por supuesto. Lo que he dicho sobre el evangelio de la Navidad es aplicable también a los evangelios de la resurrección: un relato concreto, como el de los discípulos que caminan a Emaús, un cuadro concreto como el de Grünewald, pueden calar más hondo que una frase teórica, que un principio filosófico o que un dogma teológico. Y estos relatos son, además, un signo que aclara y confirma lo siguiente: con la muerte de Jesús no ha terminado todo, Jesús no ha permanecido en la muerte y el Resucitado no es otro que el ajusticiado Nazareno.

¿Creer en la resurrección de Jesucristo, que significa hoy en día?

Lo primero aquí es tomar, simplemente, nota de lo siguiente: según todos los testimonios, los primeros discípulos y discípulas de Jesús declaran que el motivo de la fe que ha nacido en ellos es el Dios de Israel y el propio Jesús. Y para explicarlo no acuden a reflexiones sobre la impresionante personalidad de Jesús, que “no podía morir, sino que vive” (como se cantaba en otro tiempo sobre Lenin), ni tampoco a determinados modelos históricos (los justos que sufren, y los mártires), sino a apariciones a todas luces impresionantes, que les llevaban a dar testimonio público y que tuvieron lugar durante los días, semanas y meses posteriores a la muerte de Jesús, unas apariciones de las que Pablo nombra toda una serie de testigos que aún viven (1 Cor 15, 5-8); también aducen experiencias con el Jesús vivo, cosas inesperadas que les han ocurrido.

No cabe duda de que nuestros conocimientos relativos a las experiencias de orden espiritual, visiones, audiciones, dilatación de la consciencia, éxtasis, vivencias “místicas”, son todavía muy limitados como para poder dilucidar lo que, en último término, había de real en todos esos relatos. Y también es seguro que los discípulos se sirvieron de los modelos interpretativos que se conocían entonces. Pero no se pueden rechazar como alucinaciones tales vivencias ni tampoco se querrá aplicar inversamente un esquema supranaturalista y explicarlas como una intervención, desde arriba o desde fuera, de Dios. Probablemente se trató de visiones que tuvieron lugar en el interior, no en la realidad exterior. Pues la actividad “subjetiva”, de los discípulos y el obrar “objetivo” de Dios no se excluyen en absoluto mutuamente; Dios puede actuar también a través de la psique del hombre.

En cualquier caso, Jesús no apareció públicamente como el glorioso triunfador, con la bandera de la cruz en la mano, como se le representa desde la época de las Cruzadas. Esas “visiones” y “audiciones”, ese “ver” y ese “oír” no implican un conocimiento neutro, histórico, sino un acto de confianza: una aceptación confiada que no excluye las dudas: se trata de experiencias de fe, cuya más adecuada comparación serían las experiencias vocacionales de los profetas de Israel. Al igual que ellos, los discípulos y discípulas empiezan ahora a sentirse llamados, a anunciar el mensaje, en calidad de “enviados (apóstoles) del Mesías Jesús”, y a exponer su vida por ese mensaje, sin preocuparse de eventuales peligros…

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Prosigue el capítulo 32 del libro I de los Relatos Verídicos de Luciano de Samosata.

Τότε μὲν οὖν ἐπὶ πολὺ ἐδακρύομεν, ὕστερον δὲ ἀναστήσαντες τοὺς ἑταίρους τὴν μὲν ναῦν ὑπεστηρίξαμεν, αὐτοὶ δὲ τὰ πυρεῖα συντρίψαντες καὶ ἀνακαύσαντες δεῖπνον ἐκ τῶν παρόντων ἐποιούμεθα. παρέκειτο δὲ ἄφθονα καὶ παντοδαπὰ κρέα τῶν ἰχθύων, καὶ ὕδωρ ἔτι τὸ ἐκ τοῦ ᾿Εωσφόρου εἴχομεν. τῇ ἐπιούσῃ δὲ διαναστάντες, εἴ ποτε ἀναχάνοι τὸ κῆτος, ἑωρῶμεν ἄλλοτε μὲν ὄρη, ἄλλοτε δὲ μόνον τὸν οὐρανόν, πολλάκις δὲ καὶ νήσους· καὶ γὰρ ᾐσθανόμεθα φερομένου αὐτοῦ ὀξέως πρὸς πᾶν μέρος τῆς θαλάττης. ἐπεὶ δὲ ἤδη ἐθάδες τῇ διατριβῇ ἐγενόμεθα, λαβὼν ἑπτὰ τῶν ἑταίρων ἐβάδιζον ἐς τὴν ὕλην περισκοπήσασθαι τὰ πάντα βουλόμενος. οὔπω δὲ πέντε ὅλους διελθὼν σταδίους εὗρον ἱερὸν Ποσειδῶνος, ὡς ἐδήλου ἐπιγραφή, καὶ μετ᾿ οὐ πολὺ καὶ τάφους πολλοὺς καὶ στήλας ἐπ᾿αὐτῶν πλησίον τε πηγὴν ὕδατος διαυγοῦς, ἔτι δὲ καὶ κυνὸς ὑλακὴν ἠκούομεν καὶ καπνὸς ἐφαίνετο πόρρωθεν καί τινα καὶ ἔπαυλιν εἰκάζομεν.

32 Primero, lloramos un buen rato; más tarde, reanimamos a los compañeros y apuntalamos la nave; nosotros mismos, frotando el encendedor, logramos hacer fuego y preparar una cena con los alimentos a nuestro alcance. Disponíamos de peces abundantes y variados, y aún teníamos agua de la Estrella de la Mañana. Al día siguiente, al levantarnos, cada vez que la ballena abría la boca, veíamos unas veces montañas, otras sólo el cielo y con frecuencia también islas; así comprendimos que avanzaba rápidamente por todos los confines del mar. Cuando ya nos habíamos habituado a nuestra morada, tomé a siete compañeros y penetré en el bosque, deseoso de inspeccionarlo todo. Aun no había recorrido cinco estadios completos cuando descubrí un templo de Posidón, según indicaba el rótulo grabado, y no muy lejos muchas tumbas con estelas; cerca había un manantial de agua clara. Escuchamos también el ladrido de un perro, apareció humo a lo lejos y creíamos distinguir una especie de alquería.


Σπουδῇ οὖν βαδίζοντες ἐφιστάμεθα πρεσβύτῃ καὶ νεανίσκῳ μάλα προθύμως πρασιάν τινα ἐργαζομένοις καὶ ὕδωρ ἀπὸ τῆς πηγῆς ἐπ᾿ αὐτὴν διοχετεύουσιν ἡσθέντες οὖν ἅμα καὶ φοβηθέντες ἔστημεν κἀκεῖνοι δὲ ταὐτὸ ἡμῖν ὡς τὸ εἰκὸς παθόντες ἄναυδοι παρειστήκεσαν· χρόνῳ δὲ πρεσβύτης ἔφη, Τίνες ὑμεῖς ἄρα ἐστέ, ξένοι; πότερον τῶν ἐναλίων δαιμόνων ἄνθρωποι δυστυχεῖς ἡμῖν παραπλήσιοι; καὶ γὰρ ἡμεῖς ἄνθρωποι ὄντες καὶ ἐν γῇ τραφέντες νῦν θαλάττιοι γεγόναμεν καὶ συννηχόμεθα τῷ περιέχοντι τούτῳ θηρίῳ, οὐδ᾿ πάσχομεν ἀκριβῶς εἰδότες· τεθνάναι μὲν γὰρ εἰκάζομεν, ζῆν δὲ πιστεύομεν. πρὸς ταῦτα ἐγὼ εἶπον· Καὶ ἡμεῖς τοι ἄνθρωποι νεήλυδές ἐσμεν, πάτερ, αὐτῷ σκάφει πρῴην καταποθέντες, προήλθομεν δὲ νῦν βουλόμενοι μαθεῖν τὰ ἐν τῇ ὕλῃ ὡς ἔχειἦ πολλὴ γάρ τις καὶ λάσιος ἐφαίνετο. δαίμων δέ τις, ὡς ἔοικεν, ἡμᾶς ἤγαγεν σέ τε ὀψομένους καὶ εἰσομένους ὅτι μὴ μόνοι ἐν τῷδε καθείργμεθα τῷ θηρίῳ· ἀλλὰ φράσον γε ἡμῖν τὴν σαυτοῦ τύχην, ὅστις τε ὢν καὶ ὅπως δεῦρο εἰσῆλθες.

δὲ οὐ πρότερον ἔφη ἐρεῖν οὐδὲ πεύσεσθαι παρ᾿ ἡμῶν, πρὶν ξενίων τῶν παρόντων μεταδοῦναι, καὶ λαβὼν ἡμᾶς ἦγεν ἐπὶ τὴν οἰκίαν ἐπεποίητο δὲ αὐτάρκη καὶ στιβάδας ἐνῳκοδόμητο καὶ τὰ ἄλλα ἐξήρτιστοπαραθεὶς δὲ ἡμῖν λάχανά τε καὶ ἀκρόδρυα καὶ ἰχθῦς, ἔτι δὲ καὶ οἶνον ἐγχέας, ἐπειδὴ ἱκανῶς ἐκορέσθημεν, ἐπυνθάνετο πεπόνθειμεν· κἀγὼ πάντα ἑξῆς διηγησάμην, τόν τε χειμῶνα καὶ τὰ ἐν τῇ νήσῳ καὶ τὸν ἐν τῷ ἀέρι πλοῦν καὶ τὸν πόλεμον καὶ τὰ ἄλλα μέχρι τῆς εἰς τὸ κῆτος καταδύσεως.

33 Avanzamos muy presurosos y nos acercamos a un anciano y a un joven, muy ocupados trabajando en una parcela y conduciendo agua desde la fuente hasta ella. Con tanta alegría como temor nos detuvimos; ellos experimentaron lo mismo que nosotros, probablemente, y sin decir palabra permanecieron inmóviles. Pasado un tiempo, el viejo preguntó: “¿Quiénes sois vosotros, extranjeros? ¿Sois acaso dioses marinos u hombres desdichados, como nosotros? Nosotros, siendo hombres y habiéndonos criado en la tierra, nos hemos convertido en seres marinos, y vamos por el agua en este monstruo que nos encierra, sin saber exactamente cuál es nuestra condición, pues imaginamos estar muertos, pero tenemos fe en que vivimos”. A esas palabras yo repliqué: “También nosotros somos hombres recién llegados, padre, tragados ayer con la nave incluida, que nos hemos aproximado ahora, deseosos de saber que había en el bosque, pues veíamos que era grande y espeso; mas un dios, al parecer, nos ha conducido a verte y enterarnos de que no somos los únicos prisioneros de este monstruo. Cuéntanos, pues, tu historia, quién eres y cómo has venido hasta aquí”.

Pero él respondió que no hablaría ni nos haría preguntas antes de entregarnos los dones de hospitalidad de que disponía; y, tomándonos, nos condujo a su casa. Tenía las dimensiones suficientes y había construido también lechos de hojarasca y demás instalaciones. Nos ofreció hortalizas, frutos secos y peces y, además, nos escanció vino. Cuando nos hubimos saciado, nos preguntó qué nos había ocurrido. Yo se lo relaté todo puntualmente: la tempestad, lo de la isla, la navegación por el aire, la guerra y demás aventuras hasta nuestra inmersión en la ballena.


῾Ο δὲ ὑπερθαυμάσας καὶ αὐτὸς ἐν μέρει τὰ καθ᾿ αὑτὸν διεξῄει λέγων, Τὸ μὲν γένος εἰμί, ὦ ξένοι, Κύπριος, ὁρμηθεὶς δὲ κατ᾿ ἐμπορίαν ἀπὸ τῆς πατρίδος μετὰ παιδός, ὃν ὁρᾶτε, καὶ ἄλλων πολλῶν οἰκετῶν ἔπλεον εἰς ᾿Ιταλίαν ποικίλον φόρτον κομίζων ἐπὶ νεὼς μεγάλης, ν ἐπὶ στόματι τοῦ κήτους διαλελυμένην ἴσως ἑωράκατε. μέχρι μὲν οὖν Σικελίας εὐτυχῶς διεπλεύσαμεν· ἐκεῖθεν δὲ ἁρπασθέντες ἀνέμῳ σφοδρῷ τριταῖοι ἐς τὸν ὠκεανὸν ἀπηνέχθημεν, ἔνθα τῷ κήτει περιτυχόντες καὶ αὔτανδροι καταποθέντες δύο ἡμεῖς μόνοι τῶν ἄλλων ἀποθανόντων ἐσώθημεν.

Θάψαντες δὲ τοὺς ἑταίρους καὶ ναὸν τῷ Ποσειδῶνι δειμάμενοι τουτονὶ τὸν βίον ζῶμεν, λάχανα μὲν κηπεύοντες, ἰχθῦς δὲ σιτούμενοι καὶ ἀκρόδρυα. πολλὴ δέ, ὡς ὁρᾶτε, ἡ ὕλη, καὶ μὴν καὶ ἀμπέλους ἔχει πολλάς, ἀφ᾿ ὧν ἡδύτατος οἶνος γεννᾶται· καὶ τὴν πηγὴν δὲ ἴσως εἴδετε καλλίστου καὶ ψυχροτάτου ὕδατος. εὐνὴν δὲ ἀπὸ τῶν φύλλων ποιούμεθα, καὶ πῦρ ἄφθονον καίομεν, καὶ ὄρνεα δὲ θηρεύομεν τὰ εἰσπετόμενα, καὶ ζῶντας ἰχθῦς ἀγρεύομεν ἐξιόντες ἐπὶ τὰ βραγχία τοῦ θηρίου, ἔνθα καὶ λουόμεθα, ὁπόταν ἐπιθυμήσωμεν. καὶ μὴν καὶ λίμνη οὐ πόρρω ἐστὶν σταδίων εἴκοσι τὴν περίμετρον, ἰχθῦς ἔχουσα παντοδαπούς, ἐν ἧ καὶ νηχόμεθα καὶ πλέομεν ἐπὶ σκάφους μικροῦ, ὃ ἐγὼ ἐναυπηγησάμην.

ἔτη δέ ἐστιν ἡμῖν τῆς καταπόσεως ταῦτα ἑπτὰ καὶ εἴκοσι.

34 Él quedó maravillado en extremo, y nos contó por su parte su propia historia, diciendo: “Soy de origen chipriota, extranjeros; partí de mi patria por motivos comerciales con mi hijo, a quien véis, y muchos criados: navegaba rumbo a Italia transportando diversas mercancías en un gran navío, que seguramente habéis visto destruido en la boca de la ballena. Hasta Sicilia navegamos felizmente, pero a partir de allí, arrebatados por un fuerte vendaval, fuimos lanzados, al tercer día, al Océano, donde nos encontramos con la ballena y fuimos tragados, nave y tripulantes; sólo nosotros dos nos salvamos, muriendo el resto. Tras sepultar a nuestros compañeros y edificar un templo a Posidón, adoptamos este género de vida, cultivando hortalizas y alimentándonos de peces y frutos secos. Como veis, el bosque es muy extenso y tiene incluso muchas vides, de las que se cosecha un vino dulcísimo. Sin duda visteis el manantial de agua en extremo hermosa y fresca.

Construimos nuestros lechos de hojas, encendemos fuego abundante, cazamos las aves que vuelan por aquí dentro y capturamos los peces vivos saliendo hasta las branquias del animal, donde también nos bañamos cuando nos apetece. Hay también una laguna, no lejos de aquí, de veinte estadios de perímetro, con peces de todas las especies, en la que nos bañamos y navegamos en un pequeño bote que yo construí. Hace ya veintisiete años que fuimos tragados.


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