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Archive for 31 octubre 2016

insomnio-dibujo

Veíamos en el anterior capítulo sobre Hero y Leandro de Museo el Gramático que el insomnio es un síntoma de amor y aportábamos textos de Platón (Fedro), Aquiles Tacio (Leucipa y Clitofonte) y Apolonio de Rodas (Argonáuticas).

De esta última obra ofrecimos un ejemplo del insomnio de Medea, pero tampoco Jasón puede conciliar el sueño y se dedica en la noche a actividades que no son el dulce sueño.

Argonáuticas III, 1191 ss.(Jasón):

Ἠέλιος μὲν ἄπωθεν ἐρεμνὴν δύετο γαῖαν

ἑσπέριος, νεάτας ὑπὲρ ἄκριας Αἰθιοπήων·

νὺξ δ᾽ ἵπποισιν ἔβαλλεν ἔπι ζυγά· τοὶ δὲ χαμεύνας

ἔντυον ἥρωες παρὰ πείσμασιν. αὐτὰρ Ἰήσων

αὐτίκ᾽ ἐπεί ῥ᾽ Ἑλίκης εὐφεγγέος ἀστέρες Ἄρκτου

ἔκλιθεν, οὐρανόθεν δὲ πανεύκηλος γένετ᾽ αἰθήρ,

βῆ ῥ᾽ ἐς ἐρημαίην, κλωπήιος ἠύτε τις φώρ,

σὺν πᾶσιν χρήεσσι· πρὸ γάρ τ᾽ ἀλέγυνεν ἕκαστα

ἠμάτιος· θῆλυν μὲν ὄιν, γάλα τ᾽ ἔκτοθι ποίμνης

Ἄργος ἰὼν ἤνεικε· τὰ δ᾽ ἐξ αὐτῆς ἕλε νηός.

ἀλλ᾽ ὅτε δὴ ἴδε χῶρον, ὅτις πάτου ἔκτοθεν ἦεν

ἀνθρώπων, καθαρῇσιν ὑπεύδιος εἱαμενῇσιν,

ἔνθ᾽ ἤτοι πάμπρωτα λοέσσατο μὲν ποταμοῖο

εὐαγέως θείοιο τέρεν δέμας· ἀμφὶ δὲ φᾶρος

ἕσσατο κυάνεον, τό ῥά οἱ πάρος ἐγγυάλιξεν

Λημνιὰς Ὑψιπύλη, ἀδινῆς μνημήιον εὐνῆς.

 

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Jasón y Medea (1865), óleo sobre lienzo de 204 x 121,5 cm., de Gustave Moureau (1826-1898). Museo de Orsay, París

El Sol se ocultaba a lo lejos en la oscura tierra por el occidente m ás allá de las últimas cumbres de los etíopes. La Noche ponía el yugo a sus caballos. Y los héroes preparaban sus yacijas junto a las amarras. Pero Jasón, tan pronto como las estrellas de la rutilante Osa Hélice declinaron y desde el cielo quedó en plena calma el éter, marchó hacia un lugar solitario, como un furtivo ladrón con todo lo preciso. Pues antes, durante el día, se había ocupado de cada cosa: Argos al venir le trajo del rebaño una oveja y leche; lo demñas lo tomó de la propia nave.

Y cuando ya vio un lugar que estaba lejos del paso de los hombres, en limpia pradera bajo un cielo apacible, allí lo primero de todo bañó piadosamente su delicado cuerpo en el río divino, y en derredor vistió un manto negro que antes le regalara la lemnia Hipsípila como recuerdo de su apasionada unión.

La traducción es de Mariano Valverde Sánchez, en Gredos.

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Otros ejemplos de insomnio provocado por el amor los tenemos en Teócrito II, 38 ss. (Simeta):

ἠνίδε σιγῇ μὲν πόντος, σιγῶντι δ᾿ ἀῆται·

ἁ δ᾿ ἐμὰ οὐ σιγῇ στέρνων ἔντοσθεν ἀνία,

ἀλλ᾿ ἐπὶ τήνῳ πᾶσα καταίθομαι ὅς με τάλαιναν

ἀντὶ γυναικὸς ἔθηκε κακὰν καὶ ἀπάρθενον ἦμεν.

ἶυγξ, ἕλκε τὺ τῆνον ἐμὸν ποτὶ δῶμα τὸν ἄνδρα.

ὡς τοῦτον τὸν κηρὸν ἐγὼ σὺν δαίμονι τάκω,

ὣς τάκοιθ᾿ ὑπ᾿ ἔρωτος ὁ Μύνδιος αὐτίκα Δέλφις.

χώς δινεῖθ᾿ ὅδε ῥόμβος ὁ χάλκεος ἐξ ᾿Αφροδίτας,

ὣς τῆνος δινοῖτο ποθ᾿ ἁμετέραισι θύραισιν.

ἶυγξ, ἕλκε τὺ τῆνον ἐμὸν ποτὶ δῶμα τὸν ἄνδρα.

ἐς τρὶς ἀποσπένδω καὶ τρὶς τἀδε, πότνια, φωνῶ·

εἴτε γυνὰ τήνῳ παρακέκλιται εἴτε καὶ ἀνήρ,

τόσσον ἔχοι λάθας ὅσσον ποκὰ Θησέα φαντί

ἐν Δίᾳ λασθῆμεν ἐυπλοκάμω ᾿Αριάδνας.

ἶυγξ, ἕλκε τὺ τῆνον ἐμὸν ποτὶ δῶμα τὸν ἄνδρα.

ἱππομανὲς φυτόν ἐστι παρ᾿ ᾿Αρκάσι, τῷ δ᾿ ἔπι πᾶσαι

καὶ πῶλοι μαίνονται ἀν᾿ ὤρεα καὶ θοαὶ ἵπποι·

ὣς καὶ Δέλφιν ἴδοιμι, καὶ ἐς τόδε δῶμα περάσαι

μαινομένῳ àκελος λιπαρᾶς ἔκτοσθε παλαίστρας.

teocritoidilios

Mira, calla el mar, callan los vientos; pero dentro del pecho no calla mi pena: toda me abraso por ese hombre, que ha hecho de mí, idesgraciada!, en vez de esposa una mujer infeliz y deshonrada.

Rueda mágica, trae tú a mi hombre a casa.

Como esta cera con ayuda de la diosa yo derrito, así de amor se derrita Delfis de Mindo; y como gira este rombo de bronce por obra de Afrodita, así gire él a mi puerta

Rueda mágica, trae tú a mi hombre a casa.

Por tres veces hago la libación y por tres veces, Augusta, digo esto: ora si con él duerme mujer, ora si duerme hombre, que tanto olvido embargue a Delfis como cuentan que, en Día, Teseo olvidó a Ariadna, de hermosa cabellera.

Rueda mágica, trae tú a mi hombre a casa.

Hay en Arcadia una planta, la hipómanes, por la que enloquecen en los montes todas las potrancas, todas las raudas yeguas; así pueda yo ver también a Delfis, y venga a esta casa como enloquecido, dejando la lustrosa palestra.

Rueda mágica, trae tú a mi hombre a casa.

De su manto ha poerdido Delfis esta fimbria, que yo ahora echo desmenuzada al voraz fuego 16. ¡Ay! Amor cruel, ¿por qué, pegado a mí cual sanguijuela de pantano, me has chupado toda la obscura sangre?

La traducción es de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada, en Gredos

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Manuel García Teijeiro (1942-)

Y en Antología Palatina V, 152, 166 (Meleagro).

Éste es el 152:

ΜΕΛΕΑΓΡΟΥ

Πταίης μοι, κώνωψ, ταχὺς ἄγγελος, οὔασι δ᾿ ἄκροις

Ζηνοφίλας ψαύσας προσψιθύριζε τάδε·

῎Αγρυπνος μίμνει σε· σὺ δ᾿, ὦ λήθαργε φιλούντων,

εὕδεις. εἶα, πέτευ· ναί, φιλόμουσε, πέτευ·

ἥσυχα δὲ φθέγξαι, μὴ καὶ σύγκοιτον ἐγείρας

κινήσῃς ἐπ᾿ ἐμοὶ ζηλοτύπους ὀδύνας.

ἢν δ᾿ ἀγάγῃς τὴν παῖδα, δορά στέψω σε λέοντος,

κώνωψ, καὶ δώσω χειρὶ φέρειν ῥόπαλον.

Vuela, mosquito, a Zenófila y, rápido nuncio,

rozando su oreja susurra este mensaje:

“Insomne te espera ;¡y duermes, de amor olvidada!”

¡Vuela ya, vuela, músico! Pero háblale bajito,

no despiertes a aquel que comparte su lecho y con ello

renueves en él tormentos celosos.

Si traes, mosquito, a mi niña, la piel he de darte

de un león y una maza que en tu mano lleves.

antologiapalatina

Y el V, 166:

῎Ω Νύξ, ὦ φιλάγρυπνος ἐμοὶ πόθος ᾿Ηλιοδώρας,

καὶ σκολιῶν ὄρθρων κνίσματα δακρυχαρῆ,

ἀρα μένει στοργῆς ἐμὰ λείψανα, καί τι φίλημα

μνημόσυνον ψυχρὰ θάλπετ ἐν εἰκασίᾳ;

ἀρἀ γ᾿ ἔχει σύγκοιτα τὰ δάκρυα κἀμὸν ὄνειρον

ψυχαπάτην στέρνοις ἀμφιβαλοῦσα φιλεῖ;

ἢ· νέος ἄλλος ἔρως, νέα παίγνια; μήποτε, λύχνε,

ταῦτ᾿ ἐσίδῃς, εἴης δ᾿ ¸ἢς παρέδωκα φύλαξ.

iOh, Noche y pasión de Heliodora que insomne me tiene,

tenebrosos crepúsculos con lágrimas y goces!

¿Queda acaso un rescoldo de amor o el recuerdo de un

[beso

cuya imagen entibie la ceniza fría?

¿Habrá llanto en su cama tal vez, o el abrazo amoroso

dado contra sus pechos a mi espectro huidizo?

¿O quizá un nuevo amor? Pues jamás, mi candil, Iuz les

[prestes,

mas sé guardián de aquella que te entregara antaño.

La traducción es de Manuel-Fernández-Galiano, en Gredos.

Seminario de Literatura General y Comparada

Manuel Fernández-Galiano (1918-1988), en una conferencia en al Fundación Juan March el 6 de junio de 1977

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En esta serie de artículos que hoy iniciamos nos referiremos a un gran personaje de la historia que, paradójicamente, no escribió nada, pero cuyas enseñanzas y vicisitudes nos son conocidas por el testimonio de varios autores clásicos; nos referimos al gran Sócrates.

De él nos hablaron dos de sus alumnos, Platón y Jenofonte, así como autores como Diógenes Laercio, Aristófanes, Aristóteles, Antístenes, Aristóxeno, San Justino, Claudio Eliano, Plutarco. San Juan Crisóstomo o nuestro amigo Aulo Gelio, cuya referencia a la paciencia de Sócrates con su mujer Jantipa (Noches Áticas I, XVII), nos ha servido de hermosa y curiosa excusa para esta serie.

Así que empecemos con esta referencia a la paciencia socrática de Aulo Gelio. La traducción es de Manuel-Antonio Marcos Casquero y Avelino Domínguez García, en su edición de 2006 en las publicaciones de la Universidad de León:

XVII. Quanta cum animi aequitate toleraverit Socrates uxoris ingenium intractabile; atque inibi quid M. Varro in quadam satura de officio mariti scripserit.

XVII. Con cuánta ecuanimidad soportó Sócrates el carácter intratable de su esposa; opinión expresada por M. [Terencio] Varrón en una sátira sobre los deberes del marido.

 1. Xanthippe, Socratis philosophi uxor, morosa admodum fuisse fertur et iurgiosa irarumque et molestiarum muliebrium per diem perque noctem scatebat

2. Has eius intemperies in maritum Alcibiades demiratus interrogavit Socraten, quaenam ratio esset, cur mulierem tam acerbam domo non exigeret.

1 Cuentan que Jantipa, la esposa del filósofo Sócrates, tenía muy mal carácter y muy mal humor, que era proclive a las broncas y que día y noche tenia frecuentes arranques de ira e impertinencias propias de mujeres.

2 Asombrado por tales intemperancias hacia el marido, Alcibíades pregunto a Sócrates por qué motivo no echaba de casa a una mujer tan desagradable.

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Jantipa vaciando un orinal sobre Sócrates, de Emblemata Horatiana ilustrado por Otho Vaenius, 1607.

 3. “Quoniam,” inquit Socrates “cum illam domi talem perpetior, insuesco et exerceor, ut ceterorum quoque foris petulantiam et iniuriam facilius feram.”

4. Secundum hanc sententiam M. quoque Varro in satura Menippea, quam de officio mariti scripsit: “Vitium” inquit “uxoris aut tollendum aut ferendum est. Qui tollit vitium, uxorem commodiorem praestat; qui fert, sese meliorem facit.

3 “Porque, cuando en casa soporto a una mujer así -respondió Sócrates-, me acostumbro y entreno para soportar más fácilmente la insolencia y la injusticia fuera de casa”.

4 En esta línea escribió Varrón lo siguiente en una sátira menipea, en la que habla de los deberes del marido: “Los defectos de la esposa hay que eliminarlos o soportarlos. Quien elimina un defecto hace a la mujer más agradable; quien lo soporta se hace mejor a sí mismo”.

 

Sobre este “entrenamiento” doméstico de Sócrates, para mejor soportar la insolencia y la injusticia de puertas afuera nos habla Diógenes Laercio en Vida de los filósofos II, 5, 15:

Πρὸς Ξανθίππην πρότερον μὲν λοιδοροῦσαν, ὕστερον δὲ καὶ περιχέασαν αὐτῷ, « Οὐκ ἔλεγον, » εἶπεν, « ὅτι Ξανθίππη βροντῶσα καὶ ὕδωρ ποιήσει; » Πρὸς Ἀλκιβιάδην εἰπόντα ὡς οὐκ ἀνεκτὴ ἡ Ξανθίππη λοιδοροῦσα, « Ἀλλ’ ἔγωγ’, » ἔφη, « συνείθισμαι, καθαπερεὶ καὶ τροχιλίας ἀκούων συνεχές.

«Καὶ σὺ μέν,» εἶπε, «χηνῶν βοώντων ἀνέχῃ; » Τοῦ δὲ εἰπόντος, «Ἀλλά μοι ᾠὰ καὶ νεοττοὺς τίκτουσι,» « Κἀμοί,» φησί, «Ξανθίππη παιδία γεννᾷ.» Ποτὲ αὐτῆς ἐν ἀγορᾷ καὶ θοἰμάτιον περιελομένης συνεβούλευον οἱ γνώριμοι χερσὶν ἀμύνασθαι·«Νὴ Δί᾿,» εἶπεν, «ἵν᾿ ἡμῶν πυκτευόντων ἕκαστος ὑμῶν λέγῃ, εὖ Σώκρατες, εὖ Ξανθίππη;» Ἕλεγε συνεῖναι τραχείᾳ γυναικὶ καθάπερ οἱ ἱππικοὶ θυμοειδέσιν ἵπποις. «Ἀλλ᾿ ὡς ἐκεῖνοι,» φησί, «τούτων κρατήσαντες ῥᾳδίως τῶν ἄλλων περιγίνονται, οὕτω κἀγὼ Ξανθίππῃ χρώμενος τοῖς ἄλλοις ἀνθρώποις συμπεριενεχθήσομαι.»

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Sócrates y Jantipa de Kristian Zahrtman

Habiéndole injuriado de palabras una vez su mujer Jantipa, y después arrojádole agua encima, respondió: «¿No dije yo que cuando Jantipa tronaba ella llovería?» A Alcibíades, que le decía no era tolerable la maledicencia de Jantipa, respondió: «Yo estoy tan acostumbrado a ello como a oír a cada momento el estridor de la polea; y tú también toleras los graznidos de los ánsares». Replicando Alcibíades que los ánsares le ponían huevos y educaban otros ánsares, le dijo: «También a mí me pare hijos Jantipa». Quitóle ésta en una ocasión el palio en el foro, y como los familiares instasen a Sócrates a que castigase la injuria, respondió: «Pardiez, que sería una bella cosa que nosotros riñésemos y vosotros clamaseis: No más Sócrates, no más Jantipa». Decía que «con la mujer áspera se debe tratar como hacen con los caballos falsos y mal seguros los que los manejan; pues así como éstos, habiéndolos domado, usan con más facilidad de los leales, así también yo después de sufrir a Jantipa me es más fácil el comercio con todas las demás gentes».

La traducción es de José Ortiz y Sainz, en Gredos

 Por cierto, en Diógenes Laercio en Vida de los filósofos II, 5, 8, leemos que tuvo dos mujeres:

φησὶ δ’ Ἀριστοτέλης δύο γυναῖκας αὐτὸν [scil. Socratem] ἀγαγέσθαι, προτέραν μὲν Ξανθίππην, ἐξ ἧς αὐτῷ γενέσθαι Λαμπροκλέα˙ δευτέραν δὲ Μυρτώ, τὴν Ἀριστείδου τοῦ δικαίου θυγατέρα, ἣν καὶ ἄπροικον λαβεῖν, ἐξ ἧς γενέσθαι Σωφρονίσκον καὶ Μενέξενον.

Aristóteles escribe que tuvo (sc. Sócrates) dos mujeres propias: la primera, Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda, Mirto, hija de Arístides el Justo, la que recibió indotada, y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menexeno.

 La traducción es de José Ortiz y Sainz, en Gredos

También San Juan Crisóstomo, en la Homilía 26 a la Primera Epístola a los Romanos de San Pablo (edición de Migne, 61, página 224):

Λέγεται γοῦν τις καὶ τῶν ἔξωθεν φιλοσόφων μοχθηρὰν ἔχων γυναῖκα καὶ φλύαρον καὶ πάροινον, πρὸς τοὺς ἐρωτῶντας, τίνος ἕνεκεν τοιαύτην ἔχων ἀνέχεται, εἰπεῖν, ὥστε γυμνάσιον καὶ παλαίστραν ἔχειν φιλοσοφίας ἐπὶ τῆς οἰκίας· ῎Εσομαι γὰρ τοῖς λοιποῖς πραότερος, φησὶν, ἐν ταύτῃ καθ᾿ ἑκάστην παιδευόμενος τὴν ἡμέραν.

Se dice que uno de los filósofos paganos que tenía una mujer perversa, charlatana y borracha, a quienes le preguntaban por qué motivo soportaba aguantarla, decía que para tener un gimnasio y una palestra de filosofía en su casa. “Pues así seré más pacífico con los demás”, decía, “educado cada día en ella”.

 

crisostomoromanos

Aulo Gelio se refiere a la sátira Menipea de Varrón, de la cual conservamos el Fragmento 83 de la edición de Bucheler sobre el oficio de los maridos.

  DE OFFICIO MARITI

Vitium uxoris aut tollendum aut ferendum est: qui tollit vitium, uxorem commodiorem praestat; qui fert, sese meliorem facit.

“Los defectos de la esposa hay que eliminarlos o soportarlos. Quien elimina un defecto hace a la mujer más agradable; quien lo soporta se hace mejor a sí mismo”.

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El pasado viernes 14 de octubre tuvo lugar en el Ateneo de Castellón una interesante conferencia a cargo de Don Carlos García Gual, a quien tuve el gusto y la ocasión de saludar, junto a otra estimada colega, al inicio de la conferencia, departiendo durante unos minutos sobre la situación del griego en la actualidad o la asignatura de Cultura Clásica; al final del acto nos despedimos de Don Carlos agradeciéndole la amena charla.

En ella hizo un repaso, apoyado por interesantes y sugeridoras imágenes de cerámica griega, de pintura pompeyana o de pintura romántica, prerrafaelita y contemporánea de autores como Belly, Waterhouse o Draper, de su último libro Sirenas. Seducciones y Metamorfosis.

En nuestro blog hemos recurrido en muchas ocasiones a la ferviente actividad de Carlos García Gual como traductor, cuando hemos ofrecido textos de poesía griega lírica (Antología de la poesía lírica griega, Alianza Editorial 782), los Argonautas de Apolonio de Rodas (El viaje de los Argonautas, Alianza Editorial 1265), Sobre la ciencia médica, Sobre el médico, El pronóstico, Sobre la enfermedad sagrada, Sobre la dieta (tratados hipocráticos), en Gredos o Las Fenicias, Orestes, Ifigenia en Áulide y Las bacantes de Eurípides, en Gredos, editorial de la que ha sido muchos años asesor de la sección griega

Pero además es autor de Mitos, viajes, héroes; Lecturas y fantasías medievales; Introducción a la mitología griega¸ Historia del rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la Tabla Redonda; Las primeras novelas: desde las griegas y las latinas hasta la edad media; Los orígenes de la novela; Primera novelas europeas; La filosofía helenística: éticas y sistemas; Viajes a la luna: de la fantasía a la ciencia ficción; La antigüedad novelada: las novelas históricas sobre el mundo griego y romano; Descensus ad inferos la aventura de ultratumba de los héroes: de Homero a Goethe; La venganza de Alcmeón; Sobre el descrédito de la literatura y otros avisos humanistas; Audacias femeninas; La secta del perro; Prometeo: mito y tragedia; Los siete sabios (y tres más); Diccionario de mitos; Historia de la filosofía antigua y un largo etcétera.

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De la reseña de la obra de Carlos García Gual, Sirenas. Seducciones y Metamorfosis, Madrid: Turner Noema, 2014, a cargo de Benamí Barros García para Amaltea. Revista de mitocrítica, destacamos algunos fragmentos que nos permiten una aproximación a dicha obra:

“Reivindicación de las sirenas” no es solo el título del noveno capítulo de esta excelsa obra del catedrático Carlos García Gual, perfectamente ilustrada y editada por Turner Noema. Efectivamente, nos encontramos ante una oportuna reivindicación de las sirenas, disfrazada de viaje a través del tiempo y del espacio, donde el lector queda atrapado y suspendido tanto por el canto meloso y perturbador de las sirenas como por la magnífica claridad y atino de la palabra bien calibrada, la erudición y la ilusión que se deducen del acertado paisaje en que el autor acierta a ensamblar una magnífica compilación de textos, estudios críticos, ensayo y, en suma, una visión clara del origen, evolución, cambios y destinos de las sirenas a lo largo de la historia…

Lejos de conformarse con el evidente éxito del motivo mitológico de las sirenas, García Gual se esfuerza por trazar con líneas certeras los avatares de las sirenas y de los que ante ellas sucumbieron, amaron, odiaron, temieron o se glorificaron. Dejar que las sirenas hablen o callen; saber escuchar su canto, incluso su silencio; y, así, comprender la evolución del ser humano, de sus necesidades, inquietudes y fantasías a lo largo del tiempo, ese gran escultor, que moldea, adapta y desvía el mito.

Con una prosa melodiosa y un relato digno de las mejores liras, el autor se propone visitar las representaciones de las sirenas en el “imaginario occidental” e “intentar una explicación de su perdurable prestigio y sus seductoras metamorfosis” (p. 11). Para ello parte del relato homérico como base para desgranar las claves del mito original, así como de las sucesivas transformaciones que acontecen con el tiempo. Estamos ante una fuente de conocimiento de nuestra historia, de nuestro imaginario y de la forma en que este varía para ser útil y consecuente con cierto escenario (p. 130).

Perfectamente ensamblado, el discurrir del texto es ameno, gratificante: el lector avanza en la lectura como si fuese tirando de un hilo que progresivamente le descubre el mosaico real en que se ha convertido el mito.

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Detalle de un stamnos ático de figuras rojas de 35, 3 cm.; ca. 480-470 a. C., procedente de Vulci. British Museum de Londres, Planta superior, Sala 69, Grecia y Roma.

El autor juega tensando o soltando el hilo, según convenga, tal vez para subrayar la importancia de la referencia, del precedente, ante la posibilidad de que la interpretación se vea seducida únicamente por unas sirenas apenas ya sin voz, sin garras y sin alas. El lector agradece el juego, el cantar de ida y vuelta, al igual que agradecería un índice más extenso o un, probablemente, inoportuno índice onomástico, sin duda extraño para un libro de estas dimensiones. Pero sucede que, a pesar de los esfuerzos de García Gual por dejar claro que no estamos ante un libro de referencia, de su empeño por alejarse con frecuencia del texto académico, la riqueza y variedad de los textos recopilados, sus breves, pero profundas y sugestivas reflexiones personales acerca de ciertos fenómenos altamente significativos como la metamorfosis en que las sirenas “trocaron sus alas y patas de gallina por colas de pez” (p. 91), incitan al lector a considerar el libro como obra de referencia académica, incluso a pesar de la nota bibliográfica (pp. 203-204) intencionadamente alejada de la cultura de la cita y el impacto imperante en la actualidad.

Desde unas sirenas de las que “solo oímos su canto” (p. 36) avanzamos por la primera parte del libro por las veredas del mundo antiguo, del relato homérico al de los argonautas, donde se confirma que el tejido espaciotemporal del mito es confuso, repleto de vaivenes, pasando por las Argonáuticas órficas, donde atendemos a un verdadero enfrentamiento musical, y por una batalla donde las sirenas son derrotadas por las musas. La racionalización del mito y la “exégesis alegórica” (p. 53) sirven de advertencia de la progresiva, aunque a veces trompicada, transformación que despojará a las sirenas de sus garras de arpías, de sus alas e incluso de su canto, quedando su imagen visual como poder irresistible. Caerá en las últimas líneas de esta primera parte “el argonauta del salto peligroso” (p. 57-59), Butes, rescatado por una Afrodita supuestamente piadosa y seducida por el “argonauta nadador” (p. 59). Así abandonamos el mundo antiguo para sumergirnos en el primero de los cuatro intermedios, dedicado a tres poemas renacentistas (que, en realidad, son cuatro: de Pierre de Ronsard, fray Luis de León, Juan de Arquijo y Calderón de la Barca) sobre las sirenas y Ulises. A continuación, el segundo intermedio sobre algunos “reflejos” sueltos de la Odisea y las Argonáuticas órficas “poco conocidos, pero atractivos” (p. 69). El autor aborda aquí las variantes de Apolonio de Rodas, Charles Kingsley y William Morris. Sumamente atractivo resultará el texto de este último sobre la vida y muerte de Jasón (1867), donde el enfrentamiento musical entre las sirenas y Orfeo se transforma en un auténtico duelo dialógico…

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Ulises y las Sirenas; mosaico pavimental romano; siglo II d. C. Museo del Bardo, Túnez

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Ofrecíamos en el pasado capítulo de esta serie sobre la obra Hero y Leandro de Museo el Gramático los versos 232 a 250 del bello poema. Recordemos que esta serie se inició el 23 de diciembre de 2015 con motivo de la audición del poema sinfónico Ero e Leandro de Alfredo Catalani, compuesto en 1884, y que escuchamos en el programa de Radio Clásica El mundo de la fonografía, dirigido por la batuta de Francesco La Vecchia, al frente de la Sinfónica de Roma.

Vamos a hora con los comentarios a algunos de los versos de esta nueva remesa.

 

  1. (Mas no al enamorado Leandro = 233). Para Leandro insomne, cf. Ovidio, Heroidas XVIII 25 ss.:

Septima nox agitur, spatium mihi longius anno,

sollicitum raucis ut mare fervet aquis.

His ego si vidi mulcentem pectora somnum

noctibus, insani sit mora longa freti.

Rupe sedens aliqua specto tua litora tristis

et, quo non possum corpore, mente feror.

Lumina quin etiam summa vigilantia turre

aut videt aut acies nostra videre putat.

Ter mihi deposita est in sicca vestis harena;

ter grave temptavi carpere nudus iter:

obstitit inceptis tumidum iuvenalibus aequor

mersit et adversis ora natantis aquis.

La séptima noche trascurre, espacio más largo para mí que un año, desde que el mar hierve, agitado por enronquecedoras olas. Si en estas noches he visto el sueño que sosiega los corazones, sea interminable la duración de este turbulento mar Sentado en cualquier roca, miro triste tu ribera y adonde no puedo con el cuerpo me traslado con la mente. Mi mirada incluso ve o cree ver esa luz que vigila en lo alto de la torre. Tres veces ha sido dejada mi ropa en la seca arena; tres veces he intentado, desnudo, emprender el difícil camino. Se opuso a mis juveniles propósitos el hinchado mar y sumergió la cabeza del nadador en las adversas aguas.

La traducción es de Francisca Moya del Baño, en CSIC (Alma Mater).

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El insomnio es un síntoma de amor, según explica Platón (Fedro 251 e): el alma del amante, al verse presa de la locura, no puede conciliar el sueño de noche.

ἐκ δὲ ἀμφοτέρων μεμειγμένων ἀδημονεῖ τε τῇ ἀτοπίᾳ τοῦ πάθους καὶ ἀποροῦσα λυττᾷ, καὶ ἐμμανὴς [251e] οὖσα οὔτε νυκτὸς δύναται καθεύδειν οὔτε μεθ᾽ ἡμέραν οὗ ἂν ᾖ μένειν, θεῖ δὲ ποθοῦσα ὅπου ἂν οἴηται ὄψεσθαι τὸν ἔχοντα τὸ κάλλος· ἰδοῦσα δὲ καὶ ἐποχετευσαμένη ἵμερον ἔλυσε μὲν τὰ τότε συμπεφραγμένα, ἀναπνοὴν δὲ λαβοῦσα κέντρων τε καὶ ὠδίνων ἔληξεν, ἡδονὴν δ᾽ αὖ ταύτην γλυκυτάτην ἐν τῷ [252a] παρόντι καρποῦται.

Por la mezcla de estos sentimientos encontrados, se aflige lo absurdo de lo que le pasa, y no sabiendo por donde ir, se enfurece, y, así enfurecida, no puede dormir de noche ni parar de día y corre deseosa a donde piensa uqe ha de ver al que lleva consigo la belleza. Y cuando lo ha visto, y ha encauzado el deseo, abre lo que antes estaba cerrado, y recobrando aliento, ceden sus pinchazos y va cosechando, entretanto, el placer más dulce.

La traducción es de Emilio Lledó Íñigo, en Gredos.

fedro-de-platon-biblioteca-gredos

Véanse también las prolijas disquisiciones sobre este síntoma en Leucipa y Clitofonte I, 6, 2-4 de Aquiles Tacio:

Ὡς δὲ εἰς τὸ δωμάτιον παρῆλθον, ἔνθα μοι [p. 44] καθεύδειν ἔθος ἦν, οὐδὲ ὕπνου τυχεῖν ἠδυνάμην. Ἔστι μὲνγὰρ φύσει καὶ τἆλλα νοσήματα καὶ τὰ τοῦ σώματος τραύματα ἐν νυκτὶ χαλεπώτερα, καὶ ἐπανίσταται μᾶλλονἡμῖν ἡσυχάζουσι καὶ ἐρεθίζει τὰς ἀλγηδόνας: ὅταν γὰρ ἀναπαύηται τὸ σῶμα, τότε σχολάζει τὸ ἕλκος νοσεῖν: τὰ δὲ τῆς ψυχῆς τραύματα μὴ κινουμένου τοῦσώματος, πολὺ μᾶλλον ὀδυνᾷ. Ἐν ἡμέρᾳ μὲν γὰρ ὀφθαλμοὶ καὶ ὦτα πολλῆς γεμιζόμενα περιεργίας ἐπικουφίζειτῆς νόσου τὴν ἀκμήν, ἀντιπερισπῶντα τὴν ψυχὴν τῆς εἰς τὸ πονεῖν σχολῆς: ἐὰν δὲ ἡσυχίᾳ τὸ σῶμα πεδηθῇ, καθ̓ἑαυτὴν ἡ ψυχὴ γενομένη τῷ κακῷ κυμαίνεται. Πάντα γὰρ ἐξεγείρεται τότε τὰ τέως κοιμώμενα: τοῖς πενθοῦσιν αἱ λῦπαι, τοῖς μεριμνῶσιν αἱ φροντίδες, τοῖςκινδυνεύουσιν οἱ φόβοι, τοῖς ἐρῶσι τὸ πῦρ. Περὶ δὲ τὴν ἕω μόλις ἐλεήσας μέ τις ὕπνος ἀνέπαυσεν ὀλίγον.

Al llegar a la alcoba en que solía dormir, tampoco pude conciliar el sueño, ya que de modo natural las heridas corporales y demás dolencias de noche se enconan y sus ataques son mayores cuando nos hallamos descansando y excitan nuestros sufrimientos. Pues mientras el cuerpo reposa, la herida encuentra más tiempo para el mal, y las heridas del alma duelen mucho más cuando el cuerpo está inmóvil. Pues por el día ojos y oídos, abarrotados de sus muchas diligencias, suavizan el apogeo de la enfermedad desviando el alma del ocio que lleva a la dolencia. En tanto que si el cuerpo se ve maniatado por la tranquilidad, el alma, a su propio albedrío, padece los oleajes del mal. Todo lo que entretanto había estado dormitando, se les despierta entonces: las penas a los que están afligidos, las cavilaciones a los que andan preocupados, los temores a los que corren peligros, el fuego a los que aman. Pero hacia el alba con trabajo el sueño, compadeciéndose de mí, me dejó reposar un poco.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

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El motivo es harto frecuente en contextos eróticos: cf., por ejemplo, Apolonio de Rodas III, 744 ss. (Medea):

Νὺξ μὲν ἔπειτ᾽ ἐπὶ γαῖαν ἄγεν κνέφας· οἱ δ᾽ ἐνὶ πόντῳ

ναῦται εἰς Ἑλίκην τε καὶ ἀστέρας Ὠρίωνος

ἔδρακον ἐκ νηῶν· ὕπνοιο δὲ καί τις ὁδίτης

ἤδη καὶ πυλαωρὸς ἐέλδετο· καί τινα παίδων

μητέρα τεθνεώτων ἀδινὸν περὶ κῶμ᾽ ἐκάλυπτεν·

οὐδὲ κυνῶν ὑλακὴ ἔτ᾽ ἀνὰ πτόλιν, οὐ θρόος ἦεν

ἠχήεις· σιγὴ δὲ μελαινομένην ἔχεν ὄρφνην.

ἀλλὰ μάλ᾽ οὐ Μήδειαν ἐπὶ γλυκερὸς λάβεν ὕπνος.

πολλὰ γὰρ Αἰσονίδαο πόθῳ μελεδήματ᾽ ἔγειρεν

δειδυῖαν ταύρων κρατερὸν μένος, οἷσιν ἔμελλεν

φθίσθαι ἀεικελίῃ μοίρῃ κατὰ νειὸν Ἄρηος.

πυκνὰ δέ οἱ κραδίη στηθέων ἔντοσθεν ἔθυιεν,

ἠελίου ὥς τίς τε δόμοις ἐνιπάλλεται αἴγλη

ὕδατος ἐξανιοῦσα, τὸ δὴ νέον ἠὲ λέβητι

ἠέ που ἐν γαυλῷ κέχυται· ἡ δ᾽ ἔνθα καὶ ἔνθα

ὠκείῃ στροφάλιγγι τινάσσεται ἀίσσουσα·

ὧς δὲ καὶ ἐν στήθεσσι κέαρ ἐλελίζετο κούρης.

δάκρυ δ᾽ ἀπ᾽ ὀφθαλμῶν ἐλέῳ ῥέεν· ἔνδοθι δ᾽ αἰεὶ

τεῖρ᾽ ὀδύνη σμύχουσα διὰ χροός, ἀμφί τ᾽ ἀραιὰς

ἶνας καὶ κεφαλῆς ὑπὸ νείατον ἰνίον ἄχρις,

ἔνθ᾽ ἀλεγεινότατον δύνει ἄχος, ὁππότ᾽ ἀνίας

ἀκάματοι πραπίδεσσιν ἐνισκίμψωσιν Ἔρωτες.

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La noche luego traía las tinieblas sobre la tierra. En el mar los navegantes miraban desde sus naves a Hélice y a las estrellas de Orión, y ya el caminante y el centinela anhelaban el sueño, e incluso a una madre cuyos hijos habían muerto la envolvía un profundo sopor. Tampoco había ya ladrido de perros por la ciudad, ni bullicio sonoro. El silencio reinaba en la cada vez más negra oscuridad. Pero a Medea no la dominó el dulce sueno. Pues, en su pasión por el Esónida, muchas inquietudes la desvelaban temerosa del furor violento de los toros, ante los que él iba a sucumbir con un miserable destino en la campiña de Ares. Intensamente le palpitaba el corazón dentro de su pecho. Como un rayo de sol se agita en la casa reflejado por el agua que ha poco se ha vertido ya en un caldero ya en algún lebrillo, y con el rápido torbellino tiembla saltando aquí y allá; así también en su pecho se estremecía el corazón de la joven. De sus ojos fluían lágrimas de compasión. Y por dentro sin cesar la atormentaba un dolor que la consumía a través del cuerpo, por sus delicados nervios y hasta la última vertebra debajo de la cabeza, donde penetra más agudo el sufrimiento cuando los infatigables Amores arrojan sus penas en las entrañas.

 

La traducción es de Mariano Valverde Sánchez, en Gredos.

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Frontispicio para la edición de 1706 de las Noches Áticas de Aulo Gelio con ilustraciones de Joannes Fridericus et Jacobus Gronovii.

Tercer y último capítulo dedicado a comentar el capítulo XX del Libro VI de las Noches Áticas de Aulo Gelio sobre la supresión del topónimo Nola y su cambio por otra palabra en un verso de Virgilio. Aulo Gelio se centra más en cuestiones fonéticas y de eufonía más que en las razones, más prosaicas según parece, es decir, la no concesión de aguas a las tierras del poeta de Sulmona por parte de los habitantes de Nola.

Estas razones de eufonía nos han permitido hablar del hiato, de los hexámetros hipermétricos y, muy brevemente, del hexámetro dactílico. Seguimos ahora con el párrafo sexto y último de este capítulo XX del libro VI de las Noches Áticas del romano Aulo Gelio.

6. Catullus quoque elegantissimus poetarum in hisce versibus:

minister vetuli puer Falerni,

inger mi calices amariores,

ut lex Postumiae iubet magistrae,

ebria acina ebriosioris, (Catulo, Carmina I, XXVII, 1-4)

cum dicere “ebrio” posset, et quod erat usitatius “acinum” in neutro genere appellare, amans tamen hiatus illius Homerici suavitatem “ebriam” dixit propter insequentis “a” litterae concentum. Qui “ebriosa” autem Catullum dixisse putant aut “ebrioso” – nam id quoque temere scriptum invenitur -, in libros scilicet de corruptis exemplaribus factos inciderunt.

6. También Catulo, el más elegante de los poetas, en estos versos: “Muchacho que nos escancias el añejo Falerno, lléname las copas con un vino más fuerte, como lo exige la ley de Postumia, nuestra reina, más ebria que un grano de uva empapado en vino [ebria atina]”. A pesar de que hubiera podido decir ebrio y emplear acinum en neutro (ello resultaba más ajustado a su uso), atraído por la suavidad de aquel tipo de hiatos homéricos, utilizó ebria buscando la cadencia con la vocal siguiente. Hay quienes piensan que Catulo dijo ebriosa o ebrioso. De hecho, también se encuentra esa aventurada lectura. Sus defensores, sin duda, han ido a dar con libros derivados de ejemplares llenos de erratas.

 

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Manuel-Antonio Marcos Casquero y Avelino Domínguez García, en publicaciones de la Universidad de León, en sus notas a este capítulo en su edición de las Noches Áticas, dicen:

Nota 1 (Postumia): era costumbre nombrar entre los comensales a uno que ostentase el nombre de “rey” o de “reina”- en este caso, una mujer llamada Postumia – y fuera quien ordenase la calidad de los vinos, la mezcla de los mismos, el número de copas que debía servirse, etc. Cf. Cicerón, Verrinas 5, 28).

Nota 2 (ebrioso): Efectivamente, tales son las lecturas de muchos códices de Catulo. En el caso de mantener cualquiera de ellas, nos hallaríamos ante una elisión, no ante un hiato).

Joan Petit, en su traducción y notas a su edición de Catulo en Planeta, escribe comentando el verso 3 de Catulo XXVII:

Era costumbre en los banquetes elegir un rey o reina, a cuyos mandatos se sometían todos los comensales. Se ignora con exactitud quién sea Postumia, pero no es imposible que se trate de la esposa de Servio Sulpicio Rufo, cónsul en el año 51, la cual se hizo famosa por sus vicios: el solo hecho de tomar parte, siendo una noble matrona, en un banquete de hombres jóvenes, ya constituía una prueba de libertinaje.

catulopoesia

Vicent Ferrís en su edición de la Fundació Bernat Metge, por su parte, aporta estas notas

Postumia es la magistra bibendi, la que regulaba la mezcla de vino y de agua y la capacidad de las copas. Cf. Horacio, Carmina I, 4, 18

Y dice sobre el hiato homérico:

En el verso griego la vocal larga o el diptongo finales de palabra no se eliden ante vocal inicial, aunque pueden abreviarse cuando el ritmo lo pide (añado yo: es lo que se llama vocalis ante vocalem corripitur = vocal ante vocal abrevia); en latín la norma es la elisión, y la licencia el hiato. Observemos que en el verso geliano de Catulo hay dos finales con a larga (ebria acina); el primero mantiene la vocal larga en hiato, mientras que el segundo la elide por exigencia de la estructura del verso falecio. De todas formas, la lectura ebria acina pertenece exclusivamente a Gelio en este pasaje de Catulo y ha sido adoptada por diversos editores del poeta; los manuscritos de Catulo en general dan la lectura ebriose acino, corregida por algunos editores en ebriosa acina o ebrioso acino.

Sobre el verso falecio quizá sea conveniente lo que dice Federico Curtius en su ya citada Introducción en la métrica latina (35 y 68).

En el apartado 35 dice:

Los versos que no se dejan descomponer en pies o metros iguales los designamos también como kola (κῶλα, del griego κῶλον = trozo, fragmento). Tales kola se presentan solamente en la lírica (también en las partes líricas del drama).

En el 68, dedicado a los kola, habla del falecio y dice:

El falecio o en endecasílabo (Catulo 1-3, 5-7, 9, 10, 12-16, 21, 23-24, 26-28, 32, 33, 35-36, 38, 40-43, 45-50, 53-58).

El kolon tiene la forma siguiente:

–´– –´uu –´u –´u – – (donde -´ indica tono sobre esa sílaba).

Ut lex Postumiae iubet magistrae

–´    –   –´   u  u –´   u –´   u    –    –

 

Y con esta alabanza del gusto de Catulo por el hiato homérico concluye este capítulo de Aulo Gelio dedicado a glosar un cambio de palabra en un verso de Virgilio que unos achacan a un enfado del poeta y Gelio prefiere destacar como un cambio fonético de gusto por la eufonía y el hiato.

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Torre de la Doncella o de Leandro, Estambul

Estábamos examinando el fragmento 221-230 de la hermosa obrita de Museo el Gramático, Hero y Leandro, que analizamos con la traducción y notas de José Guillermo Montes Cala, en su edición en Gredos.

Comentados los versos 221 y 225 vamos con el 228, que ha causado extrañeza entre algunos estudiosos del texto de Museo.

  1. (Tras ponerle enseñas a la torre= 228). “Poner enseñas a una torre” es una expresión náutica. Su objeto no es otro que hacerla fácilmente reconocible para el navegante. Leandro no está pensando, obviamente, en su viaje de vuelta a Ábido, que debía de realizar con as primeras luces de la mañana, sino lógicamene en el siguiente viaje nocturno a Sesto, con la torre de cara (cf., más adelante, el verso 254), y, además, para cuando llegue a la costa y la luz del candil ya no le sea de utilidad: cf., sobre este particular, la oportuna apostilla de Máximo Brioso, Habis 14 (1983), 14 s.

Aquí tenemos el texto de Máximo Brioso en la revista Habis 14:

Por lo que respecta a los vv. 225 ss., ha sido uno de los pasajes más debatidos del texto de Museo y todavía en su reciente edición Livrea y Eleuteri (Musaeus, Hero et Leander, edidit Henricus Livrea adiuvante Paulo Eleuteri, Teubner, 1982) encierran entre cruces el v. 228:

παννυχίδας δ’ ὁρίσαντες ἀκοιμήτων ὑμεναίων

ἀλλήλων ἀέκοντες ἐνοσφίσθησαν ἀνάγκῃ.

ἡ μὲν ἔβη ποτὶ πύργον, ὁ δ’, ὀρφναίην ἀνὰ νύκτα

μή τι παραπλάζοιτο, λαβὼν σημήια πύργου (228)

πλῶε βαθυκρήπιδος ἐπ’ εὐρέα δῆμον Ἀβύδου.

jhs

Realmente, después de la explicación dada por el profesor Giangrande (Journal of Hellenic Studies 89, 1969, p. 141, reseña de la edición de Orsini), es un tanto incomprensible que el texto siga pareciendo tan hermético o corrupto como para dejar su solución para tiempos mejores. Y es también inaudito que Eleuteri (Storia della tradizione manoscritta di Museo, Pisa 1981) considere “inspiegabili” los motivos por los que Hero y Leandro se separan en ese momento: basta releer el discurso de Hero de 174 ss. Para verlos como muy explicables. Igualmente, Eleuteri confiesa no entender muchos otros puntos y, entre ellos, es claro que no ha entendido la explicación de Giangrande, puesto que sin duda confunde aún los σημήια de 228 con el λύχνος que encenderá Hero en la noche siguiente. Según Giangrande, la lectura correcta en 228 es la de B: βαλὼν σημήια πύργου, es decir, “after having provided the tower with signals = después de haber provisto la torre de señales”, a fin de no “get off course when swimming = perder el rumbo mientras nadaba” durante la noche que aún no ha llegado, puesto que “to begin with, it is not night, but day = para empezar, no es de noche, sino de día”. Leyendo μή τι y βαλὼν y una vez tenidos en cuenta estos datos explicativos, el pasaje no parece ofrecer mayores dificultades. Ahora bien, quizás lo que a algunos aún les moleste en esta tan razonable interpretación sea algún detalle como el de la entidad de esas «señales» que Leandro «pone» (Metafóricamente: según Giangrande, Leandro por supuesto sólo has secured the presence of signals on the tower, but of course he has not carried out the installation himself literally = ha asegurado la presencia de señales de la torre, pero por supuesto que no ha llevado a cabo la instalación él mismo, literalmente,”.n. 12).) en la torre para guiarse cuando vuelva nadando por la noche a través del estrecho, señales que entonces suponemos un tanto superfluas, ya que será el λύχνος de Hero el que lo guíe. En realidad Leandro, según creo, lo que ha hecho es inspeccionar el paraje donde está la torre y fijar en su memoria la situación y disposición de ésta (ha tomado nota, diríamos nosotros, de las señas de la torre de Hero), pero no para guiarse mientras esté nadando en la oscuridad de la noche y lejos de ella, sino más probablemente para poder orientarse una vez que se haya aproximado y haya alcanzado finalmente la tierra (la descripción del lugar en 187-193 era bastante inquietante) y acceder así a la torre, en un momento en que el λύχνος (que actuaría sólo como faro en la distancia) no fuese ya lógicamente útil. ¿Qué conducta más natural que esa por parte de Leandro?

habis

Hasta aquí el texto en Habis (14) de máximo Brioso.

Y seguimos en nuestra andadura por el poema Hero y Leandro de Museo, llegando ya a los versos 232-250

 

Ἤδη κυανόπεπλος ἀνέδραμε νυκτὸς ὀμίχλη

ἀνδράσιν ὕπνον ἄγουσα καὶ οὐ ποθέοντι Λεάνδρῳ.

ἀλλὰ πολυφλοίσβοιο παρ᾿ ἠιόνεσσι θαλάσσης

ἀγγελίην ἀνέμιμνε φαεινομένων ὑμεναίων 235

μαρτυρίην λύχνοιο πολυκλαύτοιο δοκεύων,

εὐνῆς δὲ κρυφίης τηλεσκόπον ἀγγελιώτην.

ὡς δ᾿ ἴδε κυανέης λιποφεγγέα νυκτὸς ὀμίχλην

Ἡρώ, λύχνον ἔφαινεν. ἀναπτομένοιο δὲ λύχνου

θυμὸν Ἔρως ἔφλεξεν ἐπειγομένοιο Λεάνδρου. 240

λύχνῳ καιομένῳ συνεκαίετο. πὰρ δὲ θαλάσσῃ

μαινομένων ῥοθίων πολυηχέα βόμβον ἀκούων

ἔτρεμε μὲν τὸ πρῶτον, ἔπειτα δὲ θάρσος ἀείρας

τοίοις οἱ προσέλεκτο παρηγορέων φρένα μύθοις·

«Δεινὸς Ἔρως καὶ πόντος ἀμείλιχος· ἀλλὰ θαλάσσης 245

ἔστιν ὕδωρ, τὸ δ’ Ἔρωτος ἐμὲ φλέγει ἐνδόμυχον πῦρ.

ἅζεο πῦρ, κραδίη, μὴ δείδιθι νήχυτον ὕδωρ.

δεῦρό μοι εἰς φιλότητα. τί δὴ ῥοθίων ἀλεγίζεις;

ἀγνώσσεις, ὅτι Κύπρις ἀπόσπορός ἐστι θαλάσσης;

καὶ κρατέει πόντοιο καὶ ἡμετέρων ὀδυνάων.» 250

 

heroyleandroalmamater

Ya con su negro ropaje remontó la oscuridad de la noche, reportándoles el sueño a los hombres, mas no al enamorado Leandro: que a orillas de la mar de mucho bramido aguardaba el recado de unos himeneos que se le hicieran visibles y esperaba el testimonio del candil muy llorado, emisario en la distancia de un lecho furtivo. Y Hero, así vio la ciega oscuridad de la negra noche, lumbre daba al candil. Y con el candil encendido Eros prendió el corazón del impaciente Leandro. Y al tiempo que el candil también él se quemaba. Y junto a la mar, oyendo el zumbante estallido de las enloquecidas olas al romper, se echaba a temblar en un principio, mas luego, recobrado el ánimo, le decía a su espíritu tales palabras de consuelo: “Duro es Eros y amargo el mar, mas de la mar es el agua y el fuego de Eros me quema las entrañas. Elige el fuego, corazón, que las aguas caudalosas no sean tu temor. He aquí mi ruta hacia el amor: ¿por qué te preocupas de las olas? ¿no sabes que Cipris es simiente marina y dueña es del mar y de nuestras cuitas?”.

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Continuando con estos artículos en los que glosamos el capítulo XX del Libro VI de las Noches Áticas de Aulo Gelio, en el que este autor nos informa sobre un cambio en uno de sus versos por despecho con los habitantes de Nola, llegamos al párrafo 2:

2. Ea res verane an falsa sit, non laboro; quin tamen melius suaviusque ad aures sit “ora” quam “Nola,” dubium id non est.

3 Nam vocalis in priore versu extrema eademque in sequenti prima canoro simul atque iucundo hiatu tractim sonat. 4. Est adeo invenire apud nobiles poetas huiuscemodi suavitatis multa, quae appareat navata esse, non fortuita; sed praeter ceteros omnis apud Homerum plurima. 5. Uno quippe in loco tales tamque hiantes sonitus in assiduis vocibus pluribus facit:

ἣ δ’ ἑτέρη θέρεϊ προρέει ἐϊκυῖα χαλάζῃ,

ἢ χιόνι ψυχρῇ ἢ ἐξ ὕδατος κρυστάλλῳ. (Ilíada XXII, 151-152)

Atque item alio in loco:

λᾶαν ἄνω ὤθεσκε ποτὶ λόφον· ἀλλὅτε μέλλοι (Odisea XI, 596)

2. No me molestaré en discutir si la anécdota es verdadera o falsa. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es de que el termino ora resulta mejor y más suave al oído. 3. Y es que la última vocal del primer verso y la primera del verso siguiente, al ser la misma, prolongan su sonido mediante un hiato armonioso y agradable. 4. En las obras de renombrados poetas pueden encontrarse múltiples ejemplos de cadencias de este tipo, que se muestran como resultado de algo no fortuito, sino conscientemente buscado; y de manera especial abundan en Homero. 5. Hay un pasaje en el que ofrece una cadena múltiple de palabras de tales y tan relevantes efectos de sonidos en hiato:

ἣ δ’ ἑτέρη θέρεϊ προρέει ἐϊκυῖα χαλάζῃ,

ἢ χιόνι ψυχρῇ ἢ ἐξ ὕδατος κρυστάλλῳ.

[“La otra (fuente) en verano corría fría como el granizo o la nieve o el agua helada”].

(Se trata de Ilíada XXII 151-152). Nota: El poeta habla de dos fuentes cercanas a Troya, una de agua caliente y otra de agua fría. El pasaje se refiere a esta última.

Y en otro lugar:

λᾶαν ἄνω ὤθεσκε ποτὶ λόφον· ἀλλ’ ὅτε μέλλοι

[“Iba empujando la piedra hacia la cumbre del monte”].

(Éste es el verso 596 de Odisea XI). Nota: Se alude al castigo de Sísifo.

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Sísifo (1548-1549), óleo sobre lienzo de 237 x 216 cm., de Tiziano. Museo del Prado. Madrid

En sus notas a pie de página Vicent Ferrís, en la edición de La Colección Bernat Metge, dice sobre el párrafo 3 de Gelio:

El enlace de dos versos en la recitación explica este hiato homofónico que Gelio juzga sonoro y jocundo, así como la elisión de la última vocal en los denominados hexámetros hipermétricos (cf Geórgicas II, 443 y II, 456).

Dejamos aquí el comentario de Ferrís y añadimos nosotros:

Un verso hipermétrico es aquel al que le sobra una sílaba, la cual se elide con el verso siguiente.

Geórgicas II, 443 es éste:

Navigiis pinus, domibus cedrumque cupressosque;

pinos para navíos, cedro y cipreses para hacer las casas

II, 456 el siguiente:

Centauros leto domuit, Rhoecumque Pholumque

sometió a la muerte a los Centauros, a Reto y a Folo.

crusius

Federico Crusius en Iniciación en la métrica, Barcelona, 1987, Bosch, dice en el capítulo III (Carácter del verso latino), apartado 6 (Fin de verso):

Sin embargo, a veces, un verso tiene una sílaba más de lo ordinario; ésta termina entonces en vocal y (contrariamente a lo dicho antes) se elidirá en la vocal inicial del verso siguiente, por ejemplo:

Multa videmus enim rebus concurrere debere

ut propagando possint procudere saecla

Lucrecio, De rerum natura V, 849-850, donde la última e de debere se elide ante la u de ut inicial del verso siguiente y cuya medida es:

– uu|–uu|– –|– –|– uu|– –|(re)

– –|– –|– –|– –|– uu|– –

Donde – indica sílaba larga y u breve, siendo el esquema del hexámetro (seis pies o metros formados por dáctilos =  – uu o espondeos = – –) – uu|– uu|– uu|– uu| –uu|– – y pudiéndose sustituir las dos breves (uu) por una larga (–).

hexametro

Tomado del SlidePlayer publicado por Xavier Roldán Aranda

Volviendo a los versos citados de Virgilio, el 444 es:

hinc radios triuere rotis, hinc tympana plaustris

que empieza por h, es decir, como si empezara por vocal.

Y el 457 es:

et magno Hylaeum Lapithis cratere minantem

que empieza por vocal (et).

Hecho el excurso sobre el verso hipermétrico, finalizamos la nota al pie de Ferrís:

Este hiato de Gelio (acabar una palabra en vocal e iniciar la siguiente en vocal también, como en Geórgicas II 224-225 Veseuo / ora) se encuentra en el II libro de las Geórgicas nueve veces antes del verso 224 y nueve veces después.

Por ejemplo, y esto es cosecha nuestra, antes en:

188-189: Austro / et filicem

192-193: auro / inflauit

203-204: terra / et

204-205: arando / optima

Y después del 224 tenemos:

236-237: terga / exspecta

250-251: habendo / umida

259-269: memento / excoquere.

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Miniatura de las Geórgicas de Apollonio di Giovanni

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