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Archive for 30 mayo 2008

Como reza el título de estos posts, por supuesto, Lisias no tiene la culpa. Es un autor interesante, cuyo Contra Agorato traducíamos en el viejo CUC (Colegio Universitario de Castellón, hoy sede del CEFIRE y albegue temporal de alumnos de colegios en construcción), con nuestro profesor Joan Francesc Mira. Lo traducíamos ya en la carrera. Ahora lo traducimos en 2º de bachillerato y, hablo por mi propia experiencia, no sometemos a nuestros alumnos a los cursos de griego intensivos como fue el 3º de BUP que, debo decirlo, tuve la suerte de disfrutar con José Casorrán, que fue quien me decantó por el estudio de la Filología Clásica.

Soy consciente de que es difícil encontrar un texto asequible, porque, como el coordinador de la asignatura nos dijo en una reunión, ningún texto griego conservado está concebido para enseñar la lengua. Son textos literarios, con lo que ello supone de dificultad. Pensemos en Lisias: es un discurso escrito por un logógrafo para que un acusado lo memorice y se pueda defender en un juicio ante un tribunal ateniense. Es decir, es un texto escrito por una persona que domina el griego escrito y pensado para alguien cuya lengua nativa es el griego.

Supongo que habrá textos adaptados al nivel de conocimientos de nuestros alumnos. He hablado antes de las adaptaciones de comedias aristofánicas en el Reading Greek.

En Internet se puede encontrar de la misma editorial A Greek Anthology. Mi propuesta va por ahí. Los alumnos deben traducir griego. Griego de cualquier época y eso sólo lo puede ofrecer una antología.

Además, debido a la complejidad de ciertos autores, no es descabellado que ciertos textos estén adaptados.

En el libro citado encontramos los siguientes autores y fragmentos (los dejo en inglés, por aquello de hacernos a la idea de la Educación para la Ciudadanía):

1. Homer Iliad: Zeus, fate and the death of Sarpedon; 2. Homer Odyssey: Calypso is ordered by the gods to release Odysseus; 3. Herodotus The Histories: the battle of Salamis; 4. Aeschylus Persians: the battle of Salamis; 5. Sophocles Antigone: Antigone confronts Creon; 6. Euripides Alcestis: Alcestis’ farewell to Admetus; 7. Thucydides History of the Peloponnesian War: the revolt of Mytilene; 8. Sophocles Philoctetes: Neoptolemus tries to persuade Philoctetes; 9. Euripides Bacchae: Pentheus and Dionysus; 10. Aristophanes Frogs: Dionysus in the underworld; 11. Plato Apology of Socrates: Socrates and the nature of death; 12. Aristophanes Ecclesiazusae (Assemblywomen): power to women?; 13. Xenophon Oeconomicus (The estate manager): the duties of husband and wife; 14. Demosthenes On the Crown: news of disaster at Elatea; 15. Demosthenes Against Conon: harassment on military service; 16. Aristotle Poetics: tragic action and the tragic hero; 17. Menander Perikeiromene (The girl with the cut hair): how to get your mistress to forgive you; 18. Plutarch Life of Antony: the death of Cleopatra; 19. Plutarch On the Decline of Oracles: Great Pan is dead; 20. New Testament Acts of the Apostles: St Paul in Athens; Metrical appendix; General vocabulary.

Homero, Heródoto, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Tucídides, Aristófanes, Platón, Jenofonte, Demóstenes, Aristóteles, Menandro, Plutarco y los Hechos de los Apóstoles, de Lucas, de quien se elige el discurso de San Pablo ante el Areópago (Hechos 17, 16 y ss.).

Podrían estar en la lista Apolodoro, Luciano, Esopo y algún otro.

A veces, he hablado con alguna colega y le he dicho que, justamente, ésta era mi idea. Porque tan griego es el de Platón, como el de Plutarco, o el de Lucas; el de Homero, como el de Tucídides o Demóstenes.

Respecto a la adaptación de un texto, a algunos les puede parecer un pecado. Yo no lo veo así, si es una adaptación bien hecha. Como muestra aquí están los versos 890 a 904 de Las avispas de Aristófanes en la versión original:

 

Βδ. Ε τις θρασιν λιαστς, εστω· ς νκ’ ν λγωσιν, οκ σφρσομεν.

Φι. τς ρ’ φεγων οτος; σον λσεται.

Βδ. κοετ’ δη τς γραφς. “γρψατο Κων Κυδαθηναιες Λβητ’ Αξωνα τν τυρν δικεν τι μνος κατσθιεν τν Σικελικν. τμημα κλῳὸς σκινος.”

Φι. θνατος μν ον κνειος, ·ν παξ λ.

Βδ. κα μν φεγων οτοσ Λβης πρα.

Φι. μιαρς οτος. ς δ κα κλπτον βλπει. οον σεσηρς ξαπατσειν μ’ οεται. πο δ’ γε δικων, Κυδαθηναιες κων;

ΚΥΩΝ α α.

Βδ. Πρεστιν.

Φι. τερος οτος α Λβης, γαθς γ’ λακτεν κα διαλεχειν τς χτρας.

 

 Aquí está la adaptación que hay en el Reading Grek (I), página 141:

Βδ. Ε τις λιαστς ἔξω ὢν τυγχάνει, εστω καὶ σπευδέτω.

Φι. τς ἐσθ᾿ φεγων; προσίτω.

Βδ. κοσατ’ δη τς γραφς. “γρψατο Κων Κυδαθηναιες κύνα Λβητ’ Αξωνα κλοπῆς. ἠδίκησε γὰρ φεγων, μνος τν τυρν καταφαγών. κα μν φεγων οτοσ Λβης πρεστιν.

Φι. προσίτω. μιαρς οτος, γιγνώσκω σε κλπτην ὄντα. ἀλλ᾿ ξαπατσειν μ’ ἐλπίζεις, εὖ οἶδα. πο δ’ ἐσθ᾿ δικων, Κυδαθηναιες κων; ἴθι, κύον.

ΚΥΩΝ α α.

Βδ. Πρεστιν οτος.

Ξα. τερος οτος α Λβης εἶναι μοι δοκεῖ.

 

Que cada cual haga las comparaciones que quiera. De todas formas el Reading Greek (I) está pensado para un primer curso de griego, por lo que la adaptación no es relativamente grande.

Tal vez no sea preciso hacer adaptaciones en determinados textos; sí en otros, y siempre tratando de preservar el texto original.

Otra solución son los textos anotados que, mediante la correspondiente nota o explicación marginal, aclaran determinada forma o construcción difícil.

En definitiva: deberíamos mimar más a aquellos alumnos que eligen Griego II en 2º de bachillerato. Si adoptamos textos densos, difíciles, monótonos y largos, desmotivamos a los alumnos. En los institutos las noticias corren como la pólvora y los alumnos de segundo son la mejor publicidad o el peor enemigo de la asignatura. Si ellos ven que traducen con cierta soltura textos relativamente cortos, de dificultad progresiva, con anotaciones, si es necesario, adaptados, de contenidos variados, amenos, de estilos y géneros diversos, pueden realizar una buena propaganda entre sus compañeros de primero y hacer que más alumnos elijan Griego II al curso siguiente.

Pero si elegimos un texto largo, difícil, monótono, de grandes dificultades sintácticas y morfológicas para su nivel que no sean capaces de traducir solos en su casa; un peñazo a sus ojos, vaya, sólo conseguiremos que al curso siguiente el departamento de griego pierda 4 horas.

Hay que ser pragmático y realista y pensar también en esto: con las decisiones que tomemos respecto a los textos y la materia de las pruebas de griego en las PAAU podemos influir en la asignación horaria en los departamentos de clásicas en los centros de secundaria.

Desde luego, como han dicho los colegas en los comentarios, no todos los alumnos estudiarán Filología Clásica. Traducir un texto judicial, bastante largo y complejo para el nivel de nuestros alumnos, no me parece un plato de buen gusto, ni una buena forma de hacer atractiva nuestra asignatura.

No parece que lo previsto para próximos cursos vaya en la línea que he trazado. Esperemos no pagarlo con deserción de alumnos.

Me temo que habremos de echar el resto los profesores para conseguir “clientela”. No se trata de hacer rebajas, sino de “vender” bien el producto.

Nos jugamos el futuro.

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Debo empezar dando las gracias a los y las colegas que han aportado sus comentarios a mi anterior post: demuestran interés, preocupación, inquietud por mejorar las cosas y ganas de ayudar a los alumnos y dignificar la asignatura. No me consuela, pero me hace sentir un tanto mejor, que no sea el único en sentirse impotente, inquieto y preocupado, y descubrir que a casi nadie complace el diseño de la prueba de Griego en selectividad. Los comentarios han aportado alguna idea interesante y mucha sensatez. Sigo ahora con lo que tenía pensado escribir.

Entre los profesores de griego es frecuente la comparación del salto que existe entre un primero de bachillerato, en el que se empieza por el alfabeto, y un segundo, en el que se traduce un discurso judicial, con la lengua inglesa y nos preguntamos qué ocurriría si un alumno pasara de un curso inicial de una lengua que desconoce totalmente a un segundo curso en el que se le exigiera traducir a Shakespeare, Chaucer (aunque fuera en inglés moderno) o Dickens.

Nos parecería aberrante. Pues eso es lo que ocurre en griego.

En primero hemos de comenzar por el alfabeto, que los alumnos se familiaricen con las nuevas grafías, que lean con soltura.

Luego viene ese, para mí, difícil arte de conseguir un nivel aceptable de gramática, que permita a los alumnos enfrentarse, y nunca mejor dicho, a los textos de los que hablamos, sin espantarlos con demasiada carga de artillería morfológica y sintáctica, no sea que en segundo de bachillerato elijan Geografía, en lugar de Griego II.

Es un círculo vicioso: si les doras la píldora, en segundo los tienes que machacar; si los machacas en primero, te arriesgas a perder cuatro horas de clase, que recuperarás con las correspondientes alternativas a la religión y, con el tiempo, mucho me temo que con Educación para la Ciudadanía, en inglés, of course.

El diseño del primer curso de bachillerato no debería tener como referencia la selectividad. A mi por lo menos me ponía nervioso no poder ver contenidos que sabía, ya en primero, que en los textos de selectividad estaban presentes. Eso no debería ocurrir; el primero y el segundo son para disfrutar dando clase y no para angustiarse por lo que se deja de ver y es preciso que los alumnos conozcan.

¿Qué queremos? Tiramos piedras contra el propio tejado. ¿Por qué tenemos que establecer textos tan difíciles para los alumnos? Se trata de que el alumno pueda traducir por sí mismo un texto griego. Seamos sensatos. En dos cursos de griego nunca alcanzarán nivel suficiente para traducir el discurso de Lisias con facilidad.

¡Hay tantas cosas por enseñar! Debemos, por desgracia, explicar sintaxis y morfología castellana, a pesar de los esfuerzos y buen hacer de los colegas de lengua española, debemos explicar mucha gramática, debemos enseñar a buscar en el diccionario; no hay que olvidar, ni en primero ni en segundo, la parte de la civilización griega, con todo lo que comporta: mitología, literatura, historia, arte, religión, pervivencia.

El texto de Lisias tiene oraciones subordinadas sustantivas, adjetivas y adverbiales, y de éstas de casi todos los tipos (finales, consecutivas, temporales, causales, condicionales, concesivas, etc.).

Aparece cualquier tiempo, modo y voz de verbos temáticos puros y contractos.

Hay presencia de verbos en líquida y oclusiva

Hay verbos atemáticos, de las tres clases.

Aparecen aoristos radicales temáticos y atemáticos.

Hay verbos polirrizos.

Hay muchas funciones especiales de los casos.

Participios e infinitivos por doquier.

¿Algún profesor ve en primero de bachillerato la conjugación completa de un verbo? ¿Y los contractos, o los verbos en oclusiva y líquida? ¿Y los atemáticos? ¿Y el pronombre relativo y las oraciones de infinitivo? ¿Y el complejo mundo de los participios?

Todo no se ve en primero. Por tanto, habrá que verlo en segundo, después del obligado repaso a los contenidos de primero, olvidados por el largo y cálido verano.

Repaso, explicación de los muchos contenidos no vistos y… luego el texto, con su dificultad y el apartado de civilización.

Si quieres hacer una traducción con análisis morfológico y sintáctico en la pizarra con tizas de colores, no terminas el texto. El uso del powerpoint, como alguna amiga y colega me sugirió, lo dejo para expertos en nuevas tecnologías.

¡Dios mío! Yo siempre voy justísimo de tiempo y, a veces, no puedo terminar la parte cultural. Ella es la sacrificada, porque puede ser estudiada por los alumnos en casa, hecho que no ocurre con el texto.

Creo que hay que reflexionar sobre los textos escogidos. ¿Estaba en las tablas de la ley que Dios dictó a  Moisés en el Sinaí que no se puede traducir un texto adaptado en los exámenes de Griego II de las PAAU de la Comunidad Valenciana? ¿Es un crimen de lesa majestad traducir un texto que no sea original? ¿El desnivel entre los dos cursos no merece una ayuda para los alumnos? ¿Tiene sentido que los alumnos se aprendan de memoria la traducción del texto? ¿Qué nos demuestran con ello? ¿Que saben griego?

Hagamos un poco de historia y veremos que en la elección de textos hemos dado muchos bandazos.

Comencé en Alicante, allá por el curso 1990-1991, traduciendo el Protágoras de Platón ¡entero! Además de la dificultad textual, se añadía la contextual: entender de qué iba el diálogo. Una barbaridad, dada su dificultad y su extensión. Aún ahora no sé como lo tradujimos todo.

Ya en Castellón he conocido una gran variedad. Puede que lo que sigue no sea del todo exacto; de algunos cursos tengo lagunas mentales, que espero que algún colega matice, corrija, amplíe o confirme.

En los años 1991 a 1994 creo recordar que se traducía a Jenofonte y Platón. Traducíamos el Critón y la Apología de Sócrates de Platón o la Anábasis de Jenofonte.

En los cursos 94-95 y 95-96 las opciones eran una antología de textos de Jenofonte, a cargo de José Francisco González Castro, publicada en Ediciones Clásicas y el canto VI de la Odisea de Homero.

En los cursos siguientes 96-97, 97-98 y 98-99 se mantuvo el canto VI de la Odisea y se sustituyó Jenofonte por las adaptaciones de comedias de Aristófanes que contenía el Reading Greek (I), de la Joint Association of Classical Teachers, publicado por Cambridge University Press y editado en España por PPU (Promociones Publicaciones Universitarias).

En el curso 1999-2000 el texto se redujo al canto VI de la Odisea.

Después traducíamos fábulas de Esopo. También en otros lares han traducido a Esopo y Jenofonte.

Llegamos al curso 2003-2004 en el que se proponen dos opciones, una con 13 Diálogos de los dioses de Luciano y otra con ¡85! Fábulas de Esopo en la edición de Chambry.

El curso siguiente, 2004-2005, se produce una drástica rebaja de textos. Se reducen los diálogos a 9 y las fábulas a 50. Aún así mucho texto para traducir.

En el curso 2005-2005 se produce un nuevo cambio y se adopta la Apología de Sócrates de Jenofonte, que vuelve a ser el texto del curso 2006-2007.

Finalmente en el actual, 2007-2008, se ha añadido la opción del Discurso de Lisias, ya citado.

Como se puede apreciar, el cambio de textos ha sido muy habitual, aunque centrado en pocos autores: Platón, Jenofonte, Esopo, Luciano, Homero y adaptaciones de Aristófanes. Me temo que el consenso va a ser difícil.

 

 

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Hemos terminado en 2º de bachillerato la traducción de una de las dos opciones que, en este curso, teníamos los profesores de griego de cara a las pruebas de acceso a la universidad (PAAU) en el ámbito de la Comunidad Valenciana. Durante el curso teníamos que traducir uno de estos textos:

          Apología de Sócrates de Jenofonte

          Defensa de la muerte de Eratóstenes de Lisias

En los exámenes de selectividad del próximo mes de junio, los alumnos de griego tendrán que demostrar que han aprendido el suficiente griego como para ofrecer una traducción fluida y correcta de un fragmento de las dos obras seleccionadas, que se ofrecerán en dos opciones.

Además deberán responder una pregunta de morfología o sintaxis, una de etimología y otra de cultura, sacada de un temario compuesto por cuatro bloques de contenidos:

          Historia de Atenas (Guerras Médicas, instituciones políticas atenienses, la Liga de Delos y el imperialismo de Atenas, la Guerra del Peloponeso y Espacios y monumentos de la Atenas clásica).

          Clases sociales de la Atenas clásica: Ciudadanos, metecos, esclavos y bárbaros y Situación de la mujer.

          Principales dioses y fiestas áticas: Panateneas y Grandes Dionisias. Oráculos y misterios: Delfos y Eleusis.

          Géneros literarios: historiografía, oratoria y drama.

El año pasado tradujimos la Apología de Sócrates de Jenofonte, ya que era el texto único fijado por los coordinadores del sistema universitario valenciano. En este curso 2007-2008, como hemos dicho, se daba a elegir entre Jenofonte y Lisias.

Digo se daba a elegir, porque no creo que haya habido ningún profesor que haya traducido ambos textos. Si traducir uno ya resulta difícil, traducir los dos se me antoja imposible.

Para  el curso próximo, Jenofonte desaparece del horizonte y al Discurso citado de Lisias se añade otro del mismo autor, el discurso Sobre la suspensión de ayuda monetaria al inválido (ΥΠΕΡ ΤΟΥ ΑΔΥΝΑΤΟΥ) o En favor del inválido.

Este año he optado por Lisias, porque me parece un texto más “asequible” para los alumnos; si no por la dificultad morfológica y sintáctica, sí porque es más ameno que el de Jenofonte y contiene interesantes referencias a cuestiones de la Atenas clásica que también son desarrolladas en la parte “cultural” de la asignatura (clases sociales, esclavos, situación de la mujer, tipos de causas, instituciones, vida cotidiana, etc.) y porque la historia que se narra, un adulterio y el castigo del adúltero por parte del marido mancillado, resulta atractiva.

Durante este curso he reflexionado sobre los textos propuestos por los coordinadores de cara a las pruebas de acceso a la universidad, sobre su idoneidad, su extensión, su carácter de textos originales, sobre su dificultad y ahora quiero hacer públicas mis reflexiones.

Muchos días he tenido la sensación de estar haciendo algo sin sentido. ¿Qué queremos para nuestros alumnos? ¿Qué sepan traducir griego o que memoricen un texto que, a duras penas y con grandísima ayuda de sus profesores, han conseguido traducir durante un curso?

Hablo por mí. Sin duda habrá colegas míos que hayan conseguido que sus alumnos traduzcan los textos propuestos. Los míos no lo han acabado de conseguir, puede que en parte por culpa de su profesor. Son textos que, incluso para mí, tienen su dificultad. Para ser exactos hay una doble dificultad: dificultad para traducirlos previamente yo, y dificultad para traducir y analizar en clase, de forma asequible para  los alumnos, sin que éstos caigan en el desánimo. Dificultad, en definitiva, en acercar el texto a los alumnos a nivel sintáctico, morfológico y léxico.

Por fortuna hay espacios en la red, blogs y páginas web, y material bibliográfico de compañeros que han ofrecido una ayuda inestimable a nuestra labor docente.

Pienso en el Grup STOA y su trabajo en la parte “cultural” del temario, en los libros de Charo Marco, Amparo Moreno y Mª José Crespo, en el blog de Virginia Pla o en el de Álvaro Ortolá.  Hay materiales en otros lugares. Que me perdonen los no citados, ya que la omisión, si es que existen más casos, es debida a mi desconocimiento. A ellos hemos acudido, quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, para recabar información y material para nuestras clases.

Creo que debemos analizar varios aspectos y replantearnos la situación del griego en las PAAU.

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Liceo Giovanni Pascoli, Bolzano. Asignatura: Cultura Clásica

Profesor: Rheinhardt Süssmayer. Alumno: Nicoletta Del Vescovo

Actividad: Cacería de Tesoros

Entrega II

Texto 1

Del anciano Titón la concubina

emblanquecía en el balcón de oriente,

fuera ya de los brazos de su amigo;

 

Cuestionario:

1.        ¿Quién era Titón? Háblanos de este personaje

2.       ¿Por qué es calificado como anciano?

3.       ¿Qué poeta dijo esto sobre Titón: “a Titono le dio Zeus como gracia un mal eterno: la vejez, que es mucho peor que la espantosa muerte”?

4.       ¿Quién es la concubina de Titón? ¿En qué le convirtió? ¿Qué significa literalmente “concubina”?

5.       ¿Cuál es el significado simple de estos tres versos? ¿Qué acción se describe?

Texto 2

Creí ver, en un sueño, suspendida

un águila en el cielo, de áureas plumas,

con las alas abiertas y dispuesta

a descender, allí donde a los suyos

dejara abandonados Ganimedes,

arrebatado al sumo consistorio.

Cuestionario:

  1. ¿Quién es Ganimedes?
  2. ¿Por qué relaciona nuestro poeta a Ganímedes con un águila que ve en sueños?
  3. ¿Qué lugar se esconde en el adverbio “allí” del cuarto verso del texto?
  4. ¿Quiénes son “los suyos”?
  5. ¿En qué se convirtió el águila de la que habla el mito de Ganímedes?
  6. ¿Qué es, en realidad, el “sumo consistorio” del que habla el texto?

Texto 3:

No de otro modo se inquietara Aquiles,

volviendo en torno los despiertos ojos

y no sabiendo dónde se encontraba,

cuando su madre de Quirón a Esciros

en sus brazos dormido le condujo,

donde después los griegos lo sacaron;

 

 

Cuestionario:

  1. Como suponemos que sabes quién es Aquiles, dinos ¿quién era su madre?
  2. ¿Quién era Quirón? ¿Qué hacía Aquiles con Quirón?
  3. ¿Por qué la madre de Aquiles le conduce a Esciros?
  4. ¿Qué es Esciros? ¿Dónde se encuentra?
  5. ¿Cómo vivía Aquiles en Esciros? ¿En la corte de quién? Una hija de este personaje aparecía en el texto VII de la primera entrega, ¿quién es y qué relación tuvo con Aquiles?
  6. ¿Quiénes son los “griegos” que sacaron a Aquiles de Esciros? ¿Cómo lo lograron? ¿Con qué objetivo fueron estos griegos a Esciros y por qué? Han sido citados en el texto VII de la primera entrega.

 

Texto 4:

Veía a Briareo, que yacía

en otra, de celeste flecha herido,

por su hielo mortal grave a la tierra.

Veía a Marte, a Palas y a Timbreo,

aún armados en torno de su padre,

mirando a los Gigantes desmembrados.

¡Oh Níobe, con qué dolientes ojos

te veía grabada en el sendero,

entre tus muertos siete y siete hijos!

¡Oh Saúl, cómo con la propia espada

en Gelboé ya muerto aparecías,

que no sentiste lluvia ni rocío!

Oh loca Aracne, así pude mirarte

ya medio araña, triste entre los restos

de la obra que por tu mal hiciste.

 

Cuestionario:

  1. ¿Quién era Briareo? ¿Cómo eran estos seres? ¿Por qué episodio son famosos? ¿Quiénes eran sus hermanos?
  2. ¿Qué lucha está narrando nuestro poeta? ¿Quiénes se enfrentan en esta lucha?
  3. ¿Quién es Timbreo? ¿A qué otra lucha cósmica se refiere aquí?
  4. ¿Quién fue Níobe? ¿Por qué llora entre sus siete hijos? ¿Por qué murieron éstos?
  5. ¿Quién era Saúl? ¿Qué era Gelboé? ¿Qué hecho ocurrió allí? ¿De quién era padre Saúl? ¿Cómo murió?
  6. ¿Quién era Aracne y por qué la llama “loca” el poeta? ¿Qué obra realizó y por qué le causó mal esta obra?

 

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Seguimos con nuestra selección del discurso El mito de Friné: nuevas perspectivas pronunciado por Don José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad Complutense de Madrid, con motivo de su recepción como académico correspondiente en Madrid de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, el 27 de enero de 2005 y recogido en el Anuario de la citada Academia malacitana correspondiente al citado año 2005.

En esta segunda parte, el profesor Pérez-Prendes se refiere a la obra que dio pie a nuestro recorrido literario y artístico por la figura de Frine, el cuadro de Gerôme, Friné ante el Areópago.

Creo ser el primero que se arriesga en afirmar que pertenece al pintor y escultor francés del llamado “arte académico” Jean Léon Gérôme (1824-1904) el mérito de romper esa continuada y cómoda línea interpretativa en su famoso cuadro de 1861 dedicado al tema. Supongo que se trata de una propuesta casi escandalosa dado que sin duda es un lienzo romanticón y blando y así lo dijeron muy pronto ilustres comentaristas. Pero por lejos que un objeto esté de los ideales estéticos de quien escribe y por eminentes que sean los críticos, ni prejuicios propios, ni opiniones ajenas deben obligar a ningún investigador a dejar de plantearse las hipótesis que le parezcan razonables. La justicia de las invectivas que le dedicaron tanto artistas de su tiempo, como críticos actuales, no evita la miopía de quedarse en el merecido desdén formal. Además, que no solo merece Gérôme tales juicios sino también otras muchas empalagosas piezas del desnudo victoriano, o el resto de academicistas, etc., conjuntos en los que difícilmente se advierten nunca sutilezas psicológicas como la que este caso tuvo el pintor francés.

Paolo Farinati había escogido el dolor como eje representativo de la figura de una supuesta Friné, pero después otros artistas prefirieron tratar el desnudo de la protagonista, si bien lo hicieron bajo un constante patrón, el de una mujer exhibida ante los jueces, a veces con recato (Pierre-Antoine Baudoin, en 1793), o con altanería (Victor-Louis Mottez en 1859) o con indiferente dejadez (una pieza del taller de Louis David; otra de Víctor Robert de 1846), etc. Nadie puede negar que, frente a esos reiterados precedentes el pintor francés consideró indispensable indagar, para dar esencia lógica al relato, cual hubo de ser la actitud de la acusada al verse puesta en el trance de protagonizar la espectacular decisión de su abogado, incógnita esencial que permanecía oculta bajo las livianas apreciaciones usuales.

Para ello eligió de entre las fotografías de su bien conocida modelo Marie-Christine Roux, que Félix Nadar tenía (o hizo por su encargo), una frontal desnuda, donde la pose toma la iniciativa de ocultar su rostro y la trasladó al lienzo como imagen de Friné. Pueden criticarle hasta la saciedad sus detractores. Puede hacerse un fotomontaje que ridiculice el cuadro, como lo hizo Joseph Renaud pero lo cierto es que, aún sin lograr una pintura medianamente conmovedora ni inquietante, propuso dos claves superadoras del viejo árbol de discursos superficiales. La voluntariedad de la hetera y su renuncia a comunicarse con el ambiente que la rodeaba. Esa misma idea se retomará más tarde. Así Jean Baptiste Emile Corot con su poco posterior El baño de Diana (la fuente) pero será un dibujo de Egon Schiele, Stehendes mädchen, quien podría infundir al tema la fuerza dramática de la que son incapaces Gérôme, Falguière o Corot.

En efecto no parece que la linda beocia y su abogado pudiesen haberse planteado de otro modo el paso dado, si buscaban algún beneficio procesal. Los sentimientos que los heliastas pudiesen deducir como cruzados tácitamente en el espíritu de la mujer a la que juzgaban serían, pues, el argumento adicional que buscaba Hiperides para defenderla. No intentó deslumbrarles comparando a su cliente con una diosa, remedo blasfemo de divinidad postiza. Esa es la propuesta inequívoca de Franz von Stuck en una coherente pintura, pero inconvincente desde la lógica procesal. El marco procedimental no debe romperse, porque eso equivaldría a romper la historia misma. Hiperides-Friné tuvieron que apelar como aque­llos hombres-jueces considerarían que eran los sentimientos de una mujer cuando, situada en sede procesal, adoptaba esa peculiar actitud ante ellos.

Frente a Edgar Degas y frente a Emilio Zola, sostengo que Gèrôme, pese la cursilería de su acaramelamiento, dio un paso decisivo para descubrir la arriesgada trascendencia encerrada en el paso dado por el dúo Friné-Hiperides. Es verdad que si el relato ha pervivido a lo largo tiempo ha sido porque siempre se le han atribuido significados, unos sobre del Friné y otros sobre su abogado, pero ninguno de ellos había superado los planos fáciles y directos que ya hemos repasado. El pintor academicista sugirió con sus pinceles que el abogado insiste del modo más inequívoco posible en presentar una acusada que se niega a comunicarse con jueces más allá de hacer presente su desnudez, aunque sepa que pueden darle muerte.

Pero si era así ¿que sentido tendría esa actitud en un juicio de tal talante? Solo cabe pensar en una especie de hurto procesal de la dimensión humana de Friné. Cubierta su cara, se lograba que los heliastas afrontasen la evocación de la divinidad, no la veían a ella, ni la miraban. Miraban y veían a la Afrodita que se había presentado al culto en las imágenes que Friné había hecho posibles a los artistas, pero ese su papel de mediadora había caducado al concluir la realización de aquellas obras de arte. Si Friné hacía algunos alardes, esos eran que ni evocaba a una diosa, ni permanecía como mujer, puesto que, al cubrirse el rostro, la mujer concreta quedaba desaparecida.

Solo la divinidad, cuya belleza no se comunica en igualdad a los humanos, era la que inundaba el espacio procesal y lo significativo era que los jueces podían percibirla directamente, borrada la mediación de la hetera. Gèrôme buscó redondear ese dominio de la epifanía de lo divino en aquel momento del juicio, colocando al lado de la figura de la diosa de la belleza y el amor, la efigie de la deidad de la sabiduría, que no por casualidad media entre Friné y sus jueces. Así, sumergidos los heliastas en la atmósfera de una ciencia de lo sagrado, se les hacía sentir lo imposible de condenar por impiedad a la mujer que, tras haberles traído a la diosa, ni usurpaba el aura de la deidad, ni había querido hacerse presente como humana mediadora, ni se avergonzaba de una desnudez que daba sentido a su vida…

En ese contexto Friné fue obligada a acudir a su enjuiciamiento en cuanto era, ante todo, una mujer. Como tal mujer quedó entregada al juicio de los hombres-jueces llamados heliastas. La habilidad procesal de Hiperides consistió en cambiar el plano previsible que hubiera llevado a la muerte a la tespiana. Al desnudarla introdujo una situación inesperada, presentó a Mnesarete como portadora de la conexión del tribunal con la divinidad. Los heliastas vieron, como genialmente acertó a expresar Gérôme, a la divinidad misma, no a una mujer perecedera y concreta. Sólo podían reconocer en esa divinidad la razón esencial de cualquier juicio justo, es decir lo que a ellos podía tranquilizarles frente a la angustia que siempre supone dar una sentencia.

Y no es que se rindieran a la evidencia, simplemente trataron de aliviar su angustia ante el casi seguro error, buscando en aquella divinidad la garantía de dictar una sentencia aceptable por ella. Su sociedad masculinizada pretendía dominar a la mujer en cuanto significaba la tremenda potestad de la diosa madre, perenne fuente de vida, como lo entendió Courbet, función inexorable, grabada en lo más íntimo de lo inconsciente de todos y cada uno de sus miembros. Pero ahora, ante los heliastas, la desnudez de Friné no era la de una mujer, ni hermosa, ni degradada, ni castigada, era la manifestación de la deidad inconmensurable de la que toda vida dependía. Juzgar algo, lo que quiera que fuese, suponía ejecutar en la vida humana lo que concordase con el designio de los dioses, una de cuyas manifestaciones estaba delante de ellos.

Y tuvieron miedo. No absolvieron a una simple mujer, una pieza humana más entre tantos justiciables. Reconocieron en el alegato procesal la revelación acerca de la diferencia que separaba su real y pobre papel de ejecutores-dignificadores de los intereses masculinos, de sus pretensiones en cuanto jueces, insolentes determinantes en última instancia de tantas vidas, patrimonios y famas. Ante la oración forense que les desnudaba a ellos, ahora a ellos, en su interesada visión del mundo, no juzgaron, salieron de su angustia dejando que la sola presencia de la divinidad resolviese por sí sola. El mito de Friné extrae y manifiesta la enso­berbecida locura de las sociedades masculinizadas y fortalece al máximo esa manifestación, al situarla en una sede procesal, es decir, en el recinto donde se teatraliza simbólicamente el comportamiento esencial de hombres y mujeres en la sociedad, incluidos los jueces. Los heliastas al menos, supieron huir de una ley injusta, no buscaron el refugio de sus conciencias en ella.

Hasta aquí el discurso de Pérez-Prendes y, también, nuestra modesta contribución al estudio de la presencia de Frine en la literatura y el arte occidentales. Esperamos que haya tenido alguna utilidad para quienes han tenido la santa paciencia de seguir esta serie.

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La verdad es que el señor Süssmayer se había quedado a gusto. Cincuenta y ocho cuestiones de lo más variopinto, desde responder a quién era Tiresias hasta averiguar la profesión que compartían Hipócrates, Galeno o Avicena, pasando por una inmersión geográfica en el Mediterráneo o investigaciones en la Biblia.

Le costó, ciertamente, a Nicoletta responder a todas y cada una de las preguntas, y además correctamente. Bueno, eso pensaba ella, cuando entregó, el día y la hora fijados, un viernes a las 10 de la mañana, con el corazón un tanto encogido, el trabajo a un profesor Süssmayer que la miraba con un rostro inusitadamente sonriente.

De los 20 alumnos de la clase, sólo 13 presentaron a tiempo la primera entrega. Cuando todos la hubieron entregado, Süssmayer les dijo:

             Bien, señores; el lunes a las 12’00 del mediodía en el tablón del departamento de Latín de nuestro querido Liceo estará colgada una nota con los nombres de los alumnos que hayan respondido correctamente a esta primera entrega. Esos alumnos, y sólo ésos, podrán pasar por mi despacho a recoger la segunda entrega. Hasta luego, buenas tardes.

Nicoletta pasó un fin de semana raro; por una parte disfrutó en su viaje a Trento y el lago de Garda, que sólo distan 60 y 100 kilómetros de Bolzano, que se inició el viernes por la tarde. Pero, por otra, no dejaba de pensar en la nota que aparecería en el tablón del departamento de Latín. Deseaba con todas sus fuerzas que su nombre estuviera en la lista.

 

 

Tras un fin de semana cultural y deportivo, ya que compaginó la visita a Trento, donde visitó el Duomo, el castillo del Buonconsiglio, la Torre Civica, los frescos de la Casa Rella, los palacios delle Albere, Lodron, Pretorio, Salvadori, Geremia y el museo de arte moderno, con la navegación por el lago de Garda, regresó a Bolzano el domingo a media tarde.

 

 

El lunes tras las clases de matemáticas, lengua italiana, alemán e historia, llegó el momento esperado. Acudió con sus compañeros al departamento y allí, en el tablón, estaba la notita de marras:

Relación de alumnos que han superado la 1ª Fase de la Cacería de Tesoros de la Asignatura de Cultura Clásica

Albertini, Michele

Formichella, Chiara

Gelmini, Luca

Moretti, Piero

Tedeschi, Alexandra

Vescovo, Nicoletta

 

 

¡Qué susto le dio el señor Süssmayer! ¿Por qué me ha colocado en la V de Vescovo y no en la D de del Vescovo? Cuando pasó de Albertini a Formichella se le cayó el al alma a los pies. Al final, vio Vescovo, Nicoletta y saltó de alegría.

Bueno, ya sólo quedaban 6 alumnos de los anteriores 13, y de los 20 iniciales.

A las 14’00 horas, tras concluir las clases, los 6 elegidos acudieron al despacho de Süssmayer, quien les dio la segunda entrega, no sin antes felicitarles por haber conseguido el primer objetivo.

 

 

Al llegar a casa, Nicoletta no pudo esperar a comer; abrió, presurosa, el sobre con la segunda entrega y leyó de un tirón…

 

 

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 Vamos a concluir nuestra serie dedicada a la cortesana griega. Fieles a lo que dijimos en el primer artículo de esta serie: en estos artículos he echado mano de material que “circula” por la red y le he dado a todo él mi propia articulación y forma, y haciendo honor al  nombre de nuestro blog, lo haremos con extractos del discurso El mito de Friné: nuevas perspectivas pronunciado por Don José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad Complutense de Madrid, con motivo de su recepción como académico correspondiente en Madrid de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, el 27 de enero de 2005 y recogido en el Anuario de la citada Academia malacitana correspondiente al citado año 2005.

Hay en él sabias referencias a nuestra hetera, especialmente todo lo referido al proceso judicial en el que fue defendida por Hiperides, pero también reflexión sobre el desnudo femenino, referencias a las obras artísticas, e incluso cinematográficas, a ella dedicadas.

La belleza y la inteligencia de la hetera de Tespis (Beocia) llamada Mnesarete y apodada Friné (es decir “ranita”) le proporcionaron una vida resonante de popularidad social, riqueza e influencias. Los trazos de su vida que conocemos coinciden en confirmarlo. Ha sido especialmente recordada por su presencia estelar en fiestas públicas como las de Eleusis, por su voluntad en restaurar a su costa los daños causados por Alejandro el Magno en Tebas, por habérsele erigido una estatua áurea, y por intervenir en los círculos sociales y artísticos de Atenas, incluyendo posar como modelo de Apeles y Praxíteles para sus imágenes de Afrodita. La principal de las historias que la han hecho famosa se refiere a cuando fue acusada ante los jueces llamados heliastas (es decir “soleados” por oír y sentenciar a la luz del día) de no creer en los dioses en los que Atenas tenía oficialmente fe, el mismo delito que había llevado a la muerte a Sócrates en 399 a.c. Se dice que si su amante (¿acaso también su kýrios?) el abogado ateniense Hiperides (389-322 a. C.) logró su absolución, fue más que con su discurso, hoy perdido pero sin duda brillante, con el golpe teatral de exhibir desnuda, inesperadamente, a su cliente ante el tribunal.

Aplicando la concepción de “mito” como cuento tradicional, he bautizado como “mito de Friné” a ese suceso y he señalado también la fuerte probabilidad de que nunca ocurriesen tales hechos, pero de todos modos la creación y transmisión secular del relato forman en sí un fenómeno real y eso lleva a preguntarse, más que por la veracidad, por la razón de haberse construido esa narración y por la de haber pervivido luego en forma más o menos latente.

Casi siempre se ha pretendido responder opinando acerca de lo que ha significado el mito de Friné para los científicos y creadores estéticos posteriores. Por mi parte sostengo que es necesario plantear tres reflexiones sucesivas. La primera, aislar este mito dentro del tema del desnudo femenino, puesto que tal asunto constituye una compleja y confusa categoría socio-cultural en la mente humana. La segunda colocarlo en el contexto de la “lógica” procesal. La tercera, abordar la serie de reflejos psicológicos y estéticos derivados de los actos que en el proceso se realizaron.

Las razones de esa propuesta nacen de un primer hecho indiscutible. El mito de Friné está inicialmente anclado entre los muchos significados de la exhibición plena y pública del cuerpo femenino. Nos llega como relato sobre cierta mujer, pero escrito y conservado por hombres, dentro de una sociedad de las calificadas hoy como “patriarcales”, a las que me resulta más exacto adjetivar como “masculinizadas”. Es verdad que, incluso en ellas, aparecen en ocasiones fuentes dotadas de una pureza analítica muy poco corriente, inmunes a cualquier discriminatorio de tipo sexista…

 El espacio de lo considerado estéticamente hermoso contiene una de las líneas interpretativas más difundidas de este mito. Han sido muchos los productos derivados de esa valoración artística, pero solo algunos ostentan notable belleza. Así las figuras de Phryné esculpidas en 1845 por el suizo Jean-Jacques (James) Pradier (1790-1852), en 1855 por Louis Valentin Élias Robert (1821-1874), por Adolf Carl Johannes Brütt (1885-1939), por Albert Wein en 1948 etc. En todos esos casos, la exhibición se justifica como elogio y veneración de la belleza femenina y como desafío de inspiración y técnica para los artistas…

Ha sido muy frecuente incluir a la tespiana entre las mujeres motejadas de depravación sexual a las que, para marcar esa condición, se las representa desnudas. De ahí ha nacido la reiterada calificación de Friné como una más de las prostitutas históricas célebres por diversos motivos. Pero aplicarle esa condición, además de ignorar las grandes diferencias entre heteras y prostitutas, mutila por completo la rica complejidad del personaje.

Pese a eso, el decadentismo estético usó mucho la equiparación y si lo más conocido es evocar a Salomé al modo de Gustave Moreau, la memoria de Mnesarete quedó muy salpicada de lo mismo en una serie de creaciones artísticas inspiradas en ella. Se encuentra fácilmente su huella en la literatura, no tanto en la música escénica, pero la muestra más clara es la trivial pintura de Gustave Boulanger  Phryné, ejemplo nítido de una lamentable y chabacana hermenéutica que identifica a la tespiana con una simple ramera de más o menos lujo. Si elogio literario merece la novelita de Edoardo Scarfoglio Il processo di Friné y cinematográfico su versión televisiva, realizada en 1952 por el director italiano Alessandro Blasetti (1900-1987), no debe ignorarse que dibujan a esta hetera como mujer bellísima, pero desprovista de cualquier cualidad moral o humana. Y solo es mitigación de esta línea interpretativa el uso de su nombre como símbolo de la mujer que vive centrada en el cuidado de su belleza sin otra cualidad humana o intelectual. La superficialidad de opiniones como esas es la causa de su pervivencia…

Mnesarete no sería involuntariamente desnudada por Hiperides en forma sorpresiva para ella. Dejando a un lado lo arriesgado de una reacción imprevisible que acarrearía el peligro de envenenar la causa, parece indiscutible que Friné estuvo advertida y conforme con ser expuesta, aunque no sabemos si lo aceptó o lo sugirió. En todo caso era indispensable su colaboración mediante imprescindibles detalles materiales, solo accesibles a ella, como por ejemplo el momento físico adecuado o la elección de vestimenta más conveniente para el acto previsto…

En definitiva, este mito es insoluble con su simple inserción en las distintas y aisladas percepciones que ha nutrido la historia que nos ha sido dada, ya sea convencional, ya actual, del desnudo femenino, aunque no sea posible dejar de tener conciencia de ellas a la hora de correr el riesgo de su interpretación. Para dar el mayor contenido posible a esa única relación evidente, que todavía permanece indefinida a nuestros ojos, es necesario restituir este mito a su marco originario, un procedimiento judicial público. Desde esa sede cabe indagar que impulsos mentales provocaron la sentencia de los jueces, mitema final que culmina el relato. No es ni necesario ni suficiente en estas páginas acudir, para cumplir esas operaciones, a una descripción de carácter histórico jurídico-formal reconstruyendo la acción procesal misma en el marco jurídico de un sistema procedimental concreto, en este caso el ateniense del siglo IV, a. de JC. Esa investigación ya existe y lo único a añadir es su conexión con el sentido esencial latente del desnudo femenino, descrito arriba.

No cabe otra forma de lograrlo que asumir mentalmente la exhibición de Friné como un hecho inserto en determinada “lógica procesal”. Dicho de otra forma, consiste en atender a la raíz esencialmente procesal del mito, planteándonos qué significaría el hecho para los jueces (suponiendo que hubiese ocurrido tal como nos ha sido contado) puesto que la desnudez forense de la hetera se ubica en su marco. La referencia a la “lógica procesal” es imprescindible, ya que nace de la naturaleza propia todo proceso en cualesquiera momentos de la historia. Como tal naturaleza no es otra cosa que una teatralización consciente de la realidad humana para discutir y decidir sobre ella (pero desde fuera de ella) siempre la dialéctica interna de armonía-inarmonía en los pasos dados en la cadena de actos de cualquier juicio, es clave que explica el éxito o fracaso de sus nudos integrantes. Esa reflexión debe permitirnos comprender la decisión de los jueces, eje principalísimo de la perduración del mito…

Perdido el alegato forense de Hiperides, no sabemos de cierto hasta qué punto estuvo apoyado en la exhibición de su cliente desnuda ante el tribunal, ni el momento y la justi­ficación que daría el famoso abogado a tal hecho en el contexto de su pieza forense. Las variadas posibilidades de la retórica, o arte de alegar del abogado ante el tribunal, es decir, la argumentación, la demostración, e incluso la trasgresión, hacen muy discutible cualquier lugar de conexión entre la oración forense de Hiperides y la espectacular manifestación de Friné. Siguiendo una tradición secular, Vouilloux y otros investigadores modernos recuerdan que Quintiliano, al fin maestro del arte retórico sitúa el episodio como supremo ejemplo de argumentar sin hablar, aspectus sine uoce, pero a eso hay que añadir que no se trata solo del abogado y su discurso, sino del comportamiento que en aquel trance procesal resultase más lógico conjuntamente entre él y la acusada…

Desde luego no fue una expiación para autocastigarse la acusada con la humillación de ser mirada desnuda en público. Nada hace pensar que el tipo de proceso al que estuvo sometida la amada de Hiperides pudiese solventarse de ese modo. Ante todo, la contemplación de la tespiana desnuda no era novedad llamativa, si recordamos que según las fuentes conservadas se la había podido ver así, en forma pública, no ya solo través de las imágenes para las que como modelo había posado, sino en las fiestas de Poseidón o Afrodita. ¿Creye­ron entonces la cliente y su abogado poder vencer la voluntad de los jueces excitando su salacidad al hacerles más suyo e intimista aquel espectáculo? ¿sería la inaudita posibilidad de aproximarse realmente a lo soñado en textos como los epigramas eróticos de su tiempo lo que se quería ofrecerles como estímulo para la absolución?. Lo cierto es que la facilidad de la respuesta que apela al truco libidinoso ha contribuido a frivolizar el relato en demasiadas ocasiones. Durante siglos predominó esa explicación pese a ser elemental, directa, vulgar y grosera. Con ella se ha difundido la imagen, esencialmente cristiana, de una Friné, valorada regresivamente, desde bella e inteligente, hasta ramera vulgar.

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