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Archive for 16 junio 2017

VACACIONES

 

Este año antes que el pasado (partimos en cuatro horas a Italia con alumnos y luego vienen días de bastante trabajo), nos tomamos un descanso hasta septiembre en el que volveremos, aunque sea por breve tiempo, pues en octubre cumpliremos 10 años y, durante el verano, habrá que reflexionar sobre la manera de dar a este espacio su final, incluido un (auto)epitafio.

¡Feliz verano, amigos!

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Seguimos con el breve repaso a fuentes clásicas que nos hablan de Sócrates. Y la primera es Quintiliano y su Institutio Oratoria, II 16,3:

Nam et Socrati obiciunt comici docere eum, quo modo peiorem causam meliorem faciat, et contra Tisian et Gorgian similia dicit polliceri Plato.

Pues los poetas cómicos acusaron incluso a Sócrates de enseñarle de qué modo hacer mejor la peor causa y Platón dice contra Tisias y Gorgias que ellos prometían algo similar.

En la Retórica de Aristóteles, 1398 a 24-6, al hablar de los lugares comunes de los entimemas, y en concreto, en la enumeración de dichos lugares, hallamos una cita de Sócrates.

καὶ δι’ ὃ Σωκράτης οὐκ ἔφη βαδίζειν ὡς Ἀρχέλαον˙ ὕβριν γὰρ ἔφη εἶναι τὸ μὴ δύνασθαι ἀμύνασθαι ὁμοίως καὶ εὖ παθόντας ὥσπερ καὶ κακῶς.

Y por esto también, Sócrates afirmó que no iría a la corte de Arquelao; porque era una insolencia, dijo, no poder corresponder con la misma medida tmto el buen trato como el malo.

Antonio Tóvar, en Vida de Sócrates, capítulo II, página 71, en la edición de Alianza Editorial (serie Alianza Universidad) se refiere a este episodio:

La tradición contaba (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos, II, 25) que varios tiranos, como el rey Arquelao de Macedonia. Euríloco de Larisa, Escopas de Crannón, le habían invitado a sus cortes, deseosos de ornarías con la presencia de una gloria ateniense; lo mismo Esquilo o Eurípides habían ido, como más tarde Platón, a buscar la gloria o la fortuna o el teatro para sus ideas, a sitios lejanos de la ciudad madre. Según esa tradición, Sócrates no quiso tener por admiradores a semejantes regios personajes, y se mantuvo independiente, despreciativo. Con un orgullo digno, como correspondía al precursor de todos los filósofos que basaban su orgullo es un sistema ético, Sócrates no podía huir de Atenas, ni siquiera condenado a muerte, pues su elemento era la ciudad, y huir a Tesalia, como le proponían amigos suyos, era hundirse en la barbarie.

 

Es conveniente que recojamos el texto de Diógnes Laercio, Vidas de los filósofos II, 25:

πολλάκις δ᾽ ἀφορῶν εἰς τὰ πλήθη τῶν πιπρασκομένων ἔλεγε πρὸς αὑτόν, “πόσων ἐγὼ χρείαν οὐκ ἔχω.” καὶ συνεχὲς ἐκεῖνα ἀνεφθέγγετο τὰ ἰαμβεῖα:

τὰ δ᾽ ἀργυρώματ᾽ ἐστὶν ἥ τε πορφύρα

εἰς τοὺς τραγῳδοὺς χρήσιμ᾽, οὐκ εἰς τὸν βίον.

ὑπερεφρόνησε δὲ καὶ Ἀρχελάου τοῦ Μακεδόνος καὶ Σκόπα τοῦ Κρανωνίου καὶ Εὐρυλόχου τοῦ Λαρισσαίου, μήτε χρήματα προσέμενος παρ᾽ αὐτῶν, μήτε παρ᾽ αὐτοὺς ἀπελθών. εὔτακτός τε ἦν τὴν δίαιταν οὕτως, ὥστε πολλάκις Ἀθήνησι λοιμῶν γενομένων μόνος οὐκ ἐνόσησε.

Muchas veces, al contemplar los montones de cosas que se vendían, se decía a sí mismo: “¡De cuántas cosas no tengo necesidad!”. Y de continuo solía recitar aquellos famosos yambos:

Los adornos de plata y la púrpura son útiles

para la escena trágica, que no para la vida.

Mostró su desprecio por Arquelao de Macedonia y por Escopas de Cranón y por Euríloco de Larisa, al no aceptar los regalos que le enviaron ni acudir a sus cortes. Era tan ordenado en su manera de vivir que al irrumpir epidemias en Atenas repetidamente fue el único que no enfermó en la ciudad.

La traducción es de Carlos García Gual, en Alianza Editorial.

Un poca antes, en Retórica 1390b, 28-31, cuando habla de la nobleza, dentro del apartado Sobre los caracteres en relación con la fortuna, ha citado también a Socrates:

ἐξίσταται δὲ τὰ μὲν εὐφυᾶ γένη εἰς μανικώτερα ἤθη, οἷον οἱ ἀπ’ Ἀλκιβιάδου καὶ οἱ ἀπὸ Διονυσίου τοῦ προτέρου, τὰ δὲ στάσιμα εἰς ἀβελτερίαν καὶ νωθρότητα, οἷον οἱ ἀπὸ Κίμωνος καὶ Περικλέους καὶ Σωκράτους.

Las estirpes vigorosas degeneran, así, en caracteres extraviados, como los descendientes de Alcibíades y Dionisio el viejo; y los pacíficos, en trivialidad e indolencia, como los descendientes de Cimón, los de Pericles y los de Sócrates.

Quintín Racionero, editor en Gredos, dice en nota: En cuanto a los hijos de Sócrates, en fin, fuera de este juicio de Aristóteles, apenas si tenemos unos pocos datos: Tovar los estudia en su Vida de Sócrates (ed. 1948), págs. 81s. He aquí Tovar:

En cuanto al escaso relieve de los hijos de Sócrates, que en nada se distinguieron, se convirtió en tema favorito de la filosofía, exactamente como el Sócrates platónico se complace repetidas veces en criticar que Pericles, Temístocles y otros famosos varones distinguidos en la moral y la política no supieran educar hijos comparables a ellos. Ya hemos visto como este tema lleva a descarríos en el problema de la bigamia socrática. Sócrates no tuvo, pues, herederos carnales, y los filósofos no pudieron contar entre sus filas a los hijos del fundador, mientras que en cambio se habla de los hijos de Aristipo de Cirene y de otros filósofos. Erasmo recoge todavía el tópico y afirma que “los hijos del sabio Sócrates se parecían más a su madre Xantipa que a el. Más profundamente de lo que el mismo imagina, explica la cosa como una muestra de la defensa que sostiene Natura contra “la lepra de la sabiduría”, del culto de la razón lógica y discursiva.

 

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(Carlos García Gual)

Terminábamos el anterior capítulo con el poema XXIX de Garcilaso, que García Gual recoge en su prólogo a la edición de Montes Cala, en Gredos.

Francisca Moya del Baño, en su trabajo citado El tema de Hero y Leandro en la Literatura espanola, dice sobre el soneto garcilasiano:

Boscán inició la adaptación del endecasílabo y sus estrofas típicas italianas, pero “Garcilaso en su exquisito arte logró la incorporación definitiva de esta métrica a la lengua castellana” (A. Valbuena, Historia de la literatura española).

No obstante, y también según Valbuena, los sonetos son lo más deficiente de la obra del poeta toledano; la adaptación no ha sido lograda del todo y sólo se pueden destacar algunos de entre ellos. Y el soneto, salvo en contados casos no pasa de un intento afortunado, resultando la composición métrica más desigualmente adaptada por el poeta castellano.

Pero debido a la categoría de Garcilaso, aunque no sobresalga en los sonetos como en el resto de su producción, merece un muy destacado lugar. La lengua empleada es sonora, rica en matices; en la selección y distribución de palabras poéticas actúa siguiendo un procedimiento semejante a Góngora, por lo que enlaza de una manera más o menos directa con el Barroco. El soneto 29 trata de los amores de Leandro y Hero, es decir de la travesía del joven, pues se prevé la muerte, aunque nada se dice de ella. Podía ser muy bien de un autor barroco cuyo “barroquismo” no hubiese sido llevado a extremos.

Musicalidad en los versos, en las palabras, abundancia de adjetivos, precedidos del artículo como “Leandro, el animoso” (audax), que destaca la idea de animoso, “amoroso fuego”, “ímpetu furioso”. El último endecasílabo del primer cuarteto:

“embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso”

ofrece unas características especiales, hay un encabalgamiento muy logrado entre “embraveciendo” y el objeto directo “el agua”. Se da un predominio de vocales obscuras (4 u, 3 o) y el acento en 6ª, al recaer sobre la i, penetrante y aguda, consigue los efectos del oleaje de un día de tormenta. El ritmo dactílico de la palabra “ímpetu”, palabra clave y significativa, ayuda a conseguir los efectos deseados.

No obstante, hay un abuso de gerundios, que riman poco estéticamente: “ardiendo”, “embraveciendo”, “pudiendo”, “muriendo”.

Marcial, pues, está presente con su epigrama en este soneto. Leandro se dirige a las olas, pero su voz no fue de ellas oída:

“Ondas, pues no os escusa que yo muera

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor esecutá en mi vida”.

Gran éxito parece ser que consiguió este soneto, citado y comentado muchas veces. En su novela Las fortunas de DianaLope (de Vega) recuerda unos versos del soneto de Garcilaso, imitación de Marcial, “por quien a vuestra merced (la señora Marcia Leonarda) le está mejor no conocer su lengua”: “ondas dejadme pasar y matadme cuando vuelva”.

Gracián dice de Garcilaso en su Discurso 35: “oye como lo traduce el coronado cisne Garcilaso: tan sublime asunto es el traducir bien poemas de grandes autores”.

Y Herrera dice del soneto que con él se abre la larga serie de imitaciones que este afortunado epigrama ha tenido en España.

 

Y volvemos ahora con García Gual, quien trae a escena a otro poeta, que glosó en octavas reales el soneto de Garcilaso:

Es Garcilaso quien introduce el tema en la poesía renacentista española, si bien no parece tomarlo del poema de Museo, sino de una alusión de Marcial, y de Ovidio acaso. Glosa Aldana el soneto dedicando una octava real a cada verso con singular maestría: es la escena única del mar embravecido que apaga los ruegos y la vida del apasionado nadador, que se despliega en catorce octavas que concluyen en un verso de Garcilaso cada una, excelente homenaje al gran poeta.

Aquí está el poema de Aldana:

 

Entre el Asia y Europa es repartido

un estrecho de mar, do el fuerte Eolo,

con ímpetu terrible embravecido,

muestra revuelto el uno y otro polo:

de aquí la triste moza, desde Abido,

siente a su amigo entre las ondas solo;

aquí dio fin al último reposo,

pasando el mar, Leandro el animoso.

De un ardiente querer, de un mozo ardiente

la más ardiente llama aquí se muestra,

que de un pecho gentil, noble y valiente,

da aquel furor que el fiero niño adiestra.

¡Oh milagro de amor, que tal consiente!

¡Oh estrella en rodear mil glorias diestra,

pues mansa le aguardaste feneciendo,

en amoroso luego todo ardiendo.

No torbellino de aire ni nublado,

no por las aguas, con helado viento,

subirse el ancho mar al cielo airado,

temblar el alto y bajo firmamento,

al animoso mozo enamorado

pudieron detener solo un momento;

el cual, la blanca espuma ya partiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo.

Los brazos y las piernas ya cansadas

mueve el mozo gentil con pecho fuerte

y lucha con las ondas alteradas,

mas antes con el fin ya de su suerte.

¡Oh Parcas!, ¿cómo sois tan mal miradas

en no aguardarle, a la tornada, muerte?,

pues ya cortando va el pecho amoroso

las aguas con un ímpetu furioso.

Déjale, ¡oh Parca!, ver dentro en los brazos

de su querida y de su amada Hero,

concédeles que den sendos abrazos

en remembranza de su amor primero;

aplaca el mar que en tantos embarazos

por evitar, se puso, un gozo entero;

¿ya no le ves sin fuerza y sin reposo,

vencido del trabajo presuroso?

[…]

[…]

Los brazos con flaqueza y pesadumbre,

ya de puro cansado, mueve apenas:

ora se ve del cielo allá en la cumbre,

ora revuelto en medio a las arenas.

Dice, volviendo a ver su clara lumbre:

Luz que tan dulce escuridad me ordenas;

mostrando por tal fin ser más dichoso,

que de su propia vida congojoso.

En esto el viento, con furioso asalto,

hiere la torre de la bella Hero,

que, muerta y desmayada, en lo más alto

está esperando a su amador primero,

mas viendo al mar tan intratable y falto

y el mundo triste, al espantable agüero,

regando sus mejillas, casi helada,

como pudo esforzó su voz cansada.

Probó esforzar su voz, mas cuando quiso

detúvola el dolor que la ocupaba,

y el órgano, forzado, al improviso,

en sospirar profundo lo exhalaba;

de aquí tomó la desdichada aviso

que su caro Leandro ya faltaba,

y tornando a cobrar la voz primera,

a las ondas habló desta manera:

¡Oh turbias aguas que so el gran tridente

del repentino dios vais gobernadas.

paz a mi bien metido en la corriente,

paz ya, por Dios, corrientes alteradas;

socorro al dulce esposo prestamente,

socorro, que en mi mal vais concertadas,

socorro -dice- a mi Leandro y vida!

Mas nunca fue su voz dellas oida.

Mas ¿quién podrá contar, ¡oh avaro cielo!

las quejas que en el viento el mozo pierde

viendo, presente tanto desconsuelo,

quebrarse el tronco de su vida verde?

Dijo a la mar, forzando el sutil velo

del aliento vital que al alma muerde:

dejadme allá llegar, ondas, siquiera,

ondas, pues no se excusa que yo muera.

Y procediendo con el ruego honesto:

¡Hero, Hero!  -pasito profería-

¡oh cara Hero, oh Hero!, ¿qué es aquesto?

¿quién nos aparta, oh cara Hero mía?

Un golpe muy furioso le dio en esto

que el aliento postrero en él desvía;

queriendo hablar, su voz fue aquí acabada:

dejadme allá llegar, y a la tornada.

No pudo más porque en el pecho helado

el alma fuerza tanta no cobraba,

y queriendo salir del cuerpo amado

a la fría boca un poco de aire daba.

Al fin, con sospirar breve y cortado

que el nombre de Hero casi pronunciaba,

dijo difuto y muerto en su salida:

Vuestro furor esecutá en mi vida.

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Seguimos con los extractos de la traducción de Boscán del poema de Museo Hero y Leandro, y seguimos con el pasaje de los versos 808 a 904. Leandro había manifestado su determinación de cruzar el Helesponto para reunirse con Hero.

 

Así lo será a mí pasar a nado

este braço de mar, yendo a tu torre,

que ir en barco sería perder tiempo.

Y tomar para esto por compañía

sería no acudir a tu secreto.

Cosa tan importante y deseada,

yo solo é de gozar d’hazella toda.

Yo mismo seré’l barco y el remero,

y siendo el llevador seré’l llevado.

Yo romperé las ondas de Neptuno,

y mi proa porné contra los vientos

d’Eolo, y no me turbarán los Phocas,

ni me ternán las muy peinadas Nimphas,

aunque Thetis allí venga con ellas,

mostrando los sus pechos sobre’l agua.

Ni aquellos con sus rostros monstruosos,

ni aquestas con sus hermosuras blandas,

divertirme podrán de mi camino.

(c) Sir Christopher Cook, Bt; Supplied by The Public Catalogue Foundation

No temeré los montes de las aguas,

ni el bramido del mar embravecido,

viendo que voy adonde’stás, iré

por camino muy llano y muy seguro.

Solamente una cosa t’encomiendo:

que, cuando acordarás que yo a ti vaya,

en la noche me pongas una lumbre,

muy junto a la ventana donde duermes,

porque mejor saber yo pueda el punto

de cuándo é d’ir, y al tiempo que ya fuere,

en lo escuro, atinar sea más fácil.

Tu lumbre me será la cierta guía

con que será guiado mi vïage

hasta tomar derechamente’l puerto.

No será menester alçar los ojos,

cansados y adormidos, para’l norte.

..

(Mar embravecido y muerte de Leandro; posterior suicidio de Hero: 2733-2793)

Un rato fue siguiendo su camino,

con trabajo, pero podía hazello,

mas ya después que allá, más adelante

llegó, la mar s’embraveció del todo,

rebentando sus furias concebidas;

envistieron los vientos con sus fuerças,

el Aquilón, el Áfrico y el Euro,

haziendo sierras espantosas d’agua;

los truenos y los rayos s’alcançavan;

el cielo se rompía en torbellinos

y la mar del furor que padecía

hasta’l hondón s’abría espesas vezes.

Peleava en mitad destas fortunas

sin desmayar un punto el triste moço,

luchando con sus pies y con sus manos,

rompiendo por la muerte y por las ondas,

teniéndose entre tantos enemigos;

Hero and Leander c.1875 Henry Hugh Armstead 1828-1905 Bequeathed by the artist 1906 http://www.tate.org.uk/art/work/N02054

pero la tempestad creciendo andava,

y aunque la noche a la mañana s’iva,

no havía’sperança allí de ningún día.

Este andar peleando duró tanto

que Leandro, que’n fin era de carne,

començó, el triste, de perder sus fuerças.

Empeçaron sus braços a vencerse,

sus piernas anduvieron desmayando,

entrávale la muerte con el agua,

y dél a su plazer tomava el tiempo.

Él, viéndose morir entre’stos males,

la postrer cosa que hizo el desdichado

fue alçar los ojos a mirar su lumbre.

Y aquel poco d’aliento que tenía,

echóle todo en un gemido baxo,

embuelto en la mitad del nombre d’Hero.

Y allí un golpe le dio del mar tan bravo,

que le sorbió del todo en un instante,

y en este mismo punto, un torbellino

acabó de matar la lumbrezilla,

testigo fiel y dulce mensagera,

d’estos fieles y dulces amadores.

Começó a esclarecer en este tiempo,

y Hero, con furia de mortal congoxa,

con los ojos buscando toda el agua,

buscando las riberas y buscando

más allá que llegava con su vista,

no viendo nada, en fin, cayó de pechos

en la ventana, sobre las barandas.

Y acaso, sin sentir cosa que hiziese,

que ya poco sentido le quedava,

hazia’l pie de la torre miró el suelo,

y su Leandro vio muerto en l’arena.

Entonces, con la ravia de la muerte,

a rasgar empeçó sus vestiduras,

mesando sus cabellos y arañando

su lindo rostro, sus hermosos pechos,

inchiendo d’aullidos todo’l campo.

Tras esto, así, sin más pensar su muerte,

dexándose caer de la ventana,

dio sobre’l cuerpo muerto de Leandro,

que aún entonces se l’acabava el mundo.

Y así se fueron juntas las dos almas

a los campos Elisios para siempre.

 

Hasta aquí los extractos de la traducción de Boscán.

 

Y, tras ellos, continuamos ofreciendo información sobre la pervivencia del mito de Hero y Leandro en la literatura española, para la que estamos usando tres fuentes: el prólogo de García Gual a la edición de José Guillermo Montes Cala, en Gredos; el trabajo El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español de María Jesús Franco Durán (Universidad de Salzburgo, Austria) y el de Francisca Moya del Baño, El tema de Hero y Leandro en la literatura española.

En el prólogo a la edición de Hero y Leandro de Museo, escribe García Gual:

Algunos años antes de que Boscán romancease la leyenda a partir del epilio de Museo, su amigo Garcilaso había compuesto un gran soneto sobre el episodio amoroso de trágico final. Es el soneto que comienza: (Pasando el mar Leandro el animoso) (el XXIX de sus sonetos), que tendría muchos ecos en nuestras letras y será glosado espléndidamente por Francisco de Aldana.

He aquí el soneto de Garcilaso de la Vega:

SONETO XXIX

Pasando el mar Leandro el animoso,

en amoroso fuego todo ardiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso.

Vencido del trabajo presuroso,

contrastar a las ondas no pudiendo,

y más del bien que allí perdía muriendo

que de su propia vida congojoso,

como pudo, ’sforzó su voz cansada

y a las ondas habló d’esta manera,

mas nunca fue su voz dellas oída:

«Ondas, pues no se escusa que yo muera,

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor esecutá en mi vida.

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Finalizamos la obra Alción, atribuida a Luciano de Samosata, y en la que interviene el protagonista de nuestra serie, Sócrates. Precisamente estaba éste en el uso de la palabra y ahora proseguimos con su intervención en la que hablaba de la gran diferencia de las capacidades e incapacidades entre niños y adultos.

καὶ τῆς ἰσχύος δὲ τῆς ἑνὸς ἀνδρὸς τελείου τὸ μέγεθος ἀμέτρητον ὅσην ἔχει τὴν ὑπεροχὴν πρὸς ἐκεῖνα˙ μυριάδας γὰρ τῶν τοιούτων εἷς ἀνὴρ πάνυ πολλὰς χειρώσαιτ’ ἂν ῥᾳδίως˙ ἡ γὰρ ἡλικία παντελῶς ἄπορος δήπου πάντων καὶ ἀμήχανος ἐξ ἀρχῆς παρακολουθεῖ τοῖς ἀνθρώποις κατὰ φύσιν. ὁπηνίκα οὖν ἄνθρωπος, ὡς ἔοικεν, ἀνθρώπου τοσούτῳ διαφέρει, τί νομίσομεν τὸν σύμπαντα οὐρανὸν πρὸς τὰς ἡμετέρας δυνάμεις φανῆναι ἂν τοῖς τὰ τοιαῦτα θεωρεῖν ἐφικνουμένοις; πιθανὸν οὖν ἴσως δόξει πολλοῖς, ὅσην ἔχει τὸ μέγεθος τοῦ κόσμου τὴν ὑπεροχὴν πρὸς τὸ Σωκράτους ἢ Χαιρεφῶντος εἶδος, τηλικοῦτον καὶ τὴν δύναμιν αὐτοῦ καὶ τὴν φρόνησιν καὶ διάνοιαν ἀνάλογον διαφέρειν τῆς περὶ ἡμᾶς διαθέσεως.

Y es imposible calibrar la fortaleza de un hombre hecho y derecho cuán superior es con respecto a la de los niños. Pues un hombre solo fácilmente superaría a un montón de ellos. Ya que en efecto la edad, sin medios ni recursos de ningún tipo, acompaña al hombre desde el principio según la naturaleza. Pues cuando un hombre, a lo que parece, difiere en tan gran medida de otro hombre, ¿qué pensáramos que pueda parecerles el firmamento entero con respecto a nuestras capacidades a quienes logran contemplar fenómenos semejantes? Tal vez parecerá verosímil a la mayoría que en la medida en que el Universo es superior en tamaño a los cuerpos de Sócrates y Querefonte, en esa misma medida y de modo análogo, su energía, inteligencia y designio difieren de nuestra disposición.

σοὶ μὲν οὖν καὶ ἐμοὶ καὶ ἄλλοις πολλοῖς τοιούτοις οὖσι πόλλ’ ἄττ’ ἀδύνατα τῶν ἑτέροις πάνυ ῥᾳδίων˙ ἐπεὶ καὶ αὐλῆσαι τοῖς ἀναύλοις καὶ ἀναγνῶναι ἢ γράψαι τοῖς ἀγραμμάτοις γραμματικὸν τρόπον ἀδυνατώτερόν ἐστιν τέως ἂν ὦσιν ἀνεπιστήμονες, τοῦ ποιῆσαι γυναῖκας ἐξ ὀρνίθων ἢ ὄρνιθας ἐκ γυναικῶν. ἡ δὲ\ φύσις ἐν κηρίῳ σχεδὸν παραβάλλουσα ζῷον ἄπουν καὶ ἄπτερον πόδας ὑποθεῖσα καὶ πτερώσασα ποικιλίᾳ τε φαιδρύνασα πολλῇ καὶ καλῇ καὶ παντοδαπῇ χρωμάτων μέλιτταν ἀπέδειξε σοφὴν θείου μέλιτος ἐργάτιν, ἔκ τε ᾠῶν ἀφώνων καὶ ἀψύχων πολλὰ γένη πλάττει πτηνῶν τε καὶ πεζῶν καὶ ἐνύδρων ζῴων, τέχναις, ὡς λόγος τινῶν, ἱεραῖς αἰθέρος μεγάλου προσχρωμένη.

Pues tanto a ti como a mí y a otros muchos como tú y como yo hay muchas cosas que nos resultan imposibles y que sin embargo resultan fáciles para los demás. Porque incluso tocar la flauta para los que no saben o leer y escribir para los analfabetos, hasta que dejen a un lado su ignorancia, no es tarea más imposible que el metamorfosear a las aves en mujeres o a las mujeres en aves. Pues la naturaleza, apartando primero en un panal a un animal sin patas, sin alas, proveyéndolo después de unos pies y unas alas, deslumbrante de belleza, variedad y matices de colores, nos dio a ver a la abeja, sabia trabajadora de la divina miel, y de huevos que no tienen voz ni alma modela muchas clases de seres alados y de animales terrestres y acuáticos, utilizando, como dijo alguien, las artes sagradas del éter inmenso.

τὰς οὖν ἀθανάτων δυνάμεις μεγάλας οὔσας θνητοὶ καὶ σμικροὶ παντελῶς ὄντες καὶ οὔτε τὰ μεγάλα δυνάμενοι καθορᾶν οὔτ’ αὖ τὰ σμικρά, τὰ πλείω δ’ ἀποροῦντες καὶ τῶν περὶ ἡμᾶς συμβαινόντων παθῶν, οὐκ ἂν ἔχοιμεν εἰπεῖν βεβαίως οὔτ’ ἀλκυόνων πέρι οὔτ’ ἀηδόνων˙ κλέος δὲ μύθων, οἷον παρέδοσαν πατέρες, τοιοῦτον καὶ παισὶν ἐμοῖς, ὦ ὄρνι θρήνων μελῳδέ, παραδώσω τῶν σῶν ὕμνων πέρι, καί σου τὸν εὐσεβῆ καὶ φίλανδρον ἔρωτα πολλάκις ὑμνήσω γυναιξὶ ταῖς ἐμαῖς Ξανθίππῃ τε καὶ Μυρτοῖ λέγων τά τε ἄλλα, πρὸς δὲ καὶ τιμῆς οἵας ἔτυχες παρὰ θεῶν. ἆρά γε καὶ σὺ ποιήσεις τι τοιοῦτον, ὦ Χαιρεφῶν;

Y respecto de las capacidades de los inmortales que son enormes, nosotros que somos mortales e insignificantes, que no podemos ver ni de lejos lo grande ni lo pequeño, incapaces como somos de controlar la mayor parte de lo que nos sucede, ni tan siquiera podríamos hablar con seguridad ni de los alciones ni de los ruiseñores. Tal cual me la legaron mis padres entregaré a mis hijos la fama de los mitos respectos de tus cantos, ave de trenos melodiosos, y cantaré tu amor devoto y ardiente por tu esposo muchas veces a mis mujeres Jantipa y Mirto contando entre otras cosas la estima que gozaste de parte de los dioses. ¿A que tú también vas a hacer lo mismo, Querefonte?

ΧΑΙΡΕΦ. πρέπει γοῦν, ὦ Σώκρατες, καὶ τὰ ὑπὸ σοῦ ῥηθέντα διπλασίαν ἔχει τὴν παράκλησιν πρὸς γυναικῶν τε καὶ ἀνδρῶν ὁμιλίαν.

ΣΩΚΡ. οὐκοῦν ἀσπασαμένοις τὴν Ἀλκυόνα προάγειν ἤδη πρὸς ἄστυ καιρὸς ἐκ τοῦ Φαληρικοῦ.

ΧΑΙΡΕΦ. πάνυ μὲν οὖν˙ ποιῶμεν οὕτω.

 

QUEREFONTE. — Por lo menos conviene, Sócrates, que las palabras pronunciadas por ti tengan una doble invitación a la convivencia tanto de maridos como de mujeres.

SÓCRATES. —Pues bien; tras despedirnos de Alción es ya hora de dirigirnos a la ciudad desde el Falero.

QUEREFONTE. — De acuerdo; hagámoslo así.

 

Finalizada la obra Alción, seguimos con un fragmento de otra obra de Luciano de Samosata, en este caso El pescador o los resucitados, 25, en la que hay una alusión a Sócrates:

φύσει γὰρ τι τοιοῦτόν ἐστι ὁ πολὺς λεώς, χαίρουσι τοῖς ἀποσκώπτουσιν καὶ λοιδορουμένοις, καὶ μάλισθ’ ὅταν τὰ σεμνότατα εἶναι δοκοῦντα διασύρηται, ὥσπερ ἀμέλει καὶ πάλαι ἔχαιρον Ἀριστοφάνει καὶ Εὐπόλιδι Σωκράτη τουτονὶ ἐπὶ χλεύῃ παράγουσιν ἐπὶ τὴν σκηνὴν καὶ κωμῳδοῦσιν ἀλλοκότους τινὰς περὶ αὐτοῦ κωμῳδίας. Καίτοι ἐκεῖνοι μὲν καθ’ ἑνὸς ἀνδρὸς ἐτόλμων τὰ τοιαῦτα, καὶ ἐν Διονύσου ἐφειμένον αὐτὸ ἔδρων, καὶ τὸ σκῶμμα ἐδόκει μέρος τι τῆς ἑορτῆς, καὶ ὁ θεὸς ἴσως ἔχαιρε φιλόγελώς τις ὤν.

La mayoría de la plebe es por naturaleza así; se divierten con quienes se dedican a burlarse y a meterse con los demás, sobre todo cuando no dejan títere con cabeza de los que ellos parecen venerar en grado sumo; tal y como con gusto se divertían hace tiempo con Aristófanes y Éupolis, ponen en solfa a Sócrates, ahí presente, sacándole a escena, y componen ciertas comedias inauditas sobre él (Nota: alusión indudable a Las Nubes, de Aristófanes, comedia en la que sócrates aparece como un sofista más.). Aquellos hombres, sin embargo, se atrevieron a actuar así contra un solo hombre y lo hicieron en las fiestas de Dioniso, cuando estaba permitido, pues la broma parece formar parte de la fiesta, el dios quizás se alegraba, pues era un cachondo (Nota: Pintoresca cita de un autor desconocido.)

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