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Archive for 29 febrero 2012

En primer lugar nos referiremos al tratado Sobre los sueños (De somniis) y, en concreto, al comienzo del Libro I, para observar qué diversos son los asuntos que trata nuestro autor.
Sofía Torallas Tovar, en Sobre la clasificación de los sueños de Filón de Alejandría y sus implicaciones posteriores, escribe:

Filón de Alejandría nos dejó una clasificación tripartita de los sueños en su tratado De Somniis, un comentario a los sueños que aparecen en el Génesis. Cada clase de sueño se exponía y explicaba en cada uno de los tres libros que comprendía este tratado. Filón inserta esta tripartición en su doctrina mística, haciéndola coincidir con su clasificación de los tipos de almas y las etapas de perfeccionamiento del sabio, las cuales, al aparecer ilustradas por pasajes del Génesis, se identifican con los patriarcas Isaac, Abraham, Jacob y José (en este orden). Pese a faltar el primer libro del tratado De Somniis, tenemos la clasificación completa de Filón, cuyo primer tipo puede deducirse de la definición que aparece en los dos libros que nos quedan. El primer libro perdido, contenía la exposición de los ensueños provenientes de Dios:
Somn. 1 1: “El tratado precedente contenía de los ensueños enviados por Dios los de la primera clase, por la que decimos que la divinidad por su iniciativa nos envía las imágenes de nuestros sueños”.

Somn. II 2: “En la primera categoría de ensueños, Dios era el origen de la conmoción y hacía resonar de una manera invisible cosas oscuras para nosotros, pero para Él familiares”.

Somn. II 3: “Por eso, el hierofanta interpretó con perfecta claridad y entera precisión las apariciones contenidas en los ensueños descritos en primer lugar, porque Dios daba, por medio de los sueños, indicaciones parecidas a las de los oráculos claros”.
La segunda clase de ensueños y su explicación es el contenido del primer libro conservado del tratado De Somniis. Se trata de los ensueños enviados por medio de los ángeles o el Logos Divino:

Somn. I, 2 “La segunda categoría, en que nuestra mente, moviéndose juntamente con la del universo, parece poseída e inspirada por Dios, de manera que es capaz de prever y pronosticar el futuro”.

Somn. II 2. “Los ensueños de la segunda categoría vienen de nuestra inteligencia, agitada por el alma del universo y llena de un delirio de origen divino, gracias al que es posible predecir muchos acontecimientos futuros”.

Somn. 11 3: “pero los ensueños de la segunda clase, (scil. el hierofanta no los ha interpretado) ni con perfecta claridad, ni con oscuridad excesiva: el ejemplo de ellos es la visión de la escalera celeste. Comporta ciertamente un enigma, pero este enigma no es excesivo para los que son capaces de ver con agudeza”.

Somn. 1 190: “Se ve que el Logos Divino inscribe como sueños enviados por la divinidad no sólo a los que aparecen por la más excelente de las causas, sino también a los que vienen por sus intérpretes y sirvientes, los ángeles, los cuales son considerados dignos de una porción de divinidad y bienaventuranza por el Padre que los ha creado”.
La tercera clase de ensueños son los que proceden del alma, que Filón describe, en diferentes partes de la obra, de la siguiente manera:

Somn. II 1: “La tercera clase se constituye, cuando el alma durante el sueño, moviéndose por sí misma y agitándose, entra en trance y, poseída de un poder profético, predice el futuro”.

Somn. 11 4: “Las visiones de la tercera clase, como son mas oscuras a causa de la profundidad y densidad del enigma que encierran, han exigido la ciencia de la interpretación de los ensueños. Consecuentemente, todos los ensueños de esta clase registrados por el legislador han sido interpretados por hombres expertos en dicha especialidad”.

Vamos con el texto de Filón y la traducción de Triviño:

ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΘΕΟΠΕΜΠΤΟΥΣ ΕΙΝΑΙ ΤΟΥΣ ΟΝΕΙΡΟΥΣ

῾Η μὲν πρὸ ταύτης γραφὴ περιεῖχε τῶν θεοπέμπτων ὀνείρων τοὺς κατὰ τὸ πρῶτον εἶδος ταττομένους, ἐφ᾿ οὗ τὸ θεῖον ἐλέγομεν κατὰ τὴν ἰδίαν ἐπιβολὴν τὰς ἐν τοῖς ὕπνοις ἐπιπέμπειν φαντασίας. ἐν ταύτῃ δ᾿, ὡς ἂν οἷόν τε ᾖ, δηλώσομεν τοὺς ἐφαρμόττοντας τῷ δευτέρῳ. δεύτερον δ᾿ εἶδος, ἐν ᾧ ὁ ἡμέτερος νοῦς τῷ τῶν ὅλων συγκινούμενος ἐξ ἑαυτοῦ κατέχεσθαί τε καὶ θεοφορεῖσθαι δοκεῖ, ὡς ἱκανὸς εἶναι προλαμβάνειν καὶ προγινώσκειν τι τῶν μελλόντων. ὄναρ δ᾿ ἐστὶ πρῶτον οἰκεῖον εἴδει τῷ σημαινομένῳ τὸ φανὲν ἐπὶ τῆς οὐρανοῦ κλίμακος τόδε·

1. I. El precedente tratado1 abarcó las clases de sueños enviados por Dios correspondientes a la primera especie. En ellos, decíamos, la Divinidad envía por Su propia determinación las visiones presentes en los sueños. En este tratado señalaremos, en cambio, hasta donde cabe, las clases correspondientes a la segunda especie.
1 Tratado que no se ha conservado
2. Esta última es la de aquellos sueños en los que nuestra inteligencia, moviéndose al par de la Inteligencia del universo fuera de sí misma, parece estar poseída e inspirada por Dios, al punto de ser capaz de captar por anticipado y prever en cierta medida los sucesos futuros. El primer sueño correspondiente a la especie señalada es la siguiente visión que tiene lugar sobre la escala del cielo.

καὶ ἐνυπνιάσθη· καὶ ἰδοὺ κλῖμαξ ἐστηριγμένη ἐν τῇ γῇ, ἧς ἡ κεφαλὴ ἀφικνεῖτο εἰς τὸν οὐρανόν, καὶ οἱ ἄγγελοι τοῦ θεοῦ ἀνέβαινον καὶ κατέβαινον ἐπ᾿ αὐτῆς· ὁ δὲ κύριος ἐπεστήρικτο ἐπ᾿ αὐτῆς· καὶ εἶπεν· ἐγώ εἰμι ὁ θεὸς ᾿Αβραὰμ τοῦ πατρός σου καὶ ὁ θεὸς ᾿Ισαὰκ· μὴ φοβοῦ· ἡ γῆ, ἐφ᾿ ἧς σὺ καθεύδεις, σοὶ δώσω αὐτὴν καὶ τῷ σπέρματί σου, καὶ ἔσται τὸ σπέρμα σου ὡς ἡ ἄμμος τῆς γῆς, καὶ πλατυνθήσεται ἐπὶ θάλασσαν καὶ λίβα καὶ βορρᾶν καὶ ἀνατολὰς· καὶ ἐνευλογηθήσονται ἐν σοὶ πᾶσαι αἱ φυλαὶ τῆς γῆς καὶ τῷ σπέρματί σου. καὶ ἰδοὺ ἐγὼ μετὰ σοῦ, διαφυλάσσων σε ἐν τῇ ὁδῷ πάσῃ, ἧ ἂν πορευθῇς· καὶ ἀποστρέψω σε εἰς τὴν γῆν ταύτην, ὅτι οὐ μή σε ἐγκαταλίπω, ἕως τοῦ ποιῆσαί με πάντα ὅσα ἐλάλησα σοι (Γεν. 28, 12-15).

3. “Y sobrevínole un sueño; y he aquí que había una escala firmemente asentada sobre la tierra, cuya parte superior llegaba al cielo, y por la cual los ángeles de Dios subían y bajaban. Firmemente situado sobre ella estaba el Señor, quien dijo ‘Yo soy el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac: no temas. La tierra sobre la que tú duermes te la daré y la daré a tu descendencia; y tu descendencia será como la arena de la tierra y se extenderá hacia el oeste y el sur y el norte y el este; y en ti serán bendecidas las tribus todas de la tierra, y también en tu descendencia. Y he aquí que Yo estoy a tu lado protegiéndote en todo camino por donde marchares. Y te traeré de regreso a esta tierra, pues de ninguna manera te abandonaré hasta haber cumplido cuanto te he dicho'” (Gen. XXVIII, 12 a 15).

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Seguimos con los amplios extractos del Prólogo a la traducción de la obra en Gredos, a cargo de Carlos García Gual. Estábamos en el apartado dedicado a la Composición y fuentes de la obra.

2) La colección de cartas que hallamos insertadas en el relato, en ocasiones de modo superfluo, pertenecía a una colección previa, una especie de novela epistolar sobre Alejandro, en la que la historia de sus campañas venía referida por medio de cartas de los principales personajes de la misma. Este género de la novela epistolar tuvo su origen en las escuelas de retórica, donde la confección de tales cartas, atribuidas a famosos personajes históricos, constituía un ejercicio predilecto. Como ejemplos de este tipo de literatura, que floreció especialmente entre la época de Cicerón y la de Adriano, conservamos novelas epistolares sobre Temístocles y sobre Quión, los intercambios de cartas entre los Siete Sabios y las Cartas de heteras, en las que el retórico Alcifrón intenta pintar la vida ateniense de tiempos de Menandro.

La antigüedad de la novela epistolar sobre Alejandro está confirmada por el descubrimiento de dos papiros que contienen varias de estas fingidas muestras de la correspondencia entre Alejandro y Darío. Son el Papiro de la Sociedad Italiana 1285 (ed. De Dino Pieraccioni en 1951; es del siglo II d. C.), conservado en Florencia, y el Papiro de Hamburgo 129 (siglo I a. C.).

Las seis cartas que figuran en ambos no presentan la secuencia normal del relato; son más bien, como indica Merkelbach, una antología de la colección novelada, que le era por tanto anterior, aunque quizás no mucho. Pseudo Calístenes, tan despreocupado respecto al texto del relato histórico, demuestra un gran respeto por las cartas, que probablemente consideraba como documentos auténticos. Esa es la razón para que las integre en su texto., a veces con notable desacierto, y a veces con torpe desorden.
La colección de cartas es una muestra del gusto por la ficción declamatoria de las escuelas de retórica. Pero este género era a la vez lectura de diversión, en que se reflejaban cierto interés por la caracterización psicológica y un cierto sentido del humor. En nuestro caso, contrasta la pompa y altanería con que se expresa el rey persa, con todas sus fórmulas y títulos, y la sencillez y naturalidad de Alejandro. El carácter de Darío se esboza progresivamente a través de diversos momentos, mientras su fortuna declina ante el acoso de Alejandro (a quien primero trata de bandido y de niño alocado, enviándole dados para jugar y un látigo para su educación, y más tarde como a su igual).

Un estilo peculiar presenta la carta de Alejandro a los persas (II, 21), que es una especie de proclama real, con notables semejanzas con las proclamas de los soberanos egipcios.

3) Es dudoso si las cartas sobre las maravillas y aventuras en la India se agregaron a la colección ya antes de la novela del Pseudo Calístenes. El encuentro de Alejandro con el mundo de los monstruos, su viaje al fin del mundo, al País de los Bienaventurados, sus excursiones a los cielos y al fondo del mar, pertenecen a otro tipo de literatura. Ese fondo teratológico y fabuloso que aparece ya en las antiguas historias jónicas y en las descripciones de países lejanos, como las atribuidas a Ctesias, o más tarde en el utópico Yambulo, revive en estas cartas. Es un tipo de relatos como el parodiado por Luciano en su Verdadera Historia, y cuyos ecos encontramos muy lejos, p. ej. En episodios de los viajes de Sindbad el Marino de Las mil y una noches. Las fieras exóticas, los árboles parlantes del Sol y la Luna, la Fuente de la Vida, la isla sumergible y el País de la Noche Eterna, sobre todo ello se ha reflejado la saga viviente de Alejandro, una saga que suscitó su audaz expedición (por ejemplo, la realización de hazañas tan tremendas como atravesar el desierto de Gedrosia) y su arrolladora personalidad.

Un eco de narraciones orales, progresivamente fabulosas, se ha incorporado en estos relatos fantásticos. La forma tradicional del relato fantástico es la narración en primera persona. El protagonista narra sus propias increíbles aventuras y suscita en su público esa asombrosa vacilación característica, según Todorov, de la literatura fantástica. Por eso – como Sinuhé, Ulises, Luciano, Sinbad, Cyrano o el barón de Münchausen -, el protagonista, Alejandro, es quien nos cuenta sus experiencias en los límites de lo increíble. Estas cartas fabulosas – a Olimpíade y a Aristóteles (II 23-24, y III 17, con su mejor versión conservada en la traducción latina Epistola ad Aristotelem) – tuvieron un gran éxito y son uno de los mayores atractivos de nuestro texto…

4) No podemos precisar si nuestro novelista contaba con un previo relato del episodio entre Candace y Alejandro y hasta qué punto es una invención suya. Pero la historia de Nectanebo procede claramente de una vieja leyenda popular egipcia, convertida en una breve novela de tipo milesio. El motivo central de la leyenda: el rey exiliado que se disfraza de dios para acceder al lecho de la princesa amada y engendrar en ella al futuro héroe, se encuentra muy extendido en la literatura universal…
El origen bastardo de Alejandro, como el de tantos héroes míticos, podía servir a varias explicaciones. Así se fundamentaba el derecho de Alejandro al trono egipcio, no como un conquistador extranjero, sino como pretendiente legítimo al ser hijo del último faraón. A la vez su relación con el dios Amón quedaba explicada, a la manera evemerística. Las difíciles relaciones con su padre “adoptivo” Filipo se hacían más verosímiles, sin desprestigiar a Olimpíade, que – en contra de los testimonios de varios historiadores – está vista con luz favorable en nuestra novela. (Es curioso que, como en las novelas griegas, las reinas y princesas estén tratadas con halagadora cortesía; aunque haya poco lugar en nuestra historia para el amor.)

5) El coloquio de Alejandro con los gimnosofistas es un texto breve de un tipo de literatura sapiencial. Sobre un conocido tópico, el del enfrentamiento entre el poder del rey y la agudeza y la ascética del sabio (recordemos el encuentro de Alejandro con Diógenes el Cínico), se añade una tonalidad oriental en la pintura de estos brahmanes naturistas. Las respuestas de los gimnosofistas difieren algo según los diferentes manuscritos y traducciones, pero el corte general de la escena es el mismo. En el siglo III, en parte debido a influencias cínicas y neopitagóricas, ese tipo de santones gozaba de gran popularidad, y el Pseudo Calístenes ha recogido la escena de alguna obra literaria popular.

6) Por último, en contraste con las otras inserciones, la narración sobre los últimos días de Alejandro ofrece datos históricos concretos como un documento antiguo, próximo a la época inmediata a la muerte de Alejandro. Según Merkelbach, que ha hecho un excelente análisis de este texto, procede de un panfleto partidista de la época del enfrentamiento por la sucesión de Alejandro entre Antípatro y Perdicas, es decir, de los años 322-21 a. C…
El autor de la Novela de Alejandro, un anónimo escritor alejandrino (a juzgar por su conocimiento de la topografía y las tradiciones de esa zona de Egipto), a quien apodamos Pseudo Calístenes, elaboró en el siglo III, con todos esos materiales literarios, algunas narraciones populares y cierta fantasía, su pintoresco y variopinto relato. Era un escritor un tanto ignorante y se embarulló con el itinerario geográfico y los datos históricos. Seguramente no le preocupaba demasiado la exactitud respecto a los datos concretos, y se agenció lo mejor que supo para ensamblar el relato histórico con la novela epistolar, con los episodios fabulosos, y para colocar al comienzo la leyenda popular egipcia del nacimiento de Alejandro (que ningún historiador citaba) y concluir con el relato dramático del envenenamiento y el testamento de Alejandro. 

Nos ha dejado una muestra de su inventiva un tanto ingenua en escenas como la visita de Alejandro, disfrazado de mensajero, a la corte de Darío, con novelesca fuga (II 15-20), en el duelo cuerpo a cuerpo entre Alejandro y Poro (III 4) y el encuentro con Candace en la corte etíope (III 19-24). Intentó subrayar la audacia y la astucia de Alejandro en estos episodios tan personales e inverosímiles. Pero más que en eso, creemos que se esforzó en transmitir esa imagen de Alejandro que se desliza de la historia a la mitología.

Y hasta aquí los extensos extractos del Prólogo a la traducción de la obra en Gredos, a cargo de Carlos García Gual.

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A la videoconferencia no asistió Dumézil. En efecto, cuando se hallaba en una cafetería cercana a la comisaría tomando lo que pretendía ser un rápido café antes de la entrevista con Orpheus, lo abordó un joven.
–  ¿Detective Dumézil?
– ¿Sí?
– Me llamo Robert Flacelière y soy estudiante de Historia Antigua. ¿Podría hablar un momento con Usted?
– Dígame, joven, ¿cómo sabe Usted quién soy?
– Pues verá… en mis estudios de Historia Antigua preciso información sobre métrica griega y sé que hay un profesor de griego que escribió un libro sobre esta materia y me interesa contactar con él. Por otra parte, no me pregunte cómo, sé que la policía busca a este mismo profesor y me preguntaba si Usted podía facilitarme el contacto con él.
– Mire, joven, si le soy claro y sincero, no sé a qué se refiere.
– Señor Dumézil, no trate de engañarme, porque sé de buena tinta que la policía anda detrás de ese profesor de griego. Lo que no sé es a santo de qué quiere la policía dar con él. Es más lógico que lo quiera encontrar yo, como le he dicho, por las razones aducidas, pero, puesto que me he enterado de que también Ustedes lo buscan, he pensado que podía decirme algo sobre su rastreo.
– Para ser estudiante de Historia Antigua está Usted muy puesto en la más rabiosa actualidad.
– Los historiadores están continuamente investigando, buscando, rastreando…
– Ya veo. ¿A qué profesor de griego se refiere Usted?
– ¿Es que hay muchos?
– No sé, por si es el mismo que buscamos nosotros. Dumézil se mordió la lengua.
– Luego ¿buscan a uno? Lo sabía. Me refiero a Homer Greek.
– No puedo decirle nada sobre el asunto y mucho menos facilitarle datos reservados.
– Bueno… lo comprendo, pero me conformaría con que me sacara de una gran duda que tengo.
– ¿Cuál?
– ¿Para qué buscan a Greek? ¿Ha cometido algún delito?
– No, es la respuesta a la segunda pregunta. A la primera no puedo responder.
– ¿Tan grave es el asunto?
– No grave, sino delicado.
– Defina delicado.
– Pues eso, delicado, peliagudo, sutil.
– ¿Tiene que ver con la educación?
– Mire, tengo mucha prisa. Debo ir a comisaría, dijo Dumézil saliendo de la cafetería.

– ¿Tiene que ver con Sappho Corina?
Dumézil se paro en secó y dio media vuelta contemplando muy serio a Flacelière.
–  Oiga, ¿es Usted estudiante o detective privado?
–  O sea que la señora Corina está por medio del asunto.
–  No va a conseguir Usted nada de mí.
–  Me conformo con qué me diga para qué buscan a Greek, por favor.
–  No
– ¿Corina sabe para qué buscan a Homer?
– ¡Es Usted un pesado!, gritó un destemplado Dumézil.
– ¿Pero qué le cuesta darme la razón por la cual buscan a Greek? Aunque sólo sea una aproximación.
– Bueno, para que deje en paz, le doy una pista. ¿de acuerdo?
– Muy bien
– Tiene que ver con la arqueología
– ¿Concretamente con qué?
– ¡Ah! Yo le he dado la pista; Usted investigue.
– Arqueología…profesor de griego. Bueno, se me ocurre que necesiten a un profesor de griego para traducir algún texto en esa lengua que hayan hallado recientemente. Como los arqueólogos no saben griego… ¡no pueden descifrar o traducir el texto en cuestión! ¡Qué fuerte! Un hallazgo arqueológico que no puede ser oficialmente comunicado por el ridículo a no poder descifrarlo. ¿Se trata de eso, no, señor Dumézil?

Dumézil miraba a Flacelière con un gesto que denotaba a la vez enojo, rabia, sorpresa, incredulidad y arrepentimiento. Ahora se daba cuenta de que se le había ido la mano con la pista. “Claro, tonto,” se decía, “arqueología y profesor de griego llevan a una conexión lógica. ¡Idiota!”

– Usted, verá. Me esperan en comisaría. Hasta luego.

Y partió hacia el edificio de la policía, situado enfrente de la cafetería.

–  Adiós, pero me parece que por ahí van los tiros.

Y Flacelière salió pitando hacia la redacción de “Ebdomada”

Dumézil llegó tarde a la videoconferencia.

Arístides Orpheus era un anciano entrañable. Menudo, regordete, sonriente, semejaba un osito de peluche y producía mucha ternura en quienes conversaban con él. Tenía todavía la mente despejada y una buena memoria. Hablaba queda y lentamente, con una voz cantarina, y se apoyaba con elegancia en un bastón.
La conversación con el señor Orpheus era un poco fatigosa y había que tomarla con calma, pues Arístides era dado a las digresiones y circunloquios y, de cuando en cuando, se paraba a comentar la belleza o interés de cierta pieza musical, que incluso tarareaba.
– Esa aria de El rapto en el serrallo de Mozart es una auténtica maravilla. Siempre me ha entusiasmado. “Marten aller Arten”.
Es un aria de tortura, típica de la ópera seria, una de los más difíciles del repertorio que combina la agilidad en los agudos con solidez en los graves. Tiene una introducción con cuarteto de violín, violonchelo, clarinete y oboe. Es la gran aria de este personaje, muy cuidada, larga y elaborada. Probablemente sea la más famosa de la ópera. Mozart reconoce en una carta a su padre: “He sacrificado un poco el aria de Constanza a la flexible garganta de Mlle. Cavallieri.”¿La conocen?
– No, yo al menos, no, dijo Fernández-Galiano. ¿Y tú, Lesky?
– No, ésa no. Conozco otras de Mozart, pero ésa no, señor Orpheus.
– Hay una semimelodía al inicio que recuerda al tema de la novena de Beethoven; todos se lucen, solistas de l orquesta y cantante. Las florituras en las palabras “verlache” y “belohne”, los instrumentos de viento doblando a la solista… ¡oh! y cuando la soprano canta con fuerza y determinación Ordne nur, gebiete, lärme, tobe, wüte, zuletzt befreit mich doch der Tod, con esa modulación para afrontar el final. Me gusta especialmente la versión de Cristina Deutekom.

– Sí, debe ser muy bella, por lo que cuenta, terció Rhode, desde Neápolis. Pero, señor Orpheus, le estábamos preguntando si conocía Usted a un profesor de griego llamado Homer Greek.
– Claro que lo conozco. Desde los tiempos del colegio “Anástasis”. Mantuvimos una gran colaboración en el coro y en las actividades musicales del centro.
– Según creo, Greek y Usted estuvieron juntos 12 cursos, ¿no es así?
– En efecto, fue una relación muy fructífera.
– Luego Greek se fue y Usted siguió en el “Anástasis”, ¿no?
– Sí, pero seguimos con la relación
– “Seguimos” ¿es tiempo pasado o es presente?
– Presente, por supuesto.
– Pero, ¿se ven o hablan por teléfono u otro medio?
– Por WebCam
– ¡Vaya, sí está Usted al día!
– Por tanto, sabe dónde vive Greek.
– Por supuesto y dos veces al año quedamos para vernos, una aquí y otra allí.
– Allí ¿dónde es?, casi suplicó Schadewaldt
– Pues en el monasterio
– ¿En San Florián?
– Sí, ¿cómo sabe que es ése?
– ¡Lo sabía!, masculló el teniente Schadewaldt.
– Lo que no sabemos es desde cuando vive allí
–  ¡Uy!, desde hace casi 15 años, desde que se jubiló a los 65.
– ¿Y vive con los monjes?
– Sí, se puede decir que hace vida monacal, aunque no tiene celda ni se aloja en la parte de los monjes, sino en la hospedería. Lo que realmente le chifla es el canto gregoriano. Cuando voy, siempre me ofrecen los monjes un miniconcierto en la iglesia, que es preciosa. ¿Conocen San Florián? Es un lugar muy hermoso, con su claustro, su iglesia, sus patios, su huerta…
–  Sí, señor Orpheus. Bueno, creo que esto es todo; no queremos cansarle.
–  No, no estoy cansado. ¿Les he hablado de la cantata “Apollo e Dafne. La terra è liberata” de Händel? Es una delicia. Está basada en el mito de…

–  En otra ocasión, Arístides, le dijo Albin Lesky. Bueno, muchas gracias por todo, y a seguir tan bien.
– Muchas gracias, señores, y a los de la pantalla también.
– Hasta luego, señor Orpheus, dijo Rhode.
– ¡Lo sabía! ¡Te lo dije! Está, vive, en San Florián.
– Hay que ir allí en seguida, aunque, siguiendo con mis intuiciones, creo que los monjes sospechan que sabemos algo y habrán procedido a eliminar huellas.
– Bien, no nos importa tanto dar con Greek allí como que nos digan dónde está, si es que se ha trasladado a otro lugar, dijo Rhode.
– El abad es duro de roer, Erwin.
–  ¡Y yo soy un sabueso de fuertes caninos!, rió el capitán.

Partieron al punto hacia Hierápolis, dejando a Dumézil caviloso aún de su extraña entrevista con Flacelière.
–  ¿Te pasa algo George?
–  No, nada. Que tengan suerte, teniente.
–  Hasta luego.

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Explicada la confusión entre méthesis y méthexis, visto el uso de μέθεξις en Platón, situado y explicado el contexto de μέθεσις, y presentado Filón de Alejandría, vamos ahora con algunos ejemplos de la obra del judío.
Pero, primero, una explicación sobre la abundancia de textos filonianos que poseemos actualmente. Es la que aparece en el apartado TRASCENDENCIA DE LA OBRA FILONIANA de la traducción de las obras completas del alejandrino, a cargo de José María Triviño.

Frente al general estrago que la incuria temporum ha causado en la mayor parte de las obras de los autores de la antigüedad clásica, reduciendo su legado a contadas reliquias de la inmensa creación literaria, religiosa, científica y filosófica de aquellos tiempos, sorprende el hecho de que el voluminoso corpus filoniano haya llegado casi intacto hasta nosotros.
La razón fundamental de esta conservación reside en el interés que el pensamiento de Filón despertó en los exégetas cristianos, que, desde los orígenes mismos de la fundamentación teológico-filosófica de la doctrina evangélica, hallaron en las obras del escritor judío una fuente inagotable de teorías y conceptos adaptables a las creencias básicas del cristianismo, no obstante las profundas diferencias que, por otra parte los separan. En vista de esta vinculación de la patrística con Filón, nada tiene de extraño que Eusebio de Cesárea sostuviera tres siglos después de su muerte que el autor hebreo había sido cristiano.
El interés por su obra no ha cesado de renovarse hasta nuestros días, especialmente porque el conocimiento de la exégesis filoniana es imprescindible para el estudio del pensamiento cristiano en su gestación inicial y en su posterior desarrollo, particularmente en autores como Ambrosio de Milán y los alejandrinos Clemente y Orígenes. Si bien estudios recientes han replanteado el problema de los alcances de esa influencia, cuestionando el grado de importancia que anteriormente se le atribuía especialmente en cuanto a la concepción del logos en el Evangelio de Juan, tal influencia es innegable y fue intensa especialmente en las orientaciones menos ortodoxas asumidas por ciertos apologistas y exégetas.

Desde mediados del siglo pasado, el interés primordial por la búsqueda de puntos de coincidencia entre la patrística y Filón ha cedido lugar a otras indagaciones, prácticamente marginadas hasta entonces, tales como las concernientes al origen del pensamiento filoniano, a sus conexiones con la exégesis judía coetánea tanto alejandrina como Palestina, en procura de determinar el grado de dependencia o de originalidad; y a la correcta ubicación de los préstamos tomados de la filosofía griega en el contexto de determinadas doctrinas y escuelas. Asimismo numerosos pasajes de sus tratados han procurado a los historiadores de la filosofía antigua importantes noticias sobre puntos del pensamiento helénico no registrados o testimoniados muy imperfectamente en otras fuentes, por lo que también desde este punto de vista resulta provechoso y aun indispensable el manejo de las obras de Filón.
Finalmente, sus tratados de carácter histórico, gráfica evocación de sucesos de los que fue testigo y protagonista, interesan al historiador del Imperio Romano por cuanto documentan instancias dramáticas vividas por una de las ciudades más importantes de él durante el principado de Calígula.
Filón no resulta ser, ciertamente, un autor cuyas obras puedan atraer el interés del gran público, ya que la temática abordada en ellas no es precisamente de las que concentran el interés masivo en un mundo cuyas circunstancias vivenciales se hallan tan distantes de las que le confirieron actualidad hace casi dos mil años; ni el corpus de sus tratados se halla destinado a una lectura corrida y conjunta, pues el carácter de su contenido y la extensión tornan impracticable o por demás improbable esa posibilidad. Tampoco son ellos utilizables hoy como fuente apologética ni como documento de una doctrina filosófica original que justifique la atención de los especialistas. Pero las características y contenidos arriba apuntados y las demás que el lector advertirá a lo largo de esta introducción los convierten en una obra de consulta sumamente útil aun para el no especialista, y por supuesto, en una fuente indispensable para abordar el estudio del pensamiento antiguo y medieval.

LISTA DE LOS TRATADOS
La lista que sigue presenta ordenados según lo hace la edición Colson, ordenación que se respeta en la presente traducción, los tratados conservados. Los títulos latinos son los que se emplean tradicionalmente para encabezarlos y para extraer las abreviaturas con que suele citárselos en las notas de pie de página y en las demás remisiones.

I) TRATADOS CONSERVADOS EN SU TEXTO ORIGINAL GRIEGO

1. Sobre la creación del mundo según Moisés (De opifício mundi)
2. Interpretación alegórica de las sagradas leyes contenidas en el Génesis II y III. (Legum allegoriae. Libri I, II, III)
3. Sobre los querubines, la espada flamígera y Caín, primer hombre nacido de hombre (De Cherubim)
4. Sobre el nacimiento de Abel y los sacrificios ofrecidos por él y su hermano Caín. (De sacrificiis Abelis et Caini)
5. Sobre las habituales intrigas de lo peor contra lo mejor. (Quod deterius potiori insidian solet)
6. Sobre la posteridad de Caín y su exilio (De posteritate Caini)
7. Sobre los gigantes (De gigantibus)
8. Sobre la inmutabilidad de Dios (Quod Deus inmutabilis sit)
9. Sobre la agricultura (De agricultura)
10. Sobre la obra de Noé como plantador (De planlatione)
11. Sobre la ebriedad (De ebrietate)
12. Sobre las súplicas e imprecaciones de Noé una vez sobrio (De sobrietate)
13. Sobre la confusión de las lenguas (De confusione linguarum)
14. Sobre la migración de Abraham (De migratione Abrahami)
15. Sobre quién es el heredero de las cosas Divinas (Quis rerum divinarum heres)
16. Sobre la unión con los estudios preliminares (De congressu quaerendae eruditionis gratia)
17. Sobre la huida y el hallazgo (De fuga et inventione)
18. Sobre aquellos cuyos nombres son cambiados y sobre los motivos de los cambios (De mutatione nominum)
19. Sobre los sueños enviados por Dios (De somniis. Libri I, II)
20. Sobre Abraham (De Abrahamo)
21. Sobre José (De Iosepho)
22. Sobre la vida de Moisés (De vita Mosis. Libri I, II)
23. Sobre los diez mandamientos o decálogo, que son compendios de las leyes (De decalogo)
24. Sobre las leyes particulares (De specialibus legibus. Libri I, II, II, IV)
25. Sobre las virtudes (De virtutibus)
26. Sobre los premios y los castigos (De praemiis et poenis)
27. Todo hombre bueno es libre (Quod omnis probus liber sit)
28. Sobre la vida contemplativa (De vita contemplativa)
29. Sobre la indestructibilidad del mundo (De aeternitate mundi)
30. Flaco (In Flaccum)
31. Hipotéticas (Apología de los judíos) (Apologia pro Iudaeis)
32. Sobre la providencia (De providentia)
33. Sobre la embajada ante Cayo (De legatione ad Gaium)

II) TRATADOS CONSERVADOS EN LENGUA ARMENIA SOLAMENTE

34. Problemas y soluciones sobre el Génesis (Quaestiones et lolutiones in Genesim)
35. Problemas y soluciones sobre el Éxodo (Quaestiones et solutiones in Exodum)

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Creemos que es muy interesante conocer la obra Vida de Alejandro del Pseudo Calístenes en algunos puntos clave, como son su carácter, su difusión y sus fuentes. De ello se habla ampliamente en el Prólogo a la traducción de la obra en Gredos, a cargo de Carlos García Gual. De dicho prólogo ofrecemos ahora unos amplios extractos.

“Vida de Alejandro”: historia, novela y epopeya

La Vida de Alejandro no es, en lo fundamental, un texto histórico. Se trata, más bien, de un relato de aventuras extraordinarias en torno a la figura heroica del gran conquistador macedonio, progresivamente mitificada por la fantasía popular a lo largo de varias centurias. Este texto, al que se suele denominar como la Novela de Alejandro, no es, desde el punto de vista formal, una novela; su esquema narrativo corresponde a las pautas de la biografía helenística. Pero sí que resulta un producto novelesco, en el sentido amplio de esta calificación, atendiendo a otras razones. En torno a un núcleo histórico originario se ha formado una biografía fabulosa, en la que las peripecias dramáticas y los escenarios admirables deben tanto, por lo menos, a la ficción como a la realidad. La victoriosa expedición de Alejandro a países lejanos, con toda su carga legendaria, viene a concluir aquí en una saga de aventuras y maravillas, con todos los prestigios de lo heroico y lo exótico que la literatura épica griega supo combinar tantas veces. En este sentido debe advertirse la intención poética de esta fabulación biográfica, en dependencia con una tradición historiográfica, pero en dependencia también con una tradición que se remonta, en cuanto a las motivaciones psicológicas de sus episodios, muy atrás, a un fondo mágico y mítico que aparece ya en la vieja Odisea.

Compuesta en el siglo III de nuestra era, a más de cinco siglos de distancia de la gesta que nos narra, la Vida de Alejandro incorpora materiales diversos y de autenticidad varia y reelabora el conjunto de datos tradicionales con un significativo ímpetu novelesco. Su lejanía frente a la historiografía veraz y respetable no está motivada por esa distancia de más de quinientos años, sino por su carácter popular, por ese gusto por lo fabuloso y lo mítico, que la distingue, inequívocamente, de una biografía como la Vida de Alejandro, que compusiera Plutarco en el siglo anterior, utilizando algunas fuentes comunes, o de la latina de Quinto Curcio.

Difusión y fama

La difusión de la Vida de Alejandro fue asombrosa. Se tradujo al armenio, al georgiano, al persa, al sirio, al árabe, al turco, al etíope, al copto y al hebreo… En su extensión por Oriente llegó a la India, Java y las Célebes. La representación de Alejandro que se refleja en los poetas persas Firdusi y Nizani, así como la de la mayoría de los cronistas bizantinos, dependen, en lo fundamental, de nuestro texto. En Bizancio se recompuso en verso. Las versiones en griego medieval y en griego moderno se leyeron como libros populares hasta tiempos muy recientes. En 1529 se publicó la versión también versificada de Demetrios Zenos en griego moderno. Aparecieron luego las traducciones al serbio, búlgaro, ruso y rumano.

En conjunto, se calcula que la influencia de esta Vida de Alejandro está reflejada en unos treinta idiomas, siendo así el texto más traducido, después de la Biblia, hasta los comienzos del Renacimiento.
Al latín se tradujo en dos ocasiones, con versiones notablemente distintas: la de Julio Valerio, muy próxima al original, en el siglo IV, y la del Arcipreste Leo, un clérigo napolitano del siglo X. Esta última versión, un tanto libre y acrecentada con algunos añadidos y digresiones, titulada Historia de Proeliis, fue reelaborada – a partir del siglo XII en diversos idiomas europeos: francés, alemán, español, italiano, inglés, sueco, danés, checo, polaco y húngaro…

De cualquier forma, es indudable que la personalidad histórica de Alejandro es insondablemente más compleja que la de su imagen novelesca. Ésta transmitió a la posteridad un prototipo mítico del gran conquistador, del que diferentes épocas supieron destacar y extraer las valencias simbólicas que les interesaban más directamente. Era el joven e invencible Conquistador de Mundo, el fundador de ciudades y reinos, el aventurero que se lanzaba al misterio, ascendía a los cielos y exploraba el fondo del mar, por un mundo exótico, maravilloso y juliovernesco; el espejo ideal de monarcas justos y caballerescos, el inquieto y sagaz discípulo del sabio Aristóteles, el rechazador de los bárbaros apocalípticos, la personificación de la gloria terrestre, de la soberbia y de la vanidad, etc.

Composición y fuentes de la obra

La obra debió de circular desde un principio anónima o, en todo caso, su autor era tan desconocido que su nombre se olvidó pronto. La denominación de Pseudo Calístenes se debe a que algunos manuscritos (de la familia B) y algún erudito bizantino (Tzetzes) atribuyeron la obra al joven sobrino de Aristóteles que acompañó a Alejandro como historiador de sus campañas. Nuestro escritor logró componer su texto a base de reunir sobre el esquema de la biografía, aderezada con varios episodios nuevos y numerosos disparates históricos de su propia cosecha, algunos textos literarios previos.

Entre éstos conviene distinguir las dos fuentes capitales de su obra, que son: 1) un relato histórico helenístico, probablemente una biografía de Alejandro, y 2) una colección de cartas en forma de novela epistolar. Además ha utilizado, insertándolos como episodios dentro del esquema general, otros relatos independientes de menor extensión, como eran, verosímilmente: 3) las cartas (a Aristóteles y a Olimpíade) sobre las maravillas y aventuras del viaje a la India (en II, 23 y siguientes, III, 17, 27, 28); 4) las leyendas sobre Nectanebo y Candace; 5) el coloquio con los gimnosofistas, y 6) un escrito histórico sobre los últimos días de Alejandro, su testamento y muerte.

1) El relato histórico que utiliza el Pseudo Calístenes provee de los datos principales a la historia de Alejandro: sus marchas, sus victorias y sus fundaciones, datos que la versión final del Pseudo Calístenes a menudo confunde y cita erróneamente, con su ignorancia de la geografía real.
Por otra parte, es evidente que el historiador utilizado, de época helenística, era un buen ejemplo de las tendencias retóricas de la historiografía de la época, más atenta a los efectismos dramáticos y al patetismo que a la austera narración de hechos. Más que la verdad les interesaba a tales historiadores emocionar a su público con la descripción teatral de ciertos momentos, como si pretendiera la historiografía novelesca suplantar a la tragedia. Así, p. ej., en escenas patéticas como la destrucción de Tebas y el encuentro con Darío moribundo; o en pasajes como la carrera en Olimpia, la discusión de los oradores atenienses en II 2-5, y el festín para celebrar el matrimonio de Filipo y Cleopatra, pueden verse las huellas de ese gusto por el efectismo, con episodios inventados o embellecidos para insistir en tópicos como el poder de la Tyche y la fortuna del héroe. Incluso es probable que se remonte a él una invención como el viaje de Alejandro a Roma y Cartago, con el fin de subrayar la grandeza de su héroe, al que se someten los futuros conquistadores del Oriente.

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Albin Lesky y Manuel Fernández-Galiano eran, respectivamente, capitán y teniente de la policía de Palinodia. Mediante videoconferencia sus colegas de Neápolis les habían informado del caso Greek y les pedían que trataran de averiguar alguna pista en el colegio “Anástasis” de esa ciudad, donde el helenista había dado sus últimas clases de griego, antes de dedicarse a la labor de conserje.
Tras ello mantuvieron una reunión para ir atando cabos sobre el caso.
– Esos monjes son endiabladamente cerrados. No soltaban nada, hasta que a uno se le escapó algo importante.
– ¿Qué fue?
– Pues que Homer Greek ha estado al menos tres veces en San Florián, la última hace tres años.
– ¡Vaya! Eso es interesante
– ¿Por qué, George?
– Porque Sappho Corina me dijo que Greek vivía en Hierápolis en el tiempo en el que mantuvieron una relación amistosa y, además, coincide con lo que dices el hecho de que Corina me haya asegurado que Greek hizo al menos un curso de gregoriano en San Florián.
– Muy bien. Greek hizo uno, o tres cursos, en San Florián y vivía allí, pero lo que nos interesa es saber ¡dónde narices está ahora y llevárselo al ministro de Interior!
– Yo creo que no andará lejos de Hierápolis.
– “Creo”, no me vale, Schadewaldt.
– No sé, tengo la ligera impresión de aquellos monjes me ocultaban algo.
– ¿Algo como qué?
– Pues que saben dónde está Greek y éste no anda muy lejos de allí.
– ¿Es una corazonada?
– Intuición.
– Las intuiciones no me valen, si no se ven corroboradas.
– ¿Crees que podría Greek estar en el propio monasterio, Wolfgang?
– No me extrañaría.
– ¿Y cómo lo averiguamos? No podemos presentarnos allí y hacer una inspección.
– El mes que viene hay un nuevo cursillo de gregoriano. Nos podemos apuntar alguno y ver si se apunta Greek.
– El mes que viene estaremos en la calle, si en cinco días no damos con Greek. Por Dios, Schadewaldt, ¿no te acuerdas de lo que te dije, cuando Graves nos encomendó el caso?
– ¿No podemos alargar el plazo?
– No, quince días, dijo Graves, y ése no se anda con chiquitas.
– ¿Estáis seguros de que Greek está en ese monasterio?
– A mi me huele a que sí.
– Vamos a ver: un profesor de griego de 80 años, que vivía en Hierápolis e hizo, al menos, tres cursos de gregoriano en el monasterio de San Florián, ¿puede estar viviendo su jubilación en ese monasterio?
– ¿Si además tiene allí una buena biblioteca y puede practicar todos los días el gregoriano con los monjes?
– Bien mirado, no es descabellado, pero ¿qué hacemos? Necesitamos dar con él y esto no es más que una conjetura, una suposición. No es una evidencia.

Mientras tanto, en Palinodia Albin Lesky y Manuel Fernández-Galiano, los colegas de Rhode, Schadewaldt y Dumézil, mantenían una entrevista con el orondo Basil Chrisostomus.

– Últimamente mucha gente quiere saber algo del profesor Greek.
– ¿Cómo mucha gente? ¿Ha preguntado alguien más por él?, dijo Lesky
– El otro día vino un colega suyo, el señor Wilamowitz, a preguntar por él.
– ¿Wilamowitz?
– Sí.
– Se nos ha adelantado el “gavilán”, Manuel.
– Sí, ya veo.
– Perdón, ¿el gavilán?
– No, déjelo estar, señor Chrisostomus. Cosas nuestras.
– Bueno, ya que sabe que venimos a hablar sobre Greek, ¿qué nos puede decir de él?
– Ya le dije a su colega que hace tantos años que estuvo aquí que apenas tenemos información.

Y la entrevista siguió derroteros similares a los que tuvo la de Chrisostomus y Wilamowitz: insistencia del interrogador y desconocimiento del interrogado, con un momento interesante.

– ¿No le consta ninguna afición o actividad que pueda darnos alguna pista sobre Greek?
– Ya le he dicho que hace mucho tiempo que estuvo aquí. Lo que sí sé es que insistió al profesorado de música, para que se formara un coro en el centro. Le gustaba mucho el canto coral y, al final, lo consiguió. Se formó un coro de alumnos y profesores que actuaba en determinadas ocasiones. Aunque hace 43 años que Greek estuvo aquí, queda constancia de ello en el resumen de actividades culturales del centro.

El coro del colegio lo dirigía el profesor de música Arístides Orpheus y funcionó unos 15 años. Los 12 que estuvo Homer Greek y otros tres más.

– ¿El profesor Orpheus vive todavía? ¿Sabe dónde podemos hallarlo? ¿Puede saber algo de Homer Greek?
– Sí, me consta que vive, aquí, en Palinodia, en una residencia de ancianos. Es muy mayor. Debe tener unos 85 años, porque era un poco mayor que Greek.
– ¿Sabe cuando nació Greek?
– Sí, en nuestra base de datos consta que nació en julio del 2115.
– ¿Y Orpheus?
– Vamos a ver -, Basil tecleó su ordenador. En septiembre del 2108. Tiene ahora 87 años.
– ¿Nos podría indicar en qué residencia vive Arístides Orpheus?
– Bueno… no creo que sea algo ilegal. En la residencia geriátrica “Titono”.
– Bueno, señor Chrisostomus, muchas gracias por su colaboración.
– De nada; espero que tengan suerte con el señor Orpheus.
– Gracias y hasta luego.

Albin Lesky y Manuel Fernández-Galiano partieron de inmediato hacia la residencia “Titono”. Antes avisaron a sus colegas de Neápolis, por si querían ser ellos quienes realizaran la entrevista.

– ¿No podéis llevaros un equipo de videoconferencia?
– Sí, no habíamos caído.
– Hacemos la entrevista con Orpheus por videoconferencia y le preguntamos vosotros y nosotros.
– ¿Tenéis alguna otra novedad?
– No, sólo que sospechamos que, tal vez, Greek pueda vivir en el monasterio de San Florián. Demasiadas pistas nos llevan a ello, pero no lo tenemos seguro y no podemos presentarnos allí sin orden judicial.
– ¿Y si se lo comentáis al ministro Graves y éste consigue una orden?
– Es una posibilidad. Lo valoraremos. Avisadnos, cuando lleguéis.
– De acuerdo, hasta ahora.

Fernández y Lesky tuvieron que desviarse a la comisaría a por un equipo de videoconferencia. Acto seguido, se dirigieron a su encuentro con el viejo profesor de música.

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J. H. A. Hart (The Jewish Quarterly Review Original Series 17, pp. 107-111) escribe sobre el texto al que nos estamos refiriendo:

Returning to the text (Gen. IX, 20f.), it is obviously necessary to discuss intoxication (μέθη) and the favourite problem of the philosophers, “Should the wise man be intoxicated.” Now there are two intoxications, one the being drunk with wine (οἰνοῦσθαι), the other the raving in wine (λήρειν ἐν ονῳ). Of those who have handled the question some say that the wise man should not be intoxicated in either sense; others that the first kind befitted and the second did not befit the good man. The arguments which support the latter position start from a consideration of homonyms and synonyms, the first being words each denoting a number of objects, the second groups of words each denoting the same object. Well, then, μέθυ is merely an ancient poetical synonym of οἶνος; therefore to be intoxicated is nothing more than to be drunk with wine; therefore the wise man will, like Noah, be intoxicated. Again, the enjoyment and use of wine in ancient times was far different from what we see today. The men of old first prayed, offered sacrifice, cleansed body and soul, and then joyfully held their revels in the temples where they had worshipped. Hence, some suppose the word μεθύειν to be derived from μετὰ θύειν, “after sacrifice.” A third argument is likewise based upon (a different) etymology, which explains the word as the equivalent of μέθεσις, i.e. “relaxation” of soul. And truly, wisdom is not austere and downcast, but joyful. According to the divine Moses its end is sport and laughter; so Laughter (Isaac) sports with Patience (Rebecca), and is seen by no vulgar eye but only the king’s (Gen. XXVI 8). So wine, like wealth and fame, makes the good better, the evil worse, and the good man will be intoxicated without losing aught of his virtue.

Volviendo al texto (Génesis 9, 20 en adelante), es obviamente necesario comentar el término “embriaguez” y el problema favorito de los filósofos, ”debería el hombre sabio emborracharse”. Ahora bien, hay dos tipos de embriaguez, una que consiste en embriagarse con vino (ονοσθαι), y la otra que es desvariar a causa del vino (λρειν ν ον). De aquéllos que han tratado la cuestión algunos dicen que el hombre sabio no debería emborracharse en ningún sentido; otros que la primera forma es apropiada y la segunda no conviene al hombre bueno. Los argumentos que apoyan la última posición parten de la consideración de homónimos y sinónimos, siendo los primeros palabras que se refieren a un número de objetos, y los segundos grupos de palabras que significan el mismo objeto. Entonces μθυ es un antiguo sinónimo poético de vino (ονος); en ese caso estar borracho no es otra cosa que haber bebido vino; en ese caso, el hombre sabio, como Noé, se emborrachará. El disfrute y el uso del vino en tiempos antiguos eran muy diferentes de lo que podemos ver hoy. Los hombres de la edad antigua rezaban, ofrecían sacrificios, limpiaban su cuerpo y alma, y luego alegremente celebraban sus fiestas en los templos donde habían celebrado el culto. De aquí algunos suponen que la palabra “estar borracho” (μεθειν) sería un derivado de “después de sacrificar” (μετ θειν). Un tercer argumento se basa igualmente en una (diferente) etimología, que explica la palabra como equivalente de μθεσις, esto es, “relajación” del alma. Y ciertamente, la sabiduría no es austera y triste, sino alegre. De acuerdo con el divino Moisés su fin es la diversión y la risa, de modo que la Risa (Isaac) se divierte con Paciencia (Rebecca), y no es visto por el ojo de un vulgar, sino sólo por el del rey (Gen. XXVI 8.). Así que el vino, como la riqueza y la fama, hacen al bueno mejor, al malo peor, y el hombre bueno se emborrachará sin perder nada de su virtud.

Los lectores perdonarán nuestro atrevimiento al traducir del inglés.

Éste es el fragmento del Génesis 9, 20-29:

κα ρξατο Νωὲ νθρωπος γεωργς γς κα φτευσεν μπελνα κα πιεν κ το ονου κα μεθσθη κα γυμνθη ν τ οκ ατοῦ· κα εδεν Χὰμ πατρ Χαναὰν τν γμνωσιν το πατρς ατο κα ξελθν νγγειλεν τος δυσν δελφος ατο ξω· κα λαβντες Σὴμ κα ᾿Ιαφὲθ τ μτιον πθεντο π τ δο ντα ατν κα πορεθησαν πισθοφανς κα συνεκλυψαν τν γμνωσιν το πατρς ατν· κα τ πρσωπον ατν πισθοφανς κα τν γμνωσιν το πατρς ατν οκ εδον· ξνηψεν δ Νωὲ π το ονου κα γνω σα ποησεν ατ υἱὸς ατο νετερος  κα επεν· πικατρατος Χαναὰν πας οκτης σται τος δελφος ατο  κα επεν ελογητς κριος Θες το Σὴμ κα σται Χαναὰν πας ατοῦ· πλατναι Θες τ ᾿Ιαφὲθ κα κατοικηστω ν τος οκοις το Σὴμ κα γενηθτω Χαναὰν πας ατν· ζησεν δ Νωὲ μετ τν κατακλυσμν τριακσια πεντκοντα τη κα γνοντο πσαι α μραι Νωὲ ννακσια πεντκοντα τη κα πθανεν

Noé, que era labrador, fue el primero que plantó una viña. Bebió el vino, se emborrachó y se desnudó en medio de su tienda. Cam – antecesor de Canaán – vio la desnudez de su padre y salió a contárselo a sus dos hermanos. Sem y Jafet tomaron una capa, ambos se la echaron sobre los hombros y caminando de espaldas cubrieron la desnudez de su padre. Vueltos de espaldas, no vieron la desnudez de su padre. Cuando se le pasó la borrachera a Noé y se enteró de lo que le había hecho su hijo menor, dijo: – ¡Maldito Canaán! Sea siervo de los siervos de sus hermanos. Y añadió: – ¡Bendito sea el Señor Dios de Sem! Canaán será su siervo. Agrande Dios a Jafet, habite en las tiendas de Sem. Canaán será su siervo. Noé vivió después del diluvio trescientos cincuenta años, y a la edad de novecientos cincuenta murió.

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