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Archive for 31 enero 2009

llibremarcaureli

 

Lo he adquirido recientemente. Es una edición de noviembre de 2008. Me refiero a las Meditaciones de Marco Aurelio en la edición bilingüe griego-catalán, a cargo de Joan Tello, y traducción de Joan Alberich, que sigue el texto griego establecido por A. I. Trannoy en la colección Les Belles Lettres, en la editorial Llibres de l’Índex.

 

En la contraportada del libro leemos en catalán:

 

Les Meditacions són textos colpidors i sincers, redactats com apunts personals per a ell mateix per tal de reflexionar-hi una i altra vegada. Assetjat pel món bel·licós i en constant procés de mutació, Marc Aureli escriu per fer la seva existència més passadora i suportable. Segons ell, la vida és com una lluita i un pelegrinatge vers allò que és desconegut, i les coses humanes són transitòries i buides. El que cal fer, doncs, és seguir estoicament el guia interior, i viure d’acord amb la naturalesa. La mort és un esdeveniment natural que forma part de l’univers.

Les Meditacions de Marc Aureli, de les quals presentem la primera edició bilingüe grec-català, constitueixen un breviari idoni per a totes les persones de totes les èpoques que tinguin una sensibilitat contemplativa afinada i que no se sentin temptades per la intriga entre els éssers humans que tenen al seu voltant.

 

La traducción al castellano de estas notas es la siguiente:

 

Las Meditaciones son textos impactantes y sinceros, redactados como apuntes personales para él mismo para reflexionar una y otra vez. Asediado por el mundo belicoso y en constante proceso de mutación, Marco Aurelio escribe para hacer su existencia más pasable y soportable. Según él, la vida es como una lucha y un peregrinaje hacia aquello que es desconocido, y las cosas humanas son transitorias y vacías. Lo que hay que hacer, pues, es seguir estoicamente el guía interior, y vivir de acuerdo con la naturaleza. La muerte es un acontecimiento natural que forma parte del universo.

Las Meditaciones de Marco Aurelio, de las cuales presentamos la primera edición bilingüe griego-catalán, constituyen un breviario idóneo para todas las personas de todas las épocas que tengan una sensibilidad contemplativa afinada y que no se sientan tentadas para la intriga entre los seres humanos que tienen a su alrededor.

 

El lector habrá detectado que una de las frases de esta contraportada figura como título de nuestro artículo.

 

belleslettres

 

Y vamos con un ejemplo de la traducción de Joan Alberich. El texto pertenece al Libro XI, 15 y 16. Es éste:

 

Ως σαπρς κα κβδηλος λγων γ προρημαι πλς σοι προσφρεσθαι. Τ ποιες, νθρωπε; τοτο ο δε προλγειν. Ατ φανσεται· π το μετπου γεγρφθαι φελει· εθς φων τοιοτον χεν, εθς ν τος μμασιν ξχειν, ς τν ραστν ν τ βλμματι πντα εθς γνωρζει ρμενος. Τοιοτον λως δε τν πλον κα γαθν εναι, οον γρσωνα, να παραστς ἅμα τ προσελθεν, θλει ο θλει, αἴσθηται. πιτδευσις δ πλτητος σκάλμη στν. Οδν στιν αἴσχιον λυκοφιλας· πάντων μλιστα τοτο φεγε. γαθς κα πλος κα εμενς ν τος μμασιν χει τατα κα ο λανθνει.

Κάλλιστα διαζν, δναμις ατη ν τ ψυχ, ἐὰν πρς τ διάφορ τις διαφορ. Ἀδιαφορσει δ, ἐὰν καστον ατν θεωρ διρημνως κα λικς κα μεμνημνος τι οδν ατν πληψιν περ ατο μν μποιε οδ ρχεται φ’ μς, λλ τὰ μν τρεμε, μες δ σμεν ο τὰς περ ατν κρσεις γεννντες κα οον γρφοντες ν αυτος, ξν μν μ γρφειν, ξν δ, κν που λθ, εθς ξαλεψαι· τι λγου χρνου σται τοιατη προσοχ κα λοιπν πεπασεται βος. Τ μντοι δσκολον χει τατα; Ε μν γὰρ κατὰ φσιν στ, χαρε ατος κα ῥᾴδια σται σοι· ε δ παρὰ φσιν, ζτει τ στ  σοι κατὰ τν σν φσιν κα π τοτο σπεδε κν δοξον ᾖ· παντ γὰρ συγγνμη τ ἴδιον γαθν ζητοντι.

 

Alberich traduce así:

 

Que n’és, de pervers i hipòcrita, el qui diu: “He decidit de comportar-me amb tu amb lleialtat.” ¿Què fas, home? Això no s’ha de dir per endavant. Prou que es farà evident. Això se t’ha de llegir a la cara. Tot d’una se t’ha de sentir a la veu, se t’ha de veure a la mirada, tal com la persona estimada ho endevina ràpidament tot als ulls dels qui l’estimen.

En definitiva, així ha de ser l’home senzill i honest, tal com aquell que fa pudor de boc, per tal que qui és a prop seu, tant si ho vol como si no ho vol, s’adoni immediatament que se li acosta. Tanmateix, la simulació de la sinceritat és com una arma de doble tall. No hi ha res més menyspreable que l’amistat d’un llop. Evita-la per damunt de tota altra cosa. La persona honesta, senzilla i sincera porta als ulls les seves virtuts i a ningú no li passa per alt.

Viu la vida de la millor manera possible. Aquest poder és a l’ànima, si és que s’és indiferent a les coses indiferents. I es continuarà essent indiferent, si es considera cadascuna de les coses separadament i en bloc. Recorda que cap cosa no genera en nosaltres la idea que ens en formem, i que tampoc res no es mou envers nosaltres, sinó que totes les coses són immòbils i som nosaltres els qui produïm els judicis de les coses. És com si les gravéssim en el nostre interior, tenint la possibilitat de gravar-les i d’esborrar-les a l’acte, si ho fem inconscientment. A més a més, tingues en compte que aquesta preocupació no durarà pas gaire i que aviat la vida s’haurà acabat per sempre.

Tanmateix, ¿per què et resulta feixuc que les coses siguin així? Si són conforme a la naturalesa, gaudeix-les, i tot ho trobaràs fàcil. En canvi, si són contràries a la naturalesa, cerca allò que està en harmonia amb la teva naturalesa i afanya-t’hi, encara que no et cobreixis de glòria. I és que sempre mereix indulgència qui busca el propi bé.

 

Lógicamente no vamos a verter al castellano esta traducción. Ofrecemos una accesible en al red y que no es otra que la de Ramón Bach Pellicer, en Gredos:

 

15. ¡Cuán grosero y falso es el que dice: «He preferido comportarme honradamente contigo»! ¿Qué haces, hombre? No debe decirse de antemano eso. Ya se pondrá en evidencia. En tu rostro debe quedar grabado. Al punto tu voz emite tal sonido, al instante se refleja en tus ojos, al igual que en la mirada de sus amantes de inmediato todo lo descubre el enamorado. En suma, así debe ser el hombre sencillo y bueno; como el hombre que huele a macho cabrío, a fin de que el que lo encuentra, a la vez que se acerca, lo perciba, tanto si quiere como si no quiere. Pero la afectación de la simplicidad es un arma de doble filo. Nada es más abominable que la amistad del lobo. Por encima de todo evita eso. El hombre bueno, sencillo y benévolo tiene estas cualidades en los ojos y no se le ocultan.

16. Vivir de la manera más hermosa. Esa facultad radica en el alma, caso de que sea indiferente a las cosas indiferentes. Y permanecerá indiferente, siempre que observe cada una de ellas por separado. Y en conjunto, teniendo presente que ninguna nos imprime una opinión acerca de ella, ni tampoco nos sale al encuentro, sino que estas cosas permanecen quietas, y nosotros somos quienes producimos los juicios sobre ellas mismas y, por así decirlo, las grabamos en nosotros mismos, siéndonos posible no grabarlas y también, si lo hicimos inadvertidamente, siéndonos posible borrarlas de inmediato. Porque será poco duradera semejante atención, y a partir de ese momento habrá terminado la vida. Mas, ¿qué tiene de malo que esas cosas sean así? Si, pues, es acorde con la naturaleza, alégrate con ello y sea fácil para ti. Y si es contrario a la naturaleza, indaga qué te corresponde de acuerdo con tu naturaleza y afánate en buscarlo, aunque carezca de fama. Pues toda persona que busca su bien particular tiene disculpa.

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Seguimos con nuestra serie sobre Prometeo y a ella añado hoy una aportación singular e interesante, y además inesperada.

Acostumbro a hacer limpieza los viernes por la tarde o los sábados por la mañana. Casualmente el otro día (tocaba sábado), mientras limpiaba las estanterías de mi despacho, cayó literalmente en mi mano el libro de Sigmund Freud El malestar en el cultura. No dudé en hojearlo y, para mi sorpresa, contenía un artículo sobre la conquista del fuego con directas alusiones al mito prometeico.

El artículo me parece genial. Sin más paso a transcribirlo.

 

freud

 

Sigmund Freud, Sobre la conquista del fuego:

En una acotación a mi estudio sobre El malestar en la cultura aludí, aunque sólo incidentalmente, a cierta conjetura que el material psicoanalítico nos ofrece respecto de la forma en que el hombre primitivo habría conquistado el dominio sobre el fuego.

Véome ahora inducido a volver sobre el mencionado tema por las opiniones discrepantes de la mía que expuso Albrecht Schaeffer y por la sorprendente referencia de Erlenmeyer, en su reciente estudio, acerca de la prohibición de orinar sobre las cenizas que rige entre los mogoles.

Creo que mi hipótesis -de que la condición previa para la conquista del fuego habría sido la renuncia al placer de extinguirlo con el chorro de orina, placer de intenso tono homosexual– puede ser confirmada mediante la interpretación de la leyenda griega de Prometeo, siempre que se tenga debida cuenta de la obvia deformación que media entre los hechos históricos y su representación en el mito.

Estas deformaciones son de la misma índole -y no más violentas- que las que toleramos a diario cuando reconstruimos, a partir de los sueños de nuestros pacientes, sus vivencias infantiles reprimidas, tan extraordinariamente importantes.

Los mecanismos aplicados en esta deformación consisten en la representación simbólica y en la sustitución por lo contrario. No me atrevo a interpretar de tal manera todos los rasgos del mito, pues bien podría ser que en su trama se hubiesen agregado a los hechos primitivos otros sucesos más recientes.

Pero los elementos que admiten interpretación analítica son precisamente los más notables e importantes: la manera en que Prometeo transporta el fuego, la índole de su acto (sacrilegio, robo, engaño de los dioses) y el sentido del castigo que se le impone.

El titán Prometeo -un héroe cultural aún dotado de carácter divino; quizá en la versión original un demiurgo y creador de seres humanos- trae pues, a los hombres, oculto en un bastón hueco, en una rama de hinojo, el fuego que ha robado a los dioses.

Si nos hallásemos ocupados en la interpretación de un sueño, de buen grado entenderíamos aquel escondrijo como un símbolo fálico, pese a que nos molesta un tanto la insólita acentuación de su oquedad. Pero, ¿cómo relacionar este tubo fálico con la conservación del fuego?

He aquí una conexión que nos parece infructuoso establecer, hasta que recordamos el proceso de la transformación o sustitución por lo contrario, de la inversión de las relaciones mutuas, tan frecuente en el sueño y tantas veces revelador de su sentido oculto.

No es el fuego lo que el hombre alberga en su tubo fálico, sino, por el contrario, el medio para extinguir la llama, el líquido chorro de su orina.

 

maneken

 

 

De este vínculo entre fuego y agua surge al punto un material analítico que ya nos es familiar.

En segundo lugar, nos hallamos con que la conquista del fuego es un crimen sacrílego, pues se obtiene mediante el robo, la sustracción. Henos aquí ante un rasgo constante e invariable de todas las leyendas sobre la conquista del fuego, presente en los pueblos más dispares y distantes, y no sólo en la leyenda griega de Prometeo, el portador de la llama. Aquí debe hallarse, pues, el elemento nuclear de esta deformada reminiscencia humana.

Pero, ¿por qué aparece la obtención del fuego indisolublemente ligada a la idea de un sacrilegio? ¿Quién es aquí el perjudicado, el engañado?

En la versión de Hesíodo la leyenda nos ofrece una respuesta directa, pues en otra narración, no vinculada directamente con el fuego, Prometeo engaña a Zeus en favor de los hombres, al preparar los sacrificios que le son ofrendados.

¡De manera que los engañados son los dioses! Como se sabe, la mitología concede a los dioses el privilegio de satisfacer todos los deseos a que la criatura humana debe renunciar, como bien lo vemos en el caso del incesto.

En términos analíticos, diríamos que en la vida pulsional, el ello, es el dios engañado con la renuncia a la extinción del fuego, de modo que en la leyenda un deseo humano se habría transformado en un privilegio de los dioses, pues en este nivel legendario la divinidad de ningún modo tiene carácter de superyó, sino que aún representa a la omnipotente vida pulsional.

La sustitución por lo contrario llega a su grado máximo en el tercer elemento de la leyenda, en el castigo que sufre el conquistador del fuego. Prometeo es encadenado a una peña y un buitre le roe diariamente el hígado.

También en las leyendas ígneas de otros pueblos interviene un ave, de modo que ha de tener en el conjunto alguna significación que por el momento me abstengo de interpretar.

En cambio, nos hallaremos en terreno seguro al tratar de explicar por qué se eligió el hígado para aplicar el castigo. Para los antiguos, el hígado era asiento de todas las pasiones y de los deseos; así, un castigo como el sufrido por Prometeo era el más adecuado para un delincuente pulsional, para un delito cometido bajo el impulso de deseos ofensivos.

Pero en el demiurgo del fuego nos encontramos precisamente con lo contrario: ha renunciado a sus pulsiones, demostrando cuán benéfica, pero también cuán imprescindible para los fines culturales es semejante renuncia.

 

prometeo-flamenco

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bellerophontes

 

Y nos quedan los dos mitos más conocidos, los triángulos Preto, Estenebea, Belerofonte y Fedra, Teseo, Hipólito.

Vamos con el primero de ellos.

En Homero, Ilíada VI, 144 y siguientes, en el famoso encuentro entre Diomedes Tidida y Glauco, el segundo, al explicar su ascendencia nos habla del episodio de Belerofonte. En Homero, Estenebea recibe el nombre de Antea:

 

Respondióle el preclaro hijo de Hipóloco:

— ¡Magnánimo Tidida! Por qué me interrogas sobre el abolengo? Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece. Pero ya que deseas saberlo, te diré cuál es mi linaje, de muchos conocido. Hay una ciudad llamada Efira en el riñón de la Argólide, criadora de caballos, y en ella vivía Sísifo Eólida, que fue el más ladino de los hombres. Sísifo engendró a Glauco, y éste al eximio Belerofonte, a quien los dioses concedieron gentileza y envidiable valor. Mas Preto, que era muy poderoso entre los argivos, pues a su cetro los había sometido Zeus, hízole blanco de sus maquinaciones y le echó de la ciudad. La divina Antea, mujer de Preto, había deseado con locura juntarse clandestinamente con Belerofonte; pero no pudo persuadir al prudente héroe, que sólo pensaba en cosas honestas, y mintiendo dijo al rey Preto:

164 —¡Preto! Muérete o mata a Belerofonte, que ha querido juntarse conmigo sin que yo lo deseara.

166 —Así habló. El rey se encendió en ira al oírla; y si bien se abstuvo de matar a aquél por el religioso temor que sintió su corazón, le envió a la Licia, y haciendo en un díptico pequeño mortíferas señales, entrególe los perniciosos signos con orden de que los mostrase a su suegro para que éste le hiciera perecer. Belerofonte, poniéndose en camino debajo del fausto patrocinio de los dioses, llegó a la vasta Licia y a la corriente del Janto: el rey recibióle con afabilidad, hospedóle durante nueve días y mandó matar otros tantos bueyes pero al aparecer por décima vez Eos de rosados dedos, le interrogó y quiso ver la nota que de su yerno Preto le traía. Y así que tuvo la funesta nota ordenó a Belerofonte que lo primero de todo matara a la ineluctable Quimera, ser de naturaleza no humana, sino divina, con cabeza de león, cola de dragón y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y horribles llamas; y aquél le dio muerte, alentado por divinales indicaciones. Luego tuvo que luchar con los afamados Solimos, y decía que éste fue el más recio combate que con hombres sostuviera. Más tarde quitó la vida a las varoniles Amazonas. Y cuando regresaba a la ciudad, el rey, urdiendo otra dolosa trama, armóle una celada con los varones más fuertes que halló en la espaciosa Licia; y ninguno de éstos volvió a su casa, porque a todos les dio muerte el eximio Belerofonte. Comprendió el rey que el héroe era vástago ilustre de alguna deidad y le retuvo allí, le casó con su hija y compartió con él la realeza, los licios, a su vez, acotáronle un hermoso campo de frutales y sembradío que a los demás aventajaba, para que pudiese cultivarlo. Tres hijos dio a luz la esposa del aguerrido Belerofonte: Isandro, Hipóloco y Laodamia; y ésta, amada por el próvido Zeus, parió al deiforme Sarpedón, que lleva armadura de bronce. Cuando Belerofonte se atrajo el odio de todas las deidades, vagaba solo por los campos de Ale, royendo su ánimo y apartándose de los hombres; Ares, insaciable de pelea, hizo morir a Isandro en un combate con los afamados Solimos, y Artemis, la que usa riendas de oro, irritada, mató a su hija. A mí me engendró Hipóloco —de éste, pues, soy hijo— y envióme a Troya, recomendándome muy mucho que descollara y sobresaliera entre todos y no deshonrase el linaje de mis antepasados, que fueron los hombres más valientes de Efira y la extensa Licia. Tal alcurnia y tal sangre me glorío de tener.

 

quimera

 

Apolodoro en Biblioteca II, 3, 1 escribió:

 

 

Βελλεροφντης δ Γλακου το Σισφου, κτενας κουσως δελφν Δηλιδην, ς δ τινς φασι Πειρνα, λλοι δ ᾿Αλκιμνην, πρς Προτον λθν καθαρεται. κα ατο Σθενβοια ρωτα σχει, κα προσπμπει λγους περ συνουσας. το δ παρνουμνου, λγει πρς Προτον τι Βελλεροφντης ατ περ φθορς προσεπμψατο λγους. Προτος δ πιστεσας δωκεν πιστολς ατ πρς ᾿Ιοβτην κομσαι, ν ας νεγγραπτο Βελλεροφντην ποκτεναι. ᾿Ιοβτης δ ναγνος πταξεν ατ Xμαιραν κτεναι, νομζων ατν π το θηρου διαφθαρσεσθαι· ν γρ ο μνον ν λλ πολλος οκ ελωτον, εχε δ προτομν μν λοντος, ορν δ δρκοντος, τρτην δ κεφαλν μσην αγς,  δι’ ς πρ νει. κα τν χραν διφθειρε, κα τ βοσκματα λυμανετο· μα γρ φσις τριν θηρων εχε δναμιν. λγεται δ τραφναι μν π ᾿Αμισωδρου, καθπερ ερηκε κα Ομηρος, γεννηθναι δ κ Τυφνος κα ᾿Εχδνης, καθς Ησοδος στορε. ναβιβσας ον αυτν Βελλεροφντης π τν Πγασον, ν εχεν ππον κ Μεδοσης πτηνν γεγεννημνον κα Ποσειδνος, ρθες ες ψος π τοτου κατετξευσε τν Xμαιραν. Μετ δ τν γνα τοτον πταξεν ατ Σολμοις μαχεσθναι. ς δ τελετησε κα τοτον, ᾿Αμαζσιν πταξεν γωνσασθαι ατν. ς δκα τατας πκτεινε, τος ττε νετητι Λυκων διαφρειν δοκοντας πιλξας πταξεν ποκτεναι λοχσαντας. ς δ κα τοτους πκτεινε πντας, θαυμσας τν δναμιν ατο ᾿Ιοβτης τ τε γρμματα δειξε κα παρ’ ατ μνειν ξωσε· δος δ ατ τν θυγατρα Φιλονην κα θνσκων τν βασιλεαν κατλιπεν.  

 

Belerofonte, hijo de Glauco, hijo de Sísifo, después de matar involuntariamente a su hermano Delíades – al que algunos llaman Pirén y otros Alcímenes -, llegó ante Preto, quien lo purificó. Pero Estenebea se enamoró de él y le envió propuesta para un encuentro; como éste rehusara, ella dijo a Preto que Belerofonte le había hecho proposiciones infames. Preto lo creyó y entregó a Belerofonte una carta para Yóbates, en la que había escrito que le diese muerte. Yóbates, después de leer la carta, le ordenó matar a la Quimera, esperando que la fiera acabaría con él, ya que no era fácil de dominar por muchos y menos por uno: tenía la parte anterior de león, la cola de dragón y en medio una tercera cabeza de cabra por la que arrojaba fuego. Devastaba la región y destruía los ganados, pues era una sola criatura con la fuerza de tres animales. Se dice también que la Quimera había sido criada por Amisodaro, y así lo asegura también Homero, y que había nacido de Tifón y Equidna, según relata Hesíodo. Belerofonte, montando en Pegaso, caballo alado nacido de Medusa y Posidón, elevándose por los aires, asaeteó desde allí a la Quimera. Después de este lance, Yóbates le mandó combatir contra los sólimos, y una vez cumplida esta tarea, le ordenó luchar contra las amazonas; y como también las aniquilara, Yóbates escogió a los licios sobresalientes por su valentía, y les encargó que lo mataran tendiéndole una emboscada. Pero cuando todos ellos hubieron sucumbido a manos de Belerofonte, Yóbates, admirado de su fuerza, le mostró la carta y lo invitó a quedarse junto a él; además de entregarle a su hija Filónoe, al morir le legó el reino.

 

pegasosquimerabelerofonte

 

El mitógrafo Higino, en su fábula 57 narra:

 

 

STHEN<E>BOEA.

Bellerophon cum ad Proetum regem exsul in hospitium uenisset, adamatus est ab uxore eius Stheneboea; qui cum concumbere cum ea noluisset, illa uiro suo mentita est se ab eo compellatam. at Proetus re audita conscripsit tabellas de ea re et mittit eum ad <I>obata<m> regem, patrem Stheneboeae. Quibus lectis talem uirum interficere noluit, sed ad Chim<ae>ram eum interficiendum misit, quae tripartito <corp>ore flammam spirare dicebatur. … prima leo, postrema draco, media ipsa chim<ae>ra]. Hanc super Pegasum sedens interfecit, et decidisse dicitur in campos Al<ei>os, unde etiam coxas eiecisse dicitur. At rex uirtutes eius laudans alteram filiam dedit ei in matrimonium. Stheneboea re audita ipsa se interfecit.

 

Belerofonte al llegar, en calidad de exiliado, como huésped ante el rey Preto, fue amado por la esposa de aquél, Estenebea. Y como él no quisiera yacer con ella, ésta lo acusó falsamente ante su marido de haber sido forzada por él. Pero Preto, tras oír los hechos, escribió una carta sobre este asunto y lo envió al rey Yóbates, padre de Estenebea. Leída la carta, no quiso matar a tal hombre, sino que lo envió a matar a la Quimera, que, dotada de un cuerpo tripartito, se decía que soplaba fuego;… la primera león, la última dragón, la media propiamente una cabra. A ésta la mató sentado sobre Pegaso, y se dice que había caído en los campos Aleios, por lo que se dice que también se había dislocado las caderas. Pero el rey, alabando sus virtudes, le dio en matrimonio a su otra hija. Estenebea al oír lo ocurrido se suicidó.

 

 

belerofonteyquimera

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saulomurillo

 

Seguimos con nuestro repaso a la narración de la Conversión de San Pablo en Hechos de los Apóstoles.

 

En Hechos 26, 12-18, Pablo habla en primera persona ante Agripa. Por eso usa la expresión “rey”, que se refiere a Agripa, ante quien Pablo está hablando en Cesarea, tras haber apelado al César en las famosas palabras:

 

Καίσαρα πικαλομαι. τότε Φστος συλλαλήσας μετ το συμβουλίου πεκρίθη, Καίσαρα πικέκλησαι, π καίσαρα πορεύσ.

Cæsarem appello. Τunc Festus cum concilio locutus, respondit: Cæsarem appellasti? ad Cæsarem ibis.

«Apelo al Emperador». Festo, después de haber consultado con su Consejo, respondió: «Al emperador apelaste, ante el emperador comparecerás».

 

El texto es éste:

 

ν ος πορευόμενος ες τν Δαμασκν μετ ξουσίας κα πιτροπς τς τν ρχιερέων μέρας μέσης κατ τν δν εδον, βασιλε, ορανόθεν πρ τν λαμπρότητα το λίου περιλάμψαν με φς κα τος σν μο πορευομένους· πάντων τε καταπεσόντων μν ες τν γν κουσα φωνν λέγουσαν πρός με τ βραδι διαλέκτ, Σαολ Σαούλ, τί με διώκεις; σκληρόν σοι πρς κέντρα λακτίζειν. γ δ επα, τίς ε, Κύριε; δ Κύριος επεν, γώ εμι ᾿Ιησος ν σ διώκεις. λλ νάστηθι κα στθι π τος πόδας σου· ες τοτο γρ φθην σοι, προχειρίσασθαί σε πηρέτην κα μάρτυρα ν τε εδές [με] ν τε φθήσομαί σοι, ξαιρούμενός σε κ το λαο κα κ τν θνν, ες ος γ ποστέλλω σε νοξαι φθαλμος ατν, το πιστρέψαι π σκότους ες φς κα τς ξουσίας το Σαταν π τν Θεόν, το λαβεν ατος φεσιν μαρτιν κα κλρον ν τος γιασμένοις πίστει τ ες μέ.

 

In quibus dum irem Damascum cum potestate et permissu principum sacerdotum, die media in via vidi, rex, de cælo supra splendorem solis circumfulsisse me lumen, et eos qui mecum simul erant. Omnesque nos cum decidissemus in terram, audivi vocem loquentem mihi hebraica lingua: Saule, Saule, quid me persequeris? durum est tibi contra stimulum calcitrare. Ego autem dixi: Quis es, domine? Dominus autem dixit: Ego sum Jesus, quem tu persequeris. Sed exsurge, et sta super pedes tuos: ad hoc enim apparui tibi, ut constituam te ministrum, et testem eorum quæ vidisti, et eorum quibus apparebo tibi, eripiens te de populo et gentibus, in quas nunc ego mitto te, aperire oculos eorum, ut convertantur a tenebris ad lucem, et de potestate Satanæ ad Deum, ut accipiant remissionem peccatorum, et sortem inter sanctos, per fidem quæ est in me.

 

Una vez, cuando me dirigía a Damasco con plenos poderes y con la orden de los sumos sacerdotes, en el camino, hacia el mediodía, vi una luz más brillante que el sol, que venía del cielo y me envolvía a mí y a los que me acompañaban. Todos caímos en tierra, y yo oí una voz que me decía en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te lastimas al dar coces contra el aguijón». Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?». Y me dijo: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y permanece de pie, porque me he aparecido a ti para hacerte ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que yo me manifestaré a ti. Te libraré de los judíos y de las naciones paganas. A ellas te envío  para que les abras los ojos, y se conviertan de las tinieblas a la luz y del imperio de Satanás al verdadero Dios, y por la fe en mí, obtengan el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los santos».

 

 

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Este tercer relato ofrece detalles más concretos de la conversión.

De entrada es interesante ver cómo se expresa la idea de viaje, de camino, en los tres textos:

1. ν δ τ πορεύεσθαι γένετο ατν γγίζειν τ Δαμασκ(Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco)

2. γένετο δέ μοι πορευομέν κα γγίζοντι τ Δαμασκ (En el camino y al acercarme a Damasco)

3. πορευόμενος ες τν Δαμασκν (Una vez, cuando me dirigía a Damasco)

Parece, en efecto, que el verbo griego πορεύομαι (marchar, ir, viajar) aquí se refiere al camino hecho a pie.

El tercer texto coincide con el segundo en la hora de los hechos περ μεσημβρίαν (hacia el mediodía) frente a μέρας μέσης (hacia el mediodía), expresado en el primero con una locución preposicional y en el segundo con un genitivo temporal.

El tercer relato añade la expresión κατ τν δν (en el camino).

Y se explaya en la descripción de la luz:

εδον, βασιλε, ορανόθεν πρ τν λαμπρότητα το λίου περιλάμψαν με φς κα τος σν μο πορευομένους (vi, rey, una luz más brillante que el sol, que venía del cielo y me envolvía a mí y a los que me acompañaban).

La luz ya no es sólo “intensa” (κανν), sino superior en brillantez al propio sol; además no sólo le envuelve a él (ατν περιήστραψεν φς / περιαστράψαι φς κανν περ μέ), sino a sus compañeros de camino (κα τος σν μο πορευομένους).

No sólo cae Saulo al suelo (κα πεσν π τν γν / πεσά τε ες τ δαφος), sino toda la comitiva (πάντων τε καταπεσόντων μν ες τν γν).

Pero la voz sólo la oye él (κουσα φωνν λέγουσαν πρός με), como en los otros textos (κουσεν φωνν λέγουσαν ατ / κα κουσα φωνς λεγούσης μοι), aunque en 9, 7 se ha especificado que sus acompañantes también oyeron la voz.

Sólo en este relato se afirma que Jesús habla en hebreo (τ βραδι διαλέκτ / hebraica lingua).

 

 

saulocomic

 

Mientras en los relatos anteriores, la voz sólo dice: Σαολ Σαούλ, τί με διώκεις aquí se añade una frase (σκληρόν σοι πρς κέντρα λακτίζειν) de la hallamos ecos en Eurípides, Bacantes, 793-4, en boca de Dioniso:

 

θύοιμ’ ν αὐτῷ μᾶλλον θυμούμενος

πρς κντρα λακτζοιμι θνητς ν θε.

Yo habría sacrificado ante él, en vez de cocear con furia

contra el aguijón, siendo un mortal contra un dios

 

Y en el Agamenón de Esquilo (1624):

 

πρς κντρα μ λκτιζε, μ πασας μογς.

 

No cocees el aguijón, no sea que lo alcances y te hieras.

En todo el Nuevo Testamento éste es el único lugar donde hallamos el verbo λακτίζειν (dar coces, cocear), muy presente en Juan Crisóstomo.

A continuación viene un pasaje que es novedad respecto a los otros dos relatos. La voz no sólo se limita a decir que Saulo debe ir a Damasco, donde se le dirá que debe hacer, sino que explica la razón de esta aparición (ες τοτο γρ φθην σοι / para eso me he mostrado a ti).

Del librito El impulso del Espíritu (Guía para una lectura comunitaria de los Hechos de los Apóstoles) de la Editorial Verbo Divino entresacamos este pasaje, en el que las palabras en griego son aportación nuestra:

 

En este tercer relato y, sobre todo en el segundo, que se halla inserto en el pasaje en el que, como ya hemos dicho, Pablo está a punto de ser linchado por la multitud de Jerusalén, son importantes y significativas las palabras relacionadas con la experiencia mística vivida por Pablo, en la que se condensa su cambio personal, su conversión. Estas palabras son ”caer” (πεσὼν /ἔπεσά / καταπεσόντων) y “levantarse” (ἀναστὰς / ἀνάστηθι / ἠγέρθη); “oír” (ἤκουσεν / ἤκουσα) y “ver” (ἐνέβλεπον / θεωροῦντες / εἶδές / ); “voz”  (φωνῆς) y “luz” (φῶς).

Notemos cómo estas palabras tienen en los relatos un alcance que va mucho más allá de lo que en sí significan. Todas las veces que aparecen “oír” y “ver”; “voz” y “luz” tienen un sentido alusivo a una realidad que supera el simple fenómeno físico, indicándonos que se trata de algo más que “ver” u “oír” con los sentidos corporales.

Se describe el proceso personal de Pablo como una desconcertante llamada (oír/voz), que se produce en medio de un resplandor que supera la luz natural del mediodía. Esa luz lo pone en situación de entender su “ceguera” espiritual (no ver), de la que debe salir dejándose ayudar.

El proceso, que consiste en pasar de la oscuridad a la luz, se refuerza con las palabras “caer” y “levantarse”, que expresan lo mismo, pero desde el movimiento: Pablo “cae” de su posición, de su error, para “levantarse” a una vida nueva.

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Respecto a la palabra “caída” es importante señalar cómo, muchas veces, desfiguramos lo que dice la Escritura, pues tradicionalmente se nombra este hecho de la vida de San Pablo como la “caída del caballo”, y así se ha representado habitualmente en el arte. Sin embargo, si leemos atentamente las tres veces que aparece este episodio en Hechos de los Apóstoles (en el capítulo 9; aquí (22) y en el 26), no encontraremos ni rastro del caballo. Es una suposición nuestra.

Pero caigamos de donde caigamos, lo único importante es “caernos” del error, de la soberbia, de los prejuicios, etc. Y “levantarnos” a una vida nueva, marcada por el seguimiento fiel a Jesús y a la Buena Noticia.

 

Esperamos que estos dos artículos que hemos dedicado a la Conversión de San Pablo, en pleno Año Paulino,  no sólo hayan explicado que, probablemente, no hubo en ella ningún caballo, sino que hayan servido para estudiar tres relatos distintos de un mismo hecho; relatos que dicen “más” de lo que expresan las palabras. De paso, hemos intentado ofrecer bellos ejemplos iconográficos del episodio.

 

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Mañana domingo, 25 de enero, se celebra la Fiesta de la Conversión de San Pablo. Aquí hay una muy buena información.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que, iconográficamente, este episodio siempre o casi siempre ha contado con la presencia de un caballo. Son muchos los ejemplos.

Caravaggio, en dos ocasiones, Murillo, Mazzola, Miguel Ángel, Berdusán en el retablo de San Pablo de la parroquia de San Jorge en Tudela, Brueghel, un video o un comic para un catecismo escolar nos presentan al caballo de marras.

Pero además la expresión “caerse del caballo como san Pablo” está presente en innúmeras páginas de Internet o se pronuncia como prototipo de una conversión, incluso de una rectificación.

Como ejemplo copiamos esta respuesta de un conocido foro (el de Answers de Yahoo, donde hay, por cierto, muchas “perlas”):

 

No hace mucho tiempo que trace un paralelo entre San Pablo y yo, y me di cuenta que de la misma forma en que Saulo (Pablo), cayó del caballo cuando perseguía a los cristianos, yo caí del caballo del ego. Dios me sumergió en lo mas profundo del abismo y pese a mis conocimientos teologales producto de mi ego, me costaba salir. La humillación dio paso a la humildad, ésta a la plenitud de la fe, de allí a la esperanza, para llegar a la purificación de mi caridad.

 

No entramos ahora en el contenido de esta sentida confesión, muy bellamente expresada, sino que resaltamos la referencia al caballo de Saulo.

 

Y sin embargo, en ningún momento en los textos bíblicos, es decir, en Hechos de los Apóstoles 9, 1-9, 22, 6-11 y 26, 12-18 se cita al caballo o aparece alguna expresión que nos pueda hacer pensar que Saulo iba a caballo; es más algunos detalles y la normal en aquella época nos inclinan a pensar que iba a pie.

Es un ejemplo de cómo una suposición o una mala interpretación de un texto, ayudada por una extensa y larga iconografía, ha llegado a imponerse.

Aquí tenemos Hechos 9, 1-9 en griego, latín y español. La narración está en tercera persona:

 

δ Σαλος, τι μπνέων πειλς κα φόνου ες τος μαθητς το κυρίου, προσελθν τ ρχιερεῖ ᾐτήσατο παρατο πιστολς ες Δαμασκν πρς τς συναγωγάς, πως άν τινας ερ τς δο ντας, νδρας τε κα γυνακας, δεδεμένους γάγ ες ερουσαλήμ. ν δ τ πορεύεσθαι γένετο ατν γγίζειν τ Δαμασκ, ξαίφνης τε ατν περιήστραψεν φς κ το ορανο, κα πεσν π τν γν κουσεν φωνν λέγουσαν ατ, Σαολ Σαούλ, τί με διώκεις; επεν δέ, τίς ε, Κύριε; δέ, γώ εμι ᾿Ιησος ν σ διώκεις· λλ νάστηθι κα εσελθε ες τν πόλιν, κα λαληθήσεταί σοι τί σε δε ποιεν. ο δ νδρες ο συνοδεύοντες ατ εστήκεισαν νεοί, κούοντες μν τς φωνς μηδένα δ θεωροντες. γέρθη δ Σαλος π τς γς, νεγμένων δ τν φθαλμν ατο οδν βλεπεν· χειραγωγοντες δ ατν εσήγαγον ες Δαμασκόν. κα ν μέρας τρες μ βλέπων, κα οκ φαγεν οδ πιεν.

 

Saulus autem adhuc spirans minarum et cædis in discipulos Domini, accessit ad principem sacerdotum, et petiit ab eo epistolas in Damascum ad synagogas: ut si quos invenisset hujus viæ viros ac mulieres, vinctos perduceret in Jerusalem. Et cum iter faceret, contigit ut appropinquaret Damasco: et subito circumfulsit eum lux de cælo. Et cadens in terram audivit vocem dicentem sibi: Saule, Saule, quid me persequeris? Qui dixit: Quis es, domine? Et ille: Ego sum Jesus, quem tu persequeris: durum est tibi contra stimulum calcitrare. Et tremens ac stupens dixit: Domine, quid me vis facere? Et Dominus ad eum: Surge, et ingredere civitatem, et ibi dicetur tibi quid te oporteat facere. Viri autem illi qui comitabantur cum eo, stabant stupefacti, audientes quidem vocem, neminem autem videntes. Surrexit autem Saulus de terra, apertisque oculis nihil videbat. Ad manus autem illum trahentes, introduxerunt Damascum. Et erat ibi tribus diebus non videns, et non manducavit, neque bibit.

 

Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». El preguntó: «¿Quién eres tú Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí se te dirá qué debes hacer». Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber.

 

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Hay, en efecto, expresiones en los textos que nos inducen a pensar que Saulo y sus compañeros iban a pie.

Es cierto que ya estaban cerca de Damasco, pero aún así las expresiones griega (χειραγωγοντες δ ατν εσήγαγον ες Δαμασκόν), latina (Ad manus autem illum trahentes, introduxerunt Damascum) y española (Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.) claramente demuestran que todos, Saulo y acompañantes, iban a pie (de Jerusalén a Damasco hay 190 km.), modo muy común de viajar en aquel tiempo, y no a lomo de caballo o de camello, como la imaginación lo ha pintado con tanta frecuencia.

 

En Hechos 22, 6-11. Aquí habla el propio Pablo en primera persona ante el pueblo de Jerusalén que ha intentado matarlo:

 

γένετο δέ μοι πορευομέν κα γγίζοντι τ Δαμασκ περ μεσημβρίαν ξαίφνης κ το ορανο περιαστράψαι φς κανν περ μέ, πεσά τε ες τ δαφος κα κουσα φωνς λεγούσης μοι, Σαολ Σαούλ, τί με διώκεις; γ δ πεκρίθην, τίς ε, Κύριε; επέν τε πρός με, γώ εμι Ἰησος Ναζωραος ν σ διώκεις. ο δ σν μο ντες τ μν φς θεάσαντο τν δ φωνν οκ κουσαν το λαλοντός μοι. επον δέ, τί ποιήσω, Κύριε; δ Κύριος επεν πρός με, ναστς πορεύου ες Δαμασκόν, κκε σοι λαληθήσεται περ πάντων ν τέτακταί σοι ποισαι. ς δ οκ νέβλεπον π τς δόξης το φωτς  νέβλεπον κείνου, χειραγωγούμενος π τν συνόντων μοι λθον ες Δαμασκόν.

 

Factum est autem, eunte me, et appropinquante Damasco media die, subito de cælo circumfulsit me lux copiosa: et decidens in terram, audivi vocem dicentem mihi: Saule, Saule, quid me persequeris? Ego autem respondi: Quis es, domine? Dixitque ad me: Ego sum Jesus Nazarenus, quem tu persequeris. Et qui mecum erant, lumen quidem viderunt, vocem autem non audierunt ejus qui loquebatur mecum. Et dixi: Quid faciam, domine? Dominus autem dixit ad me: Surgens vade Damascum: et ibi tibi dicetur de omnibus quæ te oporteat facere. Et cum non viderem præ claritate luminis illius, ad manum deductus a comitibus, veni Damascum.

 

En el camino y al acercarme a Damasco, hacia el mediodía, una intensa luz que venía del cielo brilló de pronto a mi alrededor. Caí en tierra y oí una voz que me decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Le respondí: «¿Quién eres, Señor?», y la voz me dijo: «Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues». Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo le pregunté: «¿Qué debo hacer, Señor?». El Señor me dijo: «Levántate y ve a Damasco donde se te dirá lo que debes hacer». Pero como yo no podía ver, a causa del resplandor de esa luz, los que acompañaban me llevaron de la mano hasta Damasco.

 

Este segundo relato nos da varios detalles interesantes que Lucas, en su breve narración (Capítulo 9:3-8), omite. Nos informa de la luz del cielo que resplandeció en rededor (ξαίφνης τε ατν περιήστραψεν φς κ το ορανοfrente a περ μεσημβρίαν ξαίφνης κ το ορανο περιαστράψαι φς κανν περ μέ); se añade “como a mediodía”  y el adjetivo κανν “intensa”.

Respecto al relato anterior hay menos información sobre la percepción que del hecho tuvieron sus acompañantes; en el primer relato oyeron la voz, pero no vieron nada; en el segundo, en cambio, ven la luz, pero no oyen nada: ο δ νδρες ο συνοδεύοντες ατ εστήκεισαν νεοί, κούοντες μν τς φωνς μηδένα δ θεωροντες. γέρθη δ Σαλος π τς γς, νεγμένων δ τν φθαλμν ατο οδν βλεπεν· χειραγωγοντες δ ατν εσήγαγον ες Δαμασκόν (Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.) frente a ο δ σν μο ντες τ μν φς θεάσαντο τν δ φωνν οκ κουσαν το λαλοντός μοι ς δ οκ νέβλεπον π τς δόξης το φωτς κείνου, χειραγωγούμενος π τν συνόντων μοι λθον ες Δαμασκόν  (Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba … Pero como yo no podía ver, a causa del resplandor de esa luz, los que acompañaban me llevaron de la mano hasta Damasco).

Este relato explica que la orden de entrar en Damasco, en donde se le diría qué hacer, fue en contestación a su pregunta, “¿Qué debo hacer, Señor?”

En efecto, frente a λλ νάστηθι κα εσελθε ες τν πόλιν, κα λαληθήσεταί σοι τί σε δε ποιεν (Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí se te dirá qué debes hacer) de 9, 6, tenemos επον δέ, τί ποιήσω, Κύριε; δ Κύριος επεν πρός με, ναστς πορεύου ες Δαμασκόν, κκε σοι λαληθήσεται περ πάντων ν τέτακταί σοι ποισαι (Yo le pregunté: «¿Qué debo hacer, Señor?». El Señor me dijo: «Levántate y ve a Damasco donde se te dirá lo que debes hacer») de 22, 10

Por otro lado, Pablo no dice lo que duró su ceguera; nada informa de su ayuno y oración. En 9, 9 se nos dice κα ν μέρας τρες μ βλέπων, κα οκ φαγεν οδ πιεν frente al silencio de 22, 11.

 

Hasta aquí este primer artículo dedicado a la Conversión de San Pablo.

 

saulofrancescomazzola

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rameau

Jean-Philippe Rameau es un compositor barroco francés, en cuyas óperas y cantatas destacan las referencias a la mitología clásica. Una simple enumeración de las mismas nos lo puede hacer ver:

Orphée, (cantata, ca 1721), Thétis (cantata, 1727), Hippolyte et Aricie (ópera, 1733-34), Castor et Pollux (ópera, 1737), Les fêtes d’Hébé (ópera-ballet, 1739), Dardanus (ópera, 1739), Pandore ou Prométhée (ópera, 1740, nunca representada), Platée ou Junon jalouse (ópera, 1745), Les fêtes de Polymnie (ballet, 1745), Pygmalion (acto de ballet, libreto de Ballot de Sauvot según un texto de Antoine Houdar de La Motte. Representado por primera vez en París el 27 de agosto de 1748), Io (ballet inacabado, sin fecha exacta).

También Anacreonte, poeta de la antigüedad griega que cantó al amor y a los placeres de la vida, da pie a Jean-Philippe Rameau para titular con su nombre a dos de sus comedia-ballet distintas. La primera data de 1754, construída sobre un texto de Louis de Cahusac, se sabe que fue bien recibida en la residencia real de Fontainebleau.

La segunda, el Anacréon de 1757, es un encargo del compositor al poeta Gentil-Bernard (Pierre-Joseph Bernard), autor del de Cástor y Pólux, y aprovechó parte de una obra suya de tres años antes y que apenas se había representado, Les Surprises de l’Amour, ballet en cuatro actos: I. L’Enlèvement d’Adonis. II. La Lyre enchantée, III. Anacréon. IV. Les Sibarites (libreto de Marmontel, acto de ballet estrenado en 1753 con el título Sibaris).

El Anacréon de 1757, pequeña ópera en un acto, es una pieza encantadora. Gentil-Bernard confeccionó su libreto sobre una especie de simetría. Al elogio conjunto del Amor y de Baco que celebra el poeta Anacreonte en el primer cuadro se contrapone otra alabanza de la misma naturaleza al final de la obra. Pero la primera escena se interrumpe por la brutalidad de las Ménades, sacerdotisas de Baco que no toleran tal armonía, mientras que la última será precedida por una declaración de principios del Amor, generoso en su victoria, autorizando a los humanos a ofrecer sacrificios a dos divinidades que tan sólo son rivales en apariencia. “El Amor nos permite beber, Baco no prohíbe que amemos”, esta es la moraleja, fácil y placentera, que podrá extraerse de la fábula. Sobre un ligero bastidor Rameau borda una música exquisita, en la que destaca la variedad del ritmo, con cambios continuos que ilustran el también variado contraste de cuadros de escena, y de la que nada desmerecen las danzas que ornan los interludios. (Información extraída del librito que acompaña el CD Ópera Barroca Francesa, de la colección Concierto Barroco de Ediciones del Prado.

Aquí dejamos la primera muestra de esta ópera de Rameau.

De Albin Lesky, en su Historia de la Literatura griega, hemos extraído la siguiente información sobre Anacreonte de Teos.

Más de medio siglo separa el apogeo de la lírica lesbia del de Anacreonte, el poeta jónico nacido en la isla de Teos y sucesor de los líricos de Lesbos, cantor del amor como ellos, pero en un mundo totalmente distinto al de aquellos, con una elegancia más cuidada en la que muchas veces el espíritu suple a la pasión.

Nacido hacia mitad del siglo VI, alcanzó su florecimiento por el 530 a. C. viviendo en las cortes de los tiranos de la época: Polícrates en la isla de Samos e Hiparco, el hijo de Pisístrato, en Atenas. Parece que murió viejo, puesto que en varios poemas nos habla de su vejez, y así lo ha pintado la tradición.

Es un poeta de corazón, un amigo del placer que ha pasado medio siglo coronándose de rosas, cantando el amor y el vino y habiendo guardado hasta el fin este humor por el que ha perdurado en la memoria de los hombres como el prototipo de la ligereza brillante y amable.

Tuvo muchos imitadores que copiaron su temática en las llamadas “anacreónticas“, pero estos secuaces convirtieron su gracia en simpleza y el placer entre dulce y doloroso de la vida, en una debilidad por el vino y el amor. Estos poemas anacreónticos quedan reducidos a un parloteo superficial lejos de la sinceridad de expresión, claridad y brillo de las imágenes del verdadero Anacreonte.

Transformó la monodia personal y espontánea de los poetas lesbios en una poesía de banquete cortesano, donde los temas del amor y del vino son cultivados como manifestaciones del buen vivir. Desea cantar en su obra los fulgurantes dones de Afrodita y los alegres placeres de la fiesta, placeres netamente eróticos, las dulzuras de la vida, con una curiosa conciliación de opuestos típica de un arte jónico maduro: amor y odio, delirio y sobriedad.

Canta el vino, la gastronomía, la música, el amor, como cosas buenas de la vida; es una poesía de relajación, más que la expresión de ideales políticos o morales. Incluso en la manifestación de los propios sentimientos, controla el fuego de la pasión política o amorosa de Alceo y Safo, subordinando el corazón a la cabeza, introduciendo en medio de los sentimientos líricos una sonrisa irónica.

Recuérdese que en su obra Alceo incitaba en el banquete a sus correligionarios a embriagarse totalmente por la noticia de la muerte del tirano Mirsilo, su enemigo político. Anacreonte, en cambio, bebe con mesura entre los tiranos bajo cuyo amparo y en cuya corte vive y declara que no quiere nada que tenga que ver con guerras o rencillas. Es por tanto falsa la idea que se generó en la posteridad de un Anacreonte borrachín, erotómano y desmedido amante de la orgía.

No debemos tomar demasiado en serio el erotismo de Anacreonte, aunque, por otra parte,, tampoco se trata de descartarlo con ironía. No son juegos y amoríos fáciles los que se expresan en estos versos; ellos reflejan la dulzura de la vida con tal intensidad, que en ocasiones llega a ser dolor.

En ocasiones, los abundantes epítetos son totalmente originales, como en el poema 2D (Anthologia Lyrica Graeca) que invoca a Dioniso, que anda por los montes en amores con el novillo Eros, las ninfas de ojos oscuros y Afrodita, vestida de púrpura. O cuando Eros, arrojando una mirada al mentón grisáceo del poeta, pasa al vuelo agitando sus doradas alas

Su poesía es, al contrario, delicada; manifiesta una gran sensibilidad para el colorido, para la utilización de imágenes originales y para lo delicado y frágil. Parece que sus obras formaban cinco libros en época alejandrina y en ellos, además de las canciones, había yambos, elegías y epigramas.

anacreon

Raffaele Cantarella en La Literatura Griega Clásica escribe:

Simplicidad de eterno joven ávido de goce y de belleza, y atemorizado ante la vejez y la muerte; gracia ligera y elegante que expresa plenamente la serenidad del alma; sonriente y fino escepticismo que modera todo sentimiento de violencia, y una perfecta medida artística conformada de íntimo equilibrio y juicio en una rara limpidez de expresión, son las características esenciales del alma y de la poesía de Anacreonte. No es responsable Anacreonte, como no lo es Petrarca del petrarquismo ni Tasso de la Arcadia, de la deformación más bien vulgar que hizo de él la leyenda, representándolo como un viejo erotómano y borrachín; o de las innumerables “anacreónticas” edulcoradas que desenfrenadamente invadieron no sólo la literatura griega y bizantina hasta el siglo XV, sino incluso durante todos los siglos XVII y XVIII europeos, hasta el joven Goethe.

guallirica

Finalmente, Carlos García Gual dice:

El vino y el amor, el amor fugaz y acaso ya imposible para el viejo poeta, son tópicos de la poesía de Anacreonte, poeta cortesano en Samos y en Atenas, gozador de lo que la vida amable pone al alcance. Más conocido por las obras de sus imitadores, por esas tardías “anacreónticas”, que por sus breves fragmentos auténticos, Anacreonte es muy superior a todos sus secuaces por la claridad de sus versos, por la sinceridad de sus expresiones y el brillo de sus imágenes, diluidas luego en tópicos un tanto amanerados y facilones.

Poemas:

(43 D)

ἄγε δὴ φέρ’ ἡμὶν ὦ παῖ

κελέβην, ὅκως ἄμυστιν

προπίω, τὰ μὲν δέκ’ ἐγχέας

ὕδατος, τὰ πέντε δ’ οἴνου

κυάθους ὡς ἀνυβριστῶς

ἀνὰ δηὖτε βασσαρήσω.

ἄγε δηὖτε μηκέτ’ οὕτω

πατάγωι τε κἀλαλητῶι

Σκυθικὴν πόσιν παρ’ οἴνωι

μελετῶμεν, ἀλλὰ καλοῖς

ὑποπίνοντες ἐν ὕμνοις.

Venga ya, tráenos, muchacho,

la copa, que de un trago

la apuro. Échale diez cazos

de agua, y cinco de vino,

para que sin excesos otra vez

celebre la fiesta de Baco.

Vamos, de nuevo, sin tanto

estrépito y griterío ahora

practiquemos el beber con vino,

no al modo escita, sino brindando

al compás de hermosos himnos.

(2 D)

ναξ, ι δαμλης Ερως

κα Νμφαι κυανπιδες

πορφυρ τ᾿ ᾿Αφροδτη

συμπαζουσιν, πιστρφεαι

δ’ ψηλς ρων κορυφς·

γουνομα σε, σ δ’ εμενς

λθ’ μν, κεχαρισμνης

δ’ εχωλς πακοειν·

Κλεοβολωι δ’ γαθς γνεο

σμβουλος, τν μν γ’ ρω-

τ’, Δενυσε, δχεσθαι.

Oh Soberano, compañero de juegos

de Eros seductor y de las Ninfas

de párpados azules y de la purpúrea

Afrodita, tú que recorres

las elevadas cumbres de los montes.

A ti te imploro, y tú benévolo

acúdenos a escuchar

nuestro ruego agraciado.

Se tú de Cleobulo un buen

consejero, y que acepte,

oh Dioniso, mi amor.

(5 D)

σφαρηι δητ με πορφυρι

βάλλων χρυσοκμης Ερως

ννι ποικιλοσαμβάλωι

συμπαζειν προκαλεται

δ’, στν γὰρ π᾿ εκττου

Λσβου, τν μν μν κμην,

λευκ γρ, καταμμφεται,

πρς δ’ λλην τιν χάσκει.

mirtoeros

Echándome de nuevo su pelota de púrpura

Eros de cabellera dorada

me invita a compartir el juego

con la muchacha de sandalias de colores.

Pero ella, que es de la bien trazada Lesbos,

mi cabellera, por ser blanca, desprecia,

y mira, embobada, hacia alguna otra.

(44 D)

πολιο μν μν δη

κρταφοι κάρη τε λευκν,

χαρεσσα δ’ οκτ’ βη

πρα, γηραλοι δ’ δντες,

γλυκερο δ’ οκτι πολλς

βιτου χρνος λλειπται·

διὰ τατ’ νασταλζω

θαμὰ Τάρταρον δεδοικς·

᾿Αδεω γάρ στι δεινς

μυχς, ργαλ δ’ ς ατν

κτοδος· κα γὰρ τομον

καταβντι μ ναβναι.

Canosas ya tengo las sienes

y blanquecina la cabeza,

pasó ya la juventud graciosa,

y tengo los dientes viejos;

del dulce vivir el tiempo

que me queda ya no es mucho.

Por eso sollozo a menudo,

estoy temeroso del Tártaro.

Pues es espantoso el abismo

del Hades, y amargo el camino

de bajada… Seguro además

que el que ha descendido no vuelve.

(88 D)

πλε Θρηικη, τ δ με

λοξν μμασι βλπουσα

νηλως φεγεις, δοκες δ

μ’ οδν εδναι σοφν;

ἴσθι τοι, καλς μν ν τοι

τν χαλινν μβλοιμι,

νας δ’ χων στρφοιμ

σ’ μφ τρματα δρμου·

νν δ λειμνς τε βσκεαι

κοφ τε σκιρτσα παζεις,

δεξιν γρ πποπερην

οκ χεις πεμβτην.

Potrilla tracia, ¿Por qué me miras

de reojo, y sin piedad me huyes,

y piensas que no sé nada sabio?

Ten por seguro que a ti muy bien

yo podría echarte el freno,

y con las riendas en la mano

dar vuelta a las lindes del estadio.

Pero ahora paces en los prados

y juegas con ágiles cabriolas,

porque no tienes un jinete

experto en la doma de yeguas.

La traducción es de Carlos García Gual en Antología de la poesía lírica griega, en Alianza Editorial (782).

Y el segundo ejemplo de Rameau.

Un comentario de Pedro, realizado el 3 de febrero de 2010, me ha permitido revisar este artículo.

Añado este enlace del programa de radio Clásica Acompasa2 en el que se habla de la ópera de Rameau ofrezco y este documento (Anacreonte de Cherubini) sobre el Anacreonte de Cherubini (aviso: cuesta mucho de cargar), en el que, además del libreto y la sinopsis de la obra del italiano, hay artículos sobre sus óperas y sobre los precedentes literarios y teatrales del Anacreonte.

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Obama y Arístides

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Seguramente a muchos les parezca desacertada y descabellada. No lo niego, pero la omnipresente figura de Barack Obama y los innumerables elogios y efusivas adhesiones, amén de las exigencias, peticiones, sugerencias, consejos, indicaciones, etc. que ha recibido el nuevo presidente de los Estados Unidos de América, me han traído a la memoria la anécdota de Arístides.

Tenemos a Obama hasta en la sopa. Ha recibido elogios sin haber desarrollado todavía su mandato. Todo el mundo lo alaba. Todo el mundo le exige que haga tal o cual política. Quienes hace dos días eran acérrimos enemigos de los EUA, se han convertido hoy en exégetas de la quintaesencia de la democracia estadounidense.

Tengo por costumbre no juzgar, ni mucho menos prejuzgar. Así que mi valoración de su política y su gestión me la reservo para dentro de un año. Los ciudadanos estadounidenses le han elegido de forma democrática. Una gran democracia como la estadounidense, denostada aquí, creo que por la ignorancia, ha decidido que un hawaiano, de padre keniano, que estudió en Indonesia, de raza negra,  cristiano protestante, durante un tiempo de la Trinity United Church of Christ en Chicago, sea el 44º presidente de los Estados Unidos, que ha jurado sobre la Biblia de Abraham Lincoln, que era republicano, ante la inusitada expectación de una multitud de esperanzadas personas.

 

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En su discurso ha habido referencias bíblicas:

Seguimos siendo una nación joven, pero, según las palabras de las Escrituras, ha llegado el momento de dejar de lado los infantilismos. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu de firmeza: de elegir nuestra mejor historia; de llevar hacia adelante ese valioso don, esa noble idea que ha pasado de generación en generación: la promesa divina de que todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.

Ha tenido claro que hay trabajo por hacer, ha destacado la importancia de la tecnología y ha manifestado su simpatía por las energías renovables:

Porque allí donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no sólo para crear nuevos empleos sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos. Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.

Ha hecho una seria advertencia a los terroristas:

Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y para aquellos que pretenden lograr su fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se lo puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos.

Se ha comprometido en la cooperación para el desarrollo y en la ayuda a los países empobrecidos:

A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.

Ha hecho referencia a la segregación y discriminación racial:

Esta es la fuente de nuestra confianza – el saber que Dios nos llama a dar forma a un destino incierto.

Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo – por lo que hombres y mujeres y niños de todas las razas y de todas las fes pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada, por lo que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no habría sido servido en un restaurante ahora está ante vosotros para prestar el juramento más sagrado.

Al final, nuevas referencias a Dios y una apelación al esfuerzo común.

América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas. Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas, y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba nos negamos que permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder, y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.

Como decía, todo este fenómeno Obama, sobre todo por lo que hace referencia a los elogios a su persona y a los “amigos” y “fans” que ha hecho en unos meses, me han recordado la anécdota del ostracismo de Arístides, que narra Plutarco en Arístides, VII y que, a continuación ofrezco, en su contexto. En él se explica qué era el ostracismo y cómo se realizaba esa figura:

Τῷ δ’ οὖν ᾿Αριστείδῃ συνέβη τὸ πρῶτον ἀγαπωμένῳ διὰ τὴν ἐπωνυμίαν ὕστερον φθονεῖσθαι, μάλιστα μὲν τοῦ Θεμιστοκλέους λόγον εἰς τοὺς πολλοὺς διαδιδόντος, ὡς ᾿Αριστείδης, ἀνῃρηκὼς τὰ δικαστήρια τῷ κρίνειν ἅπαντα καὶ δικάζειν, λέληθε μοναρχίαν ἀδορυφόρητον αὑτῷ κατεσκευασμένος· ἤδη δέ που καὶ ὁ δῆμος,  ἐπὶ τῇ νίκῃ μέγα φρονῶν καὶ τῶν μεγίστων ἀξιῶν ἑαυτόν, ἤχθετο τῇ ὀνομασίᾳ δόξαν ὑπὲρ τοὺς πολλοὺς ἐχούσῃ, καὶ συνελθόντες εἰς ἄστυ πανταχόθεν, ἐξοστρακίζουσι τὸν ᾿Αριστείδην, ὄνομα τῷ φθόνῳ τῆς δόξης φόβον τυραννίδος θέμενοι. μοχθηρίας γὰρ οὐκ ἦν κόλασις ὁ ἐξοστρακισμός, ἀλλ’ ἐκαλεῖτο μὲν δι’ εὐπρέπειαν ὄγκου καὶ δυνάμεως βαρυτέρας ταπείνωσις καὶ κόλουσις, ἦν δὲ φθόνου παραμυθία φιλάνθρωπος, εἰς ἀνήκεστον οὐδέν, ἀλλ’ εἰς μετάστασιν ἐτῶν δέκα τὴν πρὸς τὸ λυποῦν ἀπερειδομένου δυσμένειαν. ὅτε δ’ ἤρξαντό τινες ἀνθρώπους ἀγεννεῖς καὶ πονηροὺς ὑποβάλλειν τῷ πράγματι, τελευταῖον ἁπάντων ῾Υπέρβολον ἐξοστρακίσαντες ἐπαύσαντο. λέγεται δὲ τὸν ῾Υπέρβολον ἐξοστρακισθῆναι διὰ τοιαύτην αἰτίαν.

᾿Αλκιβιἀδης καὶ Νικίας μέγιστον ἐν τῇ πόλει δυνάμενοι διεστασίαζον. ὡς οὖν ὁ δῆμος ἔμελλε φέρειν τὸ ὄστρακον καὶ δῆλος ἦν τὸν ἕτερον γράψων, διαλεχθέντες ἀλλήλοις καὶ τὰς στάσεις ἑκατέρας εἰς ταὐτὸ συναγαγόντες, τὸν ῾Υπέρβολον ἐξοστρακισθῆναι παρεσκεύασαν. ἐκ δὲ τούτου δυσχεράνας ὁ δῆμος ὡς καθυβρισμένον τὸ πρᾶγμα καὶ προπεπηλακισμένον ἀφῆκε παντελῶς καὶ κατέλυσεν.

῏Ην δὲ τοιοῦτον ὡς τύπῳ φράσαι τὸ γινόμενον. ὄστρακον ἕκαστος λαβὼν καὶ γράψας ὃν ἐβούλετο μεταστῆσαι τῶν πολιτῶν, ἔφερεν εἰς ἕνα τόπον τῆς ἀγορᾶς περιπεφραγμένον ἐν κύκλῳ δρυφάκτοις. οἱ δ’ ἄρχοντες πρῶτον μὲν διηρίθμουν τὸ σύμπαν ἐν ταὐτῷ τῶν ὀστρἀκων πλῆθος· εἰ γὰρ ἑξακισχιλίων ἐλάττονες οἱ φέροντες εἶεν, ἀτελὴς ἦν ὁ ἐξοστρακισμός· ἔπειτα τῶν ὀνομἀτων ἕκαστον ἰδίᾳ τιθέντες, τὸν ὑπὸ τῶν πλείστων γεγραμμένον ἐξεκήρυττον εἰς ἔτη δέκα, καρπούμενον τἀ αὑτοῦ.

Γραφομένων οὖν τότε τῶν ὀστρἀκων, λέγεταί τινα τῶν ἀγραμμάτων καὶ παντελῶς ἀγροίκων ἀναδόντα τῷ ᾿Αριστείδῃ τὸ ὄστρακον ὡς ἑνὶ τῶν τυχόντων παρακαλεῖν, ὅπως ᾿Αριστείδην ἐγγράψειε. τοῦ δὲ θαυμάσαντος καὶ πυθομένου μή τι κακὸν αὐτὸν ᾿Αριστείδης πεποίηκεν, ‘οὐδέν’ εἰπεῖν, ‘οὐδὲ γινώσκω τὸν ἄνθρωπον, ἀλλ’ ἐνοχλοῦμαι πανταχοῦ τὸν Δίκαιον ἀκούων’. ταῦτ’ ἀκούσαντα τὸν ᾿Αριστείδην ἀποκρίνασθαι μὲν οὐδέν, ἐγγράψαι δὲ τοὔνομα τῷ ὀστρἀκῳ καὶ ἀποδοῦναι. τῆς δὲ πόλεως ἀπαλλαττόμενος ἤδη, τὰς χεῖρας ἀνατείνας πρὸς τὸν οὐρανὸν ηὔξατο τὴν ἐναντίαν ὡς ἔοικεν εὐχὴν τῷ ᾿Αχιλλεῖ, μηδένα καιρὸν ᾿Αθηναίους καταλαβεῖν ὃς ἀναγκάσει τὸν δῆμον ᾿Αριστείδου μνησθῆναι.

 

 

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Aunque a Arístides al principio le fue muy lisonjero (el de “el justo”) aquel sobrenombre, últimamente vino a conciliarle envidia, principalmente por el cuidado que puso Temístocles en sembrar el rumor entre la muchedumbre de que Arístides, haciendo inútiles los tribunales con meterse a juzgarlo y decidirlo todo, aspiraba sordamente a prepararse sin armas una monarquía. Además de esto, engreído el pueblo con la victoria, y creído de que de todo era por sí capaz, no podía aguantar a los que tenían un nombre y una fama que oscurecían a los demás. Concurriendo, pues, a la ciudad de todas partes, destierran a Arístides por medio del ostracismo, apellidando miedo de la tiranía lo que era envidia de su gloria. Porque el ostracismo no era pena de alguna mala acción, sino que por cierta delicadeza se le llamaba humillación y castigo del orgullo, y de un poder inaguantable, cuando en realidad no era más que un suave consuelo de la envidia, que no usaba medios insufribles, sino que se libraba, con una mudanza de país por diez años, de una incómoda molestia; cuando más tarde algunos empezaron a sujetar a esta especie de destierro a hombres bajos y conocidamente malos, de los cuales el último fue Hipérbolo, hubieron de abandonarla. Dícese que para sujetar a Hipérbolo al ostracismo sucedió lo siguiente.

Desacordaban entre si Alcibíades y Nicias, que eran los de mayor influjo en la ciudad, y cuando el pueblo iba a echar la concha, sabiendo los unos de los otros a quién iban a escribir en ella, se confabularon por fin ambos partidos, y, de común convenio, trataron de desterrar a Hipérbolo. Reflexionó luego el pueblo, y creyendo desacreditado y afrentado aquel medio político, lo dejó y abolió para siempre.

Explicaremos en pocas palabras lo que era aquel medio: tomaba cada uno de los ciudadanos una concha, y escribiendo en ella el nombre del que quería saliese desterrado, la llevaba a cierto lugar de la plaza cerrado con verjas. Contaban luego los Arcontes primero el número de todas las conchas que allí había, porque si no llegaban a seis mil los votantes, no había ostracismo. Después iban separando los nombres, y aquel cuyo nombre había sido escrito en más conchas era publicado como desterrado por diez años, dejándosele disponer de sus cosas.

Estaban en esta operación de escribir las conchas, cuando se dice que un hombre del campo, que no sabía escribir, dio la concha a Arístides, a quien casualmente tenía a mano, y le encargó que escribiese Arístides; y como éste se sorprendiese y le preguntase si le había hecho algún agravio: “Ninguno- respondió-, ni siquiera lo conozco, sino que ya estoy fastidiado de oír continuamente que le llaman el justo”; y que Arístides, oído esto, nada le contestó, y escribiendo su nombre en la concha, se la volvió. Desterrado de la ciudad, levantando las manos al cielo, hizo una plegaria enteramente contraria a la de Aquiles, pidiendo a los dioses que no llegara tiempo en que los Atenienses tuvieran que acordarse de Arístides.

Lo que, en concreto, me ha hecho pensar en la anécdota ha sido la frase del campesino iletrado ateniense: “estoy fastidiado de oír continuamente que le llaman el justo”.

Confiemos en que, realmente, Barack Obama sea una persona justa. Eso se notará en su política, y redundará en beneficio de su país y del mundo.

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