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Archive for 31 diciembre 2009

Fugaces labuntur anni

Termina el 2009 y mañana será 2010 ¡ya!

Diez años ¿o nueve? del siglo XXI. Parece que fue ayer cuando se discutía si el siglo XXI se iniciaba en el 2000 o en el 2001.

A mi mente acuden textos clásicos sobre el tiempo y su fugacidad.

Virgilio en Geórgicas III, 284 escribió:

Sed fugit interea, fugit inreparabile tempus,

Pero huye entretanto, huye el tiempo irrecuperable

Otro lugar relacionado con la fugacidad del tiempo en la literatura latina es Horacio (Carmina, II, XIV):

Eheu fugaces, Postume, Postume,

labuntur anni nec pietas moram

rugis et instanti senectae

adferet indomitaeque morti,

non si trecenis quotquot eunt dies,

amice, places inlacrimabilem

Plutona tauris, qui ter amplum

Geryonen Tityonque tristi

conpescit unda, scilicet omnibus,

quicumque terrae munere vescimur,

enaviganda, sive reges

sive inopes erimus coloni.

Frustra cruento Marte carebimus

fractisque rauci fluctibus Hadriae,

frustra per autumnos nocentem

corporibus metuemus Austrum:

visendus ater flumine languido

Cocytos errans et Danai genus

infame damnatusque longi

Sisyphus Aeolides laboris,

linquenda tellus et domus et placens

uxor, neque harum quas colis arborum

te praeter invisas cupressos

ulla brevem dominum sequetur.

absumet heres Caecuba dignior

servata centum clavibus et mero

tinguet pavimentum superbo,

pontificum potiore cenis.

Ay! Póstumo, Póstumo, fugaces

los años se van en un suspiro y la piedad

no hará que se retrasen las arrugas

ni la inminente vejez ni la indomable muerte.

No, amigo, por más que cada día

intentes aplacar con trescientos toros

al inexorable Plutón, que por tres veces

abarca a Gerión y a Tición

con sus funestas aguas, que sin duda todos

cuantos vivimos de los dones de la tierra

habremos de surcar, ya seamos reyes,

ya colonos sin recursos.

En vano escaparemos al sangriento Marte

y a las olas del Hadria que al romper rugen,

en vano sustraeremos nuestro cuerpo

en el otoño al dañino Austro;

forzoso es visitar al negro Cocito, que discurre

con lánguida corriente, y al infame linaje

de Dánao y a Sísifo el Eólida

condenado a interminable esfuerzo;

forzoso es abandonar la tierra y la casa

y la placentera esposa, y ninguno de estos

árboles que cuidas, sino el odioso ciprés,

seguirá al que fue su señor tan poco tiempo.

Heredero más digno apurará el Cécubo

guardado con cien llaves y teñirá

el pavimento con ese magnífico vino,

mejor que el de las cenas de los pontífices.

Traducción: Manuel de Paz Sánchez

Sí, se va el 2009 y somos un año más viejos, lo que preocupaba mucho a Mimnermo:

μες δ᾿ , ο τε φλλα φει πολυνθεμος ρη

αρος, τ᾿ αψ᾿ αγις αξεται ελου,

τος ἴκελοι πχυιον π χρνον νθεσιν βης

τερπμεθα, πρς θεν εδτες οτε κακν

οτ᾿ γαθν Κρες δ παρεστκασι μλαιναι,

μν χουσα τλος γραος ργαλου,

δ᾿ τρη θανάτοιο· μνυνθα δ γνεται βης

καρπς, σον τ᾿ π γν κδναται ἠέλιος.

Nosotros, cual las hojas que cría la estación florida

De primavera, apenas se difunde a los rayos del sol,

Semejantes a ellas, por breve tiempo gozamos de flores

De juventud, sin conocer por los dioses ni el mal

Ni el bien. Pero al lado se presentan las Keres oscuras,

La una con el embozo de la funesta vejez,

La otra con el de la muerte. Un instante dura el fruto

De la juventud, mientras se esparce sobre la tierra el sol.

La traducción es de Carlos García Gual.

Los versos siguientes son en exceso pesimistas y no casan con nuestro artículo que quiere sólo glosar la velocidad del tiempo.

Mimnermo recogía las palabras de Homero (Ilíada, VI, 145-149):

οη περ φλλων γενε τοη δ κα νδρν.

φλλα τὰ μν τ᾿ νεμος χαμάδις χει,

λλα δ θ᾿ λη τηλεθωσα φει, αρος δ᾿ πιγγνεται ρη

ς νδρν γενε ἣ μν φει ἣ δ᾿ πολγει.


Cual la generación de las hojas, así la de los hombres.

Esparce el viento las hojas por el suelo

y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera:

de igual suerte, una generación humana nace y otra perece.

La traducción es de Luis Segalà.

Acude también a nuestra mente la reflexión de Séneca (Epístolas Morales a Lucilio I, XII, 6):

Unus autem dies gradus vitae est. Tota aetas partibus constat et orbes habet circumductos maiores minoribus: est aliquis qui omnis conplectatur et cingat hic pertinet a natali ad diem extremum; est alter qui annos adulescentiae excludit; est qui totam pueritiam ambitu suo adstringit; est deinde per se annus in se omnia continens tempora, quorum multiplicatione vita componitur; mensis artiore praecingitur circulo; angustissimum habet dies gyrum, sed et hic ab initio ad exitum venit, ab ortu ad occasum.

Ideo Heraclitus, cui cognomen fecit orationis obscuritas, ‘unus’ inquit ‘dies par omni est’. Hoc alius aliter excepit. Dixit enim parem esse horis, nec mentitur; nam si dies est tempus viginti et quattuor horarum, necesse est omnes inter se dies pares esse, quia nox habet quod dies perdidit. Alius ait parem esse unum diem omnibus similitudine; nihil enim habet longissimi temporis spatium quod non et in uno die invenias, lucem et noctem, et in alternas mundi vices plura facit ista, non <alia> alias contractior, alias productior.

Itaque sic ordinandus est dies omnis tamquam cogat agmen et consummet atque expleat vitam.

Pacuvius, qui Syriam usu suam fecit, cum vino et illis funebribus epulis sibi parentaverat, sic in cubiculum ferebatur a cena ut inter plausus exoletorum hoc ad symphoniam caneretur: βεβίωται, βεβίωται.

Nullo non se die extulit. Hoc quod ille ex mala conscientia faciebat nos ex bona faciamus, et in somnum ituri laeti hilaresque dicamus, vixi et quem dederat cursum fortuna peregi.

Crastinum si adiecerit deus, laeti recipiamus. Ille beatissimus est et securus sui possessor qui crastinum sine sollicitudine expectat; quisquis dixit ‘vixi’ cotidie ad lucrum surgit.

Ismael Roca traduce:

Ahora bien, un día es un peldaño en la vida. Toda la existencia consta de partes y presenta círculos mayores descritos alrededor de otros más pequeños. Hay uno que rodea y los envuelve a todos; éste comprende desde el nacimiento hasta el último día; hay otro que delimita los años de la adolescencia, otro que encierra en su ámbito toda la niñez. Luego, como unidad aparte, está el año que incluye en sí todas las estaciones de cuya multiplicación se compone la vida; al mes lo rodea un círculo más estrecho; la órbita más corta la describe el día; también ésta se extiende desde el principio al fin, desde el orto hasta el ocaso.

Por ello Heráclito, que se ganó el sobrenombre de “oscuro” por la “obscuridad” de su exposición, dijo: “Un día es igual a otro cualquiera”, sentencia que cada cual interpretó de modo distinto. Así hubo uno que dijo era igual en cuanto a las horas y no se equivocó; porque si el día es el espacio de veinticuatro horas, es preciso que todos los días sean iguales entre sí, toda vez que la noche gana lo que el día perdió. Otro interpretó que un día era igual a todos por razón de semejanza, ya que el espacio de tiempo más prolongado nada contiene que no se halle en un solo día: claridad y noche; y en los cambios sucesivos de estación la noche unas veces más corta, otras más larga, mantiene iguales los días.

Así, pues, hay que organizar cada jornada como si cerrara la marcha y terminara y completara la vida.

Pacuvio (nota al pie: se trata con toda verosimilitud del legado que, en la época de Tiberio, sustituyó a Elio Lamia en el gobierno de Siria, al ser éste retenido en Roma por el emperador. Fue así como Pacuvio, por derecho de usucapción, es decir, por el ejercicio del poder durante largo tiempo, hizo suya la provincia), que se hizo dueño de Siria por derecho de uso, después de haber celebrado exequias en su honor con libaciones y banquetes fúnebres muy sonados, se hacía conducir de la cena a su aposento mientras en medio de los aplausos de sus favoritos se cantaba con acompañamiento de música: “la vida ha terminado, la vida ha terminado”. (nota al pie: costumbre extraña, pero frecuente en la época imperial entre gente refinada: la de simular, después de una opípara cena, el propio funeral. El verbo parentare, “celebrar un sacrificio fúnebre”, alude a las parentalia, fiestas anuales que se celebraban del 13 al 21 de febrero en honor de los difuntos de la familia, y que terminaban con un banquete). Ningún día dejó de celebrar su propio entierro.

Esto mismo que él realizaba con mala conciencia, practiquémoslo nosotros con noble intención y en el momento de entregarnos al sueño digamos alegres y contentos:

He vivido, he consumado la carrera que me había asignado la fortuna (nota al pie: Virgilio, Eneida, IV, 653: frase de Dido a punto de suicidarse).

Si Dios nos otorga además un mañana, recibámoslo con júbilo. Es muy feliz y dueño seguro de sí aquel que espera el mañana sin inquietud. Todo el que dice. “he vivido”, al levantarse recibe cada día una ganancia.

Acaba, en fin, un año más de vida, de experiencias, de aprendizajes.

Hemos caminado en invierno:

Hemos visto demonios de cerca:

Nos hemos vestido de romano:

Hemos vuelto a caminar en primavera:

Volvimos a Tarraco:

Hemos conocido un poco mejor la provincia.

Y estuvimos en la “caput” mundi.

Se va el 2009 y mañana saludaremos al 2010. ¡Que sea… como deba ser!

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Casualmente, y buscando cierta información sobre monedas, he entrado en Yahoo Answers donde se preguntaba por la costumbre de poner a los muertos monedas ¿en los ojos?

Las variopintas, por decir algo, respuestas las podéis leer aquí.

Tampoco tiene desperdicio lo del talón de Aquiles. Por cierto, la película Troya da mucho de sí para los contestadores de Yahoo.

Y es que se pregunta mucho por asuntos mitológicos. También sobre Anfitrión.

Hay quien pide mucho. Y que gente que no sabe qué es un cancerbero. Y es que a la gente, como dice aragorn7 en la mejor respuesta a la pregunta sobre cancerbero, le gusta usar palabras sofisticadas.

Y también hay palabras raras, alguna en latín.

Hay respuestas muy completas; me gusta mucho la definición de hidra de Lerna que se da aquí: la Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático ctónico con forma de serpiente policéfala.

Muchas de las respuestas son copia y pega de la Wikipedia; y me pregunto ¿porqué los que usan Yahoo Answers no se van a la Wikipedia donde está casi todo? Al final, las mejores respuestas son las sacadas de este lugar.

Pero a la gente le gusta la mitología y quiere comprar libros sobre ella. Hay hasta encuestas sobre personajes mitológicos. Por cierto, ¿cuál es el vuestro? ¿Héctor o Aquiles?

Si queréis, podéis ayudar a este chico qi¡ue quiere saber cuántas palabras tiene la Ilíada. ¿Lo sabe alguien?

¡Hay gente que pregunta cada cosa!

¿Los troyanos?, ya se sabe, eran unos escépticos. Y la Eneida es

Podemos encontrar el poema de una novia de Safo y Anacreonte.

A lo mejor Hades y Ares son el mismo, pero…

Hay dudas mitológicas bien fundadas.

¡Y es que, repito, la gente pregunta cada cosa!

Bueno y ya me están dando ganas de irme a los brazos de Morfeo.

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Pero es el Himno Homérico a Afrodita el que nos cuenta con más detalle el encuentro entre Anquises y Afrodita, que se hace pasar, como leíamos en el anterior capítulo, por la hija del rey de Frigia, Otreo. El fragmento es extenso (versos 45 a 199 del citado Himno a Afrodita), pero no nos resistimos a ofrecerlo, en griego y castellano:

Τ δ κα ατ Ζες γλυκν μερον μβαλε θυμ

νδρ καταθνητ μιχθμεναι, φρα τχιστα

μηδ᾿ ατ βροτης ενς ποεργμνη εη

κα ποτ᾿ πευξαμνη εἴπ μετὰ πσι θεοσιν

δ γελοισασα φιλομμειδς ᾿Αφροδτη

ς α θεος συνμιξε καταθνητσι γυναιξ

κα τε καταθνητος υες τκον θανάτοισιν,

ς τε θες νμιξε καταθνητος νθρποις.

᾿Αγχσεω δ᾿ ρα ο γλυκν μερον μβαλε θυμ,

ς ττ᾿ ν κροπλοις ρεσιν πολυπιδκου ᾿Ιδης

βουκολεσκεν βος δμας θαντοισιν οικς.

τν δ πειτα δοσα φιλομμειδς ᾿Αφροδτη

ρσατ᾿, κπάγλως δ κατὰ φρνας μερος ελεν.

ς Κπρον δ᾿ λθοσα θυδεα νην δυνεν

ς Πφον· νθα δ ο τμενος βωμς τε θυδης

νθ γ᾿ εσελθοσα θρας πθηκε φαεινς.

νθα δ μιν Xάριτες λοσαν κα χρσαν λαίῳ

μβρτ, οα θεος πεννοθεν αἰὲν ἐόντας,

μβροσίῳ δαν, τ ῥά ο τεθυωμνον εν.

σσαμνη δ᾿ ε πντα περ χροΐ εματα καλὰ

χρυσ κοσμηθεσα φιλομμειδς ᾿Αφροδτη

σεατ᾿ π Τροης προλιποσ᾿ εὐώδεα Κπρον

ψι μετὰ νφεσιν ῥίμφα πρσσουσα κλευθον.

῎Ιδην δ᾿ κανεν πολυπδακα, μητρα θηρν,

β δ᾿ θς σταθμοο δι᾿ ορεος· ο δ μετατν

σανοντες πολιο τε λκοι χαροπο τε λοντες

ρκτοι παρδάλις τε θοα προκάδων κρητοι

óσαν· δ᾿ ρωσα μετὰ φρεσ τρπετο θυμν

κα τος ν στθεσσι βλ᾿ μερον, ο δ’ ἅμα πάντες

σνδυο κοιμσαντο κατὰ σκιεντας ναλους.

ατ δ᾿ ς κλισας εποιτους φκανε·

τν δ᾿ ερε σταθμοσι λελειμμνον οον π᾿ λλων

᾿Αγχσην ρωα θεν πο κλλος χοντα.

ο δ᾿ ἅμα βουσν ποντο νομος κάτα ποιεντας

πντες, δ σταθμοσι λελειμμνος οος π᾿ λλων

πωλετ᾿ νθα κα νθα διαπρσιον κιθαρζων.

στ δ᾿ ατο προπάροιθε Δις θυγάτηρ ᾿Αφροδτη

παρθν δμτ μγεθος κα εδος μοη,

μ μιν ταρβσειεν ν φθαλμοσι νοσας.


᾿Αγχσης δ᾿ ρων φράζετο θαμαινν τε

εδς τε μγεθος κα εματα σιγαλεντα.

ππλον μν γὰρ εστο φαειντερον πυρς αγς,

εχε δ᾿ πιγναμπτὰς λικας κλυκάς τε φαεινς,

ρμοι δ᾿ μφ’ παλ δειρ περικαλλες σαν

καλο χρσειοι παμποκιλοι· ς δ σελνη

στθεσιν μφ᾿ παλοσιν λμπετο, θαμα δσθαι.

᾿Αγχσην δ᾿ ρος ελεν, πος δ μιν ντον ηδα·

Xαρε νασς᾿, τις μακάρων τδε δμαθ᾿ κάνεις,

῎Αρτεμις ἢ Λητ ἠὲ χρυση ᾿Αφροδτη

Θμις ϋγενς ἠὲ γλαυκπις ᾿Αθνη

πο τις Xαρτων δερ᾿ λυθες, α τε θεοσι

πσιν ταιρζουσι κα θάνατοι καλονται,

τις νυμφάων α τ᾿ λσεα καλ νμονται,

νυμφν αἳ καλν ρος τδε ναιετάουσι

κα πηγς ποταμν κα πσεα ποιεντα.

σο δ᾿ γ ν σκοπι, περιφαινομν ν χρ,

βωμν ποισω, ῥέξω δ τοι ερὰ καλὰ

ρσιν πσσι· σ δ᾿ εφρονα θυμν χουσα

δς με μετὰ Τρεσσιν ριπρεπέ᾿ μμεναι νδρα,

ποει δ᾿ εσοπσω θαλερν γνον, ατὰρ μ᾿ ατν

δηρν ἐᾕ ζειν κα ρν φάος ελοιο

λβιον ν λαος κα γραος οδν κσθαι.

Τν δ᾿ μεβετ’ πειτα Δις θυγτηρ ᾿Αφροδτη·

᾿Αγχση, κδιστε χαμαιγενων νθρπων,

ο τς τοι θες εμι· τ μ᾿ θαντσιν ἐΐσκεις;

λλὰ καταθνητ γε, γυν δ με γενατο μτηρ.

᾿Οτρες δ᾿ στ πατρ νομα κλυτς, εἴ που κοεις,

ς πσης Φρυγης ετειχτοιο νάσσει.

γλσσαν δ᾿ μετρην κα μετρην σφα οδα·

Τρῳὰς γὰρ μεγρ με τροφς τρφεν, ἡ δὲ διὰ πρὸ

σμικρν παδ᾿ τταλλε φλης παρὰ μητρς λοσα.

ς δ τοι γλσσν γε κα μετρην ε οδα.

νν δ μ᾿ νρπαξε χρυσρραπις ᾿Αργειφντης

κ χορο ᾿Αρτμιδος χρυσηλακάτου κελαδεινς.

πολλα δ νμφαι κα παρθνοι λφεσβοιαι

παζομεν, μφ δ᾿ μιλος περιτος στεφάνωτο·

νθεν μ᾿ ρπαξε χρυσρραπις ᾿Αργειφντης,

πολλὰ δ᾿ π’ γαγεν ργα καταθνητν νθρπων,

πολλν δ᾿ κληρν τε κα κτιτον, ν διὰ θρες

μοφάγοι φοιτσι κατ σκιεντας ναλους,

οδ ποσ ψασειν δκουν φυσιζου αἴης·

᾿Αγχσεω δ με φάσκε παρα λχεσιν καλεσθαι

κουριδην λοχον, σο δ᾿ γλαὰ τκνα τεκεσθαι.

ατρ πε δ δεξε κα φρασεν τοι γ᾿ ατις

θανάτων μετ φλ᾿ πβη κρατς ᾿Αργειφντης·

ατὰρ γ σ᾿ κμην, κρατερ δ μοι πλετ᾿ νάγκη.

λλ σε πρς Ζηνς γουνάζομαι δ τοκων

σθλν· ο μν γρ κε κακο τοινδε τκοιεν·

δμτην μ᾿ γαγν κα πειρτην φιλτητος

πατρ τε σ δεξον κα μητρι κεδν δυίῃ

σος τε κασιγντοις ο τοι μθεν γεγασιν

ο σφιν εικελη νυς σσομαι, λλ᾿ εκυα.

πμψαι δ᾿ γγελον κα μετ Φργας αολοπλους

επεν πατρ τ᾿ μ κα μητρι κηδομν περ·

ο δ κ τοι χρυσν τε λις σθτ θ᾿ φαντν

πμψουσιν, σ δ πολλ κα γλαὰ δχθαι ποινα.

τατα δ ποισας δανυ γμον μερεντα

τμιον νθρποισι κα θαντοισι θεοσιν.

῝Ως εποσα θε γλυκν μερον μβαλε θυμ.

᾿Αγχσην δ᾿ ρος ελεν, πος τ᾿ φατ᾿ κ τ᾿ νμαζεν·

Ε μν θνητ τ᾿ σσ, γυν δ σε γενατο μτηρ,

᾿Οτρες δ᾿ στ πατρ νομα κλυτς, ς γορεεις,

θαντου δ κητι διακτρου νθάδ᾿ κάνεις

῾Ερμω, μ δ᾿ λοχος κεκλσεαι ματα πάντα·

ο τις πειτα θεν οτε θνητν νθρπων

νθάδε με σχσει πρν σ φιλτητι μιγναι

ατκα νν· οδ᾿ εἴ κεν κηβλος ατς ᾿Απλλων

τξου π᾿ ργυρου προϊῇ βλεα στονεντα.

βουλομην κεν πειτα, γναι εκυα θεσι,

σς ενς πιβς δναι δμον ᾿Αóδος εἴσω.

῝Ως επν λβε χερα· φιλομμειδς δ᾿ ᾿Αφροδτη

ρπε μεταστρεφθεσα κατ᾿ μματα καλὰ βαλοσα

ς λχος εστρωτον, θι περ πάρος σκεν νακτι

χλανσιν μαλακς στρωμνον· ατὰρ περθεν

ρκτων δρματ᾿ κειτο βαρυφθγγων τε λεντων,

τος ατς κατπεφνεν ν ορεσιν ψηλοσιν.

ο δ᾿ πε ον λεχων εποιτων πβησαν,

κσμον μν ο πρτον π χρος ελε φαεινν,

πρπας τε γναμπτς θ᾿ λικας κάλυκάς τε κα ρμους.

λσε δ ο ζνην δ εματα σιγαλεντα

κδυε κα κατθηκεν π θρνου ργυρολου

᾿Αγχσης· δ᾿ πειτα θεν ἰότητι κα αἴσ

θανάτ παρλεκτο θεὰ βροτς, ο σάφα εδς.

῏Ημος δ᾿ ἂψ ες αλιν ποκλνουσι νομες

βος τε κα ἴφια μλα νομν ξ νθεμοντων,

τμος ρ᾿ ᾿Αγχσ μν π γλυκν πνον χευε

νδυμον, ατ δ χροΐ ννυτο εματα καλά.


σσαμνη δ᾿ ε πντα περ χροΐ δα θεάων

στη ρα κλισίῃ, εποιτοιο μελάθρου κρε κρη,

κάλλος δ παρειων πλαμπεν μβροτον,

οἷόν τ᾿ στν ϋστεφάνου Κυθερεης.

ξ πνου τ᾿ νγειρεν, πος τ᾿ φατ᾿ κ τ᾿ νμαζεν·

῎Ορσεο Δαρδανδη· τ νυ νγρετον πνον αεις;

κα φράσαι εἴ τοι μοη γν νδάλλομαι εναι

οην δ με τ πρτον ν φθαλμοσι νησας;

῝Ως φάθ᾿ δ᾿ ξ πνοιο μάλ᾿ μμαπως πκουσεν

ς δ ἴδεν δειρν τε κα μματα κλ᾿ ᾿Αφροδτης

τάρβησν τε κα σσε παρακλιδν τραπεν λλ.

ψ δ᾿ ατις χλαν τε καλψατο καλὰ πρσωπα,

κα μιν λισσμενος πεα πτερεντα προσηδα·

Ατκα σ᾿ ς τὰ πρτα θεὰ ἴδον φθαλμοσιν

γνων ς θες σθα· σ δ᾿ ο νημερτς ειπες.

λλά σε πρς Ζηνς γουνάζομαι αγιχοιο

μ με ζντ᾿ μενηνν ν νθρποισιν ἐάσς

ναειν, λλ᾿ λαιρ᾿· πε ο βιοθάλμιος νρ

γγνεται ς τε θεας ενζεται θαντσι.

Τν δ᾿ μεβετ᾿ πειτα Δις θυγάτηρ ᾿Αφροδτη·

᾿Αγχση, κδιστε καταθνητν νθρπων,

θάρσει, μηδ τι σσι μετὰ φρεσ δεδιθι λην

ο γάρ το τι δος παθειν κακν ξ μθεν γε

οδ᾿ λλων μακάρων, πε φλος σσ θεοσι.

σο δ᾿ σται φλος υἱὸς ς ν Τρεσσιν νξει

κα παδες παδεσσι διαμπερς κγεγονται·

τ δ κα Ανεας νομ᾿ σσεται ονεκά μ᾿ ανν

σχεν χος νεκα βροτο νρος μπεσον ενῇ·

La traducción que ofrecemos es la de Himnos Homéricos, vertidos directa y literalmente del griego por vez primera a la prosa castellana por José Banqué Faliú, doctor en Filosofía y Letras y catedrático de Lengua y Literatura griegas en la Universidad de Barcelona.

Zeus, a su vez, inspiró en el corazón de Afrodita un dulce deseo de acoplarse con varón mortal, para que muy pronto ni ella estuviera exenta del concúbito humano; ni la misma Afrodita, amante de la risa, pudiera decir, gloriándose entre todos los dioses y sonriéndose dulcemente, que unía a los dioses con mujeres mortales que daban a los inmortales hijos mortales, y que juntaba asimismo a las diosas con los mortales hombres.



Inspiróle, pues, en el corazón, un dulce deseo de Anquises, que se hallaba apacentando vacas en las alturas del monte Ida, abundante en manantiales, y por su cuerpo parecía un inmortal. Así que le vio Afrodita, amante de la risa, se enamoró de él, sintiendo que un vehemente deseo se adueñaba de su albedrío. Fuese enseguida a Chipre, penetró en el perfumado templo de Pafos donde tenía un campo sagrado y un perfumado altar, y cerró las puertas espléndidas. Allí las Gracias la lavaron y ungieron con aceite inmortal, divino y sutil, que siempre estaba perfumado para ella; cuales cosas embellecen todavía más a los sempiternos dioses.

Luego Afrodita, amante de la risa, revistió su cuerpo de hermosos vestidos, se adornó con oro y, dejando la olorosa Chipre, se lanzó hacia Troya, haciendo el viaje rápidamente, por lo alto, por entre las nubes. Llegó al Ida, abundante en manantiales, procreador de fieras; y, atravesando la montaña, se fue directamente al establo: iban tras ella, moviendo la cola, blanquecinos lobos, leones de torva mirada y veloces panteras, insaciables de carne de ciervo; y la diosa, al notarlo, sintió que se le alegraba el ánimo en la mente, y les infundió en el pecho un dulce deseo, y todos fueron acostándose por parejas en los sombríos vericuetos. Llegó en esto a la bien construida cabaña y halló al héroe Anquises que tenía la belleza de un dios y se había quedado en el establo, solo, alejado de sus compañeros. Éstos se habían ido todos, con las vacas, por los prados herbosos; y él se había quedado en el establo, solo, alejado de los demás, e iba acá y acullá pulsando vigorosamente la cítara.

Afrodita, hija de Zeus, se detuvo a su presencia, habiendo tomado la estatura y el aspecto de una doncella libre de todo yugo: no fuera que, al contemplarla Anquises con sus ojos, le tuviese temor. Anquises, al verla, se quedó pensativo y admiraba su aspecto, su estatura y sus vestidos espléndidos. Afrodita se había revestido de un peplo más brillante que el resplandor del fuego, levaba retorcidos brazaletes y lucientes agujas; tenía alrededor de su tierno cuello bellísimos collares, pulcros, áureos, de variada forma; y en su tierno pecho brillaba una especie de luna, encanto de la vista. El deseo amoroso se apoderó de Anquises, quien, vuelto hacia ella, así le dijo:

– Salve, oh reina, que has venido a estas moradas, seas cual fueres de las bienaventuradas diosas —o Ártemis, o Leto, o la áurea Afrodita, o la noble Temis, o Atenea, la de ojos de lechuza—; o quizás has llegado aquí siendo una de las Gracias, que acompañan a todos los dioses y son llamadas inmortales; o eres alguna de las ninfas que pueblan los hermosos bosques o de las que habitan este hermoso monte, las fuentes de los ríos y los prados herbosos. Yo te erigiré un altar en una atalaya, en sitio abierto por todos lados, y te ofreceré hermosos sacrificios en cada estación; y tú, con ánimo benévolo, concédeme que sea ilustre entre los troyanos y haz que tenga floreciente prole, que viva bien y largo tiempo, que mezclado con el pueblo contemple dichoso la luz del sol, y que llegue hasta el umbral de la vejez. Afrodita, hija de Zeus, respondióle en el acto:


– Oh Anquises, el más glorioso de los hombres que de la tierra han nacido, no soy ciertamente una diosa —¿por qué me confundes con las inmortales?—, sino mortal, y mujer fue la madre que me dio a luz. Mi padre es Otreo, de ínclito nombre, si acaso lo has oído nombrar, y reina sobre toda la Frigia bien amurallada. Conozco bien vuestra lengua y la mía, por haberme criado en el palacio una nodriza troyana que me crió constantemente desde que me recibió de mi madre, siendo yo muy pequeñita; por esto conozco bien vuestra lengua. Ahora el Argifontes, el de la varita de oro, me arrebató de un coro de Ártemis, que lleva arco de oro y es amante del bullicio. Muchas ninfas y doncellas de rico dote jugábamos, y una multitud inmensa formaba en torno nuestro una corona: de allí me arrebató el Argifontes, el de la varita de oro, quien me condujo por cima de muchas tierras cultivadas por los mortales hombres y por cima de otras no sorteadas ni cultivadas en las cuales las fieras carnívoras vagan por los sombríos vericuetos —parecíame que no tocaba con mis pies la fértil tierra— y me dijo que cabe al lecho de Anquises sería llamada legítima esposa y te daría a ti hijos ilustres.

Así que me mostró el sitio y me hubo hablado, volvióse el fuerte Argifontes a las familias de los inmortales; y yo vine a encontrarte, obligada por dura necesidad. Mas, por Zeus te lo suplico y por tus padres nobles, pues unos viles no te habrían engendrado tal cual eres: llévame, no rendida aún e inexperta en amores, y muéstrame a tu padre y a tu madre entendida en cosas honestas y a tus hermanos nacidos de tu mismo linaje; que no seré para aquéllos una nuera indigna, sino tal cual les corresponde. Manda pronto un mensajero a los frigios de ágiles corceles, para que se lo participen a mi padre y a mi madre que está ansiosa, los cuales te enviarán abundante oro y vestiduras tejidas; y tú recibe muchos y espléndidos regalos. Y después que esto hicieres, celebra con un convite las deseadas nupcias a fin de que sean honorables para los hombres y los inmortales dioses. Dicho esto, la diosa inspiróle en el corazón un dulce deseo. El amor se apoderó de Anquises, quien profirió estas palabras dirigiéndose a ella:

– Si eres mortal y fue mujer la madre que te dio a luz, y tu padre es Otreo de ínclito nombre, según dices, y has venido aquí por la voluntad de Hermes, el nuncio inmortal, en adelante serás llamada esposa mía todos los días; y ninguno de los dioses ni de los mortales hombres me detendrá hasta haberme unido amorosamente contigo, aunque el mismo Apolo, el que hiere de lejos, me tirara luctuosas flechas con su arco de plata. Yo quisiera, oh mujer semejante a una diosa, subir a tu lecho y hundirme luego en la mansión de Hades.

Así diciendo, cogióle la mano; y Afrodita, amante de la risa, vuelta hacia atrás y con los ojos bajos, se deslizaba hacia el lecho bien aparejado, hacia el lugar donde solían disponerlo para el rey con suaves colchas, encima de las cuales estaban echadas pieles de osos y de leones de ronca voz que él mismo había matado en los altos montes. Así que llegaron al lecho bien construido, Anquises le fue quitando los relucientes adornos —broches, redondos brazaletes, sortijas y collares—, le desató la faja, la desnudó del espléndido vestido, que puso en una silla de clavazón de plata; y enseguida, por la voluntad de los dioses y por disposición del hado, él, que era mortal, se acostó con una diosa inmortal sin saberlo claramente. A la hora en que los pastores hacen volver de los floridos prados al establo los bueyes y las pingües ovejas, la diosa derramó sobre Anquises un dulce y suave sueño, y empezó a cubrir su cuerpo con el hermoso vestido. Cuando la divina entre las diosas hubo colocado alrededor de su cuerpo todas las prendas, quedóse en pie dentro de la cabana: su cabeza tocaba al techo bien construido y en sus mejillas brillaba una belleza inmortal, cual es la de Giterea, de hermosa corona. Entonces le despertó del sueño, le llamó y le dijo estas palabras: — Levántate, Dardánida: ¿por qué duermes con sueño tan profundo? Dime si te parece que soy semejante a aquella que contemplaste primeramente con tus ojos. Así dijo; y él, recordando de su sueño, pronto la oyó. Y así que vio el cuello y los ojos hermosos de Afrodita, turbóse y, desviando la vista, la dirigió a otro lado. Cubrióse nuevamente el rostro con la manta, y, suplicante, estas aladas palabras le dijo:

– Cuando por vez primera te vi con mis ojos, conocí, oh diosa, que eras una deidad; pero tú no me hablaste sinceramente. Mas ahora te suplico por Zeus, que lleva la égida, que no permitas que yo habite entre los hombres y viva lánguidamente; antes bien compadécete de mí, que no es de larga vida el varón que se acuesta con las inmortales diosas. Afrodita, hija de Zeus, respondióle en el acto:

– ¡Oh Anquises, el más glorioso de los mortales hombres! Cobra ánimo y no temas excesivamente en tu corazón; que ningún temor has de abrigar de que te venga algún mal de mi parte ni de la de los demás bienaventurados, pues eres caro a los dioses. Tendrás un hijo, que reinará sobre los troyanos y de su estirpe nacerán perpetuamente hijos tras hijos. Su nombre será Eneas a causa del terrible dolor que se apoderó de mí por haber caído en la cama de un hombre mortal.

Hasta aquí las fuentes clásicas sobre esta primera alusión mitológica de Goethe.

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Habría que buscarle un nombre científico a este virus o bacteria que se propaga con rapidez y que también ha sido inoculado en mi cuerpo. Así como la tuberculosis es producida por el Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch, esta enfermedad benigna de la adición a los referentes clásicos, a la que habrá que ponerle nombre, debe estar producida por un virus al que también habrá que bautizar.

El virus podría denominarse anaphoricovirus, por aquello que referente en griego se dice ἀναφορικός. La enfermedad quizá debiera llamarse SARC (Síndrome de Adicción a los Referentes Clásicos).

Se admiten sugerencias para el virus y la enfermedad.

Lo cierto es que el día 24 por la tarde salí a pasear, a la par que a la caza del referente clásico, provisto de mi cámara fotográfica. No tardé mucho en encontrar la morada de los dioses griegos, convertida, eso sí, en tienda de productos de nutrición para deportistas ¿?

Ya tenemos pues la casa de los dioses que, como diría Homero, “habitan las moradas Olímpicas” (᾿Ολύμπια δώματ᾿ ἔχοντες). En los poemas homéricos esta morada divina aparece citada muchas veces.

En la Ilíada:

I, 44 / ΙΙ, 167 / IV, 74 / VII, 19 & ΧΧΙΙ, 187 / XXIV, 104, 121: κάτ᾿  Οὐλύμποιο καρήνων = de las cumbres del Olimpo

I, 221, 394, 425 / VIII, 12 / VIII, 439 / XV, 133 / XVIII, 146, 148 / XX, 142 & ΧΧΙ, 438: Οὔλυμπόνδε = al Olimpo.

Ι, 402 / VIII, 410 / XV, 79 / XVIII, 142: ἐς μακρὸν ῎Ολυμπον = al ancho Olimpo

Ι, 420: πρὸς ῎Ολυμπον ἀγάννιφον = al nevado Olimpo

Ι, 494 / ΧΧΙ, 518: πρὸς ῎ Ολυμπον = al Olimpo

Ι, 497: μέγαν οὐρανὸν Οὔλυμπόν τε = al gran cielo y al Olimpo

Ι, 499 / V, 754 / VIII, 3: ἀκροτάτῃ κορυφῇ πολυδειράδος Οὐλύμποιο = en la más elevada cima del Olimpo de numerosas cumbres

Ι, 530: μέγαν ῎ Ολυμπον = gran Olimpo

Ι, 532 / XIII, 243: ἀπ᾿ αἰγλήεντος ᾿  Ολύμπου = el resplandeciente Olimpo

Ι, 566 / V, 877 / VIII, 451 / X, 462 / XVIII, 429: ἐν ᾿ Ολύμπῳ = en el Olimpo

ΙΙ, 48 / VIII, 199: μακρὸν ῎ Ολυμπον = el ancho Olimpo

III, 407 / ΧΧΙ, 505: ῎ Ολυμπον = el Olimpo

V, 360 / VIII, 456 / XV, 136 / XIX, 128: ἐς ῎ Ολυμπον (Οὔλυμπόν) = al Olimpo

V, 367, 868: θεῶν ἕδος, αἰπὺν ῎ Ολυμπον = morada de los dioses, el escarpado Olimpo

V, 398: πρὸς δῶμα Διὸς καὶ μακρὸν ῎ Ολυμπον = a la morada de Zeus y ancho Olimpo

V, 404, 890 / XIII, 68 / XXIV, 427: οἳ ῎ Ολυμπον ἔχουσι = que habitan el Olimpo

V, 750 / VIII, 394: μέγας οὐρανὸς Οὔλυμπός τε = el gran cielo y el Olimpo

VII, 25, 35 / XVI, 93: ἀπ᾿ ᾿ Ολύμποιο = desde el Olimpo

VIII, 25: περὶ ῥίον Οὐλύμποιο = alrededor de la cumbre del Olimpo

VIII, 411: πολυπτύχου Οὐλύμποιο = del Olimpo abundante en valles

VIII, 443: μέγας ῎ Ολυμπος = gran Olimpo

XI, 77: κατὰ πτύχας Οὐλύμποιο = en los valles del Olimpo

XI, 715 / XVI, 364 / XVIII, 167: ἀπ᾿ ᾿Ολύμπου = desde el Olimpo

XIII, 523: ἄκρῳ ᾿Ολύμπῳ = en la cumbre del Olimpo

XIV, 154: ἐξ Οὐλύμποιο ἀπὸ ῥίου = desde la cumbre del Olimpo

XIV, 225 / XIX, 114: ῥίον Οὐλύμποιο = la cumbre del Olimpo

XIV, 298, 309: κάτ᾿ Οὐλύμπου = del Olimpo

XV, 21: κατὰ μακρὸν ῎Ολυμπον = en el ancho Olimpo

XV, 84: αἰπὺν ῎Ολυμπον = escarpado Olimpo

XV, 193: μακρὸς ῎Ολυμπος = el ancho Olimpo

XVIII, 186: οἳ ῎Ολυμπον ἀγάννιφον ἀμφινέμονται = que residen en el nevado Olimpo

XVIII, 616: κάτ᾿ Οὐλύμπου νιφόεντος= del nevado Olimpo

XX, 5: ἀπ᾿ Οὐλύμποιο πολυπτύχου = del Olimpo abundante en valles

XX, 22: πτυχὶ Οὐλύμποιο = en la cumbre del Olimpo

XX, 125: Οὐλύμποιο = del Olimpo

XXI, 389: ᾿Ουλύμπῳ = en el Olimpo

XXIV, 144: ἕδος Οὐλύμποιο = la sede del Olimpo

XXIV, 468, 694: πρὸς μακρὸν ῎Ολυμπον = hacia el ancho Olimpo

En la Odisea aparece en menos ocasiones:

I, 102 / XXIV, 488: κάτ᾿ Οὐλύμποιο καρήνων = de las cumbres del Olimpo

VI, 42: Οὔλυμπόνδ᾿ = al Olimpo.

VI, 240 / VIII, 331 / XII, 337 / XIX, 43: οἳ ῎Ολυμπον ἔχουσι = que habitan el Olimpo

X, 307 / XV, 43: πρὸς μακρὸν ῎Ολυμπον = hacia el ancho Olimpo

XI, 313: ἐν ᾿Ολύμπῳ = en el Olimpo

XI, 315: ἐπ᾿ ᾿Ουλύμπῳ = en el Olimpo

XIV, 394 / XVIII, 180: τοὶ ῎Ολυμπον ἔχουσιν = que habitan el Olimpo

XX, 45: ἐς ῎Ολυμπον = hacia el Olimpo

XX, 73: μακρὸν ῎Ολυμπον =  ancho Olimpo

XX, 103: ἀπ᾿ αἰγλήεντος ᾿Ολύμπου = desde el resplandeciente Olimpo

XXIV, 351: κατὰ μακρὸν ῎Ολυμπον = en el ancho Olimpo

El monte Olimpo da nombre a una cumbre del planeta Marte.

Debemos decir que Olimpo (u Olympus) es también marca de  cámaras fotográficas,

da nombre a una orquesta y es una casa de camisas y cinturones.

Hay un videojuego llamado Zeus, Master of Olympus.

donde aparecen todos los olímpicos:

Tras comprobar que la sede de los inmortales también tiene su referente en Castellón, me encontré con tres de ellos.

Uno, el padre de dioses y hombres, da nombre a una conocida y antigua discoteca.

Y junto a esta discoteca hay proyectado construir un edificio. Los arquitectos o la constructora han tenido la idea de llamar al edificio con el nombre de la esposa del dios que da título a la discoteca contigua. Lástima que hayan elegido el nombre latino (Juno) y no el griego (Hera). En todo caso, resulta curioso cómo alguien ha pensado en llamar Juno a un edificio que está proyectado construir junto a una discoteca que lleva por nombre Zeus.

El tercer dios olímpico que encontré en mi paseo da nombre a una peluquería de caballeros. El dios en cuestión es Ares, la divinidad de la guerra, y el amante de Afrodita.

No sabemos cómo se le ocurrió poner al dueño de dicho comercio el nombre de Ares, aunque hay que decir que la iconografía del dios nos lo presenta, a menudo, con los cabellos muy cuidados.

También es posible que el nombre no tenga nada que ver con el dios griego y sea el apellido del propietario del comercio; el apellido es originario de Galicia, donde tenemos un municipio coruñés con ese nombre.

El escudo del apellido Ares presenta lo que, en heráldica, se llama “en campo de oro, un jabalí andante de sable”. En el mito de Adonis, la muerte del muchacho se debió al ataque de un jabalí, que unas versiones dicen que fue enviado por Ártemis, y otras que el suido no era otro que el dios Ares, el amante de Afrodita, loco de celos.

Finalmente, puede que el propietario sea originario de la localidad castellonense de Ares del Maestre y haya dado a su comercio el nombre de su pueblo.

Y así concluyó este paseo mitológico de la tarde del 24 de diciembre, en la que el virus del SARC me empujó a la búsqueda del referente.

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He titulado así este artículo, porque me parecen significativas las palabras que un hermoso niño (puer speciosus) dirige a San José, cuando éste recrimina a María que ésta haya usado “palabras inútiles”, al decir, cuando van de camino a Belén, que ve ante ella dos pueblos, uno que llora y otro que se regocija.

Luego el muchacho nos aclara que el pueblo que llora es el judío, que se ha apartado de Dios, y el que se regocija es el pueblo de los gentiles, que se ha acercado y adherido al Señor.

Las palabras del muchacho se engloban en un texto más amplio, la narración del nacimiento de Jesús en el Evangelio del Pseudo Mateo.

No es la primera vez que recurrimos a los evangelios apócrifos, unos textos muy interesantes. Si en otra ocasión los citamos a propósito de los magos de Oriente, hoy recurrimos a ellos, para ofrecer una narración alternativa del nacimiento de Dios, que celebramos esta noche, y que los evangelios canónicos apenas describen.

En Marcos y Juan no hay ninguna alusión a la natividad. En Mateo sólo se nos narra brevemente la visita de los magos, la huída a Egipto, la matanza de los inocentes y el retorno de Egipto.

Lucas es quien más se detiene en el nacimiento y nos habla del edicto del César, del pesebre, de los pastores y los ángeles, aunque apenas nos da datos; no es ése el objetivo de su evangelio.

Los apócrifos, como el del Pseudo Mateo, o el Protoevangelio de Santiago, gustan del detalle y se detienen más en lo “anecdótico”. Puede, pues, resultar curioso o interesante leer los relatos del nacimiento de Jesús en dichos evangelios, y eso es lo que nosotros haremos, dando el texto latino del Pseudo Mateo y su traducción.

CAPUT XIII.

1. Factum est autem post aliquantum tempus, ut fieret professio ex edicto Caesaris Augusti, ut profiteretur unusquisque in patria sua. Haec professio prima facta est a praeside Syriae Cyrino. Necesse autem fuerat ut et Ioseph cum Maria proficisceretur in Bethleem, quia exinde erat, et Maria de tribu Iuda et de domo ac patria Dauid. Cum ergo Ioseph et Maria irent per uiam quae ducit Bethleem, dixit Maria ad Ioseph, “Duos populos uideo ante me, unum flentem et alium gaudentem.” Cui respondit Ioseph: ” Sede et tene te in iumento tuo et noli superflua uerba loqui.” Tunc apparuit puer speciosus ante eos, indutus ueste splendida, et dixit ad Ioseph, “Quare dixisti uerba superflua esse de duobus populis de quibus locuta est Maria? Populum enim Iudeorum flentem uidit, quia recessit a Deo suo, et populum gentium  gaudentem, quia accessit et prope factus est ad Dominum, secundum quod promisit patribus nostris Abraham, Isaac et Iacob; tempus enim aduenit ut in semine Abrahae benedictio omnibus gentibus tribuatur.”


2. Et cum haec dixisset, iussit angelus stare iumentum, quia tempus aduenerat pariendi; et praecepit descendere de animali Mariam et ingredi in speluncam subterraneam, in qua lux non fuit unquam, sed semper tenebrae, quia lumen diei penitus non habebat. Ad ingressum uero Mariae coepit tota spelunca splendorem habere, et quasi sol ibi esset, ita tota fulgorem lucis ostendere ; et quasi esset ibi hora sexta diei, ita speluncam lux diuina illustrauit; nec in die nec in nocte lux ibi diuina defuit quamdiu ibi Maria fuit. Et ibi peperit masculum, quem circumdederunt angeli nascentem et natum adorauerunt dicentes, “Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae uoluntatis.”

3. Iam enim dudum Ioseph perrexerat ad quaerendas obstetrices. Qui cum reuersus esset ad speluncam, Maria iam infantem genuerat. Et dixit Ioseph ad Mariam: “Ego tibi Zelomi et Salomen obstetrices adduxi, quae foris ante speluncam stant et prae splendore nimio huc introire non audent.” Audiens autem haec Maria subrisit. Cui Ioseph dixit, “Noli subridere, sed cauta esto, ne forte indigeas medicina.” Tunc iussit unam ex eis intrare ad se. Cumque ingressa esset Zelomi, ad Mariam dixit: “Dimitte me ut tangam te.” Cumque permisisset se Maria tangi, exclamauit uoce magna obstetrix et dixit: “Domine, Domine magne, miserere. Numquam hoc auditum est, nec in suspicionem habitum, ut mamillae plenae sint lacte, et natus masculus matrem suam uirginem ostendat. Nulla pollutio sanguinis facta est in nascente, nullus dolor in parturiente. Virgo concepit, uirgo peperit, uirgo permansit.”


4. Audiens hanc uocem alia obstetrix nomine Salome dixit: “Quod ego audio, non credam, nisi forte ipsa probauero.” Et ingressa Salome ad Mariam, dixit, “Permitte me ut palpem te et probem utrum uerum dixerit Zelomi.” Cumque permisisset Maria ut eam palparet, misit manum suam Salome. Et cum misisset et tangeret, statim aruit manus eius, et prae dolore coepit flere uehementissime et angustiari et clamando dicere, “Domine, tu nosti quia semper te timui, et omnes pauperes sine retributione acceptionis curaui, de uidua et orphano nihil accepi, et inopem uacuum a me ire nunquam dimisi. Et ecce misera facta sum propter incredulitatem meam, quia ausa fui temptare uirginem tuam.”

5. Cumque haec diceret, apparuit iuxta illam iuuenis quidam valde splendidus dicens ei: “Accede ad infantem et adora eum et continge de manu tua, et ipse salvabit te, quia ipse est Saluator saeculi et omnium sperantium in se.” Quae confestim ad infantem accessit, et adorans eum tetigit fimbrias pannorum, in quibus infans erat inuolutus, et statim sanata est manus eius. Et exiens foras clamare coepit et dicere magnalia uirtutum quae uiderat et quae passa fuerat, et quemadmodum curata fuerat, ita ut ad praedicationem eius multi crederent.

6. Nam et pastores ouium asserebant se angelos uidisse in medio noctis hymnum dicentes, Deum caeli laudantes et benedicentes et dicentes quia natus est Saluator omnium, qui est Christus Dominus, in quo restituetur salus Israël.”

7. Sed et stella ingens a uespere usque ad matutinum splendebat super speluncam, cuius magnitudo nunquam uisa fuerat ab origine mundi. Et prophetae qui fuerant in Ierusalem dicebant hanc stellam indicare natiuitatem Christi, qui restauraret promissionem non solum Israël sed et omnium gentium.

 


CAPUT XIV. Tertia autem die natiuitatis Domini egressa est Maria de spelunca, et ingressa est stabulum et posuit puerum in praesepio, et bos et asinus adoraverunt eum. Tunc adimpletum est quod dictum est per Isaiam prophetam dicentem: “Cognouit bos possessorem suum et asinus praesepe domini sui”. Ipsa autem animalia in medio eum habentes incessanter adorabant eum. Tunc adimpletum est quod dictum est per Habacuc prophetam dicentem: “In medio duorum animalium innotesceris”. In eodem autem loco moratus est Ioseph et Maria cum infante tribus diebus.

Para el texto latino hemos seguido la edición de Aurelio de Santos Otero en la editorial BAC.

XIII 1. Y ocurrió, algún tiempo más tarde, que un edicto de César Augusto obligó a cada uno a empadronarse en su patria. Y este primer censo fue hecho por Cirino, gobernador de Siria. José, pues, se vio obligado a partir con María para Belén, porque él era de ese país, y María era de la tribu de Judá, de la casa y patria de David. Y, según José y María iban por el camino que conduce a Belén, dijo María a José: Veo ante mí dos pueblos, uno que llora, y otro que se regocija. Mas José le respondió: “Estáte sentada y sosténte sobre tu montura, y no digas palabras inútiles”. Entonces un hermoso niño, vestido con un traje magnífico, apareció ante ellos, y dijo a José: “¿Por qué has llamado inútiles las palabras que María ha dicho de esos dos pueblos? Ella ha visto al pueblo judío llorar, por haberse alejado de su Dios, y al pueblo de los gentiles alegrarse, por haberse aproximado al Señor, según la promesa hecha a nuestros padres Abraham, Isaac y Jacob; puesto que ha llegado el tiempo en que todas las naciones deben ser benditas en la posteridad de Abraham”.


2. Dichas estas palabras, el ángel hizo parar la bestia, por cuanto se acercaba el instante del alumbramiento, y dijo a María que se apease, y que entrase en una gruta subterránea en la que no había luz alguna, porque la claridad del día no penetraba nunca allí. Pero, al entrar María, toda la gruta se iluminó y resplandeció, como si el sol la hubiera invadido, y como si fuese la hora sexta del día, así iluminó la luz divina la gruta.; y, mientras María estuvo en la caverna, ni de día ni de noche, faltó aquel resplandor divino. Y ella trajo al mundo un hijo que los ángeles rodearon en el momento de nacer y una vez nacido adoraron diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

3. Y José había ido hacía un rato a buscar comadronas. Mas, cuando estuvo de vuelta en la gruta, María había ya parido a su hijo. Y José dijo a María: “Te he traído dos comadronas, Zelomi y Salomé, que están de pie fuera ante la gruta y no osan entrar aquí a causa de este excesivo resplandor”. Y María, al oírlo, se sonrió. Pero José le dijo: “No te sonrías, sino sé prudente, no sea que después tengas necesidad de algún remedio”. Entonces hizo entrar a una de ellas. Y Zelomi, habiendo entrado, dijo a María: “Permíteme que te toque”. Y, habiéndolo permitido María, la comadrona dio un gran grito y dijo: “¡Señor, gran Señor, ten piedad de mí!. Nunca se ha oído, ni supuesto que sus pechos estén llenos de leche y que haya nacido un niño dejando virgen a su madre. Ninguna polución de sangre en el nacido, ningún dolor en la parturienta. Virgen ha concebido, virgen ha parido, y virgen permaneció”.

4. Oyendo estas palabras, la otra comadrona, llamada Salomé, dijo: “Yo no creeré eso que oigo, a no asegurarme por mí misma”. Y Salomé, entrando, dijo a María: “Permíteme tocarte, y asegurarme de que lo que ha dicho Zelomi es verdad”. Y, como María le diese permiso, Salomé adelantó la mano. Y al tocarla, súbitamente su mano se secó, y de dolor se puso a llorar amargamente, y a desesperarse, y a decir gritando: “Señor, tú sabes que siempre te he temido, que he atendido a los pobres sin pedir nada en cambio, que nada he admitido de la viuda o del huérfano, y que nunca he despachado a un menesteroso con las manos vacías. Y he aquí que me veo desgraciada por mi incredulidad, por atreverme a tocar a tu virgen”.


5. Y, hablando ella así, un joven de gran belleza apareció a su lado, que le dijo: “Aproxímate al niño, adóralo, tócalo con tu mano, y él te curará, porque es el Salvador del mundo y de cuantos esperan en él”. Ella con presteza se acercó al niño, y lo adoró, y tocó los flecos de los pañales, en los que estaba envuelto, y al instante su mano fue curada. Y, saliendo fuera, se puso a proclamar a grandes voces los prodigios y la virtud portentosa que había visto y experimentado, y cómo había sido curada, y muchos creyeron en sus palabras.

6. Pues unos pastores afirmaban a su vez que habían visto a medianoche ángeles cantando un himno, loando y bendiciendo al Dios del cielo, y diciendo que había nacido el Salvador de todos, que es el Cristo el Señor, en el que se restituirá  la salvación de Israel.

7. Y además una gran estrella brillaba encima de la gruta, de la tarde a la mañana, y nunca, desde el principio del mundo, se había visto una tan grande. Y los profetas que estaban en Jerusalén decían que esa estrella indicaba el nacimiento del Cristo, el cual debía cumplir las promesas hechas, no sólo a Israel, sino a todas las naciones.


XIV 1. El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al niño en un pesebre, y el buey y el asno lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Isaías al decir: “El buey ha conocido a su dueño y el asno el pesebre de su señor”. Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar. Entonces se cumplió lo que se dijo por boca del profeta Habacuc: “Te manifestarás entre dos animales”. Y José y María permanecieron en este mismo lugar con el niño durante tres días.

El evangelio del Pseudo Mateo se considera una reelaboración latina del Protoevangelio de Santiago, escrito en griego, cuyos capítulos dedicados al nacimiento también aportamos en traducción sacada de aquí.

XVII 1. Y llegó un edicto del emperador Augusto, que ordenaba se empadronasen todos los habitantes de Bethlehem de Judea. Y José dijo: Voy a inscribir a mis hijos. Pero ¿qué haré con esta muchacha? ¿Cómo la inscribiré? ¿Como mi esposa? Me avergonzaría de ello. ¿Como mi hija? Pero todos los hijos de Israel saben que no lo es. El día del Señor será como quiera el Señor.

2. Y ensilló su burra, y puso sobre ella a María, y su hijo llevaba la bestia por el ronzal, y él los seguía. Y, habiendo caminado tres millas, José se volvió hacia María, y la vio triste, y dijo entre sí de esta manera: Sin duda el fruto que lleva en su vientre la hace sufrir. Y por segunda vez se volvió hacia la joven, y vio que reía, y le preguntó: ¿Qué tienes, María, que encuentro tu rostro tan pronto entristecido como sonriente? Y ella contestó: Es que mis ojos contemplan dos pueblos, uno que llora y se aflige estrepitosamente, y otro que se regocija y salta de júbilo.

3. Y, llegados a mitad de camino, María dijo a José: Bájame de la burra, porque lo que llevo dentro me abruma, al avanzar. Y él la bajó de la burra, y le dijo: ¿Dónde podría llevarte, y resguardar tu pudor? Porque este lugar está desierto.

XVIII 1. Y encontró allí mismo una gruta, e hizo entrar en ella a María. Y, dejando a sus hijos cerca de ésta, fue en busca de una partera al país de Bethlehem.


2. Y yo, José, avanzaba, y he aquí que dejaba de avanzar. Y lanzaba mis miradas al aire, y veía el aire lleno de terror. Y las elevaba hacia el cielo, y lo veía inmóvil, y los pájaros detenidos. Y las bajé hacia la tierra, y vi una artesa, y obreros con las manos en ella, y los que estaban amasando no amasaban. Y los que llevaban la masa a su boca no la llevaban, sino que tenían los ojos puestos en la altura. Y unos carneros conducidos a pastar no marchaban, sino que permanecían quietos, y el pastor levantaba la mano para pegarles con su vara, y la mano quedaba suspensa en el vacío. Y contemplaba la corriente del río, y las bocas de los cabritos se mantenían a ras de agua y sin beber. Y, en un instante, todo volvió a su anterior movimiento y a su ordinario curso.

XIX 1. Y he aquí que una mujer descendió de la montaña, y me preguntó: ¿Dónde vas? Y yo repuse: En busca de una partera judía. Y ella me interrogó: ¿Eres de la raza de Israel? Y yo le contesté: Sí. Y ella replicó: ¿Quién es la mujer que pare en la gruta? Y yo le dije: Es mi desposada. Y ella me dijo: ¿No es tu esposa? Y yo le dije: Es María, educada en el templo del Señor, y que se me dio por mujer, pero sin serlo, pues ha concebido del Espíritu Santo. Y la partera le dijo: ¿Es verdad lo que me cuentas? Y José le dijo: Ven a verlo. Y la partera siguió.

2. Y llegaron al lugar en que estaba la gruta, y he aquí que una nube luminosa la cubría. Y la partera exclamó: Mi alma ha sido exaltada en este día, porque mis ojos han visto prodigios anunciadores de que un Salvador le ha nacido a Israel. Y la nube se retiró en seguida de la gruta, y apareció en ella una luz tan grande, que nuestros ojos no podían soportarla. Y esta luz disminuyó poco a poco, hasta que el niño apareció, y tomó el pecho de su madre María. Y la partera exclamó: Gran día es hoy para mí, porque he visto un espectáculo nuevo.

3. Y la partera salió de la gruta, y encontró a Salomé, y le dijo: Salomé, Salomé, voy a contarte la maravilla extraordinaria, presenciada por mí, de una virgen que ha parido de un modo contrario a la naturaleza. Y Salomé repuso: Por la vida del Señor mi Dios, que, si no pongo mi dedo en su vientre, y lo escruto, no creeré que una virgen haya parido.


XX 1.Y la comadrona entró, y dijo a María: Disponte a dejar que ésta haga algo contigo, porque no es un debate insignificante el que ambas hemos entablado a cuenta tuya. Y Salomé, firme en verificar su comprobación, puso su dedo en el vientre de María, después de lo cual lanzó un alarido, exclamando: Castigada es mi incredulidad impía, porque he tentado al Dios viviente, y he aquí que mi mano es consumida por el fuego, y de mí se separa.

2. Y se arrodilló ante el Señor, diciendo: ¡Oh Dios de mis padres, acuérdate de que pertenezco a la raza de Abraham, de Isaac y de Jacob! No me des en espectáculo a los hijos de Israel, y devuélveme a mis pobres, porque bien sabes, Señor, que en tu nombre les prestaba mis cuidados, y que mi salario lo recibía de ti.

3. Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciendo: Salomé, Salomé, el Señor ha atendido tu súplica. Aproxímate al niño, tómalo en tus brazos, y él será para ti salud y alegría.

4. Y Salomé se acercó al recién nacido, y lo incorporó, diciendo: Quiero prosternarme ante él, porque un gran rey ha nacido para Israel. E inmediatamente fue curada, y salió justificada de la gruta. Y se dejó oír una voz, que decía: Salomé, Salomé, no publiques los prodigios que has visto, antes de que el niño haya entrado en Jerusalén.

Aprovecho este artículo para desear a todos los lectores de este espacio una FELIZ NAVIDAD, y lo hago con unas letrillas que compuse el año pasado. Están en valenciano.

Betlem de Judà va ser l’elegida,

On, humil i senzill, nostre Salvador

Nasquè, d’una verge i un treballador;

Naixement joiós que ens dugué la Vida.

A veure el nounat Jesús, Fill de Déu,

D’aquelles contrades uns humils pastors

Apressen llurs passos tot fent de cantors,

Lloança a Déu canten amb la seua veu.

Cobert de bolcalls per sa mare alletat,

Riu dolçament el diví i humà Infant,

Il·lumina la nit amb sa llum brillant,

Somriu a son pare, que no l’ha engendrat.

Tres mags de l’Orient un clar estel mirant

Inicien camí que fan de bon grat.

Als mags ens unim el Misteri admirant.

A los lectores que no entiendan esta lengua les ofrezco la traducción, destacando que la poesía pierde mucho en su traducción castellana, entre otras cosas, la rima, al menos de un verso:

Belén de Judá fue la elegida,

DOnde, humilde y sencillo, nuestro Salvador

Nació, de una virgen y un trabajador;

Nacimiento gozoso que nos trajo la Vida.

A ver al recién nacido Jesús, Hijo de Dios,

De aquellos contornos unos humildes pastores

Aceleran sus pasos haciendo de cantores,

Loa a Dios cantan con su voz.

Cubierto de pañales por su madre amamantado,

Ríe dulcemente el divino y humano Infante,

Ilumina la noche con su luz brillante,

Sonríe a su padre, que no lo ha engendrado.

Tres magos del Oriente una clara estrella mirando

Inician camino que hacen de buen grado.

A los magos nos unimos el Misterio admirando.

Δόξα ἐν ὑψίστοις Θεῷ καὶ ἐπὶ γῆς εἰρήνη ἐν ἀνθρώποις εὐδοκίας”.

Gloria in altissimis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis

¡Merry Christmas!

¡Joyeux Noël!

¡Frohe Weihnachten!

¡Feliz Navidad!

Bon Nadal!

Crãciun Fericit!

Felix fastumque Natale!

Καλά Χριστούγεννα!

С Рождеством.  

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Pasamos ahora al otro personaje del cuadro de Rembrandt que no es otro que Calisto.

Las fuentes sobre Calisto son variadas. En el terreno griego tenemos a Apolodoro.

Εὔμηλος δὲ καί τινες ἕτεροι λέγουσι Λυκάονι καὶ θυγατέρα Καλλιστὼ γενέσθαι· Ἡσίοδος μὲν γὰρ αὐτὴν μίαν εἶναι τῶν νυμφῶν λέγει, Ἄσιος δὲ Νυκτέως, Φερεκύδης δὲ Κητέως. αὕτη σύνθηρος Ἀρτέμιδος οὖσα, τὴν αὐτὴν ἐκείνῃ στολὴν φοροῦσα, ὤμοσεν αὐτῇ μεῖναι παρθένος. Ζεὺς δὲ ἐρασθεὶς ἀκούσῃ συνευνάζεται, εἰκασθείς, ὡς μὲν ἔνιοι λέγουσιν, Ἀρτέμιδι, ὡς δὲ ἔνιοι, Ἀπόλλωνι βουλόμενος δὲ Ἥραν λαθεῖν εἰς ἄρκτον μετεμόρφωσεν αὐτήν. Ἥρα δὲ ἔπεισεν Ἄρτεμιν ὡς ἄγριον θηρίον κατατοξεῦσαι. εἰσὶ δὲ οἱ λέγοντες, ὡς Ἄρτεμις αὐτὴν κατετόξευσεν, ὅτι τὴν παρθενίαν οὐκ ἐφύλαξεν. ἀπολομένης δὲ Καλλιστοῦς Ζεὺς τὸ βρέφος ἁρπάσας ἐν Ἀρκαδίᾳ δίδωσιν ἀνατρέφειν Μαίᾳ, προσαγορεύσας Ἀρκάδα· τὴν δὲ Καλλιστὼ καταστερίσας ἐκάλεσεν ἄρκτον.

(Apolodoro, Biblioteca Mitológica III, 8, 2)

Eumelo y otros dicen que Licaón tuvo también una hija, Calisto; Hesíodo en cambio la cree una de las ninfas, Asio la da por hija de Nicteo, y Ferécides, de Ceteo. Ésta era compañera de Ártemis en la caza, vestía como ella y le había jurado mantenerse virgen. Pero Zeus, enamorado de ella, y adoptando la apariencia de Ártemis según unos, de Apolo según otros, la violó. Queriendo ocultarla a Hera, la transformó en osa, pero Hera convenció a Ártemis para que disparase sus flechas como a un animal salvaje. Algunos dicen que Ártemis la flechó por no haber conservado su virginidad. Al morir Calisto, Zeus tomó al niño, al que llamó Árcade, y lo encargó a Maya que lo criara en Arcadia; a Calisto la catasterizó con el nombre de Osa.

La traducción es de Margarita Rodríguez de Sepúlveda, en Gredos.

El viajero Pausanias también nos habla de Calisto:

ἐπὶ δὲ τῷ γένει παντὶ τῷ ἄρσενι θυγάτηρ Λυκάονι ἐγένετο Καλλιστώ. ταύτῃ τῇ Καλλιστοῖ λέγω δὲ τὰ λεγόμενα ὑπὸΕλλήνων συνεγένετο ἐρασθεὶς Ζεύς· Ηρα δὲ ὡς ἐφώρασεν, ἐποίησεν ἄρκτον τὴν Καλλιστώ, Ἄρτεμις δὲ ἐς χάριν τῆς Ηρας κατετόξευσεν αὐτήν. καὶ ὁ Ζεὺς Ερμῆν πέμπει σῶσαι τὸν παῖδά οἱ προστάξας, ὃν ἐν τῇ γαστρὶ εἶχεν ἡώ· Καλλιστὼ δὲ αὐτὴν ἐποίησεν ἀστέρας καλουμένην ἄρκτον μεγάλην, ἧς καὶ Ὅμηρος ἐν Οδυσσέως ἀνάπλῳ παρὰ Καλυψοῦς μνήμην ἔσχε·

Πληιάδας τ᾿ ἐσορῶντα καὶ ὀψὲ δύοντα Βοώτην

ἄρκτον θ᾿ , ἣν καὶ ἅμαξαν ἐπίκλησιν καλέουσιν.

ἔχοιεν δ᾿ ἂν καὶ ἄλλως τὸ ὄνομα οἱ ἀστέρες ἐπὶ τιμῇ τῇ Καλλιστοῦς, ἐπεὶ τάφον γε αὐτῆς ἀποφαίνουσιν οἱ ᾿Αρκἀδες.

(Pausanias, Descripción de Grecia VIII, 3, 6)

Además de toda su prole varonil, Licaón tuvo una hija, Calisto, y con esta Calisto – cuento lo que cuentan los griegos – se unió Zeus, que estaba enamorado de ella. Pero cuando Hera los descubrió, convirtió a Calisto en osa, y Ártemis la asaeteó para complacer a Hera. Zeus envió a Hermes con el encargo de que salvara al niño que Calisto tenía en su vientre. A la propia Calisto la convirtió en una constelación llamada Osa mayor, de la que Homero (Odisea V, 272-273) hace mención en el viaje de Odiseo de vuelta del lado de Calipso:

Mirando a las Pléyades y a Bootes que se oculta tarde

Y a la Osa, a la que dan el sobrenombre de carro.

Pero las estrellas tal vez tengan simplemente su nombre en honor de Calisto, puesto que los arcadios muestran su tumba.

La traducción es e María Cruz Herrero Ingelmo, en Gredos.

Eratóstenes en sus Catasterismos I, dedicado a la Osa Mayor, nos habla de la hija de Licaón:

Cuenta Hesíodo que era hija de Licaón y que vivía en la región de Arcadia, y que se dedicaba a cazar las fieras del monte como compañera de Ártemis. Fue seducida por Zeus, aunque consiguió que Ártemis no lo advirtiera; más tarde, cuando estaba a punto de dar a luz, un día que se bañaba, la diosa se percató de su estado. La diosa se enojó con ella por ese motivo y la metamorfoseó en una fiera; y ella, bajo su nuevo aspecto de osa, dio a luz a Arcadio. Unos cabreros la cazaron en el monte y la regalaron junto con su retoño a Licaón. Pasado el tiempo se atrevió a entrar al recinto sagrado de Zeus, contraviniendo la ley; fue perseguida por su propio hijo y por los habitantes de Arcadia, y a punto estuvo de morir ejecutada en la aplicación de la mencionada ley. Pero Zeus la liberó de morir en gracia a su antigua relación y la elevó al firmamento. Denominó a esta constelación Osa Mayor, a causa de su primer incidente.

La constelación tiene siete estrellas de escaso brillo en su cabeza, dos sobre cada uno de sus hombros; una más brillante sobre los omóplatos, una sobre el pecho (una sobre la garra delantera), una brillante sobre el lomo, dos sobre las garras traseras, dos en el extremo de la pata y tres sobre la cola. Todas suman veintitrés.

La traducción es de Antonio Guzmán Guerra en Alianza Editorial (8219).

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En nuestro anterior artículo ofrecimos la Elegía Romana III de Goethe. Aquí está la traducción de Alfonsina Janés, en Bosch. Serie Erasmo.

III

¡Amada, no te arrepientas de haberte entregado a mí en seguida!

Créeme, no te considero descarada ni vulgar.

Múltiple efecto surten las flechas de Amor: unas rasguñan

y su lento veneno enferma largo tiempo el corazón.

Mas con alas potentes, con punta bien afilada

penetran las otras en la médula, inflaman veloces la sangre.

En los tiempos heroicos en que dioses y diosas amaban,

seguía deseo a la mirada, seguía deleite al deseo.

¿Crees que la diosa del amor reflexionó mucho rato

cuando, en el bosque de Ida prendóse antaño de Anquises?

Si Luna hubiera tardado en besar al hermoso durmiente,

oh, entonces Aurora, envidiosa, lo despertara veloz.

Hero vio a Leandro en la ruidosa fiesta, y al punto

abalanzóse el amante ardoroso en la corriente nocturna.

Desciende Rea Silvia, la virgen egregia, a sacar

agua del Tíber, y el dios se apodera de ella

¡Así engendró Marte a sus hijos! A los mellizos alimenta

una loba, y Roma se llama la princesa del mundo.

Examinemos ahora el poema y sus referencias mitológicas.

El poeta nos dice que, en los tiempos heroicos, dioses y diosas amaban, y en estos amores tenía gran importancia la figura de Amor. El dios es descrito con la iconografía que se ha hecho más conocida: un arquero que dispara flechas causantes del deseo amoroso, que llega al instante, o del mal de amores, que enferma el corazón.

En el verso 9 cita a la diosa del amor (die Göttin der Liebe), que no es otra que Afrodita y cómo ésta se enamoró al instante de Anquises. Goethe concreta el lugar: el bosque del Ida. Hay dos montes Ida famosos en la Antigua Grecia.

El monte Ida de Creta, que hoy se llama Psiloritis, donde fue ocultado el pequeño Zeus, para evitar que fuera devorado, como sus hermanos, por su padre Crono.

Y el monte Ida de la actual Turquía (hoy monte Kaz Dag), en la región de Troya, escenario del juicio de Paris, lugar de observación de la guerra de Troya por parte de los dioses, sitio en el que Zeus raptó a Ganimedes y al que aquí se refiere Goethe como escenario de otro episodio mitológico: los amores de Afrodita y Anquises.

En efecto, Anquises, hijo de Capis y Temiste, fue amado por Afrodita, que lo vio en el Ida, cerca de Troya, como hemos dicho, mientras apacentaba su rebaño. Para hacerse querer de él, Afrodita se le acercó presentándosele como la hija del rey de Frigia, Otreo, a quien Hermes había raptado y transportado a los prados del Ida. De este modo se unió a él. Más tarde le reveló quién era y le anunció que le daría un hijo, pero le recomendó que no dijese a nadie que el niño era hijo de una diosa, pues si Zeus se enteraba, fulminaría al pequeño. Pero un día Anquises, en una fiesta en que había bebido demasiado vino, se jactó de sus amores y Zeus le castigó por ello volviéndolo cojo de un rayo, o según otros, ciego. El hijo de Anquises y Afrodita es Eneas.

Algunas de las fuentes para este mito son:

Homero, Ilíada II, 819-821:

Δαρδανων ατ’ ρχεν ς πάϊς ᾿Αγχσαο,

Ανεας, τν π᾿ ᾿Αγχσ τκε δ᾿ ᾿Αφροδτη,

῎Ιδης ν κνημοσι θεὰ βροτ ενηθεσα,

Luis Segalà traduce:

De los Dardanios era caudillo Eneas, valiente hijo de Anquises,

De quien lo tuvo la divina Venus

después que la diosa se unió con el mortal en un bosque del Ida.

Apolodoro, en su Biblioteca Mitológica III, 12, 2, escribe:

σσαρκου δ κα ερομνμης τς Σιμεντος Κπυς, το δ κα Θεμστης τς λου γχσης, δι᾿ ρωτικν πιθυμαν φροδτη συνελθοσα Ανεαν γννησε κα Λρον, ς παις πθανεν.

De Asáraco y Hieromneme, hija del Simois, nació Capis; de Capis y Temiste, hija de Ilo, Anquises, con quien yació Afrodita por deseo amoroso y engendró a Eneas y a Liro – éste muerto sin descendencia.

La traducción es de Margarita Rodríguez de Sepúlveda, en Gredos

En la Eneida de Virgilio (I, 616-617) leemos:

Tune ille Aeneas quem Dardanio Anchisae

Alma Venus Phrygii genuit Simoentis ad undam?


¿Eres tú aquel Eneas que dio al dardanio Anquises

Venus, la transmisora de la vida, allá a la orilla del Simunte de Frigia?

La traducción es de Javier de Echave-Sustaeta en Gredos.

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