Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 28 noviembre 2012

Dejábamos nuestro primer capítulo del basilisco con fragmentos del libro de Jan Bondeson La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural. En ellos se decía que el silbido del basilisco ponía en fuga a las serpientes. Esto mismo nos lo dice Claudio Eliano, en su Historia Animalium II, 7:

᾿Εν Λιβύῃ ἡμιόνους τετρωμένους ᾿Αρχέλαος λέγει ἀπειπόντας ὑπὸ δίψους ἐρρῖφθαι νεκροὺς πολλούς. Πολλκις δὲ ὄφεων ἐπιρρεῦσαν φῦλον πμπολυ τῶν κρεῶν ἐσθίειν·ἐπν δὲ βασιλίσκου συρίγματος ἀκούσῃ, τ μὲν ὑπὸ τοῖς εἰλυοῖς καὶ τῇ ψμμῳ ἀφανίζεσθαι τὴν ταχίστην καὶ ἀποκρύπτεσθαι, τὸν δὲ προσελθόντα κατ πολλὴν τὴν εἰρήνην δειπνεῖν, εἶτα αὖθις ὑποσυρίζειν καὶ ἀπαλλττεσθαι, τοὺς δὲ ἡμιόνους καὶ τὸ δεῖπνον τὸ ἐξ αὐτῶν σημαίνεσθαι τὸ ἐντεῦθεν, τὸ τοῦ λόγου τοῦτο, ἄστροις.  

Arquelao dice que en Libia los mulos heridos o extenuados de sed son abandonados en gran cantidad, como si estuvieran muertos. A menudo un gran número de serpientes de todas clases se lana a comer su carne, y, cuando oyen el silbido del basilisco, desaparecen rapidísimamente y se ocultan en sus cubiles o debajo de la arena. El basilisco llega al lugar y con toda tranquilidad se da un festín, luego se marcha y se aleja silbando. Y el basilisco señala el lugar de los mulos y del banquete suministrado por ellos, según el dicho “ante las estrellas”.

Antes, en II 5, ha dicho:

σπιθαμὴ δὲ βασιλίσκου τὸ μῆκός ἐστι, καὶ μέντοι καὶ θεασάμενος τῶν ὄφεων μήκιστος αὐτὸν οὐκ ἐς ἀναβολὰς ἀλλὰ ἤδη ἐκ τῆς τοῦ φυσήματος προσβολῆς αὖός ἐστιν. εἰ δὲ ἄνθρωπος κατέχοι ῥάβδον, εἶτα ταύτην ἐκεῖνος ἐνδάκοι, τέθνηκεν κύριος τῆς λύγου

El basilisco no mide más que un palmo, pero, en mirándolo una serpiente, por larga que sea, no tras algún tiempo sino al instante, a la simple emisión del aliento, queda tiesa. Y si un hombre tiene una caña como bastón y el basilisco la muerde, el dueño de la caña muere.

El propio Claudio Eliano, en III, 31 escribe:

᾿Αλεκτρυόνα φοβεῖται λέων. Καὶ βασιλίσκος δὲ τὸν αὐτὸν ὄρνιν, ὥς φασιν, ὀρρωδεῖ, καὶ κατιδὼν τρέμει, καὶ ἀκούων δοντος σπᾶταί τε καὶ ἀποθνήσκει. ταῦτα ἄρα καὶ οἱ τὴν Λιβύην ὁδοιποροῦντες τὴν τῶν τοιούτων τροφὸν δέει τοῦ προειρημένου βασιλίσκου εἶτα μέντοι συνέμπορον καὶ κοινωνὸν τῆς ὁδοῦ τὸν ἀλεκτρυόνα ἐπγονται, ὅσπερ οὖν τὸ τηλικοῦτον κακὸν ἀπαλλξει αὐτοῖς.

El león tiene miedo del gallo. Y el basilisco, según se dice, se horroriza ante esta ave. Al verla, el basilisco se echa a temblar, y al oírla cantar, experimenta convulsiones y se muere. Éste es el motivo de que los viajeros en Libia, que es creadora de tales seres monstruosos, lleven como compañero y socio en el camino a un gallo por miedo al dicho basilisco; y este gallo los preserva de semejante peste.

No sabemos si este hecho de que el basilisco muera ante el canto de un gallo influyó para que se representara, como más arriba hemos dicho, en la nota al pie del texto de Plinio, al basilisco en la iconografía cristiana con medio cuerpo de gallo y medio de serpiente.

Hecho el paréntesis de los textos de Claudio Eliano, seguimos con Bondeson:

En la famosa novela de Heliodoro, Aethiopica, la realidad de fenómenos tales como el amor a primera vista y el mal de ojo es sostenida basándose en el hecho indiscutible de que el basilisco “por su mero aliento y su mirada agostará y tullirá todo lo que se ponga en su camino”.

Aquí aportamos nosotros el pasaje de Heliodoro de Émesa (Etiópicas o Teágenes y Cariclea, III, 8):

Τεκμηριούτω δέ σοι τὸν λόγον εἴπερ ἄλλο τι καὶ τῶν ἐρώτων γένεσις, οἷς τἀ ὁρώμενα τὴν ἀρχὴν ἐνδίδωσι οἷον ὑπήνεμα διὰ τῶν ὀφθαλμῶν τὰ πάθη ταῖς ψυχαῖς εἰστοξεύοντα. Καὶ μάλα γε εἰκότως, τῶν γὰρ ἐν ἡμῖν πόρων  τε καὶ αἰσθήσεων πολυκίνη τόν τε καὶ θερμότατον οὖσα ὄψις δεκτικωτέρα πρὸς τὰς ἀπορροίας γίνεται, τῷ κατ᾿ αὐτὴν ἐμπύρῳ πνεύματι τὰς μεταβάσεις ἐρώτων ἐπισπωμένη. Εἰ δὲ χρή σοι καὶ παραδείγματος ἕνεκα λόγον τινὰ φυσικώτερον παραθέσθαι, βίβλοις ἱεραῖς ταῖς περὶ ζῴων ἀνάγραπτον, χαραδριὸς τοὺς ἰκτεριῶντας ἰᾶται καὶ τοῦτο πάσχων εἰ τῷ ὀρνέῳ προσβλέποι …. τὸ δὲ φεύγει καὶ ἀποστρέφεται τοὺς ὀφθαλμοὺς ἐπιμῦσαν, οὐ φθονοῦν ὡς οἴονταί τινεςτ ῆς ὠφελείας ἀλλ᾿ ὅτι θεώμενος ἕλκειν καὶ μετασπᾶν εἰς ἑαυτὸν ὥσπερ ῥεῦμα πέφυκε τὸ πάθος καὶ διὰ τοῦτο ἐκκλίνει καθάπερ τρῶσιν τὴν ὅρασινΚαὶ ὄφεων δὲ καλούμενος βασιλίσκος ὅτι καὶ πνεύματι μόνον καὶ βλέμματι πᾶν ἀφαυαίνει καὶ λυμαίνεται τὸ ὑποπῖπτον ἴσως ἀκήκοας· εἰ δέ τινες καὶ τοὺς φιλτάτους καὶ οἷς εὖνοι τυγχάνουσι καταβασκαίνουσιν οὐ χρὴ θαυμάζειν, φύσει γὰρ φθονερῶς ἔχοντες οὐχ βούλονται δρῶσιν ἀλλ᾿ πεφύκασι.  

Y como prueba de lo que te digo, basta con referirme a la génesis de los enamoramientos: éstos, en efecto, se producen en principio únicamente por la vista, cuya función es clavar en las almas mediante los ojos los sentimientos que, por decirlo de algún modo, vuelan por el viento como saetas. Es muy sencilla la explicación para esto, porque de todos nuestro órganos y sentidos el de la vista es el más móvil y caliente y, por tanto, el más apto para recibir las emanaciones que afluyen. Gracias, pues, a su carácter, como de fuego, la vista es lo que mejor atrae los enamoramientos, cuando pasan por delante de ella.

Y si hace falta mostrarte, a modo de ejemplo, un argumento tomado más bien de las ciencias naturales, que se halla registrado en los libros sagrados que verán sobre los animales, hay que mencionar el alcaraván, ave que cura de la ictericia. Cuando uno que parezca esta enfermedad lo mira, el pájaro huye y al punto se da la vuelta cerrando los ojos, no porque, como algunos creen, al envidia le induzca a a denegar ese favor al enfermo, sino porque, por su naturaleza, al recibir la mirada arrastra hacia sí mismo y se atrae la enfermedad, como a través de un canal. Ésta, y no otra, es la causa de que evite mirar a tales personas, porque lo hieren. De los ofidios, el llamado basilisco, quizás hayas oído que sólo con su aliento y su mirada deseca y corrompe todo lo que se pone a su alcance. De modo que no hay que maravillarse de que algunos lleguen a aojar incluso a sus seres más queridos y a quienes mejor quieren. Como son envidiosos por naturaleza, no es su voluntad la causa de que hagan eso, sino su constitución intrínseca.

La traducción es de Emilio Crespo Güemes, en Gredos.

Anuncios

Read Full Post »

Hay que ver el revuelo que se ha armado con lo del buey y la mula en el nacimiento de Belén, a propósito del último libro de Benedicto XVI.

Vamos a dar nuestra pincelada sobre el asunto desde dos puntos de vista: el periodístico y el filológico.

Benedicto XVI ha escrito su tercer libro sobre Jesús de Nazaret; tras Jesús de Nazaret y Jesús de Nazaret: desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, llega La infancia de Jesús, y, en él, como es lógico, analiza todos los episodios presentes en el evangelio sobre este período de la vida de Jesús. Al hablar de lo que sobre la infancia de Jesús dicen los evangelios canónicos, Benedicto XVI se refiere a personajes como José, María, los magos, el anciano Simeón, la anciana Ana, el emperador Augusto, el rey Herodes, etc.

Y afirma algo que muchos ya sabíamos: que los evangelistas canónicos nada dicen de la mula y el buey. No he leído el libro del Papa, pero supongo que ésa será una afirmación muy secundaria, casi anecdótica, en los argumentos expuestos en el libro.

Aspecto primero: el periodístico.

En este lugar hay un interesante artículo sobre el asunto. De él extraigo unos párrafos. En el primero el autor del artículo lanza una andanada a los periodistas, capaces de poner un titular como: El Papa afirma que no había ni mula ni buey en el portal de Belén en un periódico se supone que serio como El País.

 ¿Por qué cuento esto? Porque es un ejemplo revelador de lo mal que está el oficio. Si hay matices en una nimiedad así imaginen en lo demás. Lo que diga el Papa a muchos les puede importar un pimiento, pero es un ejemplo como hay otros. Al margen de lo que a mí me parezca su libro -que me lo he leído, como los anteriores, porque es mi trabajo-, llegar a lo de la mula y el buey es reducirlo a una caricatura. Pónganse en la piel de Benedicto XVI: tarde usted dos años en escribir un libro con ochenta y pico años, documentado con bibliografía y decenas de citas de pesadísimos teólogos alemanes para que al final se lo dejen en la tontería de la mula y el buey. Siempre es difícil sacar un titular de lo que dice este hombre, pero estamos tocando fondo.

Más adelante Íñigo Domínguez, autor del escrito, sigue diciendo:

En este caso creo que, más allá de una inercia cultural de denigración de lo religioso, interviene una creciente aversión por lo serio que hace este episodio extrapolable a muchas otras situaciones. Lo que más oigo en los últimos años para preferir una noticia a otra es que es graciosa. En el periodismo actual hay una constante tensión, como nunca hasta ahora, entre noticias y estupideces, y están ganando las gilipolleces por goleada. Era impensable hace solo unos pocos años, pues quien hacía bobadas se descalificaba él solo y perdía credibilidad. Luego nos asombramos de que la gente cada vez compre menos periódicos.

 Y remata la faena:

Es así como llegamos a la cuestión esencial del criterio, base de nuestra profesión: ¿qué poner, que la mula y el buey ya no están en el portal de Belén o que el Papa analiza los Evangelios para intentar demostrar racionalmente que Jesucristo es una figura real e histórica? Hombre, es que no hay color, adelante con la mula y el buey y los tres cerditos si hace falta. Lo otro es casi imposible de titular o de convertirlo en una idea interesante, pero resulta que hacerlo es precisamente nuestro trabajo. Es lo difícil, aunque la información del Vaticano suele ser un caso extremo, y por eso viene bien como ejemplo. Es así como se llenan las webs de diarios serios de animales haciendo el pino o de cualquier sandez que se le parezca. Y por contagio, esa escala de valores se está pegando a los periódicos de papel. Es el suicidio perfecto. Lleva a que un diario deje de ser tomado en serio, su capital más valioso. Su único capital.

Hoy mismo, en ABC, Jon Juaristi escribe un artículo con el título de Belenes.

En él hay también interesantes y juiciosas afirmaciones. Destaco algunas.

 EL personal anda muy desconcertado con lo del buey y la mula, porque han oído que el Papa niega que hubiera tales animales en el Portal, y no saben si, en consecuencia, deberían quitarlos de los nacimientos. No he leído aún el libro de Benedicto XVI sobre la infancia de Jesús, que ha editado en España mi amiga Carmina Salgado, pero supongo que nada está más lejos de las intenciones del Papa que eliminar a dicha pareja de los pesebres navideños.

A don Julio Caro Baroja, que era agnóstico, los belenes le hicieron etnógrafo desde niño, cuando lo llevaban a la Plaza Mayor a comprar figuras de pescadores de caña, molinos de corcho y musgo abundante. A mí también me entusiasmaba montar el de mi familia, que tenía hasta un castillo de Herodes. Eso sí que era una incongruencia, porque Herodes vivía en Jerusalén. Y qué. ¿Desde cuándo le importaron al pueblo, cuando todavía había pueblo, las incongruencias geográficas o zoológicas? Lo de la mula y el buey ha creado alarma social, y no entiendo por qué. Parece como si todo el mundo pusiera todavía belenes en sus casas. No es así. Las pocas familias que lo siguen haciendo no se plantearán siquiera mover un solo elemento de su sitio acostumbrado. Los que arman el lío con el libro del Papa ni lo han leído ni echan en falta el belén…

Se supone erróneamente que la figura del caganer es una aportación catalana. Nada de eso. Era habitual en los pesebres napolitanos. He comprado algunos en Nápoles, en las tiendas del Largo de San Gregorio Armenio, además de otras figuras tomadas de la Comedia del Arte (por cierto, el Polichinela de los belenes napolitanos modernos tiene los rasgos de Totó). En cuanto al caganer, me parece evidente que se trata, en su origen, de un detalle antijudío del pesebre primitivo.

 

La imaginación popular ha sido siempre anacrónica. Ni el tiempo ni la exactitud histórica le han importado lo más mínimo. Disfrutaba de una libertad que la imaginación moderna ha perdido, y por eso los pedantes andan ahora intentando cargarse, con el pretexto del libro del Papa, lo que queda de una tradición que permitía al pueblo cristiano vivir a su modo la gran experiencia artística del Año Litúrgico.

No voy a insistir más en el asunto; sólo remarcar que, en materia religiosa especialmente, pero también en otras, muchos medios de comunicación hacen uso de una información dudosa, sesgada, casi burlona, cuando no directamente falsa e incluso calumniosa. No me digan que titular El Papa afirma que no había ni mula ni buey en el portal de Belén no es de una simpleza y de una ignorancia supinas. No he leído el libro, ni creo que lo haya hecho el periodista Pablo Ordaz – que me disculpe, si lo ha hecho -, ya que el libro se ponía a la venta el día 21 de noviembre, fecha del artículo que firma en El País. En dicho artículo escribe Ordaz: se carga (Benedicto XVI) de un plumazo la iconografía del portal: ni había mula ni había buey, y la estrella —casi con toda probabilidad— era una supernova.

Ni el Papa puede afirmar que no había mula y buey, porque no estaba en Belén el año 6 a. C. (primera inexactitud grave) ni se carga de un plumazo la iconografía del portal, primero porque nunca han estado presentes en los evangelios canónicos el buey y la mula, y segundo porque no creo que al Papa le parezca mal que la mula y el buey estén presentes en el belén que se monta en la plaza de San Pedro, como ocurrió el año pasado, y donde, como se aprecia en la imagen, estaban la mula y el buey, la estrella y los magos.

Read Full Post »

Siguiendo nuestro recorrido sobre el Zodíaco y sus fuentes literarias, que fundamentalmente son Eratóstenes en sus Catasterismos, Arato en sus Fenómenos y Germánico César en su paráfrasis y versión en hexámetros latinos de los Φαινόμενα de Arato, vamos con Leo.

Leo:

Antonio Guzmán nos indica que esta constelación incluye la estrella Régulo (pequeño rey), que se halla a 90 años luz, de diámetro cinco veces superior al del Sol, y doscientas veces su luminosidad.

Constituye una de las constelaciones más vistosas. Parece que Zeus la dispuso como uno de los signos del Zodiaco por ser rey de los cuadrúpedos. Dicen algunos que representa el primer trabajo de Heracles, como testimonio de su memoria. Buscando éste alcanzar fama, dicen que dio muerte a un león sin ayuda de arma alguna (única ocasión en la que actuó así, pues asfixió a la bestia con sólo sus brazos); así lo relata al menos el rodio Pisandro. A partir de entonces llevaba consigo la piel de fiera, en recuerdo de su gran hazaña. Lleva  tres estrellas en la cabeza, dos en el pescuezo, una sobre el pecho, tres en la pezuña, una en medio del vientre, dos bajo el pecho, otra muy refulgente sobre la garra de la derecha, otra brillante bajo el vientre y otra más abajo, una en la ingle, otra en la rodilla trasera y una más también brillante en el extremo de la pezuña. Suman en total diecinueve. Se divisan igualmente por encima de Leo siete estrellas de escaso brillo formando un triángulo por la parte de la cola; se las conoce con el nombre de Cabellera de Berenice la Bienhechora.

En nota Guzmán Guerra informa que Berenice era esposa de Tolomeo III Evérgetes (que significa “bienhechor”), en cuyo honor compuso el poeta Calímaco su Cabellera de Berenice.

Y tras Leo, la Virgen.

Virgo:

Virgo se nos hace visible, nos dice Guzmán Guerra, hacia las 10 de la noche en el mes de mayo, y aunque no destca muy claramente en el firmamento, forma parte de ella una estrella muy potente, la Espica (spica), que a pesar de estar a 300 años luz es 120 veces más lumniosa que la misma estrella Sirio.

Hesiodo la considera hija de Zeus y Temis y la llama Dike. El mitógrafo Arato se hace eco del relato de Hesiodo y narra que en un principio era inmortal y que vivía en la Tierra con los hombres, quienes la llamaban Justicia. Pero como los hombres se pervirtieron y dejaron de respetar la justicia, los abandonó y se retiró a la montaña. Más tarde, como los hombres se enzarzaran en guerras y revueltas civiles, ella los aborreció definitivamente por su desprecio a la justicia y ascendió al cielo. Se cuentan además muy diversas historias sobre ella: afirman unos que era la diosa Deméter, porque lleva una espiga; otros que Isis, otros que Atárgatis (también conocida bajo la advocación de la “diosa siria”, su culto aparece descrito en Luciano en su obra Lucio o el asno y en Apuleyo, El asno de oro), y otros que Tyche, por lo que la representan sin cabeza. Tiene una estrella sin brillo sobre la cabeza, una sobre cada uno de los hombros y dos en cada ala; la de la derecha, situada entre el hombro y el extremo del ala, se denomina Protrigéter (es la “que anuncia el comienzo de la vendimia”, a principios de septiembre en los países mediterráneos); también presenta una sobre cada codo (la que se halla en el izquierdo es muy brillante y se denomina Espiga) y una en el extremo de la mano. Al filo del manto tiene seis, de poca luz, y una en cada pie. Suman un total de veinte.

 

Arato, en sus Fenómenos (97-146) nos habla de la Virgen:

Ἀμφοτέροισι δὲ ποσσὶν ὕπο σκέπτοιο Βοώτεω Παρθένον, ἥ ῥ᾿ ἐν χειρὶ φέρει στάχυν αἰγλήεντα. Εἴτ᾿ οὖν Ἀστραίου κείνη γένος, ὅν ῥά τέ φασιν ἄστρων ἀρχαῖοι πάτερ᾿ ἔμμεναι, εἴτε τευ ἄλλου, 100 εὔκηλος φορέοιτο. Λόγος γε μὲν ἐντρέχει ἄλλος ἀνθρώποις, ὡς δῆθεν ἐπιχθονίη πάρος ἦεν, ἤρχετο δ᾿ ἀνθρώπων κατεναντίη, οὐδέποτ᾿ ἀνδρῶν οὐδέποτ᾿ ἀρχαίων ἠνήνατο φῦλα γυναικῶν ἀλλ᾿ ἀναμὶξ ἐκάθητο καὶ ἀθανάτη περ ἐοῦσα, 105 καὶ ἑ Δίκην καλέεσκον· ἀγειρομένη δὲ γέροντας ἠέ που εἰν ἀγορῆι ἢ εὐρυχόρωι ἐν ἀγυιῆι, δημοτέρας ἤειδεν ἐπισπέρχουσα θέμιστας. Οὔπω λευγαλέου τότε νείκεος ἠπίσταντο, οὐδὲ διακρίσιος περιμεμφέος, οὐδὲ κυδοιμοῦ·110 αὕτως δ᾿ ἔζωον. Χαλεπὴ δ᾿ ἀπέκειτο θάλασσα, καὶ βίον οὔπω νῆες ἀπόπροθεν ἠγίνεσκον, ἀλλὰ βόες καὶ ἄροτρα καὶ αὐτὴ πότνια λαῶν μυρία πάντα παρεῖχε Δίκη δώτειρα δικαίων. Τόφρ᾿ ἦν ὄφρ᾿ ἔτι γαῖα γένος χρύσειον ἔφερβεν, 115 ἀργυρέωι δ᾿ ὀλίγη τε καὶ οὐκέτι πάμπαν ἑτοίμη ὡμίλει, ποθέουσα παλαιῶν ἤθεα λαῶν. Ἀλλ᾿ ἔμπης ἔτι κεῖνο κατ᾿ ἀργύρεον γένος ἦεν· ἤρχετο δ᾿ ἐξ ὀρέων ὑποδείελος ἠχηέντων μουνάξ, οὐδέ τεωι ἐπεμίσγετο μειλίχιοισιν· 120 ἀλλ᾿ ὁπότ᾿ ἀνθρώπων μεγάλας πλήσαιτο κολώνας, ἠπείλει δἤπειτα καθαπτομένη κακότητος, οὐδ᾿ ἔτ᾿ ἔφη εἰσωπὸς ἐλεύσεσθαι καλέουσιν. Οἵην χρύσειοι πατέρες γενεὴν ἐλίποντο, χειροτέρην. Ὑμες δὲ κακώτερα τέκνα τεκεῖσθε. 125 Kαὶ δή που πόλεμοι, καὶ δὴ καὶ ἀνάρσιον αἷμα ἔσσεται ἀνθρώποισι, κακὸν δ᾿ ἐπικείσεται ἄλγος. Ὣς εἰποῦς᾿ ὀρέων ἐπεμαίετο, τοὺς δ᾿ ἄρα λαοὺς εἰς αὐτὴν ἔτι πάντας ἐλίμπανε παπταίνοντας. Ἀλλ᾿ ὅτε δὴ κἀκεῖνοι ἐτέθνασαν, οἱ δ᾿ ἐγένοντο, 130 χαλκείη γενεή, προτέρων ὀλοώτεροι ἄνδρες, οἳ πρῶτοι κακοεργὸν ἐχαλκεύσαντο μάχαιραν εἰνοδίην, πρῶτοι δὲ βοῶν ἐπάσαντ᾿ ἀροτήρων, καὶ τότε μισήσασα Δίκη κείνων γένος ἀνδρῶν ἔπταθ᾿ ὑπουρανίη, ταύτην δ᾿ ἄρα νάσσατο χώρην, 135 ἧχί περ ἐννυχίη ἔτι φαίνεται ἀνθρώποισι Παρθένος ἐγγὺς ἐοῦσα πολυσκέπτοιο Βοώτεω. Τῆς ὑπὲρ ἀμφοτέρων ὤμων εἱλίσσεται ἀστὴρ [δεξιτερῆι πτέρυγι· Προτρυγητὴρ δ᾿ αὖτε καλεῖται] τόσσος μὲν μεγέθει, τοίηι δ᾿ ἐγκείμενος αἴγληι 140 οἷος καὶ μεγάλης οὐρὴν ὑποφαίνεται Ἄρκτου· δεινὴ γὰρ κείνη, δεινοὶ δέ οἱ ἐγγύθεν εἰσὶν ἀστέρες· οὐκ ἂν τούς γε ἰδὼν ἐπιτεκμήραιο, οἷός οἱ πρὸ ποδῶν φέρεται καλός τε μέγας τε, εἷς μὲν ὑπωμαίων, εἷς δ᾿ ἰξυόθεν κατιόντων, 145 ἄλλος δ’ οὐρανίοις ὑπὸ γούνασιν. Ἀλλ᾿ ἄρα πάντες ἁπλόοι ἄλλοθεν ἄλλος ἀνωνυμίη φορέονται.

Bajo los pies del Boyero puedes observar a la Virgen, que sostiene en la mano una espiga floreciente. Tanto si ella es del linaje de Astreo, de quien dicen los antiguos que es el padre de los astros, como si lo es de algún otro, que siga tranquila en su ruta. Pero entre los hombres circula otra versión; que antes vivía en la tierra y venía abiertamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo. Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta Discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del combate; vivían sencillamente; el peligroso mar quedaba a un lado, y las naves no iban lejos a buscar el sustento, sino que los bueyes, el arado y ella misma, la Justicia soberana de pueblos, suministraba todo abundantemente, ella, la dispensadora de bienes legítimos. Esto duró mientras la Tierra aún alimentaba a la raza de oro. Mas con la de plata, poco y de mala gana se relacionaba, pues echaba de menos la manera de ser de los pueblos antiguos. Pero a pesar de ello, todavía estaba presente durante la edad de plata: al atardecer descendía de los montes rumorosos, solitaria, y no se comunicaba con nadie con palabras amables, sino que cuando había cubierto de hombres inmensas colinas, los increpaba entonces censurando su perversidad, y decía que ya no vendría más a la presencia de quienes la llamaran: “¡Cuán degenerada descendencia dejaron vuestros padres de la edad de oro! Pero vosotros engendraréis unos descendientes peores todavía. Entonces ocurrirá que habrá guerras y, de cierto, también muertes impías entre los hombres: el dolor caerá sobre sus faltas”. Después de hablar así, se encaminaba de nuevo a las montañas y abandonaba a todas aquellas gentes que la seguían todavía con la mirada. Pero cuando aquéllos murieron, nacieron éstos, la raza de bronce, hombres aún más perversos que los anteriores, los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos, los primeros que comieron la carne de los bueyes de labor. Entonces la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo; y a continuación habitó esta región donde de noche aparece todavía a los mortales como la Virgen, cerca del esplendente Boyero. Encima de sus dos hombros gira una estrella [cerca del ala derecha; y se llama el Heraldo de la Vendimia;] de tal magnitud, y dotada de tal brillo, como la que se ve debajo de la cola de la Osa Mayor; ésta es deslumbradora, como también lo son las estrellas cercanas; una vez que las has visto no necesitas buscar otro punto de referencia, tal y como ruedan delante de sus patas que prolongan los hombros, otra delante de las que descienden desde los ijares, y otra, en fin, debajo de las rodillas posteriores. Pero todas evolucionan independientes, cada cual por su sitio y anónimas.

Read Full Post »

Píntame un mito (I)

Hércules (Piero della Francesca; después de 1465)

Iniciamos una serie sobre cuadros de temática mitológica en diversos autores. No es la primera vez que nos referimos a la mitología en las artes, y en la pintura en concreto. Ya antes hemos publicado las series Tríptico mitológico de Rembrandt o Historias de Diana, entre otros artículos, en los que hemos aportado ejemplos de la versión que de determinada escena mítica o personaje mitológico realizaron algunos pintores.

Nuestra intención ahora es ofrecer una serie de cuadros de temática mitológica de diferentes autores y hablar del personaje tratado en los mismos. Asimismo ofreceremos, cuando exista, otra versión de la misma escena o personaje.

El recorrido será en orden cronológico y nuestro primer pintor es Piero della Francesca (1416-1492) que, en el único tema pagano que conocemos dentro de su producción, representa a Hércules.

La obra es de ca. 1470 y se trata de un fresco de 151 x 126 cm que se puede contemplar en el Isabella Stewart Gardner Museum de Boston.

En la página del museo podemos leer este texto, sacado de Alan Chong, “Hercules,” en Eye of the Beholder, editado por Alan Chong et alii (Boston: ISGM and Beacon Press, 2003): página 53:

Este fresco adornaba en su momento la casa de Piero della Francesca en Borgo Sansepolcro. La pintura fue colocada originalmente en la esquina superior de una habitación, con su parte derecha bordeando una pared, lo que ayuda a explicar la perspectiva empinada de la imagen. Hércules se sitúa en un umbral. Más allá, podemos ver un techo con vigas de madera decoradas con follaje. No hay evidencia de que la habitación estuviera decorada con otros dioses o héroes, como sería de esperar. Además, Piero della Francesca eligió retratar Hércules como un joven, y no como el barbudo y musculoso personaje familiar de la escultura antigua. Ciertamente, el desnudo ideal era un tema central del Renacimiento italiano. Sin embargo, sigue siendo un misterio lo que esta imagen del joven Hércules podría significar en la vivienda privada del pintor, aunque el héroe se asocia comúnmente con la virtud cívica y la bondad. Tal vez la pintura de un desnudo clásico en perspectiva inusualmente empinada era un desafío artístico irresistible para Piero.

Por su parte, Pietro Allegretti, en la colección Los Grandes Genios del Arte que, con patrocinio del BBVA, editó el periódico El Mundo, escribe sobre esta obra:

El fresco fue encontrado entre 1869 y 1870 en el Palacio Graziani de Borgo San Sepolcro, en la que se considera la vivienda de Piero, bajo el enlucido de una habitación del primer piso, al lado de una chimenea y sobre una puerta, ante un fondo azul.

La imagen está incompleta porque la parte baja del fresco fue cortada para abrir una puerta en el siglo XVIII. Fue interpretado por Longhi como parte de un ciclo de hombres ilustres, pero los recientes reconocimientos de las paredes de la estancia han demostrado que se trata de una figura aislada. Mostrado de frente, en una actitud que recuerda al joven descalzo de la Flagelación, la mirada dirigida con decisión y melancólico heroísmo hacia el exterior, Hércules está constituido formando un volumen compacto, que blanquea iluminado por una fuerte luz procedente de la izquierda.

Flagelación (Piero della Francesca; entre 1444 y 1469)

Envuelto en la piel de león, como es costumbre en la tradición, adelanta la mano derecha con la maza fuera de la superficie del cuadro. Según Francesco Marini (1902) la elección del tema tendría su origen en la leyenda con arreglo a la cual Monterchi, población natal de la madre de Piero, fue librado de un dragón precisamente gracias a la intervención de Hércules.

Como referencia se ha propuesto el Hércules del Palazzo dei Conservatori de Roma. Según Maetzke, la obra podría haber sido realizada en torno a la década de 1470. La figura, única en la producción de Piero por lo que concierne al tema, nos ofrece una vez más un ejemplo del amor del maestro por la figura humana construida por el volumen y la luz. La línea que dibuja el cuerpo no se detiene en detalles anatómicos, cuya determinación se confía por el contrario a los efectos claroscuristas que alisan la superficie.

 Hércules (Palazzo dei Conservatori, Roma)

Hasta aquí el texto de Allegretti.

Nosotros añadimos que el nombre del pueblo de la madre de Piero della Francesca deriva, en efecto de Mons y Ercoli, es decir, monte de Hércules. Además, cuando Monterchi formaba parte del Gran Ducado de Toscana, Piero della Francesca realiza el famoso fresco “La Madonna del Parto”, probablemente dedicado a su madre, Romana di Perino da Monterchi, que había nacido en esta localidad.

El fresco está considerado como una de las obras maestras del Renacimiento italiano, siendo además la única pintura de ese siglo que representa a la Virgen en estado de buena esperanza. Para la realización del fresco, Piero della Francesca utiliza colores extraídos de minerales selectos y costosos cuyo acabado es una pigmentación brillante y llamativa. El ropaje de la Virgen es de lapislázuli.

Madonna del Parto (Piero della Francesca; 1460)

Decíamos que nuestra intención era mostrar también en esta serie otra versión de la misma escena o personaje tratado en la obra estudiada. En esta ocasión sí que disponemos de ejemplos pictóricos que nos muestran al héroe Hércules. Y muchos, pero hemos elegido sólo algunos, en concreto dos de Zurbarán y uno de Pollaiuolo, más que nada por el estudio anatómico que hacen el cuerpo del héroe y que podemos comparar con el de Piero della Francesca.

Decíamos que compararíamos la pintura de Piero della Francesca con otras tres, dos de Zurbarán y una de Pollaiuolo.

El ejemplo de este segundo es “Hércules y la hidra de Lerna”, un pequeño panel, una pintura al temple de 17 x 12 cm, la pieza que acompaña a su “Hércules y Anteo“, que se relaciona con tres paneles que representan los trabajos de Hércules que Antonio del Pollaiuolo pintó para Lorenzo de Medici en torno a 1460, obras perdidas que conocemos sólo por versiones posteriores.

También en este caso, como en el de “Hércules y Anteo”, se representa una lucha feroz entre el héroe, con su cuerpo tensado en una ágil y musculosa masa, y, ahora, el legendario monstruo de múltiples cabezas. Las líneas están muy bien definidas, y el movimiento de los nervios y tendones observado hasta el último detalle. Antonio del Pollaiuolo trabajó en el momento en que los estudios de anatomía se estaban desarrollando, y por lo tanto presenta de forma realista el cuerpo humano en sus momentos de mayor excitación emocional.

La fuerza dramática del episodio se expresa en el gesto de fatiga y horror del héroe, pero también su certeza en la victoria. Detrás de la figura orgullosa y bárbara se muestra el meandro de un río azul a través de un amplio paisaje de campos verdes y marrones, con el cielo de esmaltado azul arriba.

Hércules y la hidra de Lerna (Antonio Pollaiuolo; ca. 1475)

Hércules y Anteo (Antonio Pollaiuolo; ca. 1478)

Read Full Post »

Según el diccionario de la RAE estar alguien hecho un basilisco es una locución verbal coloquial que equivale a “estar muy airado”. Bueno, pues ya hace un tiempo que estoy hecho un basilisco, es decir, estoy muy airado, enojado, enfadado, por la situación a la que el Anteproyecto de ministro Wert aboca al griego.

En mi ánimo de seguir demostrando las múltiples ventajas de conocer la lengua y cultura griegas comienzo aquí una breve serie sobre la figura del basilisco, ese animal, entre real y fabuloso, que lleva tan bonito y real nombre.

Si seguimos con el diccionario de la RAE, podemos leer sobre su definición:

basilisco.

(Del latín basiliscus, y éste del griego βασιλίσκος “reyezuelo”).

1. m. Animal fabuloso, al cual se atribuía la propiedad de matar con la vista.

2. m. Persona furiosa o dañina.

3. m. Pieza antigua de artillería, de muy crecido calibre y mucha longitud.

4. m. Reptil americano de color verde muy hermoso y del tamaño de una iguana pequeña.

Nuestra intención es ofrecer una pequeña antología de textos en los que aparece la palabra basilisco y la evolución en la iconografía de dicha bestezuela.

La fuente principal sobre este ser es Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia VIII, 33, 78:

Eadem et basilisci serpentis est vis. Cyrenaica hunc generat provincia, duodecim non amplius digitorum magnitudine, candida in capite macula ut quodam diademate insignem. Sibilo omnes fugat serpentes nec flexu multiplici, ut reliquae, corpus inpellit, sed celsus et erectus in medio incedens. Necat frutices, non contactos modo, verum et adflatos, exurit herbas, rumpit saxa: talis vis malo est. Creditum quondam ex equo occisum hasta et per eam subeunte vi non equitem modo, sed equum quoque absumptum. Atque huic tali monstrosaepe enim enectum concupivere reges videre mustellarum virus exitio est: adeo naturae nihil placuit esse sine pare. Inferciunt has cavernis facile cognitis soli tabe. Necant illae simul odore moriunturque, et naturae pugna conficitur.

El mismo poder tiene la serpiente basilisco. La provincia cirenaica la produce: es de un tamaño no mayor de doce dedos, se la reconoce por una mancha blanca en la cabeza como una corona. Con su silbido pone en fuga a todas las serpientes y no impulsa su cuerpo con una ondulación en serie como las demás, sino que avanza levantada y erguida sobre su parte central. Mata los arbustos, no sólo al tocarlos sino también al exhalar su aliento sobre ellos, abrasa las hierbas, rompe las piedras; tal es la fuerza de su veneno. Se creyó en otro tiempo que una murió de una lanzada desde un caballo y, subiendo su veneno por la lanza, pereció no sólo el jinete sino también el caballo. Pero para semejante monstruo – a menudo en efecto han deseado verle muerto los reyes – el veneno de las comadrejas es mortal; hasta tal punto ha querido la naturaleza que no existiera nada sin su antagonista. Meten a las comadrejas en las madrigueras de los basiliscos, que se reconocen fácilmente por la putrefacción del suelo. Aquellas los matan con su olor a la vez que mueren y se consuma la lucha de la naturaleza.

La traducción y las notas son las que aparecen en la edición de Cátedra, Letras Universales, a cargo de Josefa Cantó, Isabel Gómez Santamaría, Susana González Marín y Eusebia Tarriño.

Notas:

1. Plinio no recoge aquí todo el material que circulaba en la Antigüedad sobre este extraño animal que tanto éxito ha tenido en la tradición posterior: cfr. Lucano La Farsalia 9, 724-726 y Eliano, Historia Animalium 3, 31 y 5, 50. Parece que hay que identificarlo con el ureus egipcio, como se deduce de un texto del siglo IV d. C.: Hyeroglyphica 1, 1 de Horapolo, que afirma que representa la eternidad y se colocaba en las cabezas de los dioses porque era la única serpiente inmortal. En el mundo cristiano se tomó como símbolo del mal (Salmos 90, 13 y Agustín, In psalmum 90, 9) y como tal se representó en los bestiarios medievales, aunque la iconografía cristiana transformó su apariencia representándolo con la mitad del cuerpo como gallo y la mitad como serpiente.

2. El nombre del animal, basiliscus, procede del griego y es un diminutivo de “rey” (βασιλεύς); probablemente tiene que ver con la mancha similar a una corona que tenían en la cabeza, como informa Plinio.

Plinio, en Historia Naturalis XXIX, 66, añade sobre el basilisco:

Basilisci, quem etiam serpentes ipsae fugiunt alias olfactu necantem, qui hominem, vel si aspiciat tantum, dicitur interemere, sanguinem Magi miris laudibus celebrant: coeuntem picis modo et colore, dilutum cinnabari clariorem fieri. attribuunt ei successus petitionum a potestatibus et a diis etiam precum, morborum remedia, veneficiorum amuleta. quidam e<t> Saturni sanguinem appellant.

Del basilisco, al que huyen las mismas serpientes pues de lo contrario las mata con su olor, y se dice que da muerte al hombre con su sola mirada, hacen los Magos las mejores alabanzas de su sangre: se coagula como la pez, de la que tiene su color; diluida da un rojo más brillante que el cinabrio. Le atribuyen el buen éxito en las demandas hechas a los grandes y los rezos dirigidos a los dioses; para ellos es un remedio contra las enfermedades, un amuleto contra los maleficios. Algunos la llaman también sangre de Saturno.

 Puesto que en la nota de la edición de Cátedra se cita, hemos creído conveniente aportar el texto de Horapolo (Hyeroglyphica 1, 1) y su traducción:

Αἰῶνα σημαίνοντες, ἥλιον καὶ σελήνην γρφουσι, δι τὸ αἰώνια εἶναι στοιχεῖα.

Αἰῶνα δ᾿ἑτέρως γράψαι βουλόμενοι, ὄφιν ζωγραφοῦσιν, ἔχοντα τὴν οὐρἀν ὑπὸ τὸ λοιπὸν σῶμα κρυπτομένην, ὃν καλοῦσιν Αἰγύπτιοι οὐραῖον, ἐστιν ἑλληνιστὶ βασιλίσκον, ὅνπερ χρυσοῦν ποιοῦντες, θεοῖς περιτιθέασιν. αἰῶνα δὲ λέγουσιν Αἰγύπτιοι διὰ τοῦδε τοῦ ζῴου δηλοῦσθαι, ἐπειδὴ τριῶν γενῶν ὄφεων καθεστώτων, τὰ μὲν λοιπὰ θνητὰ ὑπάρχει, τοῦτο δὲ μόνον ἀθάνατον, καὶ προσφυσῆσαν ἑτέρῳ παντὶ ζῴῳ, δίχα καὶ τοῦ δακεῖν, ἀναιρεῖ· ὅθεν, ἐπειδὴ δοκεῖ ζωῆς καὶ θανάτου κυριεύειν, διὰ τοῦτο αὐτὸν ἐπὶ τῆς κεφαλῆς τῶν θεῶν ἐπιτιθέασι.

Para representar la eternidad pintan el sol y la luna, por ser estos elementos eternos. Pero cuando quieren representar la eternidad de forma diferente, dibujan una serpiente, que tiene la cola cubierta por el resto de su cuerpo, a la que los egipcios llaman “ureo”, que es en griego “basilisco”, y haciendo figuras de oro con él rodean a los dioses. Los egipcios dicen que la eternidad está representada por este animal, puesto que de las tres especies existentes de serpientes, las restantes son mortales, pero sólo ésta es inmortal, la cual echando el aliento sobre cualquier otro animal lo destruye, sin necesidad de morderlo. Y, por esto, puesto que parece tener poder de vida y muerte, lo colocan sobre la cabeza de los dioses.

 

En el libro La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural, de Jan Bondeson, hay un capítulo titulado El enigma del basilisco. De él tomamos la siguiente información, aunque en ella incorporamos, cuando Bondeson los cita, textos de autores griegos y latinos con su traducción:

En la literatura clásica, el relato de Plinio sobre este basilisco letal parecido a una serpiente fue repetido por varios otros escritores. En su Theriaca, Nicandro lo describió con gran lujo de detalles. El silbido de advertencia del basilisco inducía a todas las demás serpientes y sabandijas a abandonar la carroña que consumían y a buscar protección en sus guaridas dejando al basilisco su repugnante comida. Cuando el basilisco estaba saciado emitía otro silbido pero los otros reptiles no osaban comer nada que hubiera tocado su venenoso rey.

Read Full Post »

Para finalizar con el signo de Tauro, Germánico, en su traducción de Arato, escribió:

Aurigae pedibus trux adiacet ignea Taurus

Cornua fronte gerens et lucidus ore minaci. 175

Quemlibet ignarum caeli sua forma docebit,

Et caput et patulae nares et cornua Tauri.

Fronte micant Hyades. Quae cornus flamma sinistri

Summa tenet, subit haec eadem uestigia dextra

Aurigae mediaque ligat compagine diuos. 180

Myrtilos exoritur summo cum Piscibus ore,

Totus cum Tauro lucet; ruit Oceano Bos

Ante, super terras cum fulget Myrtilos ore.

 

(174) El fiero Toro, que lleva en su frente unas astas de fuego y que brilla con rostro amenazador, está situado a los pies del Auriga. Mostrará su figura –tanto su cabeza como sus abultadas narices y sus cuernos de toro- a cualquier persona desconocedora del cielo. En su frente brillan las Híades. La llama que sostiene la parte más elevada del cuerno izquierdo, soporta también ella el pie derecho (180) del Auriga y une a aquellos que han sido divinizados por la mitad de su trabazón. Mírtilo se levanta por lo más alto de su rostro con los Peces y reluce en su plenitud con el Toro; el Buey se precipita antes al Océano, mientras Mírtilo sigue refulgiendo con su rostro sobre la tierra.

 

Y seguimos con el signo de Géminis.

Géminis:

Guzmán Guerra, en una nota al pie de su traducción de los Catasterismos de Eratóstenes, aclara que “aunque los antiguos las observaron como dos estrellas gemelas (los dos hermanos cogidos de la mano), en realidad tanto Cástor como Pólux son estrellas dobles, cada una de las cuatro más brillantes que nuestro Sol”.

Escribe Eratóstenes:

Dicen que son los Dioscuros, que nacieron y se criaron en la región de Laconia, superando a todo el mundo en su amorfraternal, pues jamás disputaron entre sí ni por el mando ni por ningún otro motivo. Zeus quiso recompensar este estupendo testimonio de fraternidad, los denominó Géminis y los ubicó a ambos en el firmamento. El que se encuentra a continuación de Cáncer tiene una estrella brillante sobre la cabeza y otra también muy luminosa sobre cada hombro; otra sobre el codo derecho y una más en la mano derecha, una en cada rodilla y una más en cada pie. Suman un total de nueve. Su hermano, que está junto, tiene una estrella brillante sobre la cabeza, otra también de intenso brillo sobre el hombro izquierdo, otra en cada tetilla, una sobre el codo izquierdo, otra en el extremo de la mano, una sobre la rodilla izquierda, una en cada pie y otra más debajo del pie izquierdo, que se llama Antepié. Suman en total diez.

En nota, Guzmán Guerra dice sobre los Dioscuros:

Son los “hijos de Zeus”, de nombre Cástor y Pólux; en algunas versiones Cástor es hijo de un mortal, Tindáreo, el padre también de Helena. Debido al amor que Pólux sentía por su mortal hermano, le hizo beneficiario de su inmortalidad, y ambos pasaron a formar la constelación de Géminis. Desde el cielo protegen a los navegantes, a los que se aparecen durante las tormentas bajo la forma del Fuego de San Telmo. En realidad, se trata de la electricidad que se acumula alrededor del mástil y otros palos de la embarcación.

 Arato nos habla de Géminis, junto con Cáncer y Leo, en Fenómenos (146-150):

Κρατὶ δέ οἱ Δίδυμοι, μέσσηι δ᾿ ὕπο Καρκίνος ἐστίν· ποσσὶ δ᾿ ὀπισθοτέροισι Λέων ὕπο καλὰ φαείνει. Ἔνθα μὲν ἠελίοιο θερείταταί εἰσι κέλευθοι· 150 αἱ δέ που ἀσταχύων κενεαὶ φαίνονται ἄρουραι ἠελίου τὰ πρῶτα συνερχομένοιο Λέοντι.

 Debajo de su cabeza están los Gemelos, debajo de su parte central está el Cangrejo; bajo sus patas posteriores resplandece el León. Allí la ruta del Sol marca el punto más cálido del verano; y los labrantíos aparecen casi vacíos de espigas cuando el Sol se junta por vez primera con el León.

Cáncer

Seguimos con Eratóstenes y pasamos ahora al signo de Cáncer.

Parece que fue la diosa Hera quien lo colocó en el firmamento. Cuenta Paniasis (autor de poesía épica del siglo V a. C., de la que se conservan extractos de un tratado, Heraclia, en la que se encuentra una valiosa información sobre diversos mitos) en su obra Heraclia que un cangrejo salió de la laguna en la que Heracles luchaba con la hidra y le mordió el pie él solo, sin concurso de otros. Heracles, irritado, lo aplastó con el pie, y desde entonces el cangrejo alcanzó una gran fama y se le cuenta como uno de los doce signos del Zodiaco. Algunas estrellas de esta constelación reciben el nombre de Asnos, y fue el dios Dioniso el que los elevó al cielo. Anexo a ellos se encuentra el llamado pesebre. He aquí su historia: cuando los dioses partieron a la guerra contra los Gigantes, se dice que el dios Dioniso, Hefesto y unos sátiros subieron a lomos de unos asnos; cuando aún los Gigantes no los habían divisado, los asnos se pusieron a rebuznar hallándose a corta distancia, y los Gigantes se echaron a correr al oír los rebuznos. En recompensa por dicha acción los asnos pasaron a formar parte de la constelación de Cáncer, a la zona de poniente. Cáncer tiene dos estrellas muy brillantes sobre su caparazón, que son los Asnos, y una nebulosa que se encuentra entre éstos compone el llamado Pesebre; da la impresión de estar flanqueado por los Asnos. Cáncer tiene una estrella de escaso brillo sobre cada pata del lado derecho y en la pata anterior del lado izquierdo dos poco brillantes, otras dos sobre la pata segunda, una en la tercera; igualmente presenta una en el extremo de la cuarta pata, otra sobre la boca y tres iguales y no muy granes sobre la pinza de la derecha; otras dos iguales, de no gran tamaño, sobre la pinza de la izquierda. Suman un total de dieciocho.

 

Germánico en su traducción de los Fenómenos de Arato escribe sobre Cáncer:

Qua media est Helice, subiectum respice Cancrum;

At capiti suberunt Gemini. Qua posterior pes,

Horrentisque iubas et fuluum cerne Leonem.

Hunc ubi contigerit Phoebi uiolentior axis, 150

Accensa in Cancro iam tum geminabitur aestas.

Tunc lymphae tenues, tunc est tristissima tellus,

Et densas laetus segetes bene condet arator.

Ne mihi tum remis pulset uada caerula puppis;

Dem potius uentis excusso uela rudente 155

Excipiamque sinus Zephyris spirantibus auras.

 Donde se encuentra la mitad de Hélice, observa, a su lado, el Cangrejo: no obstante, los Gemelos se han colocado bajo su cabeza. Donde se encuentra su pata trasera, fíjate en las encrespadas melenas del rubio León (150) Cuando el muy fogoso carro de Febo lo alcance, el verano, que ya había entrado en Cáncer, se intensificará en esa fecha. Entonces los cursos de agua serán de caudal escaso, entonces la tierra tendrá un aspecto muy desapacible y el labrador, con alegría, almacenará adecuadamente las apretadas mieses. Pero que no agite mi nave con sus remos las azuladas ondas, (155) sino que, más bien, hágala yo desplegar sus velas a los vientos, cuando crujen las jarcias, y reciba en sus pliegues las brisas al soplo de los Céfiros.

Read Full Post »

Seguimos con el vocabulario básico de la filosofía.

14. Metafísica: Del griego μετὰ τὰ φυσικά (después de los libros dedicados a las cosas de la naturaleza, designación que se aplicó en la ordenación de la obras de Aristóteles a los libros de la filosofía primera). En efecto, las obras del filósofo peripatético fueron ordenadas por Andrónico Rodio que elaboró un corpus en el que la filosofía primera fue colocada después de los libros sobre la naturaleza La preposición μετά significa después de y el adjetivo φυσικός referido a las cosas de la naturaleza, derivado de φύσις (naturaleza).

Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras.

Sobre la ordenación de Andrónico Rodio, nos parece interesante este pasaje de Fray Benito Jerónimo Feijoo en su Teatro crítico universal / Tomo cuarto Discurso séptimo: Mérito, y fortuna de Aristóteles y de sus Escritos (XV 50-53)

50. Por lo que toca a la corrupción de las Obras de Aristóteles, es cuento largo, y se necesita de desenvolver un pedazo de historia, el que tomaremos de dos grandes Autores, Estrabón, y Plutarco. Es de saber, que Aristóteles al tiempo de morir entregó todos sus libros a su discípulo Teofrasto, como también la Presidencia del Liceo. Teofrasto los entregó con el resto de su Biblioteca a su discípulo Nelo. Este hizo transportarlos a Scepsis, Ciudad de la Troade, Patria suya, y los dejó a sus herederos: los cuales viendo la ardiente solicitud con que los Reyes de Pérgamo, de quienes eran vasallos, buscaban todo género de libros, y mucho más los de mayor estimación, para hacer una rica, y numerosísima Biblioteca, no queriendo enajenarse de los de Aristóteles, que consideraban como una porción preciosa de su herencia, los escondieron debajo de tierra, donde estuvieron sepultados cerca de ciento y sesenta años, al cabo de cuyo espacio de tiempo fueron extraídos por la posteridad de Neleo, de aquella obscura prisión; pero muy maltratados, porque por una parte la humedad destiñendo el pergamino había borrado mucho; por otra los gusanos los habían roído en varias partes. En este estado fueron vendidos a Apelicón Teico, rico vecino de Atenas, y muy codicioso de libros, el cual los hizo copiar; pero los Copiantes, que carecían de la habilidad necesaria, llenaron incongruentemente los vacíos, supliendo según su capricho, los pasajes que estaban borrados ó comidos. Después de la muerte de Apelicón, su Biblioteca fue transportada a Roma por el dictador Sila, y en ella los libros de Aristóteles, los cuales fueron comunicados por el Bibliotecario de Sila al Gramático Tiranicón, que era amigo suyo, y de las manos de este pasaron a las de Andrónico Rodio, que hizo sacar varias copias de ellos.

51. Ateneo está opuesto a esta relación, porque dice que Neleo no dejó los libros de Aristóteles a sus herederos, sino que los vendió a Ptolomeo Filadelfo, Rey de Egipto. Y aquí se hace lugar el reparo que ofrecimos arriba. Si los libros que tenemos de Aristóteles, no fueron extraídos ó copiados de los ejemplares de Alejandría, la multitud de libros espurios ó supuestos a Aristóteles que había en aquella gran Biblioteca, no induce incertidumbre alguna sobre las Obras de Aristóteles que corren. O digámoslo de otro modo: Si fueron copiados nuestros libros del original que guardaron los sucesores de Neleo, asegurados estamos por esta parte de la legitimidad de ellos, sin que el error que se padeció en Alejandría, comprando los espurios, nos pueda perjudicar. Ahora, pues, en esta materia más fe merecen Estrabón, y Plutarco, que Ateneo: ya porque son dos contra uno, ya porque Estrabón es más antiguo que Ateneo, ya porque alcanzó a Tiranión, y a Andrónico Rodio, y vivió en la misma Ciudad de Roma donde estaban aquellos dos: circunstancias que persuaden, que estaba bien enterado de los hechos. Añado, que no se dice, cuándo ó por qué medio se nos comunicaron los libros, ó legítimos ó espurios de Aristóteles, que había en la Biblioteca de Ptolomeo Filadelfo. Esta Biblioteca, según cuenta Plutarco, fue quemada por los Soldados de César en la guerra de Alejandría. Después del incendio no se pudo sacar copia de ellos; antes del incendio no hay testimonio ó memoria que lo persuada.

52. En atención a lo dicho, parece ser que el error padecido en Alejandría, ó la multitud de libros supuestos a Aristóteles que había en aquella Biblioteca, no induce en los que hoy tenemos la grande incertidumbre que pretenden los Autores arriba alegados. Pero nos queda para contrapeso la corrupción del texto, ocasionada de los Copiantes de Atenas.

53. A ésta sucedió otra segunda en Roma; porque, según Estrabón, también aquí hubo la inadvertencia de dar a copiar los ejemplares a sujetos idiotas, que cometieron muchos errores en el traslado; y así el texto, que había venido de Atenas viciadísimo, en Roma se puso peor. Estos fueron los libros de Aristóteles que se hicieron públicos en Roma, y muy probablemente no había otros en el mundo; pues los de la Biblioteca de Alejandría, siendo verdadera la narrativa de Estrabón, todos se deben creer espurios. Conque siendo preciso que las obras de Aristóteles que hoy existen, sean copia de las que traídas de Atenas se publicaron en Roma, es consiguiente necesario, que el texto que hoy tenemos esté en muchas partes corrompido, y que atribuyamos a Aristóteles lo que le pasó por el pensamiento.

15. Paradoja: Del griego παράδοξον (inesperado, increíble, extraño, raro, paradójico), adjetivo formado por la preposición παρά (contra) y el sustantivo δόξον (opinión, manera de ver, parecer, concepto) derivado del verbo δοκέω (creer, pensar, opinar, suponer).

Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de los hombres. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.

Leemos en Platón, República 472a:

ἐξαίφνης γε σύ, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὥσπερ καταδρομὴν ἐποιήσω ἐπὶ τὸν λόγον μου, καὶ οὐ συγγιγνώσκεις στραγγευομένῳ. ἴσως γὰρ οὐκ οἶσθα ὅτι μόγις μοι τὼ δύο κύματε ἐκφυγόντι νῦν τὸ μέγιστον καὶ χαλεπώτατον τῆς τρικυμίας ἐπάγεις, ἐπειδὰν ἴδῃς τε καὶ ἀκούσῃς, πάνυ συγγνώμην ἕξεις, ὅτι εἰκότως ἄρα ὤκνουν τε καὶ ἐδεδοίκη οὕτω παράδοξον λόγον λέγειν τε καὶ ἐπιχειρεῖν διασκοπεῖν.

-Repentinamente –dije- has asaltado mi exposición, sin perdonarme que divagara. Tal vez no te das cuenta de que, apenas he esquivado las dos primeras olas, ahora me conduces frente a la tercera, que es la más grande y la más peligrosa. Después de que la hayas visto y oído, serás más indulgente conmigo, porque con razón yo titubeaba y temía exponer e intentar el examen de un argumento tan paradójico.

Teofrasto, en Caracteres 1, 6, cuando habla del fingidor también usa el término παράδοξον:

καὶ τὸ ὅλον δεινὸς τῷ τοιούτῳ τρόπῳ τοῦ λόγου χρῆσθαι: ‘οὐ πιστεύω᾽, ‘οὐχ ὑπολαμβάνω᾽, ‘ἐκπλήττομαι᾽ καὶλέγεις αὐτὸν ἕτερον γεγονέναι: καὶ μὴν οὐ ταῦτα πρὸς ἐμὲ διεξῄει᾽, παράδοξόν μοι τὸ πρᾶγμα᾽, ‘ἄλλῳ τινὶ λέγε᾽, ‘ὅπως δὲ σοὶ ἀπιστήσω ἐκείνου καταγνῶ, ἀποροῦμαι᾽, ‘ἀλλ᾽ ὅρα, μὴ σὺ θᾶττον πιστεύεισ᾽.

En una palabra, es una persona hábil en servirse de expresiones de este tipo: “No lo creo”, “No las tengo todas conmigo”, “Estoy extrañado”, o bien: “Por lo que dices, se ha convertido en otro individuo”, “Ciertamente no era eso lo que me dijo a mí, “Me resulta extraño el asunto”, “Díselo a algún otro”, “No sé si desconfiar de ti o pensar mal de él”, “Ten cuidado no sea que te confíes demasiado deprisa”.

16. Pragmatismo: Del inglés pragmatism formado por el sustantivo griego πρᾶγμα (asunto, acción, negocio, hecho) más el sufijo -ismo del griego ισμός que forma sustantivos que suelen significar doctrinas, escuelas, sistemas o movimientos. Πρᾶγμα es un sustantivo neutro de resultado del verbo πράσσω (hacer, cumplir, tratar un asunto). De esta raíz derivan palabras como práctico, práctica, praxis, pragmático, etc.

Método filosófico según el cual el único criterio válido para juzgar de la verdad de toda doctrina científica, moral o religiosa, se ha de fundar en sus efectos prácticos.

En griego existe el adjetivo πραγματικός, ή, όν que significa “apto para la acción o los negocios, estadista”, y el sustantivo ὁ πραγματικός  que significa “agente, abogado”.

En Polibio, Historias VII, 8, 2, leemos:

μὲν οὖν Δημήτριος αὐτόθεν ἐκ τοῦ προβεβηκότοςεἰ μὲν μάντεως φρένας ἔχειςἔφηἐκχωρεῖν τὴν ταχίστην: εἰ δὲ βασιλέως πραγματικοῦ, τηρεῖν αὐτήν, ἵνα μὴ νῦν ἀφεὶς ζητῇς ἕτερον ἐπιτηδειότερον καιρόν: οὕτως γὰρ ἑκατέρων τῶν κεράτων κρατῶν μόνως ἂν ὑποχείριον ἔχοις τὸν βοῦν“, αἰνιττόμενος τὰ μὲν κέρατα τὸν Ἰθωμάταν καὶ τὸν Ἀκροκόρινθον, τὴν δὲ Πελοπόννησον τὸν βοῦν.

Entonces Demetrio, aprovechándose de la ocasión, dijo: «Si pensáis como adivino, levantad el sitio cuanto antes; pero si como rey que entiende sus intereses, mantenedle; no sea que malograda la ocasión presente, no encontréis otra tan oportuna. Sólo teniendo asidos fuertemente ambos cuernos, tendréis sujeto al buey.»

En Historias VI, 9, 1:

ἐγὼ δὲ κατὰ τὸ παρὸν ἐπιστήσας τὴν διήγησιν βραχέα βούλομαι διαλεχθῆναι περὶ Φιλίππου, διὰ τὸ ταύτην τὴν ἀρχὴν γενέσθαι τῆς εἰς τοὔμπαλιν μεταβολῆς αὐτοῦ καὶ τῆς ἐπὶ χεῖρον ὁρμῆς καὶ μεταθέσεως. δοκεῖ γάρ μοι τοῖς καὶ κατὰ βραχὺ βουλομένοις τῶν πραγματικῶν ἀνδρῶν περιποιεῖσθαι τὴν ἐκ τῆς ἱστορίας διόρθωσιν ἐναργέστατον εἶναι τοῦτο παράδειγμα.

Hagamos una interrupción momentánea en el hilo de nuestra narración para hablar algo de Filipo, por ser ésta la época del cambio fatal que hizo en su conducta y manera de gobernar. No puede presentarse ejemplo más ilustre a quienes, estando al frente de los negocios públicos, procuran instruirse con la lectura de la historia.

17. Realidad: Del latín res, rei (cosa, asunto, hecho, ser, objeto, realidad concreta, acto) más el sufijo –dad, sufijo de sustantivos abstractos derivados de adjetivos que indican cualidad. La palabra res es en latín un comodín que equivale al español cosa. De esta palabra derivan res (cabeza de ganado), en catalán res (nada) y en francés rien (nada) del acusativo latino rem.

Existencia real y efectiva de una cosa. Verdad, lo que ocurre verdaderamente. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.

18. Solipsismo: Del latín solus ipse (uno mismo solo) más el sufijo -ismo del griegoισμός que forma sustantivos que suelen significar doctrinas, escuelas, sistemas o movimientos. Solus es un adjetivo que significa solo, único e ipse es un pronombre enfático que significa mismo.

Forma radical de subjetivismo según la cual sólo existe o sólo puede ser conocido el propio yo.

19. Tautología: Del griego ταὐτολογία (repetición), derivado de ταὐτολόγος (que repite la misma cosa) y éste formado por el artículo neutro τό, el pronombre anafórico/enfático αὐτον (mismo) y el sustantivo λόγος (palabra, asunto, razonamiento, etc.) derivado del verbo λέγω (decir) del que ya hemos hablado.

Repetición de un mismo pensamiento expresado de diversas maneras. Suele tomarse en mal sentido por repetición inútil y viciosa.

Quintiliano usa la expresión en griego en sus Instituciones Oratorias VII, 3, 50

vitari debet et μείωσις, cum sermoni deest aliquid, quo minus plenus sit; quanquam id obscurae potius quam inornatae orationis est vitium. sed hoc quoque, cum a prudentibus fit, schema dici solet, sicut ταυτολογία id est eiusdem verbi aut sermonis iteratio.

Se ha de evitar igualmente la meiosis, y es cuando falta alguna cosa a la oración para estar llena, aunque esto más es vicio de la oración obscura que de la desaliñada. Pero cuando se hace con juicio, se le da el nombre de figura como la tautologia, que es repetir el mismo vocablo la misma expresión.

20. Verdad: Del latín veritatem (verdad, realidad), derivado del adjetivo verus (verdadero, verídico).

Conformidad de las cosa con el concepto que de ellas forma la mente. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma, sin mutación alguna. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.

Read Full Post »

Older Posts »