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Tras los dos sonetos serios de Quevedo ofrecidos en el anterior capítulo y un breve análisis de María José Franco Durán de la ridiculización, burla y sarcasmo que Quevedo hace de los mitos clásicos, vamos con uno de los romances del poeta madrileño.

El “Romance de Hero y Leandro” es, como el “Hero y Leandro en paños menores”, un romance cómico, y empieza:

 

“Hero y Leandro”

Esforzóse pobre luz pobre luz 

A contrahacer el Norte,

A ser piloto el deseo,

A ser farol una torre.

Atrevióse a ser Aurora

Una boca a media noche,

A ser bajel un amante,

Y dos ojos a ser Soles.

Embarcó todas sus llamas

El Amor en este joven,

Y caravana de fuego,

Navegó Reinos Salobres.

 

 

Nuevo prodigio del Mar

Le admiraron los Tritones;

Con centellas, y no escamas,

El agua le desconoce.

Ya el Mar le encubre enojado,

Ya piadoso le socorre,

Cuna de Venus le mece,

Reino sin piedad le esconde.

Pretensión de mariposa

Le descaminan los Dioses:

Intentos de Salamandra

Permiten que se malogren.

Si llora, crece su muerte,

Que aun no le dejan que llore;

Si ella suspira, le aumenta

Vientos que le descomponen.

 

Tate; (c) Tate; Supplied by The Public Catalogue Foundation

 

Armó el estrecho de Abido,

Juntaron vientos feroces

Contra una vida sin alma

Un ejército de montes:

Indigna hazaña del Golfo,

Siendo amenaza del Orbe,

Juntarse con un Cuidado

Para contrastar un hombre.

Entre la luz y la muerte

La vista dudosa pone;

Grandes Volcanes suspira

Y mucho piélago sorbe.

Pasó el mar en un gemido

Aquel espíritu noble:

Ofensa le hizo Neptuno,

Estrella le hizo Jove,

De los bramidos del Ponto

Hero formaba razones,

Descifrando de la orilla

La confusión en sus voces.

 

 

Murió sin saber su muerte,

Y expiraron tan conformes,

Que el verle muerto añadió

La ceremonia del golpe.

De piedad murió la luz,

Leandro murió de amores,

Hero murió de Leandro,

Y Amor de envidia murióse.

 

Vicente José Nebot Nebot, en La taberna nº 36, nos dice:

La degradación de los mitos en Quevedo se adscribe a su afamada producción satírico-burlesca, sumo ejemplo de imaginación expresiva y dominio del lenguaje. Los mitos clásicos, idealizados durante el periodo renacentista, representaron en Quevedo una gran fuente de inspiración para la composición tanto de poemas graves donde aflora el respeto artístico y, a su vez, para fraguar parodias sumamente degradadoras del mito.

 

 

La historia de Hero y Leandro suscitó dos versiones quevedianas. “Hero y Leandro” está narrada como un amor desdichado y se trata de una versión seria, aunque sin el citado culto renacentista (compárese con el soneto de Hernando de Acuña, “De la alta torre al mar Hero miraba”, o con el de Garcilaso “Pasando el mar Leandro el animoso”), secundada por otros poetas barrocos. Probablemente, Góngora escribió la primera parodia del mito en “Arrojóse el mancebito”, en cuyo poema Quevedo copió la imagen de Leandro como huevo pasado por agua y de Hero como huevo estrellado, chistes que se hicieron muy populares y fueron muy imitados. En la versión sumamente burlesca de don Francisco “Hero y Leandro en paños menores”, la descripción y la narración grotescas llegan a innovadores extremos caricaturescos.

El romancillo “Hero y Leandro en paños menores” es una parodia mordaz en la que el autor se burla abiertamente de la historia de Hero y Leandro y, por extensión, del hecho amoroso. La forma métrica, el uso de versos hexasílabos, también se corresponde con los poemas de carácter satírico o festivo (baste citar algún ejemplo de Quevedo, “La vida poltrona”, o de Góngora, “Hermana Marica”). Leandro es aquí “aprendiz de rana”, frente a la “caravana de fuego” del otro poema quevediano dedicado al mito, y Hero es “moza de una venta”, con toda la denostación que ello implica, pues las mozas de las ventas tenían fama de echarse con sus huéspedes. La descripción de Hero es la de una figura grotesca, lejos de la idealización renacentista, con numerosas alusiones sexuales en que los amantes quieren encontrarse por apaciguar su deseo lujurioso.

 

 

Algunas referencias, comentadas por James O. Crosby: “…por ver la muchacha, / una perla toda / que a menudo ensartan” (la perla se ensarta metiendo el hilo por el agujero de ésta); “las uñas con cejas / de rascar la caspa” (además del sentido literal, alude a rascar el pelo del pubis). Hero es tratada como una ramera (“daifa”) que no cobra por sus favores, dado que Leandro va hacia su torre en cueros y sin “blanca”. Cuando éste se ahoga, es descrito de esta manera: “Pero ¿qué le ha dado? / sin duda es, que traga / a la engendradora / de las cucarachas”, ya que, explica Cobarrubias, “las cucarachas se criaban debajo de las tinajas de agua y de las piedras, donde hay humedad”. Mientras, Hero se desespera viendo a Leandro: “y por él se arranca / todos los cabellos / y se mete a calva”; sus lloros no son nada “ordinarios”, pues van mezclados de “moquitas” y “lagañas”. Seguidamente, el discurso que declama Hero es impropio de su imagen tradicional, insertado en una parodia donde se reúnen elementos burlescos hasta su término. Cuando Hero se lanza desde lo alto de la torre, el mar se aparta “por no sustentarla, / y porque la arena / era menos blanda”. Hero anuncia su caída al grito de “¡agua va!”, expresión de la época que anunciaba a la gente de la calle que se iba a tirar el agua sucia de la casa.

 

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Seguimos con testimonios extraídos de diversas fuentes clásicas acerca de la figura de Sócrates, serie que se inició a propósito de un texto de Aulo Gelio (Noches Áticas I, XVII) que glosaba la paciencia del filósofo de Alopece con su mujer Jantipa, que debía ser una mujer de armas tomar.

Hemos tenido testimonios del propio Aulo Gelio, de Luciano de Samosata, Diógenes Laercio, Juan Crisóstomo, Cicerón, Plutarco, Aristófanes, Aristóteles, Claudio Eliano, Ateneo, Diógnes Laercio, Musonio Rufo… sobre distintos aspectos de la personalidad, modo de vida y enseñanzas de Sócrates y las hemos combinado con fragmentos del capítulo que Werner Jaeger dedica en su Paideia al filósofo ateniense. Hemos dado la palabra también a Albin Lesky, Raffele Cantarella y Antonio Tovar quienes, en sus obras, Historia de la literatura griega, en el caso de los dos primeros, y Vida de Sócrates, en el caso del español, hablaron sobre Sócrates. Seguimos, pues, con los últimos testimonios, ya que éste es el penúltimo capítulo de la serie.

El propio Luciano, en Sobre el parásito o que el parasitismo es un arte 43, cita a Sócrates y su actuación militar en Delión:

Habla Simón:

οὗτοι πάλιν, ὦ Τυχιάδη, οἱ περὶ τῆς ἀνδρείας ὁσημέραι διαλεγόμενοι καὶ κατατρίβοντες τὸ τῆς ἀρετῆς ὄνομα πολλῷ μᾶλλον τῶν ῥητόρων φανοῦνται δειλότεροι καὶ μαλακώτεροι. σκόπει δὴ οὕτως. πρῶτον μὲν οὐκ ἔστιν ὅστις εἰπεῖν ἔχοι φιλόσοφον ἐν πολέμῳ τετελευτηκότα: ἤτοι γὰρ οὐδὲ ὅλως ἐστρατεύσαντο, ἢ εἴπερ ἐστρατεύσαντο, πάντες ἔφυγον. Ἀντισθένης μὲν οὖν καὶ Διογένης καὶ Κράτης καὶ Ζήνων καὶ Πλάτων καὶ Αἰσχίνης καὶ Ἀριστοτέλης καὶ πᾶς οὗτος ὁ ὅμιλος οὐδὲ εἶδον παράταξιν μόνος δὲ τολμήσας ἐξελθεῖν εἰς τὴν ἐπὶ Δηλίῳ μάχην ὁ σοφὸς αὐτῶν Σωκράτης φεύγων ἐκεῖθεν ἀπὸ τῆς Πάρνηθος εἰς τὴν Ταυρέου παλαίστραν κατέφυγεν. πολὺ γὰρ αὐτῷ ἀστειότερον ἐδόκει μετὰ τῶν μειρακυλλίων καθεζόμενον ὀαρίζειν καὶ σοφισμάτια προβάλλειν τοῖς ἐντυγχάνουσιν ἢ ἀνδρὶ Σπαρτιάτῃ μάχεσθαι.

 

 

 Esos tipos, Tiquíades, que se pasan todo el día dialogando sobre la valentía y desgastando el nombre del valor, me parecen con mucha diferencia más cobardes y más flojos que los oradores. Fíjate. Primero; no se puede decir de ningún filósofo que haya muerto en la guerra.

Segundo; ni siquiera han formado parte de un ejército; y si alguna vez lo han hecho, todos huyeron. Antístenes y Diógenes y Crates y Zenón, Platón y Esquines y Aristóteles y toda esa panda ni llegaron a conocer el alistamiento en filas. El único que tuvo el valor de salir a luchar a la batalla de Delión, el sabio Sócrates, huyendo de aquel lugar se refugió en la palestra de Taureas a donde llegó procedente de Parnes. Claro, le parecía más enjundioso sentarse y hacerles cucamonas a unos mozalbetes de tres al cuarto y proponer acertijos sabihondos a quienes le salían al paso, que luchar con un hombre de Esparta.

En nota al pie el traductor José Luis Navarro González, en Gredos, dice:

Si hemos de dar crédito a Alcibíades cuando toma la palabra en el Banquete de Platón, la actuación de Sócrates como soldado debía de ser más propia de un espartano que de un ateniense; salvando al propio Alcibíades en la batalla de Delión se hizo acreedor a condecoraciones militares, que no aceptó (Banquete, 220e).

 

Nuestro ya amigo Aulo Gelio, en Noches Áticas II, 1, nos habla de los ejercicios que Sócrates realizaba para hacer más resistente su cuerpo y de su sobriedad y templanza:

Quo genere solitus sit philosophus Socrates exercere patientiam corporis; deque eiusdem viri temperantia.

Inter labores voluntarios et exercitia corporis ad fortuitas patientiae vices firmandi id quoque accepimus Socraten facere insuevisse: (2) stare solitus Socrates dicitur pertinaci statu perdius atque pernox a summo lucis ortu ad solem alterum orientem inconivens; immobilis, isdem in vestigiis et ore atque oculis eundem in locum directis cogitabundus tamquam quodam secessu mentis atque animi facto a corpore. (3) Quam rem cum Favorinus [fr. 65 Mensching = 97 Barigazzi] de fortitudine eius viri ut pleraque disserens attigisset: πολλάκις inquit ἐξ ἡλίου εἰς ἥλιον εἰστήκει ἀστραβέστερος τῶν πρέμνων. (4) Temperantia quoque fuisse eum tanta traditum est, ut omnia fere vitae suae tempora valitudine inoffensa vixerit. (5) In illius etiam pestilentiae vastitate, quae in belli Peloponnesiaci principis Atheniensium civitatem internecivo genere morbi depopulata est, is parcendi moderandique rationibus dicitur et a voluptatum labe cavisse et salubritates corporis retinuisse, ut nequaquam fuerit communi omnium cladi obnoxius.

Clases de ejercicios corporales que solia practicar el filosofo Socrates para acrecentar su resistencia fisica; templanza de este hombre.

1. Entre los trabajos voluntarios y ejercicios físicos para fortalecer su aguante en las vicisitudes de la fortuna, sabemos que Sócrates solía hacer también lo siguiente. 2. Dicen que solía permanecer de pie durante todo el día y toda la noche, desde el primer momento del amanecer hasta el amanecer del día siguiente, sin pestañear, inmóvil, sin moverse del sitio, con el rostro y los ojos fijos en la misma dirección, pensativo, como si su cuerpo estuviera separado de su mente. 3. Abordando Favorino, como a menudo hacía, el tema de la fortaleza de este hombre comentó (Fragmento 66 Marres): “Muchas veces permaneció en pie de sol a sol, más inmóvil que el tronco de un árbol”. 4. Cuentan, así mismo, que su moderación era tan grande que durante todos los momentos de su vida disfrutó de una salud inalterable. 5. Incluso durante aquella peste devastadora, que diezmó la ciudad de Atenas con una mortal enfermedad al principio de la Guerra del Peloponeso, el se preocupó, segun dicen, de ahorrar y controlar los gastos, de evitar la infamia de los placeres y de mantener la higiene corporal, de manera que no se vio afectado lo más mínimo por la común desgracia.

La traducción es de Manuel-Antonio Marcos Casquero y Avelino Domínguez García, en publicaciones de la Universidad de León (2006).

 

Claudio Eliano en Historias Curiosas (Variae Historiae XIII, 27) corrobora esta aptitud o disposición socrática:

ὅτι τὸ Σωκράτους σῶμα πεπίστευτο κόσμιον καὶ σωφροσύνης ἐγκρατὲς γεγονέναι καὶ ταύτῃ. ἐνόσουν Ἀθηναῖοι πανδημεί, καὶ οἳ μὲν ἀπεθνῄσκον, οἳ δὲ ἐπιθανατίως εἶχον, Σωκράτης δὲ μόνος οὐκ ἐνόσησε τὴν ἀρχήν. ὁ τοίνυν τοιούτῳ συνὼν σώματι τίνα ἡγούμεθα εἶχε ψυχήν

27. Era creencia, por hechos como el que sigue, que el cuerpo de Sócrates era armonioso y estaba modelado por la templanza. Los atenienses sufrieron una epidemia. Unos murieron, otros vieron la muerte de cerca, pero Sócrates fue el único que nunca enfermó. Y de alguien que tenía tal constitución física, ¿qué clase de alma debemos creer que poseyó?

La traducción es de Juan Manuel Cortés Copete, en Gredos, quien, en nota al pie, a propósito de la epidemia, dice:

La peste del año 429 a. C. descrita por Tucídides, II 48-54. Favorino consideraba que la dieta de Sócrates fue la razón de que no enfermara durante la peste (Aulo Gelio, Noches áticas II 1).

 

 

Y, tras haber ofrecido en el anterior capítulo el primer romance burlesco de Góngora Fábula de Hero y Leandro (1610) que se inicia así: Aunque entiendo poco griego, vamos ahora con el otro romance gongorino, que es continuación del ya ofrecido:

SEGUNDA PARTE DE LA FÁBULA DE LOS AMORES DE HERO Y LEANDRO, Y DE SUS MUERTES (1589)

Arrojóse el mancebito

al charco de los atunes,

como si fuera el estrecho

poco más de medio azumbre.

Ya se va dejando atrás

las pedorreras azules

con que enamoró en Abido

mil mozuelas agridulces.

Del estrecho la mitad

pasaba sin pesadumbre,

los ojos en el candil,

que del fin temblando luce,

cuando el enemigo cielo

disparó sus arcabuces,

se desatacó la noche

y se orinaron las nubes.

 

(c) Sir Christopher Cook, Bt; Supplied by The Public Catalogue Foundation

 

Los vientos desenfrenados

parece que entonces huyen

del odre donde los tuvo

el griego de los embustes.

El fiero mar, alterado,

que ya sufrió como yunque

al ejército de Jerjes,

hoy a un mozuelo no sufre;

mas el animoso joven,

con los ojos cuando sube,

con el alma cuando baja,

siempre su norte descubre.

No hay ninfa de Vesta, alguna,

que así de su fuego cuide

como la dama de Sesto

cuida de guardar su lumbre:

con las almenas la ampara,

porque ve lo que le cumple,

con las manos la defiende

y con las ropas la cubre;

 

 

pero poco le aprovecha,

por más remedios que use,

que el viento con su esperanza

y con la llama concluye.

Ella entonces, derramando

dos mil perlas de ambas luces,

a Venus y a Amor promete

sacrificios y perfumes;

pero Amor, como llovía,

y estaba en cueros, no acude,

ni Venus, porque con Marte

está cenando unas ubres.

El amador, en perdiendo

el farol que lo conduce,

menos nada y más trabaja,

más teme y menos presume;

ya tiene menos vigor,

ya más veces se zabulle,

ya ve en el agua la muerte,

ya se acaba, ya se hunde.

 

 

Apenas expiró, cuando,

bien fuera de su costumbre,

cuatro palanquines vientos

a la orilla lo sacuden,

al pie de la amada torre

donde Hero se consume,

no deja estrella en el cielo

que no maldiga y acuse;

y viendo el difunto cuerpo,

la vez que se lo descubren

de los relámpagos grandes

las temerosas vislumbres,

desde la alta torre envía

el cuerpo a su amante dulce,

y la alma a donde se queman

pastillas de piedra zufre.

 

 

Apenas del mar salía

el sol a rayar las cumbres,

cuando la doncella de Hero,

temiendo el suceso, acude,

y, viendo hecha pedazos

aquella flor de virtudes,

de cada ojo derrama

de lágrimas dos almudes.

Juntando los mal logrados,

con un punzón de un estuche

hizo que estas tristes letras

una blanca piedra ocupen:

 

 

Hero somos, y Leandro,

no menos necios que ilustres,

en amores y firmezas

al mundo ejemplos comunes.

El amor, como dos huevos

quebrantó nuestras saludes:

él fue pasado por agua,

yo estrellada mi fin tuve.

Rogamos a nuestros padres

que no se pongan capuces,

sino, pues un fin tuvimos,

que una tierra nos sepulte.

 

Y tras Góngora, su gran rival: Quevedo

García Gual nos dice en el prólogo de la edición de Montes Cala en Gredos:

En Quevedo encontramos un soneto de tono serio (titulado “Describe a Leandro fluctuante en el mar”) y dos poemas burlescos (F. Moya recoge uno más, que parece variante del último).

Éste es el soneto serio:

Describe a Leandro fluctuante en el mar

Flota de cuantos rayos y centellas

en puntas de oro el ciego Amor derrama,

nada Leandro; y cuanto el polo brama

con olas, tanto gime por vencellas.

Maligna luz multiplicó en estrellas

y grande incendio sigue pobre llama:

en la cuna de Venus quien bien ama,

no debió recelarse de perdellas.

Vela y remeros es, nave sedienta;

mas no le aprovechó, pues desatado

Noto los campos líquidos violenta.

Ni volver puede, ni pasar a nado;

si llora crece el mar y la tormenta;

que hasta poder llorar le fue vedado.

 

 

Y éste el otro:

En crespa tempestad del oro undoso

nada golfos de luz ardiente y pura

mi corazón, sediento de hermosura,

si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego proceloso

su amor ostenta, su vivir apura;

Ícaro en senda de oro mal segura

arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix encendidas

sus esperanzas, que difuntas lloro,

intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico, y pobre en el tesoro,

el castigo y la hambre imita a Midas,

Tántalo en fugitiva fuente de oro.

 

 

Franco Durán en su trabajo citado dice sobre las obras de Góngora y Quevedo:

Si con Góngora los dioses antiguos mantenían su categoría de tales, a pesar de la ridiculización de que son objeto los héroes de la mitología clásica, con Quevedo la burla y el sarcasmo llega a límites insospechados. El romance en versos cortos “Hero y Leandro en paños menores” nos indica ya desde su título el carácter que este autor va a darle a su fábula.

Hero es una moza de una venta llamada La Torre -aquí la transformación de la torre en la que vivía Hero por el nombre de una posada- que se dedica a la prostitución y cuyos clientes principales son los marinos que se paran allí a descansar. Leandro es uno de estos hombres que es recibido por Hero cada noche. Quevedo satiriza en extremo la relación sexual de la prostituta y el navegante. A través de alusiones a diversos refranes y metáforas despectivas, interrogaciones retóricas y lenguaje vulgar, el autor acelera el ritmo de romance, mucho más narrativo en Góngora, y nos ofrece una versión escéptica para llegar a la máxima deformación en el tratamiento de los modelos antiguos. Quevedo se sirve de algunas imágenes conocidas –el huevo pasado por agua para designar la natación de Leandro y una Hero estrellada en el epitafio final- utilizadas anteriormente, como ya hemos dicho, por Mateo Vázquez de Leca y Góngora en su versión de 1610.

Se debe considerar la absoluta decadencia en el tratamiento del género que alcanzaría su máximo apogeo en la primera mitad del siglo XVIII con Francisco Nieto y Molina, entre otros.

De la historia de Hero y Leandro también tiene Quevedo una versión seria que nos cuenta la historia amorosa de los dos personajes. La única novedad con respecto a las fuentes grecolatinas y a la dimensión que le dieron el resto de los poetas hasta aquí mencionados, es el suicidio de Hero sin llegar a conocer la muerte de su amante.

 

Sócrates reprendiendo a Alcibíades en casa de una cortesana (1857), óleo sobre lienzo de 278 x 226 cm., de Germán Hernández Amores. Museo del Prado

 

Plutarco nos sigue hablando de la relación entre el joven político Alcibíades y Sócrates en su Vida de Alcibíades VII, 3-6:

ἔτι δὲ μειράκιον ὢν ἐστρατεύσατο τὴν εἰς Ποτίδαιαν στρατείαν, καὶ Σωκράτη σύσκηνον εἶχε καὶ παραστάτην ἐν τοῖς ἀγῶσιν. ἰσχυρᾶς δὲ γενομένης μάχης ἠρίστευσαν μὲν ἀμφότεροι, τοῦ δ᾽ Ἀλκιβιάδου τραύματι περιπεσόντος ὁ Σωκράτης προέστη καὶ ἤμυνε καὶ μάλιστα δὴ προδήλως ἔσωσεν αὐτὸν μετὰ τῶν ὅπλων. ἐγίνετο μὲν οὖν τῷ δικαιοτάτῳ λόγῳ Σωκράτους τὸ ἀριστεῖον·

Siendo todavía muy jovencito, militó en el ejército enviado contra Potidea, en el cual tuvo a Sócrates por compañero de tienda, y en los combates peleó a su lado. Hubo una fuerte batalla, en la que los dos sobresalieron en valor; y como Alcibíades hubiese caído de una herida, Sócrates se puso por delante y le defendió; haciéndose visible con esto que le sacó salvo y con sus armas, y que por toda razón debía el premio del valor ser de Sócrates.

ἐπεὶ δ᾽ οἱ στρατηγοὶ διὰ τὸ ἀξίωμα τῷ Ἀλκιβιάδῃ σπουδάζοντες ἐφαίνοντο περιθεῖναι τὴν δόξαν, ὁ Σωκράτης βουλόμενος αὔξεσθαι τὸ φιλότιμον ἐν τοῖς καλοῖς αὐτοῦ πρῶτος ἐμαρτύρει καὶ παρεκάλει στεφανοῦν ἐκεῖνον καὶ διδόναι τὴν πανοπλίαν. ἔτι δὲ τῆς ἐπὶ Δηλίῳ μάχης γενομένης καὶ φευγόντων Ἀθηναίων, ἔχων ἵππον ὁ Ἀλκιβιάδης, τοῦ δὲ Σωκράτους πεζῇ μετ᾽ ὀλίγων ἀποχωροῦντος, οὐ παρήλασεν ἰδών, ἀλλὰ παρέπεμψε καὶ περιήμυνεν, ἐπικειμένων τῶν πολεμίων καὶ πολλοὺς ἀναιρούντων. καὶ ταῦτα μὲν ὕστερον ἐπράχθη.

Con todo, cuando se advirtió que los generales, movidos del esplendor de Alcibíades, estaban empeñados en atribuirle aquella gloria, Sócrates, para encender más en él el deseo de sobresalir en acciones ilustres, fue el primero en atestiguar y promover que se diesen a aquel la corona y la armadura. Para eso en la batalla de Delio, cuando los Atenienses volvieron la espalda, como Alcibíades tuviese caballo y Sócrates con muy pocos se retirase a pie, no le desamparó aquel luego que le vio, sino que le acompañó y defendió, cargándoles los enemigos y haciéndoles mucho daño; pero esto fue algún tiempo después.

La traducción se ha sacado de Wikisource.

 

 

Plutarco, en De liberis educandis 1XV, 11 E-F, cita a Sócrates al hablar de un tema tan común en la antigua Grecia como el de los amantes masculinos, de mayor edad, de los niños:

πολὺς δ᾽ ὄκνος ἔχει με καὶ τῆς εἰσηγήσεως καὶ τῆς ἀποτροπῆς τοῦ πράγματος. ἀποτολμητέον δ᾽ οὖν ὅμως: εἰπεῖν αὐτό. τί οὖν τοῦτ᾽ ἐστί; πότερα δεῖ τοὺς ἐρῶντας τῶν παίδων ἐᾶν τούτοις συνεῖναι καὶ, συνδιατρίβειν, ἢ τοὐναντίον εἴργειν αὐτοὺς καὶ ἀποσοβεῖν τῆς πρὸς τούτους ὁμιλίας προσῆκεν; ὅταν μὲν γὰρ ἀποβλέψω πρὸς τοὺς πατέρας τοὺς αὐθεκάστους καὶ τὸν τρόπον ὀμφακίας καὶ στρυφνούς, οἳ τῶν τέκνων ὕβριν οὐκ ἀνεκτὴν τὴν τῶν ἐρώντων ὁμιλίαν ἡγοῦνται, εὐλαβοῦμαι ταύτης εἰσηγητὴς γενέσθαι καὶ σύμβουλος, ὅταν δ᾽ αὖ πάλιν ἐνθυμηθῶ τὸν Σωκράτη τὸν Πλάτωνα τὸν Ξενοφῶντα τὸν Αἰσχίνην τὸν Κέβητα, τὸν πάντα χορὸν ἐκείνων τῶν ἀνδρῶν οἳ τοὺς ἄρρενας ἐδοκίμασαν ἔρωτας καὶ τὰ μειράκια προήγαγον ἐπί τε παιδείαν καὶ δημαγωγίαν καὶ τὴν ἀρετὴν τῶν τρόπων, πάλιν ἕτερος γίγνομαι καὶ κάμπτομαι πρὸς τὸν ἐκείνων τῶν ἀνδρῶν ζῆλον. μαρτυρεῖ δὲ τούτοις Εὐριπίδης οὕτω λέγων

ἀλλ᾽ ἔστι δή τις ἄλλος ἐν βροτοῖς ἔρως

ψυχῆς δικαίας σώφρονός τε κἀγαθῆς

Se apodera de mí una gran vacilación sobre si he de tratar o evitar el tema. Sin embargo, se debe arriesgar uno a hablar de ello. ¿De qué se trata? ¿Es necesario permitir a los amantes de los niños que estén con ellos y pasen el tiempo juntos, o, por el contrario, conviene impedírselo y separarlos de la compañía de estos?

Porque, cuando miro a los padres rudos, austeros y ásperos de carácter, que consideran una insolencia intolerable de sus hijos la compañía de los amantes, temo convertirme en el autor y consejero de esta. Mas, cuando, por otra parte, pienso en Sócrates, Platón, Jenofonte, Esquines o Cebes, en todo el coro de aquellos hombres, que aprobaron los amores masculinos y condujeron a los adolescentes a la educación, al gobierno del pueblo y a la excelencia de las costumbres, de nuevo soy otro y me inclino a la emulación de aquellos hombres. Y Eurípides da testimonio de estas cosas, cuando dice así:

Pero existe otro amor entre los hombres

el de un alma justa, prudente y buena.

 

 

Los cuatro personajes citados junto a Sócrates son amigos y discípulos.

Los versos de Eurípides pertenecen a su tragedia Teseo (Nauck, Tragediorum Graecorum Fragmenta, 388) y siguen estos tres versos:

καὶ χρῆν δὲ τοῖς βροτοῖσι τόνδ’ εἶναι νόμον

τῶν εὐσεβούντων οἵτινές τε σώφρονες

ἐρᾶν, Κύπριν δὲ τὴν Διὸς χαίρειν ἐᾶν.

Sería mejor si ésta fuera la costumbre entre los mortales,

de hombres reverentes y de todos los que tienen razón,

amar de esta manera, y dejar marchar a la hija de Zeus, Cipris

Luciano de Samosata, en Relatos Verídicos II, 23, nos habla de Sócrates, que destaca en la batalla entre los impíos y los habitantes de la isla “de los dichosos”:

ἄρτι δὲ τοῦ ἀγῶνος συντετελεσμένου ἠγγέλλοντο οἱ ἐν τῷ χώρῳ τῶν ἀσεβῶν κολαζόμενοι ἀπορρήξαντες τὰ δεσμὰ καὶ τῆς φρουρᾶς ἐπικρατήσαντες ἐλαύνειν ἐπὶ τὴν νῆσον ἡγεῖσθαι δὲ αὐτῶν Φάλαρίν τε τὸν Ἀκραγαντῖνον καὶ Βούσιριν τὸν Αἰγύπτιον καὶ Διομήδη τὸν Θρᾷκα καὶ τοὺς περὶ Σκίρωνα καὶ Πιτυοκάμπτην. ὡς δὲ ταῦτα ἤκουσεν ὁ Ῥαδάμανθυς, ἐκτάσσει τοὺς ἥρωας ἐπὶ τῆς ᾐόνος: ἡγεῖτο δὲ Θησεύς τε καὶ Ἀχιλλεὺς καὶ Αἴας ὁ Τελαμώνιος ἤδη σωφρονῶν καὶ συμμίξαντες ἐμάχοντο, καὶ ἐνίκησαν οἱ ἥρωες, Ἀχιλλέως τὰ πλεῖστακατορθώσαντος. ἠρίστευσε δὲ καὶ Σωκράτης ἐπὶ τῷ δεξιῷ ταχθεὶς, πολὺ μᾶλλον ἢ ὅτε ζῶν ἐπὶ Δηλίῳ ἐμάχετο. προσιόντων γάρ τεττάρων πολεμίων οὐκ ἔφυγε καὶ τὸ πρόσωπον ἄτρεπτος ἦν ἐφ᾽ οἷς καὶ ὕστερον ἐξῃρέθη αὐτῷ ἀριστεῖον, καλός τε καὶ μέγας παράδεισος ἐν τῷ προαστείῳ, ἔνθα καὶ συγκαλῶν τοὺς ἑταίρους διελέγετο, Νεκρακαδημίαν τὸν τόπον προσαγορεύσας.

Apenas habían concluido los juegos, llego la noticia de que los condenados en el territorio de los impíos habían roto sus cadenas y derrotado a sus guardianes, y se dirigían contra la isla; los capitaneaba Falaris de Acragante, Busiris el egipcio, Diomedes el tracio, Escirón y Pitiocamptes. Cuando Radamantis tuvo noticia de ello, coloco a sus héroes en la playa. Los capitaneaban Teseo, Aquiles y Ayante, hijo de Telamón, que ya había recobrado la cordura. Trabaron combate y vencieron los héroes, gracias a Aquiles sobre todo, pero destaco también Sócrates, colocado en el ala derecha, mucho más que cuando en vida combatiera en Delio, pues cuando cuatro enemigos fueron contra el no huyo ni altero su semblante. Por ello, le fue concedida después una recompensa, un hermoso y amplio jardín en los alrededores de la ciudad, donde reunía a sus compañeros para conversar, que él llamaba la Academia de los muertos.

La traducción es de Andrés Espinosa Alarcón, en Gredos.

 

Luis de Góngora y Argote (1561-1627), retrato de Diego de Velázquez

Analizábamos, con ayuda de María José Franco Durán, en el anterior capítulo de esta serie dos romances burlescos sobre el mito de Hero y Leandro, de Luis de Góngora: Aunque entiendo poco griego y Arrojóse el mancebito.

Es momento de ofrecer el primero de ellos.

En él hay una alusión al poema de Museo (aunque entiendo poco griego, en mis greguescos he hallado ciertos versos de Museo ni muy duros ni muy blandos) y también un recuerdo, no muy benevolente, a Boscán (cualquier lector que quisiere entrarse en el carro largo de las obras de Boscán se podrá ir con él de espacio, que yo a pie quiero ver más un toro suelto en el campo, que en Boscán un verso suelto, aunque sea en un andamio); además bastantes citas de personajes mitológicos como Narciso, Orfeo, Anfión, Cupido y Venus.

El tono de mofa y burla está presente en todo el romance; citemos, a modo de ejemplo, la descripción de los padres de Hero:

tuvo por padre a un hidalgo,

alcaide que era de Sesto,

mal vestido y bien barbado;

su madre, una buena griega,

con más partos y postpartos

que una vaca…

Aquí lo tenemos:

 

FÁBULA DE HERO Y LEANDRO (1610)

Aunque entiendo poco griego,

en mis greguescos he hallado

ciertos versos de Museo

ni muy duros ni muy blandos.

De dos amantes la historia

contienen, tan pobres ambos,

que ella, para una linterna,

y él no tuvo para un barco.

Dice, pues, que doña Hero

tuvo por padre a un hidalgo,

alcaide que era de Sesto,

mal vestido y bien barbado;

su madre, una buena griega,

con más partos y postpartos

que una vaca, y el castillo,

una casa de descalzos

cernícalos de uñas negras

en las almenas crïados:

 

 

muchos dones a un candil

y témporas todo el año.

También dice este poeta

que era hijo, don Leandro,

de un escudero de Abido,

pobrísimo, pero honrado;

grandes hombres, padre y hijo,

de regalarse, el verano,

con gigotes de pepino,

y, los hibiernos, de nabo,

la política del diente

cometían luego a un palo,

vara, y no de vagabundos,

pues no los ha desterrado.

Era, pues, el mancebito

un Narciso iluminado,

virote de Amor, no pobre

de plumas y de penachos;

de su barrio y del ajeno

diligentísimo braco,

grande orinador de esquinas,

pero ventor por el cabo;

citarista, aunque nocturno,

y Orfeo tan desgraciado,

que nunca enfrenó las aguas

que convocó el dulce canto,

puesto que ya, de Anfión

imitando algunos pasos,

llamó a sí muchas más piedras

que tuvo el muro tebano.

 

 

Este, pues, galán, un día,

no sé si a pie o a caballo,

salió (Dios en hora buena)

no muy bien acompañado.

Cualquier lector que quisiere

entrarse en el carro largo

de las obras de Boscán

se podrá ir con él de espacio,

que yo a pie quiero ver más

un toro suelto en el campo,

que en Boscán un verso suelto,

aunque sea en un andamio.

Y así, no sé dónde fueron

ni cómo se convocaron

los devotos convecinos

de templo tan visitado;

sé al menos que concurrieron

cuantos baña comarcanos

el sepulcro de la que iba

a las ancas de su hermano.

Esto sólo de Museo

entendí; y abrevïando,

a la vela o romería

llegó en un rocín muy flaco

el noble alcaide de Sesto,

y la alcaidesa, en un asno

(con perdón de los cofrades),

doña Hero, en un cuartago,

gallarda de capotillo

y de sombrero bordado,

que le prestó para ello

la mujer de un veinticuatro.

 

 

Los demás caballeritos

en la torre se quedaron,

cuál sin pluma y cuál con ella,

y todos de hambre pïando.

Alborotó la aula Hero,

que el muro del velo blanco

tenía dos saeteras

para los ojos rasgados,

a quien se calaron luego

dos o tres torzuelos bravos

como a búho tal; y, entre ellos,

el abideno bizarro

pïóla cual gorrión,

cacareóla cual gallo,

arrullóla cual palomo,

hízola ruedas cual pavo.

Ella, del guante al descuido

desenvainando una mano,

lo aseguró y le dio un bello

cristalino cintarazo.

Quedó aturdido el mozuelo,

y, medio desatinado,

almíbar dejó, de amor,

caérsele por los labios:

poco fue lo que le dijo,

mas tan dulce, aunque tan bajo,

que, hecho sacristán, Cupido

le corrió el velo al retablo.

 

 

Dejó caer el rebozo,

y descubrió un «sepan, cuantos

esta buena cara vieren,

que han de morir anegados».

Crepúsculo era, el cabello,

del día, entre obscuro y claro,

rayos de una blanca frente,

si hay marfil con negros rayos;

de ébano quiere el Amor

que las cejas sean dos arcos,

y no de ébano bruñido,

sino recién aserrado;

los ojazos negros dicen:

«Aunque negros, gente samo,

condes, somos, de Buendía,

si no somos condes Claros».

Los títulos me perdonen,

y el dibujo prosigamos,

que si no los tuvo Grecia,

los pidió a España prestados:

la nariz, algo aguileña,

que lo corvo, vinculado

lo dejó Ciro a los griegos,

como alfanje, en mayorazgo;

 

 

de rosas y de jazmines

mezcló el cielo un encarnado

que, por darlo a sus mejillas,

se lo hurtó a la alba aquel año;

en dos labios dividido,

se ríe un clavel rosado,

guardajoyas de unas perlas

que invidia el mar Indïano;

lo torneado del cuello

y del pecho el alabastro

tentaciones son, Señor,

sed libera nos a malo;

entre lo que no se ve

y lo que brujuleamos

metió, una basquiña verde,

el bastón terciopelado.

Estas eran las bellezas

de aquel ídolo de mármol

que a razones y a pellizcos

tenía ya, el mozuelo, blando.

Favoreciólos la noche

prestándoles tiempo, y tanto,

que se contaron sus vidas

y sus muertes concertaron.

 

Tate; (c) Tate; Supplied by The Public Catalogue Foundation

 

Señora madre, devota,

se estuvo siempre rezando,

y señor padre, poltrón,

se salió a dormir al claustro:

con esto dieron lugar

a que el galán diese asalto

y escalase el pecho bobo,

sin tocar nadie a rebato.

Celebrada, pues, la fiesta,

por aquellos mismos pasos

(si bien con otros intentos)

que vinieron, se tornaron.

Pulgas pican al pelón,

y tiénenlo tan picado,

que diera al Tiempo las plumas

de su sombrerillo pardo

para que le sincopara

el término señalado

a los gustos no cumplidos

y a los días mal logrados.

Llegó, al fin, que no debiera,

en un día muy nublado

y una noche muy lloviosa,

luto el uno, la otra, llanto.

Apenas la obscura noche

las cintas se ató del manto,

y no del manto de lustre,

sino de soplos del austro,

cuando el mozuelo orgulloso

hacia el mar, ya alborotado,

un pie con otro, se fue

descalzando los zapatos.

Llegó desnudo a la orilla,

donde estuvieron un rato

las faldas de la camisa

a las ondas imitando.

 

 

Haciendo con el estrecho,

que ya le parece ancho,

lo que el día de la purga

el enfermo con el vaso,

la trémula seña, aguarda,

que de luz corone lo alto,

si tanta distancia puede

vencella farol tan flaco.

Présaga, al fin, del suceso,

turbada, salió, del caso,

y cobarde al fiero soplo

del animoso contrario.

Leandro, en viendo la luz,

la arena besa, y gallardo,

«¡Oh, de la estrella de Venus

-le dice- ilustre traslado!:

norte eres ya de un bajel

de cuatro remos por banco;

si naufragare, serás

Santelmo de su naufragio.

A tus rayos me encomiendo,

que, si me ayudan tus rayos,

mal podrá un brazo de mar

contrastar a mis dos brazos».

Esto dijo, y repitiendo

«Hero y Amor», cual villano

que a la carrera ligero

solicita el rojo palio…

 

¡¡Diez años!!

El 7 de octubre de 2007, hace hoy diez años, publicamos nuestro primer artículo en este blog, tras nuestra aventura previa en el blog Omnia mea mecum porto, cuyo primer artículo se publicó el 28 de octubre de 2006 y que echó el cierre otro 28 de octubre de 2008, si bien escribimos otros cuatro artículos en 2013, a propósito de actividades de nuestro centro o de la victoria en las Olimpiadas Clásicas de la Universidad de Valencia de una alumna nuestra, hoy ya filóloga clásica.

En estos diez años se han publicado, con ésta, 1059 entradas y ha habido 1449 comentarios.

Se han tratado diversos asuntos en nuestros artículos. El 17 de enero de 2017, con motivo de nuestros mil artículos, publicamos una entrada en la que hacíamos un repaso de los artículos escritos aquí. Desde aquel día hemos seguido con nuestras largas series La paciencia de Sócrates, Artículos sibilinos, Hero y Leandro ¿un mito olvidado?, (Auto)epitafios, y dos artículos sueltos dedicados a glosar la figura de José Luis Pérez de Arteaga y a los recortes en las plazas de profesores de clásicas en la Comunidad Valenciana.

En ese mismo artículo del 17 de enero escribíamos:

En octubre de este año 2017, este blog cumplirá diez años. Tras esa fecha (7-10-2017) no le quedará ya mucho recorrido. Habrá que ir pensando en cerrarlo, porque las ideas se agotan y mantenerlo activo requiere mucho tiempo (ars longa, vita brevis). Si lo mantengo es por mí mismo, porque me permite conocer mejor la literatura griega y romana y aprender continuamente, investigando y buscando en mis libros y en la red. Si, de paso, a alguien le es de provecho, mejor.

Pues bien, ha llegado el 7 de octubre de 2017 y a este espacio le quedan pocas semanas de vida; seguramente no llegará al 2018. Pero el balance es positivo, pues no es fácil pervivir 10 años en un blog, a pesar de no escribir todos los días. Nos ha llenado cultural, vital y espiritualmente y eso hay que valorarlo. Si a los lectores, asiduos u ocasionales, les ha servido de provecho, tanto mejor.

 

Sócrates buscando a Alcibíades en la casa de Aspasia (1861), óleo sobre lienzo de  Jean-Léon Gérôme (1824-1904). Museo de Bellas Artes de Valenciennes

Seguimos con la relación entre Sócrates y Alcibíades a la que se refiere Plutarco en Vida de Alcibíades IV, 4:

ταχὺ δὲ ποιησάμενος συνήθη, καὶ λόγων ἀκούσας οὐχ ἡδονὴν ἄνανδρον ἐραστοῦ θηρεύοντος, οὐδὲ φιλημάτων καὶ ψαύσεως προσαιτοῦντος, ἀλλ᾽ ἐλέγχοντος τὸ σαθρὸν τῆς ψυχῆς αὐτοῦ καὶ πιεζοῦντος τὸν κενὸν καὶ ἀνόητον τῦφον, ἔπτηξ᾽ ἀλέκτωρ δοῦλος ὣς κλίνας πτερόν.

καὶ τὸ μὲν Σωκράτους ἡγήσατο πρᾶγμα τῷ ὄντι θεῶν ὑπηρεσίαν εἰς νέων ἐπιμέλειαν εἶναι καὶ σωτηρίαν· καταφρονῶν δ᾽ αὐτὸς ἑαυτοῦ, θαυμάζων δ᾽ ἐκεῖνον, ἀγαπῶν δὲ τὴν φιλοφροσύνην, αἰσχυνόμενος δὲ τὴν ἀρετήν, ἐλάνθανεν εἴδωλον ἔρωτος, ὥς φησιν ὁ Πλάτων, ἀντέρωτα κτώμενος, ὥστε θαυμάζειν ἅπαντας ὁρῶντας αὐτὸν Σωκράτει μὲν συνδειπνοῦντα καὶ συμπαλαίοντα καὶ συσκηνοῦντα, τοῖς δ᾽ ἄλλοις ἐρασταῖς χαλεπὸν ὄντα καὶ δυσχείρωτον, ἐνίοις δὲ καὶ παντάπασι σοβαρῶς προσφερόμενον, ὥσπερ Ἀνύτῳ τῷ Ἀνθεμίωνος.

Entró, pues, muy luego en su confianza, y oyendo la voz de un amador que no andaba a caza de placeres indignos, ni solicitaba indecentes caricias, sino que le echaba en cara los vicios de su alma y reprimía su vano y necio orgullo, Como gallo vencido en la pelea, dejó caer acobardado el ala. Veía en esto la obra de Sócrates; pero en la realidad la reputaba ministerio de los Dioses en beneficio y salvación de los jóvenes. Desconfiándose, pues, de sí mismo, mirando a aquel con admiración, apreciando su benevolencia y acatando su virtud, insensiblemente abrazó el ídolo del amor, o, según la expresión de Platón, el contramor o amor correspondido. Maravillábanse todos, por tanto, de verle cenar con Sócrates y ejercitarse y habitar con él, mientras que se mostraba con los demás amadores áspero y desabrido; y aun a algunos los trataba con altanería, como a Ánito el de Antemión.

 

 

ἐτύγχανε μὲν γὰρ ἐρῶν τοῦ Ἀλκιβιάδου, ξένους δε τινας ἑστιῶν ἐκάλει κἀκεῖνον ἐπὶ τὸ δεῖπνον. ὁ δὲ τὴν μὲν κλῆσιν ἀπείπατο, μεθυσθεὶς δ᾽ οἴκοι μετὰ τῶν ἑταίρων ἐκώμασε πρὸς τὸν Ἄνυτον, καὶ ταῖς θύραις ἐπιστὰς τοῦ ἀνδρῶνος καὶ θεασάμενος ἀργυρῶν ἐκπωμάτων καὶ χρυσῶν πλήρεις τὰς τραπέζας, ἐκέλευσε τοὺς παῖδας τὰ ἡμίση λαβόντας οἴκαδε κομίζειν πρὸς αὐτόν, εἰσελθεῖν δ᾽ οὐκ ἠξίωσεν, ἀλλὰ ταῦτα πράξας ἀπῆλθε. τῶν οὖν ξένων δυσχεραινόντων καὶ λεγόντων ὡς ὑβριστικῶς καὶ ὑπερηφάνως εἴη τῷ Ἀνύτῳ κεχρημένος ὁ Ἀλκιβιάδης, “ἐπιεικῶς μὲν οὖν,” ὁ Ἄνυτος ἔφη, “καὶ φιλανθρώπως· ἃ γὰρ ἐξῆν αὐτῷ λαβεῖν ἅπαντα, τούτων ἡμῖν τὰ μέρη καταλέλοιπεν.”

 Amaba éste a Alcibíades, y teniendo a cenar a unos huéspedes, le convidó al banquete: rehusó él el convite; pero habiendo encasa bebido largamente con otros amigos, fuese a casa de Ánito para darle un chasco: púsose a la puerta del comedor, y viendo las mesas llenas de fuentes de plata y oro, dio orden a los criados de que tomaran la mitad de todo aquello y se lo llevaran a casa; esto sin pasar de allí, y antes se retiró con los criados. Prorrumpieron los huéspedes en quejas, diciendo que Alcibíades se había portado injuriosa e indecorosamente con Ánito; más éste respondió: “No, sino con mucha equidad y moderación, pues que habiendo sido dueño de llevárselo todo, aún nos ha dejado parte”.

 

Sócrates y Alcibíades (1813-1816), óleo sobre lienzo de 32,7 x 24,1 cm., de Christopher Wilhelm Eckersberg. Thorvaldsen Museum de Copenhague

 

 Y seguimos con el capítulo 6:

Ὁ δὲ Σωκράτους ἔρως πολλοὺς ἔχων καὶ μεγάλους ἀνταγωνιστὰς πῇ μὲν ἐκράτει τοῦ Ἀλκιβιάδου, δι᾽ εὐφυΐαν ἁπτομένων τῶν λόγων αὐτοῦ καὶ τὴν καρδίαν στρεφόντων καὶ δάκρυα ἐκχεόντων, ἔστι δ᾽ ὅτε καὶ τοῖς κόλαξι πολλὰς ἡδονὰς ὑποβάλλουσιν ἐνδιδοὺς ἑαυτόν, ἀπωλίσθαινε τοῦ Σωκράτους καὶ δραπετεύων ἀτεχνῶς ἐκυνηγεῖτο, πρὸς μόνον ἐκεῖνον ἔχων τὸ αἰδεῖσθαι καὶ τὸ φοβεῖσθαι, τῶν δ᾽ ἄλλων ὑπερορῶν.

Este amor de Sócrates tenía muchos que le hicieran oposición, mas lograba, sin embargo, dominar el buen natural de Alcibíades, fijándose en su ánimo los discursos de aquel, convirtiendo su corazón y arrancándole lágrimas. Había ocasiones, no obstante, en que, cediendo a los aduladores que le lisonjeaban con placeres, se le deslizaba a Sócrates, y como fugitivo tenía que cazarle; pues sólo respecto de él se avergonzaba, y a él sólo le tenía algún temor, no dándosele nada de los demás.

ὁ μὲν οὖν Κλεάνθης ἔλεγε τὸν ἐρώμενον ὑφ᾽ ἑαυτοῦ μὲν ἐκ τῶν ὤτων κρατεῖσθαι, τοῖς δ᾽ ἀντερασταῖς πολλὰς λαβὰς παρέχειν ἀθίκτους ἑαυτῷ, τὴν γαστέρα λέγων καὶ τὰ αἰδοῖα καὶ τὸν λαιμόν· Ἀλκιβιάδης δ᾽ ἦν μὲν ἀμέλει καὶ πρὸς ἡδονὰς ἀγώγιμος· ἡ γὰρ ὑπὸ Θουκυδίδου λεγομένη παρανομία εἰς τὸ σῶμα τῆς διαίτης ὑποψίαν τοιαύτην δίδωσιν. οὐ μὴν ἀλλὰ μᾶλλον αὐτοῦ τῆς φιλοτιμίας ἐπιλαμβανόμενοι καὶ τῆς φιλοδοξίας οἱ διαφθείροντες ἐνέβαλλον οὐ καθ᾽ ὥραν εἰς μεγαλοπραγμοσύνην, ἀναπείθοντες ὡς, ὅταν πρῶτον ἄρξηται τὰ δημόσια πράττειν, οὐ μόνον ἀμαυρώσοντα τοὺς ἄλλους στρατηγοὺς καὶ δημαγωγοὺς εὐθύς, ἀλλὰ καὶ τὴν Περικλέους δύναμιν ἐν τοῖς Ἕλλησι καὶ δόξαν ὑπερβαλούμενον.

 

La escuela de Atenas (1510-1511), pintura al fresco de 5 x 7.7 m., de Rafael Sanzio. Estancias de Rafael. Museos Vaticanos

Decía, pues, Cleantes, que este tal amado era por los oídos por donde de Sócrates había de ser cogido; cuando a los otros amadores les presentaba muchos asideros a que aquel no podía echar mano: queriendo indicar el vientre, la lascivia y la gula, porque realmente Alcibíades era muy inclinado a los deleites, dando de esto bastante indicio el que Tucídides llama desconcierto suyo en el régimen ordinario de la vida. Mas los que trataban de pervertirle, de lo que principalmente se valieron fue de su ambición y de su orgullo, para hacerle antes de tiempo tomar parte en los negocios públicos, persuadiéndole que lo mismo sería entrar en ellos, no solamente eclipsaría a los demás generales y oradores, sino que al mismo Pericles se aventajaría en gloria y poder entre los griegos.

ὥσπερ οὖν ὁ σίδηρος ἐν τῷ πυρὶ μαλασσόμενος αὖθις ὑπὸ τοῦ ψυχροῦ πυκνοῦται καὶ σύνεισι τοῖς μορίοις εἰς αὑτόν, οὕτως ἐκεῖνον ὁ Σωκράτης θρύψεως διάπλεων καὶ χαυνότητος ὁσάκις ἂν λάβοι, πιέζων τῷ λόγῳ καὶ συστέλλων ταπεινὸν ἐποίει καὶ ἄτολμον, ἡλίκων ἐνδεής ἐστι καὶ ἀτελὴς πρὸς ἀρετὴν μανθάνοντα.

Como el hierro, pues, ablandado por el fuego, después con el frío vuelve a comprimirse y sus partes se aprietan entre sí, de la misma manera cuantas veces Alcibíades, disipado por el lujo y la vanidad, volvía a las manos de Sócrates, conteniéndole éste y refrenándole con sus razones, le hacía sumiso y moderado, reconociendo que estaba todavía muy falto y atrasado para la virtud.

 

Busto de Alcibíades. Museos Capitolinos de Roma