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Y continuamos en esta ya dilatada serie, iniciada el 23 de diciembre de 2015, con motivo de la emisión en el programa de Radio Clásica “El mundo de la fonografía”, que dirige José Luis Pérez de Arteaga del poema sinfónico de 1884 Ero e Leandro de Alfredo Catalani (1854-1893). El objeto de la serie es revisar, con las notas y traducción de José Guillermo Montes Cala, en Gredos, del poema Hero y Leandro de Museo el Gramático.

Y llegamos ya a los versos 251 a 267:

 

Ὣς εἰπὼν μελέων ἐρατῶν ἀπεδύσατο πέπλα

ἀμφοτέραις παλάμῃσιν, ἑῷ δ’ ἔσφιγξε καρήνῳ,

ἠιόνος δ’ ἐξῶρτο, δέμας δ’ ἔρριψε θαλάσσῃ.

λαμπομένου δ’ ἔσπευδεν ἀεὶ κατεναντία λύχνου

αὐτὸς ἐὼν ἐρέτης, αὐτόστολος, αὐτόματος νηῦς. 255

Ἡρὼ δ’ ἠλιβάτοιο φαεσφόρος ὑψόθι πύργου,

λεπταλέαις αὔρῃσιν ὅθεν πνεύσειεν ἀήτης,

φάρεϊπολλάκι λύχνον ἐπέσκεπεν, εἰσόκε Σηστοῦ

πολλὰ καμὼν Λείανδρος ἔβη ποτὶ ναύλοχον ἀκτήν.

καί μιν ἑὸν ποτὶ πύργον ἀνήγαγεν. ἐκ δὲ θυράων 260

νυμφίον ἀσθμαίνοντα περιπτύξασα σιωπῇ

ἀφροκόμους ῥαθάμιγγας ἔτι στάζοντα θαλάσσης

ἤγαγε νυμφοκόμοιο μυχοὺς ἔπι παρθενεῶνος

καὶ χρόα πάντα κάθηρε. δέμας δ’ ἔχρισεν ἐλαίῳ

εὐόδμῳ ῥοδέῳ καὶ ἁλίπνοον ἔσβεσεν ὀδμήν. 265

εἰσέτι δ’ ἀσθμαίνοντα βαθυστρώτοις ἐνὶ λέκτροις

νυμφίον ἀμφιχυθεῖσα φιλήτορας ἴαχε μύθους·

 

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Hero y Leandro (1676), grabado sobre cobre de 7 x 8,6 cm., de François Chauveau. Montpellier, Médiathèque centrale d’agglomération Émile Zola

Así dijo y con ambas manos despojó de vestiduras su atractivo cuerpo y las lió a su cabeza. Sobre la costa se incorporó y cuan largo era zambullóse en la mar. Y se afabana en siempre tener de cara la luz del candil, él que era su remero, su pasajero, su propia nave. Y Hero, con la lumbre en lo alto de la escarpada torre, de allí donde el viento soplaba con una ligera brisa, con su velo una y otra vez al candil abrigo le daba, hasta que Leandro alcanzara, luego de mil fatigas, la orilla de Sesto, de su nave acogedora. Y lo subió a su torre.

Desde el umbral en silencio se abrazó a su jadeante esposo, de cuyos cabellos aún goteaba la espuma de la mar, y lo condujo a lo más profundo de su alcoba, engalanada para una novia. Limpió toda su piel y ungió su cuerpo con aceite que olía a rosas y acabó con el olor a salitre. Y abrazada en el blanco lecho a su esposo, que aún jadeaba, pronunció palabras de amor conyugal:

 

  1. (Las lió a su cabeza = 252 = ἑῷ δ’ ἔσφιγξε καρήνῳ). A diferencia de Ovidio, Heroidas XVIII 33 y 58, donde Leandro, tras haber dejado la ropa en la arena, emprende desnudo la travesía.

Aquí está Heroidas XVIII 33

ter mihi deposita est in sicca vestis harena;

Tres veces dejé la ropa en la arena seca;

Y aquí el verso 58-59:

nec mora, deposito pariter cum veste timore

iactabam liquido bracchia lenta mari.

Sin tardar, quitándome a la vez la ropa y el miedo,

agité en las transparentes aguas mis flexibles brazos

Traducción de Ana Pérez Vega, en Gredos.

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Quizá Museo tomó inspiración para este detalle en Odisea XIV, 348 ss., donde Odiseo relata a Eumeo cómo, tras cubrir su cabeza con los andrajos, se echó a andar con los remos de sus brazos.

Aquí tenemos el texto odisaico:

αὐτὰρ ἐμοὶ δεσμὸν μὲν ἀνέγναμψαν θεοὶ αὐτοὶ

ῥηϊδίως· κεφαλῇ δὲ κατὰ ῥάκος ἀμφικαλύψας,

ξεστὸν ἐφόλκαιον καταβὰς ἐπέλασσα θαλάσσῃ

στῆθος, ἔπειτα δὲ χερσὶ διήρεσα ἀμφοτέρῃσι

νηχόμενος, μάλα δ’ ὦκα θύρηθ’ ἔα ἀμφὶς ἐκείνων.

ἔνθ’ ἀναβάς, ὅθι τε δρίος ἦν πολυανθέος ὕλης,

κείμην πεπτηώς. οἱ δὲ μεγάλα στενάχοντες

φοίτων· ἀλλ’ οὐ γάρ σφιν ἐφαίνετο κέρδιον εἶναι

μαίεσθαι προτέρω, τοὶ μὲν πάλιν αὖτις ἔβαινον

νηὸς ἔπι γλαφυρῆς· ἐμὲ δ’ ἔκρυψαν θεοὶ αὐτοὶ

ῥηϊδίως, καί με σταθμῷ ἐπέλασσαν ἄγοντες

ἀνδρὸς ἐπισταμένου· ἔτι γάρ νύ μοι αἶσα βιῶναι.»

Luis Segalà traduce así:

Pero los propios dioses desligáronme fácilmente las ataduras; y entonces, liándome yo los andrajos a la cabeza, me deslicé por el pulido timón, di a la mar el pecho, nadé con ambas manos, y muy pronto me hallé alejado de aquellos y fuera de su alcance. Salí del mar adonde hay un bosque de florecientes encinas y me quedé echado en tierra; ellos no cesaban de agitarse y de proferir hondos suspiros, pero al fin no les pareció ventajoso continuar la busca y tornaron a la cóncava nave; y los dioses me encubrieron con facilidad y me trajeron a la majada de un varón prudente, porque quiere el hado que mi vida sea más larga.

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2. (Su remero, su pasajero, su propia nave = 255 = αὐτὸς ἐὼν ἐρέτης, αὐτόστολος, αὐτόματος νηῦς).

Cf. el estrecho paralelo con Ovidio, Heroidas XVIII, 148.

idem navigium, navita, vector ero!

Yo solo seré el barco, el marinero y el timonel.

Museo también imita aquí a Nono, Paráfrasis del Evangelio según san Juan VI, 83.

τηλεπόροις λιμένεσσιν ὁμίλεεν αὐτομάτη νηῦς.

La barca llegó por si misma a puertos lejanos.

No obstante, la imagen de la nave como símbolo del enamorado en la travesía del amor pertenece, como ya se ha anotado, a la rica tradición del navigium amoris.

3. (A su jadeante esposo = ἀσθμαίνοντα νυμφίον = 266-267).

Cf. Ovidio, Heroidas XVIII, 103 s., XIX, 60 ss., 189 s.

Aquí está Heroidas XVIII, 103-116:

Eque tuis demptos umeris mihi tradis amictus

et madidam siccas aequoris imbre comam.

Cetera nox et nos et turris conscia novit

quodque mihi lumen per vada monstrat iter.

Non magis illius numerari gaudia noctis

Hellespontiaci quam maris alga potest;

quo brevius spatium nobis ad furta dabatur,

hoc magis est cautum, ne foret illud iners.

Iamque fugatura Tithoni coniuge noctem

praevius Aurorae Lucifer ortus erat;

oscula congerimus properata sine ordine raptim

et querimur parvas noctibus esse moras.

Atque ita cunctatus monitu nutricis amaro

frigida deserta litora turre peto.

Me recibes en un abrazo y me das unos besos felices, unos besos, ¡grandes dioses!, que merecen ser buscados cruzando el mar; te quitas tu capa de los hombros y me la das y me secas el pelo empapado de agua marina. Lo demás lo sabe la noche, y nosotros, y la almena, nuestra cómplice, y la lumbre que me ensena el sendero a través del mar. Tan innumerables como las algas marinas del Helesponto fueron las delicias de aquella noche. Cuanto menos tiempo se concedía a nuestro amor escondido, tanto más cuidábamos de que no pasara en balde. Y ya la esposa de Titono estaba a punto de poner en fuga a la noche, y había salido el Lucero, precursor de Aurora. Amontonamos besos apresurados, sin orden ni concierto, y nos quejamos de que tan cortas fueran las horas de la noche. Y tras esa demora, que me valió la agria advertencia de la nodriza, dejo la torre en busca de la playa fría.

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Hero encuentra a Leandro (1880), óleo sobre lienzo de 200 x 140 cm., de Ferdinand Keller Colección privada

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Aludía Raffaele Cantarella en el fragmento dedicado a Las nubes de su libro La literatura griega clásica, que ofrecimos en el anterior capítulo de esta serie, a la responsabilidad de Arisfófanes en la muerte de Sócrates señalada ya por los antiguos.

Pues bien, a ello alude de forma amplia Claudio Eliano en sus Historias curiosas II, 13, donde habla de la conspiración ideada por el círculo de Ánito y en la cual tuvo una importancia decisiva la connivencia de Aristófanes, a quien, según Claudio Eliano, persuadieron para que realizara una parodia llena de patrañas sobre Sócrates. Y Aristófanes que, a juicio de Claudio Eliano, “era un bufón ridículo que se esforzaba en serlo” (= βωμολόχον ἄνδρα καὶ γελοῖον ὄντα καὶ εἶναι σπεύδοντα), “asumió la propuesta con la mayor energía” (= λαβόμενος ὑποθέσεως εὖ μάλα ἀνδρικῆς).

He aquí Claudio Eliano, Historias curiosas II, 13:

ἐπετίθεντο τῷ Σωκράτει καὶ ἐπεβούλευον οἱ ἀμφὶ τὸν Ἄνυτον ὧν χάριν καὶ δι᾽ ἃς αἰτίας λέλεκται πάλαι. ὑφορώμενοι δὲ τοὺς Ἀθηναίους καὶ δεδιότες ὅπως ποτὲ ἕξουσι πρὸς τὴν κατηγορίαν τοῦ ἀνδρὸς ῾πολὺ γὰρ ἦν τὸ τοῦ Σωκράτους ὄνομα διά τε τὰ ἄλλα καὶ ὅτι τοὺς σοφιστὰς ἤλεγχεν οὐδὲν ὑγιὲς ὄντας οὐδέ τι σπουδαῖον ἢ εἰδότας ἢ λέγοντασ᾽.

Los miembros del círculo de Ánito atacaron y conspiraron contra Sócrates por motivos y razones que han sido explicados hace ya mucho tiempo. No confiaban en la opinión de los atenienses y recelaban de su reacción ante una acusación contra este hombre: Sócrates, en efecto, gozaba de gran prestigio por muchas razones, pero sobre todo porque había refutado a los sofistas como hombres en nada recomendables, que ni sabían ni enseñaban nada de provecho.

ἐκ τούτων οὖν ἐβουλήθησαν πεῖραν καθεῖναι ὑπὲρ τῆς κατ᾽ αὐτοῦ διαβολῆς. τὸ μὲν γὰρ ἄντικρυς ἀπενέγκασθαι γραφὴν κατ᾽ αὐτοῦ παραχρῆμα οὐκ ἐδοκίμαζον δι᾽ ἃ προεῖπον καὶ δι᾽ ἐκεῖνα δέ, μήποτε ἄρα ἀγριάναντες οἱ φίλοι οἱ τοῦ Σωκράτους ἐξάψωσι κατ᾽ αὐτῶν τοὺς δικαστάς, εἶτά τι πάθωσι κακὸν ἀνήκεστον, ἅτε συκοφαντοῦντες ἄνδρα οὐ μόνον οὐδενὸς αἴτιον κακοῦ τῇ πόλει, ἐκ δὲ τῶν ἐναντίων καὶ κόσμον ταῖς Ἀθήναις ὄντα.

Mérida 07/07/2015 Festival de Mérida,. José María Pou y Carles Canut . Juicio y muerte de un ciudadano

Mérida 07/07/2015 Festival de Mérida. José María Pou y Carles Canut . Juicio y muerte de un ciudadano”, dirigida por Mario Gas. foto/ Jero Morales

Por todas estas razones decidieron hacer una prueba antes de proceder a la acusación contra él. No consideraron oportuna la idea de presentar inmediatamente, y a las claras, una demanda contra él, tanto por las razones que ya expuse como porque podría suceder que, entonces, los amigos de Sócrates, encolerizados, pusieran en su contra a los jueces y seguidamente ellos mismos, los acusadores, acabaran sufriendo un mal irreparable por haber proferido una falsa acusación contra un hombre que no sólo no había causado ningún mal para la ciudad sino que, muy al contrario, había llegado a ser una de las glorias de Atenas.

τί οὖν ἐπινοοῦσιν; Ἀριστοφάνην τὸν τῆς κωμῳδίας ποιητήν, βωμολόχον ἄνδρα καὶ γελοῖον ὄντα καὶ εἶναι σπεύδοντα, ἀναπείθουσι κωμῳδῆσαι τὸν Σωκράτη, ταῦτα δήπου τὰ περιφερόμενα, ὡς ἦν ἀδολέσχης, λέγων τε αὖ καὶ τὸν ἥττω λόγον ἀπέφαινε κρείττονα, καὶ ἐσῆγε ξένους δαίμονας, καὶ οὐκ ᾐδεῖτο θεοὺς οὐδ᾽ ἐτίμα, τὰ δὲ αὐτὰ ταῦτα καὶ τοὺς προσιόντας αὐτῷ ἐδίδασκέ τε καὶ εἰδέναι ἀνέπειθεν. ὁ δὲ Ἀριστοφάνης λαβόμενος ὑποθέσεως εὖ μάλα ἀνδρικῆς, ὑποσπείρας γέλωτα καὶ τὸ ἐκ τῶν μέτρων αἱμύλον καὶ τὸν ἄριστον τῶν Ἑλλήνων λαβὼν ὑπόθεσιν ῾οὐ γάρ οἱ κατὰ Κλέωνος ἦν τὸ δρᾶμα, οὐδὲ ἐκωμῴδει Λακεδαιμονίους ἢ Θηβαίους ἢ Περικλέα αὐτόν, ἀλλ᾽ ἄνδρα τοῖς τε ἄλλοις θεοῖς φίλον καὶ δὴ καὶ μάλιστα τῷ Ἀπόλλωνι.

¿Qué idearon? Persuadieron al comediógrafo Aristófanes —quien era un bufón ridículo que se esforzaba en serlo— para que hiciera una parodia de Sócrates con todas aquellas patrañas que, sin duda, ya circulaban: que era un charlatán, que con sus palabras convertía el argumento débil en fuerte, que había introducido dioses extranjeros, que ni respetaba ni honraba a los dioses, que todo eso era lo que enseñaba a sus discípulos y que les convencía de que pensaran así. Aristófanes, que asumió la propuesta con la mayor energía, sembró su obra de chistes y, con el atractivo del verso, convirtió al mejor hombre de Grecia en su tema. En su comedia no atacaba a Cleón ni se mofaba de los lacedemonios, de los tebanos o del mismo Pericles, sino de un hombre querido por los dioses y muy especialmente por Apolo.

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La muerte de Sócrates (1787), óleo sobre lienzo de  129 x 196 cm., de Jacques-Louis David. Metropolitan Museum of Art de Nueva York

ἅτε οὖν ἄηθες πρᾶγμα καὶ ὅραμα παράδοξον ἐν σκηνῇ καὶ κωμῳδίᾳ Σωκράτης, πρῶτον μὲν ἐξέπληξεν ἡ κωμῳδία τῷ ἀδοκήτῳ τοὺς Ἀθηναίους, εἶτα καὶ φύσει φθονεροὺς ὅντας κοὶ τοῖς ἀρίστοις βασκαίνειν προῃρημένους οὐ μόνον τοῖς ἐν τῇ πολιτείᾳ καὶ ταῖς ἀρχαῖς ἀλλ᾽ ἔτι καὶ πλέον τοῖς εὐδοκιμοῦσιν ἢ ἐν λόγοις ἀγαθοῖς ἢ ἐν βίου σεμνότητι, ἄκουσμα ἔδοξεν ἥδιστον αἵδε αἱ Νεφέλαι, καὶ ἐκρότουν τὸν ποιητὴν ὡς οὔ ποτε ἄλλοτε, καὶ ἐβόων νικᾶν, καὶ προσέταττον τοῖς κριταῖς ἄνωθεν Ἀριστοφάνην ἀλλὰ μὴ ἄλλον γράφειν.

Puesto que llevar a la escena cómica a Sócrates era algo extraño y un espectáculo increíble, en un primer momento la comedia desconcertó a los atenienses por lo insólito del asunto. Pero, más tarde, dado que los atenienses son un pueblo envidioso por naturaleza, que prefiere desacreditar a sus mejores hombres —y no sólo a los políticos o a quienes ocupan las magistraturas, sino también, y especialmente, a los que gozan de buena reputación, ya sea por sus bellos discursos ya por la dignidad con la que viven—, les acabó pareciendo una representación muy agradable esta comedia de Las Nubes. Aplaudieron al poeta como nunca antes habían hecho, lo proclamaron vencedor y ordenaron a los jueces que inscribieran el nombre de Aristófanes, y no el de ningún otro, en el primer puesto.

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Sócrates buscando a Alcibiades en la casa de una hetera (1875), óleo sobre lienzo de 112 x 185 cm., de Henryk Siemiradzki (1843-1902). Museo Estatal de Arte, Stavropol

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Arrancapins, dibujo para la película “Gigantes. La leyenda de Tombatossals”

Vamos a abordar ya el capítulo tercero, Tombatossals i la Serena de la Mar a propósito de la conferencia pronunciada el pasado 16 de octubre en el Ateneo de Castellón por Carlos García Gual sobre las sirenas, seducciones y metamorfosis.

Narración radiofónica en Vox UJI Ràdio de los capítulos 2 (final) y 3 de Tombatossals

Del mismo haremos una sinopsis y aportaremos en el original valenciano y su traducción los momentos más significativos, esto es, las referencias a la Sirena.

Al comienzo del mismo, el gigante Tombatossals se acerca a la playa hollando con sus enormes pies la arena. Se pone el sol tras las montañas de la sierra cercana a la ciudad y la luna, grande, ilumina un mar con tonos rojizos, más tarde plateados y bruñidos. El gigante gime, de su corazón enamorado brotan suspiros y mientras las últimas gaviotas van a buscar su nido, Tombatossals dice:

–Qui no fóra gavina de la mar! –amb trista veu exclama.– Aus envejades, vosaltres la voreu, al clarejar de les blavoses aigües, ajocada en son paratge, afalagada de coralls i mareperles, amanyagada per dèntols, roncals i murells, somrient-se ab complacència de regina benvolguda ab el mollicó i les gambetes…! ¡Benaurades gavines de la mar! ¡Com deurà ésser d’encisadora i bella, quan los claríssims raigs del sol, al migjorn, la feriran a través dels miralls que la cubrixen, l’amada Serena de la Mar! ¡Oh, desventura meua, que sols vore-la puc, i encara breument, baix lo cel estelat en la nit entenebrida, fosca!

¡Quien fuera gaviota! ¡Envidiadas aves, vosotras la veréis, en la claridad de las azuladas aguas, tumbada en su paraje, halagada por corales y madreperlas, acariciada por dentones, rayas y salmonetes; sonriéndose con complacencia de reina querida junto al salmonete y las gambitas…! ¡Benditas gaviotas de la mar! ¡Cómo debe ser de encantadora y bella, cuando los clarísimos rayos del sol, al mediodía, la hieran a través de los espejos que la cubren, la amada Sirena de la mar! ¡Oh, desventura mía que sólo puedo verla, y brevemente, bajo el cielo estrellado de la noche tenebrosa y oscura!

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Bufanúvols, dibujo para la película “Gigantes. La leyenda de Tombatossals”

Interrumpe el soliloquio de Tombatossals su fiel, aunque un tanto patoso, amigo Cagueme, – que tiene como lema “Jo faig el que puc” (“Yo hago lo que puedo”) – quien le indica que hoy no se puede quejar porque la Luna presenta un buen redondel que ilumina el mar. Pero Tombatossals no está para bromas y dando una patada con sus enormes pies a una ola que rompe en la orilla deja empapado al pobre Cagueme que se vuelve a informar de la situación de su señor a los otros compañeros de “colla” (pandilla), Bufanúvols y Arrancapins. Está preocupado por la situación de su amigo, por quien siente lástima de verlo hablar a solas, cabizbajo, gimiendo, diciendo barbaridades y se pregunta si alguien lo ha embrujado y si habrá algún saludador que lo pueda curar.

Tras ser secado por los soplos de Bufanúvols, prosigue Cagueme mostrando su preocupación por Tombatossals a quien cree loco por hablar sin parar sin sentido, por caminar por la arena clavando su mirada en las azules aguas del Mediterráneo; no parece el mismo que otrora acometía grandes acciones y tenía maravillada a toda la corte del Rei Barbut. Camina por las aguas, sermoneando y haciendo reír a las lisas y doradas. Cagueme termina su preocupado parlamento con la frase:

Senyor, qui t’ha vist i qui te veu!… ¡La Serena de la Mar ens l’ha cabitombat…!

Señor, ¡quién te ha visto y quién te ve! ¡La sirena del mar nos lo ha trastornado!

Y aquellos hombres que eran capaces de hacer frente a cualquier obstáculo parecían más gallinas cluecas en remojo que esforzados varones de la “colla” de Tombatossals, pues veían que la situación no pintaba bien por el amor que sentía su amo.

–Ah, el voler, el voler! –clamaven– A quins extrems no mena quan domina en la pensa i és ademés mal correspost?

¡Ah, el amor, el amor! – exclamaban – ¿A qué extremos no conduce cuando domina en el pensamiento y es, además, mal correspondido?

Y esperaban quietos las órdenes de su amo mientras cuchicheaban en voz baja.

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Dibujo de Joan Baptista Porcar Ripollés en la edición de 1966 de la Societat Castellonenca de Cultura para la Caja de Ahorros de Castellón

Cagueme ya se hacía ilusiones culinarias:

–Males rostides de peix no tindrem si aquest casament aplega al vero –dia Cagueme llepant-se els llavis en adonar-se de la llepolia.

– Menudos asados de pescado tendremos, si esta boda llega a buen puerto -decía Cagueme lamiéndose los labios al darse cuenta de la sabrosa comida.

Mientras mantenían esta conversación los tres compañeros, Tombatossals persistía mirando fijamente al horizonte esperando la respuesta a los llantos de su lastimero grito, mientras la luna dibujaba en la arena la enorme sombre del gigante.

Sólo se oye el escalofriante ulular de los mochuelos que tan lastimosos s ele antojaban a Tombatossals que a su turbada vista huían las olas, se le doblaban las rodillas y le golpeaba dulce y ligeramente el rumor de las tranquilas aguas.

Nuestro héroe, en pleno delirio, con los ojos entornados, veía a su querida Sirena recostada en el lomo de una ballena, salpicando con las gotas de sus espiráculos la dorada y larga cabellera y el tentador medio cuerpo de la soñada reina del mar, que allí se revolvía rodeada y seguida de un lucido cortejo y escoltada de indómitos delfines y tiburones, de peces ángel y de atunes y vistosas langostas, castañolas, mantas, boquerones, galeras y cazones, al tiempo que les precedían un buen número de emperadores, que con su hiriente espada  preparaban el camino al numeroso desfile, asustando a los bancos de pageles y mabras, de peces plata y capuchones, de lisas y doradas, doncellas, lenguados, arañas y ratas que, al oír el hechizador cantar de su reina, se sumaban al séquito. Todo tipo de peces estaba allí presente, rodeando la majestad de la sirena que, magnífica y soberbia movía la plateada y partida cola, llena de orgullo y satisfacción. Una nube de juguetonas gaviotas, gavilanes y golondrinas de mar aleteaban por encima de aquel reino movedizo que parecía irse de merienda en el señalado día de pascua.

Hacia la orilla nadaban, dirigiendo su afanoso caminar hacia el gigante, que pretendía extender sus brazos, salir a su encuentro, entrar aguas adentro, pero no podía.

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Tombatossals, escultura de Melchor Zapata en la Avenida de Lledó, de Castellón

 

Hero and Leander c.1875 Henry Hugh Armstead 1828-1905 Bequeathed by the artist 1906 http://www.tate.org.uk/art/work/N02054

Hero and Leander (c. 1875), mármol de 125 x 184 cm, de Henry Hugh Armstead (1828-1905). Tate Gallery, Londres

 

Siguiendo con el repaso al poema Hero y Leandro de Museo el Gramático, llegamos al verso 245, que atribuye el epíteto (δεινός) al amor (ἔρως).

  1. (Duro es Eros = 245 = Δεινὸς Ἔρως). Con este epíteto tradicional también denomina al Amor Virgilio, Geórgicas III, 258 (del exemplum de Leandro). Aquí tenemos 255-263:

ipse ruit dentesque Sabellicus exacuit sus  

et pede prosubigit terram, fricat arbore costas

atque hinc atque illinc umeros ad uulnera durat.

quid iuuenis, magnum cui uersat in ossibus ignem

durus amor? nempe abruptis turbata procellis

nocte natat caeca serus freta, quem super ingens

porta tonat caeli, et scopulis inlisa reclamant

aequora; nec miseri possunt reuocare parentes,

nec moritura super crudeli funere uirgo.

 

El mismo jabalí sabélico se lanza y aguza sus colmillos y escarba con los pies la tierra, se rasca las costillas contra un árbol y endurece sus espaldas para las heridas por uno y otro lado. ¿Qué pensar de aquel joven, a quien el irrefrenable amor mete en sus huesos violento fuego? En efecto, durante la ciega noche, cruza tardío a nado los mares agitados por la tempestad desencadenada; sobre su cabeza truena la inmensa puerta del cielo, y las olas, estrellándose contra las rocas, lo llaman hacia atrás; pero ni las desgracias de sus padres, ni la joven que, si él muere, morirá también con cruel muerte, lo pueden detener.

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La traducción es de Tomás de la Ascensión Recio García, en Gredos.

  1. (El fuego del amor me quema las entrañas = 246 = τὸ δ’ Ἔρωτος ἐμὲ φλέγει ἐνδόμυχον πῦρ). Según Ovidio, Heroidas XVIII, 89 s., Leandro no siente la frialdad de las aguas marinas debido al amor que en su corazón arde.

frigora ne possim gelidi sentire profundi,

qui calet in cupido pectore, praestat amor.

Quo magis accedo propioraque litora fiunt,

quoque minus restat, plus libet ire mihi.

Cum vero possum cerni quoque, protinus Addis

spectatrix animos, ut valeamque facis.

Nunc etiam nando dominae placuisse laboro,

atque oculis iacto bracchia nostra tuis.

Y en el mismo instante volvieron las fuerzas a mis fatigados brazos, y el mar me pareció más suave que antes. Que no pueda sentir el frío del helado abismo es obra del amor que arde en mi pecho enamorado. Cuanto más me acerco y más próxima se hace la playa, cuanto menos queda, más ganas tengo de avanzar. Pero cuando además se me puede ver, en seguida me das fuerzas tú, al contemplarme, y renuevas mi vigor. Entonces me esfuerzo por agradar a mi dueña también al nadar, y para tus ojos muevo los brazos.

La traducción es de Ana Pérez Vega, en Gredos

Las heroidas

  1. (Que las aguas caudalosas no sean tu temor = 247 = μὴ δείδιθι νήχυτον ὕδωρ). Cf. Mosco II, 154

θάρσει παρθενική, μὴ δείδιθι πόντιον οἶδμα.

“Ten ánimo, doncella, no temas las olas marinas”

  1. (Dueña del mar y de nuestras cuitas = 250 = καὶ κρατέει πόντοιο καὶ ἡμετέρων ὀδυνάων). Para el amante que debe emprender la travesía por mar es un consuelo saberlo: cf., Ovidio, Heroidas XIX, 159 s.

quod timeas, non est! auso Venus ipsa favebit

sternet et aequoreas aequore nata vias.

ire libet medias ipsi mihi saepe per undas,

sed solet hoc maribus tutius esse fretum.

nam cur hac vectis Phrixo Phrixique sorore

sola dedit vastis femina nomen aquis?

forsitan ad reditum metuas ne tempora desint,

aut gemini nequeas ferre laboris onus.

at nos diversi medium coeamus in aequor

obviaque in summis oscula demus aquis

atque ita quisque suas iterum redeamus ad urbes;

exiguum sed plus quam nihil illud erit.

vel pudor hic utinam, qui nos clam cogit amare,

vel timidus famae cedere vellet amor!

frixoyhele

Frixo y Hele: ilustración de un libro de 1902 en la que se reproduce un fresco de Pompeya datado entre el 45 y el 79 d. C.

No hay de qué temer; la propia Venus te ayudará en el peligro y ella, hija del mar, te extenderá en el mar un sendero. Muchas veces me entran ganas a mí misma de ir por las olas, pero veo que este mar suele ser más seguro para los hombres. ¿O por qué, si no, cuando Frixo y su hermana viajaron los dos por él, sólo la mujer dio nombre a este ancho mar? ¿Quizá temes que no haya tiempo suficiente para la vuelta, o que no puedas resistir el peso del doble esfuerzo? Pues acudamos a encontrarnos en medio del mar y crucemos nuestros besos alli en la superficie de las aguas, y después volvamos cada no uno de nuevo a nuestra ciudad;

Sobre Afrodita señora de las aguas, especialmente invocada por aquellos que se hacen a la mar:

Antología Palatina V, 11 (Anónimo)

ΑΔΕΣΠΟΤΟΝ

Εἰ τοὺς ἐν πελάγει σῴζεις, Κύπρι, κἀμὲ τὸν ἐν γᾷ

ναυαγόν, φιλίη, σῶσον ἀπολλύμενον.

ANÓNIMO

Si salvas a quienes están en el mar, Cipris, también a mí el náufrago perdido en tierra, querida, sálvame.

V, 17 (Getúlico);

ΓΑΙΤΟΥΛΙΚΟΥ

᾿Αγχιάλου ῥηγμῖνος ἐπίσκοπε, σοὶ τάδε πέμπω

ψαιστία καὶ λιτῆς δῶρα θυηπολίης·

αὔριον ᾿Ιονίου γὰρ ἐπὶ πλατὺ κῦμα περήσω,

σπεύδων ἡμετέρης κόλπον ἐς Εἰδοθέης.

οὔριος ἀλλ᾿ ἐπίλαμψον ἐμῷ καὶ ἔρωτι καὶ ἱστῷ,

δεσπότι καὶ θαλάμων, Κύπρι, καὶ ἠιόνων.

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El juicio de Paris (1904), óleo sobre lienzo de 215 x 331 cm., de Enrique Simonet Lombardo. Museo de Málaga

GETÚLICO

Supervisora de la costa donde rompen las olas, a ti te envío estas galletas para un sacrificio y estos presentes de un rito de iniciación. Pues mañana me lanzaré a una desenfrenada ola del mar Jónico, apresurándome al seno de nuestra Idotea. Así que, favorable, ilumíname a mí, a mi amor, a mi vela, señora Cipris de los tálamos y las riberas marinas.

 

IX, 143 (Antípatro)

ΑΝΤΙΠΑΤΡΟΥ

Λιτός τοι δόμος οὗτος, ἐπεὶ παρὰ κύματι πηγῷ

ἵδρυμαι νοτερῆς δεσπότις ἠιόνος, ἀλλὰ φίλος·

πόντῳ γὰρ ἐπὶ πλατὺ δειμαίνοντι

χαίρω καὶ ναύταις εἰς ἐμὲ σῳζομένοις.

ἱλάσκευ τὴν Κύπριν· ἐγὼ δέ σοι ἢ ἐν ἔρωτι

οὔριος ἢ χαροπῷ πνεύσομαι ἐν πελάγει.

ANTÍPATRO

Sencilla es esta mi casa, pues vivo junto a las fuertes olas de la señora de la húmeda playa, pero querida por mi; pues me alegro con el mar, vasto y terrible, y con los marineros que llegan salvos a mi. Suplica a Cipris y yo o te seré favorable en el mar o soplaré en el mar gris azulado

IX, 144 (Ánite).

ΑΝΥΤΗΣ

Κύπριδος οὗτος ὁ χῶρος, ἐπεὶ φίλον ἔπλετο τήνᾳ

αἰὲν ἀπ᾿ ἠπείρου λαμπρὸν ὁρῆν πέλαγος,

ὄφρα φίλον ναύτῃσι τελῇ πλόον· ἀμφὶ δὲ πόντος

δειμαίνει λιπαρὸν δερκόμενος ξόανον.

Inscripción para una estatua en madera de Afrodita, probablemente untada, a efectos de su mejor conservación, con aceite o cera, lo que podría ser causa también del epíteto del último verso, y situada junto al mar en un promontorio.

ÁNITE

De Cipris es este paraje, pues siempre se asoma

a mirar desde aquí las aguas centelleantes

para hacer agradable a los nautas el viaje, y contempla

el mar con respeto su espléndida estatua.

xoana

aristofanes

Continuamos con la presencia de Sócrates, a propósito de una anécdota del alopecense con su mujer Jantipa en Aulo Gelio, en las comedias de Aristófanes.

En Aves 1553-1556 Aristófanes deja caer que Sócrates no era muy limpio:

ΧΟΡΟΣ:

Πρὸς δὲ τοῖς Σκιάποσιν λί-

μνη τις ἔστ’, ἄλουτος οὗ

ψυχαγωγεῖ Σωκράτης.

Coro

Cerca de los Esciápodos

hay un lago en el que Sócrates,

que nunca se lava, conjura las almas.

 

Nota: Esciápodos es el nombre parlante de un pueblo fabuloso. Formado mediante la combinación de skia (σκιά), sombra, y pous (πούς), pie, alude al extraordinario tamaño de sus pies, capaces de darles sombra. Su mención es una forma metafórica de referirse a la región de los muertos y las sombras. Sócrates es, a ojos de Aristófanes, un inquilino típico de esos lugares.

 

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Las ranas, Festival de Mérida, 2014

La tercera alusión a Sócrates enn Aristófanes la hallamos en Ranas 1491-1499

Χορός

χαρίεν οὖν μὴ Σωκράτει

παρακαθήμενον λαλεῖν,

ἀποβαλόντα μουσικὴν

τά τε μέγιστα παραλιπόντα

τῆς τραγῳδικῆς τέχνης.

τὸ δ᾽ ἐπὶ σεμνοῖσιν λόγοισι

καὶ σκαριφησμοῖσι λήρων

διατριβὴν ἀργὸν ποιεῖσθαι,

παραφρονοῦντος ἀνδρός.

Es grato dejar de parlotear sentado al lado de Sócrates, desentendiéndose de la música y abandonando las principales reglas del arte dramático. Y eso de fatuos discursos y banalidades farfullar, dedicándoles mucho tiempo, es propio del que está loco.

Las traducciones y notas de Aristófanes son de Luis M. Macía Aparicio, en Gredos.

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Imagen de Emblemata et aliquot nummis antiqui operis, cum emendatione et auctario copioso ipsius autoris, libro de emblemas publicado en 1564 o antes por Johannes Sambucus (János Zsámboky: 1531 – 1584): Fidípides y Estrepsíades discuten ante Sócrates, que está en un cesto colgante

Pero, por supuesto, donde más sufre Sócrates los ataques de Aristófanes es en la comedia Las nubes.

Aportemos, primero, lo que dice Albin Lesky en Historia de la literatura riega, capítulo La Ilustración y sus adversarios, páginas 463 y 464:

El problema culminante de la obra es siempre el retrato de Sócrates y su relación con la realidad. Durante mucho tiempo los intérpretes se contentaron con la fórmula de que Aristófanes, sin preocuparse por la verdadera naturaleza y actividad de Sócrates, le había identificado sin más con toda la sofística. El primero en oponerse a esta opinión fue Kierkegaard en su 7ª tesis de doctorado: Aristophanes in Socrate depingendo proxime ad verum accessit. En ambas concepciones se han sustituido verdades parciales por la total. Diversos análisis detenidos de los últimos años han puesto de manifiesto en el Sócrates de Las nubes una serie de rasgos que no son sofistas, sino justamente socráticos. Esto se hace más visible por la forma de vida ascética del hombre fortalecido contra las debilidades, y llega a penetrar en pormenores de su método y su doctrina. Tampoco el Sócrates que investiga en la naturaleza debiera causarnos tal sorpresa. En 423 seguramente ya había dejado atrás estas inquietudes, pero en Fedón (97 c) le hace hablar Platón de una fase de su vida en que ponía bastantes esperanzas en cuestiones de este tipo. Pero hay otros elementos que quedan en una insoluble contradicción, principalmente la relación de Sócrates con el arte de la sofística de hacer de la causa justa la injusta. No vale afirmar que no vemos a Sócrates enseñar esto personalmente, porque de todos modos Fidípides aprende sus dudosas habilidades en el frontisterio, y los dos versos 874 s. bastan para demostrar que esta referencia continúa en pie en la obra.

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Albin Lesky (1896-1981)

En conjunto, no es difícil de comprender todo esto. Aristófanes sabía bastante del Sócrates de 423 como para dibujarlo con una serie de rasgos acordes con la realidad. Pero, por otra parte, lo incluía sin el menor escrúpulo en su ataque contra la sofística. Podía hacerlo porque, sin las distinciones que hoy nos parecen naturales, Sócrates se presentaba y debía presentarse para el ateniense de aquel tiempo simplemente como el portador de un sospechoso elemento nuevo, de un modo de pensar que todo lo ponía en tela de juicio. Cuestión que no podemos dilucidar es saber hasta qué punto participaba Aristófanes del pensamiento de la mayoría o si sólo lo ponía al servicio de sus propósitos. Afirmar que ciertamente habría dado a su obra un doble fondo dejándonos ver, a través de toda la burla, una imagen de Sócrates dibujada con seriedad y opuesta a la sofística es una suposición que no tiene en cuenta la naturaleza de este género de poesía.

Si en la Apología de Platón (19 c) atribuye Sócrates a los ataques de la comedia una significación especial, hay que tener en cuenta que lo que en 423 era una alegre burla cómica cambió de aspecto en la época que siguió a la catástrofe de Atenas. Pero Platón comprendió bien al poeta, y en la inolvidable escena final del Banquete lo enfrenta en una seria conversación con Sócrates. El discurso de Aristófanes en el mismo diálogo muestra una congenialidad tal entre el poeta y el filósofo, que quisiéramos atribuirle el epigrama (14 D.) que el espíritu de Aristófanes llama un templo de las Gracias.

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Raffaele Cantarella (1898-1977)

Por su parte, Raffaele Cantarella, en La literatura griega clásica, Buenos Aires, 1971, Losada, página 336 – traducción de Antonio Camarero-, nos dice sobre la obra:

El hecho de que Aristófanes en el ardor de la polémica haya llegado a hacer de Sócrates un bufo maniquí, confundiéndolo con los sofistas de quienes fue su mayor adversario, es algo que escandalizó ya a los antiguos, quienes atribuyeron al poeta la responsabilidad de la condena a muerte del filósofo en el año 399, veinticinco años después de la comedia. Pero en realidad Aristófanes lanza sus dardos contra la nueva educación, de la que hace responsables, en bloque, a Sócrates y los sofistas, contra la nueva mentalidad, que no sólo a él le parecía corruptora y menospreciativa de los valores tradicionales, contra las nuevas corrientes de pensamiento consideradas por él como peligrosas todas para la juventud. Éste es, bajo la reidera apariencia, el verdadero argumento de la comedia; y si, para la polémica, se reviste de bromas, bufonadas y felicísimas parodias, en el alma del poeta, que piensa en los destinos de su ciudad, se tiñe de una profunda tristeza que le inspira algunos de los más bellos pasajes. Sucede así, no sólo en las partes propiamente líricas, donde la poesía alcanza la aérea ligereza de las celestes Nubes o celebra el elogio de Atenas con palabras dignas de Sófocles, sino también en los tetrámetros del agón en que se describe, con relieve escultórico, la espléndida juventud del adolescente bien educado, con el recuadro de la naturaleza florida de la primavera; y más aún en la dolorida nostalgia por la Atenas grande y bella del recuerdo y el sueño del poeta, que llena y conmueve tantas partes de la obra, como llenaba de enternecedor lamento filial el corazón de Dante la fuerte y virtuosa Florencia.

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Seguimos con la breve semblanza del autor del Tombatossals y de cómo fue la génesis de la obra, sacada del prólogo de nuestra edición del libro. Josep Pasqual Tirado iba publicando en la revista de la Sociedad Castellonense de Cultura graciosos relatos y el narrador, o, mejor dicho, creador de ellas, poco a poco, recogía dichos y hechos de informes, legendarios personajes que su fantasía, al extraer la savia racial, hacía brotar unas veces su humor permanente y otras los altibajos y contrastes de las escenas vivas y picantes en que se desarrollaban.

Escritos en primera instancia los relatos por el autor- retablo vivo de dispersos y medio perdidos romances – precisaron una ligazón y una estructura al ascender a la categoría de libro. El héroe y buena parte de los personajes eran figuras bastante conocidas, pero no bien configuradas; otras de contornos menos precisos dentro de los romances legendarios, son ahora unas y otras y las por él inventadas e incrustadas en la narración, a pesar de todo, muy vivas y muy nuestras, de una verosimilitud muy sugerente, de una tan matizada verdad en diversos detalles que se ve caminar a esos personajes a nuestro lado cada día y respirar casi al momento, más que con la fantasía, con ojos de viva realidad.

A pesar de todo, las hazañas de los legendarios personajes y sus paisajes le dan ocasión a una serie de actos en escenarios presentes y futuros, a diálogos coloristas y llanos impregnados, más o menos, de un sabroso arcaísmo a veces un poco enfático.

En la versión publicada en 1930- todavía vivía el autor, muerto en Castellón el 1 de enero de 1937, a los 53 años – sobre los dispersos artículos publicados en el Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, intervinieron, además de Ricardo Carreras, Bernat Artola en la cubierta y primeras letras de capítulo, Francisco Pérez Dolz en los dibujos y Luis Sales Boli, en las viñetas. Se lanzaron 1.036 ejemplares en los talleres del Hijo de J. Armengot.

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Tombatossals, dibujo para la película de animación “Gigantes. La leyenda de Tombatossals”

Lluís Meseguer, en Antologia d’escriptors castellonencs: Les lletres de Castelló de la Plana i les comarques valencianes del nord en les primeres dècades del segle xx (edición de la Academia Valenciana de Cultura) dice:

Desde un punto de vista comparativo, el fondo mítico-folklórico del grupo protagonista remite a mitos como el egipcio Osiris, el hebreo Goliat, el griego Hércules, el hindú Hyndra, San Cristóbal, el internacional Rey Momo, el francés Pantagruel, el ruso Vertogor, el búlgaro Kral o el castellano y extremeño Vuelcacerros.

Las fábulas catalanas, valencianas y mallorquinas, a las que pertenece Tombatossals, las de Juan del Oso (Joan Pelós), las de Esclafamuntanyes (Aplastamontañas) y otros, han tenido una rica manifestación literaria. Juan del Oso aparece documentado internacionalmente con formatos similares: Juan el Oso, Jean del Ours … Una fábula de «Jan del Ourse» aparece en el canto quinto de Mirèio de Mistral, y “Cuevas del Oso” y otros topónimos similares son muy documentados en las tierras de habla catalana. De todos modos, tal como estudié (Meseguer 1988), la versión de Pascual se relaciona, pero no se confunde, con las más próximas a la recogida oral: las de Antoni M. Alcover, Joan Amades o Enric Valor; y con las más impregnadas de sentido literario: la dramática de Apel·les Mestres y la poética de Josep Maria de Sagarra. Una comparación entre todas las versiones parifica nombres simbólicos (“Arrancapins” el más habitual, y también el mismo “Tombatossals”, que toma los nombres de “Giramuntanyes”,·”Regiramuntanyes”,”Escardapenyes” o “Esclafamuntanyes”) más que coincidencias argumentales .

En cuanto a la «invención» del paisaje castellonense, la actitud «mitológica» de Pascual presenta unas técnicas sincréticas, ingenuamente sincréticas, pero originales en su presentación literaria: los personajes alegóricos, las escenas de creaciones de espacios del término municipal, la conquista visionaria de las islas Columbretes y la fundación «histórica» de la ciudad, es decir, la referencia a la conquista jaimina (de Jaime I) con la estirpe del Rei Barbut.

En los enlaces que ofrecemos hay más información del autor y la obra.

Nosotros nos centramos en el capítulo tercero: Tombatossals i la Serena de la Mar (Tumbacolinas y la Sirena del Mar).

Ofreceremos el texto valenciano y la traducción de algún pasaje significativo; somos conscientes de que la traducción es una traición al texto original, que pierde todo el encanto.

Primero, no obstante, conviene que aportemos un avance del enamoramiento de Tombatossals, en el capítulo 2, Tombatossals y la corte del Rei Barbut.

Hacia el final de este capítulo, cuando Tombatossals y sus amigos salen de la corte, para regresar a su casa, éste lanza un fuerte suspiro y, acercando la mano a sus labios, lanza besos hacia el mar. La Infanta, hija del rey Barbut, pregunta a Cagueme qué le ocurre y éste le contesta:

–  Senyora meua, açò és la força del voler. Tombatossals és enamorat

– De qui? Digues, digues…

– Senyora, de la Serena de la Mar, de la subtil i noïble Serena de la Mar. D’ eixa lluenta i escatosa Serena de la Mar, mig peix i mig dona, que l’ha capficat i el fa variejar. Jo no sé si s’ha enamorat del pitral, de la cueta o de tota ella sancera. Tal volta siga de la cua remenejadora, tan bonica, tan àgil, d’una brillantor tan esmaltada, que permet nadar a la Serena en les blavoses aigües de la mar, pel camí de les escumes blanques i nacarades que darrere deixa. Si de la fembra com del porc se diu que no se tira res, que tot és aprofitable, àdhuc els piteus, jo vos dic, infanta angelical, de pèl apanollat, que en la Serena de la Mar tot té preu, tot és bo, àdhuc la cueta. Aixina s’ha ficat dins l’anima del gran Tombatossals; aixina el fa fer el borinot i el té mig alelat. Les vegades que l’amant passa les nits sense dormir, de posta a eixida de sol, mirant l’estelada, escoltant eixe suavíssim remor, somniant amb ella… Tombatossals, senyora, té un cor tendre i sucós com una pera tendral. Ell vol, quan vol, de cor i coradella. Eixe, eixe és qui a tant d’ esglai vos va moure, eixe és Tombatossals.

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El rei Barbut (El rey Barbudo), dibujo para la película de animación “Gigantes. La leyenda de Tombatossals”

 –  Señora mía, eso es la fuerza del querer. Tombatossals está enamorado.

– ¿De quién? Di, di …

– Señora, de la Sirena del Mar, de la sutil y no oída Sirena del Mar. De esa brillante y escamosa Sirena del Mar, medio pez y medio mujer, que lo ha trastornado y le hace delirar. Yo no sé si se ha enamorado del pecho, de la colita o de toda ella entera. Tal vez sea de la cola removedora, tan bonita, tan ágil, de una brillantez tan esmaltada, que permite nadar a la Sirena en las azules aguas de la mar, por el camino de las espumas blancas y nacaradas que detrás deja. Si de la hembra como del cerdo se dice que no se tira nada, que todo es aprovechable, incluso las pezuñas, yo os digo, infanta angelical, de pelo apanojado, que en la Sirena del Mar todo tiene precio, todo es bueno, hasta la cola. Así se ha metido dentro del alma del gran Tombatossals; así le hace hacer el botarate y lo tiene medio alelado. Las veces que el amante pasa las noches sin dormir, de puesta a salida de sol, mirando el cielo estrellado, escuchando ese suavísimo rumor, soñando con ella… Tombatossals, señora, tiene un corazón tierno y jugoso como una pera tierna. Él ama, cuando ama, de corazón y entrañas. Ese, ese es quien a tanto susto os movió, ese es Tombatossals.

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La “colla” de Tombatossals

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La despedida de Hero y Leandro (1837), óleo sobre lienzo de 236 x 146 cm., de Joseph Mallory Williams Turner. Tate Gallery, Londres

Estábamos repasando las posibles fuentes del verso 244 del poema Hero y Leandro de Museo el Gramático; el verso es éste:

τοίοις οἱ προσέλεκτο παρηγορέων φρένα μύθοις·

Nos referíamos a la principal fuente, la de Homero en Odisea V; veíamos los versos 406-423, pero hay otros pasajes del mismo quinto canto odisaico como 335 ss. (aquí 333-364):

τὸν δὲ ἴδεν Κάδμου θυγάτηρ, καλλίσφυρος Ἰνώ,

Λευκοθέη, ἣ πρὶν μὲν ἔην βροτὸς αὐδήεσσα,

νῦν δ’ ἁλὸς ἐν πελάγεσσι θεῶν ἐξέμμορε τιμῆς.

ἥ ῥ’ Ὀδυσῆ’ ἐλέησεν ἀλώμενον, ἄλγε’ ἔχοντα·

αἰθυίῃ δ’ εἰκυῖα ποτῇ ἀνεδύσετο λίμνης,

ἷζε δ’ ἐπὶ σχεδίης καί μιν πρὸς μῦθον ἔειπε·

«κάμμορε, τίπτε τοι ὧδε Ποσειδάων ἐνοσίχθων

ὠδύσατ’ ἐκπάγλως, ὅτι τοι κακὰ πολλὰ φυτεύει;

οὐ μὲν δή σε καταφθείσει, μάλα περ μενεαίνων.

ἀλλὰ μάλ’ ὧδ’ ἕρξαι, δοκέεις δέ μοι οὐκ ἀπινύσσειν·

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Leucótea da su velo a Ulises (1805) de John Flaxman

εἵματα ταῦτ’ ἀποδὺς σχεδίην ἀνέμοισι φέρεσθαι

κάλλιπ’, ἀτὰρ χείρεσσι νέων ἐπιμαίεο νόστου

γαίης Φαιήκων, ὅθι τοι μοῖρ’ ἐστὶν ἀλύξαι.

τῆ δέ, τόδε κρήδεμνον ὑπὸ στέρνοιο τανύσσαι

ἄμβροτον· οὐδέ τί τοι παθέειν δέος οὐδ’ ἀπολέσθαι.

αὐτὰρ ἐπὴν χείρεσσιν ἐφάψεαι ἠπείροιο,

ἂψ ἀπολυσάμενος βαλέειν εἰς οἴνοπα πόντον

πολλὸν ἀπ’ ἠπείρου, αὐτὸς δ’ ἀπονόσφι τραπέσθαι.»

ὣς ἄρα φωνήσασα θεὰ κρήδεμνον ἔδωκεν,

αὐτὴ δ’ ἂψ ἐς πόντον ἐδύσετο κυμαίνοντα

αἰθυίῃ εἰκυῖα· μέλαν δέ ἑ κῦμ’ ἐκάλυψεν.

αὐτὰρ ὁ μερμήριξε πολύτλας δῖος Ὀδυσσεύς,

ὀχθήσας δ’ ἄρα εἶπε πρὸς ὃν μεγαλήτορα θυμόν·

«ὤ μοι ἐγώ, μή τίς μοι ὑφαίνῃσιν δόλον αὖτε

ἀθανάτων, ὅ τέ με σχεδίης ἀποβῆναι ἀνώγει.

ἀλλὰ μάλ’ οὔ πω πείσομ’, ἐπεὶ ἑκὰς ὀφθαλμοῖσι

γαῖαν ἐγὼν ἰδόμην, ὅθι μοι φάτο φύξιμον εἶναι.

ἀλλὰ μάλ’ ὧδ’ ἕρξω, δοκέει δέ μοι εἶναι ἄριστον· 

ὄφρ’ ἂν μέν κεν δούρατ’ ἐν ἁρμονίῃσιν ἀρήρῃ,

τόφρ’ αὐτοῦ μενέω καὶ τλήσομαι ἄλγεα πάσχων·

αὐτὰρ ἐπὴν δή μοι σχεδίην διὰ κῦμα τινάξῃ,

νήξομ’, ἐπεὶ οὐ μέν τι πάρα προνοῆσαι ἄμεινον.»

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Ulises náufrago recibe el velo sagrado de Ino (1803) de Johann Heinrich Füssli (1741-1825). Basilea, colección privada.

Pero vióle Ino Leucotea, hija de Cadmo, la de pies hermosos, que antes había sido mortal dotada de voz, y entonces, residiendo en lo hondo del mar, disfrutaba de honores divinos. Y como se apiadara de Odiseo, al contemplarle errabundo y abrumado por la fatiga, transfigurose en mergo, salió volando del abismo del mar y, posándose en la balsa construida con muchas ataduras, díjole estas palabras:

—¡Desdichado! ¿Porqué Poseidón, que sacude la tierra, se airó tan fieramente contigo y te está suscitando multitud de males? No logrará anonadarte por mucho que lo anhele. Haz lo que voy a decir, pues me figuro que no te falta prudencia: quítate esos vestidos, deja la balsa para que los vientos se la lleven y, nadando con las manos, procura llegar a la tierra de los feacios, donde la Moira ha dispuesto que te salves. Toma, extiende este velo inmortal debajo de tu pecho y no temas padecer, ni morir tampoco. Y así que toques con tus manos la tierra firme, quítatelo y arrójalo en el vinoso ponto, muy lejos del continente, volviéndote a otro lado.

Dichas estas palabras, la diosa le entregó el velo, y transfigurada en mergo, tornó a sumergirse en el undoso ponto y las negruzcas olas la cubrieron. Mas el paciente divinal Odiseo estaba indeciso y, gimiendo, habló de esta guisa a su corazón magnánimo:

-¡Ay de mi! No sea que alguno de los mortales me tienda un lazo, cuando me da la orden de que desampare la balsa. No obedeceré todavía, que con mis ojos veo que está muy lejana la tierra donde, según afirman, he de hallar refugio; antes procederé de esta suerte por ser, a mi juicio, lo mejor: mientras los maderos están sujetados por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar; pues no se me ocurre nada más provechoso.

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Tritón, Leucótea y Palemón (320 d. C.), mosaico de la Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

También 464 ss. (aquí 458-473):

ἀλλ’ ὅτε δή ῥ’ ἄμπνυτο καὶ ἐς φρένα θυμὸς ἀγέρθη,

καὶ τότε δὴ κρήδεμνον ἀπὸ ἕο λῦσε θεοῖο.

καὶ τὸ μὲν ἐς ποταμὸν ἁλιμυρήεντα μεθῆκεν,

ἂψ δ’ ἔφερεν μέγα κῦμα κατὰ ῥόον, αἶψα δ’ ἄρ’ Ἰνὼ

δέξατο χερσὶ φίλῃσιν· ὁ δ’ ἐκ ποταμοῖο λιασθεὶς

σχοίνῳ ὑπεκλίνθη, κύσε δὲ ζείδωρον ἄρουραν.

ὀχθήσας δ’ ἄρα εἶπε πρὸς ὃν μεγαλήτορα θυμόν·

«ὤ μοι ἐγώ, τί πάθω; τί νύ μοι μήκιστα γένηται;

εἰ μέν κ’ ἐν ποταμῷ δυσκηδέα νύκτα φυλάσσω,

μή μ’ ἄμυδις στίβη τε κακὴ καὶ θῆλυς ἐέρση

ἐξ ὀλιγηπελίης δαμάσῃ κεκαφηότα θυμόν·

αὔρη δ’ ἐκ ποταμοῦ ψυχρὴ πνέει ἠῶθι πρό.

εἰ δέ κεν ἐς κλειτὺν ἀναβὰς καὶ δάσκιον ὕλην

θάμνοισ’ ἐν πυκινοῖσι καταδράθω, εἴ με μεθείη

ῥῖγος καὶ κάματος, γλυκερὸς δέ μοι ὕπνος ἐπέλθοι,

δείδω μὴ θήρεσσιν ἕλωρ καὶ κύρμα γένωμαι.»

Cuando ya respiró y recobró el ánimo en su corazón, desató el velo de la diosa y arrojólo en el río, que corría hacia el mar: llevóse el velo una ola grande en la dirección de la corriente y pronto Ino lo tuvo en sus manos. Odiseo se apartó del río, echóse al pie de unos juncos, besó la fértil tierra y, gimiendo, a su magnánimo espíritu así le hablaba:

—¡Ay de mi! ¿Qué no padezco? ¿Qué es lo que al fin me va a suceder? Si paso la molesta noche junto al río, quizás la dañosa helada y el fresco rocío me acaben y exhale yo el último aliento a causa de mi debilidad; y una brisa glacial viene del río antes de rayar el alba. Y si subo al collado y me duermo entre los espesos arbustos de la selva umbría, como me dejen el frío y el cansancio y me venga dulce sueño, temo ser presa y pasto de las fieras.

Las traducciones son de Luis Segalà i Estalella, tomadas de Wikisource.

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Lluís Segalà i Estalella