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Archive for 30 enero 2014

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Estábamos con el poema δε 1918 Cesarión de Kavafis y aportábamos fuentes clásicas sobre Cesarión y Cleopatra. Tras Suetonio tenemos a Plutarco que, en Vidas Paralelas, Antonio 54, nos dice:

᾿Οκταουίαν δὲ Καῖσαρ ὑβρίσθαι δοκοῦσαν, ὡς ἐπανῆλθεν ἐξ ᾿Αθηνῶν, ἐκέλευσε καθ᾿ ἑαυτὴν οἰκεῖν. ἡ δ᾿ οὐκ ἔφη τὸν οἶκον ἀπολείψειν τοῦ ἀνδρός, ἀλλ κἀκεῖνον αὐτόν, εἰ μὴ δι᾿ ἑτέρας αἰτίας ἔγνωκε πολεμεῖν ᾿Αντωνίῳ, παρεκάλει τ καθ᾿ ἑαυτὴν ἐᾶν, ὡς οὐδ᾿ ἀκοῦσαι καλόν, εἰ τῶν μεγίστων αὐτοκρατόρων ὁ μὲν δι᾿ ἔρωτα γυναικός, ὁ δὲ δι ζηλοτυπίαν εἰς ἐμφύλιον πόλεμον Ρωμαίους κατέστησε. ταῦτα δὲ λέγουσα μᾶλλον ἐβεβαίου δι’ ἔργων. καὶ γρ ᾤκει τὴν οἰκίαν ὥσπερ αὐτοῦ παρόντος ἐκείνου, καὶ τῶν τέκνων οὐ μόνον τῶν ἐξ ἑαυτῆς, ἀλλ καὶ τῶν ἐκ Φουλβίας γεγονότων καλῶς καὶ μεγαλοπρεπῶς ἐπεμελεῖτο· καὶ τοὺς πεμπομένους ἐπ᾿ ἀρχάς τινας πράγματα τῶν ᾿Αντωνίου φίλων ὑποδεχομένη, συνέπραττεν ὧν παρ Καίσαρος δεηθεῖεν. ἄκουσα δ᾿ ἔβλαπτε δι τούτων ᾿Αντώνιον· ἐμισεῖτο γρ ἀδικῶν γυναῖκα τοιαύτην. ἐμισήθη δὲ καὶ δι τὴν διανέμησιν ν ἐποιήσατο τοῖς τέκνοις ἐν ᾿Αλεξανδρεί τραγικὴν καὶ ὑπερήφανον καὶ μισορρώμαιον φανεῖσαν. ἐμπλήσας γὰρ ὄχλου τὸ γυμνάσιον, καὶ θέμενος ἐπὶ βήματος ἀργυροῦ δύο θρόνους χρυσοῦς, τὸν μὲν ἑαυτῷ, τὸν δὲ Κλεοπάτρᾳ καὶ τοῖς παισὶν ἑτέρους ταπεινοτέρους, πρῶτον μὲν ἀπέφηνε Κλεοπάτραν βασίλισσαν Αἰγύπτου καὶ Κύπρου καὶ Λιβύης καὶ Κοίλης Συρίας, συμβασιλεύοντος αὐτῇ Καισαρίωνος, ὃς ἐκ Καίσαρος ἐδόκει τοῦ προτέρου γεγονέναι, Κλεοπάτραν ἔγκυον καταλιπόντος· δεύτερον δὲ τοὺς ἐξ αὑτοῦ καὶ Κλεοπάτρας υἱοὺς βασιλεῖς βασιλέων ἀναγορεύσας, ᾿Αλεξάνδρῳ μὲν ᾿Αρμενίαν ἀπένειμε καὶ Μηδίαν καὶ τὰ Πάρθων ὅταν ὑπαγάγηται, Πτολεμαίῳ δὲ Φοινίκην καὶ Συρίαν καὶ Κιλικίαν. ἅμα δὲ καὶ προήγαγε τῶν παίδων ᾿Αλέξανδρον μὲν ἐσθῆτι [τε] Μηδικῇ τιάραν καὶ κίταριν ὀρθὴν ἐχούσῃ, Πτολεμαῖον δὲ κρηπῖσι καὶ  χλαμύδι καὶ καυσίᾳ διαδηματοφόρῳ κεκοσμημένον· αὕτη γὰρ ἦν σκευὴ τῶν ἀπ᾿ ᾿Αλεξάνδρου βασιλέων, ἐκείνη δὲ Μήδων καὶ ᾿Αρμενίων. ἀσπασαμένων δὲ τῶν παίδων τοὺς γονεῖς, τὸν μὲν ᾿Αρμενίων φυλακὴ περιίστατο, τὸν δὲ Μακεδόνων. Κλεοπάτρα μὲν γὰρ καὶ τότε καὶ τὸν ἄλλον χρόνον εἰς πλῆθος ἐξιοῦσα στολὴν [ἑτέραν] ἱερὰν Ισιδος ἐλάμβανε καὶ νέα Ισις ἐχρημάτιζε.

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Cuando Octavia volvió de Atenas, mirándola César como despreciada y ofendida, le dio orden de que se fuese a vivir a su casa; pero ella le respondió que no dejaría la del marido, y rogaba al hermano que si no había determinado hacer la guerra a Antonio por otra causa, no hiciese alto en sus querellas, pues ni siquiera era decente que se dijese de los dos mayores generales que el uno por el amor de una mujer y el otro por celos, habían introducido la guerra civil entre los Romanos. Y esto que decía lo confirmaba con las obras; porque ocupaba la casa de Antonio como si éste se hallara presente, y cuidaba con la mayor diligencia y decoro, no sólo de los hijos que en ella misma había tenido, sino de los que había tenido en Fulvia, y si venían algunos amigos recomendados por Antonio para las magistraturas o por otros negocios, los recibía con aprecio y los protegía en lo que deseaban obtener de César. Mas sucedía que con esto mismo perjudicaba más, contra su intención a Antonio; pues que era aborrecido por tratar mal a una mujer tan envidiable, y lo era además por el repartimiento que en Alejandría hizo a los hijos, y que pareció teatral, orgulloso y antirromano. Porque introdujo un gran gentío en el Gimnasio, donde sobre una gradería de plata hizo poner dos tronos de oro, uno para él y otro para Cleopatra, y otros más pequeños para los hijos. De allí, en primer lugar proclamó a Cleopatra reina del Egipto, de Chipre, del África y de la Siria inferior, reinando en unión con ella Cesarión, el cual era tenido por hijo de César el Dictador, que había dejado a Cleopatra encinta. En segundo lugar, dando a los hijos nacidos de él y de Cleopatra el dictado de reyes, a Alejandro le adjudicó la Armenia, la Media y el reino de los Partos para cuando fuesen sojuzgados, y a Tolomeo la Fenicia, la Siria y la Cilicia. Al mismo tiempo, de los hijos presentó a Alejandro en traje medo, llevando la tiara derecha, a la que llaman también cítaris, y a Tolomeo adornado con el calzado, el manto y el sombrero con diadema, que es el ornato de los reyes sucesores de Alejandro, así como aquel lo es de los Medos y los Armenios. Luego que los hijos saludaron con ósculo a los padres, al uno se le puso guardia de Armenios y al otro de Macedonios. Porque Cleopatra ya entonces, y siempre en adelante, no salía en público sino con la ropa sagrada de Isis, y como una nueva Isis daba oráculos.

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Plutarco en Antonio 81 añade:

Τῶν δ᾿ ᾿Αντωνίου παίδων ὁ μὲν ἐκ Φουλβίας ῎Αντυλλος ὑπὸ Θεοδώρου τοῦ παιδαγωγοῦ παραδοθεὶς ἀπέθανε· καὶ τὴν κεφαλὴν αὐτοῦ τῶν στρατιωτῶν ἀποτεμνόντων, ὁ παιδαγωγὸς ἀφελὼν ὃν ἐφόρει περὶ τῷ τραχήλῳ πολυτιμότατον λίθον εἰς τὴν ζώνην κατέρραψεν· ἀρνησάμενος δὲ καὶ φωραθεὶς ἀνεσταυρώθη. Τ δὲ Κλεοπάτρας παιδία φρουρούμενα μετ τῶν τρεφόντων ἐλευθέριον εἶχε δίαιταν. Καισαρίωνα δὲ τὸν ἐκ Καίσαρος γεγονέναι λεγόμενον ἡ μὲν μήτηρ ἐξέπεμψε μετ χρημάτων πολλῶν εἰς τὴν ᾿Ινδικὴν δι᾿ Αἰθιοπίας, ἕτερος δὲ παιδαγωγὸς ὅμοιος Θεοδώρῳ Ρόδων ἀνέπεισεν ἐπανελθεῖν, ὡς Καίσαρος αὐτὸν ἐπὶ βασιλείαν καλοῦντος. βουλευομένου δὲ Καίσαρος, ῎Αρειον εἰπεῖν λέγουσιν (Ιλ. 2, 204)· οὐκ ἀγαθὸν πολυκαισαρίη.

De los hijos de Antonio, a Antilo, el tenido en Fulvia, le quitaron la vida, habiendo sido entregado por su ayo Teodoro, y al cortarle los soldados la cabeza, el ayo le quitó una piedra de mucho valor que llevaba al cuello y la guardó en el ceñidor. Él lo negó; pero habiendo sido descubierto, fue puesto en una cruz. Los hijos de Cleopatra, custodiados con los encargados de su crianza, fueron tratados con decoro. A Cesarión, el que se decía haber tenido de César, lo envió la madre con gran cantidad de riquezas a la India por la Etiopía; pero su ayo Rodón, semejante a Teodoro, le hizo volver, engañándole con que César le llamaba al reino. Deliberaba César acerca de él, y se refiere haberle dicho Areo: No es la policesarie conveniente.

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 Areo aplicó aquí, modificando una palabra, el hemistiquio homérico (Ilíada, II, 204):

οὐκ ἀγαθὸν πολυκοιρανίη· εἷς κοίρανος ἔστω,

Pongámoslo en su contexto:

Ὃν δ᾿ αὖ δήμου τ᾿ ἄνδρα ἴδοι βοόωντά τ᾿ ἐφεύροι,

τὸν σκήπτρῳ ἐλάσασκεν ὁμοκλήσασκέ τε μύθῳ·

δαιμόνι᾿ ἀτρέμας ἧσο καὶ ἄλλων μῦθον ἄκουε,   

οἳ σέο φέρτεροί εἰσι, σὺ δ᾿ ἀπτόλεμος καὶ ἄναλκις

οὔτέ ποτ᾿ ἐν πολέμῳ ἐναρίθμιος οὔτ᾿ ἐνὶ βουλῇ·

οὐ μέν πως πάντες βασιλεύσομεν ἐνθάδ᾿ Ἀχαιοί·

οὐκ ἀγαθὸν πολυκοιρανίη· εἷς κοίρανος ἔστω,

εἷς βασιλεύς, ᾧ δῶκε Κρόνου πάϊς ἀγκυλομήτεω

σκῆπτρόν τ᾿ ἠδὲ θέμιστας, ἵνά σφισι βουλεύῃσι.

Ὣς ὅ γε κοιρανέων δίεπε στρατόν· οἳ δ᾿ ἀγορὴν δὲ

αὖτις ἐπεσσεύοντο νεῶν ἄπο καὶ κλισιάων

ἠχῇ, ὡς ὅτε κῦμα πολυφλοίσβοιο θαλάσσης

αἰγιαλῷ μεγάλῳ βρέμεται, σμαραγεῖ δέ τε πόντος.

 

Cuando encontraba a un hombre del pueblo gritando, dábale con el cetro y le increpaba de esta manera:

– ¡Desdichado! Estate quieto y escucha a los que te aventajan en bravura, tú, débil e inepto para la guerra, no eres estimado ni en el combate ni en el consejo. Aquí no todos los aqueos podemos ser reyes; no es un bien la soberanía de muchos; uno solo sea príncipe, uno solo rey: aquel a quien el hijo del artero Cronos dio cetro y leyes para que reine sobre nosotros.

Así Odiseo, obrando como supremo jefe, se imponía al ejército; y ellos se apresuraban a volver de las tiendas y naves a la junta, con gran vocerío, como cuando el oleaje del estruendoso mar brama en la anchurosa playa y el ponto resuena.

La traducción es de Luis Segalà.

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Nueva York clásico (V)

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En el anterior capítulo de esta serie sobre Nueva York clásico nos referíamos a la escultura Andrómeda y el monstruo marino, obra de 1694, de Domenico Guidi. Completamos las fuentes de Andrómeda con el mitógrafo Higino, en su Fábula 64, nos habla del episodio:

ANDROM<E>DA.

Cassiope filiae suae Androm<e>dae formam Nereidibus anteposuit. Ob id Neptunus expostulauit ut Androm<e>da Cephei filia ceto obiceretur. Quae cum esset obiecta, Perseus Mercurii talaribus uolans eo dicitur uenisse et eam liberasse a periculo; quam cum adducere uellet, Cepheus pater cum Agenore, cuius sponsa fuit, Perseum clam interficere uoluerunt. Ille cognita re caput Gorgonis eis ostendit omnesque ab humana specie sunt informati in saxum. Perseus cum Androm<e>da in patriam redit. Polydectes [siue Proetus] <ut> uidit Perseum tantam uirtutem habere, pertimuit eumque per dolum interficere uoluit; qua re cognita Perseus caput Gorgonis ei ostendit et is ab humana specie est immutatus in lapidem.

 Casiopea antepuso a las Nereidas la belleza de su propia hija Andrómeda. Por ello Neptuno exigió que Andrómeda, la hija de Cefeo, fuera expuesta a un monstruo. Tras haber sido ella expuesta, se dice que Perseo, volando con ayuda de las sandalias aladas de Mercurio, llegó allí y la liberó del peligro; cuando quería llevársela, su padre Cefeo junto a Agenor, al cual había sido prometida, quisieron matar a escondidas a Perseo. Éste, informado del hecho, les mostró la cabeza de Gorgona y todos fueron transformados de la figura humana a roca. Perseo regresó a su patria con Andrómeda. Polidectes (o Preto), cuando vio que Perseo poseía tanto valor, tuvo mucho miedo y quiso matarlo por medio de un engaño; conocido el hecho Perseo le mostró la cabeza de Gorgona y éste fue transformado de aspecto humano a piedra.

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 Entre 1804 y 1806 Antonio Canova (1757-1822) esculpió en mármol una bella talla de Perseo (perseodecanova) con la cabeza de Medusa. Mide (242.6 x 191.8 x 102.9 cm).

Este Perseo, comprada por la condesa Valeria Tarnowska de Polonia, es una réplica del famoso mármol de Canova de Perseo del Vaticano, concebido alrededor de 1790 y mostrado por primera vez en 1801. Basado libremente en el Apolo de Belvedere, que había sido llevado a París en época de Napoleón, fue comprado por el Papa Pío VII y colocado sobre el pedestal en el que el Apollo había estado antes. En la versión del Met, Canova ha refinado los detalles ornamentales y aspirado a un efecto más lírico que en el Perseo Vaticano, una racionalización característica estilística de su proceso artístico. La cabeza de Medusa se basa en la de la antigua “Medusa Rondanini.”

Pierre Grimal, en su Diccionario de Mitología Griega y Romana, nos dice sobre Medusa.

Había tres Gorgonas, llamadas Esteno, Euríale y Medusa, las tres hijas de dos divinidades marinas, Forcis y Ceto. Las dos primeras eran inmortales, y sólo la última, Medusa, era mortal. Generalmente se le da el nombre de Gorgona a Medusa, considerada la Gorgona por excelencia. Estos tres monstruos habitaban en el Occidente extremo, no lejos del reino de los muertos, del país de las Hespérides, de Geriones, etc. Su cabeza estaba rodeada por serpientes, tenían grandes colmillos, semejantes a los del jabalí, manos de bronce y alas de oro que le permitían volar. Sus ojos echaban chispas, y su mirada era tan penetrante, que el que la sufría quedaba convertido en piedra. Constituían un objeto de horror y espanto no sólo para los mortales, sino también para los inmortales. Sólo Posidón no temió unirse con Medusa, a la que dejó encinta. En este momento, Perseo partió hacia Occidente para matar a Medusa. Obró así -dícese- ya por obedecer órdenes de Polidectes, tirano de Sérifos, ya por consejo de Atenea. Tras numerosas aventuras, Perseo logró encontrar la guarida de los monstruos y, finalmente, cortar la cabeza de Medusa, elevándose en el aire gracias a las sandalias aladas que le diera Hermes. Para no mirarla utilizó como espejo su pulimentado escudo, con lo cual no hubo de temer la terrible mirada del monstruo. Dio muerte a la Gorgona mientras dormía, para mayor seguridad. Del cuello cercenado de Medusa salieron los dos seres engendrados por Posidón: Pegaso, el caballo alado, y Crisaor.

Atenea se sirvió de la cabeza de Medusa colocándola en su escudo, o en el centro de su égida. De este modo, sus enemigos quedaron convertidos en piedra con sólo ver a la diosa. Perseo recogió también la sangre que fluía de la herida, y que aparecía dotada de propiedades mágicas: la que había brotado de la vena izquierda era un veneno mortal, mientras que la procedente de la derecha era un remedio capaz de resucitar a los muertos. Además, presentar un solo rizo de sus cabellos a un ejército asaltante, era suficiente para ponerlo en fuga.

La leyenda de Medusa sufre una evolución desde sus orígenes hasta la época helenística. En un primer momento, la Gorgona es un monstruo, una de las divinidades primordiales, que pertenece a la generación preolímpica. Después se acabó por considerarla víctima de una metamorfosis, y se contaba que Gorgona había sido al principio una hermosa doncella que se había atrevido a rivalizar en hermosura con Atenea. Se sentía principalmente orgullosa del esplendor de su cabellera. Por eso, con el propósito de castigarla, Atenea transformó sus cabellos en otras tantas serpientes, También se cuenta que la cólera de la diosa se abatió sobre la joven por el hecho de haberla violado Posidón en un templo consagrado a ella. Medusa cargó con el castigo del sacrilegio.

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Me hizo especial ilusión posar junto a una copia romana (27 a. C. – 14 d. C) del famoso y gran relieve Eleusino (450-425 a. C.). Y ello porque dediqué, en su momento, una serie a la presencia mitológica en las Elegías romanas de Goethe y, entre ella, al culto eleusino. Entonces hice uso de esta imagen para ilustrar alguna de las entradas de aquella serie.

En la estela, Deméter, la diosa de la abundancia agrícola, se sitúa en la izquierda, vestida con un peplo y un himation (capa) y sosteniendo un cetro. A la derecha está Perséfone, su hija y esposa de Hades, el dios del inframundo. Ésta está vestida con una túnica e himation. Cada diosa extiende su mano derecha hacia un joven desnudo, pero ya no es posible determinar lo que tenían en sus manos. El muchacho es Triptólemo, que fue enviado por Deméter para enseñar a los hombres el cultivo del trigo. En cerámica ateniense contemporánea por lo general aparece como un adulto con barba sentado en un carro alado, a punto de salir a su misión civilizadora. El relieve de mármol original fue encontrado en el santuario de Deméter en Eleusis, sede de los misterios del mismo nombre, un culto secreto que era famoso en toda la antigüedad.

La obra griega original y varias copias romanas sobreviven. Aquí los diez fragmentos romanos están incrustados en un yeso del relieve griego. En comparación con el original, la ejecución de los cabellos y los vestidos en la copia es más nítida y concuerda con el estilo contemporáneo en el arte de Augusto.

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Nos cuenta Grimal que Triptólemo es el héroe eleusino por excelencia, ligado al mito de Deméter. En la leyenda más antigua es considerado simplemente como rey de Eleusis. Después pasó por ser hijo del rey Céleo y de Metanira, y hermano de Demofonte. Otras tradiciones hacían de él el hijo de Disaules y de Baubo, o del héroe Eleusis o incluso de la Tierra y el Océano.

En recompensa por la hospitalidad que Deméter recibió en Eleusis de los padres de Triptólemo, la diosa le dio un carro, tirado por dragones alados, y le mandó que recorriese el mundo sembrando granos de trigo por doquier.

En algunos países, Triptólemo chocó con fuerte resistencia. Por ejemplo, el rey de los getas, Carnabón, mató uno de sus dragones; pero Deméter lo sustituyó en seguida por otro. En Patras, Antias, hijo de Eumelo, trató de enganchar los dragones al carro divino mientras el héroe dormía, y sembrar él mismo; pero cayó del carro y se mató. Eumelo y Triptólemo fundaron en su honor la ciudad de Antea.

Más tarde, Triptólemo pasó a ser juez de los muertos, en los Infiernos, donde figura a veces al lado de Éaco, Minos y Radamantis. Se atribuía a Triptólemo la institución de las Tesmoforias, que en Atenas, son las fiestas de Deméter.

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Caesarion

En 1918 Kavafis escribe su poema Cesarión en el que hay referencias a reinas egipcias como Berenice o Cleopatra o al propio Cesarión (“pequeño César”). La Wikipedia nos ayuda a saber que su nombre completo era Ptolomeo XV Filópator Filómetor César (Πτολεμαίος ΙΕ’ Φιλοπάτωρ Φιλομήτωρ Καίσαρ, Καισαρίων (47 a. C – 30 a. C.) y fue el último faraón de la dinastía de los Ptolomeos, y reinó, junto a su madre Cleopatra VII, desde septiembre del 44 a. C. al 30 a. C., fecha en que fue asesinado por César Augusto. Era el hijo mayor de Cleopatra y se considera altamente probable que fuese hijo de Julio César, del cual recibió su nombre. En ese caso, fue el único hijo biológico del Divino Julio. Su madre le dió a luz tras su romance con César. Durante sus 2 primeros años de vida tanto él como su madre vivieron en Roma, como invitados de César. Regresaron a Egipto tras el asesinato de los idus de Marzo.

El 2 de septiembre de 44 a. C., cuando tenía tres años, Cleopatra le nombra corregente de Egipto para que algún día suceda a César como emperador de Roma y Egipto, unificando los dos reinos, pues ya por entonces se le había coronado rey en corregencia con su propia madre. Durante el tenso período que desembocó en el enfrentamiento bélico entre Marco Antonio (por entonces emparejado con Cleopatra) y Augusto, Cesarión recibió de parte de su padrastro diversos títulos y dominios sobre tierras del Imperio en Asia Menor. No sólo eso, Antonio proclamó a Cesarión Rey de Reyes, y, lo que fue su condena a muerte, también le señaló como el auténtico heredero de César. Augusto, que basaba su autoridad pública y legitimidad política en su condición de heredero y familiar de César, no podía aceptar dicha situación, y se lanzó decididamente en contra de Antonio.

Cuando Octavio invadió Egipto en el 30 a. C., Cleopatra VII envió a Cesarión, que por entonces tenía 17 años, al puerto de Berenice, en el Mar Rojo, con planes de escape hacia la India. Octavio capturó la capital alejandrina en Agosto del 30 a. C., fecha que señala la anexión definitiva de Egipto a la República. Por entonces, Marco Antonio y Cleopatra ya se habían suicidado. Los guardianes de Cesarión, atraidos con sobornos y falsas promesas, lo devolvieron a Alejandría, donde Augusto, en una pragmática decisión, típica de su talante y forma de actuar, juzgó que “había demasiados Césares” y ordenó su muerte. Esta tuvo lugar en una mazmorra de la ciudad, por estrangulamiento. Octavio asumió entonces el control total de Egipto, hasta el punto de que en las cronologías egipcias aparece como el sucesor de Cesarión.

cleopatra y cesar

Esta frase de “hay demasiados Césares” está presente en el poema de Kavafis.

Suetonio, Vida de los Doce Césares (II, XVII, 5) escribe sobre la muerte de Cesarión:

Nec amplius quam septem et viginti dies, donec desideria militum ordinarentur, Brundisii commoratus, Asiae Syriaeque circuitu Aegyptum petit obsessaque Alexandrea, quo Antonius cum Cleopatra confugerat, brevi potitus est. Et Antonium quidem, seras conditiones pacis temptantem, ad mortem adegit viditque mortuum. Cleopatrae, quam servatam triumpho magno opere cupiebat, etiam psyllos admovit, qui venenum ac virus exugerent, quod perisse morsu aspidis putabatur. Ambobus communem sepulturae honorem tribuit ac tumulum ab ipsis incohatum perfici iussit. Antonium iuvenem, maiorem de duobus Fulvia genitis, simulacro Divi Iuli, ad quod post multas et irritas preces confugerat, abreptum interemit. Item Caesarionem, quem ex Caesare Cleopatra concepisse praedicabat, retractum e fuga supplicio adfecit. Reliquos Antonii reginaeque commmunes liberos non secus ac necessitudine iunctos sibi et conservavit et mox pro conditione cuiusque sustinuit ac fovit.

Sólo veintisiete días permaneció en Brindis, para satisfacer las exigencias de los soldados; pasó de allí a Egipto por Asia y la Siria, puso sitio a Alejandría, donde se había refugiado Antonio con Cleopatra, y se hizo dueño a poco de la ciudad. Antonio quiso hablar de paz, pero ya no era tiempo: Octavio oblígole a morir, pasándole a ver después de muerto. Uno de sus deseos más vehementes era reservar a Cleopatra para su triunfo, y como se creía que había muerto de la mordedura de un áspid, hizo que algunos psilos chupasen el veneno de la herida. Concedió a los dos esposos que reposaran en sepultura común, y ordenó que se concluyese la tumba que ellos mismos habían comenzado a construir. El joven Antonio, el mayor de los dos hijos que el triunvirio había tenido de Fulvia, fue tras continuas e inútiles súplicas, a refugiarse a los pies de la estatua de César; Augusto le arrancó de allí y mandó darle muerte. Cesarión, que Cleopatra decía haber tenido de César, fue alcanzado mientras intentaba huir y entregado al suplicio. En cuanto a los otros hijos de Antonio y de la reina, los consideró como miembros de su familia, los educó y aseguró posición en proporción a su nacimiento.

El propio Suetonio, en la obra citada (I, 52) escribe:

Dilexit et reginas, inter quas Eunoen Mauram Bogudis uxorem, cui maritoque eius plurima et immensa tribuit, ut Naso scripsit; sed maxime Cleopatram, cum qua et conuiuia in primam lucem saepe protraxit et eadem naue thalamego paene Aethiopia tenus Aegyptum penetrauit, nisi exercitus sequi recusasset, quam denique accitam in urbem non nisi maximis honoribus praemiisque auctam remisit filiumque natum appellare nomine suo passus est. quem quidem nonnulli Graecorum similem quoque Caesari et forma et incessu tradiderunt. M. Antonius adgnitum etiam ab eo senatui adfirmauit, quae scire C. Matium et C. Oppium reliquosque Caesaris amicos; quorum Gaius Oppius, quasi plane defensione ac patrocinio res egeret, librum edidit, non esse Caesaris filium, quem Cleopatra dicat.

Tuvo también amores con reinas, entre otras con Eunoé, esposa de Bagud, rey de Mauritania, y a la que según refiere Nasón, hizo lo mismo que a su marido, numerosos y ricos presentes; pero a la que más amó fue a Cleopatra, con la que frecuentemente prolongó festines hasta la nueva aurora, y en nave suntuosamente aparejada se hubiera adentrado en ellas desde Egipto a Etiopía si el ejército no se hubiese negado a seguirle. Hízola venir a Roma, dejándola sólo marchar después de haberla colmado de dones y haber consentido en que llevase su nombre el hijo que tuvo de ella. Dijeron algunos escritores griegos que este hijo se parecía a César en el rostro y la apostura M. Antonio aseguró en pleno Senado que César le había reconocido, e invocó el testimonio de C. Mario, C. Oppio y otros amigos de César; Pero C. Oppio refutó el aserto publicando un libro intitulado: No es hijo de César el que Cleopatra dice serlo.

Cleopatra

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Estábamos analizando el poema Los Idus de marzo de Kavafis y, más en concreto, sus fuentes clásicas entre las que estaban Suetonio y Plutarco. Decíamos que el primero no cita el nombre de Artemidoro como la persona que dio una nota a César, cuando éste entraba  en la Curia, mientras le decía que la leyera, sino que se lo dio un desconocido que le salió al encuentro (ab obvio quodam). El escritor latino escribía:

Ob haec simul et ob infirmam ualitudinem diu cunctatus an se contineret et quae apud senatum proposuerat agere differret, tandem Decimo Bruto adhortante, ne frequentis ac iam dudum opperientis destitueret, quinta fere hora progressus est libellumque insidiarum indicem ab obuio quodam porrectum libellis ceteris, quos sinistra manu tenebat, quasi mox lecturus commiscuit.

Todos estos presagios y el mal estado de su salud le hicieron vacilar por largo tiempo acerca de si permanecería en su casa aplazando para el día siguiente lo que había propuesto al Senado; pero exhortado por Décimo Bruto a no hacer aguardar inútilmente a los senadores que estaban reunidos desde temprano salió de casa hacia la hora quinta. En el camino un desconocido le presentó un escrito en el que le revelaba la conjuración; César le cogió y lo unió a los demás que llevaba en la mano izquierda con la intención de leerlos luego.

Sí cita a Artemidoro Plutarco en sus Vidas Paralelas, como dijimos en el anterior capítulo.

También en la tragedia Julio César (acto III, escena I) de Shakespeare aparece Artemidoro.

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SCENE I. Rome. Before the Capitol; the Senate sitting.

[A crowd of people in the street leading to the Capitol, among them Artemidorus and the Soothsayer. Flourish. Enter Caesar, Brutus, Cassius, Casca, Decius, Metellus, Trebonius, Cinna, Antony, Lepidus, Popilius, Publius, and others.]

CAESAR.

The Ides of March are come.

SOOTHSAYER.

Ay, Caesar; but not gone.

ARTEMIDORUS.

Hail, Caesar! read this schedule.

DECIUS.

Trebonius doth desire you to o’er-read, at your best leisure, this his humble suit.

ARTEMIDORUS.

O Caesar, read mine first; for mine’s a suit that touches Caesar nearer: read it, great Caesar.

CAESAR.

What touches us ourself shall be last served.

ARTEMIDORUS.

Delay not, Caesar; read it instantly.

CAESAR.

What, is the fellow mad?

PUBLIUS.

Sirrah, give place.

CASSIUS.

What, urge you your petitions in the street? Come to the Capitol.

[Caesar enters the Capitol, the rest following. All the Senators rise.]

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SCENA PRIMA: Roma. —El Capitolio. —El Senado en sesión

En la calle contigua al Capitolio, muchedumbre de gente; entre ella, ARTEMIDORO y el ADIVINO. Trompetería. Entran CÉSAR, BRUTO, CASIO, CASCA, DECIO, METELO, TREBONIO, CINA, ANTONIO, LÉPIDO, POPILIO, PUBLIO y otros

CESAR. — (Al ADIVINO.) ¡Ya han llegado los idus de marzo!

ADIVINO. — Sí, César; pero no han pasado aún.

ARTEMIDORO. — ¡Salve, César! Lee este escrito.

DECIO. — Trebonio desea que echéis una ojeada, en un momento libre, sobre esta humilde petición suya.

ARTEMIDORO. — ¡Oh César! Lee primero la mía, que toca más cerca a César. ¡Léela, gran César!

CÉSAR. — Lo que no atañe más que a nuestra persona, será examinado lo último.

ARTEMIDORO. — ¡No lo difieras, César! ¡Léela en seguida!

CÉSAR. — ¡Pero qué! ¿Está loco ese mozo?

PUBLIO. — ¡Deja paso, tunante!

CASIO. — ¿Qué es eso? ¿Insistís en vuestras peticiones en la calle? Venid al Capitolio.

CÉSAR entra al Capitolio. Los demás le siguen. Todos los senadores se levantan.

Finalmente aportamos un fragmento de la novela Los Idus de Marzo, de Valerio Massimo Manfredi, en el que se cita la anécdota de Artemidoro:

Artemidoro llegaba en aquel momento, sin aliento, con el corazón a punto de estallarle. No había corrido nunca así desde que, de chico, frecuentaba el gimnasio en Cnido. Antonio se estaba acercando a César. Décimo Bruto lo saludaba. La multitud se engrosaba a su paso. Artemidoro calculó el punto al que llegaría César al cabo de unos pocos pasos y se dirigió hacia allí; empleando los codos, logró llegar a primera fila y cuando lo vio cerca le puso en la mano el rollo casi a la fuerza diciendo: —¡Léelo ahora! E inmediatamente se fue, asustado por su propio gesto. El gentío aumentó hasta tal punto que César se vio empujado casi en el aire hacia la entrada de la curia. Trató de abrir varias veces el rollo, pero la multitud de postulantes, los empujones, el gentío se lo impidieron. Otros senadores se adelantaron creando una especie de pasillo a través del cual pudiese caminar tranquilamente hasta la sala. Antonio se mantuvo detrás mientras que Décimo Bruto parecía que quisiese cambiar algunas palabras con él. En ese momento apareció Gayo Trebonio y lo cogió por un brazo, reteniéndolo en el exterior para decirle algo urgente.César pasó muy cerca de ellos. Habrían podido tocarlo.

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El poema de Kavafis es una llamada a la humildad del alma (a la que se dirige el poeta), a someter nuestras ambiciones. Si éstas, las ambiciones, nos dominan, como a Julio César, habrá que ser precavido. Tanto más deberá ser vigilante el alma, cuanto más avancemos en ambición.

Después Kavafis cambia de interlocutor y apela no ya al alma, sino a César mismo, prototipo de la ambición, a quien recomienda que esté atento a alguna figura que, salida de la multitud, como Artemidoro, le dé una carta y le diga que la lea al instante. Si eso ocurre, César debe detenerse, aplazar conversaciones y apartar a los aduladores; debe incluso hacer esperar al Senado. Debe leer el escrito de Artemidoro que le advierte de la conspiración que acabará con su vida.

He aquí el poema y la traducción de Ramón Irigoyen.

Μάρτιαι Ειδοί (1911)

Τα μεγαλεία να φοβάσαι, ω ψυχή.

Και τες φιλοδοξίες σου να υπερνικήσεις

αν δεν μπορείς, με δισταγμό και προφυλάξεις

να τες ακολουθείς. Και όσο εμπροστά προβαίνεις,

τόσο εξεταστική, προσεκτική να είσαι.

Κι όταν θα φθάσεις στην ακμή σου, Καίσαρ πιά

έτσι περιωνύμου ανθρώπου σχήμα όταν λάβεις,

τότε κυρίως πρόσεξε σα βγεις στον δρόμον έξω,

εξουσιαστής περίβλεπτος με συνοδεία,

αν τύχει και πλησιάσει από τον όχλο

κανένας Αρτεμίδωρος, που φέρνει γράμμα,

και λέγει βιαστικά «Διάβασε αμέσως τούτα,

είναι μεγάλα πράγματα που σ᾿ ενδιαφέρουν»,

μη λείψεις να σταθείς· μη λείψεις ν᾿αναβάλεις

κάθε ομιλίαν ή δουλειά· μη λείψεις τους διαφόρους

που χαιρετούν και προσκυνούν να τους παραμερίσεις

(τους βλέπεις πιο αργά)· ἂς περιμένει ακόμη

κ᾿ η Σύγκλητος αυτή, κ᾿ ευθύς να τα γνωρίσεις

τα σοβαρά γραφόμενα του Αρτεμιδώρου.

 

cesarylossenadores

IDUS DE MARZO (1911)

Ten miedo a las grandezas, alma mía.

Y si tus ambiciones no las puedes

vencer, persíguelas con precauciones,

vacilante. Y cuanto más avances,

sé más escrutadora y vigilante.

Y cuando, al fin, alcances tu apogeo, César,

y adquieras la figura de hombre egregio,

vigila sobre todo entonces, al salir a la calle,

dominador insigne en tu cortejo,

si por azar de entre la multitud se te acerca

un Artemídoro, portador de un billete,

y dice apresuradamente: “Lee ahora mismo esto,

son asuntos muy graves que te atañen”,

no dejes de pararte, no dejes de aplazar

ocupaciones o entrevistas, ni de apartar

a esos que al saludarte se prosternan

(los ves más tarde); que incluso espere

el mismísimo Senado. Y, al punto, entérate

del importante escrito de Artemídoro.

irigoyencavafis

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Nueva York clásico (IV)

MET23

Sigue otro cuadro mitológico; en esta ocasión Dánae recibiendo la lluvia de oro de Orazio Gentileschi, obra de 1621. Hermosa obra que destaca por el trabajo de las telas de la cama en la que yace Dánae, el blanco cuerpo de la mortal elegida por Zeus, que contrasta con el fondo negro, con el que contrastan, a su vez, las monedas de oro, y la postura forzada de Cupido que sujeta el tapiz negro.

 Vamos con las fuentes clásicas sobre Dánae. Las iniciamos con un habitual, Apolodoro. En Biblioteca II, 2, 2:

καγνεται κρισίῳ μν ξ Ερυδκης τς Λακεδαμονος Δανη.

Acrisio tuvo una hija, Dánae, de Eurídice, hija de Lacedemón.

En Biblioteca II, 4, 1:

κρισίῳ δπερπαδων γενσεως ρρνων χρηστηριαζομνῳ ὁ θες φη γενσθαι παδα κ τς θυγατρς, ς ατν ποκτενε. δεσας δὲ ὁ ᾿Ακρσιος τοτο, π γν θλαμον κατασκευσας χλκεον τν Δανην φρορει. τατην μν, ς νιοι λγουσιν, φθειρε Προτος, θεν ατος καὶ ἡ στσις κινθη·ς δὲ ἔνιοφασι, Ζες μεταμορφωθες ες χρυσν καδι τς ροφς ες τος Δανης εσρυες κλπους συνλθεν. ασθμενος δὲ Ἀκρσιος στερον ξ ατς γεγεννημνον Περσα, μπιστεσας πΔις φθρθαι, τν θυγατρα μεττοπαιδς ες λρνακα βαλν ρριψεν ες θλασσαν. προσενεχθεσης δτς λρνακος ΣερφΔκτυς ρας νθρεψε τοτον.

Cuando Acrisio preguntó al oráculo cómo tendría hijos varones, el dios le contestó que de su hija había de nacer un hijo que lo mataría. Acrisio, temiendo esto, construyó una cámara subterránea de bronce y allí encerró a Dánae. Pero, según algunos, la sedujo Preto, a causa de lo cual se suscitó una reyerta entre ambos hermanos; según otros, Zeus, transformado en lluvia de oro, se unió a ella, cayendo hasta el seno de Dánae a través del techo. Cuando más tarde Acrisio supo que había dado a luz a Perseo, no creyendo que hubiera sido poseída por Zeus, puso a su hija y al niño en un arca y la arrojó al mar; al arribar el arca a Sérifos, Dictis recogió y crió al niño.

'Danaë' de Orazio_Gentileschioleosobrelienzo1621-22

La traducción es de Margarita Rodríguez de Sepúlveda, en Gredos

El mitógrafo Higino nos habla de Dánae en su fábula 63:

DANAE

Danae Acrisii et Aganippes filia. Huic fuit fatum ut quod peperisset Acrisium interficeret; quod timens Acrisius, eam in muro lapideo praeclusit. Iouis autem in imbrem aureum conuersus cum Danae concubuit, ex quo compressu natus est Perseus. Quam pater ob stuprum inclusam in arca cum Perseo in mare deiecit. Ea uoluntate Iouis delata est in insulam Seriphum, quam piscator Dictys cum inuenisset, effracta ea uidit mulierem cum infante, quos ad regem Polydectem perduxit, qui eam in coniugio habuit et Perseum educauit in templo Mineruae. Quod cum Acrisius rescisset eos ad Polydectem morari, repetitum eos profectus est; qu<o> cum uenisset, Polydectes pro eis deprecatus est, Perseus Acrisio auo suo fidem dedit se eum numquam interfecturum. Qui cum tempestate retineretur, Polydectes moritur; cui cum funebres ludos facerent, Perseus disco misso quem uentus distulit in caput Acrisii [et] eum interfecit. Ita quod uoluntate sua noluit, deorum factum est; sepulto autem eo Argos profectus est regnaque auita possedit.

Merece la pena ofrecer el cuadro de la hija de Orazio, Artemisia, sobre el mismo asunto:

Artemisia Gentileschi - Danae

Dánae era hija de Acrisio y Aganipe. A ésta le marcó el destino que lo que engendrara mataría a Acrisio; temiendo esto Acrisio la encerró en una torre de piedra. Sin embargo Júpiter, convertido en lluvia dorada, yació con Dánae, y de esta unión nació Perseo. A ella su padre, por estas relaciones, la arrojó al mar tras encerrarla con Perseo en un arca. Ella, por voluntad de Júpiter, fue llevada a la isla de Sérifos; habiendo hallado el arca el pescador Dictis, y habiéndola abierto vio a la mujer con el niño, a los que llevó ante el rey Polidectes, que se casó con ella y educó a Perseo en el templo de Minerva. Cuando Acrisio se enteró de que ellos vivían con Polidectes, marchó a buscarlos. Cuando llegó, Polidectes intercedió por ellos y Perseo dio garantías a su abuelo Acrisio de que él nunca lo mataría. Mientras una tempestad retuvo (en la isla) a Acrisio, murió Polidectes; al realizar en su honor los juegos fúnebres, Perseo, habiendo lanzado un disco que el viento dirigió a la cabeza de Acrisio, lo mató. De este modo lo que no quiso hacer voluntariamente, fue hecho por la voluntad de los dioses; tras haberlo sepultado, marchó a Argos y poseyó el reino de su abuelo.

 

Otra hermosa obra, en este caso, una escultura nos acerca también al mundo mitológico. Es Andrómeda y el monstruo marino, obra de 1694, de Domenico Guidi (1625-1701). Mide (163.5 x 117.8 x 87.9 cm).

Adquirida en Roma por John Cecil, el quinto conde de Exeter (1648-1700), se creyó durante mucho tiempo que esta escultura era obra de Pierre-Étienne Monnot, el escultor de origen francés que esculpió el monumento funerario del estadista inglés.  Se pensó en su momento que la obra, completamente en estilo barroco romano en su concepción y tratamiento, había sido realizada por influencia de Domenico Guidi, el mentor de Monnot, pero ahora es evidente que es obra del propio Guidi.

La escultura ha sido recientemente identificada como la Andrómeda (que antes se consideraba perdida) originalmente encargada por Francesco II d’Este, duque de Módena, que murió antes de adquirirlo. John Cecil compró la obra para Burghley House, su residencia en Northamptonshire, donde permaneció hasta este siglo.

La escultura nos presenta a Andrómeda aterrada ante la presencia de un monstruo marino.

andromedaguidi

El mitógrafo Apolodoro nos habla de ella en Biblioteca Mitológica II, 4, 3:

παραγενμενος δ ες Αθιοπαν, ς βασλευε Κηφες, ερε τν τοτου θυγατρα νδρομδαν παρακειμνην βορν θαλασσίῳ κτει. Κασσιπεια γρ Κηφως γυνΝηρησιν ρισε περκλλους, καπασν εναι κρεσσων ηχησεν·θεν αΝηρηδες μνισαν, καΠοσειδν ατας συνοργισθες πλμμυρν τε πτν χραν πεμψε κακτος. μμωνος δχρσαντος τν παλλαγν τς συμφορς, ἐὰν Κασσιεπεας θυγτηρ νδρομδα προτεθτ κτει βορ, τοτο ναγκασθες Κηφες πτν Αθιπων πραξε, καπροσδησε τν θυγατρα πτρ. τατην θεασμενος Περσες καὶ ἐρασθες ναιρσειν πσχετο Κηφετκτος, ε μλλει σωθεσαν ατν ατ δσειν γυνακα. π τοτοις γενομνων ρκων, ποστς τ κτος κτεινε κατν ᾿Ανδρομδαν λυσεν. πιβουλεοντος δατΦινως, ς ν δελφς τοΚηφως γγεγυημνος πρτος τν νδρομδαν, μαθν τν πιβουλν, τν Γοργνα δεξας μετ τν συνεπιβουλευντων ατν λθωσε παραχρμα.

 Llegado a Etiopía, donde reinaba Cefeo, encontró a la hija de éste, Andrómeda, expuesta como presa para un monstruo marino. Pues Casiopea, la esposa de Cefeo, había competido en belleza con las Nereidas y se había jactado de ser mejor que todas; por ello éstas se encolerizaron y Posidón, compartiendo su ira, afligió al país con un monstruo y una inundación. Amón reveló que cesaría la calamidad si Andrómeda, la hija de Casiopea, era ofrecida como alimento al monstruo. Cefeo, obligado a hacerlo por los etíopes, la encadenó a una roca. Cuando Perseo la vio, enamorado de ella, prometió a Cefeo acabar con el cetáceo si una vez rescatada se la otorgaba en matrimonio. Hechos los juramentos en estos términos, Perseo acechando al monstruo lo mató y liberó a Andrómeda. Pero Fineo, hermano de Cefeo, a quien antes había sido prometida Andrómeda, conspiró contra Perseo; éste, enterado de la maquinación, mostrando la cabeza de la Gorgona a los confabulados los petrificó al instante.

La traducción es de Margarita Rodríguez de Sepúlveda, en Gredos.

MET26

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muertedecesar

También en 1911 escribe Kavafis Los Idus de Marzo, en la que hallamos una clara referencia al asesinato de Julio César. La fuente no parece ser Suetonio, de quien, como dijimos en los primeros capítulos de esta serie dedicados a la biografía del poeta alejandrino, Kavafis decía esto:

“Últimamente he estado leyendo a Suetonio – en traducción -. No es de gran valor. Su obra famosa consiste en las biografías de los doce primeros emperadores de Roma. He estado leyéndolo. Tiene la ventaja de ser anecdótico, y así uno llega a aprender mucho – o lo conjetura, a partir de lo que cuenta – sobre la vida social de aquel tiempo. Algo que el estudio de la Roma imperial debería tener en cuenta es que la miserable situación de la capital no implica en absoluto que esa situación estuviera generalizada por todo el Imperio. La lentitud y la dificultad de las comunicaciones, por un lado, y la buena y ordenada administración de las diferentes partes del Imperio romano, por otro, lograron siempre eso: que un mal emperador, que causaba estragos en Roma, no causara ninguno en las provincias”.

Pues bien, este anecdótico y de poco valor Suetonio nos narra así la muerte de César en su Vida de los Doce Césares I, 81-82:

Pocas fechas antes de su muerte supo que los caballos consagrados por él a los dioses antes de pasar el Rubicón, y que habían dejado vagar sin amo, se negaban a comer y lloraban; por su parte, el arúspice Spurinna le advirtió, durante un sacrificio, que se guardase del peligro que le amenazaba para los idus de marzo. La víspera de estos mismos idus, habiendo penetrado en la sala del Senado, llamada de Pompeyo, un reyezuelo con una rama de laurel en el pico, aves de diferentes clases, salidas de un bosque vecino, se lanzaron sobre él y lo despedazaron. Por último, la noche que precedió al día de su muerte, creyó en sueños que se remontaba sobre las nubes y ponía su mano en la de Júpiter; y a su vez su esposa Calpurnia soñó que se desplomaba el techo de su casa y que mataban a su esposo en sus brazos, mientras las puertas de su habitación se abrían violentamente por sí mismas. Todos estos presagios y el mal estado de su salud le hicieron vacilar por largo tiempo acerca de si permanecería en su casa aplazando para el día siguiente lo que había propuesto al Senado; pero exhortado por Décimo Bruto a no hacer aguardar inútilmente a los senadores que estaban reunidos desde temprano salió de casa hacia la hora quinta. En el camino un desconocido le presentó un escrito en el que le revelaba la conjuración; César le cogió y lo unió a los demás que llevaba en la mano izquierda con la intención de leerlos luego. Las víctimas que se inmolaron en seguida dieron presagios desfavorables; pero, dominando sus escrúpulos religiosos, entró en el Senado y dijo burlándose a Spurinna que eran falsas sus predicciones porque habían llegado los idus de marzo sin traer ninguna desgracia, a lo que éste le contestó que hablan llegado, pero no habían aún pasado.

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LXXXII. En cuanto se sentó, le rodearon los conspiradores con pretexto de saludarle; en el acto Cimber Telio, que se había encargado de comenzar, acercósele como para dirigirle un ruego; mas negándose a escucharle e indicando con el gesto que dejara su petición para otro momento, le cogió de la toga por ambos hombros, y mientras exclamaba César: Esto es violencia, uno de los Casca, que se encontraba a su espalda, lo hirió algo más abajo de la garganta. Cogióle César el brazo, se lo atravesó con el punzón y quiso levantarse, pero un nuevo golpe le detuvo. Viendo entonces puñales levantados por todas partes, envolviese la cabeza en la toga y bajóse con la mano izquierda los paños sobre las piernas, a fin de caer más noblemente, manteniendo oculta la parte inferior del cuerpo. Recibió veintitrés heridas, y sólo a la primera lanzó un gemido, sin pronunciar ni una palabra. Sin embargo, algunos escritores refieren que viendo avanzar contra él a M. Bruto, le dijo en lengua griega: ¡Tú también, hijo mío!. Cuando le vieron muerto, huyeron todos, quedando por algún tiempo tendido en el suelo, hasta que al fin tres esclavos le llevaron a su casa en una litera, de la que pendía uno de sus brazos. Según testimonio del médico Antiscio, entre todas sus heridas sólo era mortal la segunda que había recibido en el pecho. Los conjurados querían arrastrar su cadáver al Tíber, adjudicar sus bienes al Estado y anular sus disposiciones; pero el temor que les infundieron el cónsul M. Antonio y Lépido, jefe de la caballería, les hizo renunciar a su designio.

Según vemos, Suetonio no cita a Artemidoro como el que entrega la nota a César, algo que en el poema sí hace Kavafis. Sí aparece Artemidoro en la obra de Plutarco Vidas Paralelas (César 65):

Ἀρτεμίδωρος δὲ Κνίδιος τὸ γένος, Ἑλληνικῶν λόγων σοφιστὴς καὶ διὰ τοῦτο γεγονὼς ἐνίοις συνήθης τῶν περὶ Βροῦτον, ὥστε καὶ γνῶναι τὰ πλεῖστα τῶν πραττομένων, ἧκε μὲν ἐν βιβλιδίῳ κομίζων ἅπερ ἔμελλε μηνύειν· ὁρῶν δὲ τὸν Καίσαρα τῶν βιβλιδίων ἕκαστον δεχόμενον καὶ παραδιδόντα τοῖς περὶ αὐτὸν ὑπηρέταις, ἐγγὺς σφόδρα προσελθών, τοῦτ’ ἔφη Καῖσαρ ἀνάγνωθι μόνος καὶ ταχέως· γέγραπται γὰρ ὑπὲρ πραγμάτων μεγάλων καὶ σοὶ διαφερόντων. δεξάμενος οὖν ὁ Καῖσαρ, ἀναγνῶναι μὲν ὑπὸ πλήθους τῶν ἐντυγχανόντων ἐκωλύθη, καίπερ ὁρμήσας πολλάκις, ἐν δὲ τῇ χειρὶ κατέχων καὶ φυλάττων μόνον ἐκεῖνο παρῆλθεν εἰς τὴν σύγκλητον. ἔνιοι δέ φασιν ἄλλον ἐπιδοῦναι τὸ βιβλίον τοῦτο, τὸν δ’ Ἀρτεμίδωρον οὐδ’ ὅλως προσελθεῖν, ἀλλ’ ἐκθλιβῆναι παρὰ πᾶσαν τὴν ὁδόν.

Artemidoro, natural de Cnido, maestro de lengua griega, y que por lo mismo había contraído amistad con algunos de los compañeros de Bruto, hasta estar impuesto de lo que se tenía tramado, se le presentó trayendo escrito en un memorial lo que quería descubrir; y viendo que César al recibir los memoriales los entregaba al punto a los ministros que tenía a su lado, llegándose, muy cerca le dijo a César: “Léelo tú sólo y pronto; porque en él están escritas grandes cosas que te interesan”. Tomólo, pues, César, y no le fue posible leerlo, estorbándoselo el tropel de los que continuamente llegaban, por más que lo intentó muchas veces; pero llevando y guardando siempre en la mano aquel solo memorial, entró en el Senado. Algunos dicen que fue otro el que se lo entregó, y que a Artemidoro no le fue posible acercarse, sino que por todo el tránsito fue estorbado de la muchedumbre.

La traducción es de Antonio Ranz Romanillos y se ha sacado de aquí.

Asesinato de Cesar

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montiniyroncalli

Acostumbro a dedicar el primer artículo del año a la paz. Es cierto que la ONU lo celebra el 21 de septiembre, pero yo me fijo en la liturgia católica y en la Jornada Mundial por la Paz que la iglesia celebra desde que la instituyera Pablo VI. En el primer mensaje para la primera Jornada, en 1968, el cardenal Montini (Pablo VI) escribía:

Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar «El Día de la Paz» en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura.

Nos pensamos que esta propuesta interprete las aspiraciones de los Pueblos, de sus Gobernantes, de las Entidades internacionales que intentan conservar la Paz en el mundo, de las Instituciones religiosas tan interesadas en promover la Paz, de los Movimientos culturales, políticos y sociales que hacen de la Paz su ideal, de la Juventud, —en quien es más viva la perspicacia de los nuevos caminos de la civilización, necesariamente orientados hacia un pacífico desarrollo—, de los hombres sabios que ven cuán necesaria sea hoy la Paz y al mismo tiempo cuán amenazada.

La proposición de dedicar a la Paz el primer día del año nuevo no intenta calificarse como exclusivamente nuestra, religiosa, es decir católica; querría encontrar la adhesión de todos los amigos de la Paz, como si fuese iniciativa suya propia, y expresarse en formas diversas, correspondientes al carácter particular de cuantos advierten cuán hermosa e importante es la armonía de todas las voces en el mundo para la exaltación de este primer bien, que es la Paz, en el múltiple concierto de la humanidad moderna.

El papa Francisco ha hecho público ya su primer mensaje para esta Jornada. En este caso, Francisco se fija en la fraternidad como fundamento y camino para la paz. De él destaco este fragmento:

Por este motivo, deseo dirigir una encarecida exhortación a cuantos siembran violencia y muerte con las armas: Redescubran, en quien hoy consideran sólo un enemigo al que exterminar, a su hermano y no alcen su mano contra él. Renuncien a la vía de las armas y vayan al encuentro del otro con el diálogo, el perdón y la reconciliación para reconstruir a su alrededor la justicia, la confianza y la esperanza. «En esta perspectiva, parece claro que en la vida de los pueblos los conflictos armados constituyen siempre la deliberada negación de toda posible concordia internacional, creando divisiones profundas y heridas lacerantes que requieren muchos años para cicatrizar. Las guerras constituyen el rechazo práctico al compromiso por alcanzar esas grandes metas económicas y sociales que la comunidad internacional se ha fijado».

Sin embargo, mientras haya una cantidad tan grande de armamentos en circulación como hoy en día, siempre se podrán encontrar nuevos pretextos para iniciar las hostilidades. Por eso, hago mío el llamamiento de mis Predecesores a la no proliferación de las armas y al desarme de parte de todos, comenzando por el desarme nuclear y químico.

No podemos dejar de constatar que los acuerdos internacionales y las leyes nacionales, aunque son necesarias y altamente deseables, no son suficientes por sí solas para proteger a la humanidad del riesgo de los conflictos armados. Se necesita una conversión de los corazones que permita a cada uno reconocer en el otro un hermano del que preocuparse, con el que colaborar para construir una vida plena para todos. Éste es el espíritu que anima muchas iniciativas de la sociedad civil a favor de la paz, entre las que se encuentran las de las organizaciones religiosas. Espero que el empeño cotidiano de todos siga dando fruto y que se pueda lograr también la efectiva aplicación en el derecho internacional del derecho a la paz, como un derecho humano fundamental, pre-condición necesaria para el ejercicio de todos los otros derechos.

papa-francisco1

Ya son lejanas (1963) pero aún actuales las palabras de Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris:

Por tanto, entre las tareas más graves de los hombres de espíritu generoso hay que incluir, sobre todo, la de establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo el magisterio y la égida de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad: primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre sí, y, finalmente, entre los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un lado, y de otro, la comunidad mundial. Tarea sin duda gloriosa, porque con ella podrá consolidarse la paz verdadera según el orden establecido por Dios.

164. De estos hombres, demasiado pocos sin duda para las necesidades actuales, pero extraordinariamente beneméritos de la convivencia humana, es justo que Nos hagamos un público elogio y al mismo tiempo les invitemos con urgencia a proseguir tan fecunda empresa. Pero al mismo tiempo abrigamos la esperanza de que otros muchos hombres, sobre todo cristianos, acuciados por un deber de conciencia y por la caridad, se unirán a ellos. Porque es sobremanera necesario que en la sociedad contemporánea todos los cristianos sin excepción sean como centellas de luz, viveros de amor y levadura para toda la masa. Efecto que será tanto mayor cuanto más estrecha sea la unión de cada alma con Dios.

165. Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden que Dios ha establecido. A este respecto pregunta San Agustín: ¿Quiere tu alma ser capaz de vencer las pasiones? Que se someta al que está arriba y vencerá al que está abajo; y se hará la paz en ti; una paz verdadera, cierta, ordenada. ¿Cuál es el orden de esta paz? Dios manda sobre el alma; el alma, sobre la carne; no hay orden mejor

JUAN-XXIII

El libro de los Números (6, 24-26) recoge una bella oración:

Benedicat tibi Dominus, et custodiat te. Ostendat Dominus faciem suam tibi, et misereatur tui. Convertat Dominus vultum suum ad te, et det tibi pacem.

εὐλογήσαι σε Κύριος καὶ φυλάξαι σε· ἐπιφάναι Κύριος τὸ πρόσωπον αὐτοῦ ἐπὶ σὲ καὶ ἐλεήσαι σε· ἐπάραι Κύριος τὸ πρόσωπον αὐτοῦ ἐπὶ σὲ καὶ δῴη σοι εἰρήνην.

Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.

Composer [Richard Strauss] 1925 by August Sander 1876-1964

Este año 2014 celebramos los 150 años del nacimiento de un compositor muy querido por mí, Richard Strauss. Autor de unas melodías increíbles y de una música sublime; de obras como las óperas Salomé (que hace una magnífica disección psicológica, mediante la música, de los personajes de la obra de Oscar Wilde, en especial de Salomé, Juan y Herodes), Elektra (por momentos angustiosa y retratando la ira de la hija de Agamenón hacia su madre Clitemnestra), Ariadna en Naxos, Arabella, La mujer sin sombra, Capriccio, El amor de Dánae, La Helena egipcia, Dánae o El caballero de la rosa (como vemos, muchas de tema mitológico); de poemas sinfónicos como Las aventuras de Till Eulenspiegel, Don Juan, Así habló Zarazustra, Muerte y Transfiguración (absolutamente sublime), Don Quijote o Una vida de héroe; sumemos la Sinfonía Alpina o la Sinfonía Doméstica.

Añadamos tres sinfonías, dos serenatas, siete marchas, cinco suites orquestales, veintiocho obras orquestales, dos conciertos para piano, uno para violoncello, uno para oboe, dos para trompa (instrumento que tocaba su padre y al que encomienda sublimes melodías en todas sus obras), dieciocho sonatas para piano, una para violín y una para cello; treinta obras para piano solo, una para violín, una para trompa, seis duos, un trio de cuerda, dos de piano; cinco cuartetos de cuerda, cinco con piano, un sexteto sobre Capriccio, nueve danzas (valses, polonesa, polkas, etc.),

Y culminemos con sus lieder o canciones. Más de 100 para voz y piano; 40 para orquesta y voz – entre ellas Zueignung, Verführung, Befreit, Notturno, Der Einsame, Das Bächlein.

Y, sobre todo, sus Cuatro Últimas canciones (Frühling, September, Beim Schlafengehen – texto de Hermann Hesse -, Im Abendrot, texto de Joseph von Eichendorff), una de las músicas más sublimes, en mi modesta opinión, que existen.

Ofrecemos cada una de ellas por una cantante.

Primavera (Frühling) por Renée Fleming:

Septiembre (September) lo canta, sublime y suntuosa, Gundula Janowtiz:

Al irse a dormir (Beim Schlafengehen) lo interpreta Jessye Norman (mortales el solo de trompa y violín):

Crepúsculo (Im Abendrot) lo canta, de nuevo, una de sus mejores intérpretes, Gundula Janowitz. Atención al mágico final de la obra

El ciclo completo lo ofrecemos por otra grande, Elisabeth Schwarzkopf. Lo cierto es que es difícil decidirse entre las versiones completas que grabaron en 1966 la Schwarzkopf con la London Symphony y George Szell y en 1974 la Janowitz con la Filarmónica de Berlín y Karajan. Al final, nos decidimos por la primera, aunque la segunda podría estar perfectamente en su lugar.

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Otros dos compositores celebran el trecentésimo aniversario de su nacimiento (1714) en 2014. Son clásicos y galantes, Christoph Willibald Gluck y Carl Philipp Emmanuel Bach, uno de los hijos más destacados de Bach, junto con Johann Christian.

De Gluck, autor también muy querido por mí y que dedicó muchas óperas a temas mitológicos (Orfeo ed Euridice, Ifigenia en Áulide, Ifigenia en Táuride, Alceste, Eco y Narciso, Paris y Helena, entre otras muchas), ofrecemos la célebre aria de Orfeo Chè farò senza Euridice? de su Orfeo ed Euridice. Lo canta una especialista en el papel, la mezzo Janet Baker:

Y la impresionante obertura de Ifigenia en Áuilide con Furtwängler y la Filarmónica de Viena:

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Muestra del estilo galante de Carl Philipp Emmanuel Bach, aquí tenemos su concierto para flauta travesera en Re menor y el bello concierto para cello en La mayor:

El_greco

Por fin, destacar que en 1614 murió en Toledo el gran pintor, nacido en Creta, El Greco.

Asimismo este año ha sido declarado Año Internacional de la Cristalografía:

Y todo esto el 1 de enero de 2014, el que vuelven a sonar en la Sala Dorada de la Musikverein de Viena los valses y polkas del concierto de año nuevo que, en el 2014, dirige Daniel Baremboim, por segunda vez, la primera fue en 2009, con el siguiente programa:

Eduard Strauß: Helena Quadrille, op. 14
Josef Strauß: Friedenspalmen. Walzer, op. 207
Johann Strauß (Vater): Carolinen-Galopp, op. 21
Johann Strauß (Sohn): Egyptischer Marsch, op. 335, Seid umschlungen, Millionen. Walzer, op. 443, Stürmisch in Lieb’ und Tanz. Polka schnell, op. 393

— Pausa —

Johann Strauß (Sohn): Ouvertüre zur Operette “Waldmeister”, Klipp-Klapp. Galopp, op. 466, Geschichten aus dem Wienerwald, Walzer, op. 325
Josef Hellmesberger jun.: Vielliebchen, Polka française, op. 1
Josef Strauß: Bouquet-Polka, Polka schnell, op. 188
Richard Strauss: Mondscheinmusik aus der Oper “Capriccio”
Joseph Lanner: Die Romantiker, Walzer, op. 167
Josef Strauß: Neckerei. Polka mazur, op. 262, Schabernack. Polka schnell, op. 98
Leo Delibes: Variation dansée (Pizzicati) aus dem Ballett „Sylvia“
Josef Strauß: Dynamiden, Walzer, op. 173, Ohne Sorgen, Polka schnell, op. 271

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Ya que estamos con el concierto de año nuevo, debemos referirnos a los directores que lo han dirigido a lo largo de la historia:

Clemens Krauss lo hizo de 1941 a 1945.

Josef Krips en 1946 y 1947. Lo dirigió por primera vez con 43 años.

Clemens Krauss  de 1948 a 1954. El segundo que más veces lo ha dirigido, 12

Willi Boskovski, el concertino de la orquesta, lo hizo de 1955 a 1979. Difícilmente le arrebatará el récord de dirigir 25 años seguidos tan conocido concierto. Lo empezó a dirigir con 46 años.

Lorin Maazel de 1980 a 1986.

Herbert von Karajan en 1987. Lo dirigió a los 71 años.

Claudio Abbado en 1988.

Carlos Kleiber en 1989.

Zubin Mehta en 1990.

Claudio Abbado en 1991.

Carlos Kleiber en 1992.

Riccardo Muti en 1993.

Lorin Maazel en 1994.

Zubin Mehta en 1995

Lorin Maazel en 1996.

Riccardo Muti en 1997.

Zubin Mehta en 1998.

Lorin Maazel en 1999. En total lo ha dirigido 11 ocasiones.

Riccardo Muti en 2000.

Nikolaus Harnoncourt en 2001.

Seiji Ozawa en 2002.

Nikolaus Harnoncourt en 2003.

Riccardo Muti en 2004.

Lorin Maazel en 2005.

Mariss Jansons en 2006.

Zubin Mehta en 2007.

Georges Prêtre en 2008. Tenía 84 años cuando lo dirigió por primera vez.

Daniel Barenboim en 2009.

Georges Prêtre en 2010.

Franz Welser-Möst en 2011. Lo dirigió por primera vez con 51 años.

Mariss Jansons en 2012.

Franz Welser-Möst en 2013.

Daniel Barenboim en 2014.

Entre los Strauss se han colado este año, Richard Strauss, que nada tiene que ver con Johann padre e hijo, Eduard o Josef, un habitual Hellmesberger, y el francés Léo Delibes. Por cierto, la pieza de Richard Strauss elegida por Barenboim es una auténtica delicia, con su solo de trompa. Es la Mondscheinmusik, o música a la luz  de la luna, de  su ópera Capriccio. Aquí la dirige el propio Strauss a la magnífica orquesta de la radio de Baviera:

En fin, los lectores perdonarán este largo, abigarrado y heterogéneo artículo que sólo pretende desear la paz al mundo y a cada persona en particular, recordar a tres compositores destacados por su centenario este 2014 y referirse al tradicional concierto de año nuevo en Viena. Algún siglo de éstos podré disfrutar en directo de semejante delicia.

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