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Archive for 29 abril 2012

Prosigue esta profusa explicación de Francisco Marcos Marín sobre el complejo y fascinante desarrollo de la Novela de Alejandro.

El viaje aéreo de Alejandro, que tiene eco coránico (XVIII, 83), goza de gran favor en el mundo islámico, lo mismo que el descenso al fondo del mar, y encaja perfectamente en el gusto por los elementos fantásticos. No creamos, sin embargo, que el eco de Alejandro en el mundo islámico se limita a lo que pudiéramos llamar la «literatura fantástica». Alejandro, o Dulcarnain «el de los dos cuernos», distinguido así, como Moisés en la escultura de Miguel Ángel, por un poder especial, es una obra privilegiada de Dios. Ambiciona conquistar, pero también saber: en su torno se teje una serie de colecciones del género bien conocido de «sentencias de los filósofos», frases a veces profundas, a veces simplemente ingeniosas, que responden a la rica experiencia vital del héroe, un héroe que, por otro lado, no lo olvidemos, para poder dar cuenta de cuanto el tradicionalismo islámico le atribuye, habría vivido alrededor de mil seiscientos años.

En el mundo románico, por otra parte, nos encontramos con un conjunto de textos de diversas épocas, metros y autores que recibe el nombre común de Roman d’Alexandre. Sabemos que hubo un poema épico francés, escrito a mediados o en la primera mitad del siglo XII, del que sólo se conserva un fragmento, transcrito precisamente en las últimas páginas de un Quinto Curcio de la Laurentiana. Este poema fue escrito por Alberic de Besançon, nombre que conocemos posiblemente de modo imperfecto gracias al traductor alemán, el clérigo Lamprecht (o Lambrecht). El poema de Alberico se encuentra al inicio del ciclo poético francés de tema pagano; tuvo éxito, como prueba su traducción al alemán. En lo que concierne a su influjo posterior, hacia 1160 se compuso en el Poitou una versión decasilábica, que parece ofrecer mucho más material del que puede suponerse en el fragmento octosilábico de Alberico y constituye a su vez una introducción a la parte más larga, en versos dodecasílabos («alejandrinos» en la métrica francesa, precisamente por ese texto), que forma el núcleo del Roman d’Alexandre, cuya influencia en el Libro de Alexandre español ha sido perfectamente estudiada por Willis. Lambert le Tort de Châteaudun es el autor de esta versión dodecasilábica, pero su versión se fundió inmediatamente con ampliaciones, adiciones y variantes que complican extraordinariamente la línea de la transmisión (cfr. el stemma en Armstrong et al.:II, vi). La versión más o menos unificada y tardía es el resultado de la ampliación del texto de Lambert le Tort por el normando Alejandro de París (p. 1180).

Sin pretender entrar en los complejos problemas de los textos franceses, podemos intentar resumir la situación a partir de tres textos: el octosílabo de Alberico, el decasílabo posterior que depende hasta cierto punto de él, y empalma, incluso físicamente, con el Roman d’Alexandre en dodecasílabos escrito por Lambert le Tort y Alejandro de París. Si ya Alberico rechazaba la parte del pseudo Calístenes que achaca a Nectanebo la paternidad de Alejandro, como algo impropio de un héroe medieval, las versiones posteriores aumentan la carga de hechos extraordinarios para presentar un héroe descomunal, como los de la épica francesa. Este carácter es, curiosamente, mucho menos significativo en el texto español.

El Roman d’Alexandre se divide en cuatro partes o ramas, la más antigua de las cuales podría ser la tercera. En la primera se trata de la infancia y primeros hechos guerreros del héroe, y la primera guerra contra Darío, hasta el sitio de Tiro. La segunda contiene el episodio de Jerusalén y la derrota de Darío. En la tercera se nos presenta la persecución y muerte de Darío, el descenso de Alejandro al fondo del mar, la expedición a la India y sus maravillas, que separan el relato de las dos derrotas de Poro, las columnas de Hércules, las amazonas, la toma de Babilonia y la traición. La cuarta, por último, incluye la muerte y testamento de Alejandro y la lamentación de los doce pares.

Dejamos a un lado los problemas de las interpolaciones, alguna del XIII, de la redacción de cada autor, y de la intervención de otras manos, como la de Pierre de Saint Cloud, para señalar que el núcleo fundamental del Roman estaba ya fijado h. 1190.

Sin embargo, aunque el influjo del poema francés sea notable, el Libro español deriva fundamentalmente de un poema latino, la Alexandreis, recientemente editado por Marvin L. Colker (1978), lo cual ha permitido a nuestro conocimiento sobre la obra ganar en profundidad (y en comodidad, por disponer ahora de una visión conjunta de la información.)

Galterus de Castellione, o Gautier de Châtillon, su autor, fue uno de los poetas cultos del siglo XII de mayor fama. El poema, dividido en diez libros, cada uno de los cuales comienza con una letra del nombre del arzobispo de Reims, GUILLERMUS, consta de unos 5.500 hexámetros dactílicos y fue acabado, según Christensen (p. 10) hacia 1182.

El libro I está dedicado a los consejos de Aristóteles; el II versa sobre el nudo gordiano, la enfermedad del rey y el escudo de Darío. Se ocupa el III de la batalla de Isos y el eclipse. La descripción de la muerte de la esposa de Darío y su mausoleo se halla en el IV, mientras que el V vuelve al tema guerrero, la batalla de Arbela, la huida de Darío y la entrada en Babilonia. El libro VI se dedica a la toma de Persépolis; en el VII muere Darío en una conspiración preparada ya en el libro anterior. Trata el libro VIII de la visita de la reina de las amazonas, de la conspiración contra Alejandro y de la muerte de Bessus, uno de los asesinos de Darío. Alejandro tiene noticia de la vida sencilla de los escitas. La campaña contra Poro, rey de la India, es el tema del libro IX. En el libro X la Naturaleza y las deidades del mundo inferior causan la caída de Alejandro.

De sus tres fuentes principales: Quinto Curcio, Justino y Julio Valerio, el primero es el más usado.

Es necesario tener en cuenta que el éxito de la Alexandreis fue instantáneo. Tan sólo siete años después de su probable fecha de finalización influyó en el epitafio del rey Enrique II de Inglaterra (1189). Pasó inmediatamente a las antologías y a ser fuente de historiadores como Alfonso X, quien lo llama «maese Gualterio de las escuelas», pues ya en el s. XIII había alcanzado la categoría de texto de lectura escolar. Este último aspecto, indudablemente, debe tenerse en cuenta para comprender las diferencias que existen entre los dos manuscritos del Libro de Alexandre, del cual es, sin duda, la fuente primera. Tampoco olvidemos que la Alexandreis fue ampliamente glosada, de modo que su ciclo de anotaciones pasa a ser una rica fuente de datos enciclopédicos. La deuda del Libro con la Alexandreis ha sido detalladamente estudiada por Willis, quien precisa a este propósito la originalidad y características del autor del Libro.

A este poema latino se suman influjos procedentes del mundo árabe (relación con el tema de Gog y Magog) y aventuras fantásticas, que proceden de la tradición calisténica, como el descenso al fondo del mar, o el vuelo, en la faceta de Alejandro como explorador e investigador, también documentada en textos aljamiados moriscos, es decir, textos en lengua románica, sobre todo aragonés, escritos en caracteres semíticos, más frecuentemente árabes.

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Vamos con otras dos preguntas y sus respuestas

4. ¿Por qué llamamos eco al fenómeno que repite nuestras palabras?

5. ¿Por qué la mano izquierda tiene mala fama?

4. Seguro que siempre os habrá sorprendido el fenómeno acústico del eco. Ahora descubrirás quién es la que te contesta cuando estás solo en el bosque o la montaña y gritas.

Narciso era un bello joven que menospreciaba el amor. Narciso es hijo del dios del río Cefiso y de la ninfa Liríope. Al nacer, sus padres consultaron al adivino Tiresias, que les respondió que el niño “viviría hasta viejo si no se contemplaba a si mismo“. Llegado a la edad viril, Narciso fue objeto de la pasión de numerosas doncellas y ninfas, pero siempre permanecía insensible. Narciso se sentía tercamente orgulloso de su propia belleza y rechazaba los numerosos amores que le ofrecían jóvenes de ambos sexos. Finalmente, la ninfa Eco se enamoró de él, pero no consiguió más que las otras. Las versiones sobre Eco y su pérdida de voz son dos. Una está ligada directamente al mito de Narciso. El rechazo de Narciso a acceder a los amores con Eco provocó que ésta, desesperada, se retirara en un lugar solitario, donde adelgazó tanto, que de toda su persona sólo quedó una voz lastimera que repite en ciertos lugares del campo las últimas sílabas de las palabras pronunciadas por las personas. Éste es el origen del eco. La otra versión dice que Eco no podía utilizar su voz, excepto para repetir tontamente la de otra persona.

Era éste un castigo por haber entretenido a la diosa Hera con largas historias mientras las amantes o concubinas de su esposo Zeus hacían su escapatoria. Nos lo cuenta Ovidio, en Metamorfosis III, 356 y siguientes:

adspicit hunc trepidos agitantem in retia cervos

vocalis nymphe, quae nec reticere loquenti

nec prior ipsa loqui didicit, resonabilis Echo.

Corpus adhuc Echo, non vox erat et tamen usum

garrula non alium, quam nunc habet, oris habebat,

reddere de multis ut verba novissima posset.

fecerat hoc Iuno, quia, cum deprendere posset    

sub Iove saepe suo nymphas in monte iacentis,

illa deam longo prudens sermone tenebat,

dum fugerent nymphae. postquam hoc Saturnia sensit,

‘huius’ ait ‘linguae, qua sum delusa, potestas

parva tibi dabitur vocisque brevissimus usus,’

reque minas firmat. tantum haec in fine loquendi

ingeminat voces auditaque verba reportat.

ergo ubi Narcissum per devia rura vagantem

vidit et incaluit, sequitur vestigia furtim,

quoque magis sequitur, flamma propiore calescit,

non aliter quam cum summis circumlita taedis

admotas rapiunt vivacia sulphura flammas.

o quotiens voluit blandis accedere dictis

et mollis adhibere preces! natura repugnat

nec sinit, incipiat, sed, quod sinit, illa parata est

exspectare sonos, ad quos sua verba remittat.

forte puer comitum seductus ab agmine fido

dixerat: ‘ecquis adest?’ et ‘adest’ responderat Echo.

hic stupet, utque aciem partes dimittit in omnis,

voce ‘veni!’ magna clamat: vocat illa vocantem.

respicit et rursus nullo veniente ‘quid’ inquit

‘me fugis?’ et totidem, quot dixit, verba recepit.

perstat et alternae deceptus imagine vocis

‘huc coeamus’ ait, nullique libentius umquam

responsura sono ‘coeamus’ rettulit Echo

et verbis favet ipsa suis egressaque silva

ibat, ut iniceret sperato bracchia collo;

ille fugit fugiensque ‘manus conplexibus aufer!

ante’ ait ‘emoriar, quam sit tibi copia nostri’;    

rettulit illa nihil nisi ‘sit tibi copia nostri!’

spreta latet silvis pudibundaque frondibus ora

protegit et solis ex illo vivit in antris;

sed tamen haeret amor crescitque dolore repulsae;

extenuant vigiles corpus miserabile curae

adducitque cutem macies et in aera sucus

corporis omnis abit; vox tantum atque ossa supersunt:

vox manet, ossa ferunt lapidis traxisse figuram.

inde latet silvis nulloque in monte videtur,

omnibus auditur: sonus est, qui vivit in illa.

Lo contempla a él, cuando temblorosos azuzaba a las redes a unos ciervos, la vocal ninfa, la que ni a callar ante quien habla,  ni primero ella a hablar había aprendido, la resonante Eco. Un cuerpo todavía Eco, no voz era, y aun así, un uso,  gárrula, no distinto de su boca que ahora tiene tenía que devolver, de las muchas, las palabras postreras pudiese.  Había hecho esto Juno, porque, cuando sorpender pudiese bajo el Júpiter suyo muchas veces a ninfas en el monte yaciendo, ella a la diosa, prudente, con un largo discurso retenía mientras huyeran las ninfas. Después de que esto la Saturnia sintió: “De esa”, dice, “lengua, por la que he sido burlada, una potestad pequeña a ti se te dará y de la voz brevísimo uso”. Y con la realidad las amenazas confirma; aun así ella, en el final del hablar, gemina las voces y las oídas palabras reporta. 

Así pues, cuando a Narciso, que por desviados campos vagaba, vio y se encendió, sigue sus huellas furtivamente, y mientras más le sigue, con una llama más cercana se enciende, no de otro modo que cuando, untados en lo alto de las teas, a ellos acercadas, arrebatan los vivaces azufres las llamas. Oh cuántas veces quiso con blandas palabras acercársele y dirigirle tiernas súplicas. Su naturaleza en contra pugna, y no permite que empiece; pero, lo que permite, ella dispuesta está a esperar sonidos a los que sus palabras remita.

Por azar el muchacho, del grupo fiel de sus compañeros apartado  había dicho: “¿Alguien hay?”, y “hay”, había respondido Eco. Él quédase suspendido y cuando su penetrante vista a todas partes dirige, con voz grande: “Ven”, clama; llama ella a aquel que llama. Vuelve la vista y, de nuevo, nadie al venir: “¿Por qué”, dice, “me huyes?”, y tantas, cuantas dijo, palabras recibe. Persiste y, engañado de la alterna voz por la imagen: “Aquí unámonos”, dice, y ella, que con más gusto nunca respondería a ningún sonido: “Unámonos”, respondió Eco, y las palabras secunda ella suyas, y saliendo del bosque caminaba para echar sus brazos al esperado cuello. Él huye, y al huir: “¡Tus manos de mis abrazos quita! Antes”, dice, “pereceré, de que tú dispongas de nos”. Repite ella nada sino: “tú dispongas de nos”. Despreciada se esconde en las espesuras, y pudibunda con frondas su cara protege, y sola desde aquello vive en las cavernas. Pero, aun así, prendido tiene el amor, y crece por el dolor del rechazo, y atenúan, vigilantes, su cuerpo desgraciado las ansias, y contrae su piel la delgadez y al aire el jugo todo de su cuerpo se marcha; voz tan solo y huesos restan: la voz queda, los huesos cuentan que de la piedra cogieron la figura. Desde entonces se esconde en las espesuras y por nadie en el monte es vista,  por todos oída es: el sonido es el que vive en ella.

 La traducción es de Ana Pérez Vega.

5. No sé si lo sabían, pero la mano izquierda ha tenido desde la antigüedad mala fama. Hasta hace relativamente poco, en nuestro país, a los niños zurdos se les obligaba a escribir con la mano derecha, porque se consideraba un defecto el hecho de escribir con la izquierda o de ser zurdo. Una de las acepciones (en concreto una locución adverbial coloquial) de la palabra zurdo en el diccionario de la R.A.L.E. dice: al contrario de como se debía hacer.

Los griegos, antiguos y modernos, le decían y dicen a la mano izquierda ἀριστερά (aristerà), palabra que viene a significar “la más buena”, por aquello de referirse con un eufemismo a una cosa negativa. Otro nombre de la mano izquierda en griego es εὐώνυμος (euónimos) que podemos traducir como “la de buen nombre”. Los latinos decían sinistra y ya sabemos que un hecho trágico se llama un siniestro. Por contra, la mano derecha siempre ha tenido buena fama y de un persona experta en una materia decimos que es “diestro en la materia”.

Y todo esto, ¿por qué? La razón la encontramos en los inicios del mundo, según la mitología griega.

Según ésta, Urano y Gea, el Cielo y la Tierra, son los primeros dioses del universo. El primero nació de la segunda. De su unión surgieron muchos dioses y seres monstruosos, los cuales eran retenidos en el seno de la Tierra por Urano. Gea, que ya estaba llena de ellos, se enfadó e instigó a sus hijos a rebelarse; sólo el más joven de los Titanes, Cronos, que simboliza el tiempo, se atrevió. Agarró un hacha bien afilada y cuando su padre iba a unirse sexualmente con la Tierra, le cogió los genitales con la mano izquierda y con la derecha, donde tenía el hacha, lo castró. Desde entonces, prácticamente el inicio del universo, la mano derecha ha tenido mala fama. Cronos lanzó los genitales de Urano cerca del cabo Drépano, en la actualidad Trapani en la costa noroccidental de Sicilia, (en griego δρέπανον significa “hoz“), pero algunas gotas de la sangre que manaba de la herida cayeron sobre la tierra y de ellas nacieron las Erinias, las Furias, que se vengan de los crímenes de parricidio y perjurio, también llamadas Euménides “las bondadosas“, con un nombre que pretende ganarse su benevolencia. Los nombres de las Erinias son Alecto, Tisífone y Megera.

Esta castración simboliza la separación traumática del cielo y la tierra. Lo hizo, como hemos dicho, el menor de los Titanes, Crono, instigado por su madre Gea. Sorprendió a Urano mientras dormía y sosteniendo sus genitales con la mano izquierda (que adelante se considerará de mal agüero) se los cortó con una hoz.

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¿Somos fundamentales?

Miedo me da la entrevista que publicaba el periódico ABC el pasado sábado 21 de abril en el apartado Primer Plano (página 22). La entrevistada era Montserrat Gomendio, Secretaria de Estado de Educación.

A lo largo de la entrevista se hacen una serie de afirmaciones, por parte del periodista (José Grau) y de la entrevistada, que no entraré a valorar. Son de este tenor:

La mayor parte de la sociedad ha comprendido que estamos en una situación económica muy crítica. Todos tenemos que hacer un esfuerzo para  salir adelante, y ese es el sentido de las medidas que hemos tomado en las últimas semanas.

Pregunto yo: ¿Comprende la sociedad que las medidas de recorte se deben aplicar en educación?

Pregunta el periodista:

Si afirmo que los conciertos educativos están ahorrando un montón de dinero al Estado. ¿Está de acuerdo?

Responde Gomendio:

El concierto es un modelo educativo que le supone al Estado un nivel de inversión menor, pero que en ningún momento debe sustituir al modelo público. No sé si le contesto.

Aceptable la respuesta, pero hay un gran pero: ¿se puede permitir la escuela concertada no aceptar determinado perfil de alumnado? Y todos sabemos a lo que me refiero.

La entrevista continua con la cuestión del concierto educativo:

– Hay mucha gente que entiende los conciertos como un desvío de fondos públicos para intereses privados.
No, no es un desvío para intereses privados. Creo que representan una inversión de fondos públicos en un modelo que está dando buenos resultados, pero que de ninguna manera debe sustituir a la escuela pública.

Insiste la Secretaria en una aparente defensa de la escuela pública.

El entrevistador realiza luego una pregunta sorprendente

Los institutos de secundaria cuando usted hizo el bachillerato tenían una fama excelente. ¿Por qué la gente ahora huye de ellos?

Que la Secretaria matiza:

Un tanto por ciento muy elevado de alumnos va a los colegios públicos. No se puede decir que la gente los rehúya. Lo que ocurre es que han ido empeorando. La pieza clave de nuestra reforma educativa es la carrera docente. Vamos a desarrollar un estatuto del docente que permita atraer a los mejores.

Yo me pregunto: ¿han ido empeorando? ¿por qué? ¿cómo se atraerá a los mejores a la carrera docente, con el desprestigio que ha acumulado en los últimos años en amplias capas sociales?

Luego el entrevistador realiza una afirmación acertada, y muy real, por la que pregunta a la Secretaria:

En España maltratamos la formación humanística como en ningún sitio. ¿Ha pensado alguna vez en eso el ministerio?

La respuesta es, cuanto menos, difícil de analizar sintácticamente:

No soy consciente de las razones que lleven a argumentar que se maltrate a las ramas humanísticas. ¿?

El entrevistador (¡bien!) se erige en defensor de las clásicas, cuando pregunta:

Por ejemplo, se da poco Latín y ningún Griego en el bachillerato.

La respuesta es lo que yo llamo salirse por la tangente:

Parte de la reforma educativa consistirá en centrarnos en las asignaturas que consideremos fundamentales y eliminar optatividad. En la universidad, lo que hemos observado no es que las humanidades no se consideren importantes, sino que hay demasiadas titulaciones. El camino hacia el futuro pasa por una mayor especialización de las universidades, que no intenten todas ofertar todas las titulaciones. Consideramos lógico el mantenimiento de titulaciones importantes, pero que se oferten en menos facultades y que haya una mayor movilidad de estudiantes. Normalmente nuestros estudiantes va a la universidad que está más cerca de donde conviven con su familia. Lo habitual tendría que ser ir a la universidad que ofrece el producto que uno busca.

Ninguna alusión a la pregunta formulada. ¿O sí? ¿Serán el latín y griego asignaturas fundamentales para nuestro ministerio de educación? ¿Eliminar optatividad? Griego y Latín  son materias  de modalidad que, en muchos centros, deben elegirse en una opción triple o doble. En el mío doble en 1º, junto con Matemáticas, y en 2º con Historia del Arte. Referentes y Fundamentos, optativas. ¿Peligrarán de nuevo nuestras asignaturas? ¿Por qué no dice nada en su respuesta del Latín y el Griego la Secretaria? Algo así como: “tiene Usted razón y lo vamos a corregir” o “no comparto esa opinión, porque…” ¿O debemos entender que ese “Parte de la reforma educativa consistirá en centrarnos en las asignaturas que consideremos fundamentales”  es un apoyo implícito a nuestras asignaturas?

En fin, un silencio sospechoso o preocupante.

Espero que la señora Gomendio tome como razones para calificar de fundamentales a las asignaturas de Latín y Griego las que aparecen en la Introducción del apartado dedicado a las respectivas asignaturas en el DECRETO 102/2008, de 11 de julio, del Consell, por el que se establece el currículo del bachillerato en la Comunitat Valenciana.

Griego

La materia de Griego en el bachillerato aporta las bases lingüísticas y culturales precisas para entender aspectos esenciales de la civilización occidental que se han mantenido vigentes a lo largo de nuestra historia, como resultado de una larga tradición que surgió de Grecia y Roma y en la que todavía hoy vivimos inmersos. De ahí el gran interés de su presencia en el currículo y en especial en el de aquellos estudiantes que realicen una primera profundización en el campo de las Humanidades, las Ciencias Sociales o la Lingüística.

Una de las mayores justificaciones de las lenguas clásicas en la enseñanza ha sido la de que desarrolla el pensamiento lógico de los estudiantes por medio del trabajo de traducción. Si bien esta razón por sí sola no justificaría la implantación de esta materia en un plan de estudios, puesto que muchas otras materias podrán servir para la misma finalidad, no deja de ser cierto que el desarrollo del pensamiento lógico sigue siendo un factor importante en la enseñanza del griego.
El orden lineal de la lengua griega resulta frecuentemente ininteligible para el lector español, educado en un orden lineal distinto, hasta que descubre, razonando sobre el texto, mediante la forma y función de las palabras, las conexiones entre éstas. Por otra parte, teniendo el estudio del griego un amplio campo interdisciplinar, las referencias a otras materias como la Filosofía, la Historia, la Literatura inciden también en el desarrollo de la capacidad de comprensión.
Cuando analizamos la realidad que nos circunda en el mundo actual, no podemos evitar las referencias al mundo griego. Prácticamente todo lo que hace referencia a la conducta del ser humano ya se dio en él, ya se estudió en él, y de ello nos han llegado abundantísimos testimonios de la época, así como referencias de épocas posteriores. Así, temas candentes de la vida contemporánea, como el amor y la guerra, la libertad y la esclavitud, el ciudadano y el estado, la vida y la muerte, el hombre y la divinidad, están tratados en el mundo griego tan profusamente como en el actual, de lo cual se pueden extraer muchas enseñanzas.

Latín

El estudio de la lengua y cultura latinas es necesario para la formación del alumnado que ha optado, dentro del Bachillerato, por un acercamiento y profundización iniciales en el campo de la Lingüística, las Humanidades y las Ciencias Sociales. Dado que las lenguas oficiales de la Comunitat Valenciana son lenguas derivadas de la lengua latina, el Latín indudablemente contribuirá, muy directamente, al mayor dominio de ellas aportando conocimientos sobre las estructuras morfológicas, sintácticas y léxicas de la lengua origen y sobre la evolución de dicha lengua a cada una de las
romances, así como sobre la relación que entre ellas se establece por su origen común.
Un estudio del léxico latino de uso más frecuente y con más aprovechamiento en la evolución en las lenguas romances, junto con el estudio de los mecanismos de esta evolución, favorecerá el enriquecimiento del léxico utilizado en la propia lengua, y la facilidad de modificación, derivación y composición.
El conocimiento de los pilares y del origen de tantas y tantas instituciones que en el mundo occidental derivan directamente del mundo clásico, colaborará al análisis crítico de realidades del mundo contemporáneo. De ahí que el estudio que se propone en este currículo no sea exclusivamente lingüístico, sino también cultural e institucional.

El acercamiento a la lengua y a la cultura de Roma, que junto con la de Grecia, es la base de nuestra civilización occidental, se basará fundamentalmente en el análisis, traducción e interpretación de textos latinos, combinado con la lectura y comentario de textos traducidos a las lenguas de la Comunitat Valenciana que permitan una introducción más rápida al mundo clásico. El estudio científico de cualquier lengua se verá ayudado por el estudio de la lengua que constituye su origen. En este sentido, el estudio de la lengua latina facilitará el estudio sistemático y científico no sólo de la propia lengua, sino también de todas aquellas sobre las cuales ha ejercido una influencia remarcable.

Al final de la entrevista se ofrece un DECÁLOGO DEL AHORRO EDUCATIVO

Primaria y secundaria
1 Aumento en un 20% del número máximo de alumnos por clase previsto en la LOE: 25 en primaria y 30 en secundaria. En la actualidad la LOE ya contempla un incremento del 10%.
2 Aumento de las horas lectivas del personal docente. Mínimo de 25 horas en infantil y primaria y de 20 horas en el resto.
3 Aplazamiento de los ciclos formativos de 2.000 horas previstos en la LOE para grado medio y grado superior.
4  Las bajas de profesores inferiores a 10 días lectivos deberán ser atendidas por los recursos del propio centro.
5 Supresión de la obligatoriedad de ofertar al menos dos modalidades de bachillerato en los términos de la LOE. Ahora bastaban tres días. (esta última frase no sé bien a qué se refiere)

Pues eso; a esperar que la anunciada reforma educativa, que, según la Secretaria, se centrará en las asignaturas fundamentales, considere entre ellas a Griego y Latín.

Muchos han sido los ataques a nuestras asignaturas; grande la defensa. ¿Cabe esperar una nueva andanada? ¿Somos fundamentales? La etimología de la palabra parece indicar que sí: Grecia y Roma son el fundamento de la cultura europea occidental. No serán capaces de considerar no fundamentales el Griego y el Latín.

En todo esto, como ya he comentado más veces ha habido desatinos y barbaridades. La casualidad ha querido que en la página en la que aparece la entrevista a la señora Gomendio se pueda ver esta propaganda de Balay:

En materia educativa ¿SE NOS HA IDO LA PINZA? o SE NOS HA IDO LA PINZA.

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Seguimos con la fuente principal para el mito de Apolo y Dafne en los poetas, los libretistas y los pintores, y que no es otro que las Metamorfosis de Ovidio, obra de la que estamos dando unas pinceladas.

Entre las metamorfosis descritas por Ovidio, que sobrepasan el número de 250, son numerosas las historias de amor tierno e inocente y los amores extraños, como el que despierta en Pigmalión la bella estatua que él mismo ha modelado. Es curiosa la historia de Narciso, que se muestra esquivo con la ninfa Eco, por estar ensimismado en la contemplación de su propia imagen. No faltan las pasiones delictivas, como la de Medea, o los amores que acaban en tragedia, como los de Príamo y Tisbe, los relatos fantásticos, como el de Faetón conduciendo el carro del Sol, o la negra desolación de Níobe en medio de sus hijos atravesados por las flechas de Apolo y Diana. Tampoco faltan episodios en los que el poeta hace gala de gran penetración psicológica, como en el análisis del alma conturbada de Medea, Biblis o Mirra. En otros pasajes alcanza las altas cimas de la poesía épica, como en la descripción de la lucha de Perseo y Fineo o en la del rapto de Prosérpina.

En cada uno de estos relatos hemos de buscar los pequeños detalles, en los que despliega su fantástica imaginación poética, para adornarlos con los más bellos colores. Son esos pequeños detalles que de él han aprendido los mejores poetas, dotados, como él, del don de la observación y de una imaginación colorista y sensual. Pues bien, dentro de esta obra, en el libro I, versos 452 – 566, hallamos la metamorfosis de la ninfa Dafne en laurel (recuérdese que en griego δάφνη significa precisamente laurel), como consecuencia de la persecución a la que se ve sometida por parte del dios Apolo. El poeta prescinde de la variante laconia de la leyenda, según la cual Dafne era hija de Amiclas. Amante de la caza y de carácter esquivo, no vivía en las ciudades, sino que pasaba el tiempo corriendo por los montes.

Era la favorita de Ártemis. Leucipo, hijo del rey de Élide, Enómao, se enamoró de ella, y para acercarse a ella, se puso un vestido de mujer y se mezcló con sus compañeras. Y he aquí que Dafne le cobró afecto bajo este disfraz y jamás se separaba de él. Entonces Apolo, sintiéndose celoso y viendo que Leucipo estaba a punto de ser amado, inspiró a Dafne y sus compañeras el deseo de bañarse en una fuente. Leucipo se resistía a desnudarse, pero sus compañeras lo obligaron, y descubrieron la superchería; se arrojaron sobre él con sus lanzas, pero los dioses lo volvieron invisible. Apolo se precipitó para coger a Dafne; sin embargo, ésta consiguió huir y, a ruego suyo, Zeus la transformó en laurel. Desde entonces esta planta ha sido el distintivo de los vencedores en los juegos deportivos, sobre todo los Píticos, instituidos por Apolo tras vencer a la serpiente Pitón en Delfos. Antes el ornamento de los vencedores eran hojas de encina.

La versión de Ovidio tiene como finalidad justificar el adorno arbóreo, en forma de laurel, del dios de Delos. En efecto, en un principio el dios se ceñía sus sienes con hojas de cualquier árbol y los jóvenes que participaban en los Juegos Píticos, que Apolo había instituido para conmemorar su victoria sobre la serpiente Pitón, recibían como condecoración hojas de encina, pues todavía no existía el laurel (nondum laurus erat) como el propio Ovidio nos ha dicho en los versos 445-450 de este libro I, dedicado a Pitón y que precede al relato que nos ocupa.

En efecto, en Delfos había un dragón o serpiente, de nombre Pitón, encargado de proteger un antiguo oráculo de Temis. Otra versión dice que Pitón era hijo de la Tierra, y poseía por ello el don del vaticinio. Pitón causaba estragos en la región y había sido el que había perseguido, por orden de Hera, a Leto cuando pretendía dar a luz. Apolo liberó a la región del animal e instituyó su oráculo en Delfos, apoderándose o sustituyendo al de Temis. Luego recubrió con la piel de Pitón el trípode desde el que la Pitia pronunciaba sus vaticinios. Se decía que Pitón estaba enterrado justo debajo del ónfalos (la piedra que simbolizaba el centro del mundo) del templo de Delfos. En recuerdo de su hazaña, o tal vez para aplacar la cólera del monstruo después de muerto, fundó en su honor unos juegos fúnebres, que se llamaron Juegos Píticos, cuyos ganadores, en un principio, eran coronados con hojas de encina.

El relato de Ovidio lo podemos dividir en tres bloques temáticos o de contenido:

a) Episodio de la herida (452 – 476)

b) Episodio de la huida y la persecución (476 – 542)

c) Episodio de la metamorfosis o transformación (543 – 566)

Ofrecemos a continuación el texto latino y la traducción española de cada una de estas tres partes.

1. La herida:

Primus amor Phoebi Daphne Peneïa: quem non

fors ignara dedit, sed saeua Cupidinis ira.

Delius hunc nuper, uicto serpente superbus,

uiderat adducto flectentem cornua neruo 455

quid” que “tibi”, lasciue puer, cum fortibus armis?”

dixerat, “Ista decent umeros gestamina nostros,

qui dare certa ferae, dare uulnera possumus hosti,

qui modo pestifero tot iugera uentre prementem

strauimus innumeris tumidum Pythona sagittis”. 460

Tu face nescio quos esto contentus amores

inritare tua nec laudes adsere nostras!”

Filius huic Veneris” figat tuus omnia, Phoebe,

te meus arcus“, ait “quantoque animalia cedunt

cuncta deo, tanto minor est tua gloria nostra.” 465

Dixit et eliso percussis aere pennis

inpiger umbrosa Pamasi constitit arce

eque sagittifera prompsit duo tela pharetra

diuersorum operum: fugat hoc, facit illud amorem;

quod facit, auratum est et cuspide fulget acuta, 470

quod fugat, obtusum est et habet sub harundine plumburn.

Hoc deus in nympha Peneïde fixit, at illo

laesit Apollineas traiecta per ossa medullas:

protinus alter amat, fugit altera nomen amantis

siluarum latebris captiuarumque ferarum 475

exuuiis gaudens innuptaeque aemula Phoebes;

El primer amor de Apolo fue la ninfa Dafne, la hija de Peneo, y no fue

producto del ciego destino, sino por la ira violenta de Cupido. A

éste lo había visto el Delio 1, orgulloso de su victoria sobre la serpiente,

en el momento en que el otro doblaba los extremos de su 455

arco tirando de la cuerda, y le dijo: “ ¿Qué tienes tú que ver, niño

retozón, con las armas de los valientes? Llevar esa carga me cuadra

a mí, que sé dirigir golpes infalibles a una fiera o a un enemigo,

que hace poco he tendido por tierra, hinchada por mis innúmeras 460

flechas, a Pitón, la alimaña que con su vientre venenoso

oprimía tantas yugadas de tierra. Tú conténtate con estimular con

tu antorcha no sé qué pasiones amorosas, y no trates de aspirar a

la gloria que me es propia. “A lo que respondió el hijo de Venus:

“Aunque tu arco atraviese todo lo demás, el mío te va a atravesar

a ti, y en la misma medida en que todos los animales son inferiores

a la divinidad, otro tanto es menor tu gloria que la mía “. Dijo, 465

y batiendo las alas se abrió camino por los aires y fue raudo a

detenerse en la sombreada cima del Parnaso, donde sacó de su

aljaba portadora de flechas dos dardos de diferente efecto; el uno

hace huir al amor, el otro lo produce. El que lo produce es de oro,

y resplandece su afilada punto; el que lo hace huir es romo y tiene  470

la caña guarnecida de plomo. Este fue el que clavó el dios en la

ninfa del Peneo, mientras que con el otro hirió hasta la médula

de Apolo después de atravesarle los huesos. En el acto queda el

uno enamorado; huye la otra hasta del nombre del amor, y se

complace en las espesuras de las selvas y en los despojos de las  475

fieras que cautiva, émula de la virginal Febe 2.

Notas:

  1. Leto dio a luz a Ártemis que ayudó a su madre a traer al mundo a Apolo en la isla de Ortigia. Éste, agradecido a la isla, la fijó en el centro del mundo y le dio el nombre de Delos, “la brillante”. Delos se halla en el archipiélago de las islas Cícladas, así llamadas porque forman un círculo (en griego κκλος) en torno a Delos.
  2. Ártemis o Diana, la virginal hermana gemela de Apolo o Febo, la diosa de los bosques y la caza, que también se llama Febe como su abuela, la Titánida Febe.

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Sigue ahora otro apartado del estudio de Francisco Marcos Marín.

Desarrollo de la Novela de Alejandro

A partir de la Novela empieza la gran difusión de la leyenda por todas las literaturas cultas o escritas. A ella se añaden otros textos. Por ejemplo, a la traducción de Julio Valerio, del siglo IV d. J. C. (entre el 310 y el 330, más probablemente, según Merkelbach, p. 17), se suman un texto histórico anterior, como la Vida de Alejandro en la serie de Vidas paralelas escritas en griego por Plutarco (46 – p. 119 d. J. C.), o textos literarios – didácticos como la «Conversación de Alejandro con Dindimo, rey de los brahmanes», y la «Epístola de Alejandro a Aristóteles sobre las maravillas de la India», conservada esta última como texto independiente completo en su versión latina, muy difundida en la Edad Media a juzgar por el enorme número de manuscritos supervivientes, y conservada también parcialmente, de dos formas distintas, en dos distintas redacciones griegas de la Novela de Alejandro. La epístola contiene la profecía de la muerte del rey por envenenamiento y es por ello esencial en el desarrollo de la leyenda.

Aparte de la versión latina de Julio Valerio, que sigue un códice de la llamada recensión , y que se difundió más a través de un epítome o resumen, Oriente proporciona una segunda versión, quizás de mayor importancia, a partir de un texto griego, ahora de la redacción , también traducido al latín, en el siglo X. No se conserva el original de la traducción, pero sí un manuscrito latino (Bambergensis E. III. 14) en cuyo prólogo un narrador nos cuenta que el arcipreste León fue a Constantinopla como embajador de los duques de Campania Juan y Marino ante los emperadores Constantino VII Porfirogénito y Romano II, hacia el año 950. Terminada la embajada recogió varios códices griegos, entre los cuales figuraba una versión de la Novela de Alejandro que tradujo a su regreso a Nápoles, después del 952, por encargo del duque Juan. Este texto es la base de la famosísima Historia Alexandri Magni regis Macedoniae de Praeliis, o Nativitas et Victoria Alexandri Magni regis.

No acaban ahí las aportaciones orientales: de un manuscrito griego emparentado con el del arcipreste León se hizo una versión que pasa por el árabe, a través de un tortuoso camino, que no me resisto a mencionar, para que podamos hacernos una idea de los vericuetos que recorren las obras literarias en una época como la Edad Media, que nos gusta presentarnos de un manera tan simplista como falsa:

El texto griego fue traducido primero, en el Irán, al pelví o persa medio, al final de la época sasánida, según Nöldeke. Este texto pelví, no posterior al siglo VII, en todo caso, se perdió; pero no sin ser antes traducido al siriaco por un sirio nestoriano. De esta versión siriaca se hizo la primera traducción al árabe, perdida también. La traducción árabe sirvió de base para una retraducción al etíope, de manera que entre el antecesor siriaco y el sucesor etíope podemos saber bastante bien cómo fue el texto árabe.

Otra segunda traducción al árabe nos testimonia, en cambio, la difusión de las versiones latinas, porque se trata de una retraducción, a partir del latín, no del de Julio Valerio, sino de la Historia … de Praeliis, más o menos interpolada. De esta segunda versión árabe, también perdida, deriva una traducción hebrea, de Samuel ibn Tibbon de Arles, entre 1199 y 1204, la cual hace suponer a García Gómez que la versión del latín al árabe se hizo a mediados del siglo XII. Testimonio de la vitalidad de la leyenda árabe de Alejandro en España es su difusión entre los moriscos, donde se nos ha conservado. Por otra parte, la azora XVIII del Alcorán, en la que interviene el héroe, con el apodo árabe de Dulcarnain, es buena prueba del temprano conocimiento que los musulmanes tuvieron de estas leyendas.

En las versiones al árabe deben distinguirse las antiguas y las modernas. Relacionado con las antiguas, posiblemente con la primera, tenemos el texto editado y traducido en 1929 por García Gómez, quien, por desgracia, no pudo aprovechar más que apresuradamente (como reconoce en págs. CXVIII y CXIX) los Beiträge de Nöldeke. Las versiones modernas al árabe proceden de la redacción, los antecedentes griegos son del siglo XV. El autor de la versión al árabe desde el griego moderno, como ha demostrado Trumpf (p.22), corrigiendo a Nöldeke (p.54), fue el monje ortodoxo del Sinaí Yuwâsif ibn Suwaidân, quien llevó a cabo su trabajo en Estambul:disponemos incluso de una fecha, febrero de 1671.

La literatura islámica en árabe ofrece también un muy rico desarrollo de la leyenda alejandrina, que va más lejos de la Novela, por no decir nada de la riqueza del tema en la literatura persa, o su extensión a otras del mundo islámico, desde Turquía a Malaya.

Nöldeke, de quien tomó esos datos García Gómez, tuvo ya ocasión de estudiar la leyenda cristiano siriaca de Alejandro, compuesta en los años 514, 515 d. J.C., conservada en los manuscritos siriacos de la Novela. En ella el héroe se ha convertido en un asceta cristiano. El obispo siriaco Jacobo de Sarug aprovechó esta leyenda ascética en el año 521, para componer su Homilía, en la cual se desarrolla otro de los mitos alejandrinos, el que se plasmaría en latín, en el siglo XII, como Alexandri Magni Iter ad Paradisum. Esta leyenda, junto a la expedición de Alejandro a la fuente de la vida (que él no logra descubrir, pero sí su cocinero, casualmente), y otros textos legendarios, ocupa en el mundo islámico un lugar de honor, al pasar a la azora XVIII del Alcorán. Ello motiva, necesariamente, que los investigadores islámicos de la tradición se hayan ocupado minuciosamente de la figura de Alejandro. Los aspectos correspondientes a la literatura tradicionalista islámica (hadiz) fueron estudiados por Friedländer, en 1913, los de la literatura popular y el Alejandro «sudarábigo» en 1978 por Nagel. Las maravillas de la India, el viaje a las fuentes de la vida, y los pueblos de Gog y Magog, contra los que se levanta una muralla, cuya puerta se abrirá cuando empiece la época de la destrucción de los pueblos conocidos, son los aspectos más notables del ciclo legendario. Dentro de éste, las leyendas tienen, cada una, un variadísimo recorrido. La de Gog y Magog, por ejemplo, es posible que llegara a la Novela desde fuentes judías. El historiador Flavio Josefo, p. ej., la conocía a partir de esta fuente.

Las narraciones legendarias tienen a menudo su ciclo completo independizado. Ocurre esto con el episodio de la conversación de Alejandro con los gimnosofistas, o brahmanes, en la línea de interpretación moral de la figura, que tendrá gran éxito.

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Iniciamos con éste una serie de artículos que tiene por objeto destacar la importancia de la lengua griega y del mundo griego clásico en la explicación de muchas, variadas y curiosas cuestiones. De paso, si los artículos sirven para satisfacer a personas curiosas o entretener siendo útiles (et prodesse et delectare, en una variación del verso 333 del Arte Poética de Horacio: aut prodesse volunt aut delectare poetae), tanto mejor.

Si quieren Ustedes saber la respuesta a las preguntas que siguen deberán saber algo de griego o del mundo clásico heleno.

  1. ¿Por qué el símbolo químico del rodio es Rh?
  2. ¿Por qué los hombres, anatómicamente, no pueden ponerse histéricos?
  3. ¿Por qué CAMPSA era un monopolio?

Vamos con las respuestas.

1. El rodio (número atómico 45)  es un metal que en pequeñísima cantidad se halla algunas veces combinado con el oro y el platino. Es de color blanco de plata, no le atacan los ácidos y es difícilmente fusible. Su cloruro es de color rojo intenso. El cloro lo ataca a temperatura elevada formando el cloruro Cl3 Rh, de color rojo. El rodio se extrae del osmiuro de iridio que es el residuo que queda al atacar el platino bruto con agua regia. Número atómico: 45. Símbolo: Rh. Fue descubierto en 1803 por Wollaston junto con el paladio.

Es un metal de transición, de color blanco plateado muy escaso y perteneciente al grupo del platino. Se extrae en las minas de platino y el 80% de su uso industrial es como componente de  catalizadores para la industria automovilística , también se utiliza en aplicaciones eléctricas, por su baja resistencia a la electricidad y alta resistencia a la corrosión, así como  en joyería. La producción mundial anual de rodio es extremadamente pequeña. El 82% procede de Sudáfrica, el 14% de Rusia, el 2% de EE. UU. y el restante 2% de otros países.

Su nombre procede del griego ῥόδον (ródon) que significa “rosa“ por el color de las sales del metal y de la mayor parte de sus compuestos. Existía en griego clásico un adjetivo ῥόδεος que significaba “hecho de rosas, de color de rosa“ (en latín rhodinus). El símbolo químico Rh se debe a la transcripción latina en rh de la consonante griega . En latín se transcribía como rhodon y rhodinum. Por su parte, la palabra griega ῥόδον que procede de *Ϝρόδον y ésta, a su vez, de *wrdo procede de una lengua de Oriente, quizás del iranio wrda de donde el persa gul, como el armenio vard.

2. En medicina la histeria es una enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos.

El nombre deriva de la palabra griega para matriz o útero (ὑστέρα, de donde también procede el término histerectomía, o extirpación de la matriz) porque en la época de Hipócrates, se creía que el útero era un órgano móvil, que deambula por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llega al pecho. A este desplazamiento se le atribuían los trastornos sintomáticos, esto es, la sofocación o las convulsiones.

La etimología de la palabra recoge, por tanto, esa idea: la histeria como una enfermedad del útero y, por lo tanto, propia de la mujer, que causa trastorno en el comportamiento psicológico.

Por ello, los hombres, al carecer de este órgano, anatómicamente, no pueden ponerse histéricos.

3. CAMPSA son las siglas transformadas en acrónimo de Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos Sociedad Anónima) fue una empresa española creada en 1927 gracias a la Ley del Monopolio de Petróleos de 1927.

Un monopolio es definido por el diccionario de la RAE así:

monopolio. (Del lat. monopolĭum, y este del gr. μονοπλιον)

1.     m. Concesión otorgada por la autoridad competente a una empresa para que esta aproveche con carácter exclusivo alguna industria o comercio.

La palabra significa en griego “derecho de monopolio”. Aparece, por ejemplo, en Diodoro Sículo, Bibliotheca Historica V, 10

 

ἔχει δ᾽ νῆσος αὕτη τὰ διαβεβοημένα μέταλλα τῆς στυπτηρίας, ἐξ ἧς λαμβάνουσιν οἱ Λιπαραῖοι καὶ Ῥωμαῖοι μεγάλας προσόδους. οὐδαμοῦ γὰρ τῆς οἰκουμένης τῆς στυπτηρίας γινομένης καὶ πολλὴν χρείαν παρεχομένης, εἰκότως μονοπώλιον ἔχοντες καὶ τὰς τιμὰς ἀναβιβάζοντες πλῆθος χρημάτων λαμβάνουσιν ἄπιστον: ἐν μόνῃ γὰρ τῇ νήσῳ Μήλῳ φύεται μικρά τις στυπτηρία, μὴ δυναμένη διαρκεῖν πολλαῖς πόλεσιν.

Y esta isla (Lípari) contiene las minas muy famosas de tierra astringente (alumbre), del cual los habitantes de Lípari y los romanos obtienen grandes ingresos. Porque al no haber alumbre en ninguna otra parte del mundo habitado y ser éste de gran utilidad, es lógico que, porque disfrutan de un monopolio del mismo y pueden aumentar el precio obtienen una cantidad increíble de dinero, porque sólo en la isla de Melos se ha encontrado un depósito de alumbre, pero uno pequeño, que no puede ser suficiente para muchas ciudades.

Sobre esto tenemos que decir que el nombre de aluminium deriva de la alúmina y ésta del alumbre que en principio lo hace del latín alumen, aluminis. Sin embargo, la piedra del alumbre (sulfato doble de aluminio y potasio) fue conocida desde épocas muy remotas. Los egipcios lo usaban dos milenios antes de Cristo, con el nombre de ybn. En la biblioteca de Assurbanipal, en Nínive (660 a. C.), entre las 125 sustancias minerales registradas y descritas, se hacía referencia a dicho compuesto. Los hebreos lo conocían como alam, y así aparece en la Biblia. Los griegos lo usaban como stipteria (στυπτηρία), por su carácter astringente. Diodoro Sículo, del siglo I a. C., como acabamos de ver, relata que los romanos exportaban  alumbres de las islas Lípari, para uso de las tintorerías fenicias (púrpura de Tiro). Las referencias más precisas las hace Plinio en el tomo 35 de su historia natural. Allí habla del alumen nigrum (sulfato férrico) y del alumen candidum, que es lo que se conoció posteriormente como alumbre. Ambos se emplearon para el curtido de pieles, pero este último especialmente para dar mordiente a los tejidos que después teñían. Sin embargo, las referencias de Plinio no parecen muy consistentes al mezclar dos sustancias químicamente tan diferentes.

Existe también el verbo μονοπωλέω (disfrutar un monopolio). Este verbo está formado por el prefijo μονο (solo, único) y el verbo simple πωλέω (vender).

CAMPSA era un monopolio, porque era la única compañía que vendía petróleo.

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Una de las esculturas que desde siempre más me han impresionado es la de “Apolo y Dafne” de Bernini, que se puede admirar en la Galleria Borghese de Roma. El trabajo del escultor con el mármol, especialmente en los miembros de Dafne convertidos en ramas y hojas, o en sus cabellos, o en las caras de ambos personajes o su postura forzada, es realmente prodigioso. Me parece acertado este comentario de Artehistoria:

Lo esencial de esta obra es que Bernini aporta una reflexión plástica sobre las transformaciones de la materia y la forma con esa insólita valentía con que traslada al mármol los versos ovidianos, trocando en pura energía dinámica una composición estática, complicada por los gestos en espiral. Con un incomparable virtuosismo técnico y fáctico, dándole al mármol la transparencia del alabastro y confiriéndole la morbidez de la cera, ilustró el instante en que los tiernos miembros de Dafne se transforman en dura corteza y en ramas de laurel; pero, además, puliendo las superficies de los cuerpos para que los acaricie la luz o entretallando otras para que se concentre, subrayó la tensión emocional entre el estupor de Apolo y el horror de Dafne.

La obra, además, permite un recorrido visual por parte del espectador que puede captar el momento de la transformación, desde la contemplación de la conversión en hojas y ramas de sus brazos y piernas a la definitiva transformación en árbol, perceptible si nos situamos a las espaldas de Apolo, ya que el dios nos tapa a la ninfa y sólo vemos un árbol.

Movimiento y dinamismo temporal son otros valores de la escultura. La postura de ambos personajes, con los brazos extendidos y apoyados en un solo pie, la agitación de los cabellos y las líneas diagonales del conjunto son todo un homenaje al movimiento. El tiempo es también tratado por el artista que ha plasmado el momento preciso en que Dafne empieza a convertirse en laurel, mutando su cuerpo, cambiando su apariencia en una comparación con nuestra vida y nuestro cuerpo que experimenta cambios continuos. Es lo que afirma Pitágoras en el final de las Metamorfosis de Ovidio (XV, 214 y siguientes):

‘Nostra quoque ipsorum semper requieque sine ulla

corpora vertuntur, nec quod fuimusve sumusve,

cras erimus; fuit illa dies, qua semina tantum

spesque hominum primae matris latitavimus alvo:

artifices natura manus admovit et angi

corpora visceribus distentae condita matris

noluit eque domo vacuas emisit in auras.

editus in lucem iacuit sine viribus infans;

mox quadrupes rituque tulit sua membra ferarum,

paulatimque tremens et nondum poplite firmo

constitit adiutis aliquo conamine nervis.

inde valens veloxque fuit spatiumque iuventae

transit et emeritis medii quoque temporis annis

labitur occiduae per iter declive senectae.

 

También nuestros mismos cuerpos se están transformando siempre y sin reposo alguno, y ni lo que hemos sido ni lo que somos lo seremos mañana; hubo un día en que, siendo solamente semilla y esperanza de hombres, vivíamos en el vientre de nuestra primera madre: la naturaleza nos tendió sus manos creadoras y no quiso que nuestros cuerpos estuvieran agobiados y ocultos en las entrañas de una madre distendida, y de casa nos hizo salir al aire libre. El infante, sacado a la luz, permaneció tendido sin fuerzas; después a cuatro patas y a la manera de los animales trasladó su cuerpo; y poco a poco, temblando y con las corvas no seguras todavía, se puso en pie ayudando a sus músculos con algún apoyo. Más tarde fue fuerte y rápido y pasa el tramo de la juventud y después de consumir también los años de la época intermedia se desliza por el camino inclinado de la vejez que se acerca al ocaso.

La traducción es de Antonio Ruiz de Elvira en la colección Alma Mater del CSIC.

Por otro lado, siempre me ha parecido la obra una alegoría de la labor del escultor que trabaja su materia prima, en este caso el mármol. La transformación de Dafne en laurel como alegoría de la transformación del frío y estático mármol en un grupo escultórico vitalista y lleno de movimiento.

El de Apolo y Dafne siempre ha sido uno de mis mitos favoritos y es una suerte que tenga tratamiento en tres grandes artes: la plástica, la literatura y la música.

En la serie que ahora iniciamos vamos a dar un breve repaso a estas manifestaciones del mito de Apolo y Dafne. El repaso será desigual, ya que dedicaremos más tiempo a la literatura y la música y menos a la pintura y escultura, ya que en éstas nos limitaremos a ofrecer imágenes del mito que servirán de apoyo visual a los textos.

Y comenzamos por la literatura y, en concreto, por la poesía española de los siglos XVI y XVII.

Si queremos analizar el tratamiento que del mito de Apolo y Dafne hicieron los poetas españoles del Siglo de Oro, forzosamente hemos de tomar como punto de referencia el relato que del mismo realiza Publio Ovidio Nasón (43 a. C. – 17 d. C.) en el libro I (versos 452 – 566) de sus Metamorfosis.

Es ésta la obra que representa la culminación de la labor poética del poeta de Sulmona y ocupa un lugar destacado en la historia de la literatura universal. A pesar de dar la impresión de ser un mero complejo de narraciones míticas, constituyen un verdadero poema científico-filosófico, en el que el autor trata de emular De rerum natura de Lucrecio. A través de sus 12. 000 hexámetros, repartidos en 15 libros, podemos distinguir el hilo conductor, que comienza en la primera metamorfosis, la conversión del caos en el mundo organizado, y prosigue, siguiendo la guía cronológica de las genealogías, hasta la transformación de César en astro, al final del poema En este final además el sabio Pitágoras expone en un profético discurso de extraordinaria amplitud la doctrina de la metamorfosis, entendida ésta como la fuerza creadora y transformadora del universo, explicando el misterio del devenir y, por tanto, la razón única de las infinitas metamorfosis narradas por el poeta a lo largo de 15 libros seguidos.

Ahora bien, los presupuestos filosófico – científicos, tan enfáticamente afirmados, quedan al margen de la ejecución poética de la obra. De hecho, casi todas las transformaciones, algunas de ellas aparatosas, que en ésta tienen lugar, se resuelven en relatos de carácter episódico, de tono ligero, erótico, amable o puramente sensual, adornados con insuperable riqueza de imaginación y de detalles coloristas, amontonados a veces en barroca mescolanza, como producto de la frívola inspiración de su musa juguetona. Para valorar adecuadamente esta obra hemos de prescindir, por tanto, de su estructura de conjunto y de los artificios formales y sustanciales con que van ligadas varias leyendas y también de aquellas partes en que se realiza un gran esfuerzo para expresar artísticamente ciertos conceptos y modalidades de diversas metamorfosis.

En cuanto a la inclusión de relatos dentro de otros relatos, ya Virgilio había sentado un precedente de la inserción mitográfica en la introducción del episodio de Aristeo en el de Orfeo y Eurídice(Geórgicas, IV), siguiendo, a su vez, el ejemplo de Catulo, que había incluido la leyenda de Ariadna en su epitalamio de Tetis y Peleo. Hay en la obra cuadros de matices delicadísimos, llenos de inefable seducción, como el relato de la hospitalidad con que los humildes ancianos Filemón y Baucis honran a los dioses viajeros; relato rebosante de viva religiosidad, de delicadeza y de ternura conyugal, reflejada en el deseo de los dos enamorados, que sólo piden a los dioses la gracia de morir al mismo tiempo.

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