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Archive for 30 junio 2016

los-caracteres-teofrasto

Tras ofrecer en el anterior capítulo de esta serie un resumen de la introducción, a cargo de Elisa Ruiz, a su edición en Gredos de los Caracteres de Teofrasto, vamos

con los dos capítulos que nos interesan.

Teofrasto, en efecto, en sus Caracteres, dedica dos capítulos a dos “defectos” que, según decía Elisa Ruiz en su introducción, podrían parecer lo mismo, pues habla de la charlatanería en el capítulo 3 y de la locuacidad en el 7. Veamos cómo las diferencia:

ΑΔΟΛΕΣΧΙΑΣ Γ’

Ἡ δὲ ἀδολεσχία ἐστὶ μὲν διήγησις λόγων μακρῶν καὶ ἀπροβουλεύτων, ὁ δὲ ἀδολέσχης τοιοῦτός ἐστιν, [2] οἷος, ὃν μὴ γινώσκει, τούτῳ παρακαθεζόμενος πλησίον πρῶτον μὲν τῆς αὑτοῦ γυναικὸς εἰπεῖν ἐγκώμιον· εἶτα ὃ τῆς νυκτὸς εἶδεν ἐνύπνιον, τοῦτο διηγήσασθαι· εἶθ’ ὧν εἶχεν ἐπὶ τῷ δείπνῳ, τὰ καθ’ ἕκαστα διεξελθεῖν. [3] εἶτα δὴ προχωροῦντος τοῦ πράγματος λέγειν, ὡς πολὺ πονηρότεροί εἰσιν οἱ νῦν ἄνθρωποι τῶν ἀρχαίων, καὶ ὡς ἄξιοι γεγόνασιν οἱ πυροὶ ἐν τῇ ἀγορᾷ, καὶ ὡς πολλοὶ ἐπιδημοῦσι ξένοι, καὶ τὴν θάλατταν ἐκ Διονυσίων πλόϊμον εἶναι, καὶ εἰ ποιήσειεν ὁ Ζεὺς ὕδωρ πλεῖον, τὰ ἐν τῇ γῇ βελτίω ἔσεσθαι, καὶ ὃ ἀγρὸν εἰς νέωτα γεωργήσει, καὶ ὡς χαλεπόν ἐστι τὸ ζῆν, καὶ ὡς Δάμιππος μυστηρίοις μεγίστην δᾷδα ἔστησεν, καὶ πόσοι εἰσὶ κίονες τοῦ Ὠιδείου, καὶ Χθὲς ἤμεσα, καὶ Τίς ἐστιν ἡμέρα τήμερον; [4] κἂν ὑπομένῃ τις αὐτόν, μὴ ἀφίστασθαι, [καὶ] ὡς Βοηδρομιῶνος μέν ἐστι τὰ μυστήρια, Πυανοψιῶνος δὲ τἀπατούρια, Ποσιδεῶνος δὲ [τὰ] κατ’ ἀγροὺς Διονύσια. [5] [Παρασείσαντα δὴ δεῖ τοὺς τοιούτους τῶν ἀνθρώπων καὶ διαράμενον ἀπαλλάττεσθαι, ὅστις ἀπύρευτος βούλεται εἶναι· ἔργον γὰρ συναρκεῖσθαι τοῖς μήτε σχολὴν μήτε σπουδὴν διαγινώσκουσιν.]

 

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De la charlatanería.

La charlatanería es una propensión a hablar mucho y fuera de propósito. El charlatán es un individuo capaz de sentarse al lado de alguien a quien no conoce y, para empezar, le hace el canto de su propia esposa; luego, le cuenta lo que ha soñado la noche anterior; después, describe con todo lujo de detalles lo que tuvo para cenar. A continuación, pasando de un tema a otro, afirma que los hombres de hoy son mucho peores que los de antaño, y que el trigo en el mercado está a muy buen precio, y que hay una gran afluencia de extranjeros, y que a partir de las Dionisias el mar es de nuevo navegable, y que si Zeus mandara más lluvia, mejoraría la situación del campo, y lo que cultivará en su tierra el año próximo, y que la vida está difícil, y que Damipo ha consagrado una antorcha grandísima en los Misterios, y cuántas son las columnas del Odeón, y “Ayer vomité” y “¿Qué día es hoy?”. Si se le aguanta, él no ceja: “en el mes de Boedromión se celebran los Misterios; en el de Pianepsión, las Apaturias, y en el de Posideón, las Dionisias rurales”.

[Es preciso huir a todo meter de tales individuos, si se quiere evitar una calentura. Pues resulta trabajoso pararle los pies a los que no distinguen entre la actividad y el ocio].

locuacidad1

ΛΑΛΙΑΣ Ζ’

Ἡ δὲ λαλιά, εἴ τις αὐτὴν ὁρίζεσθαι βούλοιτο, εἶναι ἂν δόξειεν ἀκρασία τοῦ λόγου, ὁ δὲ λάλος τοιοῦτός τις, [2] οἷος τῷ ἐντυγχάνοντι εἰπεῖν, ἂν ὁτιοῦν πρὸς αὐτὸν φθέγξηται, ὅτι οὐθὲν λέγει καὶ ὅτι αὐτὸς πάντα οἶδεν καὶ, ἂν ἀκούῃ αὐτοῦ, μαθήσεται· καὶ μεταξὺ δὲ ἀποκρινομένῳ ἐπιβάλλειν εἴπας· Σὺ μὴ ἐπιλάθῃ, ὃ μέλλεις λέγειν, καὶ Εὖ γε, ὅτι με ὑπέμνησας, καὶ Τὸ λαλεῖν ὡς χρήσιμόν που, καὶ Ὃ παρέλιπον, καὶ Ταχύ γε συνῆκας τὸ πρᾶγμα, καὶ Πάλαι σε παρετήρουν, εἰ ἐπὶ τὸ αὐτὸ ἐμοὶ κατενεχθήσῃ· καὶ ἑτέρας ἀρχὰς τοιαύτας πορίσασθαι, ὥστε μηδὲ ἀναπνεῦσαι τὸν ἐντυγχάνοντα. [3] καὶ ὅταν γε τοὺς καθ’ ἕνα ἀπογυμνώσῃ, δεινὸς καὶ ἐπὶ τοὺς ἀθρόους [καὶ] συνεστηκότας πορευθῆναι καὶ φυγεῖν ποιῆσαι μεταξὺ χρηματίζοντας. [4] καὶ εἰς τὰ διδασκαλεῖα δὲ καὶ εἰς τὰς παλαίστρας εἰσιὼν κωλύειν τοὺς παῖδας προμανθάνειν· τοσαῦτα καὶ προσλαλεῖν τοῖς παιδοτρίβαις καὶ διδασκάλοις. [5] καὶ τοὺς ἀπιέναι φάσκοντας δεινὸς προπέμψαι καὶ ἀποκαταστῆσαι εἰς τὴν οἰκίαν. [6] καὶ πυθόμενος [τὰ ἀπὸ] τῆς ἐκκλησίας ἀπαγγέλλειν, προσδιηγήσασθαι δὲ καὶ τὴν ἐπ’ Ἀριστοφῶντος τότε γενομένην τῶν ῥητόρων μάχην [καὶ τὴν Λακεδαιμονίοις ὑπὸ Λυσάνδρου], καὶ οὕς ποτε λόγους αὐτὸς εἴπας εὐδοκίμησεν ἐν τῷ δήμῳ, καὶ κατὰ τῶν πληθῶν γε ἅμα διηγούμενος κατηγορίαν παρεμβαλεῖν, ὥστε τοὺς ἀκούοντας ἤτοι ἐπιλαθέσθαι ἢ νυστάξαι ἢ μεταξὺ καταλιπόντας ἀπαλλάττεσθαι. [7] καὶ συνδικάζων δὲ κωλῦσαι κρῖναι καὶ συνθεωρῶν θεάσασθαι καὶ συνδειπνῶν φαγεῖν λέγων, ὅτι χαλεπὸν τῷ λάλῳ ἐστὶ σιωπᾶν, καὶ ὡς ἐν ὑγρῷ ἐστιν ἡ γλῶττα, καὶ ὅτι οὐκ ἂν σιωπήσειεν, οὐδ’ εἰ τῶν χελιδόνων δόξειεν εἶναι λαλίστερος. [8] καὶ σκωπτόμενος ὑπομεῖναι καὶ ὑπὸ τῶν αὑτοῦ παιδίων, ὅταν αὐτὸν ἤδη καθεύδειν βουλόμενα κελεύῃ λέγειν· Τάτα, λαλεῖν τι ἡμῖν, ὅπως ἂν ἡμᾶς ὕπνος λάβῃ.

 

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De la locuacidad

La locuacidad, si alguien quisiera definirla, parecería ser una incontinencia de palabra. El locuaz es un individuo de estas características: ante cualquier cosa que le haya dicho la persona con quien se ha encontrado, él replicará que no es así, que está muy bien informado y que, si le presta atención, le pondrá al corriente del asunto. Mientras que aquél le contesta, él le interrumpe diciendo: “No te vayas a olvidar de lo que quieres contar”, y “Haces bien en recordármelo”, y “¡Qué interesante es cambiar impresiones!”, y “Algo que pasé por alto”, y “Has captado al vuelo el asunto” y “Desde hace un rato yo estaba esperando para ver si llegabas a la misma conclusión”, y le gratifica con otras salidas como éstas, de forma que el interlocutor no tiene tiempo ni de respirar. Después que ha dejado fuera de juego a todos, uno por uno, aún tiene arrestos para acercarse a los que forman una tertulia y provoca que salgan huyendo, aunque estuvieran hablando de sus negocios. Asimismo, cuando entra en las escuelas y palestras, impide que los alumnos continúen sus tareas, hasta tal punto distrae la atención de los que dirigen los entrenamientos gimnásticos y de los maestros. A los que le dicen que se van, él es capaz de seguirlos y de acompañarles hasta la puerta de sus casas.

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Cuando está al corriente, informa de los asuntos de la asamblea y, además, pasa a contar el enfrentamiento verbal entre oradores que tuvo lugar hace ya tiempo, durante el arcontado de Aristofonte, y los discursos que él mismo llegó a pronunciar ante sus conciudadanos con gran éxito. Al tiempo que sigue con su relato, lanza invectivas contra la multitud, de manera que sus oyentes pierden el hilo, cabecean o se marchan, dejándole con la palabra en la boca. Impide con su verborrea que se desarrolle el juicio, cuando forma parte de un jurado, que se contemple el espectáculo en el teatro y que se coma a gusto en una cena. Asegura que para un hablador es un tormento permanecer callado, que la lengua está en su elemento y que, aunque corriera el riesgo de parecer más charlatán que las golondrinas, no podría estar en silencio. Incluso soporta las burlas de sus propios hijos, los cuales, cuando quieren dormirse, le suplican que les hable: “Papá, cuéntanos algo para que nos entre sueño”.

Notas:

Aristofonte: Se refiere al proceso de la Corona que se celebró en el año 330 a. C. y que tuvo como protagonistas a Esquines y Demóstenes.

τῶν χελιδόνων δόξειεν εἶναι λαλίστερος (parecer más charlatán que las golondrinas): frase proverbial que, con diversas variantes, aparece en otros autores.

Y con estas dos magníficas descripciones de Teofrasto finalizamos nuestra breve serie sobre la locuacidad de nuestros compatriotas. Recuerden: tenemos una boca y dos orejas y el Sumo Hacedor no dejó nada al azar. Alguna razón hay para ello.

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Hero and Leander (1829), óleo sobre lienzo de 77 x 95 cm., de William Etty. Colección privada

Prosiguiendo con nuestro caminar por el bello poema Hero y Leandro de Museo el Gramático arribamos ya a los versos 109-127:

Ὄφρα μὲν οὖν Λείανδρος ἐδίζετο λάθριον ὥρην,

φέγγος ἀναστείλασα κατήιεν εἰς δύσιν Ἠώς, 110

ἐκ περάτης δ’ ἀνέτελλε βαθύσκιος Ἕσπερος ἀστήρ.

αὐτὰρ ὁ θαρσαλέως μετεκίαθεν ἐγγύθι κούρης,

ὡς ἴδε κυανόπεπλον ἐπιθρῴσκουσαν ὀμίχλην.

ἠρέμα δὲ θλίβων ῥοδοειδέα δάκτυλα κούρης

βυσσόθεν ἐστενάχιζεν ἀθέσφατον. ἡ δὲ σιωπῇ 115

οἷά τε χωομένη ῥοδέην ἐξέσπασε χεῖρα.

ὡς δ’ ἐρατῆς ἐνόησε χαλίφρονα νεύματα κούρης,

θαρσαλέῃ παλάμῃ πολυδαίδαλον εἷλκε χιτῶνα

ἔσχατα τιμήεντος ἄγων ἐπὶ κεύθεα νηοῦ.

ὀκναλέοις δὲ πόδεσσιν ἐφέσπετο παρθένος Ἡρώ, 120

οἷά περ οὐκ ἐθέλουσα, τόσην δ’ ἀνενείκατο φωνὴν

θηλυτέροις ἐπέεσσιν ἀπειλείουσα Λεάνδρῳ·

«Ξεῖνε, τί μαργαίνεις; τί με, δύσμορε, παρθένον ἕλκεις;

ἄλλην δεῦρο κέλευθον, ἐμὸν δ’ ἀπόλειπε χιτῶνα.

μῆνιν ἐμῶν ἀλέεινε πολυκτεάνων γενετήρων. 125

Κύπριδος οὐκ ἐπέοικε θεῆς ἱέρειαν ἀφάσσειν,

παρθενικῆς ἐπὶ λέκτρον ἀμήχανόν ἐστιν ἱκέσθαι.»

 

heroyleandroalmamater

Así pues, mientras Leandro buscaba una ocasión a escondidas, el Día ya había recogido su luz y declinaba a poniente, y del horizonte surgió Héspero, lucero hondamente sombrío. Mas él, nada más ver que las tinieblas de negro atuendo se cernían, con arrojo iba a un palmo detrás de la joven. Y con el ligero roce de sus rosados dedos de lo más hondo dejó escapar un suspiro indecible. Ella en silencio, fingiendo enojo, apartó su rosada mano. Mas él, así reparó en los signos de aturdimiento de la joven adorable, se atrevía a tirar de la artística túnica con su mano y hasta las más recónditas estancias del venerable templo la iba metiendo. Y con andar vacilante lo siguió la doncella Hero, como a disgusto, y así elevó su voz, mientras amenazaba con palabras de mujer a Leandro:

“Forastero, ¿qué locura es la tuya? ¿Cómo de mí, que soy doncella, tiras, infeliz? ¡Coge otro camino y suelta mi túnica! Ponte a recaudo de la cólera de mis muy ricos padres. No está bien que toques a una sacerdotisa de la diosa Cipris: que llegues al lecho de una doncella es misión imposible”.

 

  1. (Dejó escapar un suspiro indecible). Cf. las enseñanzas en materia erótica de Sátiro a Clitofonte en Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte II, 4, 3:

Δεῖ δέ σε τὴν κόρην μὴ μέχρι τῶν ὀμμάτων μόνον πειρᾶν, ἀλλὰ καὶ ῥῆμα δριμύτερον εἰπεῖν. Τότε δὲ πρόσαγε τὴν δευτέραν μηχανήν. Θίγε χειρός, θλῖψον δάκτυλον, θλίβων στέναξον. Ἢν δὲ ταῦτά σου ποιοῦντος καρτερῇ καὶ προσίηται, σὸν ἔργον ἤδη δέσποινάν τε καλεῖν καὶ φιλῆσαι τράχηλον.’ ‘Πιθανῶς μὲν’ ἔφην ‘νὴ τὴν Ἀθηνᾶν, ἐς τὸ ἔργον παιδοτριβεῖς: δέδοικα δὲ μὴ ἄτολμος καὶ δειλὸς ἔρωτος ἀθλητὴς γένωμαι.’

“Y tú debes tantear a la muchacha no sólo con miradas, sino también pronunciando palabras más directas. Y en ese punto pasa al segundo expediente: tócale una mano, apriétale los dedos y suspira mientras lo haces. Si se deja hacer y no lo rechaza, ya es tarea tuya llamarla tu dueña y besar su cuello.” Y yo le respondí: “Muy convincente, ¡por Atena!, es tu método de entrenamiento para mi empresa, pero temo ser, por falta de audacia, un apocado atleta amoroso.”

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  1. (Así reparó en los signos de aturdimiento). Que no indican sino su pronto asentimiento ante los tanteos del enamorado, cf. Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte I, 10, 4:

Γυναῖκας μὲν γὰρ εὐφραίνει καὶ τὰ ῥήματα: παρθένος δὲ τοὺς μὲν ἔξωθεν ἀκροβολισμοὺς τῶν ἐραστῶν εἰς πεῖραν φέρει καὶ ἄφνω συντίθεται τοῖς νεύμασιν: ἐὰν δὲ αἰτήσῃς τὸ ἔργον προσελθών, ἐκπλήξεις αὐτῆς τὰ ὦτα τῇ φωνῇ, καὶ ἐρυθριᾷ καὶ μισεῖ τὸ ῥῆμα καὶ λοιδορεῖσθαι δοκεῖ κἂν ὑποσχέσθαι θέλῃ τὴν χάριν, αἰσχύνεται: τότε γὰρ πάσχειν νομίζει τὸ ἔργον, ὅτε μᾶλλον τὴν πεῖραν ἐκ τῆς τῶν λόγων ἡδονῆς ἀκούει.

Las mujeres hallan placer también en el coloquio, y en cambio una doncella recibe las superficiales escaramuzas con que el enamorado la tantea, dando con los gestos su pronto asentimiento. Pero si al acercarte le solicitas el acto, asustarás sus oídos con tu voz, enrojecerá, odiará tus palabras y creerá que es ultrajada. Aunque desee concederte sus favores, está avergonzada, pues cree más bien sufrir el propio acto en el momento en que escucha lo que pretendes con sólo el placer que por tus palabras imagina.

La traducción de Aquiles Tacio es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

 

  1. (Se atrevió a tirar de la artística túnica con su mano). Una “táctica erótica” ya recomendada por Ovidio, Arte de amar I, 605 ss.

Insere te turbae, leviterque admotus eunti

velle latus digitis, et pede tange pedem.

Conloquii iam tempus adest; fuge rustice longe

hinc pudor; audentem Forsque Venusque iuvat.

Non tua sub nostras veniat facundia leges:

fac tantum cupias, sponte disertus eris.

Est tibi agendus amans, imitandaque vulnera verbis;

haec tibi quaeratur qualibet arte fides.

Nec credi labor est: sibi quaeque videtur amanda;

pessima sit, nulli non sua forma placet.

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Mézclate con el tropel y arrimándote dulcemente a ella cuando salga, pellízcala con los dedos en el costado y rózale el pie con tu pie. Ahora se te ofrece el momento de hablar. ¡Huye lejos de aquí, vergüenza pueblerina!: el Azar y Venus ayudan a los atrevidos. Dejemos tu elocuencia al margen de mis preceptos; procura tan sólo sentir deseo, y serás elocuente por iniciativa propia. Has de representar el papel del enamorado y debes fingir heridas con tus palabras; debes procurar por cualquier medio que ella te crea. No cuesta mucho convencer: todas se creen a sí mismas dignas de ser amadas; a ninguna, por muy fea que sea, le disgusta su propia estampa.

La traducción es de Vicente Cristóbal López, en Gredos.

  1. (Como a disgusto). Cf. de nuevo las indicaciones de Clinias en Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio I, 10, 6:

Κἂν μὲν προσῇ τις συνθήκη τῆς πράξεως πολλάκις δὲ καὶ ἑκοῦσαι πρὸς τὸ ἔργον ἐρχόμεναι θέλουσι βιάζεσθαι δοκεῖν, ἵνα τῇ δόξῃ τῆς ἀνάγκης ἀποτρέπωνται τῆς αἰσχύνης τὸ ἑκούσιον. Μὴ τοίνυν ὀκνήσῃς, ἐὰν ἀνθισταμένην ἴδῃς, ἀλλ̓ ἐπιτήρει πῶς ἀνθίσταται: σοφίας γὰρ κἀνταῦθα δεῖ.

Aunque haya consentimiento para el acto, no obstante con frecuencia incluso yendo a él por propia voluntad, les gusta que parezca que se las logra por la fuerza, de manera que con la apariencia de haber sido forzadas se libren de su voluntaria falta de pudor. En fin, no vaciles por más que veas que se resiste: observa cómo se manifiesta tal resistencia, pues también en ese punto se requiere arte.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

HeroandLeanderSchatterfuerstin

Hero and Lenader de Schatterfuerstin, en Pinterest

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MarteyVenusfrescodePompeya_MANNapoles

Marte y Venus, fresco pompeyano del siglo I d. C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (Gabinete Secreto)

Continuando con nuestro pormenorizado análisis del poema Hero y Leandro de Museo el Gramático, de la manos de las magníficas notas de José Guillermo Montes Cala, en su edición de Gredos, llegamos ya a los versos 99-108:

 

θαρσαλέως δ’ ὑπ’ ἔρωτος ἀναιδείην ἀγαπάζων

ἠρέμα ποσσὶν ἔβαινε καὶ ἀντίος ἵστατο κούρης. 100

λοξὰ δ’ ὀπιπεύων δολερὰς ἐλέλιζεν ὀπωπὰς

νεύμασιν ἀφθόγγοισι παραπλάζων φρένα κούρης.

αὐτὴ δ’, ὡς συνέηκε πόθον δολόεντα Λεάνδρου,

χαῖρεν ἐπ’ ἀγλαΐῃσιν· ἐν ἡσυχίῃ δὲ καὶ αὐτὴ

πολλάκις ἱμερόεσσαν ἑὴν ἐπέκυψεν ὀπωπὴν 105

νεύμασι λαθριδίοισιν ἐπαγγέλλουσα Λεάνδρῳ

καὶ πάλιν ἀντέκλινεν. ὁ δ’ ἔνδοθι θυμὸν ἰάνθη,

ὅττι πόθον συνέηκε καὶ οὐκ ἀπεσείσατο κούρη.

 

Con arrojo abrazaba el descaro que le infundía amor y con un andar reposado se le ponía a la joven de frente.

La espiaba de través, al tiempo que le lanzaba arteras miradas, y con mudos meneos de cabeza trataba de inquietarle el ánimo a la joven. Ella, tan pronto comprendió la dolosa pasión de Leandro, se alegraba de su apostura, mas también con calma posó en él una y otra vez su cautivadora mirada para corresponder a Leandro con secretos meneos de cabeza, y de nuevo la apartaba. Él por dentro exultaba de gozo, porque la muchacha su pasión comprendió y no la rechazó.

 

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  1. (Con mudos meneos de cabeza…). El intercambio de miradas y los movimientos de cabeza en silencio forman parte del código secreto de señales entre enamorados: cf. por ejemplo, Ovidio, Amores I, 4, 17 ss.:

Ante veni, quam vir—nec quid, si veneris ante,

possit agi video; sed tamen ante veni.

Cum premet ille torum, vultu comes ipsa modesto

ibis, ut accumbas—clam mihi tange pedem!

Me specta nutusque meos vultumque loquacem;

excipe furtivas et refer ipsa notas.

Verba superciliis sine voce loquentia dicam;

verba leges digitis, verba notata mero.

Preséntate antes que tu marido; no sé lo que podremos hacer si vienes primero; sin embargo, ven antes. Cuando se recline en el lecho, acuéstate a su lado con aire modesto, y ocultamente roza mi pie. Mírame, observa mis gestos y lo que te dice mi rostro; recoge mis furtivas señas, y contéstalas de igual modo. Sin hablar, expresaré mis pensamientos con el gesto, y leerás palabras en mis movibles dedos y en las gotas de vino que vierta sobre la mesa.

II, 5, 16 ss.:

Ipse miser vidi, cum me dormire putares,

sobrius adposito crimina vestra mero.

Multa supercilio vidi vibrante loquentes;

nutibus in vestris pars bona vocis erat.

Non oculi tacuere tui, conscriptaque vino

mensa, nec in digitis littera nulla fuit.

Por desgracia, cuando me creías dormido, vi yo mismo tu traición, porque no había apurado el vino que me sirvieron. Vi cómo hablabais largamente con el fruncir del entrecejo; con vuestros gestos os entendíais a maravilla: tus ojos no supieron callar, trazaste con vino en la mesa lo que querías, y hasta tus dedos se convirtieron en letras.

ovidioamores

II, 7, 5 ss.:

Ergo sufficiam reus in nova crimina semper?

ut vincam, totiens dimicuisse piget.

Sive ego marmorei respexi summa theatri,

eligis e multis, unde dolere velis;

candida seu tacito vidit me femina vultu,

in vultu tacitas arguis esse notas

¿Conque he de ser a todas horas víctima de nuevas acusaciones? Estoy cansado de combatir tantas veces por la victoria. Si mis ojos se elevan a las últimas gradas del fastuoso teatro, escoges entre mil la mujer que justifique tu resentimiento. Si una cándida muchacha pone en mí silenciosa sus miradas, la acusas de entenderse secretamente conmigo por los gestos del rostro.

La traducción es de Germán Salinas, obtenida en Wikisource.

Sobre el lenguaje de los ojos en el flirteo amoroso, cf. también Antología Palatina XII 122, 4 (Meleagro):

ΜΕΛΕΑΓΡΟΥ

Ὦ Xάριτες, τὸν καλὸν ᾿Αρισταγόρην ἐσιδοῦσαι

ἀντίον εἰς τρυφερὰς ἠγκαλίσασθε χέρας,

οὕνεκα καὶ μορφὰ βάλλει φλόγα καὶ γλυκυμυθεῖ

καίρια καὶ σιγῶν ὄμμασι τερπνὰ λαλεῖ.

τηλόθι μοι πλάζοιτο. τί δὲ πλέον; ὡς γὰρ ᾿Ολύμπου

Ζεὺς νέον οἶδεν ὁ παῖς μακρὰ κεραυνοβολεῖν.

Al bello Aristágoras, Gracias, de frente mirasteis

Y vuestras tiernas manos abrazaron su cuerpo,

pues sus formas incendian y es dulce y discreta su labia

y, aunque calle, dicen ternezas sus ojos.

¡Que se aleje de mí! ¿por qué, si, cual Zeus del Olimpo,

sabe el mozo lanzar a lo lejos sus rayos?

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Este poema es, a su vez, imitación del 478 (XII, 121) de Riano:

ΡΙΑΝΟΥ

῏Η ῥά νύ τοι, Κλεόνικε, δι᾿ ἀτραπιτοῖο κιόντι

στεινῆς ἤντησαν ταὶ λιπαραὶ Xάριτες·

καί σε ποτὶ ῥοδέῃσιν ἐπηχύναντο χέρεσσιν,

κοῦρε, πεποίησαι δ᾿ ἡλίκος ἐσσὶ χάρις·

τηλόθι μοι μάλα χαῖρε

πυρὸς δ᾿ οὐκ ἀσφαλὲς ἆσσον

ἕρπειν αὐηρήν, ἆ φίλος, ἀνθέρικα.

Te salieron, Cleonico, al encuentro las Gracias brillantes

cuando recorrías un angosto sendero

y abrazáronte, mozo, sus manos rosadas, de modo

que eres ya una Gracia como lo son ellas.

Yo te saludo, mas lejos de mí; no es seguro

que el reseco asfódelo se acerque a la fogata.

La traducción es de Manuel Fernández-Galiano, en Gredos.

  1. (Y no la rechazó). Pues toda mujer gusta de tales pruebas de amor; cf., Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte I, 9, 6:

Εἰ γὰρ τὰ ἄγρια τῶν θηρίων συνηθείᾳ τιθασεύεται, πολὺ μᾶλλον ταύτῃ μαλαχθείη καὶ γυνή. Ἔχει δέ τι πρὸς παρθένον ἐπαγωγὸν ἡλικιώτης ἐρῶν: τὸ δὲ ἐν ὥρᾳ τῆς ἀκμῆς ἐπεῖγον εἰς τὴν φύσιν καὶ τὸ συνειδὸς τοῦ φιλεῖσθαι τίκτει πολλάκις ἀντέρωτα. Θέλει γὰρ ἑκάστη τῶν παρθένων εἶναι καλὴ καὶ φιλουμένη χαίρει καὶ ἐπαινεῖ τῆς μαρτυρίας τὸν φιλοῦντα: κἂν μὴ φιλήσῃ τις αὐτήν, [7] οὔπω πεπίστευκεν εἶναι καλή.

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Idilio (1850), óleo sobre lienzo de 60 x 74 cm., de William Adolphe Bouguereau. Colección Privada

Si a las bestias salvajes se las domestica a fuerza de trato, mucho más podrá ablandarse de ese modo una mujer. Y el que su enamorado sea de su edad es un reclamo para una joven, en tanto que el arrebato que en la naturaleza introduce la edad juvenil y la conciencia de ser amada crean con frecuencia una respuesta amorosa, dado que toda muchacha desea ser bella y disfruta de ser amada y ve con buenos ojos que con amor se lo testimonien, mientras que si no la aman no termina de creerse que es hermosa.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

O también en Aristéneto Cartas Eróticas I, 11 (Filóstrato a Evágoras), 29 ss.:

αὐταὶ γὰρ ἑαυτὰς αἱ γυναῖκες τότε δὴ κρίνουσιν εἶναι καλάς, ὅταν ἰδών τις ἐπαινέσῃ, ὅταν ἐρασθείη θαυμάσας.

Pues las propias mujeres juzgan que ciertamente son hermosas entonces, cuando alguien tras verlas las alaba, cuando, tras admirarlas, las empieza a amar.

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Inanis loquacitas (V)

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Terminamos con esta entrada el capítulo XV del Libro I de las Noches Áticas de Aulo Gelio, De cómo es de impertinente y enojosa una vana y frívola locuacidad, y de cómo en muchos lugares ha sido reprobada por insignes autores griegos y latinos, en una justa detestación.

[19] Huiuscemodi autem loquacitatem verborumque turbam magnitudine inani vastam facetissimus poeta Aristophanes insignibus vocabulis denotavit in his versibus:

Ἄνθρωπον ἀγριοποίον αὐθαδόστομον,

Ἔχοντ’ ἀχάλινων, ἀκρατές, ἀπύλωτον στόμα,

Ἀπεριλάλητον, κομποφακελορρήμονα.

[20] neque minus insigniter veteres quoque nostri hoc genus homines in verba proiectos “locutuleios” et “blaterones” et “linguaces” dixerunt.

[19] A su vez, Aristófanes, poeta agudísimo, describió con palabras definitivas esta clase de locuacidad e informe abundancia de palabras vacías en estos versos:

“Hombre vulgar, de hablar presuntuoso, con una boca sin freno, incontinente, abierta de par en par, charlatán, acaparador de ampulosidad”.

[20] No fueron menos expresivos nuestros antepasados cuando calificaron este género de hombres dados al verbalismo de “parlanchines”, “charlatanes” y “lenguaraces”.

ranasaristofanes

El texto citado de Aristófanes son los versos 837-839 de Las ranas, comedia representada en las fiestas Leneas, el 12 del mes Leneón (enero-febrero) del 405 a. C. y son pronunciadas por el tragediógrafo Eurípides, que se resiste a ceder su primacía en favor de Esquilo, preferido por el coro, por el dios Dioniso, que paradójicamente había bajado al Hades a buscar a Eurípides, a quien echaba de menos, y, en el fondo, por el autor de la obra, Aristófanes:

Εὐριπίδης

ἐγᾦδα τοῦτον καὶ διέσκεμμαι πάλαι,

ἄνθρωπον ἀγριοποιὸν αὐθαδόστομον,

ἔχοντ᾽ ἀχάλινον ἀκρατὲς ἀπύλωτον στόμα,

ἀπεριλάλητον κομποφακελορρήμονα.

las-ranasedicionesclasicas

Luis M. Macía Aparicio traduce en Ediciones Clásicas:

Yo me conozco a ése y le tengo calado desde hace tiempo. Un hombre que produce fieras, de presumida lengua, con una boca sin freno, sin dominio y sin puertas, que de todo charla sin apuro, inventor de pomposas palabras.

Obsérvese que Macía traduce ἄνθρωπον ἀγριοποιὸν por hombre que produce fieras; en cambio, “hombre insolente” traduce Jesús M. Nieto Ibáñez en Akal/Clasica y “home barroer = hombre vulgar” dice Cebrià Montserrat en Bernat Metge.

Aportamos la respuesta que da, en la comedia, Esquilo ante esas palabras de Eurípides:

Αἰσχύλος

ἄληθες ὦ παῖ τῆς ἀρουραίας θεοῦ;

σὺ δή με ταῦτ᾽ ὦ στωμυλιοσυλλεκτάδη

καὶ πτωχοποιὲ καὶ ῥακιοσυρραπτάδη;

ἀλλ᾽ οὔ τι χαίρων αὔτ᾽ ἐρεῖς.

¿De verdad, hijo de la diosa rústica? ¿Tú, coleccionista de estupideces, poeta de mendigos, remendador de andrajos, vas a venirme con ésas? No te va a gustar haber dicho eso.

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Representación de Las Ranas en el teatro romano de Mérida

Hasta aquí Aulo Gelio y este capítulo XV del Libro I de sus Noches Áticas sobre la inane locuacidad.

Pero queremos ampliar la reflexión sobre los charlatanes y la locuacidad, pomposa o enojosa, de ciertos de nuestros congéneres con dos de los treinta (30) breves estudios del carácter de las personas que realiza Teofrasto en su obrita Caracteres. Permítasenos aportar una selección de lo que dice, en la introducción a su edición de Gredos de los Caracteres de Teofrasto, Elisa Ruiz García:

Teofrasto

A nuestro modo de ver, el libro de los Caracteres no es otra cosa que una pieza más de esa espléndida maquinaria intelectual que fue el sistema filosófico ideado por el Estagirita (Aristóteles). La obra que comentamos es una mímesis de los defectos – que no de los vicios – que aquejan frecuentemente a la gente mediocre y carente de formación. Las descripciones están realizadas con ese don de la eutrapelia que caracteriza al hombre de ingenio. Gracias a ello se pone en funcionamiento el sutil mecanismo de la risa. La sola presencia de esta manifestación anímica arrastrará consigo los benéficos efluvios ya analizados, permitiendo que surta efecto la intención próxima de la paideía (παιδεία) y su objetivo final de la philantropía (φιλανθρωπία).

Este pequeño gran libro, como lo define certeramente J. M. Edmonds en su edición, fue compuesto, con cierta probabilidad, en torno al año 319 a. C. Este dato tiene su interés: certifica que su autor frisaba la cincuentena cuando lo escribió y que, además, Aristóteles ya había muerto. Teofrasto, desde la altura de su medio siglo de vida, se permite describir una serie de congéneres de distinta especie aplicando su fino sentido de la observación, desarrollado a lo largo de años de metódica investigación científica. La capacidad de análisis se refleja, particularmente, en aquellos temperamentos que ofrecen un gran parecido. En muchos casos los rasgos diferenciadores son mínimos; sin embargo, para un experto en el arte de la clasificación de los elementos de la naturaleza, estos matices son más que suficientes para definir con toda precisión una variedad, a pesar de otras muchas notas comunes.

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Algo de todo ello queda plasmado en esos esbozos magistrales (el adjetivo se refiere al contenido de los testimonios que son un modelo de fina observación psicológica, sutil ironía y capacidad de concreción; desde el punto de vista de la calidad de la prosa dejan mucho que desear), en los que despacha de un plumazo – apenas una treintena de líneas – el retrato acabado de una forma de ser. Todavía hoy sus descripciones tienen plena vigencia, pues ha sabido captar lo que es esencial y, al mismo tiempo, pertinente en cada tipo psicológico. Buena prueba de su lucidez e inteligencia es la vía narrativa y el tono discursivo empleados. No se trata de sesudas reflexiones o de exquisitas disquisiciones sobre la condición humana en la estricta línea de la investigación aristotélica, sino de una bocanada de humor sano y reconfortante sobre los defectos inherentes a nuestra calidad de seres racionales. La lectura de estos breves capítulos produce un efecto catártico sobre nuestra propia conducta y acrecienta la capacidad de comprensión y de ternura hacia el prójimo y sus debilidades. No hay una visión inmisericorde de nuestros errores ni una actitud punitiva o moralizadora, tan sólo un dibujo hecho con finos trazos e intención caricaturizante.

Hasta aquí nuestro resumen de la introducción a la edición en Gredos de los Caracteres de Teofrasto por Elisa Ruiz.

El término griego kharaktēr (χαρακτήρ) servía originariamente para designar el instrumento que deja una huella o graba, por ejemplo, el troquel y, también, el efecto de esta acción, esto es, la impronta marcada. Un uso metafórico del vocablo lo llevó a significar “señal”, “distintivo”. Probablemente bajo esta acepción lo utilizó Teofrasto, quien, tal vez, introdujo la novedad de aplicarlo al alma humana. Según P. Steinmetz, el plural que figura como título de la obra estaría justificado por ser una denominación genérica, algo así como “rasgos”.

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Leander Taking Leave of Hero Before Swimming Back Across the Hellespont (pluma y tinta marrón, acuarela, aguada gris y tiza roja con raspado), 44 x 277 cm., de William Hamilton (1751-1801). Yale Center for British Art. New Haven, Conneticut.

Ofrecíamos en el anterior capítulo los paralelos en la literatura clásica (Platón y la novela griega, fundamentalmente) al verso 94 del poema Hero y Leandro de Museo el Gramático; la expresión es: ὀφθαλμὸς δ’ ὁδός ἐστιν.

En Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio I, 9, 4, encontramos otro paralelo:

Καὶ ταῦτα εὐτυχῶν ἐγκαλεῖς; ἀχάριστος εἶ πρὸς ἔρωτος δωρεάν. Οὐκ οἶδας οἷόν ἐστιν ἐρωμένη βλεπομένη: μείζονα τῶν ἔργων ἔχει τὴν ἡδονήν. Ὀφθαλμοὶ γὰρ ἀλλήλοις ἀντανακλώμενοι ἀπομάττουσιν ὡς ἐν κατόπτρῳ τῶν σωμάτων τὰ εἴδωλα, ἡ δὲ τοῦ κάλλους ἀπορροὴ δἰ αὐτῶν εἰς τὴν ψυχὴν καταρρέουσα ἔχει τινὰ μίξιν ἐν ἀποστάσει: καὶ γλυκίων ἐστὶ τῆς τῶν σωμάτων μίξεως: καινὴ γάρ ἐστι σωμάτων συμπλοκή.

Y te quejas de esa buena estrella: eres un ingrato ante los regalos del amor. No sabes lo que es ver a la amada: es un placer aún mayor que el propio acto, pues los ojos, al reflejarse mutuamente, modelan, como en un espejo, las imágenes de los cuerpos, y la destilación de la belleza, al fluir a través de los ojos hasta el alma, alcanza una determinada unión a distancia, siendo así un cierto grado de la unión corporal, pues es una nueva especie del abrazo de los cuerpos.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

Un nuevo ejemplo lo hallamos en Teágenes y Cariclea de Heliodoro de Émesa III, 7, 5:

Τεκμηριούτω δέ σοι τὸν λόγον εἴπερ ἄλλο τι καὶ ἡ τῶν ἐρώτων γένεσις, οἷς τὰ ὁρώμενα τὴν ἀρχὴν ἐνδίδωσι οἷον ὑπήνεμα διὰ τῶν ὀφθαλμῶν τὰ πάθη ταῖς ψυχαῖς εἰστοξεύοντα. Καὶ μάλα γε εἰκότως, τῶν γὰρ ἐν ἡμῖν πόρων τε καὶ αἰσθήσεων πολυκίνητόν τε καὶ θερμότατον οὖσα ἡ ὄψις δεκτικωτέρα πρὸς τὰς ἀπορροίας γίνεται, τῷ κατ´ αὐτὴν ἐμπύρῳ πνεύματι τὰς μεταβάσεις ἐρώτων ἐπισπωμένη.

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Y como prueba de lo que te digo, basta con referirme a la génesis de los enamoramientos: éstos, en efecto, se producen en principio únicamente por la vista, cuya función es clavar en las almas mediante los ojos los sentimientos que, por decirlo de algún modo, vuelan por el viento como saetas. Es muy sencilla la explicación para esto, porque de todos nuestro órganos y sentidos el de la vista es el más móvil y caliente y, por tanto, el más apto para recibir las emanaciones que afluyen. Gracias, pues, a su carácter, como de fuego, la vista es lo que mejor atrae los enamoramientos, cuando pasan por delante de ella.

Traducción de Emilio Crespo Güemes, en Gredos.

La misma idea aparece en Máximo de Tiro, Disertaciones XXV, 2:

Τοῖς μὲν γὰρ ἄλλοις ὁ ἔρως ἦν ὄνομα ἐπιθυμίας ἐν ἡδοναῖς πλανώμενον· ἀρχὴ δὲ αὐτοῦ ἄνθος σώματος ἐρχόμενον εἰς ὀφθαλμούς, καὶ δι´ αὐτῶν ἐπὶ τὴν ψυχὴν ῥέον· ὁδοὶ γὰρ κάλλους οἱ ὀφθαλμοί.

En los otros, el amor era el nombre del deseo que se pierde vagabundeando de los placeres; su inicio la floración del cuerpo que seduce a los ojos, y por ellos se arrastra hacia el alma. Porque los ojos son el camino de la belleza.

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O en Aristéneto, Cartas Eróticas I, 1 (Aristéneto a Filocalo) 3:

Λαΐδα τὴν ἐμήν ἐρωμένην εὗ μὲν ἐδημιούργησεν ἡ φύσις, κάλλιστα δὲ πάντων ἐκόσμησεν ᾿Αφροδίτη, καὶ τῶν Χαρίτων συνηρίθμησε τῷ χορῷ· ὁ δὲ χρυσοῦς ῎Ερως ἐπαίδευσε τὴν ποθουμένην εὐστόχως ἐπιτοξεύειν ταῖς τῶν ὀμμάτων βολαῖς. ῍Ω φύσεως τὸ κάλλιστον φιλοτέχνημα, ὢ γυναικῶν εὔκλεια καὶ διὰ πάντων ἔμψυχος τῆς ᾿Αφροδίτης εἰκών.

A Lais, mi amada, la dotó de buenas artes la naturaleza; Afrodita la colmó con los más bellos adornos y la incluyó en el coro de las Gracias. El dorado Eros la instruyó en el arte de dar en el blanco con los dardos de sus ojos. ¡Oh, la más bella obra de arte de la naturaleza!, ¡Oh, gloria de las mujeres e imagen viviente de Afrodita en todos los detalles!

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  1. (Domináronle entonces pasmo, descaro, temblor, pudor). Es éste el verso 94 de nuestro poema.

Pues como dice Platón, Eutifrón 12b (citando un proverbio de las Ciprias de Estasino de Chipre), donde hay temor, allí hay también pudor.

Σωκράτης· καὶ μὴν νεώτερός γέ μου εἶ οὐκ ἔλαττον ἢ ὅσῳ σοφώτερος· ἀλλ᾽, ὃ λέγω, τρυφᾷς ὑπὸ πλούτου τῆς σοφίας. ἀλλ᾽, ὦ μακάριε, σύντεινε σαυτόν· καὶ γὰρ οὐδὲ χαλεπὸν κατανοῆσαι ὃ λέγω. Λέγω γὰρ δὴ τὸ ἐναντίον ἢ ὁ ποιητὴς ἐποίησεν ὁ ποιήσας

Ζῆνα δὲ τὸν [θ᾽] ἔρξαντα καὶ ὃς τάδε πάντ᾽ ἐφύτευσεν [12b] οὐκ ἐθέλει εἰπεῖν· ἵνα γὰρ δέος ἔνθα καὶ αἰδώς. (Stasinus Cypria Fr. 20).

 ᾿Εγὼ οὖν τούτῳ διαφέρομαι τῷ ποιητῇ. Εἴπω σοι ὅπῃ;

Sin embargo, eres más joven que yo, con diferencia no menor que con la que eres más abio. Como digo, estás desdeñoso por la riqueza de tu sabiduría. Pero, hombre afortunado, esfuérzate. No es nada de comprender lo que digo. Pues digo lo contrario de lo que dijo el poeta en los versos:

De Zeus el que hizo y emgendró todo esto no te atreves a hablar; pues donde está el temor, allí está también el respeto.

Yo no estoy de acuerdo con el poeta. ¿Te digo en qué?

Traducción de Julio Calonge Ruiz, en Gredos.

Wikipedia nos dice esto sobre Estasino:

Estasino de Chipre (en griego Στασῖνος) fue un poeta épico griego de entre fines del VIII y primera mitad del siglo VII a. C., presunto autor de las Ciprias. Nacido en Chipre y presunto yerno de Homero, escribió una epopeya del ciclo troyano en dialecto jónico de la cual subsiste sólo el resumen que de ella y de otras hiciera el alejandrino Proclo en su Crestomatía, al parecer del siglo II, y algunos fragmentos sueltos. Se trata de la Cipríada, las Ciprias o Cantos ciprios, once libros de hexámetros dactílicos que narran lo sucedido anteriormente a los episodios contados por Homero: la súplica a Zeus para que aliviara a la madre Gea de la superpoblación de humanos que padecía, el juicio de Paris, etc. También el ataque de los griegos a Teutrania, defendida por su caudillo Telefo, por haberla confundido con Troya. Aquiles hiere a Telefo y finalmente cura con el óxido de su lanza, única medicina para aquel a quien ésta hería. La Cipríada cuenta además la muerte del más inteligente de los griegos, Palamedes de Argos, aquel que fue capaz incluso de descubrir los engaños a los que recurría Odiseo para no participar en la guerra y a quien se le atribuye la invención de los dados y de la mayoría de las letras del alfabeto. Odiseo se venga de Palamedes inculpándolo a partir de la escritura: un escrito falso lo hace figurar como traidor que ha sido sobornado por Príamo y a partir de ella los griegos lo lapidan. Esta muerte es clave para el corolario del mito porque Nauplio, padre del difunto, vengará su muerte.

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The last watch of Hero (La última mirada de Hero, 1887) , óleo sobre lienzo de 160 x 91 cm., de Frederic Leighton. Manchester City Galleries

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Baader Hero et Léandre 1866

Héro y Léandre (1866), óleo sobre lienzo de 106 x 180 cm, de Louis Marie Baader (1828-1920). Museo de Grenoble

Nos centrábamos en el anterior capítulo de esta serie en los versos 84-98 del poema Hero y Leandro de Museo el Gramático. En el 94 encontramos la expresión ὀφθαλμὸς δ’ ὁδός ἐστιν.

  1. (Y el ojo es su senda). Todo este excurso teórico sobre el proceso del enamoramiento, contenido en los versos 94-98, es una muy ajustada imitación de Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte I, 4, 4-5:

Ὡς δὲ εἶδον, εὐθὺς ἀπωλώλειν: κάλλος γὰρ ὀξύτερον τιτρώσκει βέλους καὶ διὰ τῶν ὀφθαλμῶν ἐς τὴν ψυχὴν καταρρεῖ: ὀφθαλμὸς γὰρ ὁδὸς ἐρωτικῷ τραύματι. Πάντα δέ με εἶχεν ὁμοῦ, ἔπαινος, ἔκπληξις, τρόμος, αἰδώς, ἀναίδεια: ἐπῄνουν τὸ μέγεθος, ἐκπεπλήγμην τὸ κάλλος, ἔτρεμον τὴν καρδίαν, ἔβλεπον ἀναιδῶς, ᾐδούμην ἁλῶναι: τοὺς δὲ ὀφθαλμοὺς ἀφέλκειν μὲν ἀπὸ τῆς κόρης ἐβιαζόμην, οἱ δὲ οὐκ ἤθελον, ἀλλ̓ ἀνθεῖλκον ἑαυτοὺς ἐκεῖ τῷ τοῦ κάλλους ἑλκόμενοι πείσματι, καὶ τέλος ἐνίκησαν.

Nada más verla, al punto estuve perdido, pues la belleza hiere más profundamente que un dardo y se desliza por los ojos hasta el alma, ya que el ojo es la vía para la herida amorosa. Y toda clase de impresiones me dominaban a la vez: admiración, pasmo, temblor, vergüenza, desvergüenza. Admiraba su estatura, me pasmaba de su belleza, me palpitaba el corazón, la miraba con impudor, me daba vergüenza de ser sorprendido así. Me forzaba a desprender mis ojos de la muchacha, pero ellos no querían: al contrario, se aferraban allí, arrastrados por la seducción de la belleza, y triunfaron al final.

La traducción es de Máximo Brioso Sánchez, en Gredos.

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No obstante, el referente para los aspectos teóricos aquí esbozados es indudablemente el Fedro platónico (cf. especialmente, 251b y 255c: los ojos son el cauce por donde pasa el flujo de la belleza), si bien a la teoría filosófica de la emanación de hermosura pueden hallársele antecedentes en la tragedia clásica.

Ἰδόντα δ᾽ αὐτὸν οἷον ἐκ τῆς φρίκης μεταβολή τε [251b] καὶ ἱδρὼς καὶ θερμότης ἀήθης λαμβάνει· δεξάμενος γὰρ τοῦ κάλλους τὴν ἀπορροὴν διὰ τῶν ὀμμάτων ἐθερμάνθη ᾗ ἡ τοῦ πτεροῦ φύσις ἄρδεται, θερμανθέντος δὲ ἐτάκη τὰ περὶ τὴν ἔκφυσιν, ἃ πάλαι ὑπὸ σκληρότητος συμμεμυκότα εἶργε μὴ βλαστάνειν, ἐπιρρυείσης δὲ τῆς τροφῆς ᾤδησέ τε καὶ ὥρμησε φύεσθαι ἀπὸ τῆς ῥίζης ὁ τοῦ πτεροῦ καυλὸς ὑπὸ πᾶν τὸ τῆς ψυχῆς εἶδος· πᾶσα γὰρ ἦν τὸ πάλαι πτερωτή.

Y es que, en habiéndolo visto, le toma, después del escalofrío, como un trastorno que le provoca sudores y un inusitado ardor. Recibiendo, pues, este chorreo de belleza por los ojos, se calienta con un calor que empapa, por así decirlo, la naturaleza del ala, y, al caldearse, se ablandan las semillas de la germinación que, cerradas por la aridez, les impedía florecer; y, además, si el alimento afluye, se esponja el tallo del ala y echa a nacer desde la raíz, por dentro de la sustancia misma del alma, que antes, por cierto, estuvo toda alada. Anda, pues, en plena ebullición y burbujeo, y como con esa sensación que tienen los que están echando los dientes cuando ya van a romper, ese picor y escozor en las encías, así le pasa al alma del que empieza a echar las plumas.

Ὅταν δὲ χρονίζῃ τοῦτο δρῶν καὶ πλησιάζῃ μετὰ τοῦ ἅπτεσθαι ἔν τε γυμνασίοις καὶ ἐν ταῖς ἄλλαις ὁμιλίαις, [255c] τότ᾽ ἤδη ἡ τοῦ ῥεύματος ἐκείνου πηγή, ὃν ἵμερον Ζεὺς Γανυμήδους ἐρῶν ὠνόμασε, πολλὴ φερομένη πρὸς τὸν ἐραστήν, ἡ μὲν εἰς αὐτὸν ἔδυ, ἡ δ᾽ ἀπομεστουμένου ἔξω ἀπορρεῖ· καὶ οἷον πνεῦμα ἤ τις ἠχὼ ἀπὸ λείων τε καὶ στερεῶν ἁλλομένη πάλιν ὅθεν ὡρμήθη φέρεται, οὕτω τὸ τοῦ κάλλους ῥεῦμα πάλιν εἰς τὸν καλὸν διὰ τῶν ὀμμάτων ἰόν, ᾗ πέφυκεν ἐπὶ τὴν ψυχὴν ἰέναι ἀφικόμενον καὶ ἀναπτερῶσαν, [255d] τὰς διόδους τῶν πτερῶν ἄρδει τε καὶ ὥρμησε πτεροφυεῖν τε καὶ τὴν τοῦ ἐρωμένου αὖ ψυχὴν ἔρωτος ἐνέπλησεν.

Y cuando vaya pasando el tiempo de este modo, y se toquen los cuerpos en los gimnasios y en otros lugares públicos, entonces ya aquella fuente que mana, a la que Zeus llamó “deseo”, cuando estaba enamorado de Ganimedes, inunda caudalosamente al amante, lo empapa y lo rebosa. Y semejante a un aire o a un eco que, rebotando de algo pulido y duro, vuelve de nuevo al punto de partida, así el manantial de la belleza vuelve al bello muchacho, a través de los ojos, camino natural hacia el alma que, al recibirlo, se enciende y riega los orificios de las alas, e impulsa la salida de las, plumas y llena, a su vez, de amor el alma del amado.

La traducción es de Emilio Lledó Íñigo, en Gredos.

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Emilio Lledó Íñigo, Premio Princesa de Asturias de Comunicación Humanidades 2015

El tema se convertirá en un tópico en la literatura erótica: cf. Jenofonte, Banquete IV, 21:

Κλεινίᾳ δ’, ἔφη, ὦ Σώκρατες, οὐκ ἂν ἐπιτρέψαις; καὶ ὃς εἶπεν: οὐ γὰρ παύσῃ σὺ Κλεινίου μεμνημένος; ἂν δὲ μὴ ὀνομάζω, ἧττόν τί με οἴει μεμνῆσθαι αὐτοῦ; οὐκ οἶσθα ὅτι οὕτω σαφὲς ἔχω εἴδωλον αὐτοῦ ἐν τῇ ψυχῇ ὡς εἰ πλαστικὸς ἢ ζωγραφικὸς ἦν, οὐδὲν ἂν ἧττον ἐκ τοῦ εἰδώλου ἢ πρὸς αὐτὸν ὁρῶν ὅμοιον αὐτῷ ἀπειργασάμην;καὶ ὁ Σωκράτης ὑπέλαβε: τί δῆτα οὕτως ὅμοιον εἴδωλον ἔχων πράγματά μοι παρέχεις ἄγεις τε αὐτὸν ὅπου ὄψει; ὅτι, ὦ Σώκρατες, ἡ μὲν αὐτοῦ ὄψις εὐφραίνειν δύναται, ἡ δὲ τοῦ εἰδώλου τέρψιν μὲν οὐ παρέχει, πόθον δὲ ἐμποιεῖ.

“¿Y no te confiarías”, dijo, “al juicio de Clinias?” .A lo que él respondió: “¿Es que no vas a dejar de recordar a Clinias?”. “Y aunque no lo cite por su nombre, ¿crees que me voy a acordar menos de él?, ¿no sabes que tengo en el alma una imagen suya tan clara que si tuviera que esculpirle o pintarle no reproduciría con menos fidelidad su figura que si lo estuviera mirando a él mismo? Y Sócrates replicó: “En ese caso, ¿por qué, si tienes una imagen tan parecida, me molestas llevándome donde puedas verlo?”. “Porque, Sócrates, su vista me hace gozar, mientras que la de la imagen no me da placer y engendra añoranza”.

Traducción de Juan Zaragoza, en Gredos.

Jenofonte de Éfeso, Habrócomes y Antia I, 3, 2:

Διέκειτο δὲ καὶ Ἀνθία πονήρως, ὅλοις μὲν καὶ ἀναπεπταμένοις τοῖς ὀφθαλμοῖς τὸ Ἁβροκόμου κάλλος εἰσρέον δεχομένη, ἤδη δὲ καὶ τῶν παρθένοις πρεπόντων καταφρονοῦσα· καὶ γὰρ ἐλάλησεν ἄν τι, ἵνα Ἁβροκόμης ἀκούσηι, καὶ μέρη τοῦ σώματος ἐγύμνωσεν ἂν τὰ δυνατά, ἵνα Ἁβροκόμης ἴδηι· ὁ δὲ αὑτὸν ἐδεδώκει πρὸς τὴν θέαν καὶ ἦν αἰχμάλωτος τοῦ θεοῦ.

También Antia lo pasaba mal, al penetrar por sus ojos abiertos de par en par la belleza de Habrócomes que le entraba dentro, y ya incluso despreciaba el decoro de una joven, pues hablo para que Habrócomes la oyera y desnudó las partes de su cuerpo que le era posible, para que Habrócomes las contemplara. Y el se había entregado a su contemplación y era prisionero del dios.

Traducción de María Cruz Herrero Ingelmo, en Akal/Clásica.

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Continuamos con el repaso del capítulo XV del Libro I de las Noches Áticas de Aulo Gelio a propósito de la inane locuacidad que “adorna” a determinadas personas. En efecto, no les vendría mal a todas estas cotorras contemporáneas que rajan que da gusto leer las acertadas palabras de muchos escritores clásicos ponderando la virtud de la mesura en el uso de la lengua.

[14] Quapropter Hesiodus, poetarum prudentissimus, linguam non vulgandam, sed recondendam esse dicit proinde ut thesaurum, eiusque esse in promendo gratiam plurimam, si modesta et parca et modulata sit:

Γλώσσης τοι θησαυρός ἐν ἀνθρώποισιν ἄριστος

φειδωλῆς· πλείστη δὲ χάρις κατὰ μέτρον ἰούσης.

(se trata de dos versos de Hesíodo, Trabajos y Días, 719-720)

[14] Es por eso que Hesíodo, el más sabio de los poetas, dice que la lengua no tiene que ser manoseada, sino reservada como si fuera un tesoro, y que, de ser exhibida, su mejor adorno será una modulación sobria y mesurada.

“El mejor tesoro en los hombres una lengua

parca; el mayor encanto, la que guarda la medida”.

 

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[15] Epicharmium quoque illud non inscite se habet:

Οὐ λέγειν δεινὸς, ἀλλὰ σιγᾷν ἀδύνατος.

[16] ex quo hoc profecto sumptum est: “qui cum loqui non posset, tacere non potuit.”.

[17] Favorinum ego audivi dicere versus istos Euripidi:

Ἀχαλίνων στομάτων

Ἀνόμου τ’ ἀφροσύνας

Τὸ τέλος δυστυχία·

non de his tantum factos accipi debere, qui impia aut inlicita dicerent, sed vel maxime de hominibus quoque posse dici stulta et inmodica blaterantibus, quorum lingua tam prodiga infrenisque sit, ut fluat semper et aestuet conluvione verborum taeterrima, quod genus homines a Graecis significantissimo vocabulo κατάγλωσσοι appellantur.

[15] Tenemos, además, un bello dicho de Epicarmo:

“No eres hábil en hablar, pero eres incapaz de callar”.

[16] De donde deriva, con seguridad, esta otra: “el cual aunque no pudiera hablar, no podía callar”.

date:475 B.C.

date:475 B.C.

[17] Oí decir a Favorino que no debía entenderse que estos versos de Eurípides:

“De las bocas sin freno y de la demencia desmedida, su fin: el infortunio”.

debían aplicarse no sólo a quienes hablan de forma impía o ilícita, sino muy especialmente a los charlatanes estultos e impertinentes, de lengua pródiga y desenfrenada siempre a punto para moverse y arrojar un aguacero repulsivo de palabras. Este tipo de hombres son llamados por los griegos κατάγλωσσοι (charlatanes).

El dicho de Epicarmo es el fragmento 272 de la selección publicada en Berlín por George Kaibel en 1899, como podemos leer en la página 141 de este enlace.

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En la edición de Kaibel se nos dice que en la página 20 de la edición del Gnomologium Vaticanum de Leo Sternbach en París leemos:

Δημόκριτος θεασάμενός τινα πολλὰ μὲν ἀπαίδευτα δὲ διαλεγόμενον “οὗτος”, ἔφη, “οὐ λέγειν μοι δοκεῖ δυνατὸς ἀλλὰ σιωπᾶν ἀδύνατος”.

Demócrito al ver a uno dialogando de forma inepta, dijo: “Éste me parece que no es hábil en hablar, pero es incapaz de callar”.

Hypnos.-Las-Bacantes Segobriga

Las Bacantes, representación a cargo del grupo Hypnos en Segóbriga (2007)

Los versos de Eurípides que declama Favorino y Aulo Gelio oye son Bacantes, 386-388, y pertenecen al inicio de la antistrofa del Estásimo Primero (370-433):

Ἀχαλίνων στομάτων

Ἀνόμου τ’ ἀφροσύνας

Τὸ τέλος δυστυχία·

“¡De bocas desenfrenadas, de la demencia sin norma, el fin es el infortunio!” (Traducción de Carlos García Gual, en Gredos.

La continuación a estos versos, 389-402, es interesante por su contenido y la ofrecemos también

ὁ δὲ τᾶς ἡσυχίας

βίοτος καὶ τὸ φρονεῖν

ἀσάλευτόν τε μένει καὶ

συνέχει δώματα· πόρσω

γὰρ ὅμως αἰθέρα ναίον-

τες ὁρῶσιν τὰ βροτῶν οὐρανίδαι.

τὸ σοφὸν δ᾽ οὐ σοφία

τό τε μὴ θνητὰ φρονεῖν.

βραχὺς αἰών· ἐπὶ τούτῳ

δέ τις ἂν μεγάλα διώκων

τὰ παρόντ᾽ οὐχὶ φέροι. μαι-

νομένων οἵδε τρόποι καὶ

κακοβούλων παρ᾽ ἔμοι-

γε φωτῶν

García Gual traduce así:

Pero la vida serena y la moderación de pensamiento conserva una estable firmeza sostiene reunido un hogar. Pues, aunque lejos, habitantes del éter, los dioses celestes ven las cosas de los hombres. La ciencia de los sabios no es la sabiduría. Ni tampoco lo es el meditar sobre lo inhumano. ¡Breve es la vida! Por eso, ¿quién puede cosechar el presente, si persigue lo infinito? Ésas son actitudes, en mi opinión, de mortales enloquecidos.

 

bacantessaguntolanaveargo

Las Bacantes, representación en Sagunto (2013) a cargo del grupo La nave Argo

[18] Valerium Probum, grammaticum inlustrem, ex familiari eius, docto viro, comperi Sallustianum illud: “satis eloquentiae, sapientiae parum”, brevi antequam vita decederet, sic legere coepisse et sic a Sallustio relictum affirmavisse: “satis loquentiae, sapientiae parum”, quod “loquentia” novatori verborum Sallustio maxime congrueret, “eloquentia” cum insipientia minime conveniret.

[18] De Valerio Probo, gramático ilustre, supe, por un íntimo suyo, docto varón, que, poco antes de morir, citó aquella sentencia de Salustio que dice: “Mucha elocuencia, poca doctrina”, de esta manera: “Mucha locuacidad, poca doctrina” y afirmaba que así lo había escrito Salustio, por cuanto como la palabra “loquentia” se ajustaba más al estilo innovador de Salustio y, por otra parte, “eloquentia” no resultaba bastante contrapuesto a “sapientia” (insipientia).

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La cita de Salustio aparece en el retrato de Catilina, Sobre la conjuración de Catilina, V, 4.

[4] Animus audax, subdolus, varius, cuius rei lubet simulator ac dissimulator, alieni adpetens, sui profusus, ardens in cupiditatibus; satis eloquentiae, sapientiae parum. [5] Vastus animus inmoderata, incredibilia, nimis alta semper cupiebat.

[4] Espíritu audaz, pérfido, voluble, de cualquier cosa simulador y disimulador, de lo ajeno deseoso, de lo suyo disipador, ardiente en sus deseos: bastante elocuencia, sensatez poca. [5] Su vasto espíritu cosas inmoderadas, increíbles, demasiado altas siempre deseaba.

salustiocatilina

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