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Archive for 29 julio 2012

Vacantes (VII)

Se ha publicado la Resolución Provisional de Adjudicación de plazas de Secundaria y otros cuerpos 2012.

Ya hace algunos años que vengo haciendo un seguimiento de las vacantes de clásicas de la Comunidad Valenciana. La publicación en la web de la Conselleria de esta resolución de adjudicaciones permite sacar conclusiones un tanto preocupantes.

En julio de 2011 participaron en el proceso de adjudicación 190 profesores de clásicas, 113 por la especialidad de Griego y 77 por la de Latín.

El año pasado la Conselleria sacó 41 plazas de Cultura Clásica, 38 de Griego y 35 de Latín, en total, 114.

Por lo cual, fueron 76 los profesores a los que no se adjudicó vacante, esto es, 190 participantes para 114 plazas supone que 76 quedan sin ella.

Este año hemos vuelto a hacer un estudio de las vacantes de clásicas y, salvo error u omisión, como suele decirse, que puede haberse dado por lo dificultoso de la búsqueda, en los centros de secundaria de la Comunidad Valenciana se han ofertado 21 plazas de Latín, 36 de Cultura Clásica y 21 de Griego; en total 78 plazas de Clásicas, frente a las 114 del año pasado. Este año han participado 167 profesores de clásicas, 100  por la especialidad de Griego y 67 por la de Latín, en total 167, 23 menos que el curso pasado.

Números cantan: si se han ofertado sólo 78 vacantes y han participado 167 profesores, resulta que 89 han quedado sin vacante, 13 más que el año pasado, y eso que ha habido 23 profesores menos en el proceso de adjudicación.

En resumen:

Julio de 2011: 114 vacantes

Julio de 2012: 78 vacantes (de ellas 9 a tiempo parcial y 2 itinerantes)

36 vacantes menos

Julio de 2011: 190 participantes; 76 sin plaza

Julio de 2012: 167 participantes: 89 sin plaza

Las vacantes ofertadas han sido las siguientes:

Alicante

Latín

La Nucia

Pedreguer

Enric Valor de Monòver

La Canal de Petrer

8 de marzo de Alicante

Sección del IES Playa de San Juan

Nº 5 de Sant Vicent del Raspeig

Xixona

Assumpció d’Elx

Libertas de Torrevieja

Nº 5 de Torrevieja

Griego

Callosa d’En Sarrià

Ifach de Calp

La Nucia

Marcos Zaragoza de La Vila Joiosa

Josep Iborra de Benissa

La Creueta de Onil

José Marhuenda de El Pinós (tiempo parcial)

Azorín de Petrer

Paco Mollà de Petrer

Hermanos Amorós de Villena

La Mola de Novelda (tiempo parcial)

Figueras Pacheco de Alacant

Virgen del Remedio de Alacant

Assumpció d’Elx

Torrellano d’Elx (tiempo parcial)

Las Lagunas de Torrevieja

Mediterráneo de Torrevieja

Cultura Clásica

Bernat de Sarrià de Benidorm

Callosa d’En Sarrià

Xebic de Ondara

Nº 3 de La Vila Joiosa

Pare Vitoria d’Alcoi

Manuel Broseta de Banyeres de Mariola

Serra Mariola de Muro d’Alcoi

La Torreta d’Elda

Enric Valor de Monòver

Nº 3 de Villena

La Canal de Petrer

El Pla de Alicante

Las Lomas de Alicante

L’Allusser de Mutxamel (tiempo parcial)

La Foia d’Elx (tiempo parcial)

Nit de l’Albà d’Elx

Canónigo Manchón de Crevillent

Las Lagunas de Torrevieja (itinerante)

Mediterráneo de Torrevieja

Libertas de Torrevieja

L’Encantà de Rojales

Castellón

Cultura Clásica

Serra d’Irta de Alcalà de Xivert

IES de Sant Mateu

IES Caminàs de Castellón

IES Politècnic de Castellón

Serra Espadà de Onda

Torreblanca

Alfons XII de Vall d’Alba

Torre del Rei d’Orpesa

Latín

Alfred Ayza de Peníscola

Alfons XII de Vall d’Alba

Valencia

Cultura Clásica

La Vereda de Pobla de Vallbona (tiempo parcial)

Ademuz

Fernando III de Ayora

Moixent

Ausiàs March de Manises

Alfafar

Càrcer

Griego

IES Campanar de Valencia

María Enríquez de Gandia (tiempo parcial)

José Segrelles  d’Albaida

Latín

Laurona de Llíria

Alameda de Utiel

Ricardo Marín de Cheste

Enguera

Benicalap de Valencia (itinerante)

Eduardo Primo de Carlet (tiempo parcial)

Jaume I d’Ontinyent

Moixent (tiempo parcial)

Destacar también que en el proceso de Desplazados y Suprimidos del 16 de julio se adjudicaron las siguientes vacantes a profesorado desplazados o suprimido de clásicas:

Latín: San Antonio de Benagéber (Valencia) y Playa de San Juan (Alicante)

Cultura Clásica: Enric Valor de Castalla (Alicante) y Pere Boïl de Manises (Valencia)

En nuestro anterior artículo sobre Vacantes decíamos como conclusión:

Las cifras están ahí. Que cada uno saque sus conclusiones, pero se nos antojan demasiadas esas 20 plazas de clásicas eliminadas en un solo año. Confiemos en que, por el contrario, se saquen para las adjudicaciones de julio más que el curso pasado.

Nuestros deseos, por desgracia, no se han cumplido.

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Siguió el paseo por la plaza Mayor y adyacentes. Siempre es un gusto entrar en la plaza del Mercadillo y saludar a las Tres Gracias y a Afrodita surgiendo de la espuma, esculturas de Adsuara. La segunda, cuyo título es Desnudo de mujer, nos presenta a una mujer en escorzo con los dos brazos sobre la cabeza. Con las palmas de la mano unidas.

Su posición nos recuerda el de algunas Venus púdicas, aunque ésta no oculta nada, sino al contrario.

Las olas del mar y una concha sobre el pedestal en el que se levanta nos recuerdan su nacimiento. Recordemos la enorme concha de la que surge Venus en El nacimiento de Venus de Boticelli o esta otra obra de Keller.

En la misma plaza y enfrente de Afrodita encontramos Las Tres Gracias, una estatua en bronce copia del original ubicado en el Museo de Bellas Artes de la ciudad.

Parece que la obra se inspira en la de Antonio Canova, que se puede admirar en el Ermitage de San Petersburgo, pero ha habido innumerables ejemplos en la pintura y la escultura de este trío de divinidades.

Las Gracias son, en efecto, divinidades de la belleza y, tal vez, en su origen, potencias de la vegetación. Esparcen la alegría en la Naturaleza, en el corazón de los humanos e incluso en el de los dioses. Habitan en el Olimpo en compañía de las Musas, con las cuales forman a veces coros. Pertenecen al séquito de Apolo, el dios músico.

Se representan generalmente como tres hermanas, llamadas Eufrósine, Talía y Áglae, tres jóvenes desnudas cogidas por los hombros; dos de ellas miran en una dirección, y la del medio, en la dirección opuesta. Su padre es Zeus; su madre, Eurínome, hija de Océano.

Decíamos que habitan en el Olimpo junto a las Musas. Pues bien, las Musas están también presentes en la ciudad, en la decoración del arco de la embocadura del coqueto teatro Principal.

Finalizamos el recorrido por la plaza Mayor en el ayuntamiento, cerrado porque era festivo. Justo en la parte superior de la puerta principal del edificio, traspasadas las arcadas, nos encontramos con una hornacina que alberga una tosca figura en piedra de San Cristóbal, que junto a San Blas, San Vicente Ferrer y la Virgen de Lledó, son los patronos de la ciudad.

Y éste es nuestro nuevo elemento clásico, esta vez, en el nombre griego de este santo.

De aquí hemos sacado esta información:

San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.

¿Quién era? Con la historia en la mano poco puede decirse de él, como mucho que quizá un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo V. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.

Cristóbal sirvió  primero a un rey, aparente señor de la tierra,  a quién Cristóbal vio temblando un día cuando le mencionaron al demonio. Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entonces si él le temía a las cruces, contestándole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió él tal Jesucristo.

¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo.

Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.

– ¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?–Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.

Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.

En efecto, Cristóbal (y sus variantes Christopher, Cristòfol, Cristoforo, Chistoph, etc.), significa “el portador de Cristo” (Χριστοφόρος), nombre formado por los elementos Χριστός, que significa “ungido”, derivado del verbo χρίω (ungir) y sinónimo del hebreo Mesías, y el elemento φορος, que significa “que lleva” del verbo  φορέω, “llevar”, frecuentativo de φέρω (llevar, transportar). Este último elemento está presente en palabras como fósforo (que lleva luz), semáforo (que lleva una señal) o en el de dos famosas esculturas griegas: el Moscóforo (portador de ternero) y el Doríforo (portador de la lanza), esta última de Policleto.

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Analizado de forma breve, en el anterior capítulo, el romance de Apolo y Dafne de Salas Barbadillo, aquí tenemos el romance completo:

Aquel dios ciego y malsín,

preciado de ballestero,

causa de tantos achaques

y achaque de tantos necios,

dio un flechazo a don Apolo,

dios tan prudente y tan cuerdo,

que de cochero se sirve,

por no sufrir a un cochero.

Porque aun, si siendo tan viles,

Son los cocheros soberbios,

¿Qué hicieran si ellos pensaran

Que hay un cochero en el cielo?

A la cabellera rubia,

no tuvo el rapaz respeto,

que no habiendo entonces tantas

fue notable atrevimiento.

Suspiros de fuego arroja,

Y no es encarecimiento,

Que antes lo fuera mayor,

Si los echara de hielo

Suspira por doña Dafne,

doncellona de aquel tiempo,

muy preciada de ser virgen,

que no era el mundo tan necio.

Requebrarla quiso Apolo,

Embozado, y encubierto,

Y él da lugar a la noche,

Porque la hallen sus deseos.

Excusose con ser virgen,

Y Apolo dice risueño,

Que él es quien todos los años

Está en Virgo un mes entero.

Y la ninfa al fin rebelde,

Le mira con grande ceño,

que como es hija de un río,

es fría con mucho extremo.

Apolo siente el mal trato,

mas menguado el sentimiento

mesurado, y boquirrubo,

se lamenta a lo discreto.

De las estrellas se queja,

Y andaba muy majadero,

Si él les da ración de luz,

En no vengarse pudiendo.

Muy poco se parecía

A los señores que hoy vemos,

Que aun a quien más bien les sirven,

Pagan la ración a tercios.

Qué desdichado fue Apolo

en no amar en estos tiempos;

bajará en su coche al prado

y en fe de él le hablaran luego

Determinase a forzarla,

Y ella que siente el intento,

Corre más que el que en un día

Da la vuelta al mundo entero.

Vasele por pies la dama,

Y al cabo de largo trecho

La halló en árbol convertida,

Dando más leña a su fuego

En laurel se vuelve, un árbol

de más pompa que provecho,

alcázar de ruiseñor,

truhanes de los desiertos.

Para coronar poetas

escoge sus ramas Febo,

que de árbol que no da fruto

se coronan los ingenios.

Volviose Apolo a su casa,

Admirado del suceso,

Y puso cortinas negras

A su coche el dios flamenco.

Todos excusan a Dafne

Con su propio nacimiento;

Porque si es hija de un río,

Será un peñasco su abuelo.

Refiere Ovidio esta historia,

aquel narigudo ingenio,

que siendo en sangre latino,

hubo nariz en hebreo.

En 1634 el murciano Salvador Jacinto Polo de Medina (1603-1676) escribe su extensa (540 versos) Fábula de Apolo y Dafne.

El jienense, muerto en Lima, Juan del Valle y Caviedes (1645-1698), dedicó también poemas al mito de Apolo y Dafne.

He aquí el primero:

En un laurel convertida

vio Apolo a su Dafne amada

¿quién pensara que en lo verde

murieran sus esperanzas?

II 5 Abrazado con el tronco

y cubierto con las ramas,

pegó la boca a los nudos

y a la corteza la cara.

III Con mil almas le decía

10 a la que sin ella estaba:

“Para ti y no para mí,

Dafne, ha sido la mudanza;

IV pues tanto monta el ser tronco

como el ser ninfa tirana

15 porque tanto favorece

un leño como una ingrata.

V Sólo la forma echo menos

en tus perfecciones raras;

pero en la materia toco

20 que la de un tronco es más blanda.

VI Primero piedad espero

en quien no escuche mis ansias,

moción en el que está yerto,

que en ti, estando como estaba,

25 Por lo menos grabaré

en tu tronco mis palabras

que en ti, ninfa, jamás pude

que quisieses escucharlas.

Desesperación ha sido

30 tu belleza malograda,

pues por agraviarme esquiva

hasta a ti misma te agravias.

Si hubiera sabido, ninfa,

tu venganza, en mi venganza

35 por quererte más te hubiera

querido con menos ansia”.

El peruano aborda el mito en un segundo poema (A una beldad ingrata):

Atiende, ingrata Dafne,

mis quejas, si escucharlas

te merecen mis penas,

siquiera por ser tú quien me las causas.

II 5 Bien sé que son al viento

decirlas a una ingrata,

pero yo las publico

tan sólo porque sepas lo que agravias.

III Escucha mis suspiros,

10 que no porque mis ansias

con sentimiento explique,

te han de obligar mis voces a pagarlas;

IV pues no tan fácilmente

se mueve a una tirana,

15 y así puedes sin riesgo

serme fina y atenderme, ingrata.

V Si bien te pareciera

que mucho me amaras,

advierte que el favor

20 se hace más fino cuanto más se ama.

VI Merecer tus cariños

y dármelos en paga,

y el que paga no deja

la voluntad afecta ni obligada.

VII 25 Finge que amor me tienes

y aunque me engañes, falsa,

haz siquiera de vidrio

una esmeralda para mi esperanza.

VIII No me des desengaños

30 con claridades tantas,

que el infelice vive

el tiempo que se engaña o que le engañan.

IX Sólo un triunfo consigues

si de una vez me matas:

35 darme una vez la vida

para que muchas tengas que quitarla.

 

Un estudio de estos poemas se puede leer en el artículo de Enrique Ballón Aguirre, de la Universidad del Estado de Arizona, Sobre la decepción amorosa (sentimientos y poesía barroca colonial andina).

Vicente Espinel (1550-1624), en Canciones I y Silvas I trata también el mito de Apolo y Dafne.

He aquí la primera de sus Canciones:

Tierno pimpollo, nueva y fértil planta

cultivada en el suelo,

que en breve espacio se levanta al cielo,

oye un pastor que canta

¡Célida mía!, del virgíneo coro

honra, luz, y tesoro,

y al son de tu belleza

muestra de su zampoña la rudeza.

Del sacro bando de la blanca diosa

la escuadra bella, y casta,

que en virtud, y nobleza el tiempo gasta,

la guirnalda olorosa

por mi rústica mano te presenta,

para que el mundo sienta

que aún siendo flor muy tierna,

tu virtud, y valor te hace eterna.

Al son de tu dulcísima armonía

dejó el arco, y aljaba

la ilustre diosa, que en la caza andaba:

quedó su compañía

a tu cantar atónita y suspensa,

de la belleza inmensa,

de la gracia extremada,

envidiosa, contenta, y admirada.

Si el sacro Apolo a Dafne fue siguiendo

incitado y movido

de la belleza, que en el cuerpo vido,

tu hermosura viendo,

la luz del rostro que a la suya excede,

y la virtud que puede

enriquecer mil almas

no se adornara con laurel, ni palmas.

La clara voz que del ebúrneo cuello

sale hiriendo el aire

con dulce son, y angélico donaire,

el instrumento bello

de piedras finas del dorado Oriente,

tocado blandamente

de la nevada mano

¿al Dios de Delo no dejara insano?

Y más si viera el instrumento amado,

de que se aprecia Apolo

haber sido inventor primero y solo

desenvuelto, y tocado

con tal aire, destreza, y subida arte,

sin duda fuera parte

para dejar las suyas,

y andar siguiendo las pisadas tuyas.

Viera después por las espaldas suelto

el oro más subido,

cual esparcido al viento, y cual cogido

en sutil velo envuelto:

el semblante, el aseo, y la elegancia,

que en la primera infancia

pudo dar claro ejemplo

a las Vestales del sagrado templo.

Y en suma la virtud que el alma adorna

mientras más, y más crece

en los floridos años, más parece

que al primer tronco torna:

que de tan ecelente y gran sujeto

tan limado y perfeto

es justo que se entienda,

que había de salir tan alta prenda.

Mas la dureza de que está vestido

tu tierno, y blanco pecho,

que tiene en llanto mi vivir deshecho,

cansado, y consumido,

tu cuerpo y alma desadorna tanto,

que pone al mundo espanto

ver, que tanta belleza

sustente junto a sí tal aspereza.

Canción, cuando el valor de mi señora

cantes en su presencia,

acuérdale mi mal, y su inclemencia.

En su Silva I, Espinel vuelve a abordar el mito.

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Continuamos con preguntas sobre variados aspectos que tienen sus respuestas en el mundo del griego.

22. ¿Por qué la Osa Mayor se ve todo el año en el hemisferio ártico?

23. ¿Por qué la Antártida está en el sur?

Si buscamos el nombre científico del más común de los osos, el pardo, vemos que es Ursus Arctos. Ursus es la palabra para oso en latín, de donde deriva la palabra española por evolución fonética. Por cierto, el nombre propio Úrsula significa “osita” ya que es un diminutivo de ursa, el femenino de ursus.

Arctos es la transliteración de la palabra griega para oso (ἄρκτος), palabra curiosamente femenina en griego. Además de “oso”, la palabra ἄρκτος significa Osa Mayor, es decir, la constelación Ursa Maior, ya desde Homero. Curiosamente en Ilíada XVIII, 487 y Odisea V, 273, Homero se refiere a la Osa Mayor, cuando dice:

ρκτον θ, ν καμαξαν πκλησιν καλουσιν

Y la Osa, llamada por sobrenombre el carro

En efecto, llamamos carro al asterismo formado por las estrellas más visibles de la Osa Mayor.

También significa simplemente “norte” como en Heródoto (Historias I, 148):

πρς ρκτον τετραμμνος = orientado hacia el norte.

Del sustantivo ἄρκτος deriva el adjetivo ἀρκτικός que significa “junto a la Osa, ártico, septentrional, norte”.

Ésa es la relación entre oso, Osa Mayor y ártico (norte), pues la Osa Mayor se ve todo el año en el hemisferio norte. Pero la Osa Mayor es un catasterismo, es decir, es un personaje mitológico convertido en astro. En este caso se trata de Calisto.

El viajero Pausanias también nos habla de Calisto:

π δ τ γνει παντ τρσενι θυγτηρ Λυκονι γνετο Καλλιστ. τατ τ Καλλιστολγω δ τ λεγμενα πΕλλνων συνεγνετο ρασθες Ζες·Ηρα δς φρασεν, ποησεν ρκτον τν Καλλιστ, ρτεμις δς χριν τς Ηρας κατετξευσεν ατν. κα Ζες Ερμν πμπει σσαι τν παδ ο προστξας, ν ν τ γαστρ εχεν Καλλιστ· Καλλιστ δ ατν ποησεν στρας καλουμνην ρκτον μεγλην, ς κα Ὅμηρος ν ᾿Οδυσσως νπλ παρ Καλυψος μνμην σχε·

ΠληιάδαςτσορντακαψδονταΒοτην

ρκτονθ᾿, νκαἅμαξανπκλησινκαλουσιν.

χοιενδ᾿ἂνκαλλωςτνομαοστρεςπτιμτΚαλλιστος, πετάφονγεατςποφανουσινο᾿Αρκδες.

(Pausanias, Descripción de Grecia VIII, 3, 6)

Además de toda su prole varonil, Licaón tuvo una hija, Calisto, y con esta Calisto – cuento lo que cuentan los griegos – se unió Zeus, que estaba enamorado de ella. Pero cuando Hera los descubrió, convirtió a Calisto en osa, y Ártemis la asaeteó para complacer a Hera. Zeus envió a Hermes con el encargo de que salvara al niño que Calisto tenía en su vientre. A la propia Calisto la convirtió en una constelación llamada Osa mayor, de la que Homero (Odisea V, 272-273) hace mención en el viaje de Odiseo de vuelta del lado de Calipso:

Mirando a las Pléyades y a Bootes que se oculta tarde

Y a la Osa, a la que dan el sobrenombre de carro.

Pero las estrellas tal vez tengan simplemente su nombre en honor de Calisto, puesto que los arcadios muestran su tumba.

La traducción es e María Cruz Herrero Ingelmo, en Gredos.

Eratóstenes en sus Catasterismos I, dedicado a la Osa Mayor, nos habla de la hija de Licaón:

Cuenta Hesíodo que era hija de Licaón y que vivía en la región de Arcadia, y que se dedicaba a cazar las fieras del monte como compañera de Ártemis. Fue seducida por Zeus, aunque consiguió que Ártemis no lo advirtiera; más tarde, cuando estaba a punto de dar a luz, un día que se bañaba, la diosa se percató de su estado. La diosa se enojó con ella por ese motivo y la metamorfoseó en una fiera; y ella, bajo su nuevo aspecto de osa, dio a luz a Arcadio. Unos cabreros la cazaron en el monte y la regalaron junto con su retoño a Licaón. Pasado el tiempo se atrevió a entrar al recinto sagrado de Zeus, contraviniendo la ley; fue perseguida por su propio hijo y por los habitantes de Arcadia, y a punto estuvo de morir ejecutada en la aplicación de la mencionada ley. Pero Zeus la liberó de morir en gracia a su antigua relación y la elevó al firmamento. Denominó a esta constelación Osa Mayor, a causa de su primer incidente.

La constelación tiene siete estrellas de escaso brillo en su cabeza, dos sobre cada uno de sus hombros; una más brillante sobre los omóplatos, una sobre el pecho (una sobre la garra delantera), una brillante sobre el lomo, dos sobre las garras traseras, dos en el extremo de la pata y tres sobre la cola. Todas suman veintitrés.

La traducción es de Antonio Guzmán Guerra en Alianza Editorial (8219).

El astrónomo Higino en Astronomica II, 1, que algunos dicen que es el mismo que escribió las Fábulas, nos habla también de Calisto:

Igitur, ut supra diximus, initium est nobis Arctos maxima. Hanc autem Hesiodus ait esse Callisto nomine, Lycaonis filiam, eius qui in Arcadia regnauit; eamque studio uenationis inductam, ad Dianam se adplicuisse, a qua non mediocriter esse dilectam propter utriusque consimilem naturam. Postea autem ab Ioue conpressam, ueritam Dianae suum dicere euentum. Quod diutius celare non potuit; nam iam utero ingrauescente, prope diem partus in flumine corpus exercitatione defessum cum recrearet, a Diana cognita est non conseruasse uirginitatem. Cui dea pro magnitudine suspicionis non minorem retribuit poenam. Erepta enim facie uirginali, in ursae speciem est conuersa, quae Graece ἄρκτοςappellata. In ea figura corporis Arcada procreauit. Sed, ut ait Amphis comoediarum scriptor, Iuppiter simulatus effigiem Dianae, cum uirginem uenantem ut adiutans persequeretur, amotam a conspectu ceterorum conpressit. Quae rogata a Diana quid ei accidisset, quod tam grandi utero uideretur, illius peccato id euenisse dixit. Itaque propter eius responsum, in quam figuram supra diximus, eam Diana conuertit. Quae cum in silua ut fera uagaretur, a quibusdam Aetolorum capta, ad Lycaonem pro munere in Arcadiam cum filio est deducta. Ibi dicitur inscia legis in Iouis Lycaei templum se coniecisse; quam confestim filius est secutus. Itaque cum eos Arcades insecuti interficere conarentur, Iuppiter memor peccati ereptam Callisto cum filio inter sidera conlocauit, eamque Arctum, filium autem Arctophylaca nominauit, de quo posterius dicemus.

Nonnulli etiam dixerunt, cum Callisto ab Ioue esset conpressa, Iunonem indignatam in ursam eam conuertisse; quam Dianae uenanti obuiam factam, ab ea interfectam, et postea cognitam inter sidera conlocatam.

Sed alii dicunt, cum Callisto Iuppiter esset in siluam persecutus, Iunonem suspicatam id quod euenit, contendisse ut eum manifesto diceret deprehendisse. Iouem autem, quo facilius suum peccatum tegeretur, in ursae speciem conuersam reliquisse. Iunonem autem in eo loco pro uirgine ursam inuenisse; quam Dianae uenanti, ut eam interficeret, demonstrasse. Quod factum ut perspiceretur Iouem aegre tulisse, effigiem ursae stellis figuratam constituisse.

Así pues, como arriba dijimos, empezaremos con la Osa Mayor. Hesíodo dice que ésta era Calisto, la hija de Licaón, que reinó en Arcadia y que llevada por el afán de la caza se consagró a Diana por la cual fue muy amada a causa del carácter similar de una y otra. Pero después, cuando fue violada por Júpiter, temió contar a Diana su caso. Pero no pudo por más tiempo ocultarlo; pues estando ya su embarazo avanzado, cerca del día del parto, cuando ejercitaba su cuerpo cansado por la práctica de la caza en un río, fue conocido por Diana que no conservaba su virginidad. A ella la diosa por la magnitud de la sospecha no dio a cambio menor castigo. Arrebatado, en efecto, su rostro de doncella, fue convertida en osa, que en griego se dice ἄρκτος. Con este aspecto engendró a Arcas. Pero, como dice el escritor de comedias Anfis, Júpiter, tomado el aspecto de Diana, cuando seguía como ayudante a la virgen cazadora, alejada de las miradas de los demás la violó. Cuando Diana le preguntó qué le había sucedido al aparecer con un vientre tan grande, dijo que había sucedido por una falta suya. Y así, por su respuesta, en la figura que más arriba hemos dicho la convirtió Diana. Cuando vagaba por el bosque como una fiera, fue capturada por un etolio y llevada como regalo a Licaón a Arcadia con su hijo. Allí se dice que, desconocedora de la ley, se refugió en el templo de Zeus Licio; al instante la siguió su hijo. Y así cuando los arcadios, tras perseguirles, intentaban matarlos, Júpiter acordándose de su falta arrebató a Calisto y la colocó junto a su hijo entre las estrellas; y la llamó a ella Osa y a su hijo Guardián de la Osa (Arturo), de lo cual hablaremos después.

Algunos también han dicho que Calisto, cuando fue poseída por Júpiter, Juno, indignada, la convirtió en osa; y al salir al paso de Diana mientras cazaba, fue muerta por ésta y tras ser después reconocida fue colocada entre las estrellas.

Pero otros dicen que, cuando Júpiter persiguió a Calisto en el bosque, Juno sospechando lo que había ocurrido, intentaba que dijera abiertamente que él la había poseído. Pero que Júpiter, para ocultar más fácilmente su pecado, la había abandonado convertida en osa. Y que Juno había encontrado en aquel lugar en lugar de una doncella una osa que había mostrado a Diana cazadora para que la matara. Y para demostrar que Júpiter había soportado mal este hecho, había colocado una figura de osa en las estrellas.

23. La respuesta a esta pregunta es breve y está muy relacionada con la anterior. Existe en griego el adjetivo  νταρκτικς (antártico), formado por la preposición ἀντί (contra, opuesto a) y el ya visto adjetivo ἀρκτικός. La palabra aparece ya en Aristóteles (De mundo 392a)

Μέσονμὲνχουσα τν γν, τος δ δο πλους πρατα. Τν δκιντων πλων τοτων μν ε φανερς στιν πρ κορυφν ν κατ τ βρειον κλμα, ρκτικς καλομενος, δπ γν ε κατακκρυπται, κατ τ ντιον, νταρκτικς καλομενος.

Con la tierra en el medio, y dos polos en los extremos. De estos dos polos fijos, el uno es siempre visible al norte en el horizonte: es el llamado polo norte, el otro, al sur, permanece oculto por debajo de la tierra: es el llamado Antártico.

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Seguimos con las Harpías, a propósito de los dos ejemplares en piedra que hay en el campanario de Castellón, el Fadrí. Y continuamos con el relato de Apolonio de Rodas en El viaje de los Argonautas:

Τ μν πειθ᾿ρκ, καλαλκμεναι μεναινον·

αψα δ κουρτεροι πεπονατο δατα γροντι,

λοσθιον Αρπυίῃσιν λριον· γγθι δ᾿ μφω

στσαν, να ξιφεσσιν πεσσυμνας λάσειαν.

κα δ τὰ πρτισθ᾿ γρων ψαυεν δωδς,

α δ᾿ φαρ, ἠύτ᾿ ελλαι δευκες ἢ στεροπας,

πρφατοι νεφων ξλμεναι σσεοντο

κλαγγμαιμωσαι δητος. ο δ᾿ σιδντες

ρωες μεσσηγς ναχον, α δ᾿ ἅμ᾿ υτ

πντα καταβρξασαι, πρ πντοιο φροντο

τλε παρξ, δμ δδυσνσχετος αθι λλειπτο.

τάων δ᾿ α κατπισθε δω υες Βοραο

φσγαν᾿ πισχμενοι π᾿ ἴσ θον, ν γὰρ ηκεν

Ζες μνος κάματν σφιν· τὰρ Δις ο κεν πσθην

νσφιν, πε ζεφροιο παρασσεσκον ἀέλλας

αἰέν, τ᾿ ς Φινα κακ Φινος ἴοιεν.

ς δ᾿ τ᾿ ν κνημοσι κνες δεδαημνοι γρης

ἢ αγας κεραος ἠὲ πρκας χνεοντες

θεωσιν, τυτθν δ τιταινμενοι μετπισθεν

κρς ν γενεσσι μάτην ράβησαν δντας

ς Ζτης Κλας τε μλα σχεδν αἴσσοντες

των κροττσιν πχραον λιθα χερσν.

κα ν κε δ σφ᾿ ἀέκητι θεν διεδηλσαντο,

πολλν κς νσοισιν πι Πλωτσι κιχντες,

ε μρ᾿ κα Ιρις ἴδεν, κατὰ δ᾿ αθρος ἆλτο

ορανθεν, κα τοα παραιφαμνη κατρυκεν·

“Ο θμις, υες Βορω, ξιφεσσιν λάσσαι

῾Αρπυας, μεγάλοιο Δις κνας· ρκια δ᾿ ατ

δσω γν ς ο οτι χρμψουσιν οσαι.”

῾Ως φαμνη, λοιβν Στυγς μοσεν, τε θεοσιν

ιγστη πθαντεσσιν πιδνοτθατη τε ττυκται,

μ μν Αγηνορδαο δμοις τι τάσδε πελάσσαι

εσατις Φινος, πε κα μρσιμον εν.

ο δ᾿ ρκ εἴξαντες πστρεφον ψ π να

σεσθαι· Στροφδας δ μετακλεους᾿ νθρωποι

νσους τοο κητι, πάρος Πλωτς καλοντες.

 ῞Αρπυιαι δ᾿ ῎Ιρς τε διτμαγον· α μν δυσαν

κευθμνα Κρτης Μινωδος, δ᾿ νρουσεν

Ολυμπνδε θοσι μεταχρονη πτεργεσσιν. 

[…] Entonces ellos dos se animaron, al oír sus juramentos, a protegerle. Pronto los criados hubieron preparado la comida al anciano, última presa de las Harpías. Cerca se colocaron los dos para alcanzarlas con sus espadas, en cuanto se presentaran. Y apenas el anciano había tocado el alimento, cuando como crueles tempestades o como rayos, de improviso surgidas de las nubes se lanzaron con estrépito ansiosas de su comida. Al verlas en medio, los héroes gritaron, y ellas, entre el vocerío, lo devoraron todo y pronto se hallaban volando, muy lejos sobre el mar, mientras allí habían dejado un hedor insoportable. A su vez en pos de ellas los dos hijos de Bóreas con sus espadas en las manos corrían por igual. Pues Zeus les había infundido un coraje incansable. Decididamente no las seguían sin el apoyo de Zeus, ya que soplaban vientos del oeste siempre, tanto al salir de casa de Fineo como al volver. Como lo perros adiestrados en la caza corren tras el rastro de cornudas cabras y de corzos, y en toda el ansia de la persecución hacen rechinar los dientes en sus mandíbulas en el vacío, rozando la presa, así Zetes y Calais, muy presurosos, las alcanzaban casi con las puntas de sus manos.

Y pronto despedazando a las Harpías sin el permiso de los dioses, al alcanzarlas muy lejos, junto a las islas, si no los hubiera visto la veloz Iris, y hubiera saltado desde lo alto del cielo por el éter y los hubiera detenido diciéndoles esto:

“No es lícito, hijos de Bóreas, que golpeáis con las espadas a las Harpías, las perras del gran Zeus. Yo os prestaré juramento de que no atormentarán ni atacarán más a Fineo”.

Tras decir esto, juró por el agua de la Estigia, que es muy temida y venerada por todos los dioses, que aquellas ya no acercarán de nuevo a la morada de Fineo, ya que así lo disponía el destino.

Ellos cedieron ante su juramento y se volvieron para regresar salvos a la nave. Las gentes llaman Estrófadas por esta razón a las islas, que antes se llamaban Plotas. Las Harpías e Iris se separaron; las unas se hundieron en una gruta de la Creta de Minos, y ella subió al Olimpo con sus rápidas alas.

La traducción es de Carlos García Gual en Alianza Editorial (1265)

El mitógrafo Higino, en su Fábula 14, dedicada a los Argonautas, nos habla de las Harpías:

Hi aues Harpyias tres, Thaumantis et Ozomenes filias, Aellopoda Celaeno Ocypeten, fugauerunt a Phineo Agenoris filio eodem tempore quo Iasoni comites ad Colchos proficiscebantur; quae inhabitabant insulas Strophades in Aegeo mari, quae Plotae appellantur. Hae fuisse dicuntur capitibus gallinaceis, pennatae, alasque et bracchia humana, unguibus magnis, pedibusque gallinaceis, pectus aluom feminaque humana.

Por la misma época en que iban a la Cólquida como compañeros de Jasón, apartaron de Fineo, hijo de Agénor, a las tres aves Harpías, hijas de Taumante y de Ozómene: Aélopo, Celeno y Ocípete, que vivían en el mar Egeoen las islas Estrófades, llamadas ahora Plotas. Se dice que tenían cabeza de gallina, plumas, alas y pecho y vientre de mujer.

La traducción es de Francisco Miguel del Rincón Sánchez en Alianza Editorial (Clásicos de Grecia y Roma).

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Terminábamos el capítulo anterior con un epigrama de Salas Barbadillo. Este escritor barroco, contemporáneo de Quevedo, dedicó un romance al mismo asunto mitológico, la Fábula de Apolo y Dafne.

Javier Salazar Rincón, en su artículo Sobre los significados del laurel y sus fuentes clásicas en la edad media y el siglo de oro, publicado en la revista de literatura del CSIC, dice:

La “Fábula de Apolo y Dafne”, del propio Salas Barbadillo, apareció en una antología de José Alfay en 1654 (Poesías varias de grandes ingenios). La composición se inicia con la venganza que Cupido lleva a cabo tras haberse burlado Apolo de él:

Aquel dios ciego y malsín,

preciado de ballestero,

causa de tantos achaques

y achaque de tantos necios,

dio un flechazo a don Apolo,

dios tan prudente y tan cuerdo,

que de cochero se sirve,

por no sufrir a un cochero.

Viene luego el enamoramiento del dios, el cual:

Suspira por doña Dafne,

doncellona de aquel tiempo,

muy preciada de ser virgen,

que no era el mundo tan necio.

Desdeñado, como en la historia narrada por Ovidio, Apolo da en perseguir a la ninfa, si bien ella:

En laurel se vuelve, un árbol

de más pompa que provecho,

alcázar de ruiseñores,

truhanes de los desiertos.

Para coronar poetas

escoge sus ramas Febo,

que de árbol que no da fruto

se coronan los ingenios.

Y el romance concluye recordando al autor de la leyenda, sin que falte el ya manido chiste a propósito de las narices judías, muy del gusto de aquel tiempo:

Refiere Ovidio esta historia,

aquel narigudo ingenio,

que siendo en sangre latino,

hubo nariz en hebreo.

José María Cossío, en Fábulas mitológicas en España, escribe:

Las cualidades satíricas de éste (Salas Barbadillo) aparecen en el romance, que en romance está desarrollada la fábula y notablemente. Lo de menos parece en él relatar el caso, si bien no se priva de hacerlo y prohijarle, bien graciosamente, al autor de las Metamorfosis

Refiere Ovidio esta historia,

aquel narigudo ingenio,

que siendo en sangre latino,

hubo nariz en hebreo.

Lo característico es el trufado de rasgos satíricos, el ingenioso aplicar a costumbres del momento cuanto chistosamente pudiera descubrir como alusión su ingenio. Los ejemplos podrían ser numerosos, pues cada dos cuartetas se encuentran, pero les reduciré a unos pocos, que podrán dar idea del estilo de Salas Barbadillo. Los coches y cocheros, obsesión y manía de las damas y daifas de entonces se satirizan así:

¡Qué desdichado fue Apolo

en no amar en estos tiempos;

bajara en su coche al Prado

y en fe de él le hablaran luego!

O bien:

don Apolo,

dios tan prudente y tan cuerdo,

que de cochero se sirve,

por no sufrir a un cochero.

No sé si la siguiente queja tiene algo de desahogo personal, que bien pudiera:

Muy poco se parecía

A los señores que hoy vemos,

Que aun a quien más bien les sirven,

Pagan la ración a tercios

Pero indudablemente era fruto de experiencia de una vida escasa y trabajosa esta observación feliz:

Para coronar poetas

Escoge sus ramas Febo,

Que de árbol que no da frutos

Se coronan los ingenios.

El romance, dentro de su carácter satírico, es excelente, y, aunque por su tema y las aplicaciones de él parece posterior a los conocidos de Góngora, por su estilo se juzgaría anterior a las novedades de su escuela, que, especialmente en este género de fábulas,  alcanzaron a cuantos autores las hicieron.

Sin pretenderlo, algunos rasgos muestran un ingenio propiamente poético, y ocurrencia graciosa, pero ocurrencia poética, es apodar así a los ruiseñores:

En laurel se vuelve, un árbol

de más pompa que provecho,

alcázar de ruiseñores,

truhanes de los desiertos.

 Hasta aquí Cossío.

La composición contiene todos los elementos del mito, revestido de un humorismo satírico. Tenemos a Cupido (aquel dios ciego y malsín), al que Salas Barbadillo describe como poco experto en el arco (lo que precisamente le echa en cara Apolo en el texto de Ovidio = preciado de ballestero) y como causante de enamoramientos y enfermedades. Hay, tal vez, una alusión a Faetón, el hijo de Helios = Sol = Apolo, en la expresión que de cochero se sirve. Dafne es presentada de un modo curioso (a la cabellera rubia). Lógicamente, tratándose del dios del Sol, los suspiros de Apolo por Dafne son de fuego. La virginidad de Dafne parece alabada en los versos muy preciada de ser virgen, que no era el mundo tan necio. Ante la negativa de Dafne a los amores de Apolo para mantener su virginidad, el dios del Sol responde que un mes al año se encuentra en el signo de Virgo (curiosa alusión al Zodíaco).

Sabemos también por el romance que Dafne es hija de un río, cuyo nombre no se cita (Peneo) y por eso tiene un carácter frío que no se somete a la pasión de Apolo. Cuando éste se determina a conseguirla por la fuerza y la persigue, se encuentra con que la ninfa es más rápida que él, el Sol, que un solo día da la vuelta al mundo (en realidad es la Tierra la que gira alrededor del Sol). Dafne se le escapa y, cuando le da alcance, ya se ha convertido en árbol. Aquí Salas escribe un verso interesante (dando más leña a su fuego) que, además de ser una expresión (echar más leña al fuego es avivar un asunto) recoge perfectamente la conversión en árbol de Dafne y la pasión (el fuego) de Apolo.

El laurel parece que no cuenta con la simpatía del autor: es un árbol más de pompa (una referencia a su símbolo de victoria) que de provecho, que sirve de nido a los ruiseñores, a los que califica como truhanes de los desiertos.

A continuación queda patente que el laurel será símbolo de poetas, pues las personas ingeniosas son coronadas por las ramas de un árbol acarpo.

Apolo (¿flamenco, es decir, holandés porque es rubio?) decide tomar luto poniendo cortinas negras a su carro.

Satírica es la comprensión de la actitud de Dafne, explicada por su linaje: si su padre era un río y le ha pasado ese carácter frío, su abuelo era un peñasco, lo que aumenta la dureza y obstinación de su actitud.

El final del romance nos desvela a su fuente (las Metamorfosis de Ovidio), con cuyo cognomen (Naso = narigudo) juega el poeta, al afirmar que, aun siendo latino, poseía una nariz propia de judíos. Los judíos en aquella época y posteriores (algunas tan deleznables, como la nazi) pasaban por tener la nariz grande.

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Otras dos cuestiones que tienen su explicación en el mundo griego o en la lengua griega.

20 ¿Por qué un portero de fútbol es un cancerbero?

21. ¿Por qué el tritón es urodelo, el sapo anuro y el piojo anopluro?

20. En la terminología del periodismo deportivo se usa la palabra cancerbero para designar al portero, como en este ejemplo sacado de una web de deportes:

El cancerbero del Real Madrid y de la selección española, Iker Casillas, capitán de ambos equipos, está a un paso de seguir dejando su huella en la historia del fútbol mundial.

El diccionario de la RAE dice:

cancerbero, ra.(De can1 y Cerbero, perro de tres cabezas que guardaba la puerta de los infiernos).

1. m. y f. coloq. Portero o guarda severo o de bruscos modales.

2. m. Dep. portero (jugador que defiende la portería).

Así pues, el diccionario ya nos indica que la palabra está formada por el elemento can (perro), derivado del latín canem (perro) y el nombre propio Cerbero, por ser éste el fiel guardián y portero de los Infiernos.

Cerbero es el “perro de Hades”, uno de los monstruos que guardaban el imperio de los muertos, vedaban la entrada en él a los vivos y, sobre todo, impedían la salida. La imagen que de este monstruo se daba con más frecuencia era la siguiente: tres cabezas de perro, una cola formada por una serpiente y, en el dorso, erguidas, multitud de cabezas de serpiente.  Se dice también que tenía cincuenta cabezas, o incluso ciento. Estaba encadenado ante la puerta del infierno y aterrorizaba a las almas cuando entraban. Uno de los trabajos que Euristeo impuso a Heracles fue enviarlo al Hades en busca de Cerbero, para devolverlo a la Tierra.

Heracles partió, no sin antes haberse iniciado en los misterios de Eleusis, que le mostraron como ingresar y regresar del país de los muertos. Hades le permitió llevarse a Cerbero a la Tierra, con la condición de que lograrse dominarlo sin servirse de sus armas habituales. Heracles luchó contra él revestido simplemente con su coraza y su piel de león. Atacó a Cerbero, lo agarró por el cuello y, a pesar de que el rabo del perro, que acababa en una especie de dardo como el de un escorpión, le picó repetidas veces, no soltó a la presa hasta que estuvo dominada. Subió luego a la Tierra con su botín, saliendo por la boca del Infierno situada en Trecén. No sabiendo nadie que hacer con Cerbero en la superficie, más tarde Heracles lo devolvió a su dueño, Hades.

Cerbero pasa por ser hijo de Equidna y de Tifón. Es hermano de Ortro, el can monstruoso de Geriones, de la hidra de Lerna y del León de Nemea.

El nombre Cerbero aparece en la Teogonía de Hesíodo (311), ya que, como nos recuerda Pausanias en Descripción de Grecia III, 25, 5:

Ομηρος δ πρτος γρ κλεσεν Αιδου κνα ντινα Ηρακλς γεν οτε νομα θετο οδν οτε συνπλασεν ς τ εδος σπερ π τ Xιμαρᾳ· οἱ δὲ ὕστερον Κέρβερον ὄνομα ἐποίησαν καὶ κυνὶ τἄλλα εἰκάζοντες κεφαλὰς τρεῖς φασιν ἔχειν αὐτὸν, οὐδέν τι μᾶλλον ῾Ομήρου κύνα τὸν ἀνθρώπῳ σύντροφον εἰρηκότος εἰ δράκοντα ὄντα ἐκάλεσεν ῾Αιδου κύνα.

Pero Homero – pues fue el primero que llamó perro del Hades al que llevó Heracles – no le puso ningún nombre ni lo imaginó de una determinada forma, como en el caso de la Quimera. Los poetas posteriores le pusieron el nombre de Cerbero, y, aunque en lo demás lo hicieron igual a un perro, le atribuyeron tres cabezas, a pesar de que Homero no lo ha descrito como un perro, el compañero del hombre, más que llamándolo perro del Hades siendo una serpiente.

En efecto, Hesíodo, al hablar de la descendencia de Equidna y Tifón, dice:

δετερον ατις τικτεν μχανον, ο τι φατειν,

Κρβερον μηστν, Αδεω κνα χαλκεφωνον,

 πεντηκοντακφαλον, ναιδα τε κρατερν τε.

En segundo lugar tuvo un prodigioso hijo, indecible,  el sanguinario Cerbero, perro de broncíneo ladrido de Hades, de cincuenta cabezas, despiadado y feroz.

Apolodoro, en Biblioteca Mitológica II, 5, 12, nos cuenta:

δωδκατον θλον πετγη Κρβερον ξ ιδου κομζειν. εχε δ οτος τρες μν κυνν κεφαλς, τν δ ορν δρκοντος, κατ δ το ντου παντοων εχεν φεων κεφαλς…

ατοντος δ ατο Πλοτωνα τν Κρβερον, πταξεν Πλοτων γειν χωρς, ν εχεν πλων, κρατοντα. δ ερν ατν π τας πλαις το χροντος, τ τε θρακι συμπεφραγμνος κα τ λεοντ συσκεπασθες, περιβαλν τ κεφαλ τς χερας οκ νκε κρατν κα γχων τ θηρον, ως πεισε, καπερ δακνμενος π το κατ τν ορν δρκοντος.

Como duodécimo trabajo se le ordenó traer del Hades a Cerbero. Éste tenía tres cabezas de perro, cola de dragón y en el dorso cabezas de toda clase de serpientes… Cuando Heracles pidió el Cerbero a Plutón, éste le concedió llevárselo si lo dominaba sin hacer uso de las armas que portaba. Heracles, cubierto con la coraza y con la piel de león, lo encontró a las puertas del Aqueronte, rodeó con sus brazos la cabeza de la bestia, y aunque lo mordió la serpiente de la cola, no lo soltó, oprimiéndolo y ahogándolo, hasta que se hubo rendido.

21. Cuando nos encontremos con una palabra que tenga como uno de sus elementos el étimo uro/ -uro y esa palabra esté definiendo un animal, debemos pensar que estamos refiriéndonos a su cola. En efecto, en griego “cola” (no la de pegar, que es κόλλα), sino la extremidad posterior del cuerpo y de la columna vertebral de algunos animales, se dice οὐρά, y uro- /-uro son palabras referidas a alguna de las características de esa cola.

No se debe confundir este elemento uro-/ -uro, con el uro- de palabras como urólogo, o el reducido ur-, en palabras como uremia, urémico, que provienen del étimo ορον (orina)

Las tres palabras de esta cuestión se refieren, por tanto, a la cola y sus características. Urodelo y anuro se refieren a dos anfibios (palabra también de origen griego), diferenciados por la presencia (urodelo) o ausencia (anuro) de la cola.

urodelo (Del gr. ορ, cola, y δλος, visible).

1. adj. Zool. Se dice de los anfibios que durante toda su vida conservan una larga cola que utilizan para nadar y tienen cuatro extremidades, aunque a veces faltan las dos posteriores. En algunos persisten las branquias en el estado adulto; p. ej., la salamandra. U. t. c. s.

2. m. pl. Zool. Orden de estos animales.

anuro, ra (De an-1 y el gr. ορ, cola).

1. adj. Zool. Que carece de cola.

2. adj. Zool. Se dice de los batracios que tienen cuatro extremidades y carecen de cola; p. ej., la rana y el sapo. U. t. c. s.

3. m. pl. Zool. Orden de estos batracios.

Como ya nos dice el diccionario, la salamandra o tritón es un urodelo y los sapos y ranas son anuros. Siguiendo con terminología griega, los anuros se dividen en aglosos (ausencia de lengua, de “no” y γλώσσα “lengua”) como el sapo de Surinam, y en faneroglosos (de γλώσσα “lengua” y φανερός “evidente, visible”), que utilizan la lengua para la captura de presas, como las ranas y los sapos comunes.

Los urodelos también son llamados caudata; del latín caudam “cola”)

Anopluro (Del gr. νοπλος, sin armas, y ορ, cola).

1. adj. Zool. Se dice de los insectos hemípteros, sin alas, que viven como ectoparásitos en el cuerpo de algunos mamíferos; p. ej., el piojo y la ladilla.

Los anopluros (Anoplura), que, como hemos visto, deben su nombre al griego son un suborden de piojos, comúnmente denominados “piojos chupadores” para enfatizar su alimentación hematófaga, a diferencia de la mayoría de los restantes piojos, conocidos como “piojos masticadores”.

Mientras los piojos masticadores son muy frecuentes tantos en mamíferos como en aves, los anopluros sólo se encuentran en mamíferos. Por tanto, todos los piojos humanos (el piojo de la cabeza, el piojo del cuerpo y la ladilla) son anopluros.

También de la palabra  provienen términos como urocero, acanturo, macruro, oxiuro, panuro, uronecto, urópodo, uropristo y xifosuro.

Y ya que estamos con terminología zoológica, no nos resistimos a ofrecer algunas palabras de origen griego usadas en la biología, en concreto en la organización y clasificación del reino animal. Lo haremos sólo de los insectos:

Hexápodo, entognato, ectognato, exopterigoto, heterometábolo, paleóptero, efemeróptero, odonato, neóptero, polineóptero, plecóptero, embióptero, ortóptero, notóptero, fasmóptero, blatóptero, mantóptero, isóptero, dermáptero, paraneóptero, zoráptero, psocóptero, phtiráptero, tisanóptero, hemíptero, heteróptero, homóptero, endopterigoto, holometábolo, neuróptero, rafidióptero, megalóptero, mecóptero, tricóptero, lepidóptero, díptero, sifonáptero, afaníptero, himenóptero, coleóptero, strepsíptero.

Y un larguísimo etcétera.

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