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Archive for the ‘Mitología’ Category

(Carlos García Gual)

Terminábamos el anterior capítulo con el poema XXIX de Garcilaso, que García Gual recoge en su prólogo a la edición de Montes Cala, en Gredos.

Francisca Moya del Baño, en su trabajo citado El tema de Hero y Leandro en la Literatura espanola, dice sobre el soneto garcilasiano:

Boscán inició la adaptación del endecasílabo y sus estrofas típicas italianas, pero “Garcilaso en su exquisito arte logró la incorporación definitiva de esta métrica a la lengua castellana” (A. Valbuena, Historia de la literatura española).

No obstante, y también según Valbuena, los sonetos son lo más deficiente de la obra del poeta toledano; la adaptación no ha sido lograda del todo y sólo se pueden destacar algunos de entre ellos. Y el soneto, salvo en contados casos no pasa de un intento afortunado, resultando la composición métrica más desigualmente adaptada por el poeta castellano.

Pero debido a la categoría de Garcilaso, aunque no sobresalga en los sonetos como en el resto de su producción, merece un muy destacado lugar. La lengua empleada es sonora, rica en matices; en la selección y distribución de palabras poéticas actúa siguiendo un procedimiento semejante a Góngora, por lo que enlaza de una manera más o menos directa con el Barroco. El soneto 29 trata de los amores de Leandro y Hero, es decir de la travesía del joven, pues se prevé la muerte, aunque nada se dice de ella. Podía ser muy bien de un autor barroco cuyo “barroquismo” no hubiese sido llevado a extremos.

Musicalidad en los versos, en las palabras, abundancia de adjetivos, precedidos del artículo como “Leandro, el animoso” (audax), que destaca la idea de animoso, “amoroso fuego”, “ímpetu furioso”. El último endecasílabo del primer cuarteto:

“embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso”

ofrece unas características especiales, hay un encabalgamiento muy logrado entre “embraveciendo” y el objeto directo “el agua”. Se da un predominio de vocales obscuras (4 u, 3 o) y el acento en 6ª, al recaer sobre la i, penetrante y aguda, consigue los efectos del oleaje de un día de tormenta. El ritmo dactílico de la palabra “ímpetu”, palabra clave y significativa, ayuda a conseguir los efectos deseados.

No obstante, hay un abuso de gerundios, que riman poco estéticamente: “ardiendo”, “embraveciendo”, “pudiendo”, “muriendo”.

Marcial, pues, está presente con su epigrama en este soneto. Leandro se dirige a las olas, pero su voz no fue de ellas oída:

“Ondas, pues no os escusa que yo muera

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor esecutá en mi vida”.

Gran éxito parece ser que consiguió este soneto, citado y comentado muchas veces. En su novela Las fortunas de DianaLope (de Vega) recuerda unos versos del soneto de Garcilaso, imitación de Marcial, “por quien a vuestra merced (la señora Marcia Leonarda) le está mejor no conocer su lengua”: “ondas dejadme pasar y matadme cuando vuelva”.

Gracián dice de Garcilaso en su Discurso 35: “oye como lo traduce el coronado cisne Garcilaso: tan sublime asunto es el traducir bien poemas de grandes autores”.

Y Herrera dice del soneto que con él se abre la larga serie de imitaciones que este afortunado epigrama ha tenido en España.

 

Y volvemos ahora con García Gual, quien trae a escena a otro poeta, que glosó en octavas reales el soneto de Garcilaso:

Es Garcilaso quien introduce el tema en la poesía renacentista española, si bien no parece tomarlo del poema de Museo, sino de una alusión de Marcial, y de Ovidio acaso. Glosa Aldana el soneto dedicando una octava real a cada verso con singular maestría: es la escena única del mar embravecido que apaga los ruegos y la vida del apasionado nadador, que se despliega en catorce octavas que concluyen en un verso de Garcilaso cada una, excelente homenaje al gran poeta.

Aquí está el poema de Aldana:

 

Entre el Asia y Europa es repartido

un estrecho de mar, do el fuerte Eolo,

con ímpetu terrible embravecido,

muestra revuelto el uno y otro polo:

de aquí la triste moza, desde Abido,

siente a su amigo entre las ondas solo;

aquí dio fin al último reposo,

pasando el mar, Leandro el animoso.

De un ardiente querer, de un mozo ardiente

la más ardiente llama aquí se muestra,

que de un pecho gentil, noble y valiente,

da aquel furor que el fiero niño adiestra.

¡Oh milagro de amor, que tal consiente!

¡Oh estrella en rodear mil glorias diestra,

pues mansa le aguardaste feneciendo,

en amoroso luego todo ardiendo.

No torbellino de aire ni nublado,

no por las aguas, con helado viento,

subirse el ancho mar al cielo airado,

temblar el alto y bajo firmamento,

al animoso mozo enamorado

pudieron detener solo un momento;

el cual, la blanca espuma ya partiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo.

Los brazos y las piernas ya cansadas

mueve el mozo gentil con pecho fuerte

y lucha con las ondas alteradas,

mas antes con el fin ya de su suerte.

¡Oh Parcas!, ¿cómo sois tan mal miradas

en no aguardarle, a la tornada, muerte?,

pues ya cortando va el pecho amoroso

las aguas con un ímpetu furioso.

Déjale, ¡oh Parca!, ver dentro en los brazos

de su querida y de su amada Hero,

concédeles que den sendos abrazos

en remembranza de su amor primero;

aplaca el mar que en tantos embarazos

por evitar, se puso, un gozo entero;

¿ya no le ves sin fuerza y sin reposo,

vencido del trabajo presuroso?

[…]

[…]

Los brazos con flaqueza y pesadumbre,

ya de puro cansado, mueve apenas:

ora se ve del cielo allá en la cumbre,

ora revuelto en medio a las arenas.

Dice, volviendo a ver su clara lumbre:

Luz que tan dulce escuridad me ordenas;

mostrando por tal fin ser más dichoso,

que de su propia vida congojoso.

En esto el viento, con furioso asalto,

hiere la torre de la bella Hero,

que, muerta y desmayada, en lo más alto

está esperando a su amador primero,

mas viendo al mar tan intratable y falto

y el mundo triste, al espantable agüero,

regando sus mejillas, casi helada,

como pudo esforzó su voz cansada.

Probó esforzar su voz, mas cuando quiso

detúvola el dolor que la ocupaba,

y el órgano, forzado, al improviso,

en sospirar profundo lo exhalaba;

de aquí tomó la desdichada aviso

que su caro Leandro ya faltaba,

y tornando a cobrar la voz primera,

a las ondas habló desta manera:

¡Oh turbias aguas que so el gran tridente

del repentino dios vais gobernadas.

paz a mi bien metido en la corriente,

paz ya, por Dios, corrientes alteradas;

socorro al dulce esposo prestamente,

socorro, que en mi mal vais concertadas,

socorro -dice- a mi Leandro y vida!

Mas nunca fue su voz dellas oida.

Mas ¿quién podrá contar, ¡oh avaro cielo!

las quejas que en el viento el mozo pierde

viendo, presente tanto desconsuelo,

quebrarse el tronco de su vida verde?

Dijo a la mar, forzando el sutil velo

del aliento vital que al alma muerde:

dejadme allá llegar, ondas, siquiera,

ondas, pues no se excusa que yo muera.

Y procediendo con el ruego honesto:

¡Hero, Hero!  -pasito profería-

¡oh cara Hero, oh Hero!, ¿qué es aquesto?

¿quién nos aparta, oh cara Hero mía?

Un golpe muy furioso le dio en esto

que el aliento postrero en él desvía;

queriendo hablar, su voz fue aquí acabada:

dejadme allá llegar, y a la tornada.

No pudo más porque en el pecho helado

el alma fuerza tanta no cobraba,

y queriendo salir del cuerpo amado

a la fría boca un poco de aire daba.

Al fin, con sospirar breve y cortado

que el nombre de Hero casi pronunciaba,

dijo difuto y muerto en su salida:

Vuestro furor esecutá en mi vida.

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Seguimos con los extractos de la traducción de Boscán del poema de Museo Hero y Leandro, y seguimos con el pasaje de los versos 808 a 904. Leandro había manifestado su determinación de cruzar el Helesponto para reunirse con Hero.

 

Así lo será a mí pasar a nado

este braço de mar, yendo a tu torre,

que ir en barco sería perder tiempo.

Y tomar para esto por compañía

sería no acudir a tu secreto.

Cosa tan importante y deseada,

yo solo é de gozar d’hazella toda.

Yo mismo seré’l barco y el remero,

y siendo el llevador seré’l llevado.

Yo romperé las ondas de Neptuno,

y mi proa porné contra los vientos

d’Eolo, y no me turbarán los Phocas,

ni me ternán las muy peinadas Nimphas,

aunque Thetis allí venga con ellas,

mostrando los sus pechos sobre’l agua.

Ni aquellos con sus rostros monstruosos,

ni aquestas con sus hermosuras blandas,

divertirme podrán de mi camino.

(c) Sir Christopher Cook, Bt; Supplied by The Public Catalogue Foundation

No temeré los montes de las aguas,

ni el bramido del mar embravecido,

viendo que voy adonde’stás, iré

por camino muy llano y muy seguro.

Solamente una cosa t’encomiendo:

que, cuando acordarás que yo a ti vaya,

en la noche me pongas una lumbre,

muy junto a la ventana donde duermes,

porque mejor saber yo pueda el punto

de cuándo é d’ir, y al tiempo que ya fuere,

en lo escuro, atinar sea más fácil.

Tu lumbre me será la cierta guía

con que será guiado mi vïage

hasta tomar derechamente’l puerto.

No será menester alçar los ojos,

cansados y adormidos, para’l norte.

..

(Mar embravecido y muerte de Leandro; posterior suicidio de Hero: 2733-2793)

Un rato fue siguiendo su camino,

con trabajo, pero podía hazello,

mas ya después que allá, más adelante

llegó, la mar s’embraveció del todo,

rebentando sus furias concebidas;

envistieron los vientos con sus fuerças,

el Aquilón, el Áfrico y el Euro,

haziendo sierras espantosas d’agua;

los truenos y los rayos s’alcançavan;

el cielo se rompía en torbellinos

y la mar del furor que padecía

hasta’l hondón s’abría espesas vezes.

Peleava en mitad destas fortunas

sin desmayar un punto el triste moço,

luchando con sus pies y con sus manos,

rompiendo por la muerte y por las ondas,

teniéndose entre tantos enemigos;

Hero and Leander c.1875 Henry Hugh Armstead 1828-1905 Bequeathed by the artist 1906 http://www.tate.org.uk/art/work/N02054

pero la tempestad creciendo andava,

y aunque la noche a la mañana s’iva,

no havía’sperança allí de ningún día.

Este andar peleando duró tanto

que Leandro, que’n fin era de carne,

començó, el triste, de perder sus fuerças.

Empeçaron sus braços a vencerse,

sus piernas anduvieron desmayando,

entrávale la muerte con el agua,

y dél a su plazer tomava el tiempo.

Él, viéndose morir entre’stos males,

la postrer cosa que hizo el desdichado

fue alçar los ojos a mirar su lumbre.

Y aquel poco d’aliento que tenía,

echóle todo en un gemido baxo,

embuelto en la mitad del nombre d’Hero.

Y allí un golpe le dio del mar tan bravo,

que le sorbió del todo en un instante,

y en este mismo punto, un torbellino

acabó de matar la lumbrezilla,

testigo fiel y dulce mensagera,

d’estos fieles y dulces amadores.

Começó a esclarecer en este tiempo,

y Hero, con furia de mortal congoxa,

con los ojos buscando toda el agua,

buscando las riberas y buscando

más allá que llegava con su vista,

no viendo nada, en fin, cayó de pechos

en la ventana, sobre las barandas.

Y acaso, sin sentir cosa que hiziese,

que ya poco sentido le quedava,

hazia’l pie de la torre miró el suelo,

y su Leandro vio muerto en l’arena.

Entonces, con la ravia de la muerte,

a rasgar empeçó sus vestiduras,

mesando sus cabellos y arañando

su lindo rostro, sus hermosos pechos,

inchiendo d’aullidos todo’l campo.

Tras esto, así, sin más pensar su muerte,

dexándose caer de la ventana,

dio sobre’l cuerpo muerto de Leandro,

que aún entonces se l’acabava el mundo.

Y así se fueron juntas las dos almas

a los campos Elisios para siempre.

 

Hasta aquí los extractos de la traducción de Boscán.

 

Y, tras ellos, continuamos ofreciendo información sobre la pervivencia del mito de Hero y Leandro en la literatura española, para la que estamos usando tres fuentes: el prólogo de García Gual a la edición de José Guillermo Montes Cala, en Gredos; el trabajo El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español de María Jesús Franco Durán (Universidad de Salzburgo, Austria) y el de Francisca Moya del Baño, El tema de Hero y Leandro en la literatura española.

En el prólogo a la edición de Hero y Leandro de Museo, escribe García Gual:

Algunos años antes de que Boscán romancease la leyenda a partir del epilio de Museo, su amigo Garcilaso había compuesto un gran soneto sobre el episodio amoroso de trágico final. Es el soneto que comienza: (Pasando el mar Leandro el animoso) (el XXIX de sus sonetos), que tendría muchos ecos en nuestras letras y será glosado espléndidamente por Francisco de Aldana.

He aquí el soneto de Garcilaso de la Vega:

SONETO XXIX

Pasando el mar Leandro el animoso,

en amoroso fuego todo ardiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso.

Vencido del trabajo presuroso,

contrastar a las ondas no pudiendo,

y más del bien que allí perdía muriendo

que de su propia vida congojoso,

como pudo, ’sforzó su voz cansada

y a las ondas habló d’esta manera,

mas nunca fue su voz dellas oída:

«Ondas, pues no se escusa que yo muera,

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor esecutá en mi vida.

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juan-boscan

Expuesto en anteriores capítulos lo que dicen sobre la traducción de Museo a cargo de Boscán estos tres autores (García Gual, Franco Durán y Moya del Baño) en sus muy interesantes obras, nosotros ofrecemos unos extractos de la larga traducción de Boscán, a los que hemos dado un epígrafe explicativo.

(Invocación a la Musa, localización el episodio y actuación de Eros: 1-37)

Canta con boz süave y dolorosa,

¡o Musa!, los amores lastimeros,

que’n süave dolor fueron criados.

Canta también la triste mar en medio,

y a Sesto, d’una parte, y d’otra, Abido,

y Amor acá y allá, yendo y viniendo;

y aquella diligente lumbrezilla,

testigo fiel y dulce mensagera

de dos fieles y dulces amadores.

¡O mereciente luz de ser estrella

luziente y principal en las estrellas,

que fueron desd’acá al cielo embiadas

y alcançaron allá notables nombres!

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Pero comiença ya de cantar, Musa,

el proceso y el fin de’stos amantes:

el mirar, el hablar, el entenderse,

el ir del uno, el esperar del otro,

el desear y el acudir conforme,

la lumbre muerta y a Leandro muerto

Sesto y Abido fueron dos lugares,

a los cuales en frente uno del otro,

ést’en Asia y aquél siendo en Europa,

un estrecho de mar los dividía.

Con sus ondas Neptuno en ellos dava;

oíanse los gallos y los perros

de’ntrambos y los humos se topavan.

El dios d’Amor contra estos dos lugares,

por su plazer o por lo que’l se sabe,

su mano convirtió con tanta fuerça,

que aun hizo mayor mal del que pensava;

y en ambos dio con una sola flecha,

dando en el coraçón d’un gentil moço

y en otro coraçón d’una donzella,

los nombres de los cuales eran estos:

era Leandro el dél, y el d’ella Hero,

iguales en linage y en hazienda,

en valer, en saber y en hermosura.

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Eros (1820), óleo sobre lienzo de 142 x 113 cm., de Joseph Paelinck (1781-1839). Museo de Bellas Artes (Museum voor Schone Kunsten) de Gante

(Prestancia de Hero en la fiesta de Afrodita y Adonis: 124-156)

Ellos estando así, veis donde asoma,

por la más principal puerta del templo,

Hero, la virgen generosa, ilustre.

Entrava con sus rayos d’hermosura,

acá y allá mil gracias descubriendo,

mil gracias que’ncubrir no se podían.

Como salir la blanca aurora suele,

con su color las rosas imitando,

y el oro figurando en sus cabellos;

y al su salir, las gentes s’alboroçan

y empieçan a sentir nueva alegría,

renovándose en sus viejos trabajos:

así salió la virgen, cuando entrava

por el templo de Venus, y así iva,

haziendo’star atentos mil sentidos.

Movía con su gesto, y refrenava,

cuantos eran allí, y en un momento

contrarios acidentes produzía.

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El nacimiento de Venus (1879), óleo sobre lienzo de 300 x 218 cm., de William-Adolphe Bouguereau. Musée d’Orsay. París

En su cuerpo su alma se mostrava,

y víase también claro en su alma,

que a tal alma, tal cuerpo se devía.

Levantava los ojos a su tiempo,

sin parecer que s’acordava dello,

dando con un descuido mil cuidados.

El andar, el mirar, el estar queda,

andavan en tal son que descubrían

un cierto no sé qué tan admirable,

tan tendido por todo y por sus partes,

con tal orden y fuerça recogido,

que era imposible dalle lugar cierto;

y con su luz tan presto dava el golpe,

que sin herir, al parecer, matava,

como rayo que mata al primer punto.

Estábamos ofreciendo extractos de la traducción del poema Hero y Leandro a cargo de Juan Boscán. Proseguimos:

(Enamoramiento de Leandro: 204-239)

Solo, Leandro calla y solo muere,

solo cierra su boca y aun sus ojos,

apretándose en su profunda llaga.

Como el doliente que su muerte teme,

que no osa dezir donde le duele,

y de miedo del mal se da por sano,

de flaco y d’apretado haziendo esfuerços,

así el cuitado de Leandro’stava

sintiéndose venir su muerte cerca.

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Hero lamenta la muerte de Leandro (1635-1637), color sobre lienzo de 155 x 251 cm., de Jan van den Hoecke. Kunsthistorisches Museum de Viena, Gemäldegalerie

Conoció la saeta emponçoñada,

vio la mano de donde salió el tiro,

sintió que al coraçón l’acudió el golpe,

entendió más, cuál llaga se le hizo,

y concluyó que por manera alguna

no podía escaparse de la muerte.

Pero, desengañado, se’ngañava,

y dávas’antender que biviría,

y viendo la verdad, se dava maña

a creer no sé cómo la mentira.

Él, luego que la virgen vio en el templo,

estuvo sobre sí como espantado

d’un tan grande milagro d’hermosura.

Y en verdad quisiera hallarse lexos

d’un peligro tan presto y tan estraño,

y diera, por entonces, todo el gusto

y todo el bien, de ver un bien tamaño,

por no verse en un mal de tanto aprieto.

Tras esto, rebolvió su sentimiento,

y empeçó a recebir aquella vista

d’aquel sol que aserenava el mundo.

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Dexó estender sus rayos por su alma,

hechando su calor y luz por ella,

y así l’esclareció, y él levantóse

con nuevos alboroços levantados,

y empeçó con Amor a entrar en cuenta,

acordando de no dexar morirse

(Presentación de los amantes y propósito de Leandro de visitar a Hero: 808-904, que ofrecemos extractados)

De mí, si saber quieres otro tanto,

a mí me llaman Hero, y es mi patria

Sesto, una gran ciudad que oy avrás visto;

cabe la cual parece un alta torre,

pegada con la mar sobre una peña;

mi aposiento es allí, donde’stoy sola,

con una sola dueña que me sirve,

mi mocedad pasando estrechamente.

Lo que sufrir no puedo sin gran pena

es no tener con quien descansar pueda,

agora en especial, que tanto tengo

que descansar, cuitada; pero vaya

que si contigo descansar no puedo,

poco aprovechará cualquier descanso.»

Atajada quedó en diziendo esto,

y así calló, sus ojos en el suelo,

cogiendo su cabeça entre los ombros.

Leandro, que subir se vio tan presto

a un estado tan alto de fortuna,

dexóse’star así por un buen rato,

sin saber responder a tanto gozo.

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La despedida de Hero y Leandro (antes de 1837), óleo sobre lienzo de 146 x 236 cm., de Joseph Mallord William Turner. The National Gallery de Londres

Su coraçón se’nterneció del todo,

dando en llorar, mas fue muy diferente

este llorar d’un otro que emos dicho.

Las lágrimas que fueron de dolor,

en lágrimas d’amor se convertieron.

Ya después que s’abrió con esto un poco

su alma, y tornó en sí, cobrando fuerças,

dixo: «Señora, tras un bien tan alto,

¿qué á de dezir un hombre, que’s tan baxo?

A bienaventurança nunca vista,

palabras nunca dichas se merecen.

Aquestas no las ay en mí ni en otro;

lo que tengo t’é dado, que’s el alma;

en ésta’stán las obras y palabras;

tómalo todo junto, si no en partes,

del arte que tú misma lo quisieres.

Yo me llamo Leandro y soy d’Abido,

que’s un lugar que’stá en frente del tuyo;

el Helesponto ves como’stá en medio;

duro estrecho de mar para nosotros,

no embargante que a mí, el trabajo en esto,

descanso me dará en cualquier trabajo,

y el peligro porná mayor esfuerço.

Todavía la mar nos está en medio;

duro estrecho d’amor que nos aparta

los cuerpos, ayuntándonos las almas;

mas tú me das aliento para todo,

y házesme ver lo que las gentes dizen,

y dízenlo quiçá porque lo oyen,

mas no porque lo entiendan ni lo sientan

que al verdadero amante todo es fácil.

helesponto

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Finalizamos el resumen de la traducción de Museo a cargo de Boscán, que realiza María Jesús Franco Durán, (Universidad de Salzburgo, Austria) en su trabajo El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español.

 

Comienza el invierno -aquí Boscán no indica si se producen más citas- y Leandro no puede nadar a causa del mal tiempo. Otra vez, siguiendo a Ovidio, se mezclan los sentimientos de Hero que quiere poner la lumbre en la ventana a pesar de que ya se ha apagado varias veces a causa del viento, aviso ya de la desgracia presentada en Museo, y nos narra la impaciencia de Leandro mirando continuamente el mar, alternando la esperanza con la desesperación. Por fin Leandro comienza su trayectoria después de ver la lámpara encendida y:

“Súbitamente en esto, las tres parcas

sus cuchillos tomaron en las manos,

apercibidas, aguardando el punto

para cortar los tratos y las vidas

de los tristes amantes mal logrados”.

Después de invocar a Venus y a Neptuno, el mar lo absorbe en el preciso instante en que se apaga la lumbre. Hero se deja caer desde la ventana cuando ya ha visto el cuerpo de Leandro en la orilla del mar. Y Boscán finaliza la historia: “así se fueron juntas las dos almas I a los Campos Elíseos para siempre”.

Sabemos que Boscán realizó su composición después de la muerte de Garcilaso. Es inevitable que algunos de los versos de esta fábula nos recuerden a los del soneto. Boscán nos presenta un Leandro “de fuego ardiente abrasándolo dentro de su alma” que “con animoso acuerdo decide enfrentarse con las olas”. Ante las dificultades del trayecto, que ya ha emprendido, repite las mismas palabras que emite Leandro en el soneto garcilasiano para calmar a las aguas, recuerdo del epigrama de Marcial al que ya aludimos pero que seguramente Boscán tomó directamente de su contemporáneo. Pero mientras que para Garcilaso son los últimos momentos de Leandro -las olas no han escuchado sus súplicas y finalmente parece- Boscán introduce una variante porque sabemos que Leandro “a la orilla llegó”.

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También Francisca Moya del Baño, en su trabajo final de licenciatura El tema de Hero y Leandro en la literatura española, se refiere a Boscán y su traducción:

Pero es el Renacimiento quien resucita el poema de Museo. Se hacen de él diversas ediciones. Demetrio Ducas inaugura nuestra imprenta griega de Alcalá de Henares con el Poema de Hero y Leandro, que parece ser de fecha de 1514.

Dice D. Marcelino (Menéndez Pelayo): “El poema se divulgó rápidamente, y por su brevedad, sencillez y corrección gramatical, sirvió muy pronto de libro a los helenistas”. Y continúa más adelante: “Habiendo sido Museo el primer autor griego impreso en España y el que más comúnmente debía leerse en las cátedras, es muy verosímil que Boscán se fijase en él desde su juventud y en él hiciese el aprendizaje de la lengua”. Afirma, pues, D. Marcelino que es verosímil que conociese el poema de Museo en la edición de Demetrio Ducas. A nosotros nos parece del todo inverosímil; tampoco creemos que en él hiciese el aprendizaje de la lengua.

Juzgamos que Boscán no sabía griego, y hay que destacar que la edición complutense está toda absolutamente en griego, sin comentarios, aclaraciones, ni mucho menos traducción latina o castellana. Debía dominar muy bien el griego para poder seguir el texto, como afirma Menéndez Pelayo.

Hemos intentado resolver el problema, investigar si Boscán sabía el griego suficiente como para traducir directamente a Museo, pero de la vida de Boscán no se tienen demasiados datos, son pocas las biografías que hay y no se alude a que conociese el griego. Respecto al Poema de Hero y Leandro se dice que es imitación de Museo; algunos biógrafos afirman que es traducción, afirmación no aceptable y perceptible al comparar la diferencia de extensión: 360 hexámetros de Museo; frente a 2.793 endecasílabos en Boscán.

Tampoco en la Edición de las obras poéticas de Boscán, hecha por Martín de Riquer, Barcelona 1957, se ofrecen datos precisos: sólo: “Compuso “Hero y Leandro” sacándole de Museo”.

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No obstante, pese a no haber encontrado ningún dato a nuestro favor, aunque no encontrado en contra ya puede tomarse como un válido argumento ex silentio, estimamos que Boscán no supo el griego necesario para vérselas directamente con Museo; pudo a lo más tener algunas nociones más o menos elementales. Pero, por otra parte, nos encontramos con un hecho, y es que el Poema de Boscán no implica sólo un conocimiento del “tema”, ya a través de Ovidio, o por una tradición literaria más o menos extendida, sino que supone casi necesariamente el conocimiento de la obra de Museo, pues es a éste a quien sigue, aunque amplíe y parafrasee con gran frecuencia.

(Desde luego a Ovidio también debió conocerle, pues por una parte existía en el siglo XV la traducción de las Heroidas llamada el Bursario, atribuída a Juan Rodríguez del Padrón, y además en su obra se advierte una clara influencia ovidiana).

Por tanto, debió conocer el Poema griego, pero no en la edición de Demetrio Ducas, sino en otra. Hemos intentado ver si ya en aquella época existía alguna traducción latina, y hemos encontrado que sí, que la de Aldo Manucio lleva una traducción latina de Marco Musuro; aunque no está fechada, parece ser de 1494. Es seguro, pues, que Boscán debió conocer algún ejemplar de esta Edición, y por tanto pudo seguir la obra dc Museo.

También conoció Boscán la Favola di Leandro e Ero de Bernardo Tasso, pues en los pasajes en que Boscán se aparta de Museo sigue fielmente a Tasso. No sería aventurado decir que a través de Tasso conoció Boscán la edición de Aldo Manucio.

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En esta segunda parte de nuestra larguísima serie sobre el poema de Museo el Gramático, Hero y Leandro, estamos ofreciendo ejemplos de la pervivencia del mito en la poesía española de Siglo de Oro, para lo cual usamos tres diferentes fuentes, ya reseñadas con anterioridad.

Analizamos ahora, con ayuda de María Jesús Franco Durán, (Universidad de Salzburgo, Austria) y su trabajo El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español la traducción de Museo a cargo de Boscán. Franco Durán ofrece un acertado resumen de la obra del poeta barcelonés:

Para la línea argumental del mito se basa en el poema de Museo, las cartas de las Heroidas de Ovidio y la fábula Ero e Leandro del italiano Bernardo Tasso. En virtud a la extensión que dedica Boscán a la fábula, el poema está ampliado y enriquecido considerablemente y destaca algunos aspectos que no se encuentran en las fuentes antiguas pero que siguen los modelos erótico-corteses de los cancioneros del siglo XV y la tradición platónica del amor. Esta idealización del amor humano llegó al Renacimiento español procedente de Italia a través de El Cortesano de Castiglione (1528). Garcilaso le envió a Boscán un ejemplar desde Italia en 1533 y éste lo tradujo. La primeraedición se imprimió en Barcelona en 1534. Las dos últimas partes de El Cortesano exponen esta filosofia del neoplatonismo. El amor debe ser virtuoso, sirve para despertar la razón y fortalecer el alma “atajando de tal manera los pasos a la sensualidad y cerrando así las puertas de los deseos”. De esta manera, el único camino para amar es la unión exclusiva del alma por la contemplación de la belleza y de Dios. Esta concepción del amor está ejemplificada en la fábula mitológica de Boscán.

francoduranlibro

El poema comienza, siguiendo a Museo, con la invocación a la musa para que cante los amores de Hero y Leandro. Hero está presentada por Boscán como una dama del renacimiento:

“En Sesto una alta torre Hero tenía

sobre la mar, en buen asiento puesta,

 dentro de la cual miraba, repartiendo

sus horas en honestos ejercicios,

para vivir sabrosa y cuerdamente.

Este lugar sus padres se le dieron;

pero no se le dieron por guardarla,

con guardas, ni con premisas ni estrecheces.

Su vivir era libre, mas no sueto;

su vivir era libre, mas no suelto;

haciendo su querer cuanto quería,

no hacía sino lo razonable,

 y en esta discordancia concordaba.

Alegre estaba estando retraída;

no buscaba solaz ni pasatiempos;

antes los pasatiempos la buscaban.

Virgen y virginal su vivir era;

no andaba en competencias, ni asonadas,

Tan apartada de tener envidia estaba,

que aun de quien se la tenía

se dolía entre sí y se lastimaba. [ … ]

Ella vivia, según hemos dicho,

recogida en su torre cuerdamente;

y envuelta en ejercicios virginales.

boscanobras

Llega la fiesta en honor a Venus y Adonis, más extensa que en Museo, y Hero aparece resplandeciente y bella. Boscán aprovecha esta ocasión para realizar una loa a la hermosura, tópico literario renacentista, y exponer las muestras de admiración de los hombres que la contemplan. Sólo Leandro calla aturdido ante tanta belleza. Cuando se encuentran por primera vez: “allí era el salir a recibirse, / allí era el mezclarse de las almas;”. Hasta este punto de la historia, Hero y Leandro representan el ideal platónico. El amor de Leandro es puro y Hero, cuyo género de vida es intachable, se mantiene virtuosa siguiendo los modelos de la época. Pero Boscán nos indica que “debajo de esta sanidad andaba / la pestilencia entrando por las venas”. Comienza el juego de la seducción. Incluso Leandro “atrevióse a tomar la mano de Hero” y la mujer, a diferencia de Museo que la retira irritada, no se molesta. Sólo cuando Leandro le intenta llevar a otro lugar ella le dice que es sierva de Venus y repite, con cierta violencia, las mismas razones que ya expusiera Museo. Leandro le responde:

“Mas el amor ningún peligro escucha,

ni por dificultad suele atajarse.

Constreñido por él a tus pies me echo,

ofreciéndote el alma por don grande

para Dios, cuanto más para los hombres.

El cuerpo ha de ir tras ella en compañía;

súfrela, pues es cuerpo de tu alma,

que la mía es ya tuya puramente

por ley de amor escrita en nuestras almas,

y más te la doy y tú la tienes.”

boscanpoesia

Los demás argumentos también se inspiran en Museo, incluso utiliza el ejemplo de Atalanta y por todo esto la ley del amor acaba imponiéndose. Hero, sin embargo, y aunque está dispuesta a ceder, se lamenta de su comportamiento:

“Sospecho que es algún pecado mío,

o quizá la soberbia de mis padres,

que siempre confiaron en mí tanto,

que alguna vez, oyendo hablar de algunas

que hubieron por amor hecho algún yerro,

luego decían: ¡cuán lejos nuestra hija

de verse en otro tanto, por más fuertes

que fuesen los combates que le diesen!

¡Tristes de ellos, que así se han engañado;

triste de mí, que así les he salido,

tan al revés de cómo me esperaban.

Y como Hero teme decepcionar a sus padres, sólo y por esta razón, a diferencia de las fuentes que hacen alusión a la extranjería de Leandro y al compromiso de virginidad por parte de las sacerdotisas de Venus, la relación no puede ser pública. Y así acuerdan el primer encuentro que se realiza como ya está atestiguado en la tradición mitográfica. Boscán introduce algunas novedades más en su poema: el regreso de Leandro en su navío, con buen tiempo y mar seguro, y el cambio en su comportamiento, amante ahora de la soledad y sólo preocupado por ver a lo lejos la señal acordada que no llega. Para explicar la tardanza de Hero, Boscán nos introduce una historia ajena a la que nos ocupa: la fábula de Aristeo y en la que se detiene minuciosamente, casi ochocientos versos. Dice el autor que Proteo, al que se le atribuye el don de la adivinación, congrega a la gente para revelar el oráculo. Se detiene especialmente en Hero, que ha acudido con sus padres al suceso, y le anuncia su porvenir.

Después de diez eternos y desesperados días, Leandro divisa la lumbre en la ventana. Se ata la ropa a la cabeza y pide a las aguas que se amansen. Durante el tiempo que dura el recorrido de Leandro, y siguiendo esta vez a Ovidio, expresa Boscán los sentimientos contradictorios de Hero: por un lado, se siente culpable por los padecimientos de Leandro y por el otro quiere que llegue pronto y -esto es novedad- se preocupa mirando a todas partes temerosa de que alguien descubra su falta. Leandro llega a la orilla del mar, consuman sus amores y al amanecer, como ya conocemos, se marcha de nuevo. Hero se queda en la torre como “la hija quedó del rey de Creta/ al tiempo que Teseo la dejó sola, / olvidada en la isla entre alimañas”.

theodor_von_holst_hero_and_leander

Hero y Leandro en paisaje marino a la luz de la luna (1810) de Theodor von Holst

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moya-del-bano

Ofrecíamos en el anterior capítulo extractos del apartado Historia del tema en el trabajo de Francisca Moya del Baño El tema de Hero y Leandro en la literatura española. Proseguimos con ellos.

Aunque D. Marcelino afirma que es una grave cuestión, que no se atreve a resolver, pensamos que los argumentos que da pueden muy bien confirmar con fundamento la pertenencia de la fábula a la literatura clásica, concretamente griega, pese a ser el poema de Museo harto tardío en relación a las Heroidas de Ovidio en latín, pues la localización en el Helesponto, la precisión y abundancia de detalles, las monedas representando a Hero y Leandro (aunque no anteriores a Caracalla y Alejandro Severo), y el viaje de Lord Byron (31 mayo 1810) para demostrar en una época de hipercrítica la posibilidad de esta navegación, son razones con suficiente valor como para afirmar que este tema no pertenece al folklore universal, sino que tiene su origen en una leyenda griega. No obstante, podríamos contradecirnos al saber que también en el Penjab se muestra la tumba donde yacen unos amantes, pero esto queda más difuso, menos concreto, tenemos menos pruebas, y efectivamente esta leyenda podía haber llegado a la India con Alejandro y sus expediciones.

Más adelante añade:

Luego defendemos la primacía para Virgilio, que en el libro III de las Geórgicas y en los versos 257-263 se ocupa del tema. Debido a la importancia de estos hexámetros, a su influencia en bastantes autores, como iremos viendo a lo largo de todo este trabajo, a que su número es pequeño, y a que no le vamos a dedicar ningún estudio especial como a Museo y Ovidio, los vamos a recoger seguidamente:

«Quid iuvenis, magnum cui versat in ossibus ignem

durus amor? nempe abruptis turbata procellis

nocte natat caeca serus freta; quem super ingens

porta tonat caeli, et scopulis inlisa reclamant

aequora ; nec miseri possunt revocare parentes

nec moritura super crudeli funere virgo!).

¿Qué decir del joven en cuyos huesos el duro amor promueve un gran fuego? Con seguridad, nada a deshora en la noche ciega por estrechos que turban las tempestades desencadenadas; por encima de él truena la gran puerta del cielo y las aguas que baten los escollos lo llaman. Y no pueden hacerle volver sus desgraciados padres ni la muchacha que morirá después de cruel muerte.

georgicasalianza

La traducción es de Bartolomé Segura Ramos, en Alianza Editorial.

Decíamos que también Carlos García Gual nos ayudaría en la pervivencia en la literatura española del mito de Hero y Leandro; pues bien, el mallorquín inicia así su prólogo a la edición de José Guillermo Montes Cala, en Gredos:

Se cumplen ahora quinientos años de la primera edición impresa del texto griego de Hero y Leandro. O, mejor dicho, de las dos primeras, pues en muy breve plazo de tiempo surgieron dos: la que llevó a cabo en Florencia Juan Láscaris, en los talleres de Lorenzo Francisco de Alopa, y la cuidada por el famoso Aldo Manucio, en sus prensas de Venecia, que se presentaba acompañada de una traducción latina, hecha por Marco Musuro. Es difícil precisar si ambas se publicaron el mismo año de 1494, o si la florentina es de ese año y la veneciana del siguiente. No importa mucho, por otro lado, y el título de editio princeps puede convenir a una y otra.

Para nosotros es también interesante recordar que el de Museo fue el primer texto griego que salió de una imprenta española. Fue en la edición realizada en Alcalá de Henares por el cretense Demetrio Ducas, que apareció en 15 14 con muy bella tipografía. Sólo el texto griego, sin traducción ni notas. Tal vez como un breve ensayo editorial previo a la amplia utilización de caracteres griegos en la programada edición de la Biblia poliglota complutense.

Desde esas ediciones primeras hasta nuestros días van cinco siglos en los que el poema de Museo se ha reimpreso numerosas veces en toda Europa -como apunta muy documentadamente J. G. Montes Cala en su introducción- y han sido muchos los ecos del epilio en nuestra literatura, muy bien señalados por M. Menéndez Pelayo y Francisca Moya del Baño (en su estudio sobre El tema de Hero y Leandro en la Literatura española, Murcia, 1966). No sólo el poema, sino el tema poético de Hero y Leandro han tenido extraordinaria fortuna en la tradición hispánica, sobre todo en nuestro Siglo de Oro. El poema de Museo se ha traducido varias veces. Ésta que presentamos es la sexta versión, creo, en esa serie que se inicia con la muy libre y amplificada de Juan Boscán, que se editó tras su muerte en Barcelona en 1543.

 

juan-boscan

Apunta García Gual:

La primera traducción castellana, la de Juan Boscán, es notablemente libre en su estilo y amplia muy notoriamente el texto, inspirándose no solo en el original griego, sino también en la Favola di Leandro e Ero de Bernardo Tasso (Venecia, 1537). El poema de Museo tiene 360 hexámetros, el de Boscán nada menos que 2.793 endecasílabos.

Basta citar unos cuantos versos del comienzo para indicar como se distancia en su tono y estilo del original griego, para aproximarse a la lírica de su tiempo:

Canta con boz süave y dolorosa,

¡o Musa!, los amores lastimeros,

que’n süave dolor fueron criados.

Canta también la triste mar en medio,

y a Sesto, d’una parte, y d’otra, Abido,

y Amor acá y allá, yendo y viniendo;

y aquella diligente lumbrezilla,

testigo fiel y dulce mensagera

de dos fieles y dulces amadores.

 

Volviendo a la traducción de Boscán, hay que reconocerle el mérito de haber presentado en castellano, en endecasílabos de rima libre y de suelta factura, el relato de Museo, aunque sin ceñirse a una versión literal y mediante una amplificatio muy notoria, que incluye el añadido de episodios ajenos a la trama central. (Así, de 1 1 12 a 19 1 3, es decir en ochocientos versos, se cuenta la historia de Orfeo y de Proteo, que procede de Virgilio, Geórgicas IV 387-528.) Aunque alejado del estilo enrevesado del poeta helenístico, Boscán logra muchos pasajes de buen ritmo y claro colorido poético, sin perder el hilo de la trama; pero con muy atractiva originalidad en sus epítetos, en sus imágenes y en su lirismo.

helesponto

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fulgencio-mythologiarum

Iniciamos en el anterior capítulo de esta serie sobre el poema Hero y Leandro, de Museo el Gramático, un breve repaso a las fuentes grecolatinas citadas por María Jesús Franco Durán (Universidad de Salzburgo, Austria) en su trabajo El mito de Hero y Leandro: algunas fuentes grecolatinas y supervivencia en el Siglo de Oro español.

Habíamos hablado de Marcial, Ovidio, Virgilio y Estacio. Y ahora proseguimos con las aportadas en el citado trabajo. Nosotros aportamos texto y traducción de las obras citadas.

En Fulgencio (Mitologiarum, Libro III, IV) también Leandro nada en la noche hasta que se muere a causa de la lámpara apagada por el viento.

Amor cum periculo saepe concordat et dum ad illud solum notat quod diligit, numquam uidet quod expedit. Eros enim Graece amor dicitur, Leandrum uero dici uoluerunt quasi lisinandron, id est solutionem uirorum; solutio enim uiri amorem parturit. Sed natat nocte, id est: in obscuro temptat pericula. Ero quoque in amoris similitudine fingitur. Lucernam fert; et quid aliud amor nisi et flammam ferat et desideranti periculosam uiam ostendat. Cito tamen extinguitur, quia iuuenilis amor non diu perdurat. Denique nudus natat illa uidelicet causa, quod suos affectatores amor et nudare nouerit et periculis sicut in mari iactare. Nam et extincta lucerna utrisque mors est procurata maritima, hoc in euidenti significans quod in utroque sexu uapore aetatis extincto libido commoritur. In mari uero mortui feruntur uelut in humorem frigidae senectutis; omne enim caloratae iuuentutis igniculum torpidae ueternositatis algescit in senio.

El amor es a menudo cercano al peligro; y cuando tiene ojos sólo para aquello que ama, nunca ve lo que es conveniente. En griego Eros es la palabra para amor, mientras que Leandro se ha querido traducir como “lisiandron”, esto es, la perdición o disolución de los hombres: la perdición produce amor en un hombre. Pero (Leandro) nada de noche, es decir, arrostra el peligro en la oscuridad. Hero, también, es representada en la semejanza del amor. Lleva un candil, y ¿qué otra cosa es el amor, sino que lleve una antorcha e ilumine a su amado el peligroso camino? Pero pronto se extingue, porque el amor juvenil no dura mucho tiempo. Finalmente, (Leandro) nada desnudo ciertamente por esta causa, porque el amor puede desnudar a sus seguidores y arrojarlos al peligro como en el mar. Pues para ambos la muerte en el mar se produce por la extinción de la luz, y esto claramente significa que para cualquier sexo el deseo muere con la extinción del ardor de la juventud. Ciertamente, los muertos son llevados en el mar como en la humedad de la fría vejez: pues toda chispa de la juventud ardiente se enfría en el declive del entumecido letargo.

 

mitografosgriegos

En Mythographus Vaticanus 1, 28 y II, 262 se alude a las dos ciudades separadas por el mar, Sesto y Abido, el enamoramiento de los jóvenes en la fiesta y el trayecto de Hero durante la noche dirigido por la lámpara que un día se apaga. Leandro llega muerto a la costa y Hero se suicida precipitándose en el mar. En todas las fuentes grecolatinas tratadas en este trabajo hay una mención expresa al trayecto de Leandro desde Abido a Sesto. Este recorrido es real y posible. Lord Byron atravesó a nado el Helesponto en 1810.

I, 28: Historia Leandri et Herus.

[1] Sestios et Abidon urbes uicinae erant et interfluentis maris arto diuisae; una earum celebris extitit per Leandrum, pulcherrimum iuuenem, altera per [C]heron pulcherrimam mulierem. [2] Quibus absentibus amor imis concaluit mentibus; iuuenis autem impatiens ignis omni modo quaerebat premendae uirginis copiam, sed nullo ad Heron terra[m] aditu inuento, simul calore et audacia impulsus, se ponto tradidit sicque natando singulas noctes puellam adiit, oblato ex aduerso turris lumine puellae studio, quo nocturnum iter ad eam dirigere posset. [3] Quadam uero nocte cum acrius solito imminens uentus faculam extingueret, errando et inscius quo cursum teneret nando interiit. [4] Cuius corpus dum postero die eiectum <in> litore fluctibus Hero uidisset, dolore instincta culmi[mi]ne cecidit. [5] Sic cum quo sortita fuit partem mundanae uoluptatis, cum eo et pertulit damnum mortiferae acerbitatis.

Sesto y Abido eran ciudades vecinas y separadas por un estrecho del mar que entre ellas fluía; una de ellas fue célebre a causa de Leandro, joven bellísimo, la otra por Hero, mujer de gran belleza. Cuando estaban separados, el amor ardía en lo más interno de sus almas; el joven, ciertamente impaciente de pasión buscaba de cualquier modo oportunidad de estar ceca de la doncella, pero no hallando ningún acceso por tierra hacia Hero, impulsado a un tiempo por el ardor y la audacia, se lanzó al mar y así nadando todas las noches llegaba hasta la muchacha, con la ayuda de un candil que el afán de la muchacha mostraba desde la torre al otro lado del estrecho, para que pudiera dirigir su nocturno camino hacia ella. Pero cierta noche, cuando un repentino viento más fuerte de lo acostumbrado extinguió la antorcha, (Leandro) desoriéntandose y sin saber hacia dónde dirigir su carrera a nado, murió. Cuando, al día siguiente, Hero vió su cuerpo arrojado por las olas a la playa, herida de dolor se lanzó desde un acantilado. De este modo, con aquél con quien compartió el deseo mundano, con ése también soportó el daño de la mortífera amargura.

 

moyaquevedo

Francisca Moya del Baño, en su trabajo final de licenciatura de 1965, El tema de Hero y Leandro en la literatura española, incicia así el apartado Historia del tema:

El poema de Hero y Leandro, citado por el bizantino Tzetzes en el siglo XII, es olvidado en la Edad Media y empieza a influir en la Moderna a finales del XV y en el XVI, dice M. Pelayo. No obstante, las Heroidas no habían dejado de leerse.

Es un hecho, pues, la extensión en el tiempo de estos amores y su éxito continuado en las más diversas épocas; suele presentar bastantes variantes, pero lo central pemanece.

Dice Menéndez Pelayo: “El tema poético tratado por las literaturas clásicas se encuentra con gran riqueza de formas en la poesía popular, sin que todas ellas puedan ser explicadas por imitación literaria. En la India existe una leyenda semejante y en el Penjab se enseña el sepulcro de dos amantes, cuya muerte fue igual a la de Hero y Leandro; pero no puede afirmarse si la leyenda procedía de Grecia, como otras tantas que de allí llegaron después de la expedición de Alejandro, o si es una antigua fábula aria que tuviese dos diversas manifestaciones en pueblos procedentes del mismo tronco. La primera versión completa que conocemos es el breve y lindo poema de Museo» Menéndez Pelayo plantea el problema siguiente: el bellísimo tema ¿pertenece al folklore universal, o a las literaturas clásicas, de donde por oscuras derivaciones pasó a los cantos populares? Podríamos añadir otra posibilidad cuestionable: ¿Pertenece a la literatura oriental?

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Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912). Foto del Centro de Documentación de la Imagen de Santander

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