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Archive for 31 mayo 2012

Ayer mi colega Mariló Limo me proporcionó el discurso que el pasado sábado 12 de mayo pronunció en la abadía de Montecassino el abad Pietro Vittorelli, con motivo de la trigésima segunda edición del Certamen Ciceroniano de Arpinas.

Ya dediqué el año pasado un artículo al discurso de Vittorelli en el año 2011. Este año vuelvo a hablar del discurso del abad, aunque no con tanta profundidad, y una de las razones es que Vittorelli usa un texto de Séneca, muy de mi agrado, hasta el punto que lo he usado dos veces bastante recientemente: la primera en el final de mi discurso en la graduación de la promoción de estudiantes 2005-2011 del IES Matilde Salvador y la segunda en mi artículo “Algunes aportacions clàssiques grecollatines al concepte d’educació”, aparecido en la revista Ribalta 19.

Conviene, en primer lugar, que ofrezcamos el texto en latín del discurso del abad:

Salvete iuvenes carissimi ad tricesimum secundum certamen Arpinas convenientes.

“Beata est vita – ait Seneca – conveniens naturae suae, quae non aliter contingere potest quam si primum sana mens est et in perpetua possessione sanitatis suae, deinde fortis ac vehemens, tunc pulcherrime patiens, apta temporibus, corporis sui pertinentiumque ad id curiosa non anxie, tum aliarum rerum, quae vitam instruunt, diligens sine admiratione cuiusquam, usura fortunae muneribus, non servitura”. (De vita beata, III, 3). Felices, iuvenes dilictissimi, qui possunt, depulsis iis quae aut irritant aut territant, tranquilitatem, libertatem, pacem, concordiam animi et magnitudinem cum mansuetudine consequi. Virtus enim in animi bonis et in corporis servatur, omnis feritas autem ex infirmitate est. Adhuc Seneca docet: “Quisquis ad virtutem accessit, dedit generosae indolis specimen … ; agedum, virtus antecedat : tutum erit omne vestigium … ; in virtute non est verendum, ne quid nimium sit, quia in ipsa est modus. Non est bonum, quod magnitudine laborat sua”. (De vita beata, XIII, 4-5). Haec est ergo sapientia cordis “qua sola libertas est. Una ad hanc fert via, et quidem recta; non aberrabis; vade certo gradu. Si vis omnia tibi subicere, te subice rationi; multos reges, si ratio te rexerit. (Seneca, Ep. Ad Lucilium, IV, 37, 4)

 

Iuvenes carissimi, ad veram libertatem non solum sequendam sed etiam servandam nihil est magis idoneum communitate politica quae communi utilitate inserviat, quo melius – ut ait Cicero – “appetitus rationi oboediant” (De officiis, I, 29, 102), et summi virtute animoque praesint debilibus. “Verum – iterum Arpinas monet – hunc optimum statum pravis hominum opinionibus eversum esse dicunt, qui ignoratione virtutis, quae cum in paucis est, tum a paucis iudicatur et cernitur, opulentos homines et copiosos, tum genere nobili natos esse optimos putant. Hoc errore vulgi cum rem publicam opes paucorum, non virtutes tenere coeperunt, nomen illi principes optimatium mordicus tenent, re autem carent. Nam divitiae, nomen, opes vacuae consilio et vivendi atque aliis imperandi modo, dedecoris plenae sunt et insolentis superbiae, nec ulla deformior species est civitatis quam illa, in qua opulentissimi optimi putantur”. (De re publica I, 34). In hac civitate – ut pergit ipse Cicero – “ullum domicilium libertas habet, qua quidem certe nihil potest esse dulcius, et quae, si aequa non est, ne libertas quidem est”  (De re publica, I, 47).

 

Iuvenes carissimi, opto vobis ut semper mens vestra amore verae libertatis in virtute fundetur et honestis moribus solidetur ad rectam civium cooperationem et humani consortii bonum.

 

Valete quam optime.

In coenobio Montis Casini, d. XII m. Maii a. MMXII.

PETRUS VITTORELLI

Abbas Montis Casini

Tras el discurso, su traducción aproximada:

Salud queridísimos jóvenes que habéis acudido al trigésimo segundo certamen de Arpinas.

 

“Feliz es la vida – dice Séneca – que es concorde a su propia naturaleza, lo cual no se puede conseguir de otra forma que si la mente, en primer lugar, es sana y en perpetua posesión de su salud, después si es fuerte y enérgica, decididamente paciente, capaz de afrontar cualquier situación, interesada en el cuerpo y en cuanto a él se refiere pero sin ansias, amante de todo aquello que adorna la vida pero sin admirarlo, dispuesta a servirse de los dones de la fortuna pero sin hacerse esclava”. (Séneca, Sobre la vida feliz, III, 3). Felices, amadísimos jóvenes, quienes pueden, expulsado aquello que o irrita o aterra, conseguir con mansedumbre la tranquilidad, la libertad, la paz, la concordia y la grandeza de alma. La virtud, en efecto, se guarda en los bienes del alma y en los del cuerpo, toda fiereza, en cambio, surge de la debilidad. Todavía aconseja Séneca: “Todo aquél que se acerca a la virtud, da pruebas de un carácter noble…; que la virtud vaya, pues, delante: siguiendo sus huellas, siempre estaremos en seguro…; en la virtud no hay que temer que haya exceso, porque en ella misma está la mesura; no es bueno lo que padece por su propia magnitud”. (Sobre la vida feliz, XIII, 4-5). Ésta es, pues, la sabiduría del corazón “que es la única libertad. Único es el camino que a ella nos conduce, directamente por cierto; por él no te desviarás. Anda con paso firme. Si quieres someter a ti todas las cosas, sométete tú mismo a la razón. A muchos gobernarás, si la razón te gobernare a ti”.  (Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, IV, 37, 4).

 

Queridísimos jóvenes, nada es más idóneo no sólo para seguir, sino también para conservar la verdadera libertad que la comunidad política que esté al servicio del bien común, tanto más cuanto – como dice Cicerón – “los instintos obedezcan a la razón” (Cicerón, De officiis, I, 29, 102), y los mejores con la más alta virtud y ánimo estén por encima de los débiles. “Dicen – aconseja de nuevo el arpinate – que este verdadero óptimo estado queda destruido por los falsos juicios de la muchedumbre, que ignorante de esta virtud, que no sólo está presente en pocos, sino que también es apreciada y reconocida por pocos, piensa que entre los hombres los mejores son los poderosos, los ricos y los que descienden de un origen ilustre. Cuando a favor de esta equivocación del vulgo el poder, y no la virtud de algunos hombres, han tomado posesión del estado, éstos conservan obstinadamente el título de grandes, mas en el hecho no lo justifican. Pues las riquezas, el nombre, el poder, desprovistos de la sabiduría y de un subido temple para conducirse y para mandar a los otros, están llenas de deshonor y de insolente soberbia; y no hay ciudad alguna cuyo aspecto más repugne que aquella en que los ricos son considerados como mejores”. (Cicerón Sobre la república I, 34). En esta ciudad – como continúa el propio Cicerón – la libertad goza de todo asilo, y ciertamente nada puede haber más dulce que ella, y que si no es igual para todos no es ciertamente libertad.” (Cicerón Sobre la república I, 47).

 

Muy queridos jóvenes, os deseo que vuestra mente siempre se base en la virtud con el amor a la verdadera libertad y con honradas costumbres se consolide hacia la recta cooperación de los ciudadanos y el bien de la comunidad humana.

 

Que os vaya muy bien.

 

En el monasterio de Montecassino, día 12 de mes de mayo del año 2012.

 

Pietro Vittorelli

Abad de Montecassino

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Seguimos con el breve estudio de la Égloga III de Garcilaso de la Vega.

La primera octava comienza con respecto a Ovidio in medias res, pero se pueden establecer referencias claras a informaciones que encontramos patentes en Ovidio y que en Garcilaso debemos leer entre líneas.

pintando a Apollo en el robusto officio / de la silvestre caça embevecido

Estos dos endecasílabos nos permiten hacer las siguientes comparaciones:

en los versos 456-460 Apolo se dirige a Cupido espetándole que no le cuadran a él armas como el arco y las flechas, que esa carga conviene más a sus hombros y su persona, que sabe causar certeras heridas a las fieras o los enemigos: qui dare certa ferae, dare vulnera possumus hosti. Evidentemente este verso está en clara conexión con la silvestre caça embevecido. Es también significativo que Garcilaso utilice una figura estilística, la hipálage, usada también por Ovidio. En efecto robusto officio es una hipálage, ya que lo que es si acaso robusto es la persona que se debe dedicar a la caza, o al menos es aconsejable, pero la caza de por sí no es robusta. Es evidentemente calificar a una palabra con el adjetivo que cuadraría a otra. Ovidio ha empleado también una hipálage, ¡curiosamente también en posición final de verso!, en el 456: cum fortibus armis. Las armas no son fuertes o valientes, sino que lo son o lo deben ser los que las llevan, y con esa intención se lo dice Apolo a Cupido: ¿qué tienes tú que ver, niño retozón, con las armas de los valientes? y así lo entienden todos los traductores.

En los dos siguientes endecasílabos de la égloga se nos informa de que Apolo cambia el exercicio por causa de la vengativa mano de Cupido. Garcilaso, que ha prescindido del comienzo del relato ovidiano, alude a la burla de Apolo contra Cupido con ese vengativa mano. Aparte de citar a Cupido, con lo que el lector despistado puede entrar en onda, es evidente que si hay venganza, debe haber un motivo para ella, que no es otro que esa mofa de Apolo contra Cupido.

Esa mano vengativa hizo a Apollo consumirse en lloro. Este verso es anticipación de toda la segunda parte del relato ovidiano (huida de Dafne y persecución de Apolo), sobre todo los versos 508 (Me miserum!) y 523 (ei mihi!) en los que Apolo se muestra en el mayor punto de aflicción y, por supuesto, del final del relato.

Y llegamos al endecasílabo final de la primera octava real: después que le enclavó con punta d’oro.

Este verso nos retrotrae al enfrentamiento verbal entre Cupido y Apolo y la consiguiente venganza del primero. El verso garcilasiano es fusión de dos versos ovidianos: con un solo verbo (enclavó) Garcilaso recoge espléndidamente todo el contenido del verso 473 de Ovidio: laesit Apollineas traiecta per ossa medullas (hirió hasta la médula de Apolo después de atravesarle los huesos). Obsérvese la magnífica elección del verbo por parte de Garcilaso; enclavó es precisamente lo que ha querido decir también Ovidio.

El punta d’oro recoge casi por completo el verso 470 de Ovidio: quod facit, auratum est et cuspide fulget acuta (es de oro y resplandece su afilada punta). De nuevo Garcilaso ha resumido y compendiado en tres palabras casi un verso latino, y lo hace utilizando una metonimia (en efecto, lo que es de oro es la flecha, no la punta). Auratum = de oro; acuta cuspide = punta.

En resumen, pues, esta primera octava real responde a la primera de las tres partes en que hemos dividido el texto de Ovidio. Además, la información que encontramos patente en Ovidio y que, aparentemente, está ausente en Garcilaso, puede leerse entre líneas o está oculta por delicadas alusiones en el texto del poeta renacentista. Así, como hemos hecho ver, el vengativa mano hace referencia a la respuesta que da Cupido a la afrenta recibida de boca de Apolo; en el robusto officio / de la silvestre caça embevecido alude a los versos 457-460 de Ovidio, en los que Apolo se enorgullece de saber manejar el arco en la caza, en la guerra y en la lucha contra monstruos como Pitón.

Finalmente, otros datos de la primera parte de la narración ovidiana, que se omiten en su correspondiente garcilasiana, como la herida provocada por la flecha con punta de plomo de Cupido en Dafne, son ofrecidas por Garcilaso más adelante, como veremos seguidamente.

La segunda octava real de Garcilaso (estrofa 20 de la égloga) recoge la extensa segunda parte del relato ovidiano, si bien, como es natural, de una manera más breve.

El primer endecasílabo se abre con la palabra Daphne que ya presupone el conocimiento por parte del lector de que esta ninfa es el objeto de los amores de Apolo provocados por esa punta d’oro. Se nos dice de ella que con el cabello suelto al viento, / sin perdonar al blanco pie corría / por áspero camino tan sin tiento. Detengámonos en estos tres versos. Es evidente que con el cabello suelto al viento recoge de manera casi exacta dos versos de Ovidio, el 477 (vitta coercebat positos sine lege capillos = una cinta sujetaba sus cabellos abandonados en desorden) que abre también la segunda parte del relato de Ovidio y el 529 (et leves impulsos retro dabat aura capillos = y un aura suave le empujaba hacia atrás los cabellos). Las palabras de Garcilaso vuelven a ser un ejemplo de como resumir dos versos en unas palabras. En efecto, el cabello suelto son los positos sine lege capillos del verso 477 de Ovidio y el viento el levis aura del 529. Además los cabellos son un elemento en el que Ovidio hace gran hincapié.

Los dos siguientes versos sin perdonar al blanco pie corría / por áspero camino tan sin tiento responden a los versos 508-510 del texto latino, aunque también hay ecos del 550.

El sentido de apresuramiento de la ninfa es, en efecto, el que se desprende de los versos 508-510 de Ovidio. Obsérvese que el primer hemistiquio del verso 550 (pes modo tam velox = sus pies hace poco tan veloces) también es la imagen que aquí quiere plasmar Garcilaso, con un singular poético en ambos poetas (pes = blanco pie). En los versos 508-509 de Ovidio leemos no vayas a caerte de bruces, no vayan las zarzas a señalar tus piernas que no merecen ser heridas, cuyo sentido general es el que encierra precisamente ese sin perdonar al blanco pie, que nos señala la despreocupación en la loca carrera de la ninfa que no se preocupa ni siquiera por el daño que puedan causar a sus pies las asperezas del camino. Porque, y esta es otra gran coincidencia, Dafne corre por áspero camino, que no es otro que el aspera loca = ásperos lugares (o fragosos parajes, como traduce Ruiz de Elvira), y lo hace tan sin tiento, idea justamente que posee el verbo latino properas del verso 510, que significa apresurarse.

Además la descripción de la ninfa en movimiento evoca el rechazo, desdén o repudio de Dafne a los amores de Apolo, elemento que, con el tiempo, se convertirá en un tópico: Dafne como prototipo de la mujer esquiva o desdeñosa.

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Seguimos preguntando y respondiendo a cuestiones cuya respuesta está en el griego y su cultura, su lengua o su mitología.

11. ¿Por qué el símbolo químico del mercurio es Hg?

12. ¿Por qué los satélites de Marte son Fobos y Deimos?

11. El mercurio es un metal blanco y brillante como la plata, más pesado que el plomo y líquido a la temperatura ordinaria. Se halla en las minas en estado nativo, pero principalmente en combinación con el azufre, formando el cinabrio. Número atómico: 80. Símbolo: Hg. Es el único metal líquido a la temperatura ordinaria. Como su volumen se modifica en cada alteración de calor, se usa en los termómetros. Por no variar su volumen con la presión se utiliza en los barómetros. Se encuentra ya citado en Plinio el Viejo y Teofrasto; fue empleado por los griegos para obtener aleaciones en la época de la guerra del Peloponeso. Los fenicios lo utilizaban (s. VII a. C.) en la purificación y obtención del oro. Sucesivamente, cartagineses, romanos, visigodos y musulmanes explotaron las minas de mercurio existentes en España. Según los alquimistas de la Edad Media era el elemento fundamental de todos los metales por lo cual se le daba una importancia trascendental. A partir del siglo XV los tintoreros europeos usaron este metal en la elaboración del bermellón.

El nombre tomado del bajo latín mercurius se refiere propiamente al dios romano Mercurio, dios del comercio y mensajero de los dioses, principalmente; la movilidad de este metal parece haberse comparado con la del mensajero de los dioses. La palabra entró en la lengua en 1555.

Su símbolo químico Hg se relaciona con el nombre griego ὑδράργυρος, transcrito al latín como hydrargyrus que significa “mercurio“, pero que es una palabra referida al aspecto del metal. En efecto, ὑδράργυρος está compuesto por ὕδωρ (agua) y ἄργυρος (plata; cf. argénteo, argentino, argentífero), porque el aspecto del metal recuerda a plata líquida o al agua plateada.

El nombre aparece en Teofrasto, en su obra Sobre las piedras, 60 (ποιεῖται δὲ ὅταν <κιννάβαρι> τριφθῇ μετ᾿ ὄξους ἐν ἀγγείῳ χαλκῷ καὶ δοίδυκι χαλκῷ = se obtiene cuando se tritura cinabrio con vinagre en un mortero de cobre) y en la del médico Dioscórides de Anazarbo. El término, transcrito al latín como hydrargyrus, aparece en Plinio el Viejo (Historia Natural XXXIII 123) con el significado de mercurio artificial o amalgama de mercurio y otro metal.

123 Ex secundario invenit vita et hydrargyrum in vicem argenti vivi, paulo ante dilatum. fit autem duobus modis: aereis mortariis pistillisque trito minio ex aceto aut patinis fictilibus inpositum ferrea concha, calice cooperatum, argilla superinlita, dein sub patinis accenso follibus continuis igni atque ita calici sudore deterso, qui fit argenti colore et aquae liquore. Idem guttis dividi facilis et lubrico umore confluere.

124 quod cum venenum esse conveniat, omnia, quae de minio in medicinae usu traduntur, temeraria arbitror, praeterquam fortassis inlito capiti ventrive sanguinem sisti, dum ne qua penetret in viscera ac volnus attingat. Aliter utendum non equidem censeam.

La industria humana ha descubierto un método de extracción de mercurio, un sustituto de la plata viva, del minio inferior, como se ha narrado un poco antes. Hay dos métodos de preparación de esta sustancia, ya sea triturando el minio y el vinagre con morteros de bronce, o bien poniendo minio en moldes planos de barro, cubiertos con una tapa de hierro, y cubierto por una fuente, bien embadurnada de arcilla; después se enciende fuego bajo los moldes, y se alimenta continuamente con la ayuda de fuelles, y así, se disipa el vapor adherido a la tapa, que es como la plata en color, y similar al agua en fluidez. Este líquido también es fácil de separar en forma de gotas, y de unir por su naturaleza fluida.

Como es un hecho generalmente admitido, que el minio es un veneno, creo que son temerarias todas las recetas que recomiendan su empleo con fines medicinales, con la excepción, quizás, de aquellos casos en los que se aplica en la cabeza o en el abdomen, con el fin de detener la hemorragia, mientras no penetre en las vísceras, o entre en contacto con ninguna llaga. Más allá de casos como éstos, por mi parte, nunca debe recomendarse su uso en la medicina.

12. Los nombres de los planetas del sistema solar llevan todos el nombre de un dios romano. Así Mercurio (Hermes), Venus (Afrodita), Tierra (Gea), Marte (Ares), Júpiter (Zeus), Saturno (Cronos), Urano, Neptuno (Poseidón) y Plutón (Hades).

También los satélites de cada uno de los planetas que los poseen tienen un nombre mitológico, relacionado con el dios que da nombre al planeta de quien son satélites.

Así, los satélites de cada planeta son (indicamos entre paréntesis cuantos satélites tienen):

Tierra (1): Luna

Marte (2): Deimos y Fobos

Júpiter (63):Adrastea, Aitné, Amaltea, Ananké, Aedea, Arce, Autónoe, Caldona, Calé, Cálice, Calírroe, Calisto, Carmé, Carpo, Cilene, Elara, Erínome, Euante, Eukélade, Euporia, Eurídome, Europa, Ganímedes, Harpálice, Hegémone, Heliké, Hermipé, Himalia, Ío, Isonoé, Kallichore, Kore, Leda, Lisitea, Megaclite, Metis, Mnemea, Ortosia, Pasífae, Pasítea, Praxídice, Sinope, Spondé, Táigete, Tebe, Temisto, Telxínoe, Tione, Yocasta + 14 sin nombre.

Saturno (62): Egeón, Aegir, Albiorix, Anthe, Atlas, Bebhionn, Bergelmir, Bestla, Calipso, Dafne, Dione, Encélado, Epimeteo, Erriapo, Farbauti, Febe, Fenrir, Fornjot, Greip, Hati, Helena, Hiperión, Hyrokkin, Ijiraq, Jano, Jápeto, Jarnsaxa, Kari, Kiviuq, Loge, Metone, Mimas, Mundilfari, Narvi, Paaliaq, Palene, Pan, Pandora, Pollux, Prometeo, Rea, Siarnaq, Skadi, Skoll, Surtur, Suttungr, Tarqeq, Tarvos, Telesto, Tetis, Thrymr, Titán, Ymir + 9 sin nombre + 3 sin confirmar

Urano (27): Ariel, Belinda, Bianca, Calibán, Cordelia, Crésida, Cupido, Desdémona, Francisco, Ferdinando, Julieta, Mab, Margarita, Miranda, Oberón, Ofelia, Perdita, Porcia, Próspero, Puck, Rosalinda, Setebos, Sicorax, Stefano, Titania, Trínculo y Umbriel

Neptuno (13): Despina, Galatea, Halimede, Laomedeia, Larisa, Náyade, Nereida, Neso, Proteo, Psámate, Sao, Talasa y Tritón.

Plutón (4): Caronte, Hidra, Nix y P4.

Centrándonos en la pregunta, diremos que Marte era el dios de la guerra, el Ares griego. Sus satélites llevan el nombre de las personificaciones del miedo (Φόβος) y el terror (Δειμός).

Fobo acompañaba a Ares en el campo de batalla. Pasaba por ser hijo del propio Ares y hermano de Deimo. Su nombre aparece, solo o acompañado del de Deimos, en Homero (Ilíada, IV, 440, XIII, 299) y en Hesíodo (Teogonía, 934).

XIII, 298:

Οος δ βροτολοιγς ρης πόλεμον δ μέτεισι,

τ δ Φόβος φίλος υἱὸς μα κρατερς κα ταρϐς

σπετο, ς τ᾿ φόϐησε ταλάφρονά περ πολεμιστήν

Como va a la guerra Marte, funesto a los mortales, acompañado del Terror, su hijo querido, fuerte e intrépido, que hasta al guerrero valeroso causa espanto.

 

Ilíada IV, 439 y siguientes:

ὄρσε δὲ τοὺς μὲν Ἄρης, τοὺς δὲ γλαυκῶπις Ἀθήνη

Δεῖμός τ᾽ ἠδὲ Φόβος καὶ Ἔρις ἄμοτον μεμαυῖα,

Ἄρεος ἀνδροφόνοιο κασιγνήτη ἑτάρη τε,

τ᾽ ὀλίγη μὲν πρῶτα κορύσσεται, αὐτὰρ ἔπειτα

οὐρανῷ ἐστήριξε κάρη καὶ ἐπὶ χθονὶ βαίνει:

σφιν καὶ τότε νεῖκος ὁμοίϊον ἔμβαλε μέσσῳ

ἐρχομένη καθ᾽ ὅμιλον ὀφέλλουσα στόνον ἀνδρῶν.

A los unos los excitaba Marte; a los otros, Minerva, la de los brillantes ojos, y a entrambos pueblos, el Terror, la Fuga y la Discordia, insaciable en sus furores y hermana y compañera del homicida Marte, la cual al principio aparece pequeña y luego toca con la cabeza el cielo mientras anda sobre la tierra. Entonces la Discordia, penetrando por la muchedumbre, arrojó en medio de ella el combate funesto para todos y acreció el afán de los guerreros.

 Ilíada XI, 37 y siguientes:

τῇ δ᾽ ἐπὶ μὲν Γοργὼ βλοσυρῶπις ἐστεφάνωτο

δεινὸν δερκομένη, περὶ δὲ Δεῖμός τε Φόβος τε.

 

Y lo coronaba la Gorgona, de ojos horrendos y torva vista, con el Terror y la Fuga a los lados.

Ilíada, XV, 119 y siguientes:

ὣς φάτο, καί ῥ᾽ ἵππους κέλετο Δεῖμόν τε Φόβον τε

ζευγνύμεν, αὐτὸς δ᾽ ἔντε᾽ ἐδύσετο παμφανόωντα.

ἔνθά κ᾽ ἔτι μείζων τε καὶ ἀργαλεώτερος ἄλλος

πὰρ Διὸς ἀθανάτοισι χόλος καὶ μῆνις ἐτύχθη,

 

Dijo y mandó al Terror y a la Fuga que uncieran los caballos mientras vestía las refulgentes armas. Mayor y más terrible hubiera sido entonces el enojo y la ira de Jove contra los inmortales.

 

La traducción es de Luís Segalá, que traduce Φόβος por Fuga, y no por Miedo o Pánico.

Respecto a Deimos, la Wikipedia nos dice que:

En la mitología griega, Deimos (en griego Δειμς) era la personificación del terror. Era hijo de Ares, el dios de la guerra, y de Afrodita. Cicerón, en su De Natura Deorum, lo hace hijo, junto al resto de los daimones, de Érebo y la Noche, mientras que Higino lo cuenta entre los hijos de Éter y Gea.

Acompañaba a su padre Ares a la batalla junto con su hermano Fobos (el Pánico) y la diosa Enio, siendo los dos hermanos los aurigas del dios de la guerra.

Deimos y otros terribles daimones acompañaron a la erinia Tisífone en su afán de volver loco a Atamante, el marido de Ino. El equivalente en la mitología romana de Deimos era Fuga, llamado también Metus, Formido, Timor o Pavor. Asaph Hall, el descubridor de las lunas de Marte, llamó a una de ellas Deimos.

Leemos en Hesíodo, Teogonía 930 y siguientes:

ἐκ δ᾿Αμφιτρίτης καὶ ἐρικτύπου ᾿Εννοσιγαίου

Τρίτων εὐρυβίης γένετο μέγας, ὅς τε θαλάσσης

πυθμέν᾿ ἔχων παρὰ μητρὶ φίλῃ καὶ πατρὶ ἄνακτι

ναίει χρύσεα δῶ, δεινὸς θεός. αὐτὰρ ῎Αρηι

ῥινοτόρῳ Κυθέρεια Φόβον καὶ Δεῖμον ἔτικτε,

δεινούς, οἵ τ᾿ ἀνδρῶν πυκινὰς κλονέουσι φάλαγγας

ἐν πολέμῳ κρυόεντι σὺν ῎Αρηι πτολιπόρθῳ,

 

Aurelio Pérez Jiménez traduce así:

De Anfítrite y del resonante Ennosigeo nació el fornido y enorme Tritón que, en las profundidades del mar, junto a su madre y soberano padre, habita palacios de oro, terrible dios. A su vez, con Ares, perforador de escudos, Citerea concibió a los temibles Miedo y Terror, que ponen en confusión las compactas falanges de varones en la guerra sangrienta junto con Ares destructor de ciudades.

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Como decíamos en nuestro anterior capítulo, Garcilaso de la Vega trató el mito de Apolo y Dafne al menos en dos obras. Iniciamos ahora un breve estudio de la primera de ellas.

La Égloga III

Las tres églogas de Garcilaso significan más de la mitad de su poesía conservada y la verdadera razón de su fama como “príncipe de los poetas castellanos“. El elemento común a estas tres églogas es la misma ficción pastoril, por supuesto; y el pastor que reaparece, Nemoroso, se ha supuesto tradicionalmente que representa a Garcilaso en su papel de amante de la dama portuguesa Isabel Freyre (Elisa). La égloga III es una síntesis sabiamente dirigida de los convencionalismos clásicos y del paisaje toledano, del arte y de la naturaleza.

La simetría formal de esta égloga demuestra una precisión matemáticamente exacta. Las telas bordadas de las ninfas ocupan las veintiuna octavas reales centrales del poema (14-34), a las cuales se les anteponen 13 estrofas (1-13) y se les posponen otras 13 (35-47); a los tres mitos antiguos (Orfeo, Apolo, Adonis) se les dedican nueve estrofas (16-24), y al mito moderno de Elisa, la amada del autor, se le dedican otras nueve (25-33). Garcilaso, con ironía muy consciente, desenvuelve en su Égloga III ciertas implicaciones paradójicas del arte natural, o sea, de la naturaleza artificial, y las aplica directamente al doloroso misterio de la muerte, que siempre amenaza, con su presencia en la naturaleza, a la felicidad del amor pastoral.

Las estrofas 16-33, verdadero centro de la égloga, están divididas en tres grupos de 3 y uno de 9, correspondientes a cada una de las telas tejidas por las ninfas. Primero vemos representadas en dos escenas la muerte y segunda pérdida de Eurídice (tejidas en la tela de Filódoce), con una escena final en la que Orfeo se quexa al monte solitario en vano. Acto seguido, y en la tela de Dinámene, Apolo deja la caza para perseguir a Dafne, pero los brazos de ésta se vuelven ramas, sus cabellos hojas, y sus pies torcidas raíces; es el desolado amante el que ocupa la escena final: llora el amante y busca el ser primero, / besando y abraçando aquel madero. En tercer lugar, en la tela de Climene, un jabalí y un joven cazador se atacan mutuamente; Adonis, mortalmente herido, es abrazado en la escena final por una desconsolada Venus.

Este plano secundario de escenas mitológicas está emparentado con el mundo de las Metamorfosis de manera más explícita que lo está el plano principal de las ninfas que tejen los tapices. En estas conocidas historias (para la de Orfeo, Garcilaso se inspira tanto en la versión de Virgilio como en la de Ovidio), las transformaciones no son fantasías escapistas o juguetones trucos de la imaginación, pues se percibe que la postrera transformación de la naturaleza es la de la muerte, en que la persona amada desaparece como simple sombra en el triste reyno de la escura gente (estrofa 18) o se vuelve en un insensible trozo de madera o tiñe las flores blancas con roja sangre, convertido en un cuerpo sin respiración. En vez de ser un acto de colaboración entre el hombre y la naturaleza, transformaciones tales constituyen un tremendo desafío al hombre en cuanto amante y artista. Estas tres secuencias de escenas mitológicas están presentadas como estrechos paralelos; la única gradación es quizás la de un leve crescendo. La cuarta tela, la tejida por Nise, abandona el mundo mitológico antiguo y se centra en la contemporaneidad: ella describe el mismo Tajo, la ciudad de Toledo y el regado valle.

En este escenario español contemporáneo se ve a las diosas de las selvas llorar a una ninfa difunta, que no es otra que Isabel Freire (Elisa). En cada una de las tres secuencias mitológicas el lamento del afligido amante, representado directamente, era la culminación que dominaba los versos últimos de la secuencia.

Nise muestra una secuencia más inmediata, geográfica y cronológicamente, tanto para el poeta como para el lector; pero esta historia española, más reciente, retrocede paradójicamente al pasado al convertirse en el cuarto tapiz colgado en una galería de antiguos exempla. La experiencia poética del amor y la muerte en la Égloga III sustituye y supera a otras informes experiencias desgarradamente personales del amor y la muerte, dándoles así una forma de existencia más universal, más duradera, más profunda y llena de sentido humano. En las telas de las ninfas vemos, pues, al poeta recrear pictóricamente tres mitos trágicos griegos antiguos y convertir en mito paralelo una nueva tragedia española, de presencia casi inmediata; pero a esta tragedia se le da en seguida distancia estética ese mismo proceso de mitificación, y ella también queda como colgada en una galería de hermosos cuadros ilusionistas de la antigüedad.

El mito de Apolo y Dafne en la Égloga III

 

Égloga III (estrofas 19, 20 y 21)

La herida

Dinámene no menos artificio

mostrava en la lavor que avia texido,

pintando a Apollo en el robusto officio

de la silvestre caça embevecido.

Mudar presto le haze el ejercicio

la vengativa mano de Cupido,

que hizo a Apollo consumirse en lloro

después que le enclavó con punta d’oro.

La huida

Daphne, con el cabello suelto al viento,

sin perdonar al blanco pie corría

por áspero camino tan sin ciento

que Apollo en la pintura parecía

que, porque’lla templasse el movimiento,

 con menos ligereza la seguía;

 él va siguiendo, y ella huye como

 quien siente al pecho el odioso plomo.

La metamorfosis

 Mas a la fin los braços le crecían

y en sendos ramos bueltos se mostravan;

y los cabellos, que vencer solían

al oro fino, en hojas se tomavan;

en torcidas rayces s’estendían

los blancos pies y en tierra se hincavan;

llora el amante y busca el ser primero,

besando y abraçando aquel madero.

En la Égloga III, que nos presenta a las ninfas del Tajo, el mito se presenta tejido en la labor de Dinámene. El relato se encuentra entre otros dos mitológicos, el de Orfeo y Eurídice y el de Venus y Adonis, como ya hemos aludido y los tres relatos míticos vienen seguidos por el contemporáneo de la muerte de Elisa (Isabel Freire). Pero estudiemos ya y analicemos el mito, comparándolo con el relato de Ovidio.

La exposición del mito por parte de Garcilaso presenta la misma triple división que hemos comentado con respecto a Ovidio: herida, huida, metamorfosis, ocupando cada parte una octava real.

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Ββαιον οδν στιν ν θνητ βίῳ. No hay nada seguro en la vida mortal (Menandro, Sentencias, 57)

MIM son las siglas con las que es conocida la Maratón y Media, 63 kilómetros, desde Castellón al Santuario de San Juan de Peñagolosa, en las faldas de este imponente pico, límite aéreo de las tierras castellonenses con 1813 metros, que recorre el GR 33, una de las grandes rutas que pasa por la provincia de Castellón. Las otras son el GR 36 de Vilavella a Montanejos, y el tercero el GR 7, que forma parte del Sendero Europeo 4, que va de Tarifa a Delfos, que entra en la provincia de Castellón por Andilla y sale hacia Cataluña por Fredes.

Siempre me atrajo la MIM y quise correrla, pero me daba respeto recorrer, en un máximo de 15 horas, 63 duros kilómetros, con cuatro infernales subidas. Pero este año la preparé por tramos y además había caminado como nunca, e incluso había profundizado en mi aspecto de corredor. De manera que me veía bien preparado y me apunté.

Une la prueba a la dureza del recorrido, un cierto carácter épico, de intentar afrontar un gran reto, la belleza de los parajes de montaña, el paso por el recorrido de Els Peregrins de Les Useres, el buen rollo de los participantes, etc.

Este año era la edición XIV y estábamos inscritas 1530 personas. En la primera, la de 1999, participaron nueve personas y ya en la segunda, la del 2000 acabaron 695. El año pasado 2011 acabaron 1105 personas, curiosamente como este 2012 en el que la última persona realizó un tiempo de 14 h. 51’ 36”.

El ganador masculino de esta edición, la más dura de las realizadas por las condiciones meteorológicas, caracterizadas por un excesivo calor, ha sido Víctor Bernad Blasco, con un tiempo de 6 h. 04’ 50” (el año pasado hizo cuarto con 6 h. 05’ 43”). Estas duras condiciones han hecho imposible que se batiera el impresionante récord de la prueba, logrado el año pasado por Vicente Calvo Martínez con 5 h. 13’ 47”.

La primera mujer ha sido Noemí Bachero, con un tiempo de 6 h. 54’ 13”.

Este año también se corría, por primera vez, la Ultra Trail CSP (Castellón-Peñagolosa) de 115 kilómetros, coincidente con la MIM hasta San Miguel de les Torrocelles, y que luego seguía hacia Atzeneta, Culla, Vistabella, Xodos y San Juan. Ha ganado la primera edición Ramón Recatalá Vera con un tiempo de 12 h. 06’ 51”.

Llegado el día de la prueba de la MIM, que en esta edición, dio comienzo en las instalaciones deportivas de la UJI, nos presentamos en las mismas con nuestro atuendo y nuestra mochila con geles y barras energéticas e iniciamos la espectacular salida.

En todo momento me encontré bien. Hay que decir que la organización estuvo muy bien. Hay seis controles con alimento y bebida (La Pedra de Borriol, La Bassa de les Oronetes, Les Useres, San Miquel de Torrocelles, Xodos y La Banyadera) y otros dos con asistencia líquida entre la Serra de la Creu y San Miquel y al final de la temible Loma Bernat.

No soy corredor, sino caminante y por lo tanto corrí muy poco: sólo desde la salida y hasta el sendero de la urbanización Racó de Torreta, desde la cantera La Torreta hasta el comienzo a la subida a La Pedra, algún momento en el tramo hasta Oronetes, la bajada a Xodos, algún momento de bajada hasta La Banyadera y todo el final.

Paré media hora en Les Useres y otra en Torrocelles, donde incluso me dieron un masaje. Hasta aquí el calor fue tremendo. Pero se fue el sol, se oyeron truenos, se nubló e incluso llovió. Desde aquí fui muy rápido hasta el final. Mis parciales fueron, redondeando, 1 h 51 hasta La Pedra, 1 h 36 hasta La Bassa, 1 h 36 hasta Les Useres, 2 h 32 hasta Sant Miquel (aquí se nota la parada de Les Useres), 2 h 19 hasta Xodos (aquí se aprecia el masaje de Torrocelles), 1 h 17 hasta La Banyadera y 27 minutos hasta el final.

Pero el final, ¡no lo vi! Lo último que recuerdo es ir corriendo por el sendero final, con rocas resbalosas, antes de llegar al santuario. Internet y varios testigos me han permitido saber que tropecé cerca del arco de meta (11 h 35’ 01”) y que los corredores con dorsal 953, Antonio Driéguez Rico, del equipo Ermita de Burgos, cuyo chip sonó antes que el mío, y el dorsal 1067, Jorge Riquelme Artajona, cuyo chip sonó después del mío, me llevaron a cruzar la meta a las 11 h 35’ 13”. Agradezco desde aquí a ambos corredores este hermoso gesto.

En la siguiente foto se ve cómo miembros de Cruz Roja me acompañan hasta la ambulancia (11 h 35’ 29”).

Las siguientes imágenes con entrada de corredores permiten apreciar que la ambulancia permanece en el lugar, pero a las 11h 56’ 40” se aprecia movimiento en la misma y 19 segundos más tarde ha desaparecido.

En efecto, partió velocísima desde el santuario de San Juan hasta el hospital Rey Don Jaime de Castellón. Hizo el recorrido en ¡45 minutos! Quienes conozcan la pista y la carretera de San Juan hasta Atzeneta, donde la misma ya es muy potable, sabrán que la ambulancia voló. ¡Y suerte que voló!, porque las atenciones recibidas por el equipo médico de Cruz Roja y organización y la pericia del conductor salvaron mi vida.

En efecto, ingresé en la UCI del hospital Rey Don Jaime de Castellón con una impresión diagnóstica de golpe de calor, rabdomiólisis y coma metabólico en grado 4. Sufrí edema cerebral, fallo multiorgánico y problemas renales, que estuvieron a punto de hacer necesaria la hemodiálisis. Afortunadamente la labor, el esfuerzo y la profesionalidad de un equipo de diez personas de la UCI logró obrar el milagro y superé el trance. Salí de mi nebulosa el domingo por la tarde e inicié una sorprendente recuperación, que vino tan rápida como el trallazo sufrido el sábado, y que me permitió dejar la UCI el miércoles a las 12’30 y el hospital el viernes a la misma hora.

Durante mi estancia en el hospital he recibido visitas de amigos y compañeros, así como del equipo directivo del Club MIM, a quienes agradezco el detalle, e incluso del Diputado de Deportes, Luis Martínez, preocupándose por mi estado.

En ningún momento de la carrera me sentí mal, salvo un ligero calambre al bajar a la Rambla de la Viuda; pero todo se combinó en un cóctel casi mortal que explotó, por suerte, en meta, ya que de haber aparecido sólo 500 metros antes no lo cuento. Se acumuló el calor, el esfuerzo, la deshidratación, una aparente alimentación del cuerpo, que no era tal, y la rabdomiólisis.

¡Mira tú por donde! Ha tenido que aparecer esta palabreja, ahora que estoy publicando una serie sobre La respuesta está en el griego. Pues también para la rabdomiólisis la respuesta está en el griego. Dice Wikipedia:

La rabdomiolisis es un trastorno producido por una necrosis muscular que provoca la liberación a la circulación sanguínea de diversas sustancias que en condiciones normales se encuentran en el interior de las células que componen el tejido muscular, entre ellas la creatina fosfoquinasa (CPK) y la mioglobina. Esta última es la causante de una de las complicaciones más graves, la insuficiencia renal. No es una enfermedad en si misma, sino un síndrome clínico y bioquímico que puede estar originado por múltiples causas. Sin embargo independientemente del origen, las manifestaciones son únicas. Uno de los datos más importantes para el diagnóstico, es la elevación en el plasma sanguíneo de la enzima creatina fosfoquinasa que alcanza unos niveles que multiplican al menos por 5 sus concentraciones normales. El tratamiento básico consiste en admnistrar abundantes cantidades de fluidos por vía intravenosa y puede incluir diálisis o hemofiltración en casos más severos.

Rabdomiolisis [rhabdomyolysis]

f. (Patología general) Proceso de destrucción de las fibras musculares estriadas.

De rhabd(o)- ῥάβδος griego “vara”, “caña” + my(o)- μῦς, μυός griego, “músculo” + lýsis λύσις griego “descomposición”. Es decir, la descomposición de tejido muscular estriado o esquelético, especialmente

Lengua base: griego Neologismo del siglo XX. Documentado en 1959 en inglés. Más información aquí.

Como decía, mis impresiones en la carrera fueron buenas; paré bastante tiempo en Les Useres y Torrocelles y me tomé la carrera con tranquilidad, pero, como suele decirse, la procesión iba por dentro, y la euforia del final, con mi carrera de 27 minutos desde La Banyadera a meta, desencadenó todo el proceso.

Y es que ¡somos limitados! Y el cerebro y la mente nos tratan de disuadir de esa idea, pero ahora ya lo he comprobado en primera persona: aunque se tengan unas sensaciones increíbles, nuestro cuerpo, que no es otra cosa que una magnífica máquina de precisión, puede verse afectada por innumerables combinaciones químicas, bioquímicas, sintéticas, orgánicas, físicas, fisiológicas, etc., debidas a sinnúmeras razones. Como todo está encadenado, un fallo aquí afecta allá y acullá y una determinada combinación provoca el colapso.

Sí, somos limitados. Tenemos un límite, como el héroe del drama griego.

En este episodio se ha unido la épica al drama; el empeño por alcanzar la gloria, propia de los héroes homéricos, sufriendo y esforzándose y la comprobación de que tenemos un límite, cuyo sobrepaso nos acarrea la desgracia, es decir, la experiencia del protagonista trágico. Y, como ocurre tanto en la épica como en el drama griegos, tenemos la parte de aprendizaje, la parte didáctica, la vertiente de la experiencia, de la que hay que aprender de cara al futuro. Y esta experiencia me servirá para tomármelo todo con más calma, para no forzar la precisa máquina de mi cuerpo, para dejar la épica a los héroes y para no atreverme a superar mis límites, como hace el protagonista del drama griego, no sea que cometa un error de soberbia e insolencia, de ὕβρις.

Ustedes disculparán este largo artículo; no me ha parecido bien publicarlo por entregas, con el objetivo de darle unidad. Me he decidido a contarlo todo por lo que la experiencia supone, pues creo que puede servir de consejo a otros.

La publico, por cierto, justo una semana después de mi “vuelta” a este mundo, el pasado domingo 13 de mayo hacia las 13’30, cuando me quitaron la sedación y volví a este mundo.

 

 

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Nueva entrega de esta especie de cuestionario con respuestas incorporadas sobre aspectos que encuentran su explicación en el mundo griego y su lengua.

8. ¿Por qué no puede conocer el resultado de mi autopsia, pero sí de mi biopsia?

9. ¿Por qué un cometa es melenudo?

10. ¿Por qué la Tierra es un planeta?

8. La respuesta está en el significado de estas dos palabras de origen griego.

autopsia. (Del gr. ατοψα, acción de ver por los propios ojos).

1. f. Med. Examen anatómico de un cadáver.

No puedo conocer el resultado de mi autopsia, porque estoy muerto, ya que el término designa el examen, por parte de un forense, de un cadáver para determinar las causas de la muerte. El término aparece ya en griego, es decir, no se trata de un neologismo tomado del griego. Significa “acción de ver con los propios ojos” y está formado por el pronombre enfático αὐτός (por sí mismo) y el sustantivo ψις (vista, visión).

Por su parte, biopsia (de βίος “vida, ser vivo” y ψις, “vista” es la muestra de tejido tomada de un ser vivo, con fines diagnósticos.

Una biopsia es un pequeño fragmento de un organismo vivo que se preleva para estudiarlo. En Medicina, el fin de una biopsia es poder estudiar al microscopio los constituyentes de nuestro organismo para observar si están normales, o si están afectados por alguna enfermedad. Todo ser vivo está formado por millones de células. Varios tipos de células se organizan formando un tejido. Los órganos de nuestro organismo están formados por mezclas ordenadas de tejidos (que a su vez están formados por células). Las células son muy pequeñas (un glóbulo rojo mide 7 milésimas de milímetro) y nuestro ojo no tiene la capacidad de poder ver algo tan pequeño. Para poder estudiar células y tejidos se necesita una imagen amplificada por un sistema de lentes (microscopio). Hay muchos tipos de microscopios, desde el común que usa luz hasta el microscopio electrónico. El microscopio común que se utiliza para estudiar las biopsias es un sistema de lentes que permite aumentos desde 25 hasta 1000 veces.

Cuando se enferma un órgano, es que están enfermas sus células y sus tejidos. Muchas veces estos cambios no podrán observarse con seguridad a simple vista o necesitan de una confirmación. Una célula enferma cambiará en su aspecto. El patólogo estudia al microscopio los tejidos enfermos y en base a los cambios que observe emitirá un diagnostico. Esto es particularmente útil en caso del cáncer y lesiones pre-cancerosas para distinguirse de lesiones que no son cáncer.

Depende mucho del tipo de lesión, órgano afectado. Se anestesia la zona y se retira parte o toda la lesión, con un poco de tejido sano, que servirá de comparación. Para obtener el tejido se puede usar una aguja (biopsia por punción), un bisturí o pinza especiales. El tejido se introduce en una sustancia (formol al 10%) que evitará que el tejido presente modificaciones, ya que una vez que las células son separadas de nuestro organismo, empiezan a tener cambios que terminan con su destrucción. En el laboratorio de patología el tejido es procesado para obtener unas rebanadas muy delgadas (5 milésimas de milímetro) que se pegarán a un delgado vidrio y se teñirán para diferenciar los componentes de los tejidos. Estas delgadas rebanadas de órganos se estudian al microscopio. (sacado de aquí).

 Por supuesto, sí que puedo conocer el resultado de mi biopsia.

9. En la respuesta a la pregunta 6 dábamos una pista para responder esta cuestión. Decíamos que melena o cabellera en griego se dice κόμη. Pues bien κομήτης significa “que lleva cabellera, melenudo”.

De esta palabra, a través del latín cometam, procede el término cometa.

La definición que da el diccionario de la RAE es:

(Del lat. comēta, y este del gr. κομτης, de κμη, cabellera).

1.  m. Astr. Astro generalmente formado por un núcleo poco denso y una atmósfera luminosa que le precede, le envuelve o le sigue, según su posición respecto del Sol, y que describe una órbita muy excéntrica.

La Wikipedia nos dice:

A diferencia de los asteroides, los cometas son cuerpos sólidos compuestos de materiales que se subliman en las cercanías del Sol. A gran distancia desarrollan una atmósfera que envuelve al núcleo, llamada coma o cabellera. Esta coma está formada por gas y polvo. Conforme el cometa se acerca al Sol, el viento solar azota la coma y se genera la cola característica. La cola está formada por polvo y el gas de la coma ionizado. Y aquí radica su nombre, ya que esta cabellera que los caracteriza hace que pueden ser definidos como “melenudos”.

La palabra κομτης existe en griego y, como hemos dicho, significa “que lleva largos cabellos, melenudo” y también, sobreentendiendo el término ἀστήρ (astro), significa “cometa”.

La hallamos en Las nubes de Aristófanes (versos 348 y 1101). También en las Historias de Heródoto (VI, 19), aplicado a los persas.

En las Meteorologica de Aristóteles 343b leemos:

ἀλλ μὴν οὐδὲ τοῦτο ἀληθές, ὡς ἐν τῷ πρὸς ἄρκτον τόπῳ γίγνεται κομήτης μόνον, μα καὶ τοῦ ἡλίου ὄντος περὶ θερινς τροπς· ὅ τε γρ μέγας κομήτης ὁ γενόμενος περὶ τὸν ἐν ᾿Αχαΐ σεισμὸν καὶ τὴν τοῦ κύματος ἔφοδον ἀπὸ δυσμῶν τῶν ἰσημερινῶν ἀνέσχεν, καὶ πρὸς νότον ἤδη πολλοὶ γεγόνασιν. ἐπ δ᾿ρχοντος ᾿Αθνησιν Εκλους το Μλωνος γνετο κομτης στρ πρς ρκτον μηνς Γαμηλινος περ τροπς ντος το λου χειμερινς.

Pero no es cierto que el cometa sólo se deje ver en un lugar encarado al norte y cuando al mismo tiempo el sol esté en el solsticio de verano. Así el gran cometa que fue visto en la época del terremoto de Acaya y de la inundación marítima, comenzó su curso ascendente desde la puesta de los equinoccios y ya se han mostrado muchos al sur. Durante el arcontado en Atenas de Eucles, el hijo de Molón, apareció un cometa hacia el norte en el mes de Gamelión estando el sol en el solsticio de invierno.

10. El diccionario de la RAE define así planeta:

(Del lat. planēta, y este del gr. πλαντης, errante).

1. m. Astr. Cuerpo sólido celeste que gira alrededor de una estrella y que se hace visible por la luz que refleja. En particular los que giran alrededor del Sol.

Vemos pues que, en la etimología, se nos informa de la procedencia griega del término planeta. En efecto,  πλαντης significa “errante” y procede del verbo πλανάω “andar errante”.

La Wikipedia dice:

Esto se debe a que en la antigüedad, siguiendo la teoría geocéntrica de Aristóteles, se creía que en torno a la Tierra, la cual era considerada el centro del cosmos, giraban el Sol y las cinco errantes o los cinco planetas errantes (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), llamadas así por obstinarse a desobedecer la ley del círculo. Es decir, se les consideraba “errantes” debido a que, aparentemente y a simple vista, no trazaban ningún círculo alrededor de la Tierra, a diferencia del Sol.

Hasta la propuesta oficial de la UAI (24 de agosto de 2006), nunca había habido una definición precisa y única de la palabra “planeta”. Cuando fue acuñada originalmente por los griegos antiguos, un planeta era cualquier objeto que pareciera “errar” (etimológicamente la palabra griega πλανητής significa errante) sobre el fondo de estrellas fijas que conformaban el cielo nocturno. Esto incluía no solo a los cinco planetas “clásicos”, esto es, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sino también al Sol y la Luna (los “siete objetos celestiales”). Sin embargo, ocasionalmente se hacía una distinción en la terminología; se hacía referencia a los “cinco planetas” (excluyendo al Sol y la Luna) y también a los “siete planetas” (incluyendo al Sol y la Luna), de manera que el término “planeta”, ya en sus comienzos, había adquirido ambigüedad.

En el inicio de Edipo en Colono de Sófocles encontramos la palabra en cuestión:

Τκνον τυφλο γροντος, ᾿Αντιγνη, τνας

χρους φγμεθ᾿ τνων νδρν πλιν;

τς τν πλαντην Οδπουν καθ᾿ μραν

τν νν σπανιστος δξεται δωρμασιν,

σμικρν μν ξαιτοντα, το μικρο δ᾿ τι

μεον φροντα, κα τδ᾿ ξαρκον μο;

 

Antígona, hija de un anciano ciego, ¿a qué región hemos llegado o de qué hombres es este país? ¿Quién acogerá en el día de hoy con míseros dones al errabundo Edipo, que exige poco y recibe aún menos? Sin embargo esto me basta.

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Llegamos al punto culminante del relato ovidiano: la metamorfosis de Dafne en laurel y la resignación de Apolo, por no haber conseguido alcanzar a la ninfa en estado antropomórfico. Si no ha podido ser suya como amante, será su árbol predilecto.

 3. La metamorfosis:

Viribus absumptis expalluit illa citaeque

uicta labore fugae spectans Peneïdas undas,

“fer pater” inquit ”opem! Si flumina numen habetis, 545

qua nimium placui, mutando perde figuram!”

Vix prece finita torpor grauis occupat artus:

mollia cinguntur tenui praecordia libro,

in frondem crines, in ramos bracchia crescunt;

pes modo tam uelox pigris radicibus haeret, 550

ora cacumen habet: remanet nitor unus in illa.

Hanc quoque Phoebus amat positaque in stipite dextra

sentit adhuc trepidare nouo sub cortice pectus

conplexusque suis ramos, ut membra, lacertis

oscula dat ligno: refugit tamen oscula lignum. 555

Cui deus “at quoniam coniunx mea non potes esse,

arbor eris certe” dixit “mea. Semper habebunt

te coma, te citharae, te nostrae, laure, pharetrae.

Tu ducibus laetis aderis, cum laeta Triumphum

uox canet et uisent longas Capitolia pompas. 560

Postibus Augustis eadem fidissima custos

ante fores stabis mediamque tuebere quercum,

utque meum intonsis caput est iuuenale capillis,

tu quoque perpetuos semper gere frondis honores!”

Finierat Paean: factis modo laurea ramis 565

adnuit utque caput uisa est agitasse cacumen.

 

Agotadas ya sus fuerzas, palideció; vencida por la

fatiga de tan acelerada huida, mira a las aguas del Peneo y dice:

“Socórreme, padre; si los ríos tenéis un poder divino, destruye, 545

cambiándola, esta figura por la que he gustado en demasía“. Apenas

acabó su plegaria cuando un pesado entorpecimiento se apodera

de sus miembros; sus suaves formas van siendo envueltas

por una delgada corteza, sus cabellos crecen transformándose en

hojas, en ramas sus brazos; sus pies un momento antes tan veloces 550

 quedan inmovilizados en raíces fijas; una arbórea copa posee

el lugar de su cabeza; su esplendente belleza es lo único que de

ella queda. Aun así sigue Febo amándola, y apoyando su mano en

el tronco percibe cómo tiembla aún su pecho por debajo de la

corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como si 555

aun fueran miembros, besa la madera; pero la madera huye de

sus besos. Y el dios le habla así: “Está bien, puesto que ya no

puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol“. Siempre te tendrán

mi cabellera, mi cítara, mi aljaba; tú acompañarás a los

caudillos alegres cuando alegre voz entone el Triunfo y visiten 560

el Capitolio 1 los largos desfiles. También tú te erguirás ante la

puerta de la mansión de Augusto, como guardián fidelísimo, protegiendo

la corona de encina situada entre ambos quicios 2; y

del mismo modo que mi cabeza permanece siempre juvenil con

su cabellera intacta, lleva tú también perpetuamente el ornamento 565

de las hojas“. Terminó de hablar Peán 3; el laurel asintió con

sus ramas recién hechas, y parecía que, como cabeza, agitaba su copa.

Notas:

1. El desfile triunfal de los generales vencedores en Roma terminaba en el Capitolio con una ofrenda a Júpiter en su templo.

2. El Senado otorgó a Augusto el privilegio honorífico de tener un laurel a cada lado de la puerta de su palacio, y sobre ella una gran corona civica o corona de hojas de encina, que era la que se concedía ob cives servatos (“por haber salvado a los ciudadanos“).

3. Por lo general, en los cultos de la época clásica, Peán es simplemente el epíteto ritual de Apolo “médico“. Sin embargo, desde los poemas homéricos aparece un dios sanador independiente de nombre Peán. Poco a poco fue absorbido por Apolo y suplantado por Asclepio.

 

La traducción española es la de Antonio Ruiz de Elvira en la Colección Hispánica de Autores Griegos y Latinos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

 

Hasta aquí el hermoso relato ovidiano que puede ser aprovechado para comentar muchos aspectos de la figura de Apolo, también de la de Cupido (iconografía del dios, flechazo, arco, etc.) y de otros personajes mitológicos que aparecen aludidos o mencionados en el texto. Se puede hablar de las artes protegidas por Apolo mencionadas por el mismo dios en su súplica a Dafne (música, profecía y medicina), de Delfos y la importancia de su oráculo en la historia de la Hélade, de la virginidad de ciertas diosas (Ártemis, Atenea, Hestia, etc.), de las ceremonias de triunfo en Roma.

Se puede, en fin, leer el texto latino y admirar su belleza, su preciosa construcción, sus acertadas comparaciones, sus figuras estilísticas magistralmente utilizadas, sus rasgos de humorismo, su delicada descripción de la metamorfosis. Pero nosotros nos detendremos sólo en el tratamiento que el relato ovidiano ha tenido en la posteridad, sobre todo en Garcilaso de la Vega y otros poetas del siglo de Oro.

El relato mítico ovidiano va a ir adquiriendo un triple desarrollo.

a) En un primer momento será plasmado como un relato fabuloso, en el que el mito será tomado casi en su totalidad y el mito importará de por si. Ocurrirá esto en el Renacimiento, período que reanuda sin intermediarios la dependencia de los modelos antiguos. Ejemplo de ello son la Égloga III y el Soneto XIII de Garcilaso de la Vega.

b) Una segunda fase se servirá del mito para elaborar relatos líricos en los que prima la personalidad del autor y la propia experiencia del yo. Es decir, el mito se utilizará para ejemplificar las experiencias personales del poeta. Se alcanza así un realismo conceptista, no exento de caricatura y uso cómico del mito. En muchos autores la narración mitológica sirve de comparación a la propia experiencia personal. El mito se ha subordinado a la lírica de los sentimientos personales. Como en la composición de arte mayor 384 de Luis de Góngora.

c) En un tercer paso, ya en pleno barroco, el mito se utiliza a modo de alusión. Una alusión, eso sí, constante y variada. Las alusiones, que presuponen un conocimiento del mito por parte del lector y permiten, por tanto, la omisión del relato, son más efectivas que el relato mismo. Al final lo que importará será el personaje de Dafne, que se convierte en prototipo de la mujer esquiva y desdeñosa. Su huída ante el acoso de Apolo se ha tomado ya como el desdén de la mujer ante su amante. Ocurre esto en poesías de Polo de Medina, Benegassi y Luján, Salas Barbadillo, San Miguel, Lope de Vega, Quevedo o Fernando de Herrera.

Con el tiempo, el rico caudal de mitos y referencias míticas, que alcanza su cumbre con la Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, paladín del culteranismo, va alcanzar una degeneración. Se tomará una actitud crítica e irónica ante las historias de amor míticas. Los mitos se utilizan ya en número escaso; el mito se ha fosilizado y pasa a ser una especie de galería de personajes. Son seres de los que importan sus acciones, que van a constituir la esencia del personaje. Así, como hemos dicho, Dafne se convirtió en prototipo de la mujer esquiva. Esto abre un abanico de posibilidades poéticas: Orfeo será ejemplo de la fidelidad, Faetón de la audacia, etc.

Con mayor frecuencia tendremos más uso de la alusión y menor del relato, hasta el Romanticismo que no quiere saber nada del rico caudal mitológico.

Comenzamos nuestro análisis con Garcilaso de la Vega. El poeta renacentista trata el mito de Apolo y Dafne en, al menos, dos obras: la Égloga III y el Soneto XIII.

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