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Archive for 3/01/12

Dumézil, fiel al encargo del capitán Rhode, volvió a la biblioteca Herodotea, para mantener una segunda entrevista con Sappho Corina. Su objetivo era averiguar en qué editorial publicó Greek su libro de métrica, y poder así obtener datos de Greek.

La bibliotecaria lo esperaba en su despacho del segundo piso del edificio.

– Buenos días, ¿puedo pasar?

– Adelante, señor Dumézil.

– Veo que me recuerda, señora Corina

– Por supuesto; ¿en qué puedo ayudarle esta vez?

– Vengo de nuevo por lo del profesor Greek

– Dígame

– Usted me comentó la otra vez que Homer Greek había publicado un libro sobre métrica.

– Sí, en efecto.

– Y yo me preguntaba si me puede dar información sobre el libro, fundamentalmente sobre la editorial que lo publicó … y, de paso, si tiene algún dato nuevo que nos permita dar con Greek.

– Tengo un ejemplar del libro, y además dedicado por su autor. Tuvo la amabilidad de regalármelo y dedicármelo. Lo tengo por aquí. La editorial es “Unicornio”, pero no se moleste en acudir a ellos, porque ya no existe. Era una casa muy modesta, dedicada a temáticas raras, y la métrica griega clásica lo era, y lo sigue siendo, aún más, si cabe. Se editaron sólo 1000 ejemplares, que dudo que se vendieran.

– ¿Puedo ver el libro?

– Sí, claro

Sappho Corina abrió el cajón superior de la parte derecha de su mesa de trabajo. Sacó una caja dorada, cerrada con llave. Con una llave que llevaba en su llavero la abrió y sacó un libro pequeño, de 13 x 18 centímetros. Se lo alargó a Dumézil.

– Trátelo con mucho cuidado.

– Por supuesto.

Dumézil no hojeó el libro. Sólo miró la primera página, donde figuraban los datos de la editorial: Ediciones “Unicornio”, S. L. Calle Federico Crusius, 51, C. P.: 76345; unicorned@servermail.pan. Dumézil anotó los datos en su minúsculo organizador digital. Vio en la página siguiente, la derecha, unas palabras en griego, pero no pudo entender nada. Homer Greek, en efecto, había escrito una breve dedicatoria para Sappho Corina. Era simplemente el fragmento 94 de la edición de Lobel-Page (Poetarum Lesbiorum fragmenta, Oxford, 1955)

τεθνάκην δ᾿ άδόλως θέλω·

ἄ με ψισδομένα χατελίμπανεν

πόλλ, καὶ τόδ᾿ ἔειπ[έ μοι·

«ὤιμ᾿ ὠς δεῖνα πεπ[όνθ]αμεν,

Ψάπφ᾿, ἦ μάν σ᾿ ἀέκοις᾿ άπυλιμπάνω.»

Τὰν δ᾿ ἔγω τάδ᾿ ἀμειβόμαν.

«χαίροις᾿ ἔρχεο κἄμεθεν

μέμναισ᾿, οἶσθα γὰρ ὤς σε πεδήπομεν·

quisiera en verdad morir.

Ella se marchó entre abundantes

lágrimas diciéndome:

“¡Ay, Safo, cuánto sufrimos!

¡Con cuánto pesar te abandono!”

Y yo le contesté:

¡Adiós, y sé feliz! ¡Sólo recuérdame,

pues sabes cuan atada estoy a ti!

– Tenga, y muchas gracias.

–  Si tiene la intención de ir a la editorial, le advierto que cerró ya hace años.

– Sí, sí, ya me lo ha dicho, pero no está de más probar.

– Como Usted quiera

– Y ¿no tiene ningún dato más sobre el profesor Greek que nos lleve hasta él?

– No, lo cierto es que mantuve una breve relación con él: sólo cuatro o cinco entrevistas aquí en la biblioteca y siempre hablábamos de literatura, historia o cultura griegas. Nunca hablamos de nada personal. Alguna vez hablamos también de música…

– ¡De música? ¿De qué tipo de música?

– A Homer le gustaba el gregoriano.

– ¿Y sabe si lo estudió en algún lugar?

–  Creo recordar que estuvo en alguna ocasión en un monasterio de Hierápolis, haciendo un curso de gregoriano.

– ¿En Hierápolis?

– Sí, dijo en Hierápolis.

– Que yo sepa, allí sólo está el monasterio de San Florián.

– ¡San Florián! Ése es.

– Me ha dicho que nunca hablaron de nada personal.

– En efecto, sólo sobre escritores, poetas, métrica… Me causó gran ilusión que fuera profesor de griego, porque yo no pude estudiar esa lengua.

– Comprendo. ¿Siempre hablaron aquí, en la biblioteca? Quiero decir…

– Si quiere decir si hablamos alguna vez en otro lugar, sólo en una ocasión más quedamos a comer.

– Perdone mi atrevimiento, pero… ¿no sabrá Usted dónde vivía el señor Greek en Neápolis?

– Sólo sé que no vivía en Neápolis.

– ¿No?

–  No, porque en una ocasión dijo que había venido en el tren Alfa y ese tren sólo va a Palinodia y Megalópolis.

– Y tiene parada en Hierápolis, camino de Megalópolis.

– Sí, es cierto.

– Y Usted ha dicho que Homer Greek estuvo en San Florián.

– Sí, así me lo dijo él en más de una ocasión.

– ¿Es posible que el señor Greek residiera en Hierápolis?

–  Bueno, no es descabellado. De lo que estoy segura es de que estudió en Neápolis, porque él mismo me lo dijo.

– ¿Nunca hablaron sobre la carrera profesional del señor Greek?

– El alguna ocasión, sí. Creo que estuvo de profesor en Palinodia, en un colegio católico. De eso sí hablamos. Le gustaba su trabajo allí, ya que englobaba la docencia del griego con su fe. Decía que era muy distinto leer los textos del evangelio o la Biblia en su original griego a hacerlo en una lengua actual. Se perdían en la traducción muchos matices, imágenes y estructuras significativas para lo que los textos querían expresar.

– Sí, ya… ¿Podemos decir, entonces, y no nos equivocaríamos demasiado, que en la época en que Ustedes se relacionaron, Homer Greek vivía en Hierápolis?

–  No sería descabellado, creo.

–  Bueno, no la quiero molestar más, señora Corina.

– No es molestia, pero también a mi me gustaría hacerle algunas preguntas.

– Adelante

– ¿Por qué tiene Usted tanto interés en el señor Greek? ¿Para que busca la policía a Homer? ¿Ha cometido algún delito? Siempre me pareció una persona muy juiciosa e inofensiva. ¿Qué me dice?

– Bueno, me temo que no puede darle demasiadas respuestas. Desde luego, no ha cometido ningún delito, esté tranquila.

– ¿Y la razón de su interés en el señor Greek?

– Digamos que los conocimientos de griego de ese profesor nos hacen falta, bueno, a la policía no…

– ¿Y a quién?

– ¡Ufff! Digamos que al bien común, ¿le vale con eso?

– De acuerdo, ya sé algo más.

– Entonces, lo dicho, muchas gracias por su colaboración. Adiós

– Adiós, señor Dumézil.

Dumézil salió de la biblioteca y enfiló el camino hacia la comisaría central, que no se hallaba demasiado lejos.

Cuando llegó, no estaba Schadewaldt, pero se dirigió directamente al capitán Rhode.

– ¿Qué novedades traes, Dumézil?

– He hablado con Sappho Corina. No he conseguido demasiada información, pero tal vez nos pueden servir de algo dos cosas.

– ¿Cuáles?

– Que Homer Greek vivía entonces en Hierápolis y que hizo un curso de gregoriano en San Florián, el monasterio de esa ciudad

– ¿Y eso te parece importante? Hace 30 años de eso, pues, según me dijiste esta relación entre Greek y la bibliotecaria ocurrió en 2165.

– Pero sabemos que es de Hierápolis y puede que ahora, ya mayor haya vuelto a sus orígenes.

– No es mala idea. Lo del monasterio nos lo corroborará Schadewaldt que ha ido a investigar allí. Según lo que nos diga, nos podemos centrar en eso. Cuando vuelva Schadewaldt, lo calibraremos. Gracias, George.

Dumézil salió del despacho henchido de satisfacción.

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